Tucídides
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Herodoto y Tucídides

Tucídides (c. 460 adC - c. 396 adC). Historiador y militar ateniense.

Nacido en Atenas, Tucídides pertenecía a la familia de los Filaidas, por lo que es descendiente de figuras famosas de la historia de la ciudad como Cimón, célebre detractor de Pericles, o Milcíades, vencedor de la batalla de Maratón. El nombre de su padre, Óloro, hace pensar que procedía de la Tracia. En el 424 adC, durante la Guerra del Peloponeso, fue nombrado estratega de la ciudad de Atenas, confiándosele el mando de una flota encargada de romper el asedio de Anfípolis, en Tracia. Fracasó en dicho intento y la ciudad cayó en manos del general espartano Brásidas, por lo que fue condenado al exilio 20 años (Tuc. V 26). Este hecho le dio la oportunidad de obtener información bastante completa, procedente de los dos bandos en conflicto, que utilizó para la composión de la Historia de la Guerra del Peloponeso, en la que narra los acontecimientos ocurridos entre el año 431 adC y el 411 adC. Volvió del exilio veinte años después, al terminar la guerra.

Es considerado el mejor historiador griego, por delante de Herodoto. En su obra recurre únicamente a causas naturales y a la conducta del hombre para explicar el devenir histórico, antes que como mero producto de la fatalidad o la intervención de los dioses. No sólo eso: en su obra, analiza los hechos, yendo más allá de lo anecdótico para buscar las motivaciones personales de los protagonistas de los hechos, sus ambiciones y sus temores. Para ello, introduce a veces discursos ficticios para exponer las motivaciones de los personajes históricos.
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La historia política

Si Tucídides recibió el título de padre de la historia fue en gran parte por culpa del enfoque político que le dio a su historia.

Cuando trazó el programa de su historia ya definió que no pretendía narrar los acontecimientos de la guerra exclusivamente, sino que pretendió plasmar lo que para él era lo más importante: las ideas políticas de ambos bandos, de los protagonistas de la guerra, en cada momento de la guerra y de la paz -incluyendo aquí la paz de Nicias.

Por ello, para dar una perspectiva política a su obra, utiliza dos recursos: la crítica que hace a lo largo de toda la obras y los discursos de los distintos dirigentes políticos de ambos bandos a cada momento; es así como dibuja los planteamientos políticos, aunque no sabemos, eso sí, con cuánta fidelidad a la realidad o si bien están hechos a posteriori en función de su propia subjetividad y de la finalidad de su obra (cf. infra). Es notorio que en los discursos se reflejan personajes favorecidos por la crítica de Tucídides -como Pericles- y que ello se debe achacar a la proximidad de ideas políticas de Tucídides y los distintos protagonistas.

Al mismo tiempo busca en cada acontecimiento y en el conjunto de la guerra en sí misma la causa profunda; de hecho, gran parte del libro I desarrolla lo que para él son causa profunda del conflicto, por un lado, y, por otro, los detonantes externos del mismo, derivados, no obstante, de la causa profunda: la expansión del imperialismo de Atenas y, encadenado a esto, el conflicto de Corcira, el conflicto de Potidea y el decreto megárico.

Relacionado con tal concepto están todas las alusiones y meditaciones que Tucídides va haciendo sobre el poder: su mayor procupación como político y militar es analizar el fenómeno del poder, del imperialismo y del hecho revolucionario. Para nuestro autor la ambición de poder es un impulso innato de la naturaleza humana y es éste el que, como motor de los impulsos humanos, explica la conducta de los estados en la idea de que el débil está dominado por el fuerte -la filosofía del más fuerte. Por ello la Historia de la Guerra del Peloponeso es la historia del intento de conservación y aumento del poder imperialista de Atenas, resultado de un plan prefijado de expansión imperialista y excusado en el temor del propio imperio a perder su poder a manos de potencias rivales. Es por ello que el imperialismo es el centro focal de la reflexión de Tucídides en boca primero de los grandes políticos atenienses (Pericles, Cleón, Nicias y Alcibíades) con las matizaciones y precauciones de cada uno de ellos y después de los principales personajes del bando contrario (Hermócrates, Arquídamo, Brásidas) con sus temores e individualismos, con la idea subyacente de que la gran beneficiada de la guerra fue Esparta.

Es por ellos que autores de la talla de Maquiavello -en El príncipe - y de Hobbes -en su Leviathan - se basan en ideas políticas de poder expuestas en distintos puntos de la obra de Tucídides para elaborar sus propias tesis, así como la idea surgida en grandes estudiosos de Tucídides que ven en él un acérrimo defensor de la Machtpolitik -política del poder- de Pericles y lo describen como "el político que escribió para políticos".
La historia contemporánea

La madurez de Tucídides coincidió con el desarrollo de la guerra: al comienzo de ésta -431 a.C.- debía de rondar la treintena. Es gracias al destierro de 20 años cuando decide contar y analizar la historia de lo sucedido, ponerla por escrito con la intención de ser leída con espíritu crítico (xyngrafeîn), no para ser escuchada por un auditorio: contar cómo se han producido y quiénes fueron los participantes desde el punto de vista propio como partícipe durante un tiempo y después como observador de la misma y desde el punto de vista inmediato de gentes que participaron en los avatares de la misma y con el análisis del semblante psicológico y político de los grandes personajes de la misma mediante no ya la narración, sino mediante los discursos. Es la narración de la historia con información de primerísimo orden, tamizada eso sí por por el filtro objetividad-subjetividad de Tucídides.

Es, por tanto, el primer autor que escribe una historia sobre hechos contemporáneos y por ello se constituye como principal fuente histórica de dicho período -junto con escritores como Eurípides y Aristófanes que en sus piezas teatrales incluían alusiones, burlas, noticias y críticas sobre la guerra-, aunque, eso sí, de un modo incompleto, pues murió al parecer antes de poder acabarla. Sólo Jenofonte, Cratipo, Teopompo y las Hellenica Oxyrhynchia continuaron el relato donde aquél lo dejó, pero con una menor calidad, con una mayor falta de testimonio y documentos inmediatos y con la falta de la concepción histórica tucidídea.
Tucídides escritor
Influencias

Como escritor Tucídides es heredero de la sofística ateniense y del espíritu de esta ciudad, así como de las corrientes científicas y filosóficas del momento. Cómo se muestran estas corrientes e influencias en el autor, es fácil de indagar.

Una tendencia del espíritu filosófico y político ateniense de la época es la preocupación por el presente, de ahí el giro total de la concepción histórica de Tucídides respecto a la historiografía anterior. Al mismo tiempo, el gusto ateniense por la preocupación humana como ser social, por su conducta privada -su moral- y su conducta pública -su política-, se traduce en la búsqueda tucidídea de la historia política y humana alejada de toda influencia divina y de la historia legendaria.

Por otro lado la influencia sofística se plasma a lo largo de la obra en distintos puntos: en la estructura y el estilo de su lengua, en el poder supremo de la razón -si en Sócrates lo era como factor moral, en Tucídides aparece como factor político e histórico (gnóme y synesis)-, el estudio de lo verosimil -tò eikós- como fundamento de la crítica junto a una oposición al relativismo -la historia de Tucídides es una lección de política e historia universal, un ktêma eis aeí.

De la filosofía natural de Anaxágoras y de Demócrito toma la concepción de que el espíritu humano actúa de acuerdo a sus leyes, leyes naturales, sin intervención divina: la vida y la historia se manifiestan como el encadenamiento de circunstancias naturales y materiales junto con los hechos humanos.

De la escuela hipocrática hereda Tucídides la metodología médica: deducir las causas por observación e inducción, mediante la experiencia y el raciocinio; la distinción entre causas -aitía como causa profunda- y síntomas -profásis como pretextos y motivos ocasionales-; la influencia del carácter moral -nómos- y físico -fysis- de los pueblos y su interés médico y minucioso por describir la peste de Atenas.
La metodología

* El programa: en Tuc. I 22 se dedica a exponer parte del método seguido para la elaboración de su obra, todo él emparentado con las ya vistas sofística, filosofía y ciencia. El método indica que la narración consta de dos elementos básicos: discursos y narración de hechos, con la mayor objetividad en la medida de lo posible para acercarse a la realidad de lo sucedido.
* Los discursos: hay discursos que realmente Tucídides sí pudo oír, pero no son la mayoría (los de fuera de Atenas antes de su destierro y los de Atenas durante el mismo). Al mismo tiempo ofrecen un aspecto muy sintomático: presentan analogías de estilo y pensamiento con fórmulas que se repiten casi a modo de correspondencias. Al mismo tiempo, dicursos de personajes que no gozaban de la simpatía de Tucídides -Cleón, por ejemplo- son pesados, mientras que discursos de los personajes favoritos de Tucídides -Pericles o Alcibíades- son más amenos y ágiles. Por tanto, al margen de que fueran auténticos o reelaborados, han sufrido la actuación de un criterio estilístico al tiempo que están todos ellos escritos en ático, lo que hace sospechar en cierto modo de la objetividad de Tucídides. No obstante, hay que tener en cuenta que, como ha indicado de Romilly, el criterio de objetividad en Tucídides no se basa tanto en distinguir lo verdadero y lo falso, sino en distinguir con inteligencia y con elección lo que cuenta y lo que no cuenta, lo importante y lo insignificante.
Otro dato que lleva a pensar en la reelaboración de los dicursos es que la duración de éstos en el ágora era mucho mayor que la extensión que los discursos tucidídeos presentan: al parecer lo que Tucídides habría hecho es concentrarlos para hacer de ellos unos discursos para ser leídos y no para ser escuchados.
Con todo, la variedad de los discursos es muy grande: los hay encomiásticos, como el elogio fúnebre de Pericles y el discurso en honor de éste; los hay deliberativos, como los de la conferencia de Esparta o la de Camarina; los hay dialogados, uno sólo, entre embajadores melios y atenienses; y, por último, están las arengas de los generales y estrategos a los soldados.
* Narración de los hechos: respecto a los hechos, Tucídides dice en su programa que se ha limitado a una crítica profunda recibida de los mejores testigos. Algunos eran de primerísimo orden y muy famosos como Alcibíades, pero siempre pasando por el tamiz de su objetividad. Tucídides selecciona lo que, a su juicio, es historiable de los hechos y lo acontecido, lo que siempre es importante para él y el objetivo de su obra, aunque en ocasiones también lo que calla es importante. No obstante, de lo que calla da parte por consabido y conocido y, al mismo tiempo, enfatiza lo que es de gran trascendencia.
* El estilo tucidídeo: si Tucídides ha perdurado a lo largo de los siglos como modelo de historidor y de prosista debe gran parte de su éxito a la originalidad de su prosa y la peculiaridad de su estilo, en parte único y en parte modélico para la posterior prosa ática.
* El léxico: el carácter del léxico tucidídeo, a pesar de ser historiador y prosista, se caracteriza por ser muy poético, aunque parezca paradójico; cómo lo hace y lo consigue es fácil, al menos para él: toma términos y construcciones típicas de la poesía, al tiempo que carga determinados pasajes con un dramatismo, plagados con un ritmo prosístico muy distinto del habitual, adoptando y adaptando para ello palabras de poetas como Homero y los dramáticos o tomando palabras y términos de la prosa jonia e incluso creando él mismo nuevos términos y expresiones. La lista de neologismos inventados y utilizados por Tucídides es tremenda: los sistemas de composición de palabras alcanzan con Tucídides unas de las mayores cotas de la lengua y literatura griega. Cualquiera, al traducirlo, habrá podido comprobar que, de un lado, términos normales aparecen utilizados con distinta significación en Tucídides y sólo en él, ya ningún otro autor utiliza tal acepción, y, de otro, términos que sólo aparecen recogidos en Tucídides, bien por primera vez o bien por única. Esto nos puede dar idea de un rasgo de Tucídides: la precisión de su vocabulario y la riqueza de matices de su lengua.
* Figuras retóricas: Tucídides es un autor que usa de un modo prolífico distintas figuras retóricas y estilísticas; de los sofístas heredó el gusto por la antítesis, una antítesis exacerbada, ya que la usa no sólo para contraponer elementos de una oración, subordinadas u oraciones enteras, sino que también hace antitéticos los discursos: los discursos se contraponen unos a otros -a veces unos son respuesta a otros-, pero siempre cargados con el mayor retoricismo, a pesar de su brevedad, con un estilo recargado con largos períodos de subordinación.

El estilo tucidídeo

Al mismo tiempo el estilo de Tucídides brilla por una dureza de construcción (tò trachy tês harmonía), una falta de delicadeza en el estilo que junto a su amaneramiento presenta una gran violencia, lo que se ha dado en llamar inconcinidad (inconcinitas) de estilo y figuras: el autor une elementos que no coordinan entre sí normalmente. Relacionada con la inconcinidad de estilo hay una serie de figuras tales como la variatio (metabolé), que actúa como verdadero motor estilístico de la obra tucidídea. Otro pricipio estilístico es la brevedad de sus expresiones, una concisión, que hace que a veces su prosa parezca un telegrama que provoca en el lector-traductor la necesidad de ejercitar constantemente la atención, debido a la tremenda economía sintáctica y léxica del autor: da muchas cosas por sobrentendidas en sus oraciones. Por ello brila más la léxis katestramméne que la eiroméne.
También aparecen algunos ejemplos de la típica construcción arcaica en anillo, la Ringkomposition. Frecuente es, a menudo, relacionado con la inconcinidad de su estilo, la utilización del anacoluto para cambiar el tipo de construcción sintáctica de la frase y asímismo la utilización del paréntesis para añadir explicaciones.
La cuestión tucidídea

Tucídides no concibió su historia como una mera narración objetiva de acontecimientos bélicos; su posición como estratego procedente de una familia aristocrática y sus conocimientos de política no le permitieron dejar al margen de su historia su propia opinión sobre todo lo que envolvía ésta y sobre ella misma. A partir de aquí la investigación se encamina a determinar qué partes son nuevas y cuales están retocadas, así como cuándo comenzó a escribir.

Ullrich, en 1846 descubrió que había diferencias entre las dos mitades de la obra (en el libro V aparece un nuevo prólogo casi paralelo al que da inicio a la obra tucidídea), y esto le hizo sospechar de un posible cambio de plan a la hora de escribir su obra. Para Ullrich la intención primera de la obra era escribir una narración de la guerra Arquidámica -hasta la paz de Nicias-, pero cuando de nuevo estallaron las hostilidades, se dio cuenta de que era la misma guerra y alargó su obra afirmando que la causa de la guerra era el temor lacedemonio al poderío ateniense. Durante muchos años los críticos se limitaron a retocar las teorías de Ullrich.

En 1919 Schwartz se plantea la problemática de los discursos; para él los discursos son concebidos y realizados en dos períodos distintos, que se notan por un corte en sus ideas sobre la guerra y una evolución interna respecto a la cuestión del poder; en un principio los causantes de la guerra son los aliados de Esparta, pero en el segundo momento es Esparta la culpable de la guerra: Schwartz dice que Tucídides, convencido al acabar la guerra de que la verdadera beneficiada de la misma había sido Esparta, fue ésta la responsable de la misma y que, una vez acabada la misma, Tucídides orientaría lo que estaba escribiendo a demostrarlo e incluso retocaría partes, como el discurso de Pericles donde expone una política de intransigencia con Esparta, para demostrar que tal política era la apropiada para Atenas para haber vencido en la guerra. La teoría de Schwartz parece ser que indica que realmente comenzó a escribir una vez acabada ya la guerra, pero que, no obstante, durante la misma, se habría dedicado a redactar alguna parte y a tomar notas y apuntes.

En 1920 Max Pohlenz expone una tesis que coincide en lo básico con Schwartz, pero para él la evolución en Tucídides es más lenta y su límite o punto de cambio es más difícil de marcar.

En 1929 Schadewaldt, atendiendo al análisis de los libros VI, VII y VIII indica que Tucídides, según él, primero quiso escribir una historia 'objetiva', pero que una vez acabada la guerra su narración adquirió un matiz de 'interpretación'.

En 1930 Momigliano expone que en un principio, siguiendo las tesis de Ullrich, escribió la guerra Arquidámica, pero que después decidió continuar el relato de la guerra interesándose más por la política interna de la guerra y de los dos bandos y fue entonces cuando introdujo los discursos.

En 1973 Dover indica que la afirmación de que comenzó a escribir cuando empezó la guerra es compatible con el hecho de que todo fue escrito a partir del año 404 a.C. en el orden actual.

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