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Thread: COLUMNAS DE "EL FINANCIERO"

  1. #176

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    Decisiones que marcan

    Por Jorge Berry.

    En menos de tres semanas, Donald J. Trump cumple dos años como presidente de Estados Unidos. Desde que tomó posesión, convirtió en prioridad de su gobierno cumplir con una de las promesas de campaña que más le redituó en cuanto a apoyo de sus bases electorales: la construcción de un muro fronterizo, pagado por México.

    Esto último, el pago del muro, es lo que se le indigestó. Aún hoy, dos años después, está pagando los costos políticos de no poder cumplir. Puesto que México, con razón, se ha negado desde un principio a pagar el dichoso muro, Trump ha tenido que pedir fondos al Congreso. Ni con ambas cámaras bajo el control de su partido, logró que le autorizaran fondos y, a partir de hoy que los demócratas controlan la Cámara de Representantes, le será todavía más difícil.

    Trump, instalado en la necedad total, lanzó un ultimátum al Congreso: o le dan 5 mil millones de dólares para el muro, o no firmaría la iniciativa para mantener abierto al gobierno. Así, provocó el cierre del gobierno de EU desde días antes de la Navidad, y con el nuevo Congreso en funciones no se ven aún condiciones para lograr un acuerdo y reabrir.

    Esto, pues, es un buen ejemplo de cómo una decisión visceral, divorciada de cualquier estudio técnico o científico, puede marcar un gobierno a largo plazo.

    En México, acabamos de cumplir apenas un mes de la nueva administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero ya tomó una decisión, basada en la víscera, que de no corregirse, marcará su mandato para siempre. Me refiero, por supuesto, a la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México.

    Aunque lo intentan, los apologistas del régimen no logran establecer una justificación política para esta acción, porque no la hay. ¿Quién, en su sano juicio, puede estar en contra de la generación de un polo de desarrollo que traería carretadas de divisas a México y que significaría la creación de cientos de miles de empleos directos e indirectos? El argumento de que el proyecto estaba lleno de corrupción no es válido. La corrupción se investiga, se castiga y se elimina, pero el proyecto sigue.

    Pero si políticamente la decisión es insostenible, financieramente menos. Con cifras claras y accesibles, el exsecretario de hacienda y excandidato presidencial José Antonio Meade se los demostró en un simple tuit. La respuesta del secretario de comunicaciones Javier Jiménez Espriú consistió en una descalificación indigna de un funcionario a su nivel, aunque ya sabemos que la dignidad del ingeniero no es precisamente lo suyo.

    Cualquier análisis imparcial del tema concluye que es una pésima decisión. La única explicación plausible es esta extraña necesidad de borrar de la historia todo lo que huela a Peña (igualito que Trump, que quiere eliminar todo lo que hizo Obama), y a lo que el presidente López Obrador llama “neoliberalismo mezquino”. El rótulo es lo de menos. Uno esperaría que el jefe del Ejecutivo pudiera reconocer que no todo lo que ha pasado en México antes de su entronización es malo. Cualquier ejecutivo medianamente capaz aprovecharía lo avanzado, y corregiría los errores del pasado. Pero no. El presidente opta por la destrucción, cueste lo que cueste, y en dinero, cuesta mucho.

    No tardará en darse cuenta que su proyecto de Santa Lucía no es viable, y que en temas que involucran organismos su voluntad no es dogma, ni es suficiente. Si las autoridades de aviación no avalan Santa Lucía, nos quedamos sin NAICM, sin Santa Lucía y con un aeropuerto Benito Juárez que se cae a pedazos de lo viejo e inoperante que se ha vuelto.
    De las muchas características que comparten Trump y AMLO, destaca la necedad. El propio López Obrador se describe a sí mismo como extremadamente necio. Y Trump, pues vemos su necedad prácticamente todos los días. Parece un desperdicio dejar marcada toda una administración por una necedad visceral. Pero ambos lo están haciendo.

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  2. #177

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    Los insultos

    Por Ezra Shabot.

    La ofensa es siempre un arma destinada a dañar la dignidad de las personas. Insultar a alguien tiene como objetivo demeritar la calidad humana de aquel que recibe el mensaje que denigra. No siempre esta acción daña al receptor del mismo, y en ocasiones se voltea como búmeran contra aquel que profiere el insulto. En el fondo se trata de un instrumento que denota la incapacidad para argumentar por parte de aquel que, sintiéndose superior, es incapaz de responder con razones a aquello que le molesta o con lo que está en desacuerdo. Por supuesto que siempre hay una ocasión en que recurrir al insulto es un acto de impotencia ante la imposibilidad de dialogar con aquellos carentes del don de la tolerancia y la inteligencia.

    Pero si hay alguien que tiene prohibido utilizar este recurso agresivo es el político tradicional, y más aún el mandatario de un país. Frente a la elegancia discursiva de personajes como Churchill, Obama, Shimon Peres o Ángela Merkel, el primitivismo semántico de Trump, Maduro, Duterte o las últimas expresiones de López Obrador, se presentan como símbolo de las carencias argumentativas de los segundos, ante la inteligencia discursiva de los primeros. Porque incluso para golpear con el lenguaje se requiere oficio y conocimiento, y no descalificaciones propias de bravucones de bajo nivel.

    Y es que lo que se dice en una campaña electoral forma parte de lo que se conoce como la pirotecnia política propia de la competencia, pero que tiende a desaparecer una vez que se inicia el ejercicio de gobierno. La oposición puede utilizar un lenguaje rudo frente a los actos de los responsables de ejercer el poder, pero éstos son los que están obligados a responder con argumentos sólidos y con base en la superioridad que les brinda tener en sus manos las riendas de la nación. Cuando el presidente López Obrador utiliza los calificativos: fifí, neofascista, mezquinos, o hace alusión a “a tiempos de canallas”, no sólo se remonta a la época de la campaña, sino que reafirma su convicción en el sentido de que existen distintos tipos de mexicanos. Los buenos y los malos.

    Además, cuando se cuenta con la fuerza que representa ser dueño de los poderes Ejecutivo y Legislativo, la necesidad de responder con insultos desde esa posición, es un exceso que no se justifica de ninguna manera. Insisto, mientras una oposición con un poder limitado grita con pocos resultados efectivos, no tiene justificación alguna el insulto gratuito por parte de la máxima autoridad del país. Sólo aquellos gobernantes no democráticos que consideran ilegítimos a sus adversarios políticos son quienes, en un acto de soberbia y prepotencia, agreden primero verbal y después físicamente a aquellos que cuestionan su forma de actuar.

    El otro efecto de los insultos proferidos por un personaje poseedor de poder público, es el mensaje que este transmite a sus seguidores e incondicionales. Nadie puede pensar que la retórica nacionalista y racista de Trump está desconectada de las acciones de los grupos supremacistas contra hispanos, afroamericanos o judíos en Estados Unidos.

    Llamar “señoritingos”, “fifís” o “pirrurris” a determinados sectores sociales, considerados como poseedores de privilegios ilegítimos por parte del presidente, sólo legitima la acción de los violentos contra ellos, independientemente de que el propio AMLO condene el uso de la fuerza contra sus adversarios.

    Las palabras matan, y más aún cuando éstas provienen de las altas esferas del poder, desde donde se decide quién es parte del pueblo y quién no. No es esta una forma de reducir la polarización política y mucho menos generar consensos para definir el futuro del país. El insulto no funciona, a menos que se pretenda dividir a la nación.

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  3. #178

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    'Nuestro' hombre en Washington

    Por Salvador Camarena.

    Desde hace algunas semanas hay versiones de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hará un nombramiento especial en la embajada de México en Washington.
    Según diversas fuentes, la Secretaría de Relaciones Exteriores, de Marcelo Ebrard, enviará a esa representación de nuestro país a Antonio Attolini, colaborador de la campaña de López Obrador y conocido personaje de redes sociales y medios de comunicación.

    El nombramiento de Attolini, se dice, es inminente. Llegaría a incorporarse al equipo de comunicación de la embajada. Esa representación diplomática, por si hace falta decirlo, acaba de estrenar titular. El 21 de diciembre, el Senado de la República ratificó por unanimidad a Martha Bárcena como embajadora ante Estados Unidos.
    Hace diez años, cuando el avión que transportaba a Juan Camilo Mouriño desde San Luis Potosí al Distrito Federal se desplomó en Virreyes, también murieron varios colaboradores del malogrado secretario de Gobernación, entre ellos Miguel Monterrubio, que trabajó varios años en la embajada de México en Estados Unidos.

    Tras su muerte, el periódico The Washington Post publicó una nota sobre él. “Tenía cualidades excepcionales para un puesto público: compromiso, talento y lealtad”, dijo al Post el exembajador Juan José Bremer, de quien Monterrubio fue su agregado de prensa.

    La nota del periódico destaca cómo Miguel buscaba que los periodistas dilucidaran sobre los puntos “más finos” de las complejas discusiones migratorias entre Estados Unidos y México, pero también subraya cómo les presentaba las “maravillas de la cultura mexicana”. De hecho, el diario menciona que incluso organizaba tours culturales. Aquí la nota.
    En una embajada hay diversas chambas. Pero a Attolini lo ubicarán, según las fuentes, en comunicación, en manejo de redes sociales, en una especie de imposición por parte de Morena en la representación más importante de México en el mundo.

    Lo de Attolini y la diplomacia es un viejo sueño para él. Desde los doce años, según le dijo a Fernando del Collado en 2013, ha querido ser embajador en las Naciones Unidas. En esa entrevista agregó que “esto de los medios de comunicación” –sus múltiples participaciones en mesas de debate y otros foros mediáticos– para él es “contingente”.
    Será contingente, pero pinta un perfil. La duda es si ese perfil es compatible con una chamba diplomática. Porque el Attolini de los medios dice cosas como la siguiente, que expresó apenas en octubre pasado.

    A propósito de la caravana migrante centroamericana que se dirigía a Estados Unidos, Attolini dijo en el programa Econo Chairos, que se transmite en La 1 (espacio de Radio Fórmula simultáneamente aireado en Facebook Live) que Donald Trump es, entre otras cosas, “un hijo de puta”.

    Attolini y su compañero en La 1 hablaban de cómo Trump intentó presentar a la caravana como una amenaza, llegando a decir que venían “de Medio Oriente…”. Supongo que, admirado por la capacidad de Trump para manipular, Attolini exclamó: “Hijo de puta, es un puto genio para entender…”.
    A lo anterior agregó estos conceptos sobre el actual presidente de Estados Unidos:

    “Es un puto, miserable, cínico, malviviente… genio”.
    “No sé si debemos decir eso en Facebook Live”, le dijo Ricardo Moreno, su coconductor.
    “Lo es”, replicó Attolini, “lo es”.
    “Porque a mí”, insistió Moreno, “me mama la visa, me encanta Estados Unidos, me mama tener visa, amo Disneylandia, y si tienen que frenar a algunos (migrantes)…”
    —“No…”

    Attolini dijo lo anterior el 22 de octubre pasado en el segmento que se transmite en Facebook Live mientras en Radio Fórmula iban a un corte comercial. En otra de las emisiones de La 1, cuando eso ocurre, cuando se van solo a Facebook Live, Attolini ha dicho: que por estar sólo en Facebook “ya podemos hablar en serio”.

    También en Econo Chairos, Attolini ha dicho que la decisión de Trump de imponer aranceles al acero mexicano fue legítima (cuestionó incluso que México haya preferido ir a “llorar” ante la Organización Mundial de Comercio ante esa medida en vez de aumentar los salarios en México); y ha afirmado que el actual presidente de Estados Unidos es “una anomalía, pero que no se puede normalizar con el tiempo, es una anomalía que habla de una desestructuración sistémica”. Donald Trump, dijo, le pone nombre, cara y apellido “a un sistema racista, misógino, xenófobo, discriminador que” es el capitalismo.

    La semana entrante será la reunión anual del cuerpo diplomático mexicano. Es la primera de Ebrard como canciller y la primera de Martha Bárcena como embajadora ante Estados Unidos. Será interesante ver qué dicen del supuesto nombramiento de Attolini y su particular, que no muy diplomático, lenguaje para referirse a Trump, alguien con quien según ha reiterado el presidente López Obrador este gobierno se quiere llevar requetebién.
    “Lealtad” y “compromiso” aparte, no sé si el nombramiento de Attolini ayudaría a eso.

    http://www.elfinanciero.com.mx/opini...-en-washington

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  4. #179

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    Preguntas para y de la fuente de Presidencia

    Por Carlos Castañeda Gutman.


    Desde sus primeras conferencias de prensa mañaneras a principios de siglo, Andrés Manuel López Obrador supo administrar con gran habilidad su relación con los reporteros de la fuente que cubrían esos eventos. No los corrompía, pero los apapachaba, les daba una mano cuando se encontraban en dificultades, los trataba con afecto y camaradería –no siempre respeto– porque entendió bien una de las características de los medios en México. El reportero de la fuente es el que nutre a los diarios, las radios y las televisoras, en sus respectivos cuarteles generales. Los editores hacen lo que pueden, pero al final del día se encuentran en manos de los reporteros de la fuente o de los boletines de prensa de los distintos generadores de noticias, casi siempre el gobierno federal, o en provincia, las autoridades estatales. Los reporteros de la fuente, incluso presidencial, son todos abnegados, con una querencia comprensible hacia la izquierda y mal pagados. Sus condiciones de trabajo son adversas, en algunos casos francamente inaceptables, por ejemplo, los que les pagan a destajo.

    Hoy en día, con las conferencias mañaneras ya como presidente, López Obrador hace lo mismo, pero se beneficia mucho más de las características intrínsecas de la fuente, que no han cambiado en estos quince años. Con grandes dificultades, dichos reporteros llegan un poco antes de las 7:00 am, a veces con recorridos de hora y media; con grandes dificultades logran leer los periódicos, incluso sus propios medios, antes de llegar y preparar sus preguntas. Aún con mayores dificultades alcanzan a entrar en comunicación con los editores de sus medios para que estos los orienten sobre qué tipo de preguntas deben formular, qué tipo de respuestas deben esperar, y qué tipo de follow up deben llevar a cabo para que López Obrador no pueda esquivar alguna interrogante.

    De ahí que en muchos casos los reporteros de la fuente no puedan formular las preguntas que merecen respuesta. Para eso los reporteros de la fuente tendrían que ser periodistas bien pagados, bien formados, respetados en sus redacciones, y disponer del tiempo necesario para preparar el acontecimiento esa mañana. No es el caso.

    Daré dos ejemplos muy sencillos de los últimos días. Aclaro que, como no escucho las conferencias de AMLO, sino que leo las versiones publicadas en diversos medios, es posible que las preguntas que esgrimiré a continuación hayan sido formuladas y obtuvieron una respuesta adecuada; o fueron formuladas y no hubo respuesta. No puedo afirmar categóricamente que no haya sucedido, pero tengo la impresión de que no.

    Hace un par de días López Obrador, acompañado por dos o tres de sus secretarios, dio información nueva sobre el reclutamiento de la Guardia Nacional. Si no me equivoco, dijo que tendría lugar en tres etapas, la primera de las cuales sería la incorporación a la misma de la policía militar, la policía naval o de la Marina, y la Policía Federal. Sumarían –insisto, si no me equivoco– 21 mil efectivos en una primera etapa. Los medios nacionales y la clase política opositora se fueron con la finta, para variar: se centraron en si el gobierno debía o no ya estar reclutando a gente para una Guardia Nacional, cuyo estatuto constitucional aún no ha sido aprobado. Eso es lo de menos. Las preguntas necesarias eran obvias y lo han sido desde el primer día que se anunció la llamada Guardia Nacional: ¿Cuántos policías militares y navales existen en el Ejército y en la Marina? ¿Qué hacen exactamente? ¿Cuántos van a ser reubicados en la Guardia Nacional? ¿Quiénes van a suplir sus funciones, cualesquiera que hayan sido, en el Ejército y en la Marina? ¿Qué tipo de entrenamiento tiene la policía militar y naval que no tienen otros estamentos del Ejército y de la Marina?

    Todas estas preguntas son sencillas y a la vez fundamentales, porque si se van a incorporar las policías militares, por ejemplo, de la Sedena a la Guardia Nacional, entonces una de dos. O bien lo que hacían antes era redundante, o era importante y no hay quien lo haga ahora; si era importante, no habrá quién lo haga y habrá que esperar a que sean formados los nuevos policías militares que cumplirán con las funciones que antes ejercían los que fueron colocados en la Policía Federal. No he visto que los reporteros de la fuente hagan estas preguntas; menos aún he visto las respuestas de López Obrador, o de Durazo, o de los secretarios de la Defensa o de la Marina. ¿Es importante? Parece que sí, ya que la Guardia Nacional en su primera etapa va a conformarse básicamente por estos contingentes.

    Segunda serie de preguntas. A partir del lamentable episodio aéreo que produjo la muerte de Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, mucho se ha hablado de los distintos investigadores estadounidenses, canadienses y ahora italianos que coadyuvan en la investigación. Enhorabuena que esta cooperación internacional se dé; existe en casi todos los casos de accidentes aéreos o atentados. Pero siempre los medios internacionales, en Malasia, en Indonesia, en Francia, en Brasil, formulan más o menos las mismas preguntas, que aparentemente no han sido planteadas por los reporteros de la fuente. ¿Existían cajas negras de datos de voz y telemétricos del helicóptero? ¿Ya fueron recuperadas dichas cajas negras? ¿Ya fueron escuchadas y revisadas por los expertos mexicanos o extranjeros? ¿Fueron enviados al National Transportation Safety Board de Estados Unidos, o a la fábrica canadiense de los motores Pratt & Whitney, o a los fabricantes italianos del helicóptero? ¿Ya las revisaron cualquiera de ellos en sus respectivos países? ¿Ya tienen información sobre qué hay en esas cajas negras?

    De nuevo, no me consta que no hayan sido formuladas estas preguntas, aunque creo que cualquier persona medianamente informada sabría si hubieran recibido alguna respuesta. ¿Qué pueden hacer los reporteros de la fuente para hacer correctamente esta chamba? Algo muy sencillo y a la vez muy complicado. Exigir mejores condiciones de pago y de trabajo, de tal suerte que los roten más, que tengan más recursos para prepararse y formular sus preguntas, leer los medios del día o de la noche anterior, incluso leer columnas –no como esta, que seguramente les aburre enormemente y con razón– pero hacer lo que hacen los periodistas que cubren las presidencias de todos los países del mundo: ser parte de un cuerpo colegiado y no individuos aislados, ser las estrellas de su medio y no los pares de las demás fuentes y, sobre todo, tener la preparación necesaria para llevar a cabo una labor absolutamente indispensable en cualquier democracia.

    http://www.elfinanciero.com.mx/opini...de-presidencia

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  5. #180

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    Linchamientos

    Alejandro Moreno.

    Las noticias que nos llegaron desde Valle de Chalco el día de ayer no son las de un linchamiento que no fue, sino las de la furiosa movilización de la gente tras un presunto violador y homicida para hacer justicia por su propia mano. No es la primera vez que sucede, ni tampoco es el único lugar. La detonación de ese tipo de conductas sociales en nuestro país no es rara, ya ha sucedido en otros estados y en otras ocasiones.

    Decía Elías Canetti sobre la masa que, “una vez constituida, quiere crecer con rapidez. Resulta difícil hacerse una imagen exagerada de la fuerza e imperturbabilidad con que se extiende”. La persecución de ayer en Chalco ilustra la enorme capacidad de la sociedad mexicana para activar un tipo de solidaridad negativa que contrasta con aquella que surge en tiempos de emergencia para ayudar a otros. La turba que persigue a presuntos delincuentes no tiene como objetivo salvar vidas o ayudar a necesitados; por el contrario, busca ajusticiarlos quitándoles la vida. Para ello, la turba se sitúa por encima de la ley y las instituciones, y en muchos casos rebasa la capacidad de las autoridades. El detonante para hacerse justicia puede ser simplemente un rumor o una acusación sin fundamentos.

    El lugar en Chalco donde se dieron los eventos ayer, la colonia Poder Popular, no podría tener un nombre más simbólico. El poder popular puede expresarse con gran fuerza, como lo hizo el 1 de julio, por la vía de la institucionalidad electoral y con grandes muestras de civismo. Pero también puede tomar la forma de una solidaridad negativa que lleva a ciertas atrocidades como la justificación del linchamiento. Nos guste o no, ése parece ser uno de los rasgos del carácter nacional.

    De acuerdo con la encuesta CNEP, que se hizo en México en julio de 2018, el 43 por ciento de los mexicanos opina que el linchamiento, que la gente haga justicia por su propia mano, es justificable: el 13 por ciento opina que siempre se justifica y el 30 por ciento cree que algunas veces. El 52 por ciento cree que el linchamiento nunca se justifica, pero, a pesar de ser una mayoría, lo cierto es que por lo menos cuatro de cada diez mexicanos sí justifican el linchamiento y que la gente tome a la justicia en sus manos.


    El problema es muy amplio y afecta a cualquier ciudadano, pero me voy a permitir manifestar una preocupación gremial. Lamentablemente, la labor de los encuestadores de campo está expuesta con frecuencia a esos peligros, y basta con que alguien de la comunidad local donde se encuentra haciendo su trabajo de entrevistas lo señale como criminal, violador o secuestrador, para que desate una turba con todos los riesgos que ello representa. Los eventos de 2015 en Ajalpan, Puebla, donde dos jóvenes encuestadores fueron linchados, aún están fuertemente marcados en la memoria de la comunidad demoscópica (ver la declaración de WAPOR al respecto: https://wapor.org/statement-on-inter...jalpan-mexico/).

    En 2018 también hubo casos de turbas que afortunadamente no terminaron en linchamientos, pero que pudieron serlo. En el municipio Teotitlán de Flores Magón, Oaxaca, hubo un traumático incidente hace cuatro meses con un grupo de encuestadores; ahí hay que aplaudir la forma como se condujeron las autoridades, que también corren el riesgo ante una turba incontrolable. Como dije, la noticia en esos casos no es el linchamiento que no fue, sino ese rasgo social de organizarse para ajusticiar por mano propia. Hasta donde sé, ni en Puebla ni en Oaxaca hubo consecuencias legales o penales para la comunidad justiciera o para los provocadores, por lo que su conducta negativa queda impune. Chalco quizás quede en lo mismo.

    Sirvan estos datos de las encuestas para reflexionar acerca de uno de los rasgos de cómo somos los mexicanos y de cómo el Estado de derecho sigue siendo un gran pendiente.

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  6. #181

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    México, en la porra de autócratas

    Por Sergio Negrete Cárdenas.

    Andrés Manuel López Obrador busca ser un Presidente histórico. Sin modestia ve su sexenio tan transformacional como las etapas de Independencia, Reforma y Revolución. Pero su afán de conducir la nación viendo el espejo retrovisor se ha estrellado con un mundo económicamente integrado y tecnológicamente avanzado. Su insistencia en la soberanía (alimentaria, energética) suena exactamente como lo que es: setentera, pero no de 2070, sino de 1970.

    Ahora AMLO tropieza en el exterior. El mundo en el que creció (cumplía 36 años cuando cayó el Muro de Berlín) ya no existe. Uno de sus héroes, Lázaro Cárdenas, rompió su tradicional silencio para condenar la invasión a Cuba por la administración Kennedy en 1961 (el Presidente era López Mateos). Era la defensa de un régimen todavía nuevo, el castrista, y de un sistema económico que se veía viable, el comunismo. Un mundo en que México gustaba mostrarse alejado tanto de Estados Unidos como de la URSS, esto es, “no alineado”, al tiempo que proclamaba la “no intervención” y el respeto a la “autodeterminación de los pueblos” como principios de política exterior.

    El régimen dictatorial de Nicolás Maduro no tiene defensa. La destrucción de la democracia venezolana por el régimen chavista-madurista no es tema de discusión. Una economía sumida en depresión e hiperinflación tampoco permite apoyar la política económica. La elección que permitió a Maduro permanecer en el poder fue tan democrática como las consultas obradoristas sobre el aeropuerto o las propuestas de programas públicos. No reflejan la “autodeterminación del pueblo”.

    Qué motiva la simpatía obradorista por el indefendible régimen es un misterio. Maduro no es un joven Fidel Castro, y menos Venezuela es la Cuba de hace casi 60 años. México hoy se coloca al lado de regímenes que han evolucionado bajo sus líderes a ser claramente autoritarios (Rusia con Putin, Turquía con Erdogan, Bolivia con Evo Morales) y que siguen reconociendo a Maduro como Presidente. O quizá hay una fobia por los Estados Unidos, y que su gobierno haya desconocido a Maduro impulsa a llevar la contraria. Lo malo es que por ello México también se opone a muchas democracias latinoamericanas. AMLO ha colocado al país en la porra de los autócratas.

    Quizá buscando emular a sus héroes, López Obrador se coloca en el lado equivocado de la historia. El comunismo fue desacreditado como alternativa económica, y muchos regímenes autoritarios o dictadoras militares (basta recordar tantas naciones del Cono Sur) también acabaron en el descrédito. Elecciones democráticas llegaron para quedarse, y los Derechos Humanos se convirtieron en un tema central.

    Como en la economía, la política exterior lopezobradorista muestra el imperativo de entender el presente, y sus lecciones, antes de glorificar y emular el pasado. Otra posible explicación, más preocupante, no es una imitación histórica, sino que pocos defienden a dictadores como aquellos que aspiran a ser uno.

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  7. #182

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    Venezuela y México

    Por Macario Schettino.

    El miércoles 23, una gran cantidad de venezolanos respondió a la convocatoria para una manifestación exigiendo el desconocimiento de Nicolás Maduro como presidente, y el reconocimiento del presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, como encargado del Poder Ejecutivo.

    La magnitud del evento, en el que por primera vez parece existir una oposición unificada alrededor de una sola persona, convenció a muchos países de que ha llegado el momento de presionar a Maduro y su camarilla para que dejen el poder. De inmediato, Paraguay reconoció a Guaidó, y le siguieron buena parte de los países del continente, incluyendo a EU y Canadá. Desde Europa, varios países siguieron ese mismo camino, aunque la UE prefirió no manifestarse por ninguna de las dos opciones, sino convocar a la búsqueda de una negociación para lograr un acuerdo en Venezuela. Acuerdo que, sin duda, incluye la salida de Maduro.

    Una desafortunada declaración inicial de México hacía pensar que seríamos uno de los pocos países en respaldar a Nicolás Maduro, en la compañía de Rusia, China, Turquía, Cuba, Nicaragua y Bolivia, todos ellos países autoritarios, con la posible salvedad del último. Posible, si Evo Morales no se reelige una vez más. Sin embargo, para la noche del miércoles, y sobre todo el jueves, la Cancillería fue mucho más clara. Junto con Uruguay, apoyan la propuesta de la Unión Europea.

    Parece que estamos cerca del final de la pesadilla venezolana. Pero todavía falta. Precisamente por eso, la posición de México, Uruguay y la UE es correcta. Lo es, en parte, porque existe un reconocimiento muy amplio a Guaidó en el resto del continente, y eso permite que la oferta de negociar tenga sentido. Dicho de otra forma, mientras una abrumadora mayoría exige la salida de Maduro, México, Uruguay y la UE ofrecen enseñarle el camino.

    Esto es muy importante porque las fuerzas armadas en Venezuela siguen leales a Maduro (al menos hasta el momento en que escribo, no hay garantía de que aguanten mucho ni se mantengan unidas). No debemos olvidar que varios jefes militares venezolanos están siendo investigados por narcotráfico y hay incluso procesos iniciados en su contra en EU. Además, hay todavía restos del sistema clientelar creado por Chávez, que quisiera seguir recibiendo limosnas gubernamentales.

    Pero lo más relevante, me parece, es la posición de los países que defienden a Maduro. Cuba, que ha vivido de Venezuela por más de una década, y que tendría una severa crisis sin esos recursos; Nicaragua, donde la dictadura de Ortega compite con la de Somoza; Bolivia, porque si cae Maduro, Evo se despide de su reelección eterna.

    En breve: Maduro se sostiene en un sistema clientelar, ya en franca bancarrota; en un Ejército plagado de corrupción, y en una red internacional de complicidad. Cuando no tenía enfrente oposición, porque ésta se mantenía dispersa, le alcanzaba sin problema. Ahora, quitarlo significa eliminar esos tres elementos que lo sostienen.

    Finalmente, creo que hay que destacar que la posición dudosa de México en las primeras horas puede deberse a la presencia de destacados dirigentes de Morena que han declarado en muchas ocasiones su admiración por el socialismo bolivariano del siglo XXI. Tal vez eso llevó a un primer posicionamiento a favor de Maduro, que después se convirtió en un ofrecimiento de buenos oficios. Como ya decíamos, esta segunda ruta no sólo es factible, sino inteligente. Entendería que Marcelo Ebrard es quien la defiende.

    El momento de cambio en Venezuela es entonces también momento de definiciones en México. Dos de los grupos que rodean al presidente disputarán su atención y decisiones. Hay que estar atentos a lo que pasa en Venezuela, pero también a lo que en México se decide al respecto. Importa mucho, más de lo que parecería.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...co-y-venezuela

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  8. #183

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    Empieza la devolución de hondureños

    Por Jorge Castaneda Gutman.

    Hubiera preferido dedicar esta columna a la aberrante posición de México ante la crisis humanitaria, de derechos humanos, y regional en Venezuela. Me parece que no podemos insistir demasiado en el enorme error de lectura histórica de la política exterior mexicana, de equivocación política y de ceguera moral, que comete el gobierno de López Obrador, sólo por afinidad política e ideológica disfrazada de principismo no intervencionista, afán mediador, y desinterés. Pero otro tema me preocupa más hoy.

    El día de ayer la agencia Reuters, en un cable fechado en CDMX y divulgado a las 2:15 de la tarde, informa que hoy mismo comienzan las devoluciones/deportaciones/remociones a México de solicitantes de asilo centroamericanos en Estados Unidos.

    Según la agencia, el acuerdo llamado 'Permanecer en México' –Remain in Mexico–, que no había sido puesto en práctica desde que se anunció hace ya casi dos meses, empezó el día de hoy, después de un par de reuniones de alto nivel entre funcionarios mexicanos y norteamericanos. Como se sabe, este fue el resultado de las negociaciones del equipo entrante de AMLO, incluso antes del 1 de diciembre, y el gobierno de Trump.

    La lógica de la negociación fue siempre la misma: ¿De qué manera puede México ayudar a Estados Unidos con el tema de las decenas de miles de solicitantes de asilo centroamericanos que no caben en las instalaciones existentes en Estados Unidos y que por lo tanto obligan al gobierno norteamericano a liberarlos mientras se celebran las distintas etapas de su proceso?

    Más allá de si ese acuerdo es el equivalente de facto de Tercer País Seguro, lo importante ahora es entender qué va a suceder con esta infame concesión mexicana, y en particular, qué va a suceder con los hondureños en Tijuana.

    El mecanismo es sencillo. Todos los días cruzan la frontera un número determinado de solicitantes de asilo, pasan su primera entrevista en la que sólo deben demostrar un temor creíble por su integridad en su país. Las autoridades norteamericanas toman nota, si es posible les dan una fecha para una entrevista en profundidad, y los devuelven a México. En México esperarán los días, semanas, meses o incluso años, que separen esta entrevista de la definitiva. Solamente a entre 10 y 15 por ciento de los solicitantes se le otorgará asilo.

    El gobierno de AMLO tal vez pensó que Trump no insistiría en este acuerdo, pero parece no haber contado con un dato fundamental. Trump sí cree que llegó a un acuerdo cerrado, firme y claro con México para que aceptara el envío de esos hondureños a México después de su primera entrevista, y que permanecieran aquí hasta que se resuelva su caso.

    Esta posición mexicana viola el derecho internacional de los refugiados, al aceptar en los hechos lo que es un semirefoulement, el sentido común y probablemente el derecho norteamericano. Sobre el semirefoulement no hay mucho que decir: la costumbre es que ningún país puede o debe devolver a otro país, sea el de origen o no, a alguien que solicita asilo. Debe poder esperar la definición de su caso en el territorio donde solicitó asilo.

    En cuanto al sentido común, ninguna persona sensata puede creer que los hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, cubanos y demás, se encuentran en una situación que proteja su integridad mientras vivan en ciudades como Tijuana, Ciudad Juárez, Reynosa o Matamoros. Son algunas de las ciudades más peligrosas e inseguras de México, en el momento de mayor inseguridad de la historia reciente del país.

    En cuanto al derecho norteamericano, en efecto, pocas horas después de que el primer hondureño sea devuelto a México, la American Civil Liberties Union (ACLU) interpondrá un recurso ante un tribunal federal norteamericano, probablemente el del noveno circuito en San Francisco, para prohibir dicha devolución, ya que viola una serie de derechos constitucionales en Estados Unidos. No hay mayor duda de que por lo menos durante el tiempo que tarde la justicia norteamericana en resolver el caso, habrá una suspensión provisional que impida la deportación a México. Algunos dicen que esta fue una gran maniobra, mañosa y hábil, de Ebrard para, por un lado, quedar bien con Trump al conceder todo, pero al mismo tiempo no incurrir en ningún despropósito ya que el acuerdo no se cumplirá: No se puede descartar esta hipótesis, pero es más probable que simplemente sea consecuencia de la nueva política exterior de AMLO con relación a Estados Unidos: no pelearse con Trump por ningún motivo, en ningún momento, en ninguna parte. Salvo Venezuela.


    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...-de-hondurenos

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  9. #184

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    El ABC de la crisis venezolana… y la vergüenza

    Por Pablo Hiriart.

    Venezuela tiene dos presidentes, Juan Guaidó y Nicolás Maduro.

    El primero fue electo por la Asamblea Nacional (Congreso) de Venezuela, con base en el artículo 233 de la Constitución elaborada durante el chavismo.

    Los integrantes de la Asamblea (legisladores) llegaron al cargo mediante elecciones vigiladas internacionalmente, en las que participaron el chavismo y la oposición, y ganó la oposición, con el reconocimiento nacional e internacional.

    Nicolás Maduro se reeligió en unos comicios en los que no participó la oposición por falta de garantías, ni hubo observación internacional.

    La Asamblea aplicó el artículo 233 de la Constitución, que faculta al Poder Legislativo a nombrar un presidente provisional cuando hay ausencia de éste, y mandata crear un gobierno que convoque a elecciones.

    Nicolás Maduro asumió la presidencia sin que mediaran elecciones libres para acceder al cargo.

    A raíz de ello, el Congreso (la Asamblea), nombró a un presidente provisional para que convoque a elecciones libres y vigiladas.

    En consecuencia, los únicos que llegaron al poder mediante elecciones democráticas, reconocidas nacional e internacionalmente, fueron los integrantes de la Asamblea.

    Juan Guaidó es, pues, el presidente constitucional de Venezuela.

    Y México, perdón, el gobierno de México en nuestra representación, ha optado por reconocer únicamente a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela.

    ¿Con qué argumento? El real es la afinidad ideológica entre el actual gobierno mexicano y el régimen de Maduro.

    Los presidentes de los dos partidos de la coalición gobernante en México son impulsores y defensores de la 'revolución Bolivariana'.

    El argumento que esgrimen el presidente y el canciller Ebrard, está basado en el artículo 89 de nuestra Constitución, que en su inciso X establece: “En la conducción de tal política (exterior), el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de las controversias…; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

    Queda claro que una interpretación facciosa del artículo 89 lleva al gobierno de México a respaldar al gobierno de Maduro.

    Sólo esgrime la “no intervención”, y omiten la “autodeterminación de los pueblos” y “la protección y promoción de los derechos humanos”, así como “la paz y la seguridad internacionales”.

    La autodeterminación del pueblo venezolano llevó a los integrantes del Poder Legislativo –electos todos democráticamente–, a nombrar presidente provisional del país al líder de la Asamblea, Juan Guaidó, ante el vacío existente por la ilegalidad con que se hizo del mando Nicolás Maduro.

    Omite también el gobierno de México el mandato constitucional de “protección y promoción de los derechos humanos”, que en Venezuela son violados en todos sus órdenes por el régimen ilegal de Maduro.

    Con escalofriante displicencia el canciller Ebrard justifica que en México también se violan derechos humanos.

    Su trabajo es hacer cumplir la Constitución en su ámbito de responsabilidad. Ya los otros secretarios y órganos competentes velarán porque se respeten los derechos humanos.

    En Venezuela no hay libertades políticas. No hay voto libre. A los opositores los encarcelan y son torturados. Los medios de comunicación son acallados y los periodistas críticos perseguidos y exiliados.

    Aquí en México, López Obrador pudo llegar al poder gracias a que hay elecciones libres.

    Los opositores podían recorrer el país diciendo lo que quisieran, hasta calumnias y convocatorias a “derrocar” el régimen.

    Los medios de comunicación jugaron un papel fundamental para que llegara al poder el más radical opositor.

    Directivos de esos medios no eran perseguidos ni torturados, sino que gozaban de publicidad oficial y acceso a Los Pinos y a Bucareli.

    Triste, el papel del canciller Ebrard, egresado de El Colegio de México.

    Pero más triste aún es el papel de todos nosotros, que vemos impotentes cómo el gobierno nos alinea en la defensa de un dictador, por afinidad ideológica.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...-la-vergueenza

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  10. #185

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    Venezuela: un golpe para todos

    Por Raymundo Rivapalacio.

    El paisaje latinoamericano sigue escribiendo historia. Nuevamente es Venezuela, donde a las realidades objetivas de los últimos años, como la regresión democrática, el autoritarismo, la falta de libertades, la violación de derechos humanos y la cada día más increíble crisis económica, se le ha sumado la versión posmoderna de los golpes de Estado. La CIA ya no tuvo que desarrollar guerras psicológicas, inventar luchadores por la libertad o invadir abiertamente a una nación, sino inaugurar una modalidad que no se sabe si es más arrogante que las otras, pero sí más cínica:

    Un diputado, Juan Guaidó, se autoproclama presidente y minutos después el presidente Donald Trump lo reconoce como el líder interino de Venezuela, desconociendo al presidente Nicolás Maduro, reelecto de manera fraudulenta. Tras Estados Unidos, una decena de países americanos respaldan a Guaidó, junto con la Organización de Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo. La maquinaria trata de crear las condiciones para que las Fuerzas Armadas rompan con Maduro y lo derroquen. Si no es así, advierte Trump, todas las opciones están abiertas. ¿Invasión? ¿Asesinato del presidente? Todas, hay que precisar, salvo que Maduro no deje el poder.

    Es cierto que las credenciales de Maduro son impresentables, pero no apoyar a Guaidó tampoco significa respaldar el régimen del presidente venezolano. Eso hizo México el miércoles y la turba cibernética se le fue encima al presidente Andrés Manuel López Obrador. La prensa en México también expresó mucha más crítica que apoyo, sin importar la ruptura transnacional del orden constitucional –Venezuela amaneció el jueves con dos presidentes– promovida por Estados Unidos. Cierto, como han señalado quienes desean, como muchos –incluido quien esto escribe–, que Maduro deje el poder, ¿cómo se puede romper el orden constitucional cuando Maduro lo rompió? La línea es muy fina y se cruza. La defensa de López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard es de ortodoxia constitucionalista, pero políticamente busca una tercera vía en donde, desde la neutralidad, se encuentre una salida pacífica a los diferendos en otras naciones.

    En las conversaciones que sostuvieron el miércoles López Obrador y Ebrard, no hubo duda sobre mantener la postura que expresó el subsecretario de Relaciones Exteriores para América Latina, Maximiliano Reyes, durante su estreno como representante en el Grupo de Lima, el 4 de enero, en la capital peruana, de excluirse de la petición a Maduro de que no asumiera su segundo mandato, y la disposición a abrir el diálogo con todas las partes, pero sin acciones que lo obstruyan. La preocupación en la Cancillería mexicana se daba ante la posibilidad de que quedara aislado en el concierto internacional. Uruguay, con cuya contraparte Ebrard sostuvo pláticas por teléfono, se mantuvo neutral, lo mismo que España y Portugal, con lo que abrieron espacios políticos a los mexicanos, particularmente frente a sus socios comerciales norteamericanos, que apoyaron a Guaidó. La Unión Europea, que ha sido crítica de Maduro, no tuvo una posición de conjunto, y como los mexicanos, buscaron la mayor información posible antes de escalar su posicionamiento.

    La presión en México contra el gobierno es intensa. Liberales y conservadores unieron voces en la condena a Maduro y el respaldo a Guaidó, sumándose, por razones ideológicas o tácticas, a los avales del interino, según describió el periódico carioca O Globo, Trump y el presidente brasileño Jair Bolsonaro. Las consultas entre cancillerías se profundizaron el jueves, y en la OEA el embajador Jorge Lomónaco hizo una propuesta estratégica: saber el estatus jurídico de Guaidó y de sus apoyos internacionales. La creatividad para ganar tiempo y problematizar lo que sucedió el jueves en la institución panamericana es lo que ahora se necesita, recuperando lo que alguna vez fue la diplomacia mexicana.

    El presidente José López Portillo, por ejemplo, rompió relaciones con Nicaragua, pero no con El Salvador, pese a tener dos gobiernos autoritarios y violadores de los derechos humanos. López Portillo anunció la ruptura de manera inesperada cuando en una visita de Estado, el presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo, le hizo un relato de lo que estaba sucediendo en Nicaragua. “Me ha dicho usted algo que sabíamos y no queríamos creer”, dijo López Portillo, “el dramático, el repugnante ataque a los derechos humanos, el horrendo genocidio que se está cometiendo contra el pueblo nicaragüense”. En el caso de El Salvador, las instrucciones fueron mantener abierta la embajada y recibir al mayor número de asilados políticos, manteniendo comunicación con la oposición y la guerrilla.

    La historia ayuda, y la Cancillería mexicana tiene experiencia en manejos de crisis y hasta dónde resiste y es útil la neutralidad. Si es cierto que los tiempos políticos no son los tiempos sociales, respaldar a Maduro o a Guaidó es anularse y cancela la posibilidad de agotar todas las instancias, como en los 80. La próxima semana llega a México el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y Venezuela estará en la agenda. En espera de confirmación, está la visita del secretario de Estado, Mike Pompeo, en esos días.

    La política de neutralidad no es pasiva, sino activa. No es estridente, sino discreta. No perdamos la perspectiva. ¿Nos gustaría que el presidente de Estados Unidos impusiera un títere para obligar al derrocamiento de un presidente en México? Habrá quien diga que sí, y que prefieren que un poder extranjero resuelva lo que internamente fueron incapaces de hacer. Es indigno. Hay quien dice no, que las luchas se dan adentro, y que si bien las condiciones internacionales contribuyen a los cambios, es el trabajo interno lo que construye la autodeterminación de los pueblos y la libertad. En eso estamos, pese a la radicalización nacional.

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  11. #186

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    Venezuela: la debacle

    Por Leonardo Kourchenko.

    Muchos meses llevamos periodistas y analistas internacionales pronosticando –fallidamente – el final de Nicolás Maduro y su régimen represor, corrupto, cínico y violador constante de derechos humanos. Si cuando bajaron los precios del petróleo, si cuando concluyó su primer período como presidente constitucional –el único por cierto, porque este segundo es absolutamente ilegítimo – si cuando la oposición se apoderó de las calles en un grito unificado de ¡ya basta! En ninguna atinamos, cuando volteábamos a ver ¡Maduro seguía ahí! – como diría el inolvidable Monterroso.
    ¿Qué lo mantiene en el poder contra viento y marea? Son varios factores, tal vez sólo uno interno, y todos los demás externos.

    El primero y más importante es el respaldo incondicional –que no absoluto – de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, de ese ejército, marina y demás que se han visto beneficiados con el poder que el presidente Maduro ha trasladado a su mando, pero sobretodo, la cantidad de recursos que ha puesto a su disposición. Todo el petróleo, las divisas y los manejos económicos del gobierno están controladas y operadas por militares. Se habla de una extendida corrupción, pero sólo en los altos mandos y algún medio, pues esa riqueza aparentemente no llega a la tropa. Sin embargo el país entero lo sabe, habla del tema, y es testigo de las fortunas de los generales y almirantes a costa de los recursos del pueblo.

    Una de esas bellísimas contradicciones de este socialismo latinoamericano de cuarta –sin alusión a nadie – es decir, de muy bajo nivel, como se dice coloquialmente en México. Todos están para y por el pueblo, pero lo roban y esquilman bajo el deshonroso argumento de los valores patrios.

    El segundo factor es Cuba, su dirección política, su beneficio energético, su control estratégico de ministerios, oficinas, políticas y posicionamientos. Cuba dentro de Venezuela instaló a instancias de Fidel en su momento, pero permitido y abrazado por Hugo Chávez, un control de mando-país, que definiera políticas, acciones, propiedades, y la instrumentación completa de la Revolución Bolivariana. Ellos siguen ahí, más fuertes que nunca después de la muerte de Chávez, ante la evidente y vergonzosa incapacidad de “Platanote” –como le dicen en privado los venezolanos a su presidente.

    Después vienen los intereses geopolíticos, esos viejos criterios provenientes de la Guerra Fría que dividía al mundo en polos y que construía posicionamientos regionales de oposición o contrapunto a regímenes hemisféricos, totalitarios o de otro tipo.

    A Cuba, que pierde por minutos todos los avances ganados en la era Obama, los acuerdos de tránsito de ciudadanos, los flujos de capital, el efectivo desmantelamiento gradual del histórico bloqueo, recibió marcha atrás con Trump y sus obsesiones. Por ende, mantener a Venezuela como un eje opositor a Washington, le resulta extremadamente útil, además de vivir del combustible venezolano.

    Lo mismo pasa con Rusia, quien aún no ha decidido con claridad qué hacer con Venezuela y cómo utilizarla en su ajedrez mundial para desestabilizar a Occidente, pero ahí está, con créditos y tecnología a cambio claro de su petróleo comprometido ya por algún tiempo.

    Un caso semejante es el de China, que con la apertura de su banco para el Desarrollo Regional, inyectó recursos en forma de créditos a Argentina, Brasil, Paraguay, Chile y otros más. De forma relevante, Venezuela está en la lista de deudores de los chinos, a quienes les paga de la misma y única forma que puede: con crudo comprometido ya por varios años.

    Tan sólo ayer Rusia advirtió a Estados Unidos que no intervenga en Venezuela, parece un Deja Vú de los años 60, 70.

    Todo esto junto mantiene a un debilitado Maduro a quien hoy incluso, le niegan acceso a sus propias reservas internacionales. Tiene depositados en el Banco de Inglaterra 120 mil millones de dólares en oro, que le fueron negados la semana pasada.

    Estados Unidos le negó acceso a 7 mil millones de dólares que por cierto, pusieron a disposición del señor Guaidó, toda vez que Washington lo ha reconocido ya como presidente legítimo.

    Todo esto en medio de una crisis interna que pareciera llegar a su límite, protestas, manifestaciones, carestía, llamados continuos a desconocer al gobierno y de que el ejército le retire su apoyo.

    Cuatro países europeos le ponen un ultimátum a Maduro (Alemania, Francia, Italia y España) en un esfuerzo por forzarlo a dimitir.

    Colombia y Brasil afirman preparar contingentes militares para hacer una incursión en territorio venezolano.

    ¿Hasta qué momento puede aguantar un presidente fallido, impopular, ilegítimo? Tal vez hasta que los “fuertes” que le brindan respaldo quieran. Pero esa pregunta, aún no tiene respuesta.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...ela-la-debacle

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  12. #187

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    DESTRUCCION DE UN PAIS EN TIEMPO REAL...

    Se acabó la paz laboral

    Cuarta Transaformación.

    Las huelgas de las maquiladoras en Matamoros con el aumento del 20% de incremento salarial y el bono anual de 32 mil pesos son el principio del fin de la paz laboral que vivió México en los últimos tres sexenios.

    Pero el plato fuerte está por venir: cuatro iniciativas del Congreso para reformar la Ley Federal del Trabajo, la aplicación del Convenio 98 de la OIT y la instrumentación del Capítulo Laboral del T-MEC.
    Este viernes 1 de febrero inicia el periodo ordinario de sesiones de la 64 Legislatura y la agenda trazada por los diputados de Morena contempla varios temas principales.

    Apunte Seguridad Ciudadana, Combate a la Corrupción e Impunidad, Justicia Social y Desarrollo Económico, además de aspectos que atañen directamente a los sectores del trabajo, energía y pensiones.

    Pero a dos meses de iniciada la Cuarta Transformación, lo laboral presenta más amenazas que certidumbres para el empleo, la inversión y la paz del país. Expertos consideran que el siguiente es el saldo.

    La reforma a la Ley Federal del Trabajo tendría un sentido de izquierda antigua, dándole gran poder al sindicalismo rancio a través del cual se lograría el control político de Andrés Manuel López Obrador.

    En la práctica Morena, que lidera Yeidckol Polevnsky, está ya en pleno trabajo de formación de su sector obrero mediante el control de los expedientes laborales de todos los sindicatos del país.
    Las dos grandes centrales, CTM y CROC, las están desmantelando a base de invitar a sus sindicatos a formar parte del movimiento obrero de Morena y de quitarles representación a nivel internacional.

    El nuevo régimen de la Cuarta Transformación estima que las huelgas (que desde hace por lo menos dos décadas se han minimizado) son muy sanas para las relaciones laborales y el crecimiento del país.

    Está la aprobación por parte del gobierno del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con lo que lograron libertad completa de sindicalización con la posibilidad de contar con multisindicatos.

    Las empresas que no se inscriban al programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, que va por 2.3 millones de ninis a un costo de 40 mil millones de pesos, serán sujetas a "inspecciones".

    Las auditorías las hará la Secretaría del Trabajo que comanda Luisa María Alcalde. Los becarios serán censados por el Instituto de Formación Política de Morena antes de ser enviados a las empresas.

    El consejo de ese instituto está integrado por John Ackerman, Rafael Barajas El Fisgón, Paco Ignacio Taibo II y Pedro Miguel.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...la-paz-laboral

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  13. #188

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  14. #189

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    Venezuela libre

    Jaime Sánchez Susarrey.

    1. Nada está escrito. El desenlace del enfrentamiento en Venezuela dependerá de lo que ocurra en los próximos días o semanas. Sin embargo, hay cuatro factores que están presentes por primera vez: a) un liderazgo único de la oposición; b) una dimensión legal del mismo, toda vez que Juan Guaidó se asume como un presidente interino que debe convocar nuevas elecciones; c) una movilización popular superior a todas las anteriores; d) el aislamiento de Maduro y el apoyo indiscutido al movimiento opositor de los principales países latinoamericanos, Estados Unidos, Canadá y la presión de la Unión Europea para que se celebren elecciones inmediatamente. Ese coctel hace que la caída de la dictadura esté más cerca que nunca, aunque no se puedan adelantar vísperas.

    2. Ante todo lo anterior, a lo que se suma la brutalidad con que el régimen de Maduro está reprimiendo la insurgencia ciudadana, el gobierno mexicano ha asumido una posición de “neutralidad”, simple y llanamente lamentable. Primero, porque se ha aislado del mundo occidental. Segundo, porque se ha sumado implícitamente al pelotón que apoya a Maduro, integrado por países autoritarios: Cuba, Bolivia, Rusia, China y Turquía. Y, tercero, porque las escenas de la represión son cada vez más violentas y resulta grotesco que se invoque una especie de neutralidad.

    3. A partir de este escenario y de los costos políticos y diplomáticos que tendrá para el gobierno de AMLO, hay quien espera que se imponga la sensatez y que en un acto racional y pragmático el Presidente de la República decida corregir el rumbo. Pero la posibilidad de que esto ocurra es muy remota, por no decir nula.

    4. AMLO ha invocado la doctrina Estrada para mantener el reconocimiento del gobierno de Maduro. Pero el principio de no intervención se ha interpretado de distintas maneras a lo largo de la historia: Cárdenas condenó el ataque a la República Española y abrió las puertas a cientos de exiliados. Echeverría repudió el golpe de Estado en Chile y, como Cárdenas, dio asilo a los perseguidos políticos.

    5. La neutralidad, que no es tal, asumida por AMLO, tiene otras razones que no están inscritas en el principio de no intervención. Como muchos en la izquierda, asume que las dictaduras no se pueden condenar tajante e indiscriminadamente. No es lo mismo, según esa visión, Fidel Castro que Pinochet. El primero es un líder histórico revolucionario que supo defender la soberanía nacional y el segundo es un general neoliberal y conservador. Imposible obviar, por lo tanto, las raíces de Maduro en el movimiento chavista y en la defensa del socialismo del siglo XXI.

    6. Otra arista de esa convicción ideológica es la existencia de una corriente –en Morena– de clara filiación madurista. Los nombres son conocidos: Yeidckol, Ackerman, Padierna, Díaz Polanco, Noroña. Para todos ellos lo que está ocurriendo en Venezuela no es un movimiento popular contra la dictadura, sino una conspiración imperialista –dirigida por la CIA– para acabar con un régimen popular y revolucionario. Por eso AMLO no dará un paso en sentido contrario.

    7. Las convicciones y las creencias de la izquierda son refractarias a los hechos y los argumentos. Pinochet gobernó por un periodo de 17 años, dejó el poder después de someterse a un plebiscito, y Chile es hoy una democracia con el mayor grado de desarrollo económico-social en Latinoamérica. Fidel Castro creó un régimen totalitario, que persiste a la fecha (60 años). Los cubanos padecen escasez y racionamientos, no hay libertad de expresión ni elecciones libres. Pregunta: ¿Cuál de las dos dictaduras ha sido más dañina para su pueblo, la de Castro o la de Pinochet?

    8. Termino con una reflexión. El socialismo del siglo XXI, por donde quiera que se le vea, es un estruendoso fracaso: quebrar y sumir en la miseria al país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo se dice fácil, pero es un desastre imposible de superar; la brutalidad y corrupción del régimen de Maduro han sido la música de acompañamiento de ese naufragio.

    9. Es por eso que la celebración de elecciones libres en Venezuela es vital para América Latina y particularmente para México. El retroceso y la barbarie que están viviendo los venezolanos no se debe repetir nunca más en ninguna parte. Venezuela libre, valladar contra el autoritarismo.


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  15. #190

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    Pemex hundirá a AMLO (y a México)

    Sergio Negrete Cárdenas.

    Pemex es una rueda de molino que se ha colgado al cuello Andrés Manuel López Obrador, en lo personal y a su gobierno. Recibió una herencia complicada con Pemex, un barril de pólvora con mecha encendida: la petrolera más endeudada del mundo con producción en declive y un lastre brutal en pensiones, aparte de corruptelas (en todos los niveles) y una fuerza laboral excesiva en número e ineficiente en desempeño comparada con otros gigantes privados.

    AMLO ha optado por arrojar gasolina a esa pólvora. Obnubilado en su nacionalismo, se obstina en pensar en el Pemex de sus años mozos, sobre todo la era dorada de Cantarell. En 1980, con 27 años, Cantarell inundaba de petróleo al planeta y el sureste mexicano experimentaba un boom económico impresionante. Desde el Instituto Indigenista de Tabasco, que encabezaba, el macuspano contempló lo que parecía un milagro. El presidente López Portillo apostó todo al petróleo, y perdió, arrastrando al país a una profunda crisis.

    López Obrador está haciendo lo mismo, dados los recursos que quiere dedicar a una industria problemática y en declive. JLP tuvo, por cinco años, un mundo sediento de crudo, cuando tenerlo y explotarlo parecía garantía para la prosperidad. El actual ocupante de la silla presidencial está obsesionado con la autosuficiencia, horrorizado que México importaba crudo ligero de Estados Unidos (lo que al parecer ya prohibió) y que además compra en el exterior la mayor parte de sus gasolinas. No piensa en vender petróleo afuera, sino que se refine todo adentro, para que así no se importe una gota de combustible.

    Pero no tiene el margen para endeudarse del López anterior. Al contrario, enfrenta la lupa de mercados y calificadoras. No entiende de finanzas, sino de barriles. Tiene una meta de producción, no de ganancias. Sueña con construir una refinería de la nada en tres años (en su natal Tabasco, claro), cuando nadie lo ha logrado. Y no entiende que todo eso cuesta cantidades astronómicas.

    Ya Fitch Ratings y Moody’s tienen la deuda de Pemex en el último escalón del grado de inversión (Standard & Poor’s la coloca dos escalones arriba, por el momento). Que Moody’s no la haya reducido fue un respiro, pero momentáneo. En unos meses, de seguir con los enloquecidos planes de hidrocarburos y refinación presentados en diciembre, se reducirá a grado especulativo (también conocido como “basura”). Hará imperativo el rescate de Pemex por parte del Gobierno Federal, con unas finanzas públicas que no tienen recursos para ello. El contagio a la deuda pública será casi inmediato.

    Será una crisis como la del aeropuerto y sus bonos, como la del desabasto de gasolina en varios estados: auto-infligida por la ignorancia económico-financiera mezclada con la arrogancia que imbuye la ideología del estatismo. No será transformación sino regresión. El petróleo hundió a López Portillo y a México. Esa película ya la vimos y sufrimos. Todo indica que, en mayor o menor grado, se repetirá.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...mlo-y-a-mexico

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  16. #191

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    No es por ahí

    Macario Schettino.

    Las razones por las que México no es un país próspero han sido estudiadas por mucho tiempo. Una vez borrada la idea de que se puede hacer una economía exitosa a partir de una visión colectivista, como lo intentaron muchas naciones durante el siglo XX, se pudieron identificar con claridad las deficiencias.

    Primero, un gobierno con muy poca capacidad de maniobra, debido a una recaudación paupérrima. Hasta hace muy poco, México era el país que menos recaudaba en el mundo, en términos del tamaño de su economía. Apenas 10% del PIB en impuestos. Ya andamos cerca de 15%, gracias a la reforma fiscal. Los recursos del gobierno son muy importantes si, como hace el mundo desarrollado desde mediados del siglo pasado, le cargamos a esa institución no sólo garantizar la seguridad de las personas, sino buena parte de la educación, la salud, y la seguridad social.

    Segundo, un mercado laboral muy defectuoso. Cerca del 60% de los trabajadores son informales (es decir, no cuentan con prestaciones de salud y seguridad social), y muy improductivos. El ingreso promedio de ese grupo de población no llega a los 5 mil pesos al mes. Entre los formales, el ingreso es mayor, pero aun así es muy bajo. Buena parte del problema tiene que ver con la informalidad, y con el tamaño de las unidades productivas, realmente pequeñas.

    Tercero, la falta de productividad, que como ha mostrado Bill Lewis, es resultado sobre todo de la falta de competencia económica, y México ha sido un paraíso de la concentración. No sólo los privados, sino el gobierno mismo, han gozado de monopolios por décadas, haciendo cada vez menos competitivo al país, mientras se enriquecen hasta la obscenidad un puñado de personas.

    Cuarto, esta concentración de poder ha impedido la construcción de un verdadero Estado de derecho, lo que redunda tanto en corrupción como en violencia.

    Finalmente, hay detrás de todo esto un conjunto de creencias que soportaron el viejo régimen, que fueron implantadas en las mentes mediante un sistema educativo diseñado para eso. Creencias propias del colectivismo del siglo XX, que no fue sino la recuperación de las visiones machistas, patriarcales y patrimonialistas previas a la Ilustración: una historia Patria ficticia plagada de héroes y villanos, temor-odio a los extranjeros, virtudes sin fin de los pobres y los gobernantes, etc.

    Estos cinco elementos tienen interacciones muy importantes: no se puede construir Estado de derecho sin recursos fiscales suficientes, pero tampoco sin una visión del mundo alejada del colectivismo. No se puede terminar con la informalidad sin una educación distinta y sin enfrentar la concentración económica. No se puede recaudar más con esa informalidad y concentración.

    Avanzar en estos cinco elementos, de forma simultánea y estratégica, es el camino al desarrollo económico. Pero también a la democracia y la justicia. La creencia de que habrá justicia nada más porque el gobierno así lo desea no tiene ningún sustento. Mucho menos habrá desarrollo económico impulsado desde esa institución.

    Romper con el poder económico concentrado puede ser un buen inicio, y por eso terminar con los monopolios del gobierno y limitar el poder de los privados es tan importante. Por eso la reforma energética, la de telecomunicaciones, la financiera y la de competencia económica.

    Terminar con el adoctrinamiento en la escuela es fundamental, tanto para tener una visión diferente del mundo, como para contar con capital humano capaz de ser más productivo, en unidades económicas mayores. Por eso la reforma educativa.

    El camino del actual gobierno es equivocado: reconstruir monopolios energéticos, terminar con la reforma educativa, fortalecer a las grandes fortunas de capitalistas de compadrazgo (ahora en el comité asesor empresarial), es precisamente lo que nos ha frenado por décadas. Aunque parezca obvio, hay que decirlo, para que no se olvide.


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  17. #192

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    El ala izquierda

    Jorge Castañeda Gutman.

    Parece que concluyó, por ahora, el movimiento de la Coordinadora (CNTE) en Michoacán. Las ferrovías bloqueadas se abrieron, los trenes varados arrancaron, y pronto su carga –autopartes, granos, gasolina, acero– llegará a su destino original. Los asuntos pendientes –plazas y pagos– se resolvieron como debe ser: con dinero. Enhorabuena.
    Dicho esto, el feliz desenlace a través del “diálogo”, tan caro al Presidente, y sin represión –aborrecida por el mismo–, no debe hacernos perder de vista un síndrome que volverá a surgir nuevamente, en repetidas ocasiones. Lo sugerí en un breve ensayo en la revista Nexos del mes de diciembre, a propósito de las enseñanzas para México que podían descubrirse en la experiencia de la izquierda latinoamericana. Se trata del dilema del flanco izquierdo.

    Todo gobernante de izquierda (de derecha también, por cierto, pero no nos ocupa aquí) suele obedecer a dos reglas de oro: colocarse en el centro de su coalición o alianza, y evitar tener enemigos a su izquierda. Es una vieja tradición que se remonta por lo menos a la Revolución bolchevique, y que quizás abarque también a la Revolución francesa. Gobernar en el centro del conjunto de fuerzas significa que hay aliados a su izquierda y a su derecha; no tener enemigos hacia su propia izquierda significa jamás ser rebasado por fuerzas más radicales que el propio gobernante.

    Lenin se colocó siempre en medio: contentaba a su derecha con la NEP (nueva política económica), a su izquierda con el apoyo a movimientos fuera de Rusia, o con el terror contra los “blancos”. Pero cada vez que surgía un brote radical, lo destruía; se puede leer todo esto en su famoso panfleto El izquierdismo: enfermedad infantil del comunismo. Frente a los social-revolucionarios, a los marinos de Kronstadt, al propio Trotsky en ocasiones, no mostraba clemencia alguna.

    Huelga decir que Fidel Castro hizo lo mismo entre 1959 y por lo menos 1968, cuando ya el poder de la Unión Soviética en Cuba cambió los parámetros del juego. Desterró –por las buenas– a Ernesto Guevara; neutralizó a los conspiradores del PSP o Partido Comunista de la microfacción de Aníbal Escalante; se mantuvo siempre en el centro de sus fuerzas, pero jamás toleró una disidencia de izquierda.

    No quisiera dar la impresión de que coloco a la 4T en estos parajes. No se justificaría, y no lo merece, ni para bien ni para mal. Pero el hecho es que López Obrador sí conduce una coalición heterogénea, con una ala derecha y otra de izquierda, que no es fácil acomodarlas a ambas, y que al igual que muchos, sabe intuitivamente que el verdadero peligro para su proyecto yace en la izquierda, no en la derecha.

    Conviene leer la coyuntura de la CNTE de esa manera. El ala izquierda de la 4T incluye a varios sectores: la CNTE; los castristas/chavistas/maduristas; las redes sociales; las estatólatras; probablemente algunos grupos estudiantiles en escuelas normales; los familiares de víctimas de los sexenios pasados. AMLO entiende –insisto, intuitivamente– que es su flanco más débil. Si se le sale de control, como fue en parte el caso de Salvador Allende con el MIR, parte del Partido Socialista, los cordones industriales de Santiago y las tomas de tierra, puede perderlo todo. Los tiene que atender, no reprimir, pero siempre controlar.

    A la larga, sin embargo, deberá eliminar a algunos, por lo menos los más organizados, los más poderosos, los más “aventados”. Eso es la CNTE. No conozco a ningún dirigente –o militante de base– de la Coordinadora, pero si pudiera, le sugeriría releer la historia de la Revolución rusa para comprender lo que les va a suceder. Es una buena lección, que allí viene, en el momento menos esperado.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...-ala-izquierda

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  18. #193

  19. #194

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    Bienvenidos los narcos


    Raymundo Rivapalacio.

    El mismo día que concluyó el juicio en Nueva York contra Joaquín El Chapo Guzmán, y el secretario de la Marina, Rafael Ojeda, informó que el Cártel de Santa Rosa de Lima era responsable de los bloqueos para sabotear los operativos contra el robo de combustible en Guanajuato, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que ese 30 de enero de 2019, a menos de dos meses de iniciar la cuarta transformación, acabó la guerra contra el narcotráfico. “Oficialmente, no hay guerra, nosotros queremos paz”, subrayó. Y dijo:

    “No se han detenido a capos porque no es nuestra función principal. La función principal del gobierno es garantizar la seguridad pública, ya no es la estrategia de los operativos para detener a capos. Lo que buscamos es que haya seguridad, que podamos disminuir el número de homicidios diarios. Lo que me importa es bajar el número de homicidios, el número de robos, que no haya secuestros. Eso es lo fundamental, no lo espectacular”.

    La declaración, por el hecho mismo de serla, fue insólita, pero no para extrañarse de nada. Desde que se comprometió a dar amnistía a los narcotraficantes, antes de iniciar su campaña presidencial, esbozó lo que haría al llegar a la presidencia. Su objetivo era reducir los índices de criminalidad y restablecer la seguridad y confianza entre los ciudadanos, pero a su manera. No aceptó la estrategia del presidente Felipe Calderón –utilizada en Colombia, Italia y Estados Unidos– de combatir intensamente a toda la estructura criminal, que provocaba como externalidad una alta cuota de muertes en un principio, y que después de varios tropiezos adoptó el presidente Enrique Peña Nieto. Tampoco tenía tiempo para estrategias de largo plazo. Lo suyo sería administrar el narcotráfico: no se mete con ellos a cambio de que los cárteles guarden las armas y pacifiquen el país.

    Administrar el narcotráfico en lugar de combatirlo, no es una estrategia que va a admitir explícitamente el presidente que está haciendo. Lo que hará es lo que hicieron muchos gobiernos priistas en el siglo pasado, permitir que los cárteles de la droga hagan su negocio –producción, distribución, trasiego y comercialización– a cambio que no se peleen entre ellos ni confronten a las fuerzas de seguridad. En el pasado, como era la circulación de las élites en el viejo régimen, uno o dos cárteles eran atacados por el gobierno en turno, y al siguiente eran otros los perseguidos. De esa forma todos sabían que, como en el sistema político, era una rueda de la fortuna donde los beneficiados hoy, serían afectados mañana.

    Calderón modificó el statu quo. Confrontó a todos los cárteles al mismo tiempo, con los cuales se modificó el incentivo para no pelear contra el adversario: pactar territorios e impuestos criminales para el derecho de paso, con lo cual no obligaban al Estado a actuar con fuerza. El cambio fundamental fue que los cárteles tuvieron que pelear entre ellos para sobrevivir, que fue el detonante de la violencia. Bajo esa estrategia, la delincuencia se atomizó y se mudó de delitos federales a delitos del fuero común. Por ejemplo, los matones del Cártel de Tijuana, al quedarse sin dinero para sus nóminas por los golpes federales, se mudaron al secuestro exprés, que se incrementó en 200 por ciento. Los Zetas, que se habían quedado sin droga, entraron primero a la piratería y después a vender protección y contrabando humano. Los hermanos Beltrán Leyva comenzaron a subcontratar asesinos en el Valle de México, y de su desmantelamiento surgieron Guerreros Unidos y Los Rojos, y de ellos una mayor atomización de bandas criminales, como sucedió también con el Cártel de Juárez.

    Esta es la parte de la película que ve a medias el presidente López Obrador. Quiere una Guardia Nacional con disciplina, adoctrinamiento y mando militar para enfrentar a las pandillas criminales que no alcanzan a ser consideradas cárteles –al no controlar todo el sistema de producción del negocio del narco–, pero que están metidas en el narcomenudeo, asesinatos, secuestros, robos y extorsiones, por mencionar los delitos más comunes del fueron común, sin enfrentar a los cárteles de la droga, cuyos delitos contra la salud y lavado de dinero son federales. El eslabón débil de esa estrategia es desconocer, en la práctica operativa, los vasos comunicantes de la droga entre los criminales.

    Por ejemplo, las bandas que ven a la Ciudad de México como botín, tienen alianzas o dependen de la mercancía de los cárteles de la droga que, a la vez, les suministran respaldo de fuego. Si el presidente cree que desmantelando la Unión Tepito, que es la que controla la vida a espaldas de Palacio Nacional y cobra protección a sus habitantes, desaparecerá el crimen, está equivocado. Siempre habrá quien reemplace a sus líderes para que la cadena productiva criminal que sale de Culiacán o Matamoros, no merme sus utilidades ni afecte su generación de cuadros. Durante todo el sexenio, debe saber, tendrá como vecinos a criminales.

    Para que la administración del narcotráfico funcione como en el pasado, este país tendría que dejar de consumir de drogas, lo cual es imposible. Desde 1996, México se convirtió en consumidor de drogas, y es un camino sin retorno. Pero López Obrador ya formalizó su decisión: perdón para los capos de la droga y garantías de que no los perseguirá.

    Entonces, si reducen la violencia, volverán los tiempos de antaño, donde el narcotráfico convivía entusiastamente con el poder. Los Mayos, Los Menchos, Los Caro Quintero, Los Zetas y todos los demás que controlan el crimen organizado podrán estar tranquilos. Sólo tienen que restablecer sus viejos pactos y quitar el dedo del gatillo.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...dos-los-narcos

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  20. #195

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    'No a los jaguares gordos y niños famélicos'

    Por Javier Risco.

    Del tren maya tenemos el permiso de un pedazo de tierra, fotografías de vías abandonadas, una selva tropical abundante y ocho diapositivas explicando una maqueta que sólo está en la cabeza del presidente. No tenemos un proyecto ejecutivo ni un proyecto de impacto ambiental, tampoco tenemos una consulta por ley con la mayoría de los pueblos originarios. Así va una de las cartas fuertes en materia de infraestructura de este sexenio, tal vez el proyecto más entrañable del Presidente porque atraviesa la región que más quiere y porque en esta ansia histórica recupera un medio de transporte que olvidó el México del progreso. Así que cualquiera pensaría que se lo toman en serio, luego uno lee la entrevista en Animal Político de la periodista Claudia Ramos a Rogelio Jiménez Pons, director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo y responsable de la obra, y preferiría el silencio del gobierno hasta que tuvieran algo que decir o por lo menos un proyecto ejecutivo que presentar. Por lo pronto las palabras de Jiménez Pons rayan en algo tragicómico, llegando a rozar el ridículo. A continuación, tres de sus respuestas:

    • “Es muy fácil decir de repente que no haya desarrollo. No podemos ser a ultranza conservacionistas cuando tenemos tanta miseria; tenemos que crear desarrollo y el desarrollo va a tener afectaciones al medio ambiente, obvio. Pero primero va la gente. No ganamos nada como país con tener jaguares gordos y niños famélicos; tiene que haber un equilibrio. Sí tiene que haber jaguares bien comidos, pero con niños robustos y educados y capacitados. Ese es el tema: muchas veces va a implicar afectar el medio ambiente, pues remediemos las afectaciones”.

    • “Hay la completa y libre convicción de hacer las cosas bien. Nosotros no vamos a soslayar, porque hay una cosa que estamos muy confiados. Mucha gente dice: ‘ya tomaron la decisión y ahora vienen a hacer la consulta’. Y digo, espérate. Por supuesto que ya se tomó la decisión, porque si no, no se podría hacer la consulta. ¿Sabe lo que cuesta una consulta para todavía iniciar con una duda sobre si lo hago o no lo hago? Discúlpenme, pero eso no existe”.

    • “Eso voltea la tortilla en términos ambientales y también sociales, porque son incluyentes. No se vale hacer ningún desarrollo si no tiene su zona de la gente más modesta ubicada dignamente en las cercanías de las áreas de producción. Para que, para que puedan ir a trabajar a pie. Hasta pedir limosna si hace falta, pero a pie”.


    ¿Dónde está parado este proyecto? Hasta el momento leo un argumento donde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no quiere “jaguares gordos y niños famélicos”, así le responde el responsable del proyecto Jiménez Pons a Gerardo Ceballos, presidente de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar, que en diciembre pasado había planteado que al menos dos mil jaguares se encuentran en riesgo por la construcción del tren maya.

    También tenemos una simulación, una decisión tomada acompañada de una consulta, por favor alguien tiene que explicarme su frase “por supuesto que ya se tomó la decisión, porque si no, no se podría hacer la consulta”. No tiene ningún sentido, es una ilegalidad vestida de burla la realización de consultas que no modifiquen la decisión final, el gobierno federal está muy seguro de los beneficios del tren y de la casi imposible negación del proyecto por parte de las comunidades que se ven afectadas por el proyecto.

    Y la cereza del pastel en sus declaraciones, la periodista Claudia Ramos señala que en cada una de las estaciones se tiene previsto desarrollar pequeñas ciudades, “pueblos bicicleteros” a partir de un reordenamiento territorial; el funcionario completa esta información señalando que es importante que los habitantes vayan “a trabajar a pie. Hasta pedir limosna si hace falta, pero a pie”. Vaya fotografía imaginada.

    Pasa el tiempo y el tren va tomando forma de juguete, entre jaguares bien comidos, consultas de papel y limosnas cercanas a casa, se construye el sueño del presidente.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...inos-famelicos

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  21. #196

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    Pablo Hiriart... el azote de los chairos marihuanos...

    No saben gobernar

    Pablo Hiriart

    De control político saben, y mucho, pero de gobernar no tienen la menor idea.

    Fitch le bajó dos grados la calificación a la deuda de Pemex porque ven un mal manejo de la empresa a futuro.

    El presidente salió a insultar a Fitch con argumentos de callejón.

    No sabe que las calificadoras no evalúan el huachicol ni la corrupción “en administraciones pasadas”, sino que analizan a los gobiernos y empresas que emiten deuda en los mercados internacionales, y entregan su reporte para información de los inversionistas.

    La calificadora no cree en el proyecto del pasante de agronomía que AMLO puso al frente de Pemex.

    Desde el año 2000 Pemex es calificada por Fitch, y es la primera vez que baja la confiabilidad de su deuda.

    Si Pemex pierde su grado de inversión, será un problema nacional (hay que pagar).

    Pero esto sólo es lo más reciente y ni siquiera lo más importante.

    Empezamos con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y las pérdidas que se cuentan en cientos de miles de millones de pesos.

    Van a destruir lo hecho (un tercio del aeropuerto), que nos iba a poner en la vanguardia de la industria aeronáutica mundial. Esa obra se pagaba sola, salvo que la demolieran. Eso hicieron.

    Las grandes obras públicas de este sexenio serán la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, que no van a traer ni ahorrar recursos. Al contrario, habrá que invertirles.

    Cerraron ProMéxico, el instrumento del país para atraer inversiones en el mundo, que tan buenos resultados había dado.

    Ciento noventa y tres mil millones de dólares en inversión extranjera entraron al país en el sexenio anterior, en parte gracias a la existencia y labor de ProMéxico. El dinero no llega sólo. Hay que pelearlo y atraerlo, porque es empleo, desarrollo económico y tecnológico.

    También clausuraron el Fondo Nacional de Promoción Turística, gracias al cual México se convirtió en la sexta potencia turística mundial.

    La política de seguridad consiste en militarizar todo el país a través de una Guardia Nacional y, paradójicamente, apostarle a una pax narca.

    Al Ejército y a la Marina les impiden actuar contra huachicoleros y narcotraficantes, a pesar de que esos criminales son una y la misma cosa.

    El secretario de Marina señaló al Cártel de la Rosa (antagonista del Cártel Jalisco Nueva Generación) como autor de los bloqueos en Guanajuato para nulificar los operativos contra robo de combustibles.

    Y el presidente anunció desde Palacio Nacional que “no es función del gobierno organizar operativos para detener capos”.

    ¿Para qué quieren la Guardia Nacional, entonces? (Eso será materia de una reflexión posterior).

    Va a ser muy costoso, en términos de seguridad y de soberanía, dejarles el país a los grupos criminales a cambio de que no hagan mucho ruido.

    Bajó a la mitad la importación de gasolina en los primeros días de enero y hubo desabasto.

    Tuvimos 123 muertos, calcinados, por la explosión de un ducto de Pemex en Hidalgo, de esos que dijeron que habían cerrado para evitar el huachicol.

    La gente que murió recogía combustible porque no había gasolina en Tlahuelilpan y sus alrededores… a unos cuantos kilómetros de la refinería.

    Esa tragedia pudo evitarse, pero no supieron qué hacer no obstante las horas de anticipación con que las autoridades conocieron de la fuga.

    El Fondo Monetario Internacional y el Banco de México bajaron el pronóstico de crecimiento para México. El Bank of America lo sitúa en uno por ciento. (Nos prometieron crecer al cuatro).

    Durante el primer mes de gobierno el gasto público cayó en 25 por ciento. Y habían dicho que, a diferencia de los 'neoliberales', el gasto público sería como nunca antes el gran motor del crecimiento.

    Más de 145 mil personas perdieron el empleo, luego de que el país había creado, en un sexenio, cuatro millones de nuevos puestos de trabajo, formales.

    Se acabó la paz laboral: llevamos 47 huelgas estalladas, que es el doble de las que hubo en todo el sexenio pasado y más que en todo el periodo anterior y ante anterior.

    Dijeron que iban a ahorrar y por eso vendían el avión presidencial. No lo han vendido y pagamos al año 417 millones de pesos por tenerlo embodegado en Estados Unidos.

    Pusieron a México al lado del dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, y nos aislamos del mundo al formarnos en la fila de Nicaragua, Cuba, Siria, Rusia e Irán.

    Se niegan a aplicar la ley, que juraron cumplir y hacer cumplir, y toleran un bloqueo ferroviario de sus aliados políticos –la CNTE–, que hasta el domingo había provocado pérdidas por 20 mil millones de pesos, tres millones de toneladas de mercancías sin transportar y 351 ferrocarriles varados.

    Nos va a costar décadas, otra vez, enmendar los estragos del populismo, si es que alguna vez dejan el poder.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...saben-gobernar

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  22. #197

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    La moral del presidente

    Raymundo Rivapalacio.

    La moral es un conjunto de normas y costumbres que rigen el comportamiento del individuo. Esas normas y costumbres están empaquetadas en las sociedades en función de la identidad, territorio, idioma, cultura, historia y religión. Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón comparten esos parámetros, incluida su creencia en el mismo Dios. Sin embargo, parecería que es todo lo contrario, pues lo que es correcto en un caso para el presidente, es incorrecto cuando se refiere al expresidente; lo que no es corrupción sobre uno, lo es cuando se refiere al otro. La vara que mide los conflictos de interés y la honestidad difiere en tanto a quién o a quiénes se le aplican. El discurso moral en la política se convierte de esta forma en algo elástico y manipulable, una arma que golpea la fama pública o que inocula de cualquier sospecha.

    La moral del presidente López Obrador es un chicle que empieza a pudrirse. Este lunes acusó a Calderón en su conferencia de prensa matutina de cosas como corrupción, tráfico de influencias y conflicto de interés, por el hecho de haber sido consejero de una empresa de energía que fue proveedora de la Comisión Federal de Electricidad. La consultoría fue real, y se dio cuatro años después de haber dejado la presidencia; es decir, superó por tres años el impedimento legal de no poder trabajar en nada que pudiera significar un conflicto de interés durante el primer año tras dejar el cargo público.

    Minutos antes, cuando le preguntaron sobre la posibilidad de un conflicto de interés al haber nominado para la Suprema Corte de Justicia a tres mujeres con vinculaciones directas y profundas con él o Morena, el partido en el poder, respondió que no había ningún impedimento legal en ello. No se refirió en ningún momento al conflicto de interés al ser, dos de ellas, al menos, esposas de personas muy cercanas a él, Loretta Ortiz, de José Agustín Ortiz Pinchetti, que trabajó con él en el gobierno de la Ciudad de México y en campañas presidenciales, y Yasmín Esquivel, del empresario constructor y viejo consejero de López Obrador desde que hizo obras públicas en la capital federal, José María Riobóo.

    Riobóo es el autor intelectual del asesinato del aeropuerto en Texcoco y promotor de construirlo en la Base Militar Aérea en Santa Lucía. Su oposición contra la obra en Texcoco tiene como antecedente que perdió la licitación para construir las pistas del nuevo aeropuerto, que marcó su cambio de querer ser parte de aquel proyecto de infraestructura, a evitar que se concretara. Riobóo alcanzó su objetivo, y logró que López Obrador nombrara a Sergio Samaniego, con quien trabajó largo tiempo, como el responsable de la obra en Santa Lucía. Samaniego, además, fue asesor de Esquivel en el Tribunal de Justicia Administrativa de la Cuidad de México.

    Entonces, si Calderón tardó cuatro años en servir 24 meses como consejero de una empresa extranjera dedicada al negocio de la energía, incurrió en tráfico de influencias, corrupción y conflicto de interés. Si nomina López Obrador a Esquivel para la Suprema Corte, no hay conflicto de interés, ni tráfico de influencias ni, eventualmente, se abre la puerta a la corrupción. Se puede argumentar que en el caso de Esquivel, se constituye la existencia de cuando menos un conflicto de interés similar al que incurrió el expresidente Enrique Peña Nieto al permitir que la empresa Higa, de su amigo el constructor Juan Armando Hinojosa, sirviera de intermediario en la operación inmobiliaria de la casa blanca, propiedad de su exesposa Angélica Rivera. Peña Nieto nunca aceptó que en aquel caso hubiera un conflicto de interés. López Obrador ni siquiera se detiene a pensar en ello.

    Peña Nieto se quedó corto frente al nivel que está alcanzando López Obrador en cuanto a conflicto de intereses. Higa no participaba en licitaciones federales –no así en el Estado de México cuando Peña Nieto era gobernador–, ni recibió contratos después de ello. En cambio, un empleado de Esquivel es el jefe de obra de Santa Lucía, que sustituyó al proyecto que descarriló Riobóo por motivos personales. En el caso de Calderón, ni siquiera aplica alguna de las acusaciones de López Obrador.

    El presidente no mencionó el lunes, sino hasta el martes, que hubo un precedente, el de Ernesto Zedillo, también dentro de los plazos contemplados por la ley, consejero de una empresa de ferrocarriles que tenía intereses en México. Su subjetividad original había incurrido en un conflicto de interés por sí mismo, pues como presidente, Zedillo facilitó que por encima de la ley, porque no tenía la residencia, el tabasqueño contendiera por la gubernatura de la Ciudad de México.

    López Obrador le ofreció una disculpa a Calderón por acusarlo de corrupto, pero insistió que si no había sido ilegal lo que hizo, sí era inmoral. El presidente está midiendo los conflictos de interés y el tráfico de influencias en función de sus creencias, y metiéndose en contradicciones. Las puede resolver, sin embargo, si le ordena a Morena que rechace su terna para la Suprema Corte, al caer en un conflicto de interés descarnado y descarado, que es imposible de no ver.

    Si el presidente es serio, no sólo debe barrer la escalera de arriba hacia abajo, como dice que erradicará la corrupción, sino comenzar en su casa. El discurso no le alcanza para ser una persona íntegra. Su comportamiento es lo que lo definirá. Sus propios conflictos de interés son ilegítimos, no ilegales, pero si no los ataja, el camino estará allanado para que la corrupción, que tanto dice odiar, entre sin freno en su administración.

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  23. #198

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    La movilización social que viene

    Jorge Castaneda Gutman.

    En casi todas las experiencias de gobiernos de izquierda en América Latina, o en otras partes del mundo, figura una constante. Aunque lleguen al poder por la vía de un vasto movimiento popular, o simplemente como resultado de una elección, suele producirse después de su entronización un estallido de luchas sociales de todo tipo.

    En Europa tendían a ser más bien de carácter obrero; en América Latina, obrero también, pero junto con estudiantes, campesinos, marginados de las ciudades, etc. Los movimientos pueden anteceder el ascenso al poder, o ser el resultado del mismo, pero casi siempre aparecen. Muy rápidamente se extienden las luchas por reivindicaciones seculares, en algunos casos, o más recientes, pero no por ello menos sentidas y atendibles, en otros. Son reivindicaciones a la vez sensatas y comprensibles, pero también radicales, en ocasiones revolucionarias. Aumentos de salarios, tomas de tierras o de fábricas, demandas estudiantiles gremiales o existenciales, minorías oprimidas exigiendo derechos: son el pan cotidiano de la gestión de cualquier gobierno de izquierda en cualquier país democrático del mundo.

    A veces la coyuntura económica no se presta. Pero en otros casos, la percepción de la gente de que gracias a un nuevo gobierno vienen tiempos económicos mejores estimula a los movimientos sociales. Se cree que habrá mayor crecimiento, más empleo, mejores salarios y un gasto público superior. Razones de más para salir a la calle, o el equivalente.

    El motivo de fondo de estos movimientos radica en una sensación de empoderamiento. Las “masas”, en la terminología marxista, sienten, con algo de razón, que por primera vez, el gobierno de turno está de su lado; es su gobierno. Votaron por él, o lo llevaron al poder por otras vías, justamente por eso: para que tomara su partido en sus luchas cotidianas y perennes. Cuentan con el apoyo de su gobierno, y en muchas ocasiones lo recibe. Hasta que deja de ser posible ese apoyo para ese gobierno.

    En México algo por el estilo sucedió bajo el cardenismo, sobre todo entre 1936 y 1938. El régimen del General se colocó francamente del lado de los obreros y campesinos en sus luchas, y muchas fueron victoriosas gracias a ello. Hoy, algunos ven la coyuntura con ese mismo lente.

    Sólo que, en México, nunca se puede descartar que cualquier movimiento social, además de responder a poderosas causas estructurales, también se deba a factores de otro tipo: provocaciones, manipulaciones, pugnas intestinas. A la larga, no importa. Cualquiera que sea el detonante del movimiento de los trabajadores de las maquiladoras en Matamoros, de la CNTE en Michoacán, del SITUAM en la Ciudad de México, una vez echado a andar, los orígenes se olvidan.

    El hecho es que comenzamos, quizás antes de lo previsto, a atestiguar el inicio de una movilización popular bajo el régimen de Andrés Manuel López Obrador. No se trata del mismo fenómeno sobre el que hemos escrito en estas páginas: el síndrome del ala izquierda de un gobierno de izquierda. Esto es otra cosa. Más allá de la honestidad o del cinismo de ciertos grupos, la gente sí cree que este gobierno es suyo, que va a respaldarla en sus demandas, y que este es el momento de emprender luchas pospuestas o derrotadas desde tiempos inmemoriales.

    El problema se plantea para el gobierno: Allende con los mineros del cobre y del carbón; Thorez, en Francia, con los obreros de la Renault, en 1946; Lula, con el Movimento dos Sem Terra, en Brasil. ¿Cómo apoyar a compañeros en luchas legítimas, con demandas válidas, que sin embargo pueden echar abajo los mejores planes económicos, espantar a inversionistas o crear escaseces peligrosas?
    Nunca existen buenas respuestas. La represión es impensable; el apoyo cuesta caro; las alianzas que se consolidan de un lado se pierden del otro. Veremos en las próximas semanas hasta dónde se extiende el movimiento incipiente que ha surgido de manera fragmentada durante estos días, y cómo responde López Obrador. Puede volverse uno de sus principales retos.

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  24. #199

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    Transmisión

    Por Macario Schettino.

    Ya sabe usted que los mexicanos decidieron darle todo el poder político de este país a una sola persona. Y también sabe que Morena no es un partido político, sino un frente en el que se agruparon todo tipo de personajes, con trayectorias y tradiciones políticas muy diferentes, que nunca hubieran jugado juntos si no hubiese sido por el gran atractivo que significaba el triunfo de López Obrador, que se anunciaba monumental, como lo fue.

    Es menos probable que sepa usted que la cantidad de senadores y diputados que tiene la coalición de López Obrador resulta de un uso inadecuado de la ley, de un abuso. Al participar como partidos por separado, cada uno de ellos pudo sumar un margen de sobrerrepresentación que viola el espíritu de la ley. Después movieron diputados del PT y el PES a Morena para sumar 252 curules y con ello nombrar al presidente de la Junta de Coordinación Política para todo el trienio.

    Tampoco es probable que haya usted evaluado con detalle el comportamiento de cada uno de los secretarios del gabinete, porque se ven poco, salvo en las conferencias mañaneras, en donde fungen como parte de la escenografía.

    Por todo ello, es posible que usted no haya percibido que prácticamente nada de lo que se anuncia en esos eventos madrugadores termina por cuajar. A pesar de su amplia mayoría en el Congreso, López Obrador no logra convertir en leyes sus ideas. Y las políticas públicas son inexistentes, merced a la incompetencia del gabinete. Creo que lo único que ha estado moviéndose, y rápido, es la estructura de activistas que hicieron el censo de bienestar, promovieron desorden laboral, y están prestos a adoctrinar jóvenes aprendices.

    Dicho más claramente: si usted tiene la impresión de que lo que estamos viviendo es más una campaña política permanente que un gobierno, tiene toda la razón. El presidente promete y ofrece como si siguiese en la elección, busca pleitos con adversarios políticos del pasado, desprestigia a mansalva, pero no construye políticas públicas, ni logra modificar la legislación.

    El desorden que eso produce tiene costos, sin embargo. Alrededor del buscapiés del huachicol, cerraron ductos, provocaron desabasto, murieron más de 120 personas, dejaron inservible una refinería, compraron pipas que no cumplen requisitos y redujeron notoriamente la recaudación de IEPS durante enero. Puros costos, ningún resultado.

    En materia educativa, el desorden es peor. No está claro qué quitan de la reforma, aunque algo quitarán; la subversión organizada del CNTE cierra el ferrocarril; se desmantelan equipos enteros en Cultura, Conacyt, bibliotecas, medios. Otra vez, puros costos.

    Ya no hablemos de la economía en su conjunto, en donde el desorden se ha convertido en una constante: aeropuerto, comisiones, búsqueda de financiamiento, todo acaba presionando al alza el riesgo país.

    Hay un serio problema entre la voluntad presidencial y los hechos. López Obrador no logra que sus ideas se conviertan en leyes ni políticas públicas, de forma que lo único que al final tenemos es desazón, preocupaciones, una grave disonancia entre el discurso y los hechos. Uno podría pensar que esa discrepancia podría ser mejor, considerando lo errado de la visión del presidente, pero no es así. La gran habilidad comunicacional de López Obrador, y la cobertura mediática que recibe, generan una expectativa cada vez mayor en la población, si las encuestas están en lo correcto.

    Pero como nada de eso aterriza, la tensión en las bases va a crecer. Las promesas del presidente no se convierten en hechos concretos, o peor, como ocurrió con los choferes de pipas que al final se quedaron sin nada. Las correas de transmisión del poder son determinantes, y López Obrador no las tiene, a pesar de todo.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...no/transmision

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  25. #200

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    Esta visión de Schettino me recuerda al chavismo putrefacto.

    Copia al carbón.

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