Page 40 of 41 FirstFirst ... 3035363738394041 LastLast
Results 1,171 to 1,200 of 1216

Thread: COLUMNAS DE "EL FINANCIERO"

  1. #1171

    Default

    El Monseñor y los bolivarianos.

    Macario Schettino.

    Seguimos en este intento de imaginar el futuro próximo que, proponemos, depende esencialmente del cuento que nos creamos. Decíamos: no es la realidad la que nos hace actuar, sino el modelo de ella que aceptamos. Por eso la política es esencialmente comunicación. Si un líder logra convencer a sus seguidores de un cierto modelo de la realidad, actuarán con base en él, sin importar qué tan absurdo sea. Así ha sido, y así será siempre con los humanos, monos que hablan.

    López Obrador ha sido particularmente capaz de comunicarse con sus seguidores. No es un buen orador ni hombre de grandes ideas, pero sí ha sabido conectar con las bases del cuento que los mexicanos aprenden de niños: el Nacionalismo Revolucionario, creado por los ganadores de la guerra civil de hace un siglo. Repite constantemente la historia ficticia del libro de cuarto año de primaria, que todos leyeron alguna vez. Se compara con los héroes de esos cuentos, de quienes siempre es heredero.

    Adicionalmente, ha podido incorporar la vertiente religiosa en su discurso. Aunque entiendo que no es católico (como es frecuente en Tabasco), conoce perfectamente los símbolos de esa religión, y los usa con desparpajo. Peña Nieto era un católico conservador, mucho más que cualquier panista, pero ni él ni sus antecesores habían hecho uso del simbolismo católico con el cinismo de López Obrador.

    Ese discurso, Nacionalismo Revolucionario Católico, lo llamaremos, es nada más el cuento que utilizó para lograr el único objetivo que le importaba: el poder. Para lograrlo, se rodeó del priismo en rebeldía acomodado en el PRD, y cuando esto no fue suficiente, atrajo a lo más rancio del izquierdismo latinoamericano, dirigido siempre desde Cuba. Ahora, conforme sus 'planes de gobierno' se desploman, López Obrador se radicaliza y se queda sólo con estos últimos.

    Estos grupos tienen una característica preocupante: se enquistan en el poder. Sea que lleguen mediante rebeliones, como Fidel, o vía elecciones, como Chávez, destruyen toda posibilidad democrática, no sólo debilitando o destruyendo leyes e instituciones, sino aislando y empobreciendo al país entero. Así ha sido en todos los casos, no hay excepción alguna. No sólo en América Latina, pero aquí han sido muy persistentes. Esto debería ayudar a entender la agresividad con que estas personas atacan a todos los demás, siempre arguyendo que defienden a su líder de un 'golpe blando'.

    Esta descripción, tanto del Nacionalismo Revolucionario Católico de López Obrador, como del socialismo latinoamericano de sus allegados, tiene como único fin establecer con claridad de dónde partirá la narrativa que buscarán crear frente a la crisis, en ese verano de la desigualdad que ayer comentamos.

    Sus ejes argumentales serán similares a los de Podemos: la crisis de salud no fue producto de la irresponsabilidad de los López, sino de un sistema de salud destruido por el neoliberalismo. La crisis económica, en cambio, es resultado de empresarios voraces, conservadores, así como del imperialismo internacional, que no quiere ver a México soberano (petróleo).

    Ambos argumentos son falsos, pero a ellos no les importa. Para López, cae como anillo al dedo, porque coincide con su Nacionalismo Revolucionario Católico: los culpables son los empresarios y los extranjeros, el bien a tutelar es la soberanía. Para los bolivarianos, es el discurso internacional que han elegido, podrán tener vasos comunicantes con sus amigos globales que estarán haciendo lo mismo, sea para conservar el poder, como en España o Argentina, o arrebatarlo, como en Chile.

    Tienen garantizado el apoyo de un tercio de los mexicanos, que son seguidores acérrimos de López, y el rechazo seguro de otro tercio. La disputa será por ese centro que tuvieron en 2018, y parecen estar perdiendo. Ya veremos.
    (Edición de firma).

  2. #1172

    Default

    Sólo queda rezar o anticipar

    Ana María Salazar.

    Y aunque apenas fue está semana que se declaró la fase 3 de esta pandemia por el Covid-19, el enfoque para los gobiernos estatales y locales, y el sector empresarial, tiene que desarrollar ya una estrategia para la reapertura de la economía, el regreso a clases, como rescatar empleos, empresas y mantener gobernabilidad.

    Esta semana también aprendimos que tampoco el presidente tiene una estrategia para mitigar los efectos de la crisis económica. AMLO presentó este miércoles algo que denominó “el plan económico” que se publicaría como decreto en el Diario Oficial de la Federación. Las acciones que destaca el presidente básicamente son las mismas que subrayó durante su campaña: austeridad republicana, mismos programas de apoyo, préstamos para microempresarios y continuidad en prioridades de inversión: Dos Bocas, rescate a Pemex, aeropuerto Santa Lucía y el Tren Maya.

    Y sí, muchos de ustedes dirán: ¡Qué barbaridad, el mundo cambió en los últimos dos meses! Para el presidente y su equipo de asesores nada ha cambiado y la cuarta transformación continúa sin cambios.

    Esperemos, mejor dicho, recemos e invoquemos a las deidades para que el presidente tenga razón, o que cambie de opinión. También aprendimos esta semana que el presidente está solo en su estrategia económica. A diferencia de otras conferencias de prensa con grandes anuncios, ningún secretario, ni asesor, ni el CCE que pudieran ayudar a responder preguntas sobre su plan económico. El gabinete económico se ha rehusado a responder preguntas sobre cómo enfrentará México la tragedia que vivirá el país a partir de agosto.

    Para el primero de diciembre, otro aniversario más desde que presidente López Obrador asumió el poder, seguramente presumirá de todos sus éxitos de gobierno -seguramente subrayará que los fracasos serán culpa de Calderón, los neoliberales, de los conservadores.

    Y aun los más fervientes seguidores y asesores de AMLO observarán con horror la absoluta falta de sensibilidad del presidente de lo que está sucediendo afuera Palacio Nacional: masivas protestas de personas desempleadas, enfermas y desplazados por el hambre, la violencia extrema que surgirá en diferentes partes del país. De hecho, no nos extrañe que ya en diciembre el Zócalo de la Ciudad de México se convierta en una ciudad de carpas. El impacto del sufrimiento depende en parte de la capacidad de Andrés Manuel López Obrador, sus secretarios y el equipo cercano de asesores, de reconocer esta nueva realidad.

    Pero serán los gobiernos locales, los Ejecutivos estatales y municipales quienes jugarán un papel fundamental en buscar mitigar el impacto en el país. Y esto probablemente involucrará desobedecer al presidente y sus fieles asesores.

    Ojo, quiero ser clara que no estoy promoviendo desobedecer al subsecretario Hugo López-Gatell. Lo que sí creo es que la información diaria que surge de las conferencias de prensa simple y llanamente no contiene la información fina de lo que está sucediendo en cada entidad, en cada municipio, que permita a los ciudadanos entender verdaderamente la gravedad de lo que acontece en su entorno. Además de la información diaria sobre la realidad de lo que está sucediendo con el contagio de Covid-19 (la mayoría de los estados ya tienen conferencias diarias) que debe de incluir, además de contagiados, recuperados y muertos, información detallada de los recursos proporcionados por el gobierno federal y otros actores de la sociedad. Porque alguien tendrá que asumir los costos políticos de esta debacle, y seguramente tratarán de culpar a los gobernadores y alcaldes. Por eso es importante transparentar para aclarar quiénes son los culpables, además de evitar corrupción.

    También urge una conferencia de prensa diaria, de la salud de la economía y qué pasos se estarían tomando a nivel estatal y local para empezar a normalizar el funcionamiento de las empresas y el regreso a clases. Y urge, urge que alguien con credibilidad este proporcionando datas duros, creíbles y analizados de la situación de los estados y municipios, y el impacto real de lo que está proponiendo el gobierno federal. Y esta información específica tendrá que surgir de los estados y municipios: de la pérdida de empleo, empresas que cerraron, número de niños que sufren hambruna y que no regresaron a la escuela, población desplazada por la violencia, familias que trataron de inmigrar a Estados Unidos, etcétera. O sea, los otros datos que no se discuten en las conferencias mañaneras del presidente, pero que son fundamentales para entender la crisis por venir.

    Es casi imposible detener la tragedia que viene, pero por lo menos transparentar la información y tener una estrategia permitirán a los gobiernos estatales y locales mitigar el sufrimiento.
    (Edición de firma).

  3. #1173

    Default

    El auténtico despeñadero

    Leonardo Kourchenko.

    Los últimos siete años Andrés Manuel López Obrador recorrió el país afirmando que el gobierno de Peña nos conducía al “despeñadero”. Jugaba en su estilo habitual, con el apellido del presidente en turno y lo que consideraba, el derrumbe del país.

    A poco más de 20 meses de su victoria electoral y de tomar decisiones, el escenario es gravemente distinto para México.

    No voy a defender a la administración anterior. Muchos fueron los excesos, los abusos y la frivolidad, que en buena medida, son una de las razones por las que hoy tenemos este gobierno. Sin embargo, a la hora de revisar en detalle y evaluar algunos programas e iniciativas, hay mucho trabajo rescatable. Compare usted con lo que vivimos hoy.

    –En educación, los resultados son patéticos. Cero presupuesto a bibliotecas de aula, mínimo a formación docente, los 50 mil millones de pesos del programa Escuela al 100 que equipaba, remodelaba y fortalecía inmuebles educativos, desaparecieron por completo. Además de la lamentable y regresiva reforma que destruyó al INEE y regresó poderes y facultades a sindicatos y mafias magisteriales. Es como si hubiera llegado a la secretaría un equipo de incapaces con el propósito exprofeso de destruir lo que había. Mucha beca repartida sin efecto alguno porque este gobierno piensa que el dinero debe estar en manos de la gente; dinero que no construye escuelas, no capacita docentes, ni tampoco instala redes o plataformas, o acondiciona aulas. Es decir, dinero inútil porque la población no lo va a destinar a mejorar las escuelas públicas. Si acaso, y si su presupuesto lo permite, lo utilizarán para inscribir a sus hijos en escuelas privadas con la mítica aspiración de que la educación privada es superior a la pública. Lo cierto es que después de la pandemia, la brecha entre escuelas públicas y privadas se ensanchará, justamente, por la pobreza presupuestal destinada a la educación pública. Los que menos tienen –con todo y sus becas– aprenderán menos y desarrollarán menos competencias.

    –En salud, vea usted la debacle. Presupuesto sustraído de la misma forma, en momentos de crisis global por la pandemia. Nadie sabía que el mundo sería azotado por un virus letal de rápida propagación. Sin embargo, en cuatro meses (enero a abril) han sido incapaces de revertir distribución de gasto público y recortes presupuestales para reforzar a un Pemex que se derrumba cada día. No hay insumos para hospitales, los médicos carecen de materiales básicos para curación, intervención, protección incluso al propio personal. Testimonios de directores de hospitales, bajo amenaza de castigo y reprimenda, circulan las redes denunciando la tragedia. El sistema nacional de salud –lo dicen los exsecretarios– carecía de enormes facilidades: equipos, unidades de alta especialidad para atención masiva, etcétera. Pero estaba construido y diseñado para enfrentar amenazas a la salud pública y atender a la población. Le fue retirado –conservadoramente– el 47 por ciento de su presupuesto integral. Lo destruyeron, bajo la miope e ignorante premisa del doctor Alcocer: “tiene grasita dónde recortar” (panel de debate en junio de 2019). Pues le hicieron una liposucción mayor, a la que convaleciente y debilitado, le cayó encima un tsunami.

    –Vea usted energía y la política desmantelada para recibir y atraer inversiones por miles de millones de dólares. La reforma energética de Peña –a disgusto de muchos nacionalistas trasnochados– atraería al país de seis a ocho años, entre 250 a 500 mil millones de dólares. Le cerraron la puerta, con portazo y grosería, porque somos muy autosuficientes. El gobierno no canceló la reforma en el discurso o la ley, pero sí en los hechos que archivaron de facto cualquier licitación, ronda, concurso o apertura a la inversión. La locura desmesurada de una refinería en 2020, con miles de millones de dólares tirados en una ciénaga, en contra de la corriente mundial hacia las energías limpias, probará un despropósito gigantesco en la historia petrolera del país.

    Por si fuera poco, nos estalla una crisis petrolera donde la secretaria del ramo, Rocío Nahle, hace el ridículo internacional en una reunión virtual de la OPEP. Cierra su computadora y se va, interpretando un aplauso colectivo a la propuesta, como si estuviera dirigido a ella misma. Vaya ignorancia.

    –Revisemos el turismo, golpeado gravemente por la pandemia y los cierres, que había sufrido ya el retiro de presupuestos de promoción y de difusión internacional a sitios y destinos. Ahora arrinconado bajo las nuevas premisas globales que reducirán viajes, paquetes, aerolíneas y turoperadores en quiebra. ¿El gobierno? Ausente, en la retórica retardataria de que todo eso es privado y debe “rascarse con sus propias uñas”.

    ¿Qué sector rescata usted? ¿Dónde ha tenido éxito la política económica de la presente administración?

    La economía en recesión, con caídas del PIB para este año que van de 6.0 a 8.0 por ciento –las más tranquilizadoras–, las exportaciones a la baja, el petróleo en el peor momento de la historia con cotizaciones negativas apenas hace un par de días, Pemex sin grado de inversión, camino que seguirá la deuda soberana de México antes de que termine el año, tal vez el trimestre. Agreguemos a esto la desaparición operativa del gobierno con las nuevas 10 medidas de ayer.

    ¿Cuál es el verdadero despeñadero?
    (Edición de firma).

  4. #1174

    Default

    Ya es grave

    Macario Schettino.

    Se publicó en el Diario Oficial de la Federación, ayer por la tarde, un documento que se intitula “decreto”, pero que no es sino la transcripción del decálogo emitido por López Obrador en la mañanera del miércoles. No corresponde al lenguaje tradicional de un decreto presidencial, ni establece fundamento legal alguno. El decreto anuncia que habrá disminución voluntaria de las percepciones de funcionarios públicos, a partir del nivel de subdirector, en un 25 por ciento, así como la cancelación del aguinaldo. Ni el sueldo ni el aguinaldo pueden reducirse por decisión del patrón, que es quien firma el decreto. Nada hay de voluntario en ello.

    Además, se anuncia que no se ejercerá el 75 por ciento del presupuesto en materiales y suministros y servicios generales, en todo el gobierno federal. Se cancelan 10 subsecretarías, aunque el personal de las mismas seguirá cobrando lo mismo que antes. Se cierran la mitad de las oficinas del gobierno, y se buscará reubicar al personal para dejar de pagar rentas de inmuebles, vehículos y equipos.

    “Se posponen las acciones y el gasto del gobierno, con excepción de los siguientes programas prioritarios” (así dice). Son 38 programas, que no listo, pero donde están las becas, los arbolitos, el aeropuerto de Santa Lucía, Dos Bocas, el Tren Maya, etcétera. Poco después se indica que habrá trato excepcional para la Secretaría de Salud, la Guardia Nacional, Defensa y Marina. Qué exactamente significan esos puntos, en conjunto, no queda claro. Peor aún, dice textualmente: “Todo ello, sin aumentar el precio de los combustibles, sin aumentar impuestos o crear impuestos nuevos y sin endeudar al país. Vamos a demostrar que hay otra forma de enfrentar la crisis sanitaria, económica o de cualquier otra índole, siempre y cuando no se permita la corrupción, se fortalezcan valores y principios como el humanismo y se gobierne para y con el pueblo.”

    El gobierno mexicano pospuso las acciones para enfrentar la pandemia, argumentando que no había razón para utilizar cubrebocas ni aplicar pruebas. Exactamente lo contrario de lo que hicieron los países más exitosos en este tema, desde Corea del Sur hasta Suecia. Ahora, el gobierno decide hacer exactamente lo contrario de lo que hacen todos los demás países en materia económica. Mientras todos, todos, incrementan su gasto contratando deuda para con ello impedir una caída brutal de la economía, México aplica un programa de austeridad jamás imaginado. Nunca nadie había obligado a los funcionarios públicos a reducirse el sueldo. Nunca se había pensado que se podría contraer el gasto en materiales y servicios en tres cuartas partes.

    Por otra parte, Hacienda publicó una dispensa a Pemex por 65 mil millones de pesos, casi al mismo tiempo que contrató deuda por 140 mil millones, a un costo 33 por ciento superior a la contratación de enero, la más reciente. Es decir, mientras se obliga a los funcionarios a perder su ingreso, el dinero se tira en Pemex.

    Cabe mencionar que los créditos a empresas que se han anunciado están siendo entregados mediante el sistema de Servidores de la Nación, algo ilegal, que además acompañan los 25 mil pesos con una carta del Presidente, algo inconstitucional.

    En suma: después de manejar inadecuadamente los meses previos a la expansión del contagio de coronavirus, ahora se actúa de forma suicida en materia económica. Esta actuación es, además, ilegal. El decreto implica la destrucción de la capacidad de acción del gobierno mexicano. Por si esto fuese poco, la pobreza legal y de lenguaje harían de este documento la burla de cualquier escuela de Derecho, si no fuesen tan graves sus consecuencias.

    La enfermedad del Presidente es ya un asunto de Seguridad Nacional.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...no/ya-es-grave
    (Edición de firma).

  5. #1175

    Default

    Adaptarse o extinguirse

    Enrique Quintana.

    Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin, dijo en 1917: “Hay décadas en las que no pasa nada, y semanas en las que pasan décadas”.

    Dicha frase, muy citada recientemente, refiere de manera precisa lo que hoy vivimos.

    Hace tres meses el mundo era otro. Nuestras perspectivas, como país y en lo personal, eran distintas. La pandemia nos cambió todo.

    A propósito de ese cambio, ayer El Financiero arrancó una nueva plataforma de comunicación con su audiencia. Se trata de los foros virtuales: 'EF Meet Point Virtual'.

    Transmitidos desde el confinamiento y dirigidos a quienes desde sus hogares buscan respuestas a múltiples interrogantes.

    Me tocó el privilegio y la responsabilidad de inaugurarlos con una plática. El tema fue el de las perspectivas económicas en México y en el mundo.

    Los mensajes fundamentales de esta conversación fueron los siguientes:

    1.- Estamos ante la peor recesión económica de la historia contemporánea. La referencia más cercana es la crisis de 1929-32. Casi ninguna persona vivió en su edad adulta esa circunstancia. No podemos minimizar la dimensión de lo que estamos atravesando.

    2.- En México, no es improbable que tengamos una caída económica de proporciones apocalípticas. La economía podría retroceder en más de 10 por ciento este año. La razón de que, a diferencia de casi todo el mundo, en nuestro país esa caída tan pronunciada refleja la inacción fiscal del gobierno federal.

    3.- El impacto de esta crisis va a ser muy diferenciado. Para algunos será un desastre. En el ecosistema turístico, por ejemplo, la situación se ve muy compleja. Muchos negocios tendrán que cerrar; miles y miles perderán su empleo o ya lo han hecho. En contraste habrá sectores en los que se vivirán momentos extraordinarios. Imagine el comercio electrónico o el servicio de entrega de comida a domicilio. El efecto va a ser muy diferenciado con el dominio de la tonalidad negativa o muy negativa.

    4.- La normalidad que conocimos ya no regresará. Lo que vivimos no se trata de un paréntesis que se vaya a cerrar en un cierto tiempo para regresar a un ambiente semejante a lo que vivíamos en el pasado. Cuando terminemos el confinamiento saldremos a otro mundo; trabajaremos en otro ambiente; nuestras empresas habrán cambiado. Las unidades productivas necesitan identificar los cambios presentes y futuros de su entorno. En el corto plazo requieren concentrarse en sobrevivir y resistir. Pero en el mediano plazo necesitan hacer una completa reingeniería de su organización, de sus giros, de sus procedimientos.

    5.- Los balances de poder van a cambiar. El mundo será otro. Nos enfrentaremos a arreglos geopolíticos completamente diferentes. China emergerá como una potencia todavía más influyente en la economía mundial por salir primero de la crisis de la pandemia. Los países desarrollados tardarán mucho más en recuperarse y las tensiones entre los superpoderes económicos (EU vs. China) se van a acentuar. En el caso de los países en desarrollo observaremos en el futuro crisis sociales y políticas que en este momento quizá ni nos imaginamos.

    6.- El mundo político se agitará. Las fuerzas políticas se van a mover como dados en cubilete, en el mundo entero, y México no va a ser la excepción. Quien piense que tiene la popularidad comprada se va a sorprender. No sabemos en qué dirección van a cambiar las cosas, pero lo único seguro es que los arreglos del pasado, quedaron atrás.

    En este mundo cambiante, el reto es adaptarse, en todos los ámbitos.

    Quien no pueda hacerlo terminará en la extinción, como dinosaurio tras el meteorito. Quienes sí lo hagan, serán las especies dominantes del futuro.
    (Edición de firma).

  6. #1176

    Default

    El Presidente que difama

    Pablo Hiriart

    Cuidado con lo que dice el Presidente, porque su manifiesta intolerancia a la crítica pone en riesgo el empleo y la vida de periodistas y comunicadores.

    Sus nuevos amigos los narcos, o los fanáticos camisas pardas de la 4T que por ahora sólo son tropas de asalto en redes sociales, conforme se agudice la polarización por la crisis van a pasar a los hechos.

    La satanización de los críticos en medios, alentada por la máxima autoridad del país desde Palacio Nacional, llevará la sangre al río.

    Si algo le sucede a alguno de los periodistas que han sido agredidos por el Presidente, la culpa será suya y la responsabilidad política también.

    Dicho lo anterior, hay que ver cómo ha escalado la animadversión de AMLO hacia los periodistas y comunicadores, para ver de qué se trata.

    Al principio de su gobierno sólo la emprendía contra un columnista y el diario Reforma. Luego atacó a Enrique Krauze.

    Fue aumentado el número de nombres y llegó a sugerir, en el lenguaje político, el despido de dos periodistas.

    Dijo en su conferencia que El Financiero era un muy buen periódico, aunque ahí escribieran fulano y Raymundo Riva Palacio.

    Sin olvidarse del Reforma y de los otros, Carlos Loret se convirtió en su pluma de vomitar. Odio manifiesto contra el reportero yucateco.

    Le siguió con Ciro Gómez Leyva, al que no suelta porque develó el desabasto de medicinas provocado por la criminal política de austeridad del gobierno, y ahora muestra la falta de protección con que trabaja, se contagia y hasta muere, el heroico personal de los hospitales públicos.

    Desde el púlpito mañanero manifestó su profundo desagrado contra Proceso porque publicó una foto suya en que no se veía bien. Un par de meses después el director de la revista, Rafael Rodríguez Castañeda, se hizo a un lado y asumió la dirección un periodista que ha convertido las portadas de la revista en gelatinas sin sabor ni color cuando del gobierno se trata, y cuyo sentido debe explicar después en Twitter.

    Entretanto, circuló una lista sesgada, parcial y alevosa de periodistas que dirigen medios de comunicación digitales “a los que se les pagaba por sus servicios”, repitió AMLO en las mañaneras.

    Se paga por la publicidad que ahí se despliega, con factura e impuestos de por medio. No hay tal pago “por sus servicios”, como si fuera una compra de personas y no de espacio en que se publica el anuncio.

    Los camisas pardas que en las redes sociales comanda Jesús Ramírez, el vocero presidencial, nos hostigaron y crearon la percepción de que éramos delincuentes, chayoteros, pagados por Peña.

    Eso es tan falso como decir que los que tienen publicidad ahora –y también tenían antes– estuvieran pagados por AMLO. No es así. Pero hacia allá llevan la insidia para desprestigiar a algunos de sus críticos. Son perversos.

    A López-Dóriga, con más de nueve millones de seguidores en las redes, los camisas pardas y los moneros del régimen lo han bombardeado de forma procaz y artera, porque no se alineó con ellos.

    El miércoles el Presidente la emprendió contra los que hacen periodismo en Televisa, Azteca, El Universal, Reforma, Leo Zuckerman, Carlos Marín, Pascal Beltrán del Río (al director de Excélsior le cargó las tintas por “conservador”), de nuevo contra Ciro (que “venía de hacer un periodismo profesional, nuevo, independiente”), y creo que hasta contra Milenio.

    López Obrador no soportó la presión de la crítica, porque es un autoritario sin el temple de un hombre de Estado.

    Algunos se asombraron con los ataques de AMLO y dijeron que había cambiado. No. Es el mismo de siempre. Toda la vida ha sido así.

    Lo he seguido, semana tras semana, desde hace 32 años, desde Nacajuca hasta Palacio Nacional. A él no lo satisface el elogio del periodista, exige la subordinación total.

    Se extrañaron algunos colegas por la agresión de AMLO el martes, porque en sus años de opositor lo trataron bien, le abrieron micrófonos (bien hecho), otros más reprodujeron acríticamente sus barbaridades (tomar Reforma, rendir protesta como 'presidente legítimo', bloquear pozos petroleros, etcétera), votaron por él y lo dijeron.

    Y ahora que critican su desempeño como gobernante, AMLO olvida todo y los agrede.

    No lo conocían ni creían lo que otros veníamos diciendo. No es un demócrata. AMLO no se satisface con el elogio: exige subordinación absoluta. Como Dios a Abraham en Jerusalén.

    Desconoció a su hermano porque en una elección local votó por un amigo suyo que no pertenecía a Morena. ¿No captaron el significado de ese desplante?

    Por eso el martes tuvo elogios para dos periodistas que no son periodistas, Pedro Miguel y Enrique Galván (a quien respeto porque sabe de algo, aunque no se coincida con él), que son burócratas de Morena e incondicionales a AMLO. Periodistas nunca han sido.

    Ahí en Palacio dio una lección de periodismo (también da lecciones de economía e ingeniería aeronáutica):“El buen periodismo es el que defiende al pueblo, el que está distante del poder, el que no defiende al poder, el que defiende al pueblo”.

    ¿Cómo entonces?

    Agrede a los periodistas que critican al poder, es decir a él, y enaltece a los que trabajan para el poder, es decir para él. Y dice que el buen periodismo es “el que está distante del poder, que no defiende al poder”.

    El reconocimiento a Arreola nos dice que López Obrador, con la amplísima experiencia que sin duda tiene, no ha aprendido un axioma básico de la política y de la vida: no hay traidor más grande que un lambiscón. Ya lo comprobará en carne propia.

    ¿El buen periodismo es el que defiende al pueblo?

    Otra vez se equivoca el Presidente. El encargado de defender al pueblo, es decir a todos, es el gobierno.

    ¿Cómo va la criminalidad? ¿El desempleo? ¿Los hospitales públicos? ¿La economía? ¿El buen uso de los recursos para el bien de la comunidad?

    Esa es su tarea, a la que debe dedicar tiempo completo. No a insultar a quienes ven y explican una realidad distinta de la que él ve, porque puede traer consecuencias funestas.
    (Edición de firma).

  7. #1177

    Default

    Ganaron los militares.

    Raymundo Riva Palacio.

    Lo extraordinario se volvió ordinario, y lo oficioso se convirtió en oficial. La militarización del país llegó para quedarse. Con 14 meses de retraso, o de estar ponderando el gran paso que iba a dar hacia adelante, el pasado viernes 8 de mayo el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó el acuerdo para que las Fuerzas Armadas asuman tareas de policía y se sumen a combatir la delincuencia junto con la Guardia Nacional, cuando menos hasta el 27 de marzo de 2024. López Obrador continuó su entrega a los militares, a quienes detestaba y criticaba antes de llegar a la Presidencia, y que hoy son el pilar sólido sobre el cual descansa su gobierno.

    Ningún presidente en tiempos de paz había hecho lo que ahora concretó López Obrador al publicar el acuerdo este lunes en el Diario Oficial de la Federación, dejando abiertas las preguntas de porqué tardó tanto en publicarlo, para que entre en vigor a partir de hoy martes, y si haberlo hecho significa que el periodo de gracia que le dio a la Guardia Nacional, que nació en marzo de 2019, se agotó sin que ese nuevo cuerpo policial paramilitar mostrara evolución. O también, si esto es resultado de una inconformidad dentro de las Fuerzas Armadas que había pasado desapercibido en la opinión pública.

    Esto ha sido posible porque Miguel Ángel Godínez García, hijo del fallecido general Miguel Ángel Godínez Bravo, jefe del Estado Mayor Presidencial durante el gobierno del presidente José López Portillo, entreabrió una puerta usualmente hermética que impide ver las diferencias o inconformidades del poder militar con el poder civil. En su artículo semanal en Excélsior, a finales de abril, escribió:

    “Decepciona el mensaje del Presidente al crimen organizado. Es evidente que la pandemia está sacando a la luz lo que hemos dicho y escrito en todas las formas posibles, no existe estrategia alguna en materia de seguridad nacional.

    “Las estrategia del Estado han sido ocurrencias”, agregó el autor, que por sangre y relaciones conoce el sentir militar. “Acusarlos con sus ‘mamacitas’, ‘abrazos y no balazos’, ‘amor y paz’, y ahora este último que sólo muestra un grito desesperado del jefe de Estado: ‘bájenle, sí; bájenle’. El nivel de la 4T en este rubro es insultante, desafiante y peligroso… Ningún mexicano desea tener un mandatario que ni siquiera es tibio, es sumiso o sometido.

    “En otros tiempos estaríamos viendo al Ejército en operativos disuasivos en las calles, primero para garantizar el aislamiento y de paso persuadir al crimen organizado. En su lugar sólo vemos a un exvocero de escritorio que sigue ostentando con vergüenza el puesto de secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, a una Olguita Cordero que ya nadie sabe qué ostenta, y la Fuerzas Armadas, siendo su única institución con líderes capaces de actuar frente a cualquier dadivoso cártel, en espera de recibir órdenes para contener y persuadir con toda su infraestructura la paz anhelada que prometió hasta el cansancio la 4T”.

    La crítica de Godínez García refleja un largo malestar con López Obrador, por su maltrato inicial a las Fuerzas Armadas, atenuado por la forma como les fue cediendo poder en actividades fuera de su competencia. Recursos presupuestales y obras a militares sirvieron como bálsamo, pero no suficiente para desterrar la sensación de entrega, miedo o por la sospecha de compromisos inconfesables con el Cártel de Sinaloa. Puede ser todo coincidencia o no ese artículo con un mensaje que podría no tener relación directa con la decisión presidencial, pero tres semanas después de publicado, apareció el acuerdo que se había enlatado en Palacio Nacional. El acuerdo, aunque tiene fecha de vencimiento pocos meses antes de las próximas elecciones presidenciales, podría renovarse, lo que parecería lógico pues introduce de manera natural el concepto de seguridad interior en México.

    Javier Oliva, un experto en temas de seguridad y militares, expuso casualmente el tema ayer en su colaboración habitual en El Sol de México. La seguridad interior, explicó, tutela la estabilidad social y política, y cuando por diversas razones, internas o externas, se afecta, deben aplicarse los recursos más efectivos para contener, procesar y neutralizar los fenómenos desestabilizadores. Los cárteles de la droga estaban logrando esto con un desafío sin respuesta al Estado.

    Primero hincó el Cártel de Sinaloa al Presidente y a su gobierno en octubre del año pasado en Culiacán, al liberar al hijo de Joaquín El Chapo Guzmán. Después puso a disposición de su familia los buenos oficios de cuatro secretarios de Estado para que busquen su repatriación de Estados Unidos. Cuando llegó el coronavirus, sin poner un freno salvo gritillos de “bájenle, bájenle”, López Obrador contempló a la hija de El Chapo y a los cárteles del Golfo y Jalisco Nueva Generación apoyar socialmente y repartir despensas en las comunidades más necesitadas, tarea que correspondía al gobierno.

    El acuerdo le da un poder extraordinario a las Fuerzas Armadas, que se rigen normativamente por la Ley de Seguridad Nacional y la Ley de Seguridad Interior, y que ahora tendrán el blindaje político para operar casi plenamente dentro de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Con funciones equiparables a las que tenía la prácticamente extinta Policía Federal, cumplirán de manera “subordinada y complementaria” a la Guardia Nacional, aunque esto es sólo un decir.

    El comisionado de la Guardia Nacional, el general Luis Rodríguez Bucio, no recibe órdenes de su jefe nominal, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, sino de su jefe real, el general secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval. No será el Ejército el subordinado, sino la Guardia Nacional, de la cabeza a la cola, que será sometida a las Fuerzas Armadas, en este proceso abierto y claro de la militarización del país, que no beneficia a nadie, incluidos los militares.
    (Edición de firma).

  8. #1178

    Default

    Superar el dilema

    Macario Schettino.

    La disputa por establecer la narrativa de 2020, comentamos ayer, será muy dura y a nivel global. Coincidentemente, el artículo de Gideon Rachman en el FT, ayer mismo, plantea las dificultades que enfrenta la democracia liberal en esta perspectiva. La contrapone con el populismo, al que ayer dedicamos unas líneas, pero no incluye los otros dos discursos, más lejanos para nosotros: el autoritarismo (Rusia, China) y las democracias conservadoras (Japón, Corea, Taiwan). Intentaremos hacerlo en próximas colaboraciones, pero ahora vale la pena comentar otro de los aspectos en discusión: si el daño del confinamiento es peor que el de la pandemia en sí misma.

    Un problema grave de las políticas públicas es que si logran tener éxito, resuelven un problema que rápidamente se olvida. Si la política pública fue costosa, abundarán los críticos que afirmen que era innecesaria, porque el problema ya no está. Con el sesgo de retrospectiva, que produce gloriosos toreros a toro pasado, quedan reclamos y no reconocimientos. En el caso de un confinamiento como el actual, incluso la puesta en marcha es muy complicada, porque nadie quiere reducir sus libertades a cambio de una amenaza difusa. Por eso muchos gobiernos prefirieron esperar, para que la amenaza fuese más evidente, y se aceptaran las restricciones.

    De hecho, los datos muestran que en buena parte de los países occidentales el distanciamiento inició por parte de la sociedad, al menos dos semanas antes de que los gobiernos decretaran el confinamiento obligado (en donde lo hicieron). Algunos investigadores (libertarios) han usado esta información para afirmar que el confinamiento no tiene impacto en el control de la pandemia, porque la disminución del contagio ocurre con el distanciamiento social previo. Se trata de un mal uso de los datos para defender ideas preconcebidas acerca del gobierno.

    Para quien dude del terrible costo social de la pandemia, la evidencia es muy clara. Los países que tardaron en aplicar medidas han tenido mayores contagios, con mayor presión sobre su sistema de salud, y por lo mismo más muertes 'en exceso', que es la forma correcta de medir. No sólo quienes fallecen por Covid-19, sino aquellos que mueren de otras cosas, por no tener espacio en hospitales saturados por la pandemia. Incluso en donde se está intentando ahora relajar las restricciones, el contagio regresa rápido. En pocas palabras: no existe manera de evitar el distanciamiento. Cuanto haya medicina o vacuna, esto cambiará. O si, como hace cien años, el mismo virus se modifica.

    Ahora bien, el costo del confinamiento es severo, pero mal distribuido, como comentamos aquí hace tiempo. Algunas personas no tienen mayor problema, porque siguen recibiendo su sueldo: maestros, funcionarios públicos y empleados de algunas empresas que todavía aguantan. Otros ya sufren mucho: empleados del sector turismo, de servicios con gran contacto personal y quienes participan en la economía informal, que representan más de la mitad de los mexicanos. En este grupo, de hecho, el confinamiento no ha sido respetado, por razones obvias: si no salen, no comen.

    Por eso se requiere repartir mejor el costo: quienes pueden aguantar mejor deben apoyar a quienes no pueden hacerlo. He visto intentos de todo tipo, pero si en verdad queremos que funcionen, es un trabajo para el gobierno. Es una de las pocas cosas que los gobiernos deben hacer: coordinar esfuerzos de toda la sociedad, obteniendo recursos a menor costo, repartiendo de forma eficiente. Y eso están haciendo en todos los países, menos en éste. Otra vez, habrá quien se queje del tamaño de las deudas públicas y la invasión al mercado. Esa postura ideológica es tan perniciosa como la que, en condiciones normales, insiste en tener un Estado omnipresente. Se trata de resolver problemas, no de imponer dogmas.
    (Edición de firma).

  9. #1179

    Default

    Presidente AMLO... Tesla amenaza con salir de California II

    Jonathan Ruiz Torre.

    En el plazo de un mes aproximadamente, la empresa de Elon Musk anunciará la instalación de una nueva gigafactory, una enorme planta industrial útil para producir tecnología energética.

    Tentativamente, baterías.

    En otros días, México compitió por recibir inversiones de manufactura de primer nivel.

    Esta la pondrán en Estados Unidos, de acuerdo con lo que expresó el líder de Tesla a analistas durante las dos semanas más recientes.

    Su tamaño será tal que posiblemente ya no se trate de una giga, sino de una tera, bromeó Musk recientemente.

    Lo importante aquí es la narrativa que sigue Tesla y su contraste con la de empresas tradicionales que invirtieron en la manufactura mexicana.

    El mundo al que México le vende coches que significan un tercio de sus exportaciones nacionales, está a punto de dar un giro en el que puede definirse el destino de ciudades como Guanajuato, Monterrey o Querétaro.

    Tesla va montada en una lógica de entrega desenfrenada de pedidos al punto de reabrir ayer a la fuerza su fábrica de Alameda, California.

    Mientras, en plena crisis, Ford Motor Company, por ejemplo, se prepara para analizar con sus accionistas planes de reestructura este jueves.

    Una, muy joven, habla de crecimiento, los otros de intentar empezar de nuevo… otra vez.

    Ayer hice en otro texto el planteamiento de una posibilidad –remota en este momento–de que el gobierno de México ofrezca algún trato atractivo a la empresa de Musk.

    Tesla ya tiene plantas en Europa y en Asia, en donde se enfoca en la reducción de costos.

    “Estamos avanzando rápidamente en la reducción de los costos de producción en China y estamos realmente entusiasmados de anunciar en esta convocatoria que estaremos reduciendo el rango de precios del Model 3”, dijo Musk hace un par de semanas.

    Convendría a México hacerle propuestas porque a diferencia de las empresas automotrices, la de Elon Musk es una compañía de tecnología que cambió para siempre la forma de fabricar automóviles y con base en su innovación produce además baterías compactas que guardan energía solar en las casas. También se prepara para vender sistemas caseros de climatización que prometen purificar aire para dejarlo con calidad de quirófano.

    Los autos que fabrica Tesla son autónomos y de pocas piezas, lo que reduce costos y ruido, pero también va en contra de la lógica de la industria mexicana de autopartes que se encarga de una proveeduría de miles de partecitas de coches de combustión interna.

    “El tercio posterior del cuerpo (del Model Y) está moldeado en una sola pieza, nunca antes se había realizado un molde de este tamaño o complejidad”, dijo Musk a analistas al cierre del mes pasado.

    Esta compañía puede romper industrias totalmente. En el sistema completo, Tesla no requiere siquiera de conectarse a las redes eléctricas urbanas.

    Para quienes tienen aproximadamente 2.5 millones de pesos en México, es posible instalar paneles solares, un par de baterías Powerwall de 170 mil pesos y un vehículo Model Y de 1.5 millones para siete pasajeros.

    Con ello, pueden olvidarse de cargar en una gasolinera y de pagar el recibo de luz.

    Son genios testarudos como Elon Musk los que le dan la vuelta a la historia. Como lo hizo Henry Ford en su momento, con la primera producción en serie de un vehículo familiar.

    “Si bien muchas otras compañías están reduciendo la inversión, estamos haciendo lo contrario”, expresó públicamente el líder de Tesla el 29 de abril.

    “Esperamos ser en algún momento del próximo año un fabricante verdaderamente global con fábricas importantes en América del Norte, China y Europa y una capacidad de más de un millón de unidades un año. Así que hay mucho que esperar y estamos ansiosos por contarles lo que sucederá”, palabra de Musk.
    (Edición de firma).

  10. #1180

    Default

    Al infinito y más allá

    Macario Schettino.

    El miércoles, en su ejercicio matutino de propaganda, el Presidente informó que empezaríamos a reabrir la economía. La secretaria del ramo anunció que a partir del lunes 18 podrían iniciar actividades la minería, la construcción y la automotriz. Ese mismo día, por la tarde, el subsecretario de Salud dijo que a partir de ese día 18 empezarían a algo, pero no a trabajar, porque eso ocurriría el 1 de junio. Es una muestra más del desorden al interior del gobierno, que sólo un fanático puede no ver.

    Es pertinente mencionar que estos discursos del miércoles ocurrieron después de los peores datos de salud. El martes por la noche hubo mil 997 casos nuevos de coronavirus, y 353 muertes achacadas a esa enfermedad. Ambos datos, los peores en todo el registro. El mismo miércoles, las cifras no mejoraron de forma relevante: mil 862 nuevos contagios y 294 defunciones. Para darle otra comparación, en el último mes hemos tenido 3 mil 888 muertes debido al coronavirus, frente a cerca de 3 mil por homicidios, que ha sido nuestro flagelo en la última década.

    En ambos días, México fue el cuarto lugar mundial en defunciones, con 6 por ciento del total mundial. El martes, por los 353 fallecidos en México, en Reino Unido fueron 627; en Brasil, 881, y en Estados Unidos, mil 703. El miércoles, 294 en México, 494 en Reino Unido, 749 en Brasil y mil 746 en Estados Unidos. Considerando la población, los otros tres países están sufriendo más que nosotros, pero eso no es consuelo para nadie.

    En ese contexto, la apertura de actividades económicas en México parece ser más una imposición estadounidense que una decisión interna. Aunque esta columna sigue pensando que la definición de lo que es esencial o no fue muy arbitraria, y que podríamos tener más ramas trabajando, con medidas de seguridad sanitaria adecuadas, la fecha y la definición de qué puede empezar a trabajar y qué no, de verdad parece decisión estadounidense.

    Al respecto, conviene recordar que los expertos nos han indicado que se puede abrir la economía si se cumplen algunos requisitos: muchas pruebas, seguimiento de casos sospechosos, medidas para evitar el contagio (cubrebocas). Pero el subsecretario que ha controlado todo este proceso ha rechazado hacer más pruebas y que se utilice de forma generalizada el cubrebocas. Es el mismo que ahora pospone dos semanas la apertura económica, sin ninguna explicación.

    La preocupación desde el inicio ha sido el muy bajo número de pruebas que se han aplicado en México. Primero se argumentó que se debía a un método epidemiológico llamado Centinela, que después fue desechado sin mayor explicación. Pero seguimos siendo uno de los países con menos pruebas. De hecho, con los datos de ourworldindata, a partir del 8 de mayo tenemos una caída significativa.

    Pasamos de hacer 0.03 pruebas por cada mil habitantes (tres por cada cien mil) a apenas 0.01 en los dos días siguientes, y a menos de eso en los últimos dos. Si reduciendo pruebas tenemos ahora un récord de nuevos casos, el asunto preocupa.

    Las muertes merecen un estudio aparte, que no existe. Jorge Andrés Castañeda y Sebastián Garrido publicaron un importante texto en Nexos acerca de la lentitud con la que se acumula la información de defunciones. Hay reportes de prensa acerca de la saturación de funerarias e incineradoras. No tenemos, como la mayor parte del mundo, un sistema de información que nos permita conocer, día a día, el número de fallecimientos en el país. Eso impide que podamos tener la medición más importante que hay: las muertes en exceso.

    Anoche, récord de casos nuevos: 2 mil 400, y 257 fallecimientos. Así se ha decidido hacer un semaforito con el que empezará la actividad económica. Veremos qué ocurre.
    (Edición de firma).

  11. #1181

    Default

    ‘Juguetes’ amenazan a la CFE

    Jonathan Ruiz Torre.

    Hace unos tres años fui a dar a un punto en la frontera entre España y Portugal, con un robusto ingeniero responsable de un complejo eléctrico con capacidad de surtir energía a una pequeña ciudad entera como Cuernavaca, Morelos, o como Salamanca, del otro lado del océano.

    Mientras caminábamos sobre la ribera del río Duero, le pregunté si temía perder clientes. Que de pronto la gente decidiera independizarse y generar electricidad en su casa y por su cuenta con paneles solares que pudieran guardar energía en baterías caseras, para usarla durante la noche.

    “¡Esos son juguetes!”, me respondió confiado, mientras echaba un ojo a su celular que mostraba datos en tiempo real de su generadora de 800 megawatts de capacidad.

    Yo no estoy tan seguro. Una posible prueba está en la aparente intención del gobierno mexicano de parar las nuevas tecnologías de energías renovables.

    Al final de cuentas, si esos “juguetes” se multiplican, amenazarán seriamente el negocio de enormes empresas en el mundo, como el de la CFE, que comanda Manuel Bartlett Díaz.

    La realidad es que sí se multiplican aceleradamente. Solo en México ya existen 818 megawatts de capacidad en paneles solares distribuidos en casas y comercios, de acuerdo con la Asolmex que comanda Héctor Olea. Eso es más que aquello que protege el ibérico personaje y no considera los grandes parques de paneles solares en México que aportan más de 4 mil megawatts al sistema.

    Por eso hay cambios incluso en la misma cancha de las viejas operadoras de electricidad.

    Dejen de lado por un momento, si quieren, las empresas nuevas o el próximo anuncio de la ubicación de la siguiente gigafactory de Tesla, de Elon Musk, que ya distribuye baterías caseras en México que cuestan unos 170 mil pesos.

    El primero de mayo, la centenaria Southern California Edison anunció que firmó siete contratos por un total de 770 megawatts de recursos de almacenamiento de energía basados en baterías.

    Es una de las compras de energía más grandes en su tipo de Estados Unidos y si quieren una referencia, consideren que podría almacenar la electricidad necesaria para abastecer el 10 por ciento de las necesidades de la Ciudad de México, aproximadamente.

    La empresa californiana instala ese proyecto justamente para dar estabilidad al sistema eléctrico de ese estado fronterizo que con fuerza se mueve hacia las energías renovables.

    Esa misma empresa presume este mensaje en su sitio web : “conectamos a un cliente solar cada 12 minutos”.

    La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, en inglés) publicó recientemente que las carboeléctricas son rápidamente desplazadas:

    “El principal impulsor fue el aumento de la producción de las plantas a gas natural y las turbinas eólicas”, expuso la EIA.

    “La generación de electricidad a partir de turbinas eólicas también estableció un nuevo récord, superando los 300 mil gigawatts hora, un 10 por ciento más que en 2018”, difundió la EIA.

    Paralelamente y en contrasentido, la CFE en México se prepara para aumentar su producción por la vía de la quema de combustóleo.

    Pensarán ustedes que la modernidad ocurre principalmente en naciones como Estados Unidos.

    En la Cumbre de Acción Climática de la ONU en Nueva York el año pasado, el primer ministro de India, Narendra Modi, prometió duplicar el objetivo renovable de su país a 450 mil megawatts para 2030, desde la capacidad instalada de 87 mil megawatts en la actualidad. La mayor parte vendrá de paneles solares.

    Si bien lo ambiental cuenta, es también por dinero. Ya les sale más barato ir por esa tecnología.
    (Edición de firma).

  12. #1182

    Default

    ¿Podrá AMLO regresar a la realidad?

    Enrique Quintana.

    ¿Podrá el presidente de la República salir del mundo alterno que ha construido y regresar a la realidad en la que la mayoría vivimos?

    Ayer, una persona me preguntaba si luego de observar el mal desempeño de la economía y el crecimiento de la pobreza, no lanzaría el gobierno un programa para reactivar verdaderamente a la economía y para mitigar el impacto negativo entre los sectores de menores ingresos.

    Mi respuesta fue que no habría razón para hacerlo.

    Los pronósticos de los expertos indican que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá este año en al menos 7 por ciento. Algunos piensan que podría estar la caída en algo así como en 9 por ciento o incluso más.

    Se podría considerar entonces que, ante tal realidad, el gobierno emprendería próximamente acciones para evitar un desplome de esas proporciones.

    Pero, si el presidente de la República, que es quien realmente toma las decisiones, ha determinado que la medición del PIB ya es irrelevante, entonces esa métrica pierde sentido.

    Podríamos caer en 15 por ciento, y no preocuparse. Si para López Obrador esa variable ya no significa nada, entonces no habría razón para emprender un programa específico de reactivación.

    Se podría pensar entonces que lo que verdaderamente puede sensibilizar al presidente es el crecimiento de la pobreza. Instituciones como el Coneval y la Cepal han estimado que ésta podría aumentar de modo dramático.

    Pero, ayer mismo, el presidente desestimó esas cifras y señaló que esos cálculos se habían basado en metodologías del pasado y que ahora las cosas serían diferentes.

    El problema es que, aparentemente, el presidente ha perdido conexión con la realidad, por lo menos en lo que se refiere a las cifras económicas y sociales.

    En este espacio le comenté en muy diversas ocasiones que una de las cualidades de López Obrador era su pragmatismo.

    Podría tener inclinaciones ideológicas, pero, al final de cuentas, aparecía un filón pragmático que lo conducía a tomar decisiones conectadas con la realidad, y en eso consistía una parte importante de su éxito político.

    Hoy, el problema es que aparentemente ese filón pragmático se perdió.

    Hoy, pareciera que sólo queda la perspectiva ideológica. Eso implica que si la realidad no corresponde con el mundo que la ideología construye en la mente del presidente, entonces la realidad no existe.

    Uno de los factores que han contribuido a la percepción de que los demás están mal y él está en lo correcto es el hecho de que el presidente no se ha desplomado en las mediciones de popularidad.

    Su lógica le diría que si 'el pueblo' sigue respaldándolo, entonces no puede estar mal.

    Otro factor relevante es la marginación de colaboradores que tienen puntos de vista que discrepan de los de AMLO.

    El ocaso de la influencia de personajes como Arturo Herrera o Alfonso Romo, ilustra que en el entorno inmediato del presidente han quedado sobre todo los incondicionales, aquellos que no le pueden decir 'no' al presidente y, en contraste, quienes visiblemente tienen opiniones propias y diferentes, han sido relegados.

    Quizás la posibilidad de que el presidente López Obrador de nueva cuenta se conecte con la realidad radica en las consecuencias políticas de sus acciones.

    Pero, no habrá ningún desafío político electoral que lo ponga a prueba hasta el 2021.

    Así que, los largos meses que correrán desde ahora hasta las elecciones del próximo año van a ser duros, pues tendremos que lidiar con decisiones construidas en una realidad alterna.

    Preparémonos.
    (Edición de firma).

  13. #1183

    Default

    Lo que encontraremos al salir

    Quintana.

    La pandemia que nos aqueja ya marcó un antes y un después.

    Para cada uno de nosotros, estas últimas semanas ya forman, de una o de otra manera, un episodio que marcará nuestras vidas.

    Eso también pasará en la sociedad entera.

    Pero habrá muchas cosas que continúen. Cambiaremos, pero nuestro pasado no va a desaparecer. Su permanencia nos dará identidad aún en un nuevo entorno.

    Una de las preguntas clave en esta coyuntura en la que nos encontramos es qué permanecerá y qué será diferente.

    Aún no lo sabemos.

    Imagínese usted que se presentó un tsunami. Todavía estamos en él. Necesitamos que las aguas bajen para saber qué es lo que encontraremos cuando nuevamente la tierra sea visible.

    Probablemente hallaremos que la geopolítica mundial ya es otra. Que China se ha recuperado y que su trayectoria para convertirse en la economía número uno del mundo se va a acelerar.

    Quizás también observaremos que, por sobrevivencia, Estados Unidos busca aliados para tratar de mantener su hegemonía. Allí la oportunidad de México.

    Encontraremos, cuando regresemos a nuestro espacio de trabajo, que éste ha cambiado radicalmente. Que ya nunca volverá a ser el mismo.

    Quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar a distancia, sabremos que deberá ofrecer algo más, para poder ser más productivos, si no carecerá de sentido.

    En países como México, cuando todos regresemos a las calles, encontraremos el terrible impacto social que la pandemia ha dejado y que hoy aún no es visible.

    Ninguna crisis financiera que nuestra generación haya vivido se parecerá a lo que hoy ya vivimos. La profundidad y alcance que tendrá serán mucho mayores.

    “Como es obvio”, según dicen, no se trata de la crisis del neoliberalismo.

    Se trata del impacto económico y social del más terrible ataque de un virus en contra de la humanidad en los últimos 100 años. Si no se encuentra la vacuna en los siguientes meses, los muertos habrán de contarse por millones y no por cientos de miles, como ya sucede ahora.

    Encontraremos, cuando salgamos, una población en la que se van a exacerbar los impulsos localistas, que quisieran cerrarse al resto del mundo y conjurar las amenazas que los intercambios de mercancías, de conocimientos, de personas, traen consigo.

    Encontraremos también, afortunadamente, que existe un grupo de la sociedad –no sabemos qué tan importante e influyente– que entiende que la única manera de enfrentar amenazas como la que estamos viviendo es con el conocimiento y la ciencia.

    Encontraremos que en la medida que las amenazas se han vuelto globales, así también deben volverse nuestros esfuerzos para conjurarlas.

    Para algunos resultará increíble, pero encontraremos a políticos que piensan que la pandemia fue solo una etapa incómoda, que les impidió seguir con sus giras y sus campañas, y que creen que es cuestión de semanas para que ‘la normalidad’ regrese y se puedan plantar en las plazas públicas, rodeados de sus partidarios, que los ovacionen y que les digan que sigan adelante.

    Encontraremos políticos que, pese a las evidencias de su mala gestión, van a presumir de los buenos resultados que han obtenido… en la realidad alterna en la que ellos se mueven.

    Así lo harán Trump o Bolsonaro. ¿O acaso usted estaba pensando en otro personaje?
    (Edición de firma).

  14. #1184

    Default

    El auténtico despeñadero

    Pablo Hiriart.

    A medida que nos hundimos en la estulticia y la mediocridad, algunos comienzan a darse cuenta del daño que hicieron al golpear hasta la saciedad al presidente Peña Nieto y promover a un político populista, destructivo y sin preparación para gobernar.

    En economía ya no quieren ni medir el PIB (que iban a hacer crecer al cuatro por ciento), y el autoritarismo llega a tales extremos que en su equipo de trabajo no se atreven a contar bien los contagios y los fallecimientos por Covid-19, para no hacerlo enojar.

    Poco falta para llegar a la caricatura del ¿cuántos muertos hay? Los que usted diga, señor Presidente.

    ¿Qué les hizo Peña Nieto? ¿Qué les robó? ¿Perdieron su empleo, los dejó sin becas, sin medicinas?

    Fue un presidente con luces y sombras, pero básicamente sensato. Sin odios ni rencores. Ligero de soportar.

    Dejó al país creciendo por encima del promedio mundial. Creó cuatro millones de empleos. México exportó más manufacturas que todo el resto de América Latina junta. El salario creció 11.7 por ciento encima de la inflación. Sacó a dos millones de personas de la pobreza extrema. Sus grandes obras públicas tenían sentido de futuro: duplicó la capacidad operativa de los puertos y arrancó un potente aeropuerto internacional en Texcoco que se pagaba solo.

    A este gobierno le dejó 300 mil millones de pesos en el Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP), inversión extranjera nueva –y en fierros– por 193 mil millones de dólares. El IMSS pasó de números rojos a negros y al concluir el sexenio se le inyectaron 73 mil millones de pesos en reservas financieras.

    La 'casa blanca', sí, la 'casa blanca'. Resulta que una vez detonado el escándalo –no ilegal pero sí muy cuestionable por conflicto de interés–, a Juan Armando Hinojosa (Grupo Higa) no se le dio un solo contrato en el gobierno federal y todos los contratos con gobiernos estatales le fueron cancelados, como lo recordó hace un par de semanas en estas páginas Raymundo Riva Palacio, un crítico vertical y consistente de EPN.

    Hubo sensibilidad y reacción ante el malestar de la opinión pública.

    Y ahora, ¿qué tal? Setenta y siete por ciento de las obras públicas se entregan por asignación directa.

    Se desdeña, como “un ataque a nuestro proyecto”, el tráfico de influencias denunciado por la venta de respiradores artificiales al IMSS, casi al doble de precio. Al fiscal general de la república (persona honorable, en mi particular opinión) lo puso Morena.

    ¿Dónde están los colectivos 'por una Fiscalía que sirva', 'no al fiscal carnal' y las ONG que protestaban, argumentaban y eran escuchadas en el sexenio anterior?

    Hubo corrupción, sí, pero no de la magnitud que la propaganda de Morena y sus comentaristas (ex) afines decían. Y se creó un andamiaje institucional para evitarla y castigarla.

    López Obrador tiró el Sistema Nacional Anticorrupción. Le recortó el presupuesto a la ciencia, a la tecnología. Desmanteló el Seguro Popular. Demolió la reforma educativa. Congeló la reforma energética y perdemos hasta la camisa con la obsesión petrolera. Nos arrodillamos ante Trump, le hacemos el trabajo sucio en el sur y en el norte. Al mismo que anuncia que el muro en la frontera será pintado de negro para que atraiga más calor y queme al que intente cruzarlo, nuestro gobierno le agradece y lo llama 'amigo', el que 'se conoce en las desgracias'.

    Peña cometió el error de recibir a Trump en Los Pinos durante su campaña. Y el actual Presidente no lo va a recibir, sino que va a ir a darle las gracias a Estados Unidos, en julio, en plena recta final de la campaña por su reelección. ¿Gracias de qué?

    Hubo decoro en la relación con Estados Unidos: Peña respondió a cada uno de los agravios de Trump y le canceló la reunión tripartita ya agendada, en Washington, con el premier canadiense, por un tuit agresivo hacia México. Ese decoro se perdió. Capitulamos ante el prepotente.

    Peña renegoció el Tratado de Libre Comercio, sin desdoro para México.

    Terrible lo del bache en el paso exprés de Cuernavaca que costó la vida de dos personas. Se investigó y fue un problema de filtración de agua. ¿No? Ahí quedaron el gobernador de Morelos y la administración federal, para decir y probar lo contrario. Nada. En cambio en Tlahuelilpan 130 personas murieron calcinadas el año pasado, en un festín de huachicol que funcionarios de Pemex inspeccionaron, reportaron cinco horas antes de la tragedia, y se dejó correr hasta que ocurrió la explosión. Eso es negligencia criminal. ¿Alguna protesta? Cero.

    Peña reaccionó tarde en la masacre de Iguala, sin duda, pero se investigó y encarceló a más de un centenar de asesinos materiales e intelectuales. En este gobierno, cuyos máximos exponentes se colgaron de la matanza para hacer campaña –a pesar de que todos los involucrados eran aliados políticos suyos–, han dejado libres a más de la mitad de los detenidos, incluyendo al que coordinó el secuestro y la masacre.

    Hubo muchos muertos en la lucha contra la delincuencia, y ahora hay más, con manga ancha a los grupos criminales que se rehicieron porque el gobierno los mima.

    La crítica denunció el influyentismo y la mayoría de las voces fueron atendidas: cayó el director de la Procuraduría del Consumidor, su camarada. Y el director de la Comisión Nacional del Agua, su amigo. Cesó al director de Pemex a mitad del sexenio, su compañero de campaña, y sin el paracaídas del fuero legislativo.

    Hubo 498 mil millones de pesos para ciencia y tecnología, becas para estudiar en el extranjero, para estudiar en centros de excelencia, para criticar al presidente en los medios y en los cubículos, y financiamiento para películas contra él y su partido.

    Ahora, ¿qué tal? ¿Los escuchan? ¿Cómo ven a 'Napito' en el Senado y a otros forajidos de la 4T? Bonita la renovación, ¿verdad? ¿Todo bien con el Estado de derecho?

    Guadalupe Loaeza lo puso en el primer párrafo de su colaboración de ayer en Reforma: “Con sus dichos, Andrés Manuel López Obrador nos golpea, nos violenta, nos ofende, nos maltrata, nos ningunea, nos madrea, nos hiere, nos invisibiliza, como cualquier golpeador”.

    No valoraron a un presidente sensato y sin rencores, y se echaron en brazos del personaje que bien describe Guadalupe Loaeza, quien seguramente votó por él.

    Se equivocaron con Peña. Se equivocaron con AMLO.

    Ahora sólo queda ver cómo frenamos la caída del país en el despeñadero del desempleo, la delincuencia, el empobrecimiento, la desatención a la salud, el desprecio a los médicos, a la ciencia y a quien piensa diferente.
    (Edición de firma).

  15. #1185

    Default

    Los miserables de la 4T.

    Raymundo Riva Palacio.

    Carmen Aristegui tuvo que utilizar unos minutos en su noticiario de radio matutino del miércoles para hacer una aclaración sobre su vida personal. No tenía por qué hacerlo, dijo, pero hay una campaña en las redes sociales desde hace casi 10 días, entrometiéndose de manera dolosa y mentirosa en su vida personal, que afectó a su hijo, y eso la obligó. Los ataques se dieron después de haber difundido una investigación conjunta con Signa Lab y Artículo 19, sobre cómo desde Notimex habían lanzado una campaña contra siete reconocidas periodistas, y la cual trascendió el ámbito de lo periodístico y lo político. Se necesita ser miserable para transgredir toda norma. Lamentablemente hay demasiados miserables en las redes sociales y, en este caso, en la 4T.

    Aristegui ha sido una comunicadora consecuente, y aunque fue criticada por el periodo de gracia que le dio al presidente Andrés Manuel López Obrador, con quien simpatizaba, mantuvo su independencia. No fue miembro orgánico del lopezobradorismo, ni parte de sus cuadros que durante años construyeron, a través de la propaganda, un clima de odio que le permitió al Presidente acelerar las contradicciones de una sociedad agraviada y ofendida por la corrupción y la ineficiencia de sus gobiernos. Pero ella, no los trogloditas al servicio de su aparato de propaganda, fue una pieza crucial en el allanamiento a Palacio Nacional.

    La investigación que hizo su equipo sobre la 'casa blanca' provocó que la aprobación del presidente Enrique Peña Nieto tuviera un desplome casi vertical, a lo que se añadió un humor social tan adverso al régimen que los expertos en opinión pública, temprano en la campaña presidencial de 2018, no dudaban que López Obrador ganaría las elecciones, y sólo discutían por cuántos puntos sería. Aristegui contribuyó en la construcción de esa animadversión de los líderes priistas y panistas, merecida en muchos casos, pero no fue la única.

    Un amplio número de comunicadores fueron también incisivos en la crítica independiente al régimen en turno, abriendo sus espacios a voces críticas del sistema y creando una ecosistema de pluralidad. Hoy lo niega López Obrador y sus replicadores de odio inundan las redes sociales. Aristegui pasó a ser en estos días parte del grupo que, por no tener un pensamiento alineado al Presidente, ha sido atacado vitriólicamente. El rencor babea en las redes contra periodistas como Ciro Gómez Leyva, Carlos Loret o Joaquín López-Dóriga, que por años, como Aristegui, han abierto la arena pública para la discusión de las ideas, chocando públicamente, no pocas veces entre ellos mismos, pero con la información, nunca descalificación.

    El derecho a expresar y a informar, así como el derecho de la gente a ser informada –de ahí las críticas pertinentes cuando incurrimos en excesos o errores–, ha sido el sello de un periodismo independiente que se viene dando desde mediados de los 70, que se aceleró a finales de los 80 –es clásico, por disruptor, el titular principal de El Financiero la mañana siguiente a la elección presidencial de 1988: “Nada para nadie”–, y se profundizó en los 90.

    Ya se ha dicho bastante, pero sin esa prensa, ni Vicente Fox hubiera inaugurado la alternancia en el poder presidencial, ni López Obrador fuera presidente con el 53 por ciento del voto. No se trata de que agradezca a muchos periodistas y medios, que realizan su trabajo profesional, por utilizar el mote del The New York Times, sin favores, ni temores. Con el Presidente en turno, esa es la receta, aplicada a tabla rasa a sus antecesores: información y opinión sin favores, ni temores.

    Se puede criticar a muchos de quienes hemos hecho del periodismo nuestra vida, de haber incurrido en errores y excesos, de sesgos o falta de equilibrio, entendiendo que el periodismo es subjetivo por definición, pero buscando balance y equilibrio. A veces se logra, a veces no por razones ajenas a quien comunica o por mantener una posición explícita. Pero en todos los casos, a diferencia de los sicarios del régimen, en particular quienes encabezan los nodos de odio en el entorno de López Obrador, todos los que nos dedicamos a esta profesión damos la cara, no nos escondemos detrás el cobarde anonimato y enfrentamos las consecuencias. Una de ellas, la rabiosa furia con la que combaten al periodismo independiente, con bajezas de mal nacidos, como en los ataques personales a Aristegui.

    Ningún gobierno había actuado de manera tan clara contra periodistas como gremio. En el pasado reciente –la documentación hemerográfica que impide el olvido–, la censura se hizo discrecionalmente, pero rendía cuentas ante la opinión pública. Previamente los abusos del poder se daban sin márgenes de defensa. Hoy, esa dialéctica del poder y los medios ha cambiado. El Presidente la reduce primitivamente a un problema de dinero de publicidad. Presidentes antes que él pensaban lo mismo, y gastaron inútilmente en publicidad, pensando que así compraban impunidad. Peña Nieto es el mejor ejemplo de un diagnóstico y soluciones fallidas. Si López Obrador hiciera lo mismo, no habría diferencia en las tribunas de la opinión independiente.

    López Obrador no entiende de medios, y su entorno de bellacos tampoco le ayuda a decodificarlos, incurriendo en excesos y difamaciones, actuando como motor del odio. Prefirió rodearse de paleros que le tiran besos en lugar de preguntas, mientras los feroces francotiradores de la 4T disparan permanentemente tuits contra la prensa independiente, para dañar reputaciones y demoler carreras.
    Es una guerra de resistencia contra aquellos, que ahora también muerden a quien tanto ayudó al Presidente. Aristegui tiene encima a la jauría porque reveló el miserable espíritu de sus capataces. La llaman “traidora” y la atacan por la simple razón de haber ejercido su libre derecho a informar y a opinar, como muchos otros antes que ella en este gobierno. La intolerancia en Palacio Nacional se ha vuelto escatológica.
    (Edición de firma).

  16. #1186

    Default

    ¿Primero los pobres?

    Alejandro Moreno

    En El león y el unicornio: socialismo y el genio inglés, ensayo publicado en 1940, George Orwell planteaba la necesidad de transformar el sistema de clases británico. La Gran Depresión había hecho estragos y la guerra entraba en su mayor apogeo. La oportunidad de transformación parecía inigualable. El problema era que, desde su punto de vista, la izquierda no terminaba de comprender el carácter nacional inglés, o se rehusaba a hacerlo. Parecía ilógico que el sentimiento patriótico igualara, o incluso superara, el peso de la conciencia de clase.

    En un párrafo cuyos paralelismos contemporáneos pueden ser mera coincidencia, Orwell señalaba que la clase trabajadora sufriría terriblemente por la guerra, pero que aguantarían si tuvieran alguna prueba de que la vida por delante sería mejor. Parte de la prueba era un asunto de opinión pública: sugería Orwell que al sentirse el peso laboral y fiscal sobre la clase trabajadora, era importante que vieran que el golpe a los ricos era todavía más duro. “Y entre más fuerte sea el chillido de los ricos, mejor”, concluía retadoramente.

    El discurso sobre las diferencias de clase está retomando centralidad en México en estos tiempos. Ello se debe, en parte, a los efectos que podría tener la pandemia y abrir aún más la desigualdad en el país. Al respecto, ¿cómo perciben los mexicanos el actuar gubernamental en medio de esta crisis sanitaria y económica? ¿Se percibe alguna inclinación hacia una clase social en particular?
    La encuesta nacional de El Financiero, realizada a finales de abril, indica que el 34 por ciento de los entrevistados cree que las decisiones del presidente López Obrador en esta crisis de coronavirus benefician a todos los mexicanos por igual, sin importar clase social. Si sumamos un 18 por ciento adicional que opina que no se está beneficiando a nadie, en total 52 por ciento no menciona ninguna referencia de clase en su respuesta. Unos ven beneficios para todos, y otros son más críticos y no ven beneficio para nadie, pero sin conflicto de clase.

    Sin embargo, en el resto de las respuestas sí hay referencias de clase, aunque en un sentido que resulta, en un principio, contraintuitivo. Según la encuesta, 21 por ciento opina que las decisiones de AMLO benefician a los ricos, y 13 por ciento opina que éstas benefician a los pobres. Entre ambos polos se menciona la clase media, con 6 por ciento, y las clases bajas, con 7 por ciento. Sorpresivamente, hay más mexicanos que perciben hoy que el gobierno de AMLO beneficia a los ricos que aquellos que creen que beneficia a los pobres.

    Pero eso no es todo. Los que más creen eso son los mexicanos de menor nivel de ingreso. Entre los entrevistados de nivel económico medio alto y alto hay división de opiniones: 15 por ciento cree que se beneficia a los ricos y otro 15 por ciento a los pobres. En contraste, entre los entrevistados de nivel económico medio bajo y bajo, la percepción se inclina hacia un lado: 32 por ciento opina que se beneficia a los ricos y solamente 10 por ciento a los pobres. El resultado es inversamente orwelliano. Parece que los estratos bajos perciben que en esta pandemia los ricos la están sorteando mucho mejor. (Agradezco a mi amigo MSC por este insight).

    Si acaso el ambiente político en México está tomando tintes de conflicto de clase, esta pregunta es apenas una probadita sobre el tema. Ciertamente se requieren más y mejores mediciones, tanto de intereses e identidades de clase, como de aquellos sentimientos de unidad nacional que podrían imponerse sobre la conciencia de clase, tanto en la emergencia como fuera de ésta. Según estos datos, poco más de la mitad de los mexicanos son pro o anti-AMLO, pero no lo son bajo una óptica de lucha de clases. La pregunta es si, rumbo a la nueva normalidad, la desigualdad social se atenderá mejor polarizando a las clases sociales o definiendo objetivos en común. Por el bien de todos, ¿primero los pobres?; o por el bien de los pobres, ¿primero todos?
    (Edición de firma).

  17. #1187

    Default

    AMLO nos quiere pobres y felices

    Alberto Tovar.

    Sea locura, ignorancia o malicia, me aterra que el presidente menosprecie las cifras de producción como medición de desempeño, para utilizar las del bienestar y felicidad. Me explico.

    Desde una perspectiva académica hay propuestas serias de modificar la medición para 'añadir' el bienestar y la felicidad, con el fin de construir algo llamado BEN, Bienestar Económico Neto, pero se trata de mejorar una visión en donde puede entenderse que 'además' del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), sea considerado cómo se distribuye en la población, para ser 'aprovechado' por los mexicanos, independiente de su nivel de riqueza.

    Lo que me parece alarmante es utilizar esta idea para dejar de valorar el crecimiento en la producción, porque es el origen de todo lo demás; es decir, sin ingresos es imposible resolver la situación de los pobres.

    Incluso, es un contrasentido. Con sus propias palabras, López Obrador ha dicho infinidad de veces que el problema de la inseguridad es la pobreza, y en particular el empleo. ¿Cómo aumentar la ocupación sin avance productivo?

    ¿Cómo generar una elevación del bienestar sin dinero? Porque se ve reflejado en el acceso a hospitales, escuelas, carreteras, electrificación, etcétera.

    Es tramposo, pues científicamente está comprobado que el ser humano tiende a ser feliz a pesar de su entorno y nivel económico. De hecho, en el esfuerzo de medición se ha encontrado que los países pobres muestran mayores índices de felicidad.

    Contraviene a las instituciones del Estado como son el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, quienes calculan estimaciones de incremento del PIB, ya que, con base en ese dato, puede comprenderse cuál ha sido el resultado de la política económica y monetaria.

    Es como si el director dijera que no importan las utilidades de la compañía, sino la felicidad de quienes laboran en ella. ¿Cómo contratar más personas? ¿Cómo incidir en un mayor progreso para las familias que dependen de las empresas?

    Es cierto, existe una extrema concentración de la riqueza y es imperativo que el avance sea mejor distribuido en la población; sin embargo, es imposible hacerlo desapareciendo las fuentes de trabajo, porque detrás de un menor crecimiento está presente el desempleo, el subempleo y la informalidad.

    Reitero, el bienestar y la felicidad deben añadirse a la medición del desempeño de los gobernantes, pero no con la finalidad de simular un 'buen resultado'.

    ¿Cómo percibes la económica en tu ámbito? Coméntame en Instagram: @atovar.castro Twitter: @albertotovarc
    (Edición de firma).

  18. #1188

    Default

    La era Post-Covid19

    Por Alejandra Marcos, directora de Análisis y Estrategia en Intercam Casa de Bolsa

    En las últimas semanas algunos países desarrollados han abierto paulatinamente sus economías, luego que se ha logrado contener la epidemia. Si bien es cierto que en ninguna parte del mundo la actividad ha regresado al 100 por ciento, nos acercamos a la reapertura de la economía a nivel mundial. Y allá afuera, el mundo luce diferente al que conocíamos.

    Estamos observando una restructura inminente en el orden económico a nivel mundial. En esta era del cambio, algunas organizaciones solamente han querido sobrevivir durante la epidemia, este ha sido único objetivo en el corto plazo. Otras en cambio, en medio del enorme banco de neblina por el que atraviesa el mundo, han estado pensando cómo pueden tomar ventaja y posicionarse dada la coyuntura actual. Los cambios generan oportunidades, y las organizaciones resilientes serán aquellas que logren sobrevivir y reinventarse. Los negocios han tenido que inventar nuevas formas de operar, aquellos que hayan podido absorber el choque e idear cuál es la mejor manera y más eficiente de salir avante, son los que muy probablemente sobrevivirán y podrán adaptarse a la nueva realidad. Pero no podemos dejar de preguntarnos ¿cómo será la nueva era, a qué llamaremos la nueva normalidad? La época de la humanidad antes del Covid-19, será cosa del pasado.

    Es cierto que nadie sabe cuánto tiempo más durará la crisis epidémica, aunque hay un renovado optimismo, porque al parecer, hay vacunas que están siendo probadas con éxito, no sólo en Estados Unidos, sino en Europa y China, y se espera que para el primer trimestre del siguiente año estarán disponibles para la población. Sin embargo, con vacuna o sin ella, y sin una cura eficaz hay cambios que llegaron para quedarse. Uno de ellos es la desglobalización. Inclusive antes de la pandemia, la globalización estaba en dificultades derivado de la postura cada vez más restrictiva de ciertas economías. Para muestra un botón: la guerra comercial iniciada en Estados Unidos, y con todos los países relevantes con los que tenía comercio. El sistema de economía abierta que había dominado al mundo durante décadas, ha quedado atrás. Con la pandemia más del 90 por ciento de los países ha cerrado sus fronteras, el número de pasajeros y el comercio internacional han caído estrepitosamente. Tan sólo hay que ver los reportes de tráfico de pasajeros y producción automotriz del mes de abril con caídas superiores al 90 por ciento. Aunque con la reapertura económica del mundo, la actividad mejorará significativamente, no se espera un regreso al mundo que conocíamos, sin restricciones a la movilidad, sin preocupaciones sanitarias y un comercio sin fronteras. Por ello, las economías, organizaciones y personas habrán de privilegiar lo local.

    En contraste, el crecimiento de la economía a distancia, en aquellas actividades donde no intervenga el contacto social tales como el comercio en línea, la telemedicina, y la automatización serán algunos de los grandes cambios. La crisis del Covid-19 será un punto de quiebre, marcará un antes y un después. Aquellas empresas que apostaron por la era digital, han venido ganado terreno de manera considerable. Las empresas que invirtieron en años anteriores en tecnologías de la información, sistemas, comercio en línea y banca digital son las que llevan la delantera, ya que la migración hacia el mundo virtual se acelerará.

    La manera de hacer negocios también será diferente, ya no hay justificación para los viajes de negocios, donde se ha probado la eficiencia de las reuniones virtuales y la eficacia de la toma de decisiones ante un mundo que cambia por minutos. El home office ha comprobado aumentar la productividad en cerca del 30 por ciento, y se ha demostrado que muchas labores se pueden hacer remotamente, que de continuar, abatirán costos para la organización y el empleado.

    Estamos frente a cambios en las estructuras de casi todas las industrias, el comercio y el comportamiento de los consumidores. El futuro nos alcanzó más rápido de lo que pensábamos, empujado por el Covid-19.
    (Edición de firma).

  19. #1189

    Default

    Estado fallido en México

    Alejo Sánchez Cano.

    El dolor y el sufrimiento se enseñorean entre la población mundial. Entre tanta muerte, enfermedad y tribulaciones económicas, además de la ruptura de la armonía familiar, la gente busca desesperadamente consuelo ya sea en la religión o en cualquier opción que se le ofrezca para salir adelante.

    En México esta situación se agrava porque el gobierno ha dejado sola a buena parte de la sociedad que, desesperada, no halla cómo salir de la crisis en la que se encuentra.

    Cuando no es un familiar fallecido o enfermo, es la pérdida del empleo o de las fuentes de ingresos o tal vez todo junto, y qué hacer ante esa situación angustiante que ha puesto a prueba el temple, la fortaleza y la fe de las personas.

    Tal vez este sea el único camino, el de la fe y las convicciones de cada persona, al carecer siquiera del apoyo más básico para atender sus necesidades, como es el derecho a la salud, a la alimentación o incluso a una 'cristiana sepultura'.

    Estamos ante un Estado fallido que no cumple con sus tareas más básicas de proteger la vida, los bienes y la misma subsistencia de millones de mexicanos que están en situación de precariedad.

    El índice de mortalidad de pacientes enfermos del Covid-19 es de los más altos del mundo, más de 12 por ciento, y la vulnerabilidad del sistema nacional de salud está peor que nunca, en donde el personal médico virtualmente se rifa la vida todos los días al atender, sin contar con los insumos básicos de protección, a miles de infectados.

    El Estado no es capaz de proporcionar la atención médica a todos los mexicanos que la requieran y, por desgracia, buena parte de ellos, son los más pobres.

    Tampoco el Estado puede salir a rescatar empresas en las que se sustenta el empleo formal, ya lo dijo el presidente: si una empresa quiebra, es responsabilidad de su propietario; es decir, se hace un lado AMLO en eso de ayudar a los que están perdiendo sus empleos.

    Los impuestos de todos los mexicanos deberían canalizarse en momentos de emergencia a atender a la población en sus necesidades; no se hace y en lugar de eso se obstinan en gastar los recursos públicos en obras que no sirven de nada para atender la crisis y muchos menos para paliarla en el futuro.

    El Estado es fallido al no brindar la seguridad pública que se requiere en momentos que los índices delictivos están al tope a grado que se optó por la militarización del país.

    Un Estado fallido es aquel que no puede garantizar una pensión básica universal en tiempos de crisis para todos los que necesiten ese apoyo.

    Sólo los que están afiliados a los programas político-asistenciales del gobierno gozan de ese respaldo que, aunque es mínimo, alivia de alguna manera la falta de alimentos y de medicamentos para subsistir.

    Se ha perdido territorio en manos del crimen organizado; hay una erosión de la autoridad en la toma de decisiones y existe incapacidad para suministrar los servicios básicos.

    Es generalizado el fracaso social, político y económico del gobierno de López Obrador, ya que no tan sólo es un gobierno débil e ineficaz, sino que él mismo alienta todos los días la polarización entre los mexicanos.
    (Edición de firma).

  20. #1190

    Default

    Confusión, versión Siglo XXI

    Macario Schettino.

    Una de las preguntas más frecuentes que recibo es si México está camino de convertirse en algo parecido a Venezuela. No es una pregunta extraña, si consideramos que el presidente López Obrador comparte algunas características con el extinto Hugo Chávez: apela al pueblo (ente indefinido), invoca la historia (la de primaria) y habla hasta por los codos. Su afirmación de que la pandemia y la depresión económica le cayó “como anillo al dedo” a su proyecto ha sido una señal de alarma: no es frecuente que un gobernante goce con el sufrimiento de sus gobernados.

    Por si fuese poco, destacados miembros de su entorno son claramente bolivarianos: su esposa, Yeidckol, Héctor Díaz-Polanco, El Fisgón, Epigmenio, Pedro Miguel, Salmerón, entre otros. Cada vez que ellos hablan, la sombra de Chávez crece.

    Sin embargo, hay también otros líderes políticos, muy diferentes, en este gobierno. No me refiero al gabinete, que en su mayoría no da el nivel siquiera de dirección general, sino a las figuras de relevancia, como Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, y un puñado más que sin duda gustan del poder, y por eso están ahí, pero no coinciden con las pesadillas del grupo anterior.

    El domingo pasado, en su colaboración semanal, Luis Rubio también comentaba sus dudas acerca de la posibilidad de que el gobierno de López vaya camino de lo que se ha dado en llamar el “foro de Sao Paulo”. Rubio percibe en López Obrador más un intento restaurador que revolucionario: regresar a los tiempos del presidente imperial, la soberanía energética, la rectoría del Estado y demás paparruchas.

    Me parece que la dificultad de ubicar lo que ocurre proviene de dos fuentes. Primero, partiendo de la democracia (por muy imperfecta que ésta sea) los regímenes autoritarios parecen todos iguales; segundo, la confusión al interior del grupo en el poder impide saber en qué dirección se mueven, más allá de hacia un gobierno autoritario.

    Soy más claro: coincido en que López Obrador busca la restauración del México que conoció en su juventud, hace medio siglo. Sin embargo, para alcanzar el poder tuvo que rodearse de muchos aliados, cuya única coincidencia era aprovechar la popularidad de López, para después torcer el rumbo a su favor. Pero ninguno de ellos (salvo las figuras de relevancia mencionadas) tienen idea alguna de cómo se gobierna. Pueden tener sueños de grandeza personal, creencias ideológicas muy profundas, o simple afán de enriquecimiento, pero no idea estratégica, capacidad de gestión, conocimiento administrativo, en fin, esos detallitos necesarios para gobernar.

    Entonces tenemos hoy un merolico con homilías diarias, que insiste en recrear el México de los años setenta; un grupo enquistado en energía, dedicado a sus finanzas personales; otro grupo que controla la comunicación, intentando la enésima revolución socialista; una cantidad inmensa de floreros esencialmente interesados en sobrevivir, y un puñado de políticos profesionales tratando de mantener el barco a flote.

    No sorprende que frente a este galimatías, muchas personas busquen claridad y, viendo al pastor y sus replicantes, se imaginen Venezuela. O si están concentrados en energía (y todos los que piensan un poco en la economía futura por obligación voltean a energía) se imaginen el retorno de Echeverría. Pero si se amplía la visión, para incluir los floreros, lo que angustia es el caos, las ocurrencias, el derrumbe que podemos atestiguar en todos los frentes.

    Como comentamos aquí hace casi tres meses, este gobierno ya se acabó. Fue un fracaso absoluto AÚN ANTES de que llegara la peor crisis en un siglo. Frente a ella, el derrumbe será total. Cada grupo buscará salir lo mejor librado posible.

    Para lo que sigue, hay poca esperanza, pero la hay.
    (Edición de firma).

  21. #1191

    Default

    Negocios para la pandemia.

    Ignacio Zavala.

    Dejemos por un momento a la 4T. Si bien es cierto que es un gobierno preocupante y agobiante, también lo es el encierro en que vivimos, no exento de revelaciones, preocupaciones, reflexiones, pero con un sólo anhelo común: que llegue ya el día en que podremos salir. Como se ha dicho por ahí, quizá la nueva normalidad no resulte ni normal ni nueva, pero, por lo pronto, imaginemos qué cosas serán necesarias en el futuro inmediato; en los días ya de libertad qué negocios se pondrán de moda:

    Agencia de divorcios. En efecto, la pandemia ha desatado una convivencia inusual entre cónyuges. Las mujeres extrañan la hora en que se largue el marido aunque sea con sus 'amigotes'. La permanente presencia masculina ha obrado en contra de su aceptación. Las esposas ya no aguantan sus chistes estúpidos, su pasión por estar en la pantalla del teléfono como si fueran pubertos, riéndose solitos de alguna idiotez. Las mujeres sueltan lágrimas de tristeza al ver lo que hicieron de su vida al contraer matrimonio de manera inocente con quien ha tomado el encierro como un eterno partido de futbol con una chela, o de a tiro un trago fuerte, en la mano viendo la tele, una serie policiaca o el mundial de 1962. Por su parte los hombres, que solícitos ofrecieron su cooperación total desde el inicio del encierro, han visto convertida su buena voluntad en simple y llana esclavitud. Quienes ofertaron de manera genuina y altruista sus buenos oficios culinarios, que se usaban normalmente algún fin de semana, se han convertido en simples lacayos. Por supuesto las buenas formas se han perdido durante el encierro, es entendible que se haya perdido esa zona de tolerancia que daba la intermitente distancia, así que desde un principio las señoras fueron claras: “si vas a cocinar también lavas, pendejo”. La humillación ha llegado a las redes sociales, pues los hombres que gustan de subir sus modestos logros en la cocina (incluida la lavada de trastes), son tachados por sus cónyuges como 'esperancitos', en un desplante de sarcasmo, odio y desprecio. Los divorcios están a la vuelta de la esquina.

    Consultorio siquiátrico. Es obvio. Como en Palacio Nacional, que es una clínica sui géneris, en todas las casas se han desatado comportamientos de terror, pánico, súbita alegría, romanticismo, arrojo criminal, se planean parricidios e intentos suicidas. Se han derrumbado los comportamientos falsos por el Zoom. Los padres de familia no toleran las tareas escolares, no solamente por la cantidad que les dejan a los estudiantes sino porque no entienden nada de las tareas. Todo se ha reducido a un pleito constante con los hijos y a una irritación mayor con las escuelas, que siguen cobrando las colegiaturas con la bendición de ya no encargarse de los pinches niños. Y los padres que tienen adolescentes y jovencitos han visto alarmados cómo éstos viven sin necesidad de expresar más de tres palabras al día. Muchos se preguntan si sus hijos saben hablar. Las aprehensiones atacan a la pareja de distintas maneras. La mujer cuando oye 'mi amooor', simplemente se dice, mientras le sube la rabia, “ahora qué no encuentra este gordo imbécil”; el hombre es presa de niveles de angustia insospechados cuando se sirve un trago, siente de pronto la presencia de su mujer y le oye decir las tres palabras que desatarán una tormenta: “tenemos que hablar”. La locura acecha.

    Clínica antialcohol. Desoyendo los consejos presidenciales de tomar agua de coco y las propiedades del jugo de caña y el de piña miel, la población se ha entregado al trago de manera escandalosa, como si la pandemia fuera una versión extendida de Semana Santa. Organizan carnes asadas todos los días, piden de comer, ya se acabaron las cervezas y es lo único que en verdad les ha indignado. Ya alcoholizados, invitan a los vecinos. No importa si hacen yoga o deporte, en la tarde ya están a medios chiles, listos para el Zoom con la familia o con los de la prepa y se bebe como en boda frente a la computadora. Oceánica hará su agosto.

    Claro, estos son nada más algunos negocitos que se ven a la vista. Seguramente a usted, amable lector, lectora y lectore se le ocurren algunos más.
    (Edición de firma).

  22. #1192

    Default

    Un México de arroz, frijoles y trapiche

    Jonathan Ruiz Torre.

    Un México jodido es la visión y ambición de Andrés Manuel López Obrador. El presidente de la república vislumbra una película en blanco y negro, la nación de Nosotros los Pobres de Pedro Infante. Honrados, pobres y felices, extremadamente felices. Porque los bienes materiales no traen la dicha, y basta con poco para estar satisfecho. Es la prédica espiritual que se transforma en política pública, la exaltación de la austeridad como ideal de vida.

    El discurso presidencial no presenta lo mucho que se puede alcanzar, sino que argumenta que con poco se puede estar contento. La mediocridad presentada como una virtud. Embona bien con el que fue un mediocre y fósil como estudiante, pero argumenta que un detalle numérico lo privó de una mención honorífica, con esa inusual soberbia intelectual que lo hace creerse experto en todo, desde perforación petrolera, historia y construcción de aeropuertos hasta política macroeconómica.

    México votó por un predicador que se disfraza de presidente. Incapaz de ofrecer prosperidad material, AMLO busca refugio en conceptos etéreos como la felicidad, que presenta sin empacho desde su púlpito mañanero en Palacio Nacional. Mientras que la economía se colapsa, en tanto 12 millones de personas quedan sin ingreso porque han dejado de trabajar por la pandemia, el tabasqueño enfrasca su mente en diseñar una alternativa al Producto Interno Bruto. El que por 14 años criticó con dureza, y con razón, el bajo crecimiento de la economía, ahora dice que esa métrica no importa. Quizá se vislumbra ya merecedor del Nobel. Puede ser el galardón en economía, pero también en medicina, gracias a su descubrimiento que aquellos que mienten o roban son los que enferman de coronavirus.
    Hace muchos años que López Obrador dejó de aprender. Lee sin absorber, oye sin escuchar, habla reciclando expresiones que soba reiteradamente. Su pasión por la soberanía alimentaria viene de 1975, la costosísima obsesión por Pemex de 1980, su distorsionada visión del Fobaproa de 1998. No sueña con servicios financieros vía telefonía celular, sino mostradores en cada pueblo, por supuesto para entregar dinero en su nombre. La energía eólica afea el panorama, pero qué hermosa es una refinería quemando combustóleo y envenenando el aire a su alrededor. ¿Autopistas de concreto? Nada supera los caminos rurales pavimentados a mano. Como don Susanito Peñafiel y Somellera, vive (y busca revivir) ese hermoso México de sus recuerdos.

    Alérgico a la tecnología, AMLO se embelesa mirando un caballo que da vueltas a un trapiche para extraer jugo de caña. No entiende, no puede entender, que la única forma de aumentar los ingresos es incrementando la productividad, y que esta requiere de avances tecnológicos y la mejor educación posible. Pero no hay problema: no es cuestión de ganar más, sino de quedar satisfecho con menos.

    De esa ignorancia nace el odio a la meritocracia, hacia esa compañera de banca en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM que genuinamente se ganó la mención honorífica. AMLO no aplaude la ambición del que quiere llegar más alto, sino que busca aplastarla. La universidad la vislumbra como una fábrica de títulos, un igualador social en el sentido de que todos puedan tener un título igualmente inservible. Todos inútiles, pero todos licenciados.

    A López Obrador ni siquiera lo redimirá ante la historia la condición de la congruencia personal. Será el corrupto con el discurso del honrado, el cínico que habla de la vida sencilla en tanto los suyos muestran con descaro opulencia. Lo que ofrece cada día con su discurso de austeridad no es una forma de vida, sino una redomada hipocresía. Es el ejemplo vivo de que la ignorancia y el dinero no se pueden ocultar.

    Es por ello el Presidente que condenará a México a la mediocridad y pobreza, pero alegando dignidad en la dieta de arroz y frijoles. Su sexenio será un periodo de exaltado retroceso, hablando de felicidad en medio de la miseria. Reprobado en su gestión, pensará que convenció a un país que el empobrecimiento material implica mayor bienestar. Y jurará que merece una mención honorífica por ese México jodido.
    (Edición de firma).

  23. #1193

    Default

    El sociópata de Palacio

    Jonathan Ruiz Torre.

    A los padres que claman por quimioterapias

    El dolor ajeno es por completo ajeno a Andrés Manuel López Obrador. Entre los numerosos defectos que ha mostrado como gobernante, destaca la indiferencia ante el sufrimiento que causan sus acciones. Su intensa interacción con las masas durante décadas habría hecho pensar que el Presidente tenía la empatía a flor de piel, sobre todo por los más pobres y desprotegidos. Que el recorrer, una y otra vez, los municipios más pobres, esos caminos ajenos al asfalto, tendría como resultado “por el bien de México, primero los pobres”. No pasó de ser un eficaz lema de campaña.

    Lo que muestra AMLO es una coraza ante el dolor, sufrimiento y muerte. No evidencia empacho alguno en dañar con sus acciones a muchos que mostraron simpatía por su candidatura. Es como si esos votantes le hubieran manifestado no apoyo, sino absoluta disposición a ser pisoteados. La sociopatía presidencial no polariza, no divide entre aliados y enemigos como en otras ocasiones, sino que arrasa parejo. Nada, ni nadie, detiene la transformación que encarna.

    En días recientes están de nuevo en las noticias artistas y científicos, dos colectivos que mostraron extraordinario entusiasmo por el tabasqueño. Claro, se trataba de un hombre progresista, de izquierda, firme creyente en promover educación, arte y ciencia. Su elección garantizaba billetes en serio, nada de esos presupuestos ajustados que caracterizaban al PRIAN. Su chasco ha sido igual que el de tantos millones esperanzados. Se han defendido con uñas y dientes y, cuando les ha ido bien, han logrado mantener lo que antes consideraban como raquíticas asignaciones. Esos son los afortunados.

    No ha sido el caso de los pobres, ni tampoco de los funcionarios públicos, a los que se les acaba de rebanar, de nuevo, el sueldo. El supuesto campeón de los derechos laborales les arrebató también el aguinaldo, sobra decir que en forma “voluntaria”. Hoy hay padres que están en huelga de hambre para atraer la atención a su demanda: que sus hijos tengan quimioterapias. Es la indefensión más descarnada que se pueda tener: niños a los que se deja sin tratamiento ante el cáncer en aras de ahorrar dinero.

    No es que AMLO se regodee en el sufrimiento, que sea un sádico que goza ante el dolor de otros. Simplemente tiene otras prioridades, y a ellas enfoca los recursos que recibe su gobierno por medio de impuestos y todo lo que puede saquear del presupuesto federal, que para efectos prácticos trata como su cuenta personal.

    El mejor ejemplo de ello es que no tiembla ante las astronómicas pérdidas financieras de Petróleos Mexicanos, esa empresa que considera un pilar de la soberanía nacional, y en realidad es un ícono de su soberbia personal. En año y medio de gobierno, Pemex ha perdido en promedio alrededor de 31 mil pesos cada segundo (sí, segundo, no minuto, hora o día). Pero hay que arrebatarle el aguinaldo al funcionario que labora en el Gobierno Federal, las estancias infantiles a las madres trabajadoras, los comedores comunitarios a los hambrientos o, por supuesto, las quimioterapias a los niños. El dolor en nombre del bien mayor: la empresa que el Presidente idolatra desde sus años juveniles en Tabasco.

    La más reciente paradoja es que el inquilino de Palacio Nacional ahora se entretiene buscando fórmulas para medir la felicidad del pueblo, alguna medida alternativa que le permita disfrazar el desastre productivo. El sociópata en toda su expresión, creyendo que los gritos de dolor son ovaciones a su persona.
    (Edición de firma).

  24. #1194

    Default

    AMLO ama tanto a los pobres que los multiplicará

    Jonathan Ruiz Torre.

    “Por el bien de México, primero los pobres”. Fue la frase central en sus largas campañas. Andrés Manuel López Obrador ama a los pobres, y en ellos se ha enfocado desde su primer día de gobierno. Son los primeros que han recibido la puñalada tras la espalda, el golpe artero de los recortes presupuestales, el daño que conlleva la cancelación de programas. En el segundo año de su administración redobla sus esfuerzos, y aumentará su número como quizá no ocurría desde una guerra, esto es, la Revolución Mexicana. Es hacer historia a lo grande.

    Cuando de nuevo salga por los pueblos de México, a lanzar sus peroratas, comer garnachas, inaugurar obras, el Presidente tendrá más millones de pobres a su alcance. Siguiendo su ambición, AMLO está haciendo un gobierno transformacional. A algunas familias clasemedieras esta crisis las transformará en pobres, y a aquellos que ya lo eran se les llevará a la miseria, conocida como pobreza extrema. No hay que descartar que a ciertas personas que tenían una situación acomodada las lleve a ser clasemedieros. Una movilidad social a la baja y masiva.

    La planeación ha resultado impecable. Mientras que el Covid-19 afloraba en China, AMLO ultimaba la destrucción del Seguro Popular, que ejecutó apenas empezaba el año. Ya antes había cancelado las compras de medicamentos, con su cantaleta de la corrupción. De la misma forma, y con el mismo pretexto, para los pobres que fueran a enfrentar carencias alimentarias, había cancelado los comedores comunitarios, y para las madres que trabajaban, las estancias infantiles. Y entonces llega la pandemia. Por supuesto que para el tabasqueño esto le vino como anillo al dedo. Nada como un huracán para ayudar en la destrucción iniciada.

    El resultado será extraordinario. El Coneval estima que en 2018 había 61.1 millones de personas en situación de pobreza (aquellos cuyo ingreso es insuficiente para comprar alimentos y ciertos bienes y servicios básicos). Para 2020 ese número habrá aumentado a 70-71 millones. El número en pobreza extrema se estimaba en 21 millones hace dos años, que podrán llegar los casi 32 millones.

    Mucho es obra del colapso económico causado por el Covid-19, por supuesto, pero es necesario dar crédito a quien lo merece. AMLO se ha rehusado a rescatar empresas y empleos, de nuevo con el trillado pretexto de la corrupción y alegando (la ironía es impresionante) que una política fiscal contracíclica traería consigo una distribución de la riqueza más desigual. Una situación mala que el Presidente se encarga de empeorar como ningún otro gobernante en el planeta.

    ¿Qué hace AMLO? Ponerse a ampliar sus redes clientelares. Unos créditos escasos en monto y opacos en entrega es lo que se cansa de presumir. Se entiende que se pusiera furioso cuando el sector privado negoció montos mayores con el Banco Interamericano de Desarrollo. Vaya moditos de esos empresarios de tratar de mantener compañías a flote, sin ayuda o garantía gubernamental, en lugar de quebrar y lanzar sus empleados a la calle.

    Pero esos esfuerzos serán menores en su impacto. El año 2020 será triunfal para el obradorismo, convirtiendo a México en una gran fábrica de pobres, con el Presidente dirigiendo los esfuerzos. Si la recesión incluso se convierte en depresión (una contracción del PIB superior al 10 por ciento), no importa, porque ya dictó el inquilino de Palacio que esa métrica no sirve.

    Eso es el amor, la genuina pasión, por la pobreza: multiplicarla.
    (Edición de firma).

  25. #1195

    Default

    Pemex echará a la calle a 8 mil personas

    Dario Celis.

    La cadena productiva de Pemex está a punto de reventar. La miseria de Octavio Romero y Marcos Herrería fue tal, que entre 8 mil y 10 mil trabajadores perderán su empleo en las próximas semanas.
    Son obreros de decenas de contratistas que ya no pueden ser sostenidos más porque la empresa improductiva del Estado no pagó deudas, pero sí implementó ajustes que implican suspensión de contratos.

    Las medidas no sólo echarán a la calle a cientos de empleados que habían reactivado plazas como Ciudad del Carmen y Villahermosa, sino que las empresas para las que trabajan se irán a la quiebra.
    De la noche a la mañana Romero y Herrería, los pupilos del presidente Andrés Manuel López Obrador, cortaron gran parte de los servicios que se requieren en instalaciones marinas.

    De manera unilateral suspendieron 60 embarcaciones. La afectación es para TMM de José Serrano, MexMar de Alfredo Miguel Bejos, N. Bourbon de Gerardo Sánchez Shultz y Marinsa de José Luis Zavala.
    Asimismo, apunte a Naviera Integral de Juan Pablo Vega, Técnicas Marítimas de Tomás Milmo, Micoperi de Fabio Bartolloti, Hydra Marine de Mario Solache y Tide Water de Juan Ignacio Seara.

    En servicios de mantenimiento el golpe alcanza a Typhoon de Benjamín Salinas, Diavaz de Luis Vázquez, Evya de Fausto Miranda, Demar de Dennis Chow y Grupo R de Ramiro Garza.

    Pemex también ya notificó la suspensión de 15 contratos para plataformas de extracción de petróleo en la Sonda de Campeche. De 43 estructuras con que cerró mayo se quedará con 28 para diciembre.

    Cinco pertenecen a la china COSL que preside Dong Tienjun, tres son de Seadrill de John Fredriksen, dos de Perforadora Central de Patricio Álvarez Morphy y dos de Goimar de Humberto Issasi.

    La lista continúa con una de Perforadora Latina de Adolfo del Valle Ruiz y tres más de Perforadora México, de Germán Larrea, que incluso ya informó a Pemex que tras esa rescisión se irá irremediablemente a quiebra.

    El desorden de Chano y Chon (así de plano les dicen ya a Romero y a Herrería) provocó semanas atrás que Banorte se levantara de la mesa, agarrara todas sus canicas y dejara colgando a contratistas.
    Y es que Pemex les neutralizó el cobro de decenas de facturas de factoraje, generando ya un daño patrimonial al banco de Carlos Hank. No se descarta que otras instituciones sigan el mismo camino.

    Muchos afectados tienen préstamos o emisiones de deuda pública alentados por los planes de la 4T. Esos mismos registran cuentas por cobrar del orden de 400 millones de dólares.

    Halliburton, que preside Jeff Miller, es otro al que no le pagan. Recién le decía que está minimizando operaciones en México. Su responsable aquí, Hermes Aguirre, ya notificó cierres de oficinas.
    (Edición de firma).

  26. #1196

    Default

    El engaño a López Obrador

    Raymundo Riva Palacio.

    ¿Por qué nadie cuida al Presidente? ¿Por qué dejan que salga a la arena pública a repetir las mentiras que le dicen en su equipo? ¿Quiénes le calientan la cabeza y lo lleva a confrontaciones que lo exhiben? La mañanera de ayer es un ejemplo de la traición y falta de ética institucional en el equipo del presidente Andrés Manuel López Obrador, que rema con datos que le proporcionan, que no resisten el más mínimo análisis. Se acentúan sus errores por su gusto por la confrontación, y la enorme exposición pública que produce un desgaste natural, por el número de horas ante al micrófono y el ejercicio de gobernar. Hacerlo es una decisión personal y no hay señales que modificará las mañaneras, que sirven para múltiples propósitos, algunos tan importantes como el de la gobernabilidad.

    El problema que tiene no es con el formato, sino los insumos que le proveen, que se añaden a sus prejuicios y a los que en su equipo le siembran en la cabeza. Una de sus convicciones, como lo expresó ayer, es que “nunca se había atacado tanto a un gobierno como ahora en los periódicos, en la radio, en la televisión, (antes) todo era aplaudir y callar, quemarle incienso al presidente, lo cual ahora es un timbre de orgullo, porque hay libertades y la prensa no está subordinada, sometida al poder como antes”. Se entienden sus palabras como parte de su narrativa para machacar que todo lo que hubo antes que él, estaba podrido.

    Sin embargo, le servirá de manera efímera, porque en el análisis posterior, se podrán apreciar las falsedades de su discurso y se revisarán en función de los resultados. La prensa sometida al poder, como plantea, es una mentira. Ni siquiera en la parte dura del autoritarismo mexicano en los 60 y 70, dejó de haber prensa crítica, que era reprimida –hoy no sucede–, y desde los 80, los medios fueron ratificando sus libertades constitucionales. De haber “quemado incienso al Presidente, aplaudir y sólo callar”, jamás hubiera tenido la proyección nacional cuando el presidente Vicente Fox lo quiso meter a la cárcel, que tuvo que recular por la presión política expresada, precisamente, en la prensa.

    Es cierto que es un Presidente muy criticado, pero podría plantearse como hipótesis que, proporcionalmente, lo es menos que su antecesor Enrique Peña Nieto. No hay un estudio aún que haga esta comparación, pero para argumentar, utilizaré un caso personal. Funcionarios del gobierno de Peña Nieto se quejaban de esta columna porque criticaba al expresidente entre 15 y 17 veces al mes. Si se revisan las 20 columnas de mayo pasado, textos críticos donde López Obrador sea el actor principal, son 12.

    López Obrador llevaba hasta el 2 de junio, de acuerdo con el tracking que realiza SPIN Taller de Comunicación Política, 381 mañaneras con una duración promedio de 101 minutos. Peña Nieto tenía un promedio de cinco eventos semanales donde hablaba, en suma, un total de 60 minutos. Las críticas al gobierno peñista, las investigaciones y las denuncias de corrupción, allanaron el camino de López Obrador a la Presidencia. El abordaje crítico de la prensa a gobiernos anteriores, se puede argumentar, también contribuyeron al hastío del electorado con el PRI y el PAN que, como se apreció en un porcentaje significativo de votantes por López Obrador en 2018, optaron por él para no tener más de lo mismo.

    Este trabajo profesional es negado por el Presidente e, incluso, cuenta una historia ficticia de los medios. Una vez más, se entiende como herramienta política para sus fines, pero sus prejuicios no son acotados por su equipo con información que impida que patine de una manera tan notoria. Por ejemplo, en la mañanera de ayer se volvió a referir negativamente a Reforma –al cual ha mencionado 173 veces, según SPIN– como un diario amarillista con motivaciones ideológicas y políticas. Afirmó que había colocado a México en el tercer lugar de fallecimientos en el mundo, pero no hay una línea en la edición de ayer de Reforma, que soporte esa imputación.

    Quienes le informaron mal, además, lo llevaron a pasar un momento incómodo cuando tras pedir que le proyectaran la primera plana del periódico, no pudo encontrar –porque no existía–, el dato que mencionó. Luego alegó que la prensa aborda la pandemia haciendo “creer que sólo es en México que está sucediendo”. No es cierto. El Financiero, por ejemplo, incluye en su portal el tracking del coronavirus en el mundo de la Universidad Johns Hopkins, multicitado en los medios mexicanos.

    Contra lo que registran los medios, dijo que de 30 países, México está en el lugar 18 de fallecimientos. No está claro de dónde salió ese dato que le proporcionaron, pero también es falso. La Organización Mundial de la Salud ubica a México en el lugar siete de decesos. López Obrador dijo que las tasas de letalidad –aunque confunde letalidad con número de muertos–, en varios países europeos son mayores que en México, pero el tracking de la Johns Hopkins y la base de datos de The New York Times, lo desmienten. La tasa de letalidad en Alemania (8.5), Bélgica (9.5) y Suecia (4.5), por ejemplo, son menores que en México (11.8). En ese continente, sólo Rusia tiene una tasa mayor (26.87).

    La mañanera de ayer estuvo llena de imprecisiones, pero la culpa no puede atribuírsele únicamente al Presidente, sino a su equipo, que le alimenta la información. Si dice mentiras López Obrador es porque se las dicen a él. Si no les reclama o ajusta ese equipo, él será quien pague. En las sombras de Palacio Nacional, los que cometen esos errores pasan desapercibidos ante la opinión pública. Pero a quien acribillan, exhiben y descuidan, incumpliendo su función, es al Presidente.
    (Edición de firma).

  27. #1197

    Default

    Cuantos muertos son muchos muertos?

    Pablo Hiriart.

    El gran argumento del Presidente es que, comparado con otros países, no hay tantos muertos.

    Pide que no seamos alarmistas, que no es para tanto.

    Cuando alcanzamos los dos mil muertos, tranquilos, todo bajo control, vamos bien. Al llegar a diez mil también está bien, son pocos si vemos a los vecinos. Y al pasar a los once mil, por favor no hay que alarmarse ni caer en psicosis ante el número de muertos, la pandemia está domada.

    Por eso la pregunta al Presidente: para usted, ¿cuántos muertos son muchos muertos?

    En una guerra mueren millones, sí, pero, ¿Ana Frank es pocos muertos o muchos muertos?

    La pérdida de vidas humanas son muchas cuando eran evitables, como es el caso de México.

    Falló el Presidente que dice ser un humanista y tener la conciencia tranquila.

    Por lo visto se trata de un 'humanista asintomático', porque con toda su bondad quitó presupuesto a Salud cuando ya teníamos el aviso de la pandemia que venía.

    En una epidemia como la que se vive en todo el mundo es inevitable que haya muertes, pero en el caso de México fue evidente el desprecio hacia los efectos mortales de la enfermedad.

    Ayer López Obrador dio una receta para evitar el contagio, que es no robar, no mentir, no traicionar.

    ¿Se dará cuenta de lo que dice, o sigue en shock? Lo pregunto porque esa mentalidad revela un profundo desprecio por la vida humana.

    Quiere decir que muchos murieron porque eran corruptos o mentirosos o traidores.

    Se equivoca el Presidente: no pocos han muerto por irresponsabilidad suya: dos meses después de que la OMS declarara (30 de enero) emergencia internacional por el coronavirus, López Obrador seguía invitando a la gente a salir a la calle a comer garnachas o lo que fuere.

    Ha de ser muy frío para decir que tiene la conciencia tranquila después de haberle quitado mil 500 millones de pesos a la Secretaría de Salud para este año. Y el recorte (no subejercicio, recorte) se hizo este año: presupuesto aprobado vs. presupuesto modificado.

    Y en cambio le dieron 22 mil millones al Tren Maya.

    En el hospital de Traumatología del IMSS en Lomas Verdes, médicos, enfermeras y paramédicos se protegen con plásticos porque no les han entregado cubrebocas, pues “no es un hospital Covid”. Pero les llegan todo tipo de enfermos y necesitan protegerse.

    ¿La razón? Ahorros, y no hay dinero para sensiblerías como cuidar la vida de los trabajadores de la salud.

    El gobierno gastó un peso en salud por cada 46 pesos que gastó en Pemex durante el primer trimestre del año (México Evalúa).

    Ahí están las prioridades del Presidente humanista: en el Presupuesto.

    La pandemia es menor en México si la comparamos con Estados Unidos, reprocha AMLO a quienes lo cuestionan.

    Sí, allá el otro irresponsable enfrenta una crisis de salud, de desempleo y una revuelta social que él ha fomentado desde la Casa Blanca, con racismo, intolerancia y polarización.

    Aquí, quien se dice muy amigo de Donald Trump, pudo evitar millones de pérdidas de empleos, y no lo hizo.

    No ha hecho absolutamente nada para salvar empleos ni impedir cierres y quiebras.

    Le han propuesto centenares de medidas a fin de amortiguar la caída económica y no acepta ninguna. Dice que es para favorecer a los ricos.

    No le tiembla la voz al referirse a once mil muertos, muchos de los cuales deberían estar vivos si su gobierno hubiese actuado a tiempo y con recursos. Pide no entrar en pánico por los decesos.

    Actúa con desdén hacia la vida de los mexicanos.

    Escuelas y universidades cerraron antes de que el gobierno declarara la emergencia. El encargado de combate a la pandemia dijo que no tenía sentido cerrar una escuela por un alumno con coronavirus, pues era mejor esperar a que hubiera cien.

    El Presidente no acepta que 12.5 millones de trabajadores perdieron su ingreso en abril, como informó el Inegi.

    Tampoco reacciona ante el hecho de que este año 10 millones de personas pasarán a ser pobres, y no lo eran.

    AMLO pudo atenuar ese golpe, y no lo hizo. No hubo plan de defensa del ingreso y el empleo. Tampoco de protección a la salud.

    Dos mil, u once mil, o 30 mil muertos es más o menos igual. Todo bajo control. Domada la pandemia. No sean alarmistas. Venga ese Tren Maya.

    Qué paradoja. O amarga lección. El Presidente 'humanista' va a meter a México en una crisis humanitaria.

    Y sea la cantidad que sea, para él habrá pocos muertos.
    (Edición de firma).

  28. #1198

    Default

    Décadas perdidas

    Macario Schettino.

    El proyecto de construir una economía cerrada, prácticamente autosuficiente (autárquica, le dicen los economistas), fracasó en 1982. De hecho, dejó de funcionar desde 1965, el año en que se sembró la mayor cantidad de hectáreas en México, y el último en que se exportó maíz. Aunque hubo crecimiento importante desde 1939 hasta 1965, éste fue producto de tres causas: que no habíamos crecido nada entre 1911 y 1939, que el campo podía financiar una industrialización sencilla (en recursos y mano de obra), y que el resto del mundo tuvo una demanda importante de nuestros productos, desde la Segunda Guerra, y por un tramo de la posguerra.

    Para 1965 habíamos agotado los recursos que tuvimos en exceso: tierra, mano de obra, capital (incluso del Porfiriato). Prácticamente todo el crecimiento que se registró desde entonces y hasta 1982 fue deuda externa: vivimos del tarjetazo, para que sea más claro. En 1982 nos vinieron a cobrar, y no tuvimos con qué pagar. Hubo que dedicar el resto de la década a reducir gastos, pagar en abonos, y finalmente renegociar pasivos. Este proceso, seguido de un intento de modernización bastante audaz (incluyendo la negociación del NAFTA), permitió que la imagen de México cambiara, y que nos empezaran a creer. Incluso a pesar de la crisis de 1995. En los siguientes veinte años, y un poco más, se fueron construyendo instituciones, se empezó a respetar la ley, y nos fuimos separando de América Latina.

    Eso se ha perdido, en buena medida, y se terminará de perder en los próximos meses. En términos de la presencia internacional de México, de la confianza de los inversionistas, de la seriedad del gobierno, hemos retrocedido 50 años. No menos.

    De hecho, el American Petroleum Institute, que agrupa a las empresas petroleras, pide ya a las autoridades estadounidenses hacer uso de las herramientas de T-MEC para evitar la discriminación que sufren por parte del gobierno mexicano, que interpreta de forma dudosa, o de plano cambia las reglas. Si esta preocupación se extiende a otras áreas, como telecomunicaciones o automotriz, lo que se pone en riesgo es la mitad del empleo manufacturero, y eso implicaría un retroceso de dos décadas en este renglón.

    Aun sin ello, el incremento en pobreza, debido tanto a la pandemia como al mal manejo de ella y la ausencia de un plan de contención económica, superará con claridad el promedio de la década de los noventa (aun considerando el pico de 1996). En el escenario calculado por Coneval, con una caída del 5% de la economía, pasaríamos de 48.8 a 56.7% de la población en pobreza. Pero la contracción de la economía superará el 10%, con lo que seguramente rebasaremos el 59.5% de esa década. La Encuesta de seguimiento que realiza la Universidad Iberoamericana, reporta que el impacto se concentra en las personas de menores ingresos, con lo que la desigualdad también crecerá, y apunta a niveles de pobreza superiores al 70%. Aquí, el retroceso será de tres décadas.

    Como le decía ayer, el proceso de destrucción encabezado por López Obrador implica retrocesos de dos, tres, o hasta cinco décadas. Sus defensores afirman que no es así, que la transformación está beneficiando al 70% de la población, y que es el 30% restante el que se queja. Me gustaría saber en qué se ha beneficiado ese setenta por ciento. Serán más pobres, la distancia con los que tienen más habrá crecido, su posibilidad de encontrar un empleo bien remunerado se habrá reducido, y la igualdad frente a la ley, paso indispensable para la equidad de oportunidades, habrá retrocedido cincuenta años.

    Ni se ha enfrentado la violencia, ni se ha reducido la corrupción, ni el Estado mexicano ha mejorado su provisión de bienes públicos, ni hay más democracia. Nadie, en doscientos años, había sido tan destructivo como López.
    (Edición de firma).

  29. #1199

    Default

    Posibilidades

    Macario Schettino.

    Por si ayer no quedó claro, lo planteo hoy de esta manera: estamos frente al choque de dos derechos. De un lado, el que tiene Andrés Manuel López Obrador de ejercer como presidente de México hasta el 30 de septiembre de 2024; del otro, el que tenemos los mexicanos de evitar la destrucción del país.

    Los seguidores de López Obrador dirán que se trata de un falso dilema, porque no se está destruyendo la nación. Sin embargo, las evidencias que ayer le ofrecí, sumadas a la desarticulación del sistema institucional y político que no he detallado, me parece que no permiten otra conclusión. La democracia moderna es un sistema político que busca traducir las preferencias de la población en políticas públicas concretas (a través del voto) evitando al mismo tiempo el derrumbe institucional. Ningún presidente en México, en toda nuestra historia, había intentado un proceso de destrucción como el que López Obrador encabeza. Ninguno. En doscientos años.

    Es decir, la legitimidad democrática está limitada por el marco institucional: el triunfo en las urnas no da derecho a burlar la ley, sea creando una mayoría ficticia en la Cámara de Diputados, gobernando contra la Constitución a golpe de decretos, construyendo grupos de choque a través de 'médicos' cubanos o ciudadanos dispuestos a denunciar la corrupción. Nadie en México votó por experimentar con Comités de la Defensa de la Revolución, ni por importar experimentos cubanos o venezolanos.

    Tenemos enfrente tres soluciones. La primera es que el mismo Presidente entre en razón. Que se dé cuenta de que no fue elegido para destruir, sino para transformar. Y esto implica construir conforme se avanza, no prometer ni anunciar: construir. Porque lo conocí personalmente, y por la historia pública, no parece que esto pueda ocurrir. Jamás ha reconocido errores.

    La segunda solución tiene que ver con el grupo que lo sostiene. Se trata de un frente político en el que se sumaron personas con muy diferentes trayectorias, ideologías y formas de actuar. Aquéllos que he llamado 'bolivarianos' parecen dominar en este momento el oído presidencial, mientras que los otros tres grandes grupos intentan contener o compensar los desmanes. Una alianza de estos grupos, que neutralice a los bolivarianos, puede salvar este gobierno. No sé cuál sea su posibilidad de éxito, considerando que la esposa del Presidente es miembro destacado del bolivarianismo.

    Finalmente, nos queda la elección de 2021, en la que puede evitarse que, entre votos y argucias, se mantenga la mayoría calificada que hoy tiene López Obrador en Cámara de Diputados. Eso exige que los partidos de oposición actúen, organicen, y ganen. Mi preocupación es que para esto falta un año entero, y otros tres meses más para que tomen posesión. No estoy seguro de que México tenga tanto tiempo.

    Pero no tenemos más herramientas disponibles. Nuestra Constitución no considera relevar al Presidente, salvo por decisión de él mismo. Su proclividad a violar la ley no puede juzgarse. La destrucción patrimonial que ha producido, y que puede medirse ya en billones de pesos (entre cancelación de NAIM, cervecería, recursos enviados a Pemex, etcétera) no es motivo de remoción. Tampoco lo es que haya provocado más de cien muertes por el desabasto de combustible, o decenas de miles por su pésimo manejo de la pandemia, o que la violencia continúe creciendo.

    López Obrador no es legalmente responsable de la destrucción del país, aunque sea evidentemente culpable. El juicio político, en el mejor de los casos, ocurrirá dentro de un año. Para entonces, México habrá perdido dos, tres, o hasta cinco décadas en términos financieros, de confianza, de empleo, de salud, de pobreza y desigualdad (detalles mañana). Por eso insistimos tanto en que era un peligro para México. Tuvimos razón, y lo lamentamos mucho.

    Consulta más columnas en nuestra versión impresa, la cual puedes desplegar dando clic aquí
    (Edición de firma).

  30. #1200

    Default

    Abrumador

    Macario Schettino


    El 1 de julio de 2018, López Obrador ganó de manera abrumadora. Fue un triunfo legítimo y democrático. En agosto, manipularon las cifras para obtener una mayoría en la Cámara de Diputados que los votos no le habían otorgado. El 30 de octubre, canceló la construcción del AICM, convirtiendo la mayor obra de infraestructura de América Latina en ese momento, financiada de forma privada, en deuda pública.

    En noviembre, las personas que él designó para hacerse cargo de Energía instruyeron a Pemex a dejar de importar crudo ligero y gasolina. En diciembre, inhabilitaron Salamanca por usar crudo pesado, y para mediados de mes era claro que no habría combustible suficiente. Inventaron entonces una ficticia lucha contra el crimen (el huachicol), que nunca ocurrió. En enero el desabasto de gasolina ya era un problema nacional, aunque lograron concentrarlo en los estados de oposición. A mediados de enero, el desorden en el sistema de distribución de gasolina provocó una explosión en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó más de 135 muertos.

    Muy pronto, la oficial mayor de Hacienda intervino en las compras de medicinas y material médico, con la excusa de combatir la corrupción. Al centralizarlo, el proceso se hizo tan ineficiente que unos meses después empezó el desabasto. En mayo, el director del IMSS renunció a su cargo precisamente por eso. En el caso de medicinas contra el cáncer, especialmente para niños, todavía hoy la Secretaría de Salud sigue sin resolver el problema. Para terminar 2019, se canceló el Seguro Popular, y se creó un esperpento llamado Insabi, sin reglas, protocolos, presupuesto, nada.

    A mediados de año, inició la ofensiva contra la reforma energética. Por un lado, se movieron recursos a Pemex; por otro, se decidió construir la refinería de Dos Bocas en contra de la opinión de tirios y troyanos. En julio renunció el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa. Para fines de año, tomaron la mitad de los recursos del fondo para recesiones, todo lo que había en Seguro Popular, y al arrancar 2020, casi todos los fideicomisos. Se decretó la reducción del gasto operativo del gobierno en 75 por ciento, cerrando, en los hechos, la administración pública.

    En 2019, la economía mexicana se contrajo -0.3 por ciento, aunque en 2018, hasta la decisión del aeropuerto, crecía 2.5 por ciento. Para inicios de este año, se profundizó la caída. Al 13 de marzo, según datos de la secretaria de Trabajo, habían logrado crear apenas 226 mil empleos en casi 16 meses, una tasa anual de 1.4 por ciento, la más baja en 25 años, con la excepción de las recesiones importadas.

    Cuando llegó la crisis sanitaria y económica global más importante en un siglo, México ya acarreaba todo lo que le he comentado, y más. Este golpe externo nos toma en una situación de vulnerabilidad terrible, creada por decisión de López Obrador. Innecesaria y absurda pero, sobre todo, criminal.

    En lo referente a la pandemia, el manejo ha sido deplorable. Se encargó al subsecretario López-Gatell, que rechazó realizar pruebas en cantidad importante, o promover medidas suplementarias, como el uso de cubrebocas. Zalamero con su jefe, soberbio con sus críticos, ha mentido hasta que se ha cansado. Somos ahora uno de los países con menos pruebas pero con más contagios y muertes. Para fin de mes, las muertes en exceso rondarán 120 mil: equivalente a los homicidios en todo el sexenio de Calderón.

    López Obrador no quiso aplicar un plan de contención económica. Ahora tenemos 18 millones de mexicanos que han perdido su ingreso total o parcialmente. Uno de cada tres trabajadores.
    El triunfo de López Obrador, le decía, no está a discusión, fue abrumador, legítimo y democrático. Su fracaso como Presidente es también abrumador. Eligieron a un criminal, que está destruyendo al país entero. Algo debe poder hacerse para evitar que el crimen se consume. Platicamos mañana.
    (Edición de firma).

Bookmarks

Posting Permissions

  • You may not post new threads
  • You may not post replies
  • You may not post attachments
  • You may not edit your posts
  •