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Thread: COLUMNAS DE "EL FINANCIERO"

  1. #961

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    Las instituciones de la transición

    Roberto Gil Zuarth

    La transición mexicana tejió exitosamente la narrativa de la institucionalización del país. Ahí radica su influjo mayor como proceso de cambio político. Desde una aptitud gradualista, la transición emprendió un largo –y tortuoso– ciclo de reformas para garantizar el pluralismo y las libertades políticas, para abrir la economía, procurar un mínimo vital a través de derechos y políticas sociales, fortalecer la capacidad de pacificación del Estado. Fue un pacto implícito, dinámico, intergeneracional por la modernización del país, comparable únicamente con el proceso de formación del Estado mexicano como voluntad soberana actuante y permanente. Un libreto compartido para sustituir las prácticas e instituciones del régimen autoritario y de economía cerrada, por un modelo de convivencia basado en las libertades, en el diálogo político y social, en la moderación institucional y en la razón del derecho.

    El diseño de la transición le dio estabilidad económica, política y social al país. Basta con voltear a ver al vecindario latinoamericano para apreciar las virtudes de nuestro modelo transicional. Más de 25 años de democracia electoral, poco más de 20 años de gobiernos divididos, centenares de alternancias federales y locales, sin sobresaltos violentos o rupturas a la continuidad institucional. Es cierto, sin embargo, que nuestra democracia capitalista –como muchas otras consolidadas o en desarrollo– no se ha hecho cargo de corregir las nuevas realidades que surgen del cambio social ni las externalidades que el propio modelo genera. El pluralismo competitivo a través del cual se articula el acceso al poder ha gestado la metástasis de la corrupción: la competencia por los votos induce el financiamiento extralegal y, de ahí, el círculo vicioso de la transacción de favores. El terreno que el Estado le ha cedido al mercado bajo el imperativo de la eficiencia, ha agudizado la desigualdad, la exclusión y la depredación irracional del medio ambiente. La contracción del estado de bienestar ha roto la cohesión social de nuestras sociedades. La arrogancia tecnocrática ha disuelto el sentido de lo público.

    Pero, a pesar de sus dolencias, la democracia capitalista (liberal en su acepción más común) es el único modelo de organización política y económica que procura intencionalmente la armonía entre la maximización de las libertades y el desarrollo sostenible y sustentable. Las distintas versiones de las democracias iliberales o de capitalismo autoritario producen la apariencia de bienestar, pero a costa de los derechos y las libertades públicas. Las alternativas nacionalistas o proteccionistas son la ruta probada de regreso a economías empobrecidas y dependientes. Ninguno de los experimentos populistas ha cumplido la promesa de restaurar la grandeza extraviada en la travesía de la globalización. El único legado consistente de estas aventuras ha sido la creciente polarización social y el envilecimiento de la convivencia colectiva.

    El presidente López Obrador ganó y gobernará con esa persuasiva estrategia de simplificar los malestares sociales en una lucha constante entre el bien (el pueblo) y distintas expresiones del mal (castas, élites, fifís, conservadores, golpistas). Esa estrategia le permitirá, por un lado, cultivar electoralmente el tercio leal que puede convertirse en mayoría relativa. Pero, por otro lado, le exime de dar forma a eso que denomina como la “cuarta transformación”. En las vaguedades de esa gelatinosa épica contra el “neoliberalismo”, parece esconderse en realidad el propósito de desmantelar el régimen de la transición democrática, es decir, el modelo institucional del pluralismo, del poder compartido y dividido, de las autonomías que modulan el riesgo de la concentración del poder, de la descentralización que corrige las tentaciones excluyentes y mayoritarias del presidencialismo.

    El acoso a los reguladores, la intención de captura sobre el Poder Judicial y el resto de las autonomías, el desdén a las restricciones constitucionales, el portazo al federalismo y al diálogo con las oposiciones, el uso faccioso de las instituciones de procuración de justicia, el burdo fraude en la elección del titular de la CNDH y, ahora, el amago de tomar por asalto al INE, no sólo responden al propósito de restaurar el presidencialismo mayoritario, sino esencialmente a la intención de dinamitar los antídotos pluralistas que se diseñaron en la transición. Esas piezas de ingeniería que moderaban al poder porque lo sometían a un contrapeso, a una obligada concurrencia, a una racionalidad mayor que la mera voluntad.

    La transición decidió que el Estado somos todos y el poder se comparte. La cuarta transformación ya ha mostrado el cobre: el Estado es él y el poder es sólo suyo.
    (Edición de firma).

  2. #962

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    El lenguaje golpista

    Roberto Gil Zuarth

    En la postrimería de la Segunda Guerra Mundial, George Orwell alertaba del riesgo de que el lenguaje corrompiera al pensamiento. La vaguedad, los eufemismos, las frases prefabricadas, las “metáforas moribundas”, decía, “anestesian una parte del cerebro”, desactivan los reflejos intelectuales de la comunidad lingüística, fomentan la pereza mental de cada uno para discernir. Y es que la lengua no es un mero instrumento para expresar una idea, un concepto o una experiencia. No es sólo un vehículo para comunicarnos, para reconocernos o acercarnos. Es un arma que sirve para “dar forma a nuestras intenciones”, para provocar en los otros una reacción, para inducir un comportamiento. Por eso, en aquel ensayo sobre la política y la lengua inglesa, publicado por primera vez a finales de 1945, Orwell advertía que entre la disputa por el poder y el envilecimiento del lenguaje había una relación obvia. La política es en sí misma, decía, un amasijo de mentiras, evasivas, delirios. Su materia prima son las patrañas y el embauque. “El lenguaje político –concluye el ensayista inglés– está diseñado para que las mentiras suenen a verdad y los asesinatos parezcan algo respetable; para dar aspecto de solidez a lo que es puro humo”.

    Desde la primera alternancia en el año 2000, no se había especulado en el país sobre la posibilidad de un golpe de Estado. Entre las incertidumbres del cambio político, flotaba la duda sobre la disposición del entonces partido hegemónico para aceptar los resultados electorales y entregar pacíficamente el poder. Es difícil saber si tal riesgo existió en realidad. Lo cierto es que desde entonces el fantasma de una ruptura del orden constitucional había desaparecido de nuestro imaginario. Hasta que resurgió en voz del propio Presidente de la República.

    No me parece trivial, meramente anecdotario, que el Presidente de la República evoque la amenaza golpista. Si bien sabemos que el político tabasqueño no se distingue por sus autocontenciones, es preocupante que el concepto y su giro dramático provengan de la autoridad presidencial. Sobre todo en el contexto en el que desliza la advertencia: la semana más dura de su administración tras el fiasco de Culiacán, la intensa crítica que los hechos y sus explicaciones han suscitado, las conjeturas sobre la inoperancia del gabinete de seguridad y, por supuesto, las tensiones que la estrategia de seguridad empieza a provocar, especialmente por el trato errático hacia las Fuerzas Armadas.

    Una nación democrática no puede tomar como un exabrupto sin importancia que el Presidente ponga en su boca el riesgo de un vuelco a la continuidad constitucional del país. Mucho menos, dado el tono usado en sus expresiones: “la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de la mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado”. ¿Por qué alerta de ese riesgo? ¿Qué amenaza ve el comandante supremo de las Fuerzas Armadas que lo mueve a deslizar la advertencia? ¿Qué información ha recibido –y de parte de quién– para justificar la necesidad de fijar una posición pública con tal grado de alarma? ¿Qué sabe el Presidente que no sabemos el resto de los mexicanos?

    Y aquí caben sólo tres posibilidades.

    La primera posibilidad es que los dichos del Presidente no son más que humo para distraer la atención del fracaso de Culiacán y para recapturar la empatía de la opinión pública frente a un evento que tiene muy pocos márgenes de justificación. Una cortina conspiracionista para victimizarse y sacudirse a los críticos. La forzada comparación con el martirio maderista para sembrar la épica de un incomprendido que lucha contra las fuerzas obscuras del mal. La perversa banalización de un riesgo extremo con el propósito de salir al paso de una coyuntura políticamente compleja.

    La segunda posibilidad es que, en efecto, el Presidente tenga indicios de que algo así está por ocurrir. Si ese es el caso, la revelación pública a través de sus cuentas de Facebook y Twitter es una enorme irresponsabilidad. Antes de frivolizar con florituras históricas e histriónicas, debió seguir los cauces que prevén la Constitución y las leyes frente a alguna amenaza a la seguridad nacional y, consecuentemente, activar los protocolos para su atención inmediata. Y es que la preservación del Estado, del orden constitucional, de la democracia y de las instituciones exigiría, en todo caso, la mayor de las seriedades.

    La tercera posibilidad –la más grave, a mi juicio– es que el desplante presidencial sea el inicio del uso políticamente intencionado del golpismo. La simplificación de un riesgo para mantener movilizados a sus leales. La nueva categoría para definir el lugar que se ocupa en la dialéctica amigo-enemigo. La intención de vaciar de contenido a una palabra con el propósito deshonesto de usarla como rasero para cuestionar la legitimidad moral y política de los adversarios. El golpismo como discurso político que convierte a la crítica democrática en amenaza a la seguridad nacional y a los críticos en enemigos del Estado. La narrativa que acosa con la sombra de la sospecha. La intencional “vaguedad neblinosa” de un concepto político altamente peligroso, para justificar la razón de Estado contra los insumisos.

    Orwell alegaba que el uso del lenguaje podía conducir a la decadencia o a la regeneración política. Más que tratar con rigor a las palabras, apelaba a una suerte de militancia activa en contra de la manipulación del lenguaje. “La invasión que sufre la mente por parte de las expresiones (…) sólo se puede impedir si uno se mantiene constantemente en guardia frente a ellas”. Tomar posición frente a los dichos del poder. Tomarse en serio, en cualquiera de sus posibilidades, el lenguaje golpista del Presidente.
    Last edited by Sirius2b; 11-11-19 at 05:00 PM.
    (Edición de firma).

  3. #963

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    Culiacán y el síntoma

    Roberto Gil Zuarth

    Culiacán es un síntoma de la crónica debilidad institucional del país, pero también de la estrategia de seguridad que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha decidido implementar.

    Para el presidente López Obrador, la actual crisis de violencia se desató desde que se le dio un “golpe al avispero”. Bajo esta tesis, la decisión del presidente Calderón, de disponer de la fuerza del Estado para recuperar el control territorial del país, es la causa eficiente del problema de la seguridad. De alguna manera, esta premisa sugiere que es posible gestionar la violencia reduciendo la probabilidad de enfrentamientos entre las organizaciones criminales y el Estado. Y el primer paso, parece ser, es que el Estado dé un paso atrás en su responsabilidad de imponerse frente a los que desafían la ley. Si éste es el punto de partida de la estrategia, entonces no nos debe sorprender lo que ocurrió en Culiacán y, mucho menos, lo que está por venir.

    El primer problema de la estrategia del nuevo gobierno es, precisamente, esta posición ambivalente entre enfrentar para reducir al crimen organizado o tratar de dirigir su comportamiento a través de la retracción del Estado. Sólo desde esta ambivalencia se explica, por ejemplo, desplegar a 70 mil efectivos de la Guardia Nacional con la instrucción expresa de no confrontar ni resistir agresiones, o los guiños recurrentes desde la mañanera en el sentido de que “mejor abrazo, antes que balazos”. Y es que Culiacán no fue el primer episodio en que las fuerzas federales desistieron de aplicar la ley.

    El segundo problema es que las prioridades no están claras. Se había dicho que la prevención sería el eje de la nueva política de seguridad, pero no se ven nuevos programas, instituciones o, incluso, más presupuesto o mejor focalizado para ese propósito. Más allá de las carretadas de dinero comprometido en programas sociales de carácter asistencial, no se alcanza a ver una política nacional de prevención audaz, asertiva, novedosa, que atienda los factores criminógenos de la actual crisis de violencia.

    Una muestra de este extravío en cuanto a las prioridades es el despliegue de la Guardia Nacional. Para sortear la amenaza de Trump, el gobierno federal se comprometió a disponer de esta nueva institución para contener los flujos migratorios, en ambas fronteras. Esto implica, por supuesto, menos elementos de la Guardia en tareas de control territorial o en operaciones de disuasión del crimen organizado.

    Pero ahí no acaba el problema. Es difícil descifrar la racionalidad del despliegue de la Guardia Nacional en sus primeros meses de funcionamiento. Los estados y regiones más violentas no son las que tienen mayor presencia de efectivos. En las semanas previas a los eventos de Culiacán, Sinaloa tenía menos de mil elementos dispuestos, mientras la Ciudad de México tenía poco más de tres mil. ¿En qué momento Sinaloa dejó de ser una región que amerita la presencia regular y sostenida del Estado?

    En tercer lugar, el gobierno federal parece creer que las bandas se van a desmovilizar voluntariamente. De ahí que, por ejemplo, cancelara sin mayor explicación la estrategia de capturar a los líderes de las organizaciones criminales más grandes o más violentas. Esta estrategia fue diseñada con el propósito de debilitar las capacidades operacionales y de romper las cadenas de mando, complicidad y de negocios de estas bandas. Desde ciertas simplificaciones, se ha afirmado que esta medida produjo la pulverización del crimen organizado, es decir, un mayor número de competidores disputándose los mercados ilícitos. Probablemente, la nueva administración ha decidido no presionar a los liderazgos delincuenciales con la ingenua expectativa de que a base de sermones mañaneros, dejarán la violencia y se dedicarán pacíficamente a lo suyo. De nueva cuenta, esto sugiere que en su escaleta de decisiones sí están las opciones de dejar ciertos márgenes de actuación a las organizaciones criminales o, mejor dicho, que no combatir frontalmente a los delincuentes es una opción legal y éticamente válida. Para no disturbar al avispero, también se le puede sacar la vuelta a la colmena.

    En cuarto lugar, está dislocada la lógica de proporcionalidad sobre cómo y dónde poner la fuerza coactiva del Estado. A estas alturas, no se conoce una sola investigación o imputación penal en contra de las estructuras financieras del crimen organizado. Todos los días nos amanecemos con casos sobre corrupción política o empresarial, pero ninguno que conecte con la forma en la que estas organizaciones se financian o bien disponen de sus grandísimas utilidades. Al mismo tiempo, la mayoría legislativa del Presidente ha endurecido leyes y castigos en contra de los contribuyentes, que incluye la posibilidad de utilizar los excepcionales instrumentos de seguridad nacional y el tratamiento procesal de la delincuencia organizada. En pocas palabras: castigos más duros y métodos de excepción en contra de los contribuyentes, pero treguas suaves en contra de los criminales.

    Y, por último, resulta preocupante el acelerado desmantelamiento institucional y la concentración de poder en la Federación, en detrimento de un federalismo cooperativo que aumente la capacidad de respuesta del Estado, sobre todo en una materia tan sensible como la seguridad.

    En la última década, se ha asentado el consenso de que la seguridad es el resultado de mayor presencia del Estado, menos corrupción y mayor eficacia en contra de la impunidad. El problema es que los esfuerzos no han sido suficientemente consistentes. Cada administración tiene la tentación de romper con el pasado y empezar de nuevo. Sobre todo la actual, que en el pasado sólo ve la coartada para justificar el fracaso propio. Como en Culiacán.
    (Edición de firma).

  4. #964

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    No jueguen con fuego

    Macario Schettino.

    Quería platicar con usted acerca de la conmemoración, este fin de semana pasado, del treinta aniversario de la caída del Muro de Berlín, y con esa excusa explorar el tema de las utopías. Pero este mismo fin de semana hemos tenido dos eventos muy importantes en materia democrática que creo que merecen atención. Mañana hablamos del Muro y las utopías.

    En Bolivia, Evo Morales no tuvo más remedio que aceptar que se estaba robando la elección. Lo documentó el equipo de la OEA que participó en la observación. Después de inventar que había un golpe de Estado en su contra, no le quedó sino reconocer su fracaso. El intento de perpetuarse en el poder no le ha resultado. Tal vez no había depauperado lo suficiente a su país, como sí lo lograron Castro en Cuba y Chávez en Venezuela. Evo no podía participar en la elección, porque la Constitución de ese país ya no permitía una reelección más. Lo hizo, pero no pudo ganar en primera vuelta, y sabía que en la segunda habría una coalición en su contra que le impediría el triunfo. Por eso 'tiró' el sistema, inventó resultados y quiso imponerse. La oposición, después la población, y finalmente las fuerzas armadas, se lo impidieron.

    Lo que ocurre en Bolivia tiene hoy más importancia de lo normal en México, porque acá vivimos un proceso de destrucción institucional que tiene como objetivo permitir a quienes están en el poder no dejarlo jamás. Si usted no lo ve, no verá nada nunca. Desde 1990, las reformas político-electorales en este país se hicieron buscando el consenso, y no por mayoría. El único caso en el que no hubo acuerdo total, rumbo a la elección de 2006, se debió a la necedad del PRD, como seguramente recuerdan Pablo Gómez y Jesús Cantú. Debido a que la conformación del Consejo General del IFE no fue del total agrado del PRD, cuando el resultado de la elección no les favoreció, arguyeron fraude. Nunca lo probaron, pero siempre lo han afirmado. La verdad no es lo suyo.

    En cualquier caso tomaron venganza en la reforma de 2007-2008, defenestraron al consejero presidente de entonces, modificaron las reglas a su favor, y aun así perdieron en 2012. La última reforma, en 2013, también se hizo por acuerdo de todas las fuerzas políticas.

    Ahora, Morena y asociados quieren modificar las reglas electorales por su pura mayoría. Artificial, como sabemos, puesto que sólo contaron con 44 por ciento de los votos para el Congreso, pero lograron hacerse de 62 por ciento de las curules, que han ampliado comprando a mercenarios políticos como el Partido Verde y parte del PRD. Así, sin tener mayoría simple en las preferencias ciudadanas, quieren ejercer mayoría calificada en el Congreso, y con ello modificar las reglas electorales para mantenerse en el poder.

    Saben que, como van las cosas, su participación en 2021 será un fracaso y no quieren arriesgarse. Por eso quieren reducir los recursos para los partidos, monetarios y de tiempo en medios. Por eso quieren cambiar consejeros. Por eso quieren reducir el periodo del consejero presidente a tres años. Por eso promovieron la revocación de mandato. Por eso todo.

    Cambiar las reglas de acceso al poder, desapareciendo de facto la democracia liberal, es un atentado a la paz pública. Reitero, ningún partido hizo nada parecido en los 21 años de democracia de este país. Sólo el grupo que hoy está en el poder ha atentado permanentemente contra la voluntad de las mayorías. Como he insistido muchas veces: no son demócratas y no lo serán nunca.

    Más allá de lo que pase en el Congreso, la sociedad tiene que rechazar el cambio de reglas electorales. O se hace por consenso, o se quedan como están. La estabilidad, integridad y permanencia del Estado es lo que está en juego. Seguridad Nacional se llama.
    (Edición de firma).

  5. #965

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    Utopías comunitarias

    Macario Schettino

    Este fin de semana se cumplieron 30 años de la caída del Muro de Berlín. Esta columna lo celebró hace un mes, porque este columnista ya no sabe ni en qué mes vive. El 8 de octubre comentamos aquí acerca de cómo era el mundo y México en ese 1989, de forma que ahora quisiera ver este evento desde otra óptica.

    Diversos analistas han comentado que la derrota del socialismo real en 1989, ejemplificada por la caída del Muro, se habría revertido por completo, porque ahora estaríamos en un proceso inverso, en el que el liberalismo triunfante de hace treinta años hoy estaría en el lado derrotado.

    Como suele ocurrir con la realidad, esto es cierto y falso a la vez. O, más claramente, es en parte verdadero, pero en parte no. En este momento no parece que alguien esté intentando reconstruir el socialismo-comunismo del siglo XX. Algunos pueden utilizar fragmentos del viejo discurso, pero no hay fuerza política que hoy en día esté intentando construir la dictadura del proletariado, o algo parecido. En ese sentido, no vivimos en una reversión de lo ocurrido hace treinta años.

    Sin embargo, sí existen muchas fuerzas políticas promoviendo la construcción de una comunidad, ya no alrededor de la clase obrera, pero comunidad a fin de cuentas. En esto, sí nos movemos en sentido inverso a 1989.

    El ofrecimiento de construir una comunidad es algo que siempre tiene seguidores. Los seres humanos somos, a fin de cuentas, animales sociales. Sin embargo, no podemos vivir en comunidades grandes, porque no estamos equipados naturalmente para ello. El tamaño máximo de un grupo humano en condiciones naturales no supera los 150 individuos, según la hipótesis de Robin Dunbar, aunque toda la evidencia con la que contamos indica que rara vez un grupo humano ha superado 60 individuos adultos, en “estado de naturaleza”.

    Para vivir en grupos mayores, como lo hemos hecho los últimos 15 mil años, hemos necesitado de construcciones culturales que resuelvan los conflictos naturales al interior del grupo. Conforme esas construcciones han evolucionado, hemos podido vivir en grupos mayores, que hoy superan millones de individuos en lugares muy concentrados (ciudades), que son razonablemente pacíficos.

    Pero la idea de comunidad, ese espacio en el que cada quien aporta lo que puede y toma lo que necesita, es algo muy atractivo, de forma que lo intentamos cada cierto tiempo. Tratamos de crear comunidades alrededor de creencias religiosas, de clases sociales, de ideas como la Nación o la raza, y siempre acabamos mal. Por eso esos intentos comunitarios se llaman utopías, porque no tienen lugar posible, no pueden ocurrir. No sólo son imposibles, son indeseables, si uno se detiene a pensar un momento.

    Pero pensar y buscar comunidad son cosas incompatibles. La esencia de la comunidad es la emoción, y por eso estas ideas suelen ser tan populares entre adolescentes y jóvenes. Es ese carácter emocional lo que atrae, y una vez envuelto en la utopía, pensar se hace muy difícil.

    Pero las comunidades son imposibles, le decía, en grupos grandes. Por eso todos los intentos comunitarios no tardan en convertirse en sociedades autoritarias. Así ha pasado con religiones, nacionalismos, comunismos y populismos. Y así pasará por siempre, porque las limitaciones de los humanos no van a resolverse por pura voluntad.

    De forma que no, lo que estamos viendo hoy no es una repetición del socialismo real o comunismo. Pero sí, sí es un intento comunitarista que tendrá como resultado autoritarismo y pobreza. Como todos los anteriores y como todos los que sigan.

    Por lo relevante del tema, y porque ya la coyuntura nacional no parece tener remedio, platicaremos más sobre esto en los próximos días.
    (Edición de firma).

  6. #966

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    El grado de inversión, en juego

    Enrique Quintana

    No me gustaría estar en los zapatos de Arturo Herrera. El secretario de Hacienda es un hombre talentoso, honesto y dedicado, pero, pese a sus cualidades, no le será fácil evitar que en 2020 nuestro país pierda el grado de inversión.

    La encuesta mensual que realiza entre administradores de fondos Bank of America Merrill Lynch (BoAML), correspondiente al mes de noviembre, fue elocuente: el 77 por ciento de los 26 entrevistados (20 de ellos) señaló que las agencias calificadoras quitarían a nuestro país el grado de inversión en 2020.

    Pero entonces, si eso es lo que creen, ¿por qué no abandonan los activos en pesos ante esa amenaza?

    Porque no hay una fecha previsible para que esto suceda y nadie quiere ser el tonto que dejó de ganar rendimientos de más de 7 por ciento en bonos por haber ‘corrido’ de México antes de tiempo.

    Sin embargo, resultados como el de este sondeo de BoAML o reportes como el que la semana pasada presentó la casa de inversión Morgan Stanley, en donde recomendaba no amarrarse a largo plazo en activos mexicanos, representan ya indicios claros de que se están observando riesgos crecientes.

    El más inmediato tiene que ver con Pemex. Para que la empresa petrolera logre eludir en los siguientes seis meses una degradación de su deuda por parte de Moody’s tiene que darle la vuelta a sus resultados a través de la recuperación de la producción de crudo.

    Hasta ahora, lo que sí se ha logrado es frenar la caída invirtiendo más, pero no está claro si la velocidad de recuperación de la producción petrolera será suficiente para impedir que se baje la nota a la deuda de Pemex.

    El resultado generaría presiones alcistas sobre las tasas de interés en México y sobre el tipo de cambio, lo que a su vez repercutiría en las finanzas públicas.

    Pero, quizás incluso más que Pemex, el reto mayor será demostrar en el curso de 2020 que las metas fiscales son alcanzables.

    Los pocos resultados del mes de octubre que ya son conocidos nos hacen pensar que en el último trimestre quizás tengamos datos negativos en materia productiva y por tanto quizá cerraremos el año con números rojos en el PIB.

    Si esta condición se prolongara a los primeros meses del siguiente año, lo más probable es que la recaudación empezaría a quedarse sistemáticamente por debajo de lo previsto, lo que sería un indicio de las dificultades para conseguir que se sostenga el superávit primario.

    En ese escenario, tendrían que empezar los recortes al gasto público, los que causarían de nueva cuenta un sesgo recesivo.

    Como aquí le hemos comentado, la buena noticia es que esta trayectoria se puede eludir. La mala es que hasta ahora el gobierno no ha tomado las decisiones que lleven a ello.

    Veremos si finalmente el conjunto de proyectos de infraestructura que se presenta en dos semanas tiene el peso como para influir positivamente en la confianza.

    Y, como aquí le hemos referido hasta aburrirlo, veremos si regresa la cordura y se anuncia que Pemex volverá a lanzar nuevamente las alianzas estratégicas con otras empresas (farmouts), así como la Secretaría de Energía la realización de licitaciones de bloques en aguas profundas del Golfo de México, en donde, ya se dijo, no invertirá Pemex. Ello cambiaría el ambiente positivamente.

    Si contamos con algo de suerte, y además de lo anterior se ratifica el T-MEC antes de fin de año, entonces quizás podríamos sortear la tormenta y evitar la pérdida del grado de inversión.

    Solo así.
    (Edición de firma).

  7. #967

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    Morena, ese monumento al cinismo

    Pablo Hiriart.


    Morena se robó la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para imponer, por la vía del fraude, a una ombudsperson de su partido, gobiernista hasta la médula, que en redes sociales llamó a que “NO DESAPROBECHEMOS (sic) ESTA OPORTUNIDAD DE HACER HISTORIA” con López Obrador.

    Los que en la elección de 2006 paralizaron parte del país para recontar “voto por voto, casilla por casilla” de la elección en que perdieron (y se les concedió en un buen número de secciones), ahora que ganaron con trampas no quisieron limpiar la elección en una sola urna que se instaló en el Senado.

    Piedra Ibarra no alcanzó en el Senado la mayoría calificada que exige la ley para presidir la CNDH, pues tuvo 76 votos de un total de 114 senadores presentes.

    Su elección fue inconstitucional. Punto.

    También su candidatura fue ilegal. Había rendido protesta como consejera estatal de Morena en Nuevo León, y un requisito para presidir la CNDH es no tener cargo partidario.

    Violaron la ley y se robaron la elección, con tal de satisfacer el deseo del Presidente.

    Y además, espiaron, lo que también es ilegal y un abuso de poder.

    Ricardo Monreal dio a conocer en una conferencia de prensa el chat de una conversación entre los panistas Marko Cortés (presidente del partido), Mauricio Kuri (líder de la bancada) y la vicepresidenta del Senado, Guadalupe Saldaña.

    Ahí está la síntesis del cinismo de un partido que llevó a presidir la CNDH a una persona inelegible. Que hace fraude en la elección. Que espía a los senadores opositores a esa candidatura. Y que lo presume en conferencia de prensa.

    Frente al malestar generado por su turbiedad, prometieron repetir la votación el martes. Pero como se dieron cuenta que volverían a perder, realizaron una bochornosa maroma y evitaron la elección.

    Con ese fraude mataron la gran institución creada en 1990 para defender al ciudadano de los abusos del poder.

    Los periodistas, a quienes el Presidente compara con perros sin bozal, ¿podrán quejarse ante la nueva titular de la CNDH por el acoso gubernamental que los expone a agresiones físicas?

    Esto piensa, y escribe, Rosario Piedra Ibarra de la prensa que critica medidas de López Obrador: “MEDIOS CHAYOTEROS, YA DEJEN DE MANIPULAR LA INFORMACIÓN!!!”.

    Durante el año en que más han matado periodistas en la historia, la nueva ombudsman hace como que no sabe: “¿Han matado periodistas?”.

    Impuesta por el gobierno mediante el fraude, ella es la que nos va a proteger, a periodistas y ciudadanos en general, de las agresiones… del gobierno.

    El presidente López Obrador reaccionó ante los reclamos de su imposición con un poco pensado “es que el PAN quiere una CNDH de florero”.

    ¿Cómo? ¿Ya se dio cuenta de lo que dijo? Dijo que el principal partido de oposición quiere a una CNDH que sea florero del Presidente, o sea de él.

    Ese monumento al cinismo llamado Morena, que elevó a rango de delito grave el fraude electoral para que se castigue con cárcel antes de que haya una sentencia definitiva, tuvo que anular su proceso de elección de su dirigencia, por fraude.

    Alrededor de cien de casi 300 asambleas distritales para elegir delegados al Congreso de donde saldría la nueva dirigencia reventaron por fraude y violencia: balazos, artefactos explosivos, riñas colectivas, sillazos, prohibición de acceso a candidatos, padrón inflado, inducción al voto.

    El Tribunal Federal Electoral, de plano, les anuló el proceso que debió culminar los días 23 y 24 de noviembre.

    Cuando se le enseñó a la líder del partido y candidata a presidirlo, Yeidckol Polevnsky, una foto donde los asistentes a la asamblea de Naucalpan reciben un acordeón con su nombre para que no se equivoquen a la hora de votar, ella respondió: “hay que ayudar porque algunos no saben leer”.

    Y si no saben leer en la boleta, ¿cómo van a leer el papelito en que va escrito su nombre?

    Al grano: ¿por qué los balazos? ¿Por qué las bombas molotov? ¿Por qué la falsificación del padrón? ¿Por qué las riñas multitudinarias?

    Cuéntenle a otro que se pelean por “servir al pueblo”.

    Esa lucha es entre mafias por un botín, y el botín está en el poder.

    Además de cinismo, hay bandidaje en el partido que nació hace menos de cinco años.

    Es el partido que está destruyendo las instituciones que son contrapeso del poder presidencial, como la CNDH.

    Se trata, nada menos, que del partido gobernante.

    Contra ese partido, sus mañas, sus mafias y su desprecio por la legalidad, tendrá que contender la oposición dentro de año y medio.
    (Edición de firma).

  8. #968

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    El ridículo 'show' de Evo y Marcelo

    Pablo Hiriart.

    El gobierno montó un show en torno a la renuncia de Evo Morales y lo trajo asilado a México sin que el boliviano lo pidiera, porque a AMLO le urge cambiar de tema por el desastre que acumula su administración y por su afinidad ideológica con el expresidente.

    Ha sido un gran ridículo que sólo el gobierno de México, en voz del presidente López Obrador, haya hablado de golpe militar en Bolivia. Ni Evo lo ha dicho.

    Evo Morales no es Salvador Allende (“una guardia muere, pero no rinde, ¡mierda!”).

    Lo inflan porque el gobierno mexicano necesita construir una gran figura en la cual reflejarse como víctima, y distraer la atención de su incompetencia para gobernar.

    La economía está en punto muerto, la criminalidad se ha desbordado, por el norte entran caravanas de camionetas del FBI a resolver una matanza, en el sur se despliega tropa, fuerza y crueldad para hacinar en cochineros a otros seres humanos que, ellos sí, piden refugio.

    Ni en Bolivia ni en el aeropuerto de la CDMX Evo Morales mencionó a las Fuerzas Armadas de su país como parte del movimiento que provocó su renuncia. Dijo que fue “un golpe cívico al que se sumó la Policía”.

    Y se le recibe como héroe de una resistencia o víctima de una asonada castrense en Bolivia.

    ¿De cuándo acá el presidente de un país renuncia por el enojo de unos policías?

    Evo es un personaje chiquito que salió huyendo de su país porque se robó las elecciones y la gente enfureció y tomó las calles.

    Nuestro presidente, López Obrador, esgrimió una mentira al decir que el Ejército le exigió la renuncia a Evo Morales. Falso. Le sugirió renunciar, lo cual es una presión, pero no un golpe de Estado.

    A una sugerencia siempre hay la alternativa de decir que no.

    Cualquier presidente con un poco de dignidad responde a esa sugerencia con una negativa y órdenes expresas de que el Ejército se limite a cumplir su papel constitucional.

    Los militares no se alzaron contra Evo ni contra nadie.

    Tampoco lo apresaron.

    No hubo un solo militar fuera de sus cuarteles y actividades rutinarias.

    No tomaron el poder.

    No mataron a nadie.

    El Congreso resolvió conforme a la Constitución la renuncia del Presidente.

    ¿Qué clase de “golpe” es ese?

    Morales perdió el control de la situación porque violó la Constitución al buscar un nuevo (cuarto) periodo presidencial consecutivo.

    Lanzó un referéndum para que “el pueblo decida” si podía ser candidato otra vez y la respuesta fue que no. Lo perdió.

    Acudió a la Corte, controlada por él, para que anulara el resultado del referéndum y con una interpretación constitucional se tomara como un derecho humano su posibilidad de ser electo otra vez.

    Fue a elecciones y los números apuntaban comicios cerrados que obligaban a una segunda vuelta, y se apagó el conteo electrónico (lo que en México sería el PREP) durante 24 horas. Cuando se restableció, había ganado Evo con mayoría absoluta.

    La población, cansada, salió a las calles a protestar. Evo ordenó a la Policía que reprimiera y ésta se negó.

    Morales puso a su país al borde de la guerra civil. Vio las cosas complicadas y optó por huir, no enfrentar la situación y ordenarla, como haría un presidente legítimo y con sentido del decoro.

    Y aquí el gobierno recibe como héroe a un delincuente electoral, más los delitos que irán aflorando.

    Por obra y gracia de este show ordenado por el presidente López Obrador y operado por Ebrard, en el que Evo nunca pidió estar (en el discurso en el aeropuerto no se acordaba cómo se llama nuestro canciller ni nuestro presidente), hemos dejado de hablar unos días del desastre de esta administración.

    No es tema –por ahora– la caída del sector industrial, de la economía sin crecimiento, las matanzas en distintas entidades, los recortes presupuestales al campo y a la educación. No se habla de los subejercicios en salud ni del Estado fallido que comienzan a ver en Estados Unidos.

    Está ocurriendo exactamente lo contrario de lo que prometieron. Y eso hay que taparlo.

    Les sirve distraer con Evo, pero no por mucho tiempo.
    (Edición de firma).

  9. #969

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    Utopía antielitista

    Macario Schettino

    La idea de que los seres humanos somos hermanos y podemos vivir en comunidad es algo muy preciado para muchas personas. No se ha propuesto una vez, sino decenas de veces. Cuando la religión era el mecanismo que reducía los conflictos al interior de los grupos, las comunidades eran de corte religioso: sectas puristas al interior de cada religión. Esenios o ebionitas entre los judíos, cátaros o hussitas entre cristianos, amish o menonitas entre los anabaptistas, etcétera.

    Cuando la religión dejó de ser la fuente principal de legitimidad en el orden social, hubo intentos de construir comunidades alrededor de la naturaleza (en el romanticismo, de ahí la visión romántica de la comunidad en los últimos dos siglos), o alrededor de la clase social (por eso el socialismo utópico o los falansterios). En las últimas décadas, hubo intentos que se califican como new age, y son una mescolanza de varios de los anteriores.

    En este momento, es decir desde 2008-2011, el elemento cohesionador de las comunidades es el antielitismo. La Gran Recesión echó abajo el modelo de realidad que habíamos construido desde 1968: que podíamos tener una sociedad democrática, centrada en los derechos humanos, y sostenida por un mercado cada vez más libre. Esa gran crisis hizo dudar a muchos de que el modelo realmente representara la realidad. Sus dudas crecieron cuando fueron acumulando información que desacreditaba el modelo.

    Esa información tiene tintes de verdad, pero es esencialmente falsa. Por ejemplo, aparecieron los académicos que insistían en que la desigualdad había crecido durante todo ese tiempo. Para defender ese argumento, utilizaban información seleccionada. Por ejemplo, el gran incremento de riqueza de un puñado de personas, o el estancamiento relativo del ingreso de los obreros de manufacturas en Estados Unidos. Sin duda, se trata de datos correctos, pero que no muestran la realidad completa: la inmensa mejoría de 3 mil millones de seres humanos, la mayor reducción de pobreza en la historia humana, el mayor incremento de países bajo sistemas democráticos.

    Se sumó a este ataque el alarmismo climático, que continúa creciendo. Es indudable que la temperatura del planeta es mayor hoy que en el pasado, y también que hemos acumulado cantidades muy grandes de bióxido de carbono y metano en la atmósfera. Pero de ahí no sigue la garantía de que los océanos aumentarán su nivel en varios metros, ni que se incrementen los desastres naturales, o que sea insostenible la vida humana en pocas décadas. Igual que en el caso anterior, de unos pocos datos ciertos se construye una amenaza.

    Estos dos temas son realmente importantes porque detrás de ellos no hay sólo políticos, sino académicos devenidos en figuras públicas. Al simplificar de forma abusiva temas realmente complejos, enfatizando elementos llamativos, han ayudado a desacreditar a la ciencia y a los expertos. Es por eso que líderes absolutamente inescrupulosos han podido inventar realidades paralelas. El fin de los expertos no es sólo producto de estos políticos, sino también de los académicos que, buscando fama, fortuna y poder, minaron las bases de su propia ciencia. Para no dejar en el aire el señalamiento, es el caso de Michael Mann en materia climática (hoy sujeto de varios juicios por falsificar datos) o de Piketty y Zucman, en el tema de desigualdad.

    Gracias a la tecnología comunicacional, las redes sociales, hoy la información puede moverse de forma instantánea, con múltiples fuentes y destinos. No es posible saber si esa información es real, o es una construcción que busca cambiar nuestro estado de ánimo, nuestra opinión, o nuestro voto. Sin duda vivimos en este espacio de noticias falsas, alimentado por políticos y académicos inescrupulosos. Por eso, sin modelo de la realidad, sin referencias claras, lo que priva es el miedo, la angustia, el enojo.
    (Edición de firma).

  10. #970

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    Utopías y tragedias

    Macario Schettino.

    Los seres humanos somos animales sociales. Necesitamos pertenecer a un grupo (o a varios). Las formas de relación que podemos tener entre nosotros pueden clasificarse en cuatro grupos, como lo ha hecho Alan Fiske.

    Podemos tener relaciones de comunidad, en las que cada quien aporta y toma, según puede y necesita. Es lo que tenemos al interior de la familia o con amigos cercanos. Podemos establecer relaciones de igualdad, donde cada uno tiene derecho exactamente a lo mismo, como ocurre cuando votamos: una persona, un voto. Podemos relacionarnos mediante el intercambio, que exige un acuerdo entre las dos partes. Finalmente, podemos tener relaciones de autoridad, donde uno manda y otros obedecen.

    Diversos ámbitos de la vida social son compatibles con estas cuatro formas de relación. Más aún, en distintos momentos de la historia, las esferas sobre las cuales rigen las formas de relación pueden ser diferentes. Por ejemplo, la idea de que todos tenemos derecho a educación y salud es algo muy reciente.

    Sin embargo, cuando intentamos imponer un cierto tipo de relación de forma arbitraria, podemos tener problemas serios. Por ejemplo, si a usted lo invitan a cenar, es posible que lleve una botella de vino o una canasta de fruta, y será bien recibido. Si, en cambio, decide llevar 500 pesos, que son el equivalente al vino o a la fruta, no le auguro mucho éxito. Pagar por una relación que debía ser de comunidad es un insulto. Y lo mismo ocurre cuando queremos convertir una relación de igualdad, como el voto, en una de intercambio, vía el clientelismo. Son cosas que no deben pasar, y que moralmente son reprobables.

    Sin embargo, es frecuente que intentemos sustituir las relaciones de intercambio (el mercado) por la comunidad (de cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad, reza la frase de Pablo, después adoptada por el comunismo). Esta invasión de esferas de relación es un problema doble. Por un lado, impide la generación de riqueza; por otro, al no funcionar, pronto se transforma en un asunto de autoridad.

    La riqueza, a diferencia de lo que muchos creen, no se crea mediante el trabajo o la producción, sino mediante el intercambio. Cuando las relaciones de intercambio ocurren sin estorbos y limitaciones, el que compra obtiene algo que para él vale más que el dinero que está pagando (si no, no compraría), mientras que la que vende obtiene más dinero de lo que para ella vale la cosa que vende (si no, no vendería). Es decir, ambos terminan mejor después del intercambio. Ahí es donde el trabajo y la producción tienen sentido, cuando alguien está dispuesto a comprar.

    Si una sociedad decide terminar con las relaciones de intercambio, para convertirlas en relaciones de comunidad, la generación de riqueza desaparece. Usted no obtiene más de lo que tenía. Muy rápidamente, la sociedad empieza a vivir en pobreza y, por lo mismo, en descontento.

    Cuando eso ocurre, quien impuso las relaciones de comunidad no tiene más remedio que transformarlas en relaciones de autoridad. Las personas tienen que aceptar lo que se les ofrece, y no hay más. Por eso las comunidades religiosas, cuando crecen, terminan siendo sistemas profundamente autoritarios, y lo mismo los intentos comunistas (todos). Y por eso los populistas no tienen más remedio que convertirse en dictadores.

    Este fenómeno no ocurrió sólo con el comunismo. Ha ocurrido con todos los intentos comunitaristas que se han impulsado en la historia. Y ocurrirá con todos los que se experimenten en el futuro. Como lo decíamos ayer, es una fatalidad biológica: no estamos hechos para vivir en comunidades de más de un centenar de personas. Seguimos con esto.
    (Edición de firma).

  11. #971

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    Las traiciones de AMLO y de Morena: Primero los pobres

    Enrique Cárdenas

    El lema de AMLO y Morena es “no mentir, no robar y no traicionar”. Estos principios han sido violados numerosas veces por sus líderes, desde las elecciones del 1 de julio de 2018 hasta ahora. En este espacio me voy a ocupar específicamente, por ahora, del principio de “no traicionar”. Ejemplos de esta violación hay muchos, y por eso tomará más de lo que pueda escribir en este espacio, pero vale la pena mencionar algunos casos.

    Hoy me refiero a la traición a los pobres, a los verdaderos pobres de este país. La promesa de “Por el bien de todos, primero los pobres” ha sido traicionada. Empezó desde la eliminación de los apoyos del Instituto Nacional de Desarrollo Social a cientos de organizaciones civiles asistenciales que, muchas de ellas, vivían gracias al apoyo del gobierno y que específicamente estaban enfocadas a mejorar los niveles de bienestar de los más pobres: organizaciones dedicadas a los cuidados de los adultos mayores, dedicadas a atender a niños con discapacidad, a atender comedores comunitarios, migrantes y un muy largo etcétera. Esas organizaciones han disminuido sus actividades, la cobertura de población que podían atender, o de plano han desaparecido.

    La decisión de eliminar el Programa Prospera, enfocado a los más pobres y vulnerables que incluía transferencias económicas para alimentación, consultas médicas, talleres de autocuidado, antes de contar con algún programa alterno, dejó sin atención a miles y miles de familias por muchos meses. En su lugar, está ahora el programa de Becas Benito Juárez para el bienestar que apoya a niños y jóvenes desde educación inicial hasta la universidad. Todavía es muy pronto para saber su efectividad, pero muchos de los nuevos programas no cuentan con reglas de operación (más de 400 mil millones de pesos serán erogados sin reglas de operación en 2020), frecuentemente están mal diseñados sin estar basados en evidencia, y con amplios huecos para la discrecionalidad y la corrupción.

    La eliminación de los apoyos a las estancias infantiles, dirigidos a madres o padres jefes de familia de escasos recursos no cubiertos por la seguridad social, como por ejemplo personas que trabajan en la calle en un puesto de jugos o de tacos, en la central de abastos, en diversas ocupaciones no formales, que son las más numerosas y excluidas de nuestro desigual sector de servicios, se quedaron sin apoyo para dejar a sus hijos bien cuidados y atendidos, con alimentación balanceada, con desarrollo motriz e intelectual. Ello ya genera un atraso de los niños, con consecuencias de largo plazo pues está comprobado que lo que sucede en esos primeros años determina en buena medida las potencialidades del niño. Ellos no tienen capacidad de defenderse. Entregar el apoyo directamente a la madre, si acaso tuvo la suerte de que le tocara pues ya no hay recursos para más beneficiarios, no asegura que ese dinero irá para el desarrollo del niño. Con tantas necesidades urgentes, la madre fácilmente ocupa ese dinero para otra cosa. Por tanto, el futuro de los niños más pobres queda en riesgo.

    Lo mismo ocurre con los apoyos a los refugios de mujeres violentadas. Se sabe que existe una enorme violencia intrafamiliar que lamentablemente mantiene en un infierno a mujeres y a sus hijos. El apoyo a los refugios también fue suspendido y afectó, principalmente, a familias de bajos ingresos que no tienen ninguna otra opción de huir de situaciones de violencia doméstica.

    La escasez de medicamentos, de por sí difícil en zonas alejadas y en clínicas por todo el país, y que se evidenció por las protestas de los directores de los institutos nacionales de medicina y de los padres de niños con cáncer, afectan sobre todo a los más pobres, que no tienen los recursos para adquirir medicamentos si no se les entregan en las instituciones públicas.

    El espacio se termina, pero hay más evidencia de que los pobres no van primero. No han ido primero. Y los programas existentes tampoco parecen tener un impacto positivo, a pesar de los miles de millones invertidos. Por ejemplo, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que apenas la secretaria del Trabajo reconoció que solamente el 1.5 por ciento de los becarios del programa tendrá empleo, o el programa Sembrando Futuro, que incentiva la quema de selva y bosques para sembrar cualquier cosa y así obtener el subsidio.

    La traición a los pobres también se pone en evidencia vía otras políticas, como la económica y la de seguridad. Aquí sólo menciono algunos ejemplos fehacientes de impactos directos sobre los más pobres. No se vale traicionar de esta manera.
    (Edición de firma).

  12. #972

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    Seguridad, más cucharadas de mentiras

    Pablo Hiriart.

    Se necesita mucha sangre fría para decir que “logramos estabilizar el crecimiento desmesurado, progresivo de la violencia”, luego de publicarse las cifras oficiales que ubican a 2019 como el año más violento de la historia del país desde que hay estadísticas.

    Esa sangre fría la mostró ayer Andrés Manuel López Obrador.

    Inconcebible que el Presidente de la República se vanaglorie de una “estabilización” de cifras que nos ubican en el peor año en crímenes, feminicidios, extorsiones, secuestros y víctimas del delito en la historia nacional, desde la época de la Revolución.

    En los diez meses de este año van 29 mil 574 homicidios dolosos. Esa cantidad de asesinatos no la conocíamos en México. Implican 2.1 por ciento más que en el año pasado (enero-octubre).

    Pero como la ciudadanía aguanta todo tipo de atoles y similares, ahí va otra cucharada de mentiras: “logramos” estabilizar el alza de la violencia.

    Cero autocrítica, nadie renuncia, no hay estrategia. Se presume un falso triunfo: “logramos estabilizar” la violencia, en el que ha sido el año más violento en un siglo entero.

    De acuerdo con las cifras oficiales (Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública) dadas a conocer la noche del miércoles, los secuestros aumentaron nueve por ciento en los diez primeros meses del año, en comparación con 2018.

    El alza en las extorsiones fue de 35 por ciento a nivel nacional.

    ¿Cuál es el avance? ¿Dónde está el “logro” de la estabilización que presume el Presidente?

    Las víctimas de delitos aumentaron en nueve por ciento. Se dispararon las cifras, que son personas.

    Capítulo aparte merece el incremento de los feminicidios, que fue mayor en 12 por ciento a los diez primeros meses del año anterior. Sí, aumentaron doce por ciento. Una barbaridad.

    En el pasado reciente se organizaron marchas nocturnas con antorchas en protesta por los feminicidios –asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres.

    Ahora, los promotores de esas protestas, por disciplina de partido o por “no hacerle el caldo gordo a los conservadores”, callan y no alzan la voz.

    Ya sabemos, con su silencio, que no protestaban contra la ineficacia gubernamental ante los feminicidios, sino que marchaban para favorecer la causa de un líder opositor. Solalinde es el mejor ejemplo de esa abyección.

    Llegó al poder el personaje que querían, y ellos con él, y guardan silencio ante la explosión de asesinatos de mujeres.

    Con los hechos nos demuestran que no les importaban las víctimas, sino allanar el camino a su dirigente para que tomara posesión de la silla en Palacio Nacional.

    Llegaron al poder indignados por la criminalidad y violencia que ciertamente azotaba al país, y prometieron bajarla al día siguiente de asumir la Presidencia porque era producto de la corrupción y ellos eran diferentes. Luego pidieron seis meses.

    Ahora, casi al cumplir un año en el gobierno, tienen a México hundido en el peor escenario de violencia en un siglo.

    Y falta lo peor, porque no hay estrategia, ni interés ni idea.

    Los sicarios del narcotráfico siembran el terror para advertirle al gobierno que no se meta con ellos, que son muy violentos y que correrá más sangre si se atreven a tocarlos.

    Y lo consiguen. El gobierno empequeñece ante ellos. No quiere el ruido político que provoca someter a criminales.

    Con su violencia logran lo que buscan: sembrar el terror entre la población, y a las autoridades paralizarlas por la vía del miedo.

    De esa manera conquistan territorios, rutas, barrios, colonias y ciudades para traficar droga, personas, secuestrar y extorsionar a ciudadanos.

    Claro, aumentan las cifras de muertos, decapitados, feminicidios, extorsiones, secuestros. Hay nueve por ciento más de víctimas que el año pasado. Una locura.

    El Presidente tiene mucho valor para descalificar a sus críticos y es prepotente con el pasado: el de hace seis, doce, treinta, ciento veinte, ciento cincuenta y 500 años.

    Ah, pero se echa para atrás cuando aquí y ahora, en su gobierno, los ciudadanos son extorsionados, asaltados o asesinados por pandillas criminales que toman ciudades completas.

    La población también es presa del miedo. Han disminuido las denuncias anónimas porque los grandes capos no son un objetivo del gobierno, y el ciudadano no sabe de qué lado está la autoridad.

    Bueno, sí lo sabemos: con su omisión favorece a los grupos criminales.

    Mientras más violentos, más clara es la genuflexión de la autoridad ante los que se atreven a todo para replegar a un presidente al que ya le tomaron la medida.

    Denuncias contra sus adversarios políticos, todas, vengan. Ante los enemigos de la ciudadanía, nada. Retirada. Abrazos.

    Vamos mal, muy mal en seguridad. Y ante ello nos dan cucharadas rebosantes de mentiras.
    (Edición de firma).

  13. #973

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    Paquete Económico de la 4T, un fiasco

    Alejo Sánchez Cano.

    El primer Paquete Económico elaborado por la 4T ha sido un fiasco, tanto por su contenido, como por el incumplimiento en su aprobación, ya que el PEF 2020 debió quedar aprobado desde el 15 de noviembre.

    Festivos y jubilosos, gritaron a los cuatro vientos que ahora sí se iba a ver el nivel de preparación y de alcance social y económico de los ingresos y egresos para el 2020, porque ellos los iban a preparar solitos, pero, ¡decepción¡, no solo reflejó criterios surgidos de una bola de improvisados, sino que solo se atiende a la voluntad del presidente de la República, quien se jacta de ser un experto en temas económicos, pero que en la realidad, conoce muy poco de ello.

    El Congreso es un caos, ambas Cámaras federales están paralizadas por falta de oficio político, principalmente de los líderes parlamentarios de Morena; tanto Ricardo Monreal como Mario Delgado han sido rebasados por su soberbia, por sus correligionarios y hay que decirlo, también por pretender cumplirle los caprichos al huésped de Palacio Nacional.

    La imposición de Piedra en la CNDH vino a resquebrajar el ambiente de diálogo que existía en la Cámara de Senadores, donde acababan de aprobar la revocación de mandato, la joya de la corona que más le interesaba a AMLO.

    En la Cámara baja, en donde está atorado el PEF, pues las cosas están peor, ya que allí el problema no son los partidos de oposición de Morena, sino los propios diputados de esta fracción que están molestos, por decir lo menos, por la conformación del presupuesto que se hizo sin considerarlos.

    EL presupuesto 2020 tiene solo un criterio y ése responde a los designios de AMLO y nada más. No busca atajar el desplome de la economía mexicana, ni siquiera dotar de más recursos al rubro de la seguridad pública y mucho menos a impulsar a la inclusión social a millones de mexicanos que sobreviven en condiciones de pobreza extrema.

    Lo que se pretende es consolidar el proyecto político de AMLO rumbo al 2021, elecciones intermedias; 2022, revocación de mandato; 2024, reelección presidencial.

    Esta es la hoja de ruta y por ello se hizo un presupuesto a modo en donde los programas asistenciales de la 4T no buscan acabar con la pobreza, al contrario pretender mantener en ese estatus a los pobres, mediante dádivas que permita al gobierno contar con ellos cuando sean llamados para defender la permanencia de Obrador en la Presidencia.

    La decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco ha salido muy costosa, ya que no solo implicó enormes recursos públicos y privados que se tiraron a la basura, sino el pago mismo a los tenedores de bonos de deuda, así como sacar de la chistera un aeropuerto militar para reconvertirlo en uno civil: Santa Lucía.

    El aeropuerto de Santa Lucía se suma a la refinería de Dos Bocas como prototipos de obras catalogadas como elefantes blancos, por su inoperancia, costo elevado, nula operatividad y cero beneficios a la sociedad. Ambas obras, si es que algún día se terminan, nacerán muertas.
    (Edición de firma).

  14. #974

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    Vivimos en flagrante delito de impostura

    Raúl Cremoux.

    En nuestra Constitución, en la que se incorpora como dicen los juristas, la Declaración de los derechos humanos, no existe el menor indicio de que la mentira, y subrayadamente la constante, la permanente pueda ser castigada.

    Pareciera que ignoramos cómo es que hemos llegado a lo que hoy vivimos: nuestra vida comunitaria e individual está no solo teñida sino ahogada en el miedo. Así lo dijeron el martes pasado en la entrega de los premios de comunicación José Pagés Llergo diferentes personalidades: Sergio García Ramírez, Federico Reyes Heroles, Beatriz Pagés, García Diego, José Carral y hasta Carlos Santamaría, de solo 13 años de edad, quien es acosado por estudiantes y maestros en la Facultad de Ciencias de la UNAM. De modos diversos y en tonos propios de cada quien, señalaron ante una nutrida concurrencia compuesta por científicos, periodistas, empresarios, políticos y analistas que el país vive en la turbulencia del miedo.

    Hay miedo para invertir, miedo en el porvenir, miedo cuando nos movilizamos en calles y carreteras, miedo en las escuelas, miedo a caer en los tribunales, miedo en el trato con las autoridades, miedo de salir a divertirnos y miedo en nuestras propias casas.

    Desde una treintena de años, las placas tectónicas de nuestra sociedad se desplazan sin lograr alcanzar ni la libertad ni los derechos legítimos que merecemos. Lo obtenido es simple: un deslucido barniz.

    Lo que ya habíamos logrado para una minoría y para una categorización de diversas clases medias, se ha perdido. Para los más, quienes se refugiaban en meras expectativas, continúan los sueños más que realidades. Hoy, de manera brutal, todos, en un conjunto sólido, nos enfrentamos a nuestra realidad: un muy difícil presente y un incierto, temeroso futuro.

    No quiero desmenuzar el amargo menú que está en nuestras mesas, tomo el plato fuerte: de enero a octubre, nos dice el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (pomposo enunciado para algo tan trágico), de enero a octubre, el número de homicidios que en ese mismo periodo, en el último año de gobierno de Peña Nieto fue de 28 mil 868, ahora en la administración de López Obrador la supera y alcanza la cifra de 29 mil 574. Es el año más violento del que se tenga registro.

    Y falta contabilizar los desaparecidos y lo más reciente encontrado: en Tlacomulco, Jalisco, 52 bolsas con 25 hombres y mujeres descuartizados, los diez muertos en Nuevo León y los 25 en Guanajuato. En todos estos casos, a los peritos forenses les ha llamado la atención, la ejecución de mujeres, hombres y niños torturados, desmembrados y quemados vivos.

    ¿En qué país vivimos cuyos escenarios de horror son los que vivieron las víctimas del nazismo? En los países invadidos, como hoy en México, al padecer miedo, lo primero que se pierde es Libertad, con mayúscula.

    Los gobiernos de ayer y el de hoy no han sido eficientes en crear las condiciones necesarias para darnos paz y libertad porque no la valoran aunque la griten en cada acto público, en todos sus discursos, al lado de campesinos, obreros, técnicos, soldados o comerciantes. Mienten para mantenerse en los puestos de mando. Lo mismo del partido tricolor que del azul o del magenta; sean supuestos ecologistas, conservadores o liberales. Todos son idénticos en su ineficacia y en sus dichos propagandísticos.

    Y nosotros, los comunes, ¿nos damos cuenta o no que la libertad se anula cuando el gobierno de un solo hombre elimina todos los contrapesos y se da el lujo de elegir a sus opositores? ¿Somos conscientes del estrecho margen de libertad que nos queda, o no?

    Lo real es que ya nos hemos acostumbrados a vivir con miedo, sin libertad y lo peor, sin dignidad. Todos los días nos tragamos la terrible impostura e incluso son numerosos quienes la festejan.
    Un día llegará en que en la bandera tricolor, deberemos remplazar el color blanco de enmedio por el gris y enviar el águila a volar.
    (Edición de firma).

  15. #975

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    Imágenes panistas.

    J.I. Zavala

    En apenas dos semanas hemos visto distintas imágenes del PAN, que nos hacen vislumbrar cómo va la oposición más consolidada –es un decir– en el país. El resultado tiene dos caras, una alentadora que indica que se va en el camino correcto; la otra, la de costumbre: insulsa y decadente.

    La alentadora. Es claro que el PAN le tumbó a Morena el fraude electoral en el Senado (que no lo hubiera hecho ni Hernán Cortés cuando desembarcó en Veracruz, según reza La Nueva Historia Chaira). Se trató de una maniobra burda, como en los momentos más descarados del priismo totalitario. Los senadores del PAN lo supieron leer y una y otra vez denunciaron las trapacerías del coordinador de Morena; armaron escándalo denunciando fraude y, como en los buenos tiempos de oposición, la ciudadanía les creyó y jaló con ellos. Volvieron a la batalla y no se arredraron hasta evidenciar que la imposición era voluntad presidencial. No dejaba de sorprender que la mayoría morenista estuviera en tantos problemas para lograr aplastar a la oposición con fama de menguada y debilucha. Lo demás son imágenes del zafarrancho. Gustavo Madero se acerca a la tribuna, tomada por senadores y principalmente senadoras de Morena; lee bien la desesperación de los miembros de la bancada oficial y trata de llegar al lugar de la presidenta. Es literalmente aplastado por las senadoras lopezobradoristas. Las imágenes son elocuentes (debo decir que la senadora morenista Citlali Hernández me parece una política inteligente y talentosa y que no merece la imagen –ni por supuesto los insultos– que quedó de esas escenas, pero en política la imagen es lo que hacemos, no lo que merecemos). Madero, que lleva años haciendo de la bobería su motivo de vida política, convirtió ese video y esas fotografías en una imagen icónica del afán totalitario de la 4T y, seguramente, tiene ganado un liderazgo en su partido, pues coronó con precisión la denuncia, para ese entonces no sólo panista sino también ciudadana, de la imposición.

    Aunado a esto, estuvo la posición de los gobernadores panistas que, en bloque, se negaron a reconocer a la señora Piedra por ser resultado de un proceso turbio que le quita toda legitimidad. Eso vino a consolidar la carambola panista en el asunto, pues dejó en claro que los gobernadores, independientemente de sus necesidades y negociaciones con el gobierno federal, también pueden actuar en bloque, pues representan un determinado modo de hacer política. Por primera vez en casi un año, el gobierno y su maquinaria enfrentaron a un partido de oposición.

    Todo eso sucedió sin la intervención pública del presidente de ese partido, el señor Marko Cortés. A la mejor por eso todo salió bien. Su mensaje sobre el asilo fue de una ignorancia que no se debe permitir el jefe de un partido de ese tamaño. Su adulación a una declaración de Carlos Slim fue verdaderamente acomodaticia y lambiscona. Esta semana subió un tuit en el que trató de emular algo de lo que hacía AMLO en su campaña de pararse en estanquillos en carretera y comentar algo, lo que fuere, con una foto con los del lugar. Marko se la tomó con dos personas –él llama a eso “saludar a la gente”–: el resultado es lamentable, como lo son sus spots que están para llorar. Pensar que la oposición está liderada por ese sujeto falso y patético es para deprimir a cualquiera en estos momentos de la cuatroté. Por eso es bueno ver todas las imágenes. El PAN ha dicho que es más que su dirigencia. Buena noticia. Tendrán que escoger con qué imagen se quedan.
    (Edición de firma).

  16. #976

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    Tercer Fracaso

    Macario Schettino.

    Ayer comentaba con usted cómo lo que López Obrador y seguidores llaman cuarta transformación es en realidad el Tercer Fracaso de México. En tres ocasiones hemos intentado llevar a México a la modernidad, y en las tres hemos fracasado.

    Cuando digo “modernidad” me refiero a construir un país con un Estado fuerte, limitado por la ley y responsable frente a sus ciudadanos. En esto, sigo el planteamiento de Fukuyama en El Origen del Orden Político. Como él muestra, no hay forma de tener un país exitoso sin avanzar en estas tres características. Si lo quiere en términos más comunes, nos referimos a un país con instituciones sólidas, Estado de derecho y mecanismos de intermediación entre la población y el gobierno, que en Occidente han tomado la forma de la democracia liberal.

    Las Reformas Borbónicas no aspiraban a tanto, recuerde que hablamos del fin del siglo XVIII. Se trataba entonces de centralizar el poder y hacer eficiente la administración. Son reformas promovidas por la familia Borbón, que tomó la Corona de España en 1713. Los cambios resultaban muy dañinos para quienes tenían intereses creados en Nueva España: la burocracia local, la Iglesia y los comerciantes. Fueron ellos los que se rebelaron en toda América, y en México acabaron organizándose para apoyar a Iturbide y lograr la Independencia. A esto siguieron 50 años de estancamiento económico.

    Las Reformas Liberales, impulsadas por Juárez y culminadas por Porfirio Díaz, fueron el segundo intento modernizador. Como el anterior, provocaron reacciones, entre otras de los pueblos que perdían la propiedad colectiva de la tierra (como antes había ocurrido con la Iglesia, usando la misma ley). Sin embargo, el derrumbe de este segundo intento tiene más que ver con la incapacidad de encontrar un mecanismo sucesorio eficiente. Al ser Díaz un dictador personal, no hubo forma de sucederlo pacíficamente, y las guerras civiles destruyeron buena parte de lo avanzado. Después de la renuncia de Díaz, vivimos 30 años de estancamiento económico.

    Las Reformas Estructurales, promovidas inicialmente por Carlos Salinas (y por eso el Nafta, como garante externo del cambio), no pudieron continuarse sino hasta Peña Nieto, por la incapacidad del PRI de apoyar a presidentes de otro partido. Por esa razón, reformas que llevaban 15 o 20 años de ser discutidas acabaron aprobándose en 18 meses, generando una reacción muy fuerte en contra. Los maestros perdieron el control del presupuesto, los petroleros su negocio (cada año nos extraían 120 mil millones de pesos en pérdidas por refinación), varios empresarios monopólicos resintieron la pérdida de sus rentas, y la mitad sur del país, que desde la aprobación del Nafta no podía crecer.

    Todos estos grupos promovieron la respuesta, encabezada por López Obrador. De lo que se trataba era de echar abajo las Reformas, y regresar a ese sistema en el que todos estos grupos extraían rentas de los demás. Eso justamente han hecho: revertir la educativa, detener la energética, reagrupar a los rentistas (en el Consejo Asesor Empresarial), recuperar el control sindical (alrededor de Napoleón Gómez Urrutia).

    Como en las otras ocasiones, lo que debemos esperar es un largo periodo de estancamiento, del cual ya tenemos el primer año, y los próximos dos están prácticamente garantizados. No puede ser de otra manera, porque precisamente las reformas, empezando con el Nafta, fueron la base del crecimiento de los últimos 25 años. Ese crecimiento, que muchos ven escaso, promedió 1% anual, per capita, en dólares PPP, aún considerando que la mitad del país no se movía. Como sea, ya no lo veremos más.

    Cada año de estancamiento implica menor abasto energético, menos infraestructura, y por lo mismo menos productividad. Es decir: cada año de estancamiento abona al siguiente. Parece una condena al fracaso.
    (Edición de firma).

  17. #977

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    El humor social con López Obrador

    Raymundo Riva Palacio.

    El humor social de los mexicanos se ha venido agriando con los años. Desde que se comenzó a medir en los 90, los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, que vivieron magnicidios, levantamientos armados y una profunda crisis económica, experimentaron molestia con los gobernados, pero nunca llegaron a estar en niveles negativos. Vicente Fox fue una bomba y, al tomar posesión, ocho de cada 10 mexicanos lo apoyaban. Decepcionó rápidamente, pero no se colapsó. Felipe Calderón se mantuvo en la franja positiva hasta que lo arrastró la crisis financiera global de 2008-2009, que por primera vez llevó a un presidente a niveles negativos. Enrique Peña Nieto asumió el poder con la molestia acumulada, y su mejor momento en el humor social fue el peor que tuvo Calderón.

    Andrés Manuel López Obrador recogió y su victoria electoral fue un día de campo. Obtuvo un histórico 53 por ciento del voto, aunque insuficiente para lograr un realineamiento político e ideológico a su favor. Hubo muchos votos de castigo, documentados por las encuestas, que le abultaron de sufragios las urnas. No pareció tan importante sacar al PRI de la Presidencia, como expulsar a una generación de priistas que, por omisión o comisión, se convirtieron en símbolo de la mediocridad, la ineficiencia y la corrupción.

    Las uvas de la ira contra Peña Nieto fueron aumentadas con algo donde su gobierno no tenía nada que ver, los sismos del 19 de septiembre de 2017, donde, de acuerdo con la herramienta del Inegi que mide el sentimiento de las conversaciones en Twitter, había sido “el día más triste” en la vida de los mexicanos. El índice de 1.51 puntos que había registrado, parecía imbatible, hasta el 18 de octubre pasado, cuando el sentimiento en esa red social cayó hasta 1.21 puntos.

    En la víspera había sucedido el culiacanazo, cuando, ante el desastre de la operación para capturar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, y extraditarlo a Estados Unidos, el Presidente autorizó que lo liberaran porque, de otra forma, analizó, habría habido pérdida de vidas inocentes. La derrota del Estado mexicano ante el Cártel de Sinaloa, que se movilizó para evitarlo, partió al país y, de acuerdo con expertos en opinión pública, rompió el blindaje que cubría a López Obrador.

    El Presidente ha identificado ese día como uno de los cinco más difíciles que le ha tocado enfrentar en su gobierno. Las cosas parecían no haber vuelto a ser como antes. Sin embargo, no era así. El humor social de los mexicanos en relación con López Obrador había venido mostrando una caída –o enardecimiento– desde que tomó posesión hace casi un año. De acuerdo con un amplio reportaje publicado en la edición impresa de Eje Central, “desde que el tabasqueño se alzó con el triunfo se han impuesto tres nuevos récords en el desánimo de los internautas.

    “El primero -según la plataforma del Inegi-, encontraron los reporteros de Eje Central, tuvo lugar el 29 de octubre de 2018, al día siguiente de que se anunciaran los resultados de la consulta en la que ganó el proyecto de Santa Lucía y se canceló la construcción del Aeropuerto en Texcoco”. En esa ocasión, aún como Presidente electo, López Obrador dio un manotazo sobre la mesa y estableció, como antes y después lo frasearía, que los empresarios no volverían a gobernar. Sería él, como jefe del Ejecutivo, quien mandara. El golpe de timón fue claro para todos, pero tuvo consecuencias que se sienten hoy en día. Según Jorge Buendía, director de la empresa de opinión pública Buendía y Laredo, que realiza estudios demoscópicos para inversionistas mexicanos y extranjeros, aquella decisión provocó la pérdida de confianza del sector privado, cuya falta de inversión causó que el crecimiento económico para este año sea nulo.

    La decisión fue celebrada por muchos, pero el sentimiento de los mexicanos contradecía la percepción que construyó López Obrador. “Ese día hubo 60 por ciento de comentarios positivos contra 40 por ciento de negativos, con un índice de 1.49 puntos”, reveló el reportaje de Eje Central. “Ese día, el humor social bajó dos décimas de punto”. Nadie registró en su momento la forma como el país, visto a través de las redes sociales, se dividió. El registro del Inegi lo colocó debajo del humor social de Peña Nieto tras los sismos, cuando venía en caída libre su gobierno, envuelto en acusaciones de corrupción, incompetencia y creciente violencia, lo que no deja de ser altamente significativo sobre las decisiones y acciones que tomó antes incluso de llegar al poder.

    “López Obrador no llevaba ni dos meses despachando como Presidente cuando ocurrió otra tragedia que pegó en el ánimo de los usuarios de las redes sociales”, reportó Eje Central. “El 19 de enero, al día siguiente del estallido de un ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó más de 100 personas muertas, el estado de ánimo cayó a 1.45 puntos, resultado de un 59 por ciento de comentarios positivos contra 41 por ciento negativos”. El culiacanazo fue la tercera caída histórica en el índice del Inegi, que comenzó a registrar el ánimo en las redes sociales el 1 de enero de 2016, tras registrar 55 por ciento de comentarios positivos contra 45 por ciento negativos.

    Este sentimiento no se registra en la encuesta de El Financiero y otras realizadas por las casas especializadas, donde el promedio de aprobación de López Obrador es de 68%. Sin embargo, algo serio están diciendo. Las tres caídas son altamente significativas y deberá estudiar qué es lo que está haciendo mal para corregir. De otra forma, como perfila el primer año de su gobierno, se va a llevar una sorpresa. La peor, que termine con un coraje tan grande como el que acumuló Peña Nieto y frustre su proyecto de nación.
    (Edición de firma).

  18. #978

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    Los preparados son corruptos

    Pablo Hiriart.

    Con un sentido pesar por la muerte de Héctor Gutiérrez, reportero.

    Para los que aún creen que el país tiene opción de crecimiento y prosperidad en el sexenio de López Obrador, ahí está su dogma de fe expresado ayer en la mañana al defender el nombramiento de un incompetente al mando de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA): 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de experiencia.

    Dijo que prefiere tener funcionarios inexpertos que corruptos.

    Pregunto: ¿y no hay quienes sean preparados y también honestos?

    ¿No hay ciudadanos con esas dos virtudes? Sí los hay. Muchísimos.

    Para el Presidente saber es sinónimo de corrupción. Así se explica por qué vamos como vamos con el actual gobierno.

    Y tal vez así se explique que en el Plan Nacional de Desarrollo dedique sólo un párrafo a la ciencia, en la última página, que hace alusión a un programa inexistente.

    Ahí está la nuez de los castigos presupuestales a ciencia y a cultura.

    Por eso echaron abajo la reforma educativa.

    Con un acuerdo privado en Palacio, AMLO le entregó a los vándalos de la CNTE el control de la educación en los estados que dominan. Ya es posible ascender en el magisterio sin hacer exámenes.

    Está en contra de las evaluaciones.

    A los alumnos de las normales les otorgó pase automático a una plaza de maestros.

    Se crearon las universidades 'patito'.

    De los centros de educación los jóvenes deben egresar sin mayores conocimientos o habilidades, pero muy bien adoctrinados en lucha de clases y en fobia al que piensa diferente, porque seguro esos letrados e instruidos son corruptos.

    A vivir de los subsidios que les otorga el gobierno de Morena, sin cuestionar, es la divisa educativa de la 4T.

    El presidente, que sí tiene experiencia política, debería saber que no se llega ya corrompido al sector público, sino que la corrupción pone a prueba a una persona cuando la ponen “donde hay”.

    Morena y los suyos llevan apenas un año en el poder. Ya hablaremos dentro de dos o tres.

    Si algo corrompe es el poder absoluto, sin contrapesos como los que AMLO ha ido eliminando. Tiempo al tiempo. Y no mucho.

    Además, ¿no ha visto a los diputados y senadores que le aprueban sus leyes y caprichos –como el de Rosario Piedra al frente de la CNDH?

    La mayoría de ellos no pasa la prueba del polígrafo ni con veinte gotas de Rivotril encima.

    Dijo el Presidente ayer en la mañana: “Antes era al revés, noventa por ciento de experiencia… buenísimos, además charlatanes, eso sí muy corruptos, firmaban todo por tener salarios de 300 mil pesos mensuales”.

    ¿El Presidente hablando de charlatanes? Bueno, dejemos el tema por ahora.

    Urge gente preparada en el gobierno, y si cometen actos de corrupción que sean despedidos o encarcelados. Pero el país no puede seguir así.

    No tienen idea de lo que hacen con la economía, y no por culpa de Arturo Herrera y Graciela Márquez –que sí saben-, sino porque la economía, como en el echeverriato, se maneja desde Palacio Nacional.

    El presidente no confía en los que tienen conocimiento.

    Y los resultados están a la vista. El Banco de México señaló que este año tendremos una economía con crecimiento negativo.

    Y sin crisis exterior. Puros errores.

    La economía con el presidente que prometió hacerla crecer al cuatro por ciento porque los “neoliberales” no sabían nada, eran egresados del ITAM o de universidades del extranjero, no va a crecer ni una décima de punto en este año.

    México, debajo de cero. Así dirán todos los reportes sobre el desempeño económico en el mundo.

    Son una vergüenza. Y en seguridad no se diga: tenemos más de treinta matanzas en un año, luego de que el candidato AMLO anunciara que cuando llegue al poder “se van a acabar las matanzas”.

    Dedican más presupuesto al beisbol que a atender a 621 mil alumnos con aptitudes sobresalientes, necesidades especiales o discapacidad.

    En lo dicho por el Presidente ayer en la mañana, está pintado nuestro presente y da el color del futuro: los preparados son corruptos.
    (Edición de firma).

  19. #979

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    Un año de destrucción

    Macario Schettino.

    Este fin de semana se cumple un año de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador. Esta columna insiste en que se debe analizar su desempeño desde el 1 de septiembre, cuando el Congreso con mayoría de Morena tomó posesión, y el anterior presidente delegó en AMLO todas las facultades, por lo que estaríamos evaluando más bien 15 meses de la actual administración, aunque formalmente sea un año.

    Creo que es un tiempo suficiente para confirmar que todo lo que esta columna dijo acerca del candidato López Obrador era correcto. También es un tiempo amplio como para que la actual administración se haga cargo de su responsabilidad, y deje de culpar a otras anteriores. Curiosamente, a las que ocurrieron hace más de seis años, como si la inmediata anterior no tuviera importancia. Finalmente, es también suficiente como para imaginar lo que ocurrirá en el futuro previsible.

    En materia económica, López Obrador ha provocado la primera crisis autoinflingida en el siglo. Para su desgracia, eso le está costando, un poco en popularidad, y mucho en margen de maniobra. Puesto que el gobierno recauda menos debido a sus decisiones, el reacomodo del dinero para sus “programas sociales” está ocurriendo a costa de la destrucción de la capacidad operativa de la administración. Esto se ha reflejado ya en problemas con el sector salud, muy conocidos, y otros menos conocidos en trámites que amplían los problemas de la economía.

    Según mis cifras, Hacienda tendrá que hacer uso de lo que queda en el fideicomiso para recesiones (FEIP) de aquí a junio, por lo que la segunda mitad de 2020 ya no tendrán ni para repartir dinero, justo en el arranque del año electoral. Pero todo lo causó el mismo gobierno.

    Por cierto, la idea de que repartiendo dinero podría crecer la economía no tiene sentido. Puesto que sigue siendo la misma cantidad de gasto de gobierno, no importa mucho cómo esté acomodado en términos de la demanda agregada de la economía. De hecho, puede resultar negativo el experimento, porque es equivalente a la “distracción de comercio” que ocurre en comercio internacional, cuando se deja de comprar al productor más eficiente. Aquí, al dispersar el gasto en millones de pequeñas cuentas, el resultado en términos de bienestar puede ser significativamente menor. Pero es claro que eso no importa, es compra de votos, simplemente.

    En este sentido hay que evaluar el resto de las decisiones de gobierno, que consisten en la concentración de poder en la persona presidencial, la sustitución de personal calificado por seguidores políticos, y la destrucción institucional. Esto implica que las reglas dejan de ser claras, en todo sentido: electoral, de derechos humanos, pero también de cumplimiento de regulación energética, ambiental, y hasta constitucional. El impacto que esto tiene en la confianza de las personas es muy elevado, por eso la inversión se ha hundido (nacional y extranjera, empresarial y personal), pero también es un elemento en el avance del deterioro del tejido social, es decir, la paz pública.

    En este último punto, el fracaso del gobierno actual es mucho más serio. Tanto, que ha llevado a López Obrador a confrontarse con los contrapesos de última instancia, los que nunca queremos ver involucrados en la vida diaria: las Fuerzas Armadas y Estados Unidos. El fallido operativo contra el hijo del Chapo, que acabó en su liberación, y la tragedia de la familia LeBarón, han mostrado la profunda incapacidad del Presidente y su equipo, no sólo para prevenir, sino para enfrentar crisis.

    Poner en crisis la economía, destruir la administración pública, confrontarnos con las Fuerzas Armadas y con Estados Unidos, es lo que ha logrado este gobierno, que además polariza diariamente en ese esfuerzo de tener la única opinión en México que es la mañanera.

    www.elfinanciero.com
    (Edición de firma).

  20. #980

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    Dos Eventos.

    Macario Schettino

    El día de ayer, 1 de diciembre, hubo dos eventos políticos relevantes. El primero, un discurso del presidente López Obrador en el Zócalo de Ciudad de México. El segundo, manifestaciones en contra del Presidente en diversas ciudades del país. Asistí a la manifestación que salió del Ángel de la Independencia rumbo al Monumento a la Revolución, en parte por solidaridad con la familia LeBarón, en parte para manifestar mi preocupación con la destrucción institucional. Hice bien, porque los medios se concentraron en el homenaje presidencial, como en los viejos tiempos, mientras que las manifestaciones en contra, con suerte, consiguieron notas de pie.

    Los dos eventos ilustran muy bien lo que está ocurriendo en el país, y creo que debemos atenderlos. Primero, permítame referirme al discurso presidencial. Es muy preocupante que un presidente falte a la verdad, pero cuando lo hace de manera constante, sin escrúpulo alguno, causa terror.

    López Obrador engarzó mentiras completas con medias verdades, en un discurso polarizante, como todos los suyos. Por ejemplo, afirmó que habían llegado a México 26 mil millones de dólares, y que eso era un récord. Como lo vimos la semana pasada, es una cifra 12 por ciento inferior al mismo periodo de 2018. Sostuvo que en su gobierno el peso se ha fortalecido y ha crecido el índice de la Bolsa de Valores, porque el golpe del aeropuerto lo dio un mes antes de llegar a la Presidencia. Comparando con el nivel previo a su brillante idea, el peso ha perdido 1.2 por ciento de su valor, en promedio mensual, casi 3 por ciento contra la última sesión de noviembre. La Bolsa ha perdido 4 por ciento de su valor contra octubre del año pasado, casi 15 por ciento contra septiembre, antes de que Morena tomara el control del Congreso, y con ello del país.

    Afirmó el Presidente que el robo de combustible se ha reducido en 94 por ciento, pero eso es dudoso, por decir lo menos, y no hay cifras independientes que permitan confirmarlo. Las ventas de gasolina, que podrían ser indicador, han caído -5.6 por ciento a septiembre (último dato en el SIE de Sener), y habían caído -8.3 por ciento en el año anterior. Si no se roban el combustible, ¿la economía ha caído más de lo anunciado? ¿Los mexicanos decidieron no usar el auto?

    Entre las frases que no pueden considerarse mentiras, pero sí interpretaciones interesadas de la realidad, está la afirmación de que las leyes que se han modificado son para el combate a la corrupción o que Evo Morales fue víctima de un golpe de Estado. No son asuntos que tengan una interpretación única, pero hay que reconocer que se requiere cierta desfachatez para elegir la opción presidencial.

    Un Presidente mentiroso es un problema mayor, porque sus mentiras serán evidentes tarde o temprano, y en el caso presente, será más bien temprano. Sorprende que muchos que perciben ese problema en Trump, no lo puedan identificar en López Obrador.

    Ahora bien, en la marcha de oposición, por cierto mucho más asistida que el evento del Zócalo, y sin contar las otras ciudades donde también hubo manifestaciones en contra del gobierno, las cosas tampoco se ven muy bien. Mis observaciones son anecdóticas, es lo que vi. La consigna más repetida era “¡Fuera López!”, seguida del patriotero “¡México, clap, clap, clap!”. En varias ocasiones hubo gritos de apoyo a la familia LeBarón. Y, esporádicamente, todo tipo de consignas: contra el comunismo, contra Venezuela, etcétera.

    Es de reconocer la convocatoria de esta manifestación, pero es también importante considerar que no hay una idea clara, más allá del rechazo a López Obrador, cuyo origen puede ser muy diverso y contradictorio.

    En este momento, lo que tenemos es un Presidente incapaz, autoritario y mentiroso, y una parte no menor de la población enojada, pero sin ideas ni organización. En ambos lados hay, como dicen ahora, amplios espacios de oportunidad.

    www.elfinanciero.com
    (Edición de firma).

  21. #981

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    Pésimas noticias: no hay remedio

    Pablo Hiriart.

    El discurso del Presidente ayer en el Zócalo confirmó lo que muchos temíamos: no habrá cambios en política económica ni en la estrategia seguridad.

    Cree que vamos muy bien, que está haciendo historia, cuando en realidad caemos en prácticamente todos los rubros.

    Los que esperaban anuncios de cambios luego de un año de errores y fracasos se toparon con la realidad: AMLO va derecho, no se quita ni corrige.

    Son noticias preocupantes para México, aunque también malas para el líder social que atiborraba plazas con su sola convocatoria. Esta vez no pudo llenar el Zócalo con sus partidarios, a pesar de contar con todos los recursos del Estado para hacerlo.

    Se redujo el espacio disponible del Zócalo, y la mayoría de los que acudieron fueron acarreados de distintas entidades. Al llegar en los autobuses rentados por quién sabe quién, bajaron penosamente sus bolsas de plástico con sándwiches y frutsis.

    Durante el discurso de AMLO la gente estaba distraída, se volteaba, conversaba, y su preocupación era protegerse del sol. Tenían razón, pues no había nada qué festejar.

    Sorprendente fue el contraste con la marcha opositora sobre el Paseo de la Reforma, con cerca de 40 mil personas que llegaron por su propia voluntad y sin acarreados.

    Triste, vacío de contenido y tramposo fue el discurso del Presidente.

    La realidad es que tenemos crecimiento económico de cero por ciento, es decir nada, sin crisis externa por ahora.

    Vimos a un Presidente de México con un discurso que lo postró a los pies de Donald Trump, el mandatario estadounidense más cruel y antimexicano que tengamos memoria. Lo colmó de elogios porque “ha sido respetuoso” de nuestro país, cuando no es así.

    Trump nos ha impuesto su agenda y sus odios contra los migrantes centroamericanos. En su país separa a madres de hijos a los que encierra en jaulas alambradas.

    ¿Gracias, presidente Trump, por respetar a los mexicanos?

    El gran golpe de timón para devolver la confianza de los inversionistas era el relanzamiento del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y no hubo tal rectificación sino regocijo por una “estupidez económica”, como la calificó el Financial Times.

    “Los conservadores corruptos no pudieron detenernos para construir el aeropuerto de Santa Lucía”, presumió el Presidente en el Zócalo, al referirse a los amparos que revocó el mismo juez que los había otorgado.

    Texcoco ya estaba construido en una tercera parte, con la torre de control incluida. Todo para abajo. AMLO le ordenó al Ejército hacer un aeropuerto en Santa Lucía porque ninguna compañía seria lo quiso construir.

    Actualmente el aeropuerto de la capital transporta entre 45 y 50 millones de personas al año. Santa Lucía, en 2032, sólo moverá a 19.2 millones de pasajeros. Con un agravante, según el reciente reporte encargado al Grupo Aeroportuario de París: las pistas uno y tres no podrán funcionar simultáneamente. O sea no será posible tener despegues y aterrizajes al mismo tiempo.

    No hay en el discurso presidencial ningún signo de que vamos a mejorar. Olvídenlo.

    En violencia llevamos cerca de 35 mil muertos en su primer año de gobierno.

    Hubo condolencias en el mensaje de López Obrador, aunque no para los miles de asesinados en México, sino para los muertos en Texas.

    La estrategia del avestruz seguirá, por lo que no debemos esperar una mejoría en seguridad. Al contrario, los grupos criminales aumentan su poder. (Veintiún asesinados en una matanza en Coahuila el sábado).

    No mencionó a Pemex –la niña de sus ojos– en el discurso del primer año de gobierno.

    En realidad no tenía nada qué decir. Fue una forma de eludir que la producción cae más que en el sexenio anterior, y que en el tercer trimestre del año esa empresa del gobierno perdió 88 mil millones de pesos, contra 26 mil 770 millones de pesos en utilidades que tuvo en el mismo periodo del sexenio anterior.

    En lo que va de su gobierno se han dejado de crear 328 mil empleos.

    Promocionó como justicia social los apoyos económicos directos que otorga su administración. Eso no genera desarrollo, sino dependencia política hacia el gobierno que entrega los recursos.

    En Brasil se inició un programa con rebajas, a las empresas, de 30 por ciento del costo que implica contratar a una persona de entre 18 y 29 años de edad. Así se generan empleos permanentes para gente joven y no le deben el favor político al gobierno.

    Dijo el Presidente que en su gobierno había aumentado la recaudación fiscal. Es tramposo ese dato.

    Sí crecieron los ingresos tributarios en 1.6 por ciento respecto al año anterior, pero...: la recaudación por IVA (consumo) cayó 3.2 por ciento. También cayó el ingreso tributario por ISR (ingresos), en 1.2 por ciento.

    ¿Qué pasó entonces? Muy sencillo: aumentó el IEPS a combustibles en 61 por ciento. Sí, sesenta y uno por ciento subió el IEPS a gasolinas y diésel, luego de que dijeron que lo iban a bajar.

    El apoyo a la gente necesitada es dinero en efectivo, pero han destruido el sistema de salud: acabaron con el Seguro Popular a cambio de nada. Recortaron 118 millones al Programa Nacional de Vacunación. Quitaron 132 millones de pesos en Prevención y Control de Enfermedades. 231 millones de pesos al Programa de Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras. Menos dinero a Control y Prevención de Obesidad y Diabetes. Los hospitales de alta especialidad están deficitarios en todo.

    Al campo, entre subejercicios y recortes, lo golpearon como en décadas no ocurría.

    Crear clientelas electorales con dinero en trasferencias directas, es la estrategia.

    Esas clientelas quedarán atrapadas de por vida, porque el Presidente presumió la demolición de la reforma educativa como un logro. Enterrada está.

    No habrá cambios que devuelvan la confianza para invertir (lo anunciado por la IP la semana pasada sólo significa 0.7 por ciento del PIB anual, y necesitamos inversiones en infraestructura por cinco por ciento del PIB)

    La seguridad queda como hasta ahora: a mano de los criminales y a esperar que se conviertan en buenos gracias a programas sociales que no generan desarrollo.

    El Presidente dice que vamos bien y en un año no habrá reversa. Pésimas noticias.
    (Edición de firma).

  22. #982

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    Cómo evitar que se caiga el T-MEC

    Por Enrique Quintana.

    Cuando se llega a una etapa de negociación tan compleja como la que tenemos en este momento con relación al tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, pareciera que nos metemos de lleno a un laberinto.

    El gobierno mexicano sabe que si no se ratifica el tratado (T-MEC) entre los tres países de Norteamérica antes de que comiencen las elecciones primarias en Estados Unidos, éste ya no se ratificaría en todo 2020 y tendría un destino incierto en 2021.

    Como aquí le hemos contado, seguiría vigente el TLCAN, pero con la incertidumbre de lo que pudiera pasar tras las elecciones de noviembre del próximo año en EU.

    La primera escala en las elecciones de EU ocurrirá el lunes 3 de febrero en el estado de Iowa.

    Así que, pareciera que el plazo máximo para la posible ratificación del tratado no debería ir más allá de la segunda semana de enero.

    Sin embargo, el día de ayer la Cámara de Representantes de los Estados Unidos amplió el lapso de su proceso legislativo antes del receso de fin de año para alinearlo al del Senado.

    Esto significa que todavía hay margen hasta el próximo viernes 20 de diciembre para que haya una ratificación.

    De hecho, pareciera que el cambio en el calendario legislativo manda el mensaje de que hay el interés manifiesto de que se pueda ratificar el tratado antes de que termine este año.

    Sin embargo, la exigencia de que haya una verificación del cumplimiento de las normas laborales por parte de inspectores norteamericanos pareciera ser para México un obstáculo insalvable.

    Pero, no todo está cerrado. La negociación busca justamente encontrar salidas aceptables para todas las partes.

    El ámbito laboral no es el único en el cual habría inspecciones, al menos indirectamente, de autoridades que no son las mexicanas.

    Piense usted, por ejemplo, en la aviación comercial. En ella se tienen que cumplir normas que no derivan sólo de una legislación local y que son verificadas por autoridades trasnacionales.

    Se puede encontrar una salida en la cual la verificación sea realizada por entidades reguladas por las autoridades mexicanas, pero certificadas bajo una normatividad norteamericana, es decir, de los tres países. Lo mismo valdría para Estados Unidos o Canadá.

    La habilidad de negociación de quienes, por parte de México, están a cargo de buscar una salida a este aparente entrampamiento del acuerdo, será clave para que el tratado no se congele durante todo el próximo año.

    Obviamente, las empresas mexicanas no quieren tener ningún tipo de inspección directa o indirecta de autoridades extranjeras.

    Pero, si encontrar una salida a este punto es algo definitorio del futuro del tratado, tenga la certeza de se tratará de encontrar un punto medio, en el cual se asegure el cumplimiento de la legislación laboral, pero al mismo tiempo se evite que este sea usado con propósitos proteccionistas y sin una intervención directa de la autoridad norteamericana.

    Duele admitirlo, pero entre los tres países en la negociación, la posición mexicana es la más débil.

    Necesitamos la ratificación del tratado, así sea porque no se desarrolló una narrativa adecuada, para evitar consecuencias indeseables si se cae.

    Y creo que vamos a buscar cómo salir del laberinto de esta negociación, quizás desde este mismo mes de diciembre.
    (Edición de firma).

  23. #983

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    El T-MEC camina en la ‘cuerda floja’

    Victor Pliz.

    El 30 de noviembre de 2018 se firmó el T-MEC, tras casi 14 meses de negociaciones entre México, Estados Unidos y Canadá.

    Un año después hay serias dudas sobre su ratificación legislativa en EU antes de que termine el actual periodo de sesiones en la Cámara de Representantes y el Senado.

    Peor aún, hay riesgo de que el T-MEC descarrile ante la presión de representantes demócratas en EU para hacer cambios en materia laboral al nuevo acuerdo comercial de Norteamérica, que son inadmisibles para México.

    En particular, proponen que inspectores estadounidenses verifiquen presencialmente en las fábricas mexicanas el cumplimiento de los compromisos laborales asumidos en el T-MEC sobre protección de los trabajadores.

    Imponer inspecciones laborales, que sería una condición de EU para la ratificación del T-MEC, es uno de los temas que la parte mexicana considera una ‘línea roja’ y algo totalmente inaceptable por ser una medida extraterritorial.

    Con toda lógica, el Consejo Coordinador Empresarial rechazó lo que calificó como “demandas extremas” de EU en materia laboral para poner a votación el T-MEC.

    Los cambios propuestos en EU van contra la competitividad de México y de sus socios de América del Norte, además de que vulneran nuestra soberanía, según representantes del sector privado.

    En junio el Senado mexicano ratificó el T-MEC y cualquier modificación, además de que requiere el aval de ese órgano legislativo, sería una concesión para EU.

    Desde junio, congresistas demócratas han estado trabajando con el representante comercial de EU, Robert Lighthizer, para hacer algunas ‘precisiones’ al T-MEC en cuatro temas que les preocupan, señaladamente el laboral.

    La líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha insistido en hacer cambios al T-MEC para garantizar el cumplimento (enforcement) de las leyes laborales mexicanas.

    De acuerdo con el subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, los ajustes al T-MEC podrían resolverse con enmiendas y adiciones, pero también ha advertido que México tiene claras sus ‘líneas rojas’.

    Una de ellas son las pretendidas inspecciones laborales estadounidenses, a las que el gobierno mexicano se opone porque socavarían la soberanía del país.

    Asegurar el cumplimiento de las leyes laborales y fortalecer los derechos de los trabajadores son tareas que le competen única y exclusivamente a México.

    Con ese fin se aprobaron una nueva legislación laboral y un presupuesto suficiente –de mil 400 millones de pesos– para instrumentar las reformas en esa materia durante su primera etapa.

    El presidente Donald Trump puede enviar al Congreso el proyecto de ley de implementación del T-MEC cualquier día en que sesionen tanto la Cámara de Representantes como el Senado.

    La ventana de oportunidad está cerrándose, pues la última sesión con votación de este año en la Cámara de Representantes era el 12 de diciembre, pero ayer se extendió el periodo cuatro días, del 17 al 20 de diciembre.

    El lunes pasado, el senador republicano Chuck Grassley advirtió que “si no se puede llegar a un acuerdo para finales de esta semana, no veo cómo se pueda ratificar el T-MEC en este año... la ventana de oportunidad para 2019 es extremadamente ajustada”.

    Y si no lo aprueban en enero, antes de que inicien las elecciones primarias en EU, quién sabe cuándo pueda entrar en vigor el T-MEC.
    (Edición de firma).

  24. #984

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    La oposición busca rumbo.

    PabloHiriart

    Poco a poco se extiende la oposición al gobierno y aumentará más el año próximo, cuando el mal desempeño de la economía y falta de estrategia contra la violencia comiencen a hacer mella en los bolsillos y en la vida cotidiana de los ciudadanos.

    Las marchas del domingo reciente movilizaron a mucha más gente que los congregados al evento oficial en el Zócalo, sin acarreos ni asistencia obligatoria.

    Ahora la pregunta es si los líderes partidistas, intelectuales y de organizaciones sociales tendrán la grandeza para articular una oposición que logre frenar la locomotora de Morena en 2021.

    Estos tres segmentos (partidos, intelectuales y otras agrupaciones de la sociedad) juegan papeles distintos en la vida pública, pero eso ocurre cuando existe una razonable normalidad democrática, y no es el caso de México en nuestros días.

    La concentración de poder en una sola persona, más la insistencia en demoler los avances democráticos para instaurar una tiranía manejada por autoritarios e ignorantes, parecen ser señales poderosas acerca de lo que está en juego.

    El librito sugiere unidad entre los opositores, que por un tiempo dejen de lado los agravios, egos, y se guarden enconos y diferencias para dirimirlas cuando existan condiciones. Hay valores superiores en juego. Podemos perderlo todo, o casi todo.

    De no concretarse la unidad, el año 2021 Morena volverá a arrasar en las elecciones y refrendará su mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y triunfará en los 14 estados que tendrán elección de gobernador.

    Así regresaremos al país de los años setenta, con una economía devastada, odiándonos unos a otros, agobiados por la inseguridad, y un Presidente sin límites para cambiar la Constitución.

    En la Cámara de Diputados las alianzas entre partidos opositores se darán en su interior, pero serán más fáciles si panistas, priistas, emecistas y perredistas dejan de golpearse desde ahora. Ya pasó 2018 y estamos más cerca de 2021. Hay una realidad diferente.

    Para las 14 gubernaturas se va a requerir mucha más generosidad, si se trata de defender la democracia y que el gobierno no acabe por llevar el país a la época del caballo del trapiche.

    La lógica dice que la oposición necesita unirse. Candidata o candidato único para frenar a Morena y quitarle la llave de los cambios constitucionales a su antojo.

    Nada de lo anterior está en camino. En cambio, persisten los antagonismos y fobias que no significan casi nada frente al peligro de la regresión morenista que está en marcha.

    Cuando desde la intelectualidad se quiere realizar una crítica fuerte al gobierno, se recurre a la muletilla de que “Morena es como el PRI”.

    Falso, y ellos lo saben.

    El PRI, con todos sus enormes defectos, fue el promotor del IFE ciudadano, hoy amenazado. Fue el creador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que acaban de demoler.

    Le dio autonomía al Banco de México, lo que molesta al actual gobierno. Entregó la tierra en propiedad a los campesinos y puso fin al reparto agrario, con lo que quitó el poder a los comisarios ejidales y su pirámide de corrupción, y se acabaron las matanzas por las disputas de tierras. Eso lo quieren revertir por “neoliberal”. Vendió la productora de papel periódico que era monopolio del gobierno y ahorcaba la libertad de expresión. Entregó la banda presidencial cuando perdió.

    Mantuvo una relación decorosa con el gobierno de Estados Unidos y sacó provecho de la vecindad, con el TLCAN. Ahora no hay ese decoro y por falta de inteligencia puede caerse la renegociación del TMEC cuando ya estaba acordado por las tres partes.

    ¿Comparar al PRI con Morena? Por favor. Al menos no desde el reconocimiento del triunfo del PAN en Baja California en 1989.

    Viejo y escopeteado, el PRI tiene en la actualidad, en el peor de los escenarios para él, una intención de voto del diez por ciento.

    ¿Quieren empujar al PRI, con su diez por ciento, a los brazos de Morena? Síganlo estigmatizando y poniéndolo como un partido destructor al nivel de Morena, cuando ha sido lo contrario.

    El conjunto de la oposición necesita atraer al PRI si quieren contender con Morena.

    Eso lo entendía Rafael Moreno Valle, que este mes cumplirá un año de muerto en una tragedia aérea inexplicada y de consecuencias políticas tan afortunadas para el gobierno y su partido, que hasta lo celebran con supuestos castigos divinos: los opositores se quedaron sin un eje aglutinador.

    Y el PRI requiere guardar su desconfianza al PAN, sus rencores contra Calderón, sus resabios hacia Movimiento Ciudadano.

    Lo que está en juego es demasiado importante: la democracia y la modernización del país van perdiendo terreno.

    Ganan, en cambio, los pasos hacia la tiranía, la irracionalidad en las decisiones económicas, la delincuencia, la aversión a la ciencia y a la pluralidad, el encono y el resentimiento como motores de la acción de gobierno.
    (Edición de firma).

  25. #985

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    Motocicletas asesinas

    Raymundo Riva Palacio

    En la última semana, dos asesinatos han sido de alto impacto. Uno fue el de Abril Pérez Sagaón, que tiene cimbrada a la opinión pública desde que se cometió hace 10 días, y el otro fue el de Brian del Prado, que tuvo una fama efímera por su participación en un exitoso programa de TV Azteca, la madrugada del domingo pasado. Los casos están totalmente desvinculados, salvo por el método empleado en su ejecución: fueron realizados a bordo de una motocicleta, donde viajaban dos personas. La prominencia de ambos crímenes ha relegado la manera como se hicieron, que, sin ser un procedimiento nuevo, subraya la tendencia de cómo la delincuencia está empleando otras formas de ajustar cuentas de una manera rápida, sorpresiva y que les permita escapar.

    Cualquier conductor en la Ciudad de México habrá notado un número creciente de motocicletas en la capital, que se desplazan de manera arbitraria por todos los carriles, en las vías de alta velocidad, o serpenteando por las calles. No se trata ya de motociclistas de paquetería o comida rápida, sino de aquellos que por razones económicas y de tiempo, han optado por ese tipo de transporte. Entre 2013 y 2017, el Inegi reportó un incremento de 90 por ciento en el número de motocicletas en el país, pasando de un millón 900 mil a tres millones y medio de unidades. No hay un reglamento especial para motocicletas, cuando menos en la capital, y la normatividad, que tiene que ver con la movilidad, es de 2015.

    Los asesinatos de Pérez Sagaón y de Del Prado son los últimos registrados con este método en la capital. Reportes extraoficiales señalan un incremento en el número de asesinatos dolosos con este método que, en la Ciudad de México, asocian con un mayor número de centroamericanos y asiáticos. Sin embargo, no se puede concluir que el método es importado. Hace un año, por ejemplo, fue asesinado Jesús García Vallejo, el abogado del exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, que purga una sentencia por delitos relacionados con el crimen organizado, en Coyoacán, la misma alcaldía donde mataron a Pérez Sagaón y a Del Prado. Pero tampoco puede establecer, con la información disponible, que eso revele un patrón.

    El fenómeno es nacional. Un análisis comparativo realizado por el Índice GLAC el año pasado, estableció que el uso de motocicletas en la logística delictiva incrementa los delitos contra la integridad física y el patrimonio de las personas, y observó la existencia de una correlación entre el crimen y el robo de motocicletas. En el ranking que correlaciona los homicidios dolosos y el robo de motocicletas, hasta octubre de este año, las entidades donde el fenómeno es más grave son Baja California, donde la correlación es 0.95, seguida de Puebla y Tabasco (0.87), Veracruz y la Ciudad de México (0.82). En el caso de la capital federal, la tasa acumulada de motocicletas robadas en la Ciudad de México, hasta julio, fue de 16.1 por cada 100 mil habitantes, mientras que la tasa de homicidios dolosos fue de 10.3.
    El crimen en motocicleta no es un fenómeno nuevo. En 1984, dos sicarios pagados por Pablo Escobar, jefe del Cártel de Medellín, asesinaron desde una motocicleta al ministro de Justicia colombiano, Rodrigo Lara Bonilla, en Bogotá. La publicación Insight Crime reportó, en agosto de 2015, que en los tres años previos mil 537 guatemaltecos habían sido asesinados por criminales motorizados, y otros 699 habían resultado heridos, que contribuyeron a un incremento de 50 por ciento de homicidios dolosos en esa nación. Ese mismo año en Ecuador, el número de asesinatos por parte de motoristas era de nueve al día, con lo que sumaron, en los primeros siete meses de 2015, el 15 por ciento del total de crímenes en el país.

    El uso de sicarios motorizados es común en América Latina. En Centroamérica ha sido una táctica desarrollada por las pandillas, como los maras salvadoreños, que han comenzado a instalarse en la zona de Tepito. No hay un consenso sobre cómo enfrentar ese método, y se han probado varios sin que hayan perdurado. Cuando se popularizó el sicariato motorizado en Colombia, las autoridades en Medellín prohibieron que viajaran hombres en ese tipo de transporte, y después de varios años, un tribunal revocó la medida. Hace 10 años, el entonces presidente guatemalteco, Álvaro Colom, prohibió que viajaran dos personas en motocicleta –uno maneja y el otro dispara–, pero su sucesor, Otto Pérez Molina, revocó la restricción.

    El fenómeno del sicariato motorizado ya se instaló en México, y muy pocos han reparado en los riesgos que entraña. Uno de los escasos es el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, que ha tenido conversaciones a nivel federal sobre la posibilidad de prohibir todas las motocicletas en su estado. Si esa fuera una solución eficaz, seguramente ya lo habría hecho. Lo mismo se podría decir de Tabasco. Si el total de homicidios dolosos es llevado a cabo casi en su integridad por asesinos en motocicletas, si se prohibiera ese tipo de vehículo, se acabaría con el homicidio doloso. Sin embargo, no hay soluciones lineales, y mucho menos cuando la opción por las motocicletas están relacionadas con factores económicos.

    De cualquier forma, las autoridades tienen que comenzar a analizar las tendencias de homicidios dolosos desde motocicletas y atajar ese tipo de crimen antes de que los desborde. Cómo se puede hacer, es algo que se tiene que estudiar desde diversos ángulos. La contracara es qué sucederá entre la población, si prolifera este tipo de asesinatos. En la calle, en el tráfico, en los congestionamientos, se sentirán como un pato sentado en espera que le disparen. El pánico ante esa posibilidad será mayúsculo y generará tensiones sociales adicionales. No hay que esperar a que eso suceda.
    (Edición de firma).

  26. #986

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    Llegaron los "motorizados venezolanos" a México.

    Poco a poco, México se parece más y más a Venezuela.
    (Edición de firma).

  27. #987

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    Macario Schettino

    El viernes pasado se publicaron los datos de finanzas públicas al mes de octubre, que no pintan nada bien. Los ingresos del gobierno por impuestos cayeron -2.6% en ese mes, y al interior, el ISR cayó -5.1% y el IVA casi -6%. Compensó un poco la recaudación del Impuesto Especial que tiene la gasolina, que usted recuerda, Peña Nieto elevó al máximo para dejarle margen de maniobra al actual gobierno.

    Este detalle es muy importante, porque significa que la recaudación por ese impuesto tendrá un último mes bueno en noviembre (lo tuvo, pues), y a partir de ahora ya no aportará nada especial. Su crecimiento será similar al de IVA e ISR, y desde ahora le anticipo que tendrá caídas relevantes, porque cada mes se vende menos gasolina, según los datos de la Secretaría de Energía (por cierto, incompatibles con la hipótesis de que habría terminado el robo de combustible).

    Si no comparamos octubre de 2019 con el mismo mes del año anterior, sino la recaudación acumulada en los doce meses previos, para evitar saltos, el asunto se ve un poco menos feo. El ISR tiene un crecimiento de 2.5% y el IVA de 2.9%. Sin embargo, la tendencia de ambos es a caer un poco en los últimos dos meses del año, de forma que mi mejor escenario es que ISR termine con un crecimiento de 2.1%, mientras el IVA termine igual que en 2018, con un crecimiento de cero. El IEPS de gasolina terminaría con 25% de incremento, por la razón expuesta arriba.

    Los incrementos mencionados son nominales, es decir, hay que quitarles la inflación para obtener una tasa de crecimiento similar a la que usamos para el PIB, el IGAE, o similares. Puesto que la inflación está entre 3 y 3.5%, hablamos de una contracción en la recaudación. Para 2020, si nada especial ocurre, creo que podemos esperar que el ISR se incremente un poco, pero no el IVA, de forma que la recaudación total, que fue de 3.06 billones en 2018, y cerrará en 3.14 billones este año, quedará por ahí de 3.2 billones de pesos.

    Como el petróleo no podrá aportar mucho, porque el precio será menor y la cantidad no mucho mayor que en este año, los ingresos totales del gobierno me parece que podemos ubicarlos alrededor de 5.1 billones de pesos. No es poco dinero, pero el presupuesto 2020 supuso 5.47 billones. Es decir, faltan 370 mil millones de pesos. La cifra puede variar, dependiendo de la producción de petróleo, la distribución del crecimiento entre consumo y producción, etc. Mis escenarios van de 320 a 430 mil millones de pesos que no existirán, y que el presupuesto de 2020 ya consideró.

    En porcentaje, esto va del 6 al 8% del total, que no parece mucho, pero cuando uno ve que para poder cumplir los deseos presidenciales han destruido casi todo el sector público, añadirle un golpe de este tamaño es simplemente imposible. Por eso mi insistencia en que tener finanzas públicas sanas no significa que el renglón final (déficit primario) sea positivo: implica que el gobierno cumpla con sus obligaciones y además sobre dinero. Bueno, pues ahora no es así.

    Para junio, el gobierno gasta la mitad del presupuesto (o poco menos). Si mis cifras son correctas, para entonces estaremos 200 mil millones por debajo de lo esperado. La mitad de eso puede cubrirse con lo que queda del FEIP (el ahorro para recesiones). Lo demás requerirá deuda o cancelar la refinería. Será el momento de definición de este gobierno.

    Para quienes están esperando crecimiento económico en 2020, basta ver los datos que tenemos de octubre y el dato de expectativas en la industria manufacturera estadounidense, para no hacerse ilusiones. Le quedan siete meses a este gobierno para encontrar una nueva estrategia.
    (Edición de firma).

  28. #988

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    Llegaron los coches bomba

    Raymundo Riva Palacio

    Ahora, una nueva modalidad de ataque criminal quiere anidarse como estrategia de terror: los coches bomba. Tras el culiacanazo, el empoderamiento del Cártel de Sinaloa ante la laxitud del gobierno federal en el combate al crimen organizado, provocó que organizaciones delincuenciales en otras latitudes decidieran seguir el ejemplo para el sometimiento de las autoridades mediante la vía del miedo. La primera en modificar y ampliar su modus operandi ha sido el Cártel de Santa Rosa de Lima, que opera en el Bajío y controla el robo de combustible.

    Después del culiacanazo, los servicios de información del gobierno federal interceptaron una llamada de José Antonio Yépez, El Marro, el elusivo jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima, donde hablaba de planear una nueva forma de defensa de las autoridades, mediante acciones ofensivas, donde los coches bomba eran parte importante de la nueva estrategia. Poco después, un coche bomba explotó en Irapuato, zona de influencia de esa organización criminal.

    El miércoles pasado, en una colonia residencial de esa ciudad guanajuatense, un grupo de hombres armados dejaron estacionada una camioneta Honda con varias cargas de explosivos que estalló en la madrugada, sin causar víctimas, pero dañando al menos una treintena de casas. La Fiscalía General del Estado informó que la explosión en el auto fue porque le aventaron dos granadas, y no porque fuera un coche bomba. Desde un principio, las autoridades de Guanajuato han dicho que fueron granadas, aunque los primeros reportes de la Guardia Nacional mencionaron “coche bomba”.

    Las fotografías de la camioneta Honda donde se dio la explosión no dejan duda: no fueron granadas. La destrucción de poco más de la mitad de la camioneta no fue producto de ese tipo de proyectil. Las explosiones con granadas, si se revisan incidentes con ese tipo de arma, no provocan la destrucción total de amplias partes del vehículo, y sólo lo dañan en su interior. Las fotografías del Honda muestran cómo la parte trasera del vehículo, así como el techo, perdieron su forma, y la carrocería se redujo a fierros abiertos en racimo, doblados caprichosamente.

    Si se comparan las fotografías de la camioneta en Irapuato con coches bombas del Estado Islámico, se ven las similitudes. Aun si la potencia del explosivo es diferente, se puede apreciar que los coches bomba destruyen completamente una parte importante del vehículo, dejando el resto con mucho menores afectaciones. Las granadas, aun causando grandes efectos, no hacen de las carrocerías reguiletes de fierro.

    Los coches bomba son utilizados en muchas partes del mundo como vehículos suicidas, al convertirse en un arma muy versátil y poderosa contra objetivos específicos. En Colombia y ahora en México no han servido esos propósitos sino para aterrorizar y enviar mensajes a gobiernos y enemigos. La activación de bombas dentro de un vehículo requiere de manos expertas, no sólo para su armado, sino para el tipo de daño que quiere hacerse. Si uno revisa las imágenes de coches bomba suicidas, las cargas de explosivos se colocan sobre los costados, para maximizar el daño al objetivo. Si uno ve el Honda en Irapuato, la carga explosiva se colocó de una forma para que la energía saliera despedida por el techo, donde la fuerza se iría desvaneciendo en el aire, minimizando el daño indiscriminado que podría haber causado víctimas. En cualquier caso, los coches bomba son considerados como armas de guerra.

    No se ha informado sobre los peritajes del explosivo en el vehículo en Irapuato, que permita tener más información. Sin embargo, dada la forma como lo ha manejado la Fiscalía de Guanajuato y el silencio de las autoridades federales, todo indica que quieren dejar que pase como granadas en Irapuato. Está bien en función de no alterar más a una sociedad bastante nerviosa por el resurgimiento poderoso de los cárteles de la droga este año, pero, al mismo tiempo, la falta de información no sensibilizará a la sociedad sobre la gravedad de la escalada en la calidad de la violencia de las organizaciones criminales. La política de la avestruz no funciona en estos casos, como sucedió durante los primeros ocho meses del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

    La utilización de coches bomba en México no es inédito, pero nunca ha sido un método regular. El 8 de enero de 1994, en apoyo al alzamiento del EZLN días antes, el PROCUP, que dos años después nació como EPR, estalló un coche bomba en el estacionamiento de Plaza Universidad, cuyo impacto alcanzó a tiendas en el segundo piso del centro comercial. En junio de ese año explotó un Gran Marquis en las afueras del Hotel Camino Real de Guadalajara, donde se celebraba una boda de familias relacionadas con Rafael Caro Quintero, exjefe del Cártel de Guadalajara.

    En julio de 2008, en Culiacán, hubo una explosión de un auto y se encontraron varios vehículos con cilindros de gas butano y detonadores. El entonces procurador general, Eduardo Medina Mora, negó que fueran coches bomba. Durante 2010 y 2011, los años en los cuales comenzó a invertirse el poderío de los cárteles y empezaron –en mayo de 2011– a reducirse los índices delictivos, hubo vehículos que estallaron en varias ciudades del norte del país, pero no fueron clasificados como coches bomba.

    Nunca en México se ha utilizado ese tipo de método como parte de la estrategia de los cárteles de la droga, pero la llamada interceptada a Yépez señala que este recurso eficaz –el costo es bajo, las posibilidades de detención a quienes dejan el vehículo en el objetivo es casi nula, y el impacto de terror es grande–, ha llegado por la puerta de atrás de la nula estrategia contra el crimen organizado.
    (Edición de firma).

  29. #989

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    La confianza en AMLO está perdida

    Pablo Hiriart.

    En la vida pública, como en las relaciones personales, cuando se pierde la confianza es casi imposible restablecerla, salvo que haya un cambio radical en las conductas que llevaron a romperla.

    Tal es el caso de empresarios, consumidores y el Presidente, por más que cada día se tomen fotos juntos y digan “vamos a echarle ganas”.

    No puede restablecerse la confianza porque el gobierno manda señales de que ha extraviado por completo la ruta del desarrollo y se aferra a ocurrencias que no generan progreso.

    El pesimismo es generalizado en sectores clave de la vida productiva del país. Lamentablemente, hay fundamentos para estar preocupados.

    Como los ingresos del gobierno han sido menores a los esperados en este año, tiene que echar mano de 149 mil 598 millones de pesos (de acuerdo con el Reporte de Finanzas Públicas de la Secretaría de Hacienda) del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP), que le dejaron administraciones anteriores y se creó para atender emergencias graves.

    Bueno, estamos en emergencia grave porque el gobierno no tuvo dinero para acabar el año pues se le cayó la recaudación, y echa mano de 150 mil millones de pesos del FEIP.

    Paralelo a esa toma de recursos de un fondo para emergencias (terremotos, huracanes, caída drástica del precio del petróleo), la Secretaría de Hacienda dio a conocer en su reciente Informe de Finanzas Públicas, que al cierre de octubre hay un subejercicio del gasto del gobierno por 155 mil millones de pesos.

    A ver, toman 150 mil millones de pesos de un fondo de emergencia porque se les acabó el dinero, y a la vez informan que han subejercido (recursos no gastados, presupuestados) 155 mil millones de pesos.

    ¿Cómo? ¿Guardan el dinero que tienen, y para acabar el año echan mano del FEIP?

    No se necesita ser economista para entender que ahí hay gato encerrado.

    Hacia algún lado se están yendo esos 155 mil millones de pesos no gastados este año.

    Hay quienes dicen que esos recursos se van a programas sin reglas de operación, en efectivo, para sus clientelas electorales.

    Otros señalan que se canalizan a Pemex.

    Cualquiera de las dos posibilidades es un error. No generan desarrollo ni crecimiento económico.

    El gobierno tiene una agenda equivocada, que nos enseñó desde antes de tomar posesión al cancelar el aeropuerto y tirar cientos de miles de millones de pesos a la basura, e invertir otros miles de millones de pesos en una terminal aérea que está lejos y no es apta para la aviación comercial.

    Dice el Presidente que, a diferencia del pasado, no van a contratar nueva deuda. Falso: para el próximo año el gobierno solicitó, y se le aprobó, una deuda de 538 mil 349 millones de pesos. Es deuda nueva.

    La mentira es mala señal, y los empresarios lo saben. También los consumidores.

    De acuerdo con el Indicador de Confianza Empresarial (martes 3 de diciembre, El Financiero), la confianza cayó en los tres pilares del empresariado: en los comerciantes, los constructores y los industriales que desempeñan actividades manufactureras.

    El Indicador de Confianza del Consumidor, publicado por el Inegi (El Financiero, viernes 5 de diciembre) también cayó en noviembre. ¿Por qué? Dicen los especialistas consultados por el diario que se debió a “factores económicos y políticos que deprimieron la confianza”.

    No hay confianza en el rumbo del país.

    Vaciar las arcas para fortalecer a Pemex es otro error indicativo de que vamos mal.

    Por la obstinación presidencial de no hacer alianzas estratégicas con el sector privado ni reanudar las rondas petroleras de la reforma energética (que le darían al gobierno 80 centavos por cada dólar de petróleo que extraigan los privados), Pemex es un barril sin fondo.

    Al tercer trimestre de este año Pemex perdió 88 mil millones de pesos, mientras en el mismo periodo del año anterior obtuvo utilidades por 26 mil 770 millones de pesos.

    De acuerdo con el reciente informe de Hacienda, en los primeros diez meses del año los ingresos por exportaciones de Pemex cayeron 16.3 por ciento respecto del año anterior.

    ¿No es un disparate meterle dinero a Pemex, que podrían arriesgar los empresarios privados (pagando al gobierno 80 por ciento de lo que obtengan), en lugar de canalizar esos recursos a infraestructura de comunicaciones, ciencia, educación y desarrollo tecnológico?

    Hay una interrogante más: informa Hacienda que al décimo mes de este año Pemex tiene un subejercicio de 72 por ciento en obra pública. ¿Qué hacen con el dinero?

    Su avance en contratación de obra pública es de sólo 28 por ciento al cierre de octubre de este año.

    No saben ingresar dinero. No saben administrar recursos. No saben gastar.

    En síntesis, no saben gobernar. Resultado: crecimiento cero o más abajo.

    Sus obsesiones han tirado la confianza, porque no hay ni habrá corrección.

    El dinero que sostiene al actual presupuesto fue el que dejaron los gobiernos que el Presidente detesta, a través del FEIP.

    Aún quedarán en ese fondo 110 mil millones de pesos para usarlos en 2020, con lo que tal vez medio libraremos la crisis, pero no hay escape para 2021.

    Por eso y otras razones no hay confianza, aunque empresarios, consumidores y el Presidente tomen café e intenten echarle ganas.

    No hay salida, más que corregir donde AMLO está equivocado, y ni lo hará. Lo conocemos.
    (Edición de firma).

  30. #990

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    Alto riesgo

    Macario Schettino.

    Hace tiempo que México no dependía tanto del petróleo como ocurrirá en 2020. Como usted sabe, a partir de 1980, con la entrada en operación de Cantarell, nos convertimos en un país petrolero (que no habíamos sido antes). En años de precios altos, teníamos dinero para tirar. Cuando los precios fueron bajos, sufríamos.

    La declinación de Cantarell inicia en 2004, y prácticamente no queda nada de ese inmenso campo. Sin embargo, en el camino encontramos otra zona de muy alta producción (aunque no como la otra), que es Ku Maloob Zaap (KMZ). Ku empezó su declinación hace diez años, Maloob en 2018, y Zaap se mantiene en una meseta productiva, con algunas señales de declinación, pero todavía no concluyentes. Fuera de esos cuatro campos, la producción es bastante moderada. En el mejor momento, 2012, no alcanzó a llegar a 1.5 millones de barriles diarios (mbd), y en los primeros diez meses de 2019 suma 863 mil.

    Pero antes de entrar en detalle acerca de los escenarios para 2020, le explico por qué la gran dependencia que tendremos en ese año. Conforme caía la producción a partir de 2004, la economía fue diversificándose, cada vez más orientada a las exportaciones manufactureras, y eso nos permitió un crecimiento bastante razonable, considerando la caída que sufría la industria más grande del país entonces. Para tener una referencia, en los últimos 15 años la actividad industrial ha crecido en promedio 0.8 por ciento cada año, porque petróleo y gas caían -4.2 por ciento. Sin ese lastre, el crecimiento de la industria habría sido casi del doble: 1.5 por ciento promedio anual. En 2020, las exportaciones manufactureras sufrirán una contracción, debido a la menor actividad industrial en Estados Unidos (y el resto del mundo).

    Por otra parte, a partir de 2009 el gobierno empezó a hacer esfuerzos para no financiarse del petróleo de manera excesiva. Se mejoró la recaudación del Impuesto sobre la Renta (ISR) con algunas medidas como el IETU, y más recientemente con la reforma fiscal de 2013. Se recuperó el IEPS a gasolina y diésel, y se elevó un poco el IVA. Gracias a eso, la caída de aportación del petróleo, que fue de tres puntos del PIB, logró compensarse temporalmente.

    Pero el nuevo gobierno no aprovechó su gran popularidad para hacer una reforma fiscal, por lo que el margen que se obtuvo en 2014 se fue acabando. Por eso hoy tienen que casi destruir la capacidad del gobierno para financiar los programas de reparto de dinero que tanto le importan al Presidente.

    No menos importante, la visión de López Obrador del petróleo, y la energía, corresponde a otra época. Cree que el gobierno debe controlar ese mercado, en parte por 'soberanía', en parte por negocio. Por eso detuvo la aplicación de la reforma energética, regresó a invertir en Pemex creyendo que con eso aumentaría la producción de crudo, y además se comprometió con una nueva refinería. El resultado de estas decisiones es una mayor carga para el gobierno (que no tiene dinero, como veíamos), la destrucción de los organismos autónomos, que garantizaban el cumplimiento de la ley, y, por todo ello, un riesgo importante de que el abasto de energía sea escaso y caro.

    Como vimos, el próximo año las manufacturas no tendrán buen comportamiento, y la construcción no parece que vaya a reactivarse (porque el gasto del gobierno en infraestructura será menor al de este año), de forma que el crecimiento de la industria depende del petróleo.

    Por el lado de las finanzas públicas, sin crecimiento económico, la recaudación no podrá mejorar, así que todo depende de la producción de petróleo, y del precio que alcance.

    En suma: hemos vuelto a depender del petróleo, pero en un momento poco recomendable para ello.
    (Edición de firma).

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