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Thread: COLUMNAS DE "EL FINANCIERO"

  1. #631

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    En desacuerdo en algo con Jorge Castaneda Gutman.

    Al Peje le pueden encontrar 50 "casitas blancas" y no pasaría nada, y MENOS que con nadie, con sus chairos de mierda, que tanto criticaban al Expresidente Peña Nieto.

    Eso de "la casita blanca" requiere un motor de propaganda, propulsado por Rusos, Iranies, Españoles o la gente de Epigmenio Ibarra... la corrupción por si misma, no tiene ninguna consecuencia.

    -----------------------------

    Pero eso NO significa que el Peje no vaya a bajar de manera VERTIGINOSA de popularidad, en cuanto a las masas de chairos brutos e idiotas, comiencen a sentir EN SU CARNE, lo que realmente significa desempleo, inflación, y faltas de medicinas y alimentos.

    Venezolanización.

    Solo que México, ya se cerró las puertas, y esta masa de animales NO va a tener ningún lugar a donde ir, ni que los quieran recibir.
    (Edición de firma).

  2. #632

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    Error de buena fe

    Macario Schettino.

    Como usted sabe, renunció Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda. Es una renuncia de mucho peso, diferente a otras que han ocurrido en meses previos. Tradicionalmente, el responsable de esta secretaría es uno de los más importantes funcionarios, a veces compartiendo ese nivel con el encargado de Gobernación (no en este gobierno).

    Es tal su relevancia, que pocas veces hay sustitución en la secretaría durante un sexenio. En tiempos recientes, los secretarios han salido para hacerse cargo del Banco de México, o buscar la presidencia. En los últimos treinta años, sólo dos secretarios han tenido que salir por otra circunstancia: Jaime Serra para asumir el costo del 'error de diciembre' y Luis Videgaray después de la infausta invitación a Trump. Silva Herzog, en 1986, es damnificado de la carrera presidencial, aunque no haya sido él mismo candidato.

    De forma que la renuncia de Carlos Urzúa debe entenderse en la lógica de la excepcionalidad. Para que no haya duda, su carta lo explica. Se va porque “se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento” y porque le “resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública”. No lo dice así pero, en palabras de esta columna, es un gobierno de ocurrencias e incompetentes.

    El inhumano esfuerzo que realizó Urzúa para evitar que las decisiones del presidente destruyeran la economía ha terminado. Aceptar un daño patrimonial de decenas de miles de millones de dólares cancelando el aeropuerto; hundir una cantidad cercana para salvar a una empresa quebrada y sin futuro, como lo es Pemex, y además financiar una obra faraónica y absurda en Dos Bocas; destruir la vida de decenas de miles de funcionarios públicos, que han visto reducidos sus ingresos y prestaciones, o de plano han sido expulsados; comprometer el abasto de material educativo y sobre todo de salud. Todo eso se hizo por ocurrencias e incompetencia, confirmamos ahora. Y la lealtad y el sacrificio tienen un límite.

    Urzúa, me parece, cometió el error de creer que podría influir en las decisiones de López Obrador. Como otros, compró la imagen de pragmatismo que el presidente supo vender tanto en su tiempo como jefe de Gobierno del DF, como en esta última campaña presidencial. Ahora debería ser absolutamente claro que López Obrador no tiene un gramo de pragmatismo, es un animal de poder al ciento por ciento. Su meta, como esta columna ha intentado transmitir desde hace mucho, es concentrar en su persona todo el poder posible. Para eso finge preocuparse por los pobres, respetar los espacios privados, o hasta promover inversión. Pero lo único que le importa es tener todo el poder.

    En materia económica, las cosas deben empeorar. Por un lado, la confianza necesaria para recuperar la inversión privada es ahora mucho más escasa; por otro, es probable que la pérdida del grado de inversión de México sea mucho más pronto de lo esperado. El crecimiento cero del que hablábamos ayer está ahora garantizado, en el mejor de los casos.

    En cuestión política, a partir de ahora López Obrador ya no tiene que fingir nada, porque ya no será creíble. En consecuencia, se radicalizará, y eso nos permitirá saber si la dirección que busca es el regreso a los setenta o es la ruta bolivariana. Sin duda una es peor que la otra.

    Personalmente, deploro lo ocurrido. Urzúa y yo fuimos grandes amigos, hasta su acercamiento a López Obrador, hace veinte años, que fue enfriando la relación. Sin duda le doy la bienvenida de regreso a la academia. Espero que la cordura que ha mostrado se disemine entre tanto compañero de viaje que cometió el mismo error de buena fe: creer en un desalmado.
    (Edición de firma).

  3. #633

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    Urzúa, último grito para corregir

    Por Pablo Hiriart.

    En su conferencia mañanera el presidente quiso desviar el punto central de la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda como un asunto de problemas personales con Alfonso Romo, la titular del SAT y el director de Nafin. No fue así.

    La renuncia de Urzúa apunta al corazón de las fallas del gobierno de López Obrador: decisiones de políticas públicas sin sustento.

    Y, además, nombramientos de personas sin conocimientos hechos al calor del influyentismo y el conflicto de interés.

    La patraña del vino nuevo y las botellas viejas no pasa la prueba de los hechos. Es un recurso retórico para minimizar el punto sustancial: su secretario de Hacienda le renunció porque el país va mal y no hay intención de corregir.

    El golpe que le mandó López Obrador a Carlos Urzúa al decir que no entendía el cambio, también es cuento.

    Arturo Herrera lo primero que dijo como encargado del despacho de Hacienda fue que habría continuidad y que “no habrá cambios en política hacendaria ni fiscal”.

    Entonces, ¿dónde está el cambio de fondo entre Herrera y Urzúa?

    ¿Por qué dice AMLO que las ideas del renunciado se parecían a las de Carstens y Meade?

    Hasta ahora la única diferencia entre Urzúa y Herrera es que el nuevo secretario de Hacienda le dirá en todo que sí el presidente de la República, que de economía no sabe nada ni es su obligación saber.

    Ahí está el peligro: que la economía se maneje “desde Los Pinos”, como en su momento dijo Echeverría, o desde la silla presidencial, como da a entender ahora López Obrador.

    Urzúa se fue por cumplir con su trabajo. Parte del trabajo de un secretario de Hacienda es decirle que no al presidente de la República.

    Los presidentes, como es obvio, quieren gastar y gastar en obras y proyectos, pero el secretario de Hacienda le debe recordar que los recursos son limitados y que no conviene invertir en lo que no tiene viabilidad financiera.

    Ese fue el problema de Urzúa: le dijo que no en reiteradas ocasiones a López Obrador, como si estuviera ante un presidente que entiende razones diferentes a las suyas.

    Desde hace décadas lo sabemos: a AMLO no se le puede contradecir, porque cree tener la verdad absoluta aun en temas que desconoce, como economía y energía.

    Los problemas centrales entre Urzúa y López Obrador fueron por los que el extitular de Hacienda consideraba peligrosos desatinos en la Comisión Federal de Electricidad y en la Secretaría de Energía.

    Urzúa consideraba un peligro la manera en que Manuel Bartlett maneja la CFE.

    Consideró un error sumamente riesgoso la impugnación de los contratos de gasoductos con empresas nacionales y extranjeras, que ya estaban terminados o a punto de concluir.

    Eso no le gustó al presidente y le dio la razón a Bartlett.

    Urzúa le decía que no era conveniente arrancar el proyecto de la refinería de Dos Bocas por su escasa viabilidad, y porque esa obra sería castigada por las calificadoras, que esperan inversión para producir más crudo y no gasolinas dentro de varios años.

    López Obrador le dio la razón a Rocío Nahle y siguió adelante con el proyecto, contra la opinión de su secretario de Hacienda y de los expertos en la materia.

    Y como publicamos ayer en este espacio, entre el domingo y el lunes algo ocurrió entre Carlos Urzúa y el presidente que precipitó la renuncia del titular de Hacienda.

    Hubo dos gotas que derramaron el vaso, y desde luego que algún día se sabrá.

    ¿Tienen relación con los “personajes influyentes” y sus “patentes conflictos de interés”, como dijo Urzúa en su carta de renuncia?

    Lo que sea, se va a saber.

    Por la gravedad del tema, el presidente intentó ayer desviar el núcleo de la renuncia hacia asuntos personales. No es por ahí.

    El problema con Romo por supuesto que existió, derivado del control de la banca de desarrollo, que por ley le corresponde a Hacienda.

    Ayer mismo, en entrevista con Joaquín López-Dóriga, el nuevo titular de Hacienda dijo que no había dudas de a quién correspondía el manejo de la banca de desarrollo: a él.

    Pero ese gaje del oficio en el estira y afloja de los funcionarios públicos no es motivo para presentar una renuncia a la Secretaría de Hacienda.

    Urzúa no se fue por eso, sino porque el gobierno va mal y no hay voluntad presidencial para corregir: decisiones sin sustento en políticas públicas, y conflictos de interés de influyentes personajes de la 4T.
    (Edición de firma).

  4. #634

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    Para Herrera, con afecto: Urzúa

    Por Enrique Quintana.

    Carlos Urzúa detonó una bomba como no se había hecho en los últimos 46 años.

    Ignoro si había medido las consecuencias de lo que escribía o si pensó exclusivamente en preservar su honor y su imagen.

    Pero, hagamos un poco de historia respecto a los cambios en la Secretaría de Hacienda.

    En el sexenio de Peña renunciaron Luis Videgaray y José Antonio Meade. El primero para asumir el costo de la invitación a Trump; el segundo para ser candidato presidencial.

    En el gobierno de Calderón, renunció Carstens para tomar el Banco de México, y renunció Ernesto Cordero para buscar la candidatura presidencial del PAN.

    En el de Fox, Paco Gil Díaz estuvo todo el sexenio.

    En el de Zedillo, renunció Jaime Serra, debido a la crisis financiera desatada en diciembre de 1994 y luego renunció Guillermo Ortiz, para pasar al Banco de México.

    Con Salinas, Pedro Aspe estuvo los seis años.

    Con Miguel de la Madrid, renunció Jesús Silva Herzog, por el conflicto y las discrepancias con el titular de la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP), Carlos Salinas.

    Con José López Portillo, fue despedido Rodolfo Moctezuma Cid, tras la renuncia del titular de la SPP, Carlos Tello, con objeto de separar del gabinete a los dos funcionarios que entraron en conflicto. Y luego, David Ibarra fue removido de Hacienda tras el estallido de la devaluación de 1982.

    Lo más cercano a lo que vimos en el caso de Urzúa, ocurrió con Luis Echeverría, cuando Hugo B. Margáin fue removido de su cargo, por las discrepancias con el presidente. Luego José López Portillo renunció para tomar la candidatura del PRI.

    La renuncia de Urzúa y el tono de su carta ¿significan que tenemos una crisis financiera en ciernes?

    Sí y no. Déjeme elaborar un poco.

    Imagine que, al presentarse el Plan de Negocios de Pemex, en cuestión de muy pocas semanas, resulta que en los mercados internacionales se percibe como un desastre. En ese caso, lo más probable es que Moody’s baje la calificación de la deuda de la petrolera y se pierda el grado de inversión, lo que significaría un detonador de la venta de activos mexicanos y un disparo de las tasas de interés. Eso se traduciría en un dólar por arriba de 20 pesos o más y un costo del crédito mayor, lo que seguramente traería consigo presiones fiscales.

    Si el Plan de Negocios de Pemex es recibido en tono positivo, aunque se guardara cierta cautela, por lo menos se ganaría tiempo para buscar un mayor respaldo con el Paquete Económico de 2020, y en el corto plazo no tendríamos sobresaltos.

    Dudo mucho que Urzúa se haya ido para evadir la responsabilidad de presentar este plan, como algunos han dicho. Creo que se fue por el gran desgaste personal que tuvo en su posición.

    Pero lo cierto es que le dejó a Herrera una papa caliente, a la que elevó la temperatura con el texto de su renuncia.

    Si el exsecretario realmente es amigo de Herrera, uno pensaría, …con esos amigos… y lo que sigue del dicho.

    Como a veces se olvidan las cosas, les recuerdo que el 13 de marzo publicamos aquí un texto que se denominaba: 'En defensa de Herrera'.

    Como ocurrió en aquellas fechas, a su regreso de Londres, la tarea, nada sencilla de Herrera, es hacer exactamente lo opuesto a lo que AMLO dijo ayer: convencerlo.

    Herrera no se va a dedicar a administrar la crisis. Si el episodio que vimos esta semana se repitiera con Herrera en los próximos meses, para muchos sería la señal de saltar del barco antes del naufragio.

    Sin embargo, creo que Herrera todavía puede evitarlo.
    (Edición de firma).

  5. #635

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    Discrepancias

    Por Leonardo Kourchenko.

    La salida de Carlos Urzúa y su carta de “denuncia”, más que renuncia, exhibe mucho más allá que diferencias técnicas o de enfoque en el manejo de las finanzas públicas. Pone en evidencia graves contradicciones de estrategia, operación política y mando del Presidente. Un analista señaló que el gabinete parece Montessori, pero los defensores del prestigiado sistema educativo protestan, porque ellos son más estratégicos y ordenados, afirman.

    El Presidente encargó a Alfonso Romo, el jefe de su Oficina, según la propia declaración de López Obrador ayer por la mañana, la Banca de Desarrollo, pasando por alto las facultades constitucionales del secretario de Hacienda.

    Y después los dejó patearse entre sí durante seis meses. Nombramientos, controles, juntas absurdas donde no se hablaban unos con otros; es decir, una guerra sin cuartel por el control de las dependencias. Al Presidente seguramente le parecerá esto normal: echar a pelear a los gallos, a ver quién sale vencedor. Todo indica que ganó Romo, pero tal vez perdió el país con uno de los pocos funcionarios sensatos de este gobierno.

    La otra discrepancia seria, según palabras del Presidente, estuvo en el Plan de Desarrollo, del que Hacienda preparó un proyecto sólido, con metas, objetivos, mediciones y parámetros de evaluación. El Presidente lo rechazó furioso y lo “complementó” con un documento más cercano a una declaración ideológica de principios que a un plan de acción económica. Los dos llegaron al Congreso para su revisión y aprobación. Para quienes leyeron ambos, dicen que no había correspondencia alguna entre un documento y otro.

    Esta sea tal vez una de las más grandes y hondas discrepancias. El hoy exsecretario entendía su función como la de un ministro de Finanzas en el siglo XXI, que administra un presupuesto, controla las variables de gasto, programa las de ingreso, vigila la recaudación, prevé y planea escenarios adversos para la hacienda pública. El Presidente –lo demuestra su documento al Congreso– concibe la función de forma mucho más ideológica. No se trata de realizar todas esas funciones y, sobre todo, evaluar los alcances de un programa. Sino de convertirse en un ideólogo en defensa de los más necesitados, que oriente el gasto a los pobres, que olvide los tecnicismos de las métricas y los presupuestos, absurdos componentes del neoliberalismo.

    Hoy en la mañana lo confirmó: “Ese plan lo podrían haber hecho Meade o Carstens –con todo respeto”. Es decir, no habría cambio ni modificación con el pasado que López Obrador pretende romper.

    El problema es que, le guste o no, pero la hacienda pública requiere de todos esos elementos: control, supervisión, planeación, ejercicio del gasto programado, supervisado, etc. Al Presidente eso no le gusta.

    Pero hay más discrepancias. Evidentes ya las de confrontación al interior de un gabinete claramente disfuncional.

    El hoy exsecretario señala desconocimiento de la hacienda pública, decisiones sin sustento y además conflicto de interés. Es muy grave, porque contradice las posturas de transparencia y rechazo absoluto a la corrupción. El Presidente respondió ayer por la mañana que no había evidencia de ello.

    Es muy sencillo afirmar, como lo hará con otros en el futuro, que “no aguantaron” la fuerza, el impulso de la transformación. Pero en los hechos, la realidad parece sustentar los señalamientos del señor Urzúa.

    Este gobierno no ha celebrado licitaciones ni concursos de obra. Todo lo han asignado de forma directa, por la decisión del gobierno, sin oposición ni competencia entre proveedores. No es un ejemplo de transparencia.

    Abundan los casos de torpeza, ignorancia, lento aprendizaje en funcionarios y servidores de distintas dependencias, que desconocen la seriedad y profundidad de sus responsabilidades. La curva de aprendizaje del nuevo gobierno ha resultado larga, sinuosa, y lamentablemente no ha concluido.

    Del conflicto de interés aún está por definirse, porque hay señalamientos claros de vínculos familiares entre funcionarios, asesores del Presidente, servidores públicos.

    Todos amparados bajo la extensa y difusa “moralidad” presidencial, que pretende extender cual cobijo protector a sus colaboradores.

    Por si faltaran elementos de sustento en la carta que apuntan no sólo a discrepancias, sino a contradicciones escandalosas, habla de decisiones sin sustento. No creo que necesitemos de muchos ejemplos, pero ahí está la caprichosa cancelación del Nuevo Aeropuerto en Texcoco, que ahora –producto de otra insensatez descabellada– se pretende inundar. Y la consiguiente construcción de un aeropuerto donde todos los expertos califican como inviable, y sume a eso una refinería a un costo elevadísimo bajo el castigo del presupuesto al gobierno federal: salud, educación, turismo, etc.

    Las discrepancias no son sólo de visión, sino de convicción: una hacienda sana, austera, pero bien administrada, contra una hacienda descabellada, que reparte inmensas cantidades de dinero sin beneficio directo a la economía nacional, porque no generan inversión, infraestructura, vaya, ni siquiera consumo.

    Una última lección para aquellos que discrepen: aquí no hay cabida, más que para los que sigan la cartilla, piensen igual y obedezcan.
    (Edición de firma).

  6. #636

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    Hacienda Pública

    Por Macario Schettino.

    Uno de los reclamos del exsecretario Urzúa en su carta de renuncia se refería a la imposición de funcionarios sin conocimiento de la Hacienda Pública. Es un asunto mucho más importante de lo que puede parecer, y creo que merece atención.

    El enorme número de actividades que debe realizar el gobierno, y la complejidad de muchas de ellas, exige un ejército de funcionarios que no sólo deben contar con calificación, sino además aprender en el trabajo. Por ello, los países desarrollados cuentan con servicios profesionales que han construido en décadas, si no es que en siglos, de esfuerzo y dedicación. En cualquier país de ese grupo, los cambios de gobernante apenas se notan en la operación diaria del gobierno, si bien en términos de estrategia y de políticas públicas puedan tomar direcciones diferentes. Incluso en varios de ellos (Bélgica, Italia) pueden pasar meses o años sin tener jefe de Gobierno, sin que haya mayor problema.

    México no ha logrado construir ese tipo de sistema. Cada cambio de gobierno son removidos dos o tres niveles en prácticamente todas las secretarías, complicando el inicio de la administración. Sin embargo, existen tres áreas que habían logrado mantenerse al margen de estos movimientos, construyendo su propio servicio de carrera. El más evidente es el sector militar, tanto en Defensa como en Marina, pero ocurría algo similar en Relaciones Exteriores y en el sector financiero, donde Hacienda y Banco de México fueron construyendo un cuerpo calificado de funcionarios por décadas.

    A partir de los Sonorenses (1920), es posible identificar este servicio profesional financiero en México. Funcionarios que ocupan puestos en Banco de México, Hacienda, banca de desarrollo, seguridad social, acumulando experiencia y conocimiento. Incluso con la recomposición del régimen con Cárdenas, este servicio profesional continúa: Eduardo Suárez es secretario de Hacienda durante dos sexenios, le siguen Ramón Beteta y Carrillo Flores, otros dos sexenios de Ortiz Mena, y luego viene la destrucción de la economía a manos de Echeverría y López Portillo. A partir de 1982, el servicio de carrera se recupera, ahora incorporando jóvenes con estudios de posgrado en el extranjero, y paulatinamente se recompone la economía.

    Incluso fue notorio un camino que llevaba de la Dirección General de Crédito Público a la subsecretaría de Hacienda, y de ahí a la titularidad. Por décadas, no habíamos tenido un secretario de Hacienda que no hubiese realizado parte de su vida profesional en ese servicio de carrera. Me parece que el primero, en tiempos recientes, fue Ernesto Cordero, aunque él se incorporó como subsecretario un tiempo. Luis Videgaray sería el segundo. Sin embargo, aunque entraron por decisión presidencial, el resto de la estructura siguió ocupada por el servicio profesional.

    En esta ocasión, no sólo el secretario de Hacienda llegó sin experiencia previa, sino que fueron sustituidos todos los puestos de segundo y tercer nivel por personas externas. En la secretaría, en la banca de desarrollo y en seguridad social. Tan sólo el Banco de México se salvó, gracias a la autonomía de la que goza desde hace casi 25 años.

    Aunque parte de los recién llegados tienen sin duda capacidad y estudios suficientes, no cuentan con eso que sólo da la experiencia. El gobierno actual removió funcionarios de forma generalizada, pero el impacto en Hacienda creo es mucho mayor. Por la importancia del ramo, y por la destrucción de ese sistema informal de servicio civil. Si el secretario saliente, además, considera a varios de ellos inadecuados para los puestos que ocupan, debemos preocuparnos.

    Se ha menospreciado el daño que ha sufrido el gobierno mexicano bajo el actual gobierno. Muchos colegas siguen pensando que se trata de las dificultades normales de una nueva administración, sin percibir que lo que ocurre es que no existe administración. Gobernar no es repartir dinero, disfrazar militares y dar homilías mañaneras.
    (Edición de firma).

  7. #637

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    Carlos Urzúa se tardó

    Enrique Cárdenas

    El doctor Carlos Urzúa es un economista prestigiado, académico respetado y cercano a Andrés Manuel López Obrador desde hace muchos años, al grado que fue su secretario de Finanzas cuando era jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal. Su nombramiento como secretario de Hacienda dio en su momento tranquilidad a los mercados, a los inversionistas nacionales y seguramente a muchos funcionarios del ámbito económico del gobierno federal.

    Pero conforme se sucedió la transición y los primeros meses del gobierno, y conociendo a Carlos Urzúa, quien escribe pensaba que seguramente él no estaba de acuerdo con varias de las decisiones que se estaban tomando y que su renuncia era cuestión de tiempo. Debo de admitir que dada la rapidez con la que el nuevo gobierno ha actuado, pues en términos prácticos ya lleva un año “en funciones”, me llamaba la atención que Urzúa no hubiera ya renunciado. Razones tenía muchas: el desperdicio de recursos por la cancelación del NAIM y sus implicaciones, el fallido Plan de Negocios de Pemex (incluida la construcción de la refinería en Dos Bocas) y la transferencia a esa empresa de los ahorros fiscales que han sacado sangre en muchas entidades, los recortes al gasto excesivos e irreflexivos sin considerar su impacto, el tener que justificar decisiones como la cancelación de los apoyos a las estancias infantiles sin tener la evidencia en la mano, entre muchas otras decisiones.

    Seguir en el puesto parecía significar que había abandonado sus propias creencias y convicciones, siempre y cuando al menos se cuidara el equilibrio fiscal y se mantuviera una política macroeconómica medianamente coherente. Es probable que el doctor Urzúa pensara que cuidar la estabilidad era clave y que abandonar el barco en esas circunstancias podría tener consecuencias irreparables para el país, por lo que prefería mantenerse en el puesto a pesar de todo.

    En algún momento le colmaron el plato a Urzúa y ya no pudo más. Su carta de renuncia dice mucho y muestra con crudeza graves problemas en el gobierno. No escandalizan los problemas, en todo gobierno existen. También las luchas en Palacio. Lo que preocupa es que ya sea evidente que la Hacienda Pública (ingresos y gastos del gobierno) se maneja desde las oficinas del Presidente y sus leales colaboradores y no en la Secretaría de Hacienda. Carlos Urzúa, siendo jurídicamente el responsable de las finanzas públicas, no tenía en los hechos la autoridad para cumplir con esa responsabilidad. La carta hace evidente lo que ya muchos analistas y opinadores mencionaban: que las decisiones eran ocurrencias, que no tenían una base sólida de análisis y que respondían a caprichos presidenciales que distaban mucho de ser una política pública como se le conoce normalmente. Ya se intuía, ahora es una verdad elocuente contada por un protagonista inmejorable.

    Otro párrafo de la carta afirma que existen serios conflictos de interés en algunas de las designaciones de funcionarios (que por cierto están tipificados como delitos en la Ley General de Responsabilidades de los Servidores Públicos), y que ello está obstaculizando seriamente la operación del gobierno. Esta es en realidad una denuncia no presentada judicialmente, pero reclama que el gobierno explique y aclare si existen o no esos problemas. El Senado debería indagar sobre estos hechos presuntamente ilegales a los que se refiere Urzúa en su carta de renuncia.

    De modo que a Carlos le colmaron el plato y ya no quiso seguir siendo el responsable de lo que ha ocurrido o va a ocurrir en el futuro próximo. Por las palabras de López Obrador al aceptar la renuncia, sabemos que no tomará este hecho como un motivo para reflexionar y corregir el rumbo. Más bien decidió aceptar la renuncia y reemplazarlo por alguien que si bien es cierto también tiene conocimiento de la economía y credenciales para llevar la Secretaría de Hacienda, ya ha dado muestras en este gobierno que está dispuesto a cumplir los caprichos de su jefe y aguantarle reprimendas públicas que contradicen su criterio. Arturo Herrera es una persona conocida, confiable y respetada en el medio, pero habrá que conocer hasta donde tolerará decisiones que vayan en contra del sentido común y la sensatez (como ha sucedido hasta ahora), y si también tendrá el valor civil de renunciar cuando el fuego le llegue a los aparejos, como lo tuvo Urzúa. Por lo pronto, debe explicar qué va a hacer al respecto de las denuncias sobre conflicto de interés y nombramientos de incapaces que denunció el exsecretario Urzúa, y ya veremos si acepta políticas económicas sin sustento que provengan de Presidencia, como la construcción de la refinería de Dos Bocas.
    (Edición de firma).

  8. #638

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    Malogrado control de daños

    Alejo Sánchez Cano

    El control de daños del presidente López Obrador en torno a la dimisión de Carlos Urzúa como secretario de Hacienda no contuvo el misil que dio en la línea de flotación de la 4T, y por desgracia del país, ya que la lectura dada por los inversionistas y los mercados se reflejó en la caída de la Bolsa de Valores y la depreciación del peso, amén de otras consecuencias que se verán reflejadas en la opinión de las calificadoras internacionales y, por supuesto, en los indicadores macroeconómicos, como el decremento en el porcentaje de crecimiento del PIB.

    En la justificación que dio AMLO a la renuncia, confirmó que él no es capaz de entender la visión de un hombre que tiene todos los atributos y la experiencia para cargar con la responsabilidad de llevar a buen puerto a la SHCP; al contrario, lo etiquetó de inmediato como neoliberal y con una visión conservadora en el tema de la preparación del Plan Nacional de Desarrollo y de los criterios de austeridad de su gobierno.

    Los conocimientos del Presidente en materia económica son muy limitados, sobre todo cuando los mezcla con apuntes históricos del acontecer nacional, que son sacados de contexto, de su tiempo y circunstancia.

    El propio Carlos Urzúa lo precisa en su carta de renuncia cuando apunta que: “Discrepancias en materia económica hubo muchas. Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento. Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que esta pueda tener y libre de todo extremismo, sea de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco”.

    La estrategia de control de daños tuvo como elemento toral el inmediato nombramiento de Arturo Herrera como nuevo titular de la SHCP, mismo que impidió mayores y graves consecuencias, toda vez que este personaje merece reconocimiento público por su capacidad, empero no tiene los pantalones para convencer al Presidente de que algunas de sus decisiones son equivocadas. Ya se vio con los temas de la refinería de Dos Bocas y la implementación de la tenencia federal.

    Además se desplegó una tarea de convencimiento en los medios de comunicación por no exponenciar la renuncia, la carta y sus efectos. Vamos, hasta la captura del abogado Juan Collado sirvió para tender una cortina de humo o un distractor al tema central.

    El coordinador de los diputados de MC, Tonatiuh Bravo Padilla, consideró que los señalamientos que hizo el extítular de la Secretaría de Hacienda, Carlos Urzúa Macías, sobre supuesta corrupción en la dependencia no son cosa menor, y dijo que realizar políticas públicas en materia económica sin sustento sería un riesgo importante para el país.

    Diremos que el control de daños no podrá remediar lo que subyace en la carta de Urzúa y en la de Germán Martínez, sobre el manejo de los asuntos torales del país que, a decir de ellos, no se hace con conocimiento de causa y sí con criterios de orden político que no son los adecuados.

    Del párrafo que a la letra dice: “Me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

    Pues aquí caben todos los nombres que le vengan a la mente al lector, como Buenrostro, Romo, Bartlett y Nahle, entre otros.
    (Edición de firma).

  9. #639

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    Redadas y asilo

    Leonardo Kourchenko.

    El presidente Donald Trump está en campaña para reelegirse en 2020. Parecería una obviedad afirmarlo así, pero es importante entender que el contexto de sus rígidas y estrictas medidas migratorias, obedecen en buena medida a la lógica electoral. Le dio resultado en el 2016 la retórica migratoria y la volverá a utilizar con vigor, sólo que ahora, desde el poder.

    Ayer lunes anunció en un escándalo de tuits racistas –calificados así incluso por legisladores republicanos- la modificación de los criterios legales para que Estados Unidos otorgue asilo humanitario o político a ciudadanos provenientes de Honduras, Salvador y Guatemala, específicamente.

    Se trata de una disposición más restrictiva que señala puntualmente el rechazo al asilo, para todos aquellos migrantes que no aplicaron a la protección en el primer país por el que cruzaron en su camino hacia la frontera con Estados Unidos. Es decir, los ciudadanos provenientes de El Salvador o de Honduras, debieran solicitarlo ante consulados y embajadas estadounidenses en Guatemala. Mientras que los ciudadanos guatemaltecos, tendrían que hacerlo en territorio mexicano.

    Según datos de la Patrulla Fronteriza entre enero y junio de este 2019 más de 510 mil personas fueron detenidas en la frontera americana provenientes de Centroamérica, principalmente, de esos tres países. Esa misma fuente señala que ciudadanos mexicanos fueron detenidos en un número de 3 mil 200.

    Los datos fortalecen la argumentación de una oleada sin precedente de migrantes centroamericanos, en franca huida de condiciones de violencia, inseguridad y pobreza en sus países.

    La Ley de Asilo vigente hasta el día de ayer, muy importante porque la ley no ha sido modificada, sino que el presidente emitió una serie de nuevas disposiciones para otorgar asilo señala que se beneficiará con el asilo a personas que sean víctimas de persecución, de tortura en sus países o aquellas cuya vida corra peligro en el caso de regresar a su territorio de origen. El presidente Trump considera que estas leyes son muy permisivas y extremadamente débiles y por ello debe cambiar los criterios.

    Entre las múltiples facultades ejecutivas del presidente de Estados Unidos, está justamente la de dictar los criterios bajo los cuales se pondrá en práctica el asilo político a determinadas regiones, nacionalidades o países del mundo.

    Trump aprovecha esta facultad jurídica para fortalecer su retórica electoral antiinmigrante.

    El canciller Marcelo Ebrard dijo ayer que México no ha aceptado convertirse en un tercer país seguro, esa categoría según la ley estadounidense, bajo la cual los migrantes solicitan el asilo no en territorio estadounidense sino en el nuestro –en caso de aceptar convertirnos en un tercer país seguro- y además, esperan la resolución de su solicitud, también en México.

    Ebrard afirmó que bajo los parámetros actuales, Estados Unidos está obligado a “deportar a su país de origen” a aquellos migrantes a quienes ha rechazado su solicitud de asilo. Es decir, enviar a Guatemala, El Salvador y Honduras a sus ciudadanos.

    Según datos publicados por distintos Centros de Investigación, existen más de 900 mil casos en espera de resolución de asilo, buena parte de los cuales, según la ley vigente, pueden y deben esperar en suelo estadounidense.

    Trump quiere cambiar eso. Quiere expulsarlos de territorio americano, que soliciten y esperen en otro lugar que no sea su país. Francamente contrario e inconsistente con las leyes de su propio país y con acuerdos internacionales en la materia. Pero no importa. Trump está en campaña y hará todo lo posible por impulsar su postura racista, antiinmigrante entre su base electoral.
    México ha dicho que ha preparado defensas jurídicas y legales, para todos aquellos migrantes que sean expulsados en las redadas que comenzarán esta semana.
    Mucho me temo que veremos miles de personas cruzando hacia México, expulsadas por EU o en espera de su dictamen de asilo, aun cuando, en los hechos, no hayamos acordado asumir la categoría de tercer país seguro.
    (Edición de firma).

  10. #640

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    Maldito neoliberalismo

    Pablo Hiriart.

    Confiemos en que el nuevo secretario de Hacienda, Arturo Herrera, no le haga mucho caso al presidente cuando le pide abandonar las “políticas neoliberales” que el mandatario ha prometido desterrar para siempre.

    Que le diga que sí, pero que no acate la orden.

    Es que veamos el comparativo de dos países latinoamericanos: Chile, el neoliberal por excelencia (con políticas seguidas por presidentes socialistas, demócrata cristianos y de derecha), y el populista nacionalista icónico del subcontinente, Venezuela.

    Chile tiene al 10.7 por ciento de su población en condiciones de pobreza, mientras Venezuela tiene en esa situación al 87 por ciento de sus habitantes.

    La pobreza extrema en Chile es de apenas el 2.3 por ciento de la población, y en Venezuela el 61.2 por ciento se sitúa en esa condición de pobreza extrema: hambre.

    En Chile la inflación anual es de 2.6 por ciento, mientras el gobierno de Venezuela admite tener una inflación anual de 282 mil 972 por ciento, aunque organismos y expertos independientes la ubican en un millón 304 mil 497 por ciento al año.

    Venezuela tiene un PIB per cápita de cuatro mil 332 euros, mientras Chile tiene uno de 13 mil 480 euros per cápita.

    Chile es el país menos corrupto de América Latina, y Venezuela es el número uno.

    En el ranking Doing Business (facilidades para hacer negocios), Venezuela ocupa el lugar 188 de 190 países. En ese mismo índice, Chile ocupa el lugar 56.

    De acuerdo con The New York Times (reportaje de Anatoly Kurmanaev, 17 de mayo de este año), Venezuela es la peor economía del mundo en un país sin guerra en 45 años.

    Narra Karmanaev que en el mercado de Caracas las carnicerías han dejado de vender cortes “debido a que las vísceras y las sobras, como las grasas y las pezuñas de vaca, se han convertido en la única fuente de proteína animal que pueden costear muchos de sus clientes”.

    El economista y profesor de Harvard, Ricardo Hausmann, publicó este año en Libre Mercado que hace diez años en Venezuela el salario mínimo alcanzaba para comprar comida equivalente a 70 mil calorías diarias. A principios de este año sólo alcanza para comprar 330 calorías diarias: menos del uno por ciento de las calorías que un salario mínimo podía adquirir hace una década.

    Los países, pues, se pueden desplomar al seguir recetas económicas del pasado y mandar “al diablo las recetas neoliberales”, como hizo Hugo Chávez en Venezuela y pretende hacer en México el presidente López Obrador.

    Pero hay más datos comparativos entre el populismo nacionalista y el “neoliberalismo”.

    Apunta el profesor Hausmann que para comprar un kilo de pollo en la “neoliberal” Colombia, se requieren dos horas de trabajo. Para comprar ese mismo kilo de pollo en Venezuela se necesitan 63 horas de trabajo.

    En Venezuela se necesitan 97 horas de trabajo para comprar una docena de huevos, y para comprar un kilo de queso (que los venezolanos le ponían encima a las arepas) se requieren 221 horas de trabajo.

    Ahí están los resultados de “mandar al diablo” las recetas neoliberales y tomar la ruta del populismo nacionalista como hizo Venezuela, cuyo gobierno Chávez-Maduro se dedicó a repartir dinero en efectivo en programas sociales que sacaron a gente de la pobreza por unos años y le sirvió para consolidar una robusta clientela electoral. Al cabo de un tiempo, breve por cierto, se agotó el recurso y mandó a casi toda la población a la miseria.

    Ahí está el resultado de Chile, que invirtió en programas sociales, sí, pero puso énfasis en la promoción del desarrollo, el libre mercado, educación de calidad, apertura comercial y la atracción de inversión privada extranjera y nacional.

    En México se quiere optar por el populismo (repartir dinero a raudales para formar la base electoral de Morena), y el nacionalismo que expulsa a la inversión extranjera (ver caso de Pemex).

    Obviamente hay que limar las aristas hirientes del neoliberalismo, como la desigualdad, y tener un Estado fuerte que garantice beneficios a la población (salud, educación, esparcimiento), pero los ejemplos descritos nos dicen cuál es el camino a seguir.

    Salvo, pues, que se tenga una realidad paralela, virtual, ideologizada y setentera.
    (Edición de firma).

  11. #641

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    Sí es recesión

    Macario Schettino.

    El viernes se publicó el comportamiento de la industria mexicana al mes de mayo. El dato fue significativamente peor de lo esperado. Con datos desestacionalizados, la actividad industrial total cayó -3.1 por ciento frente a mayo de 2018. Esto, debido a una contracción en minería de -9 por ciento, otro tanto igual en construcción, un crecimiento muy pequeño en manufacturas (0.4 por ciento) y uno un poco mejor en electricidad, gas y agua, 1.6 por ciento.

    La información parcial que tenemos de junio es peor. En producción de petróleo, según una presentación del director de Pemex en alguna de las mañaneras, podemos esperar que la contracción en junio sea un poco menor, -8 por ciento. En manufacturas, tenemos el dato de producción de vehículos: mientras en mayo se había contraído -1.5 por ciento, en junio lo hizo -4.5 por ciento. De construcción, sólo tengo información anecdótica: me dicen que es el peor mes en mucho tiempo. No se puede confiar en esa información, obviamente, por ser sólo un dicho, pero además porque en Ciudad de México se suma al aletargamiento económico una decisión administrativa de parar todas las construcciones grandes. Por otra parte, en junio se perdieron empleos, de forma que desde el inicio de esta administración (diciembre) llevamos casi 90 mil puestos de trabajo desaparecidos.

    Mayo es el octavo mes consecutivo de caída (en términos anuales) de la industria. Junio será el noveno, considerando lo que hemos visto. Estas caídas no podrán ser compensadas por completo con la actividad en servicios, porque ahí también hemos tenido desaceleración. El consumo (comercio) ronda 1 por ciento de crecimiento anual, y las otras dos grandes actividades, comunicaciones y servicios financieros, se han desacelerado mes a mes. En abril, la primera apenas creció 0.3 por ciento, y financieros, inmobiliarios y seguros, 1.1 por ciento. Los datos de ventas de autoservicios en junio son menos buenos que en mayo, por cierto.

    Con estos datos, el segundo trimestre del año reportará una contracción de cerca de -0.5 por ciento contra el trimestre anterior, superando la caída de los primeros tres meses del año, y cumpliendo la regla informal que define una recesión en los medios de comunicación: dos trimestres de contracción. En comparación anual, el primer semestre de 2019 tendrá un crecimiento muy cercano a cero, comparado con el primero de 2018, haciendo muy improbable que el crecimiento de todo el año supere medio punto porcentual.

    El asunto es que no se ve cómo podría recuperarse el ritmo, si el consumo está caído (por falta de confianza no se compran bienes duraderos), la inversión espantada, y el gasto en manos de un gobierno sin dinero y sin capacidad para gastarlo. Algunos creen que reduciendo la tasa de interés podría crecerse más, pero sin confianza, no importa mucho el nivel de la tasa.

    Nos quedan las exportaciones, que no van mal en algunos rubros. Especialmente equipo electrónico, pero vehículos ya no crece. Aquí también hay quien piensa que una menor tasa de interés, que provocaría un peso más débil, ayudaría a exportar. Lo dudo, porque las decisiones de las empresas consideran muchos factores que un peso débil no resuelve, incluyendo abasto de energía, garantías sobre la inversión, transformación tecnológica, y sin duda el entorno estadounidense, nuestro principal cliente. Dependeremos entonces de los requerimientos de esa economía, que esperamos no sufra un estancamiento, o peor, una recesión, durante 2020.

    Por donde lo vea, la situación económica está mal. Insisto en lo que hemos comentado desde inicios de año, no es una crisis como la de 1995 o la de 2009, pero no está bien. Hemos pasado de crecer 2.4 por ciento anual, que era poco, a crecer cero, que es menos. Todo, por decisión propia.
    (Edición de firma).

  12. #642

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    Cartilla Moral, adoctrinamiento y demagogia

    Alejo Sánchez Cano

    Al más juarista de los partidarios del Benemérito de las Américas no le importa transgredir el Estado laico sistemáticamente, ahora con el reparto de diez millones de cartillas, esas llamadas morales, con las que pretende evangelizar y de paso aplicar algunos de los principios para manipular y controlar a las masas que ideó Joseph Goebbels, el padre de la propaganda nazi.

    Mientras que en la mayoría de los programas de gobierno padecen recortes presupuestales, Andrés Manuel López Obrador dispone de esos excedentes para consolidar su proyecto político transexenal; en ese sentido, qué importa el costo de 10 millones de ejemplares o la logística para su reparto.

    Es más, se pone en tela de juicio si tendrá algún impacto entre la población los dogmas de fe y el contenido del panfleto.


    La misma Arquidiócesis, que encabeza Carlos Aguiar, señala que imaginar que con la Cartilla Moral se solucionen los problemas éticos, sería como mostrarle una receta al enfermo para su recuperación.

    Tiene razón el religioso, aunque el tema de fondo es precisamente cooptar la voluntad y granjearse adeptos a la suprema causa de mantener el poder a base principios religiosos e ideológicos. El adoctrinamiento y la demagogia en todo su esplendor.

    Así las cosas, veremos hasta dónde tiene resultado esta estrategia emanada de alguna mente calenturienta y perversa que aconseja este tipo de medidas, que en otras épocas se aplicó con resultados desastrosos.

    Mientras tanto, desde San Lázaro, la coordinadora del PRD en la Cámara de Diputados, Verónica Juárez Piña, hizo un llamado al presidente de la República para que en lugar de repartir diez millones de Cartillas Morales se distribuya la misma cantidad de ejemplares de la Constitución de la República, para promover el cumplimiento de la misma en lugar de estar tratando de imponer su visión moral y cristiana a todas las mexicanas y los mexicanos.

    Juárez Piña dijo que, además, le parece muy delicado el anuncio presidencial de que serán las y los normalistas y maestros, así como la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas y Evangélicas, quienes distribuyan los 10 millones de ejemplares de la Cartilla Moral.

    Consideró: “Hay una violación al principio constitucional del Estado laico y no es la primera vez, ya hemos visto cómo el presidente utiliza una serie de frases bíblicas o cómo de repente pareciera que nos quiere imponer su propia visión de lo que tiene que ser la moral”.

    La violación al artículo 130 Constitucional, que establece la separación entre la Iglesia y el Estado; al artículo 41, que habla del respeto al Estado laico y lo que representa un Estado donde debe aplicarse y respetarse el Estado de derecho, son algunos preceptos constitucionales que se transgreden, además del 24 de la Carta Magna, relativo a la libertad que debemos tener todas y todos los mexicanos sobre la convicción y la libertad de conciencia ética y conciencia religiosa.

    “La Cartilla Moral no debe descontextualizarse, es un documento que atendió otra etapa y necesidades de la vida nacional. En ese entonces en el país había una gran cantidad de analfabetismo y eran otras las circunstancias. Hoy lo que requerimos es el cumplimiento de la ley, el impulso de políticas públicas para terminar con la desigualdad y el que podamos tener una economía estable”, apuntó la legisladora.

    Veremos cómo avanza el asunto, aunque desde el púlpito ubicado en Palacio Nacional se pronunció la homilía que predomina sobre la propia Constitución.
    (Edición de firma).

  13. #643

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    Inversión y crecimiento: ¿un callejón sin salida?

    Otto Granados

    Hasta ahora, la discusión sobre el crecimiento se ha concentrado esencialmente en las medidas de política pública tomadas por la actual administración y su impacto en los diferentes indicadores macroeconómicos y el clima de inversión y de confianza que, como es evidente, ha sufrido un deterioro severo. Pero supongamos, en un ejercicio contrafactual, que de pronto aparecieran como por arte de magia la sensatez, el profesionalismo y el rigor en las decisiones técnicas ¿sería suficiente para superar las limitaciones estructurales que por décadas han mantenido el crecimiento de la economía nacional a niveles tan modestos? Probablemente, no. Veamos.

    Hay evidencia que demuestra que un proceso competitivo de crecimiento económico sostenido se funda sobre todo en los incrementos en la productividad y los niveles de inversión de un país. Lo primero depende de la educación de alta calidad, el desarrollo de talento, la innovación, el emprendimiento y el progreso tecnológico, entre otras cosas. Lo segundo, de las oportunidades que el país ofrezca para invertir y la disponibilidad de recursos públicos y privados. Ese es el sentido de las orientaciones fundamentales de política económica y de las reformas estructurales que se impulsaron en los últimos años, cuya pertinencia, por lo visto, parece vigente.

    Las ideas e iniciativas más recurrentes en este aspecto específico parten de una hipótesis: la economía mexicana ha crecido a tasas por abajo de otras naciones de desarrollo medio lo cual se acompaña y explica por una débil formación bruta de capital fijo en comparación con economías de tamaño y características más o menos parecidas. En otras palabras: si no hay más dinero no se puede invertir más y si no se invierte más no se crece a gran velocidad. Hasta allí, suena lógico. Pero en México las cosas suelen ocurrir con frecuencia al revés que en el resto del mundo: aquí la inversión, en especial si es de mala calidad, no siempre empuja a la economía, y en ese trayecto la discusión se ha vuelto interminable entre los economistas.

    Por ejemplo, el Consenso de Huatusco —las reflexiones de un grupo de economistas que solía reunirse bajo el liderazgo de Javier Beristáin, entre ellos, créalo o no, algunos buenos— encontró en 2004 que en las últimas décadas el coeficiente de inversión total había permanecido relativamente constante pero su contribución al crecimiento disminuyó notablemente, aunque a nivel regional la historia fue muy heterogénea. Entre 1960 y 1979 la inversión fue cercana al 20% del PIB y el crecimiento promedio anual, gracias al boom petrolero del final de ese período, fue del 6.5%. Entre 1980 y 2002 la inversión se mantuvo en niveles semejantes pero el crecimiento fue menor al 3%. Con datos más recientes, entre 2013 y 2017 anduvo por arriba del 22% y el crecimiento anual fue de 2.5%. Y en 2019 el porcentaje de inversión, al primer trimestre del año, es de 21.6% del PIB y el crecimiento se estima menor al uno por ciento. ¿Por qué? Las explicaciones pueden ser variadas porque donde hay dos economistas normalmente surge media docena (o más) de soluciones, a veces contradictorias entre sí, para un mismo problema.

    En su momento, los de Huatusco concluyeron que buena parte de ese financiamiento fue a parar a proyectos inservibles e ineficientes y refleja que “para aumentar la tasa de crecimiento no se puede contemplar únicamente un incremento en la inversión como instrumento, sino su contribución a la productividad factorial global en México”. Otros, como el recién fallecido Jaime Ros y José Casar argumentaron (“Por qué no crecemos”, Nexos, octubre 2004), que para elevar el potencial de crecimiento de la economía era necesario cambiar la estructura productiva y promover “un nuevo patrón de especialización comercial basado en actividades de mayor intensidad tecnológica y en capital humano” como los mercados de capital de riesgo, las políticas de desarrollo tecnológico enfocadas a sectores nuevos o la inversión en programas de capacitación en nuevas habilidades. Algunos más, hoy cercanos al gobierno, ubicaron en la contracción del gasto público de los años ochenta y noventa una afectación “desproporcionada al gasto de capital y, por ende, al gasto de inversión en infraestructura”, no compensado por un “mayor gasto del sector privado” (Gerardo Esquivel, “¿Cómo crecer?”, Nexos, diciembre 2011). Y, más recientemente, algunos think tanks privados (IDIC), ha insistido en una “política industrial” deliberada que entre otras cosas esté vinculada a un sistema educativo de alta calidad y a la creación de “empresas nacionales de alto valor agregado” (https://bit.ly/2G9Aowu).

    En cualquier caso, y desde luego junto a una amplia batería de otras medidas, el punto central en la eficacia de la inversión es que ciertamente tenga un impacto positivo sobre el crecimiento. Esta es la clave, como muy bien señaló hace ya tiempo Michel Rocard, el antiguo dirigente del Partido Socialista Francés: el fracaso de la izquierda es haberse estancado en creer que el pivote del crecimiento está en la redistribución más que en la producción de riqueza; es decir, no se puede distribuir más que lo que se produce, un empleo no es durable si no es económicamente productivo, y el Estado no está hecho para producir ni gestionar empresas: su tarea es, concluye Rocard, establecer y mantener las reglas del juego.

    A nivel técnico, este es el callejón de una discusión a la que por lo pronto no se le ve salida rápida, y merece por tanto una reflexión más intensa y sofisticada que alimente una adecuada formulación de políticas públicas. Dicho de otra forma, suponer que los recursos adicionales derivados por ejemplo de la compactación del sector público o del ahorro presupuestal serán automáticamente funcionales para impulsar el crecimiento de la economía dependerá de una corrección profunda que cambie tanto el diseño como la composición y el ejercicio del gasto público a todos los niveles y sectores. Y a nivel político, en medio de un clima peligrosamente crispado, es urgente encontrar un espacio de convergencia entre el gobierno y sus opositores y críticos, para definir cuáles son objetivamente las mejores decisiones que es necesario adoptar en materia de inversión y crecimiento, antes de que sea demasiado tarde y tengamos una economía rota.

    *Presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. www.oei.es.
    (Edición de firma).

  14. #644

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    Preocupaciones de los inversionistas respecto a México

    Benito Solis.

    La economía en cualquier parte del mundo requiere de cuatro factores para crecer, que son

    1) los recursos naturales o lo que antes se definía como tierra;
    2) el trabajo, que algunos dividen en sin capacitación y con capacitación o capital humano;
    3) el capital o ahorro acumulado y
    4) la capacidad empresarial u organizativa.

    Nuestro país es abundante en los dos primeros factores, es decir tenemos gran cantidad de recursos naturales, así como de personas que pueden y quieren trabajar; pero tenemos escasez de los dos restantes, es decir de capital y de personas que puedan poner a trabajar de manera productiva los restantes factores. Es un error pensar que solo con personas de buena voluntad y recursos naturales se puede elevar el nivel de vida de la población, como parece ser el actual consenso en algunos sectores. Se requiere de inversionistas nacionales y extranjeros que puedan organizar a los factores de la producción para elevar el nivel de vida de nuestro país.

    Hay una gran cantidad de naciones que tienen abundancia de recursos naturales y de población, tanto en Latinoamérica como en Asia y en África, pero en las cuales sus habitantes tiene preocupantes niveles de pobreza. En cambio existen algunas que son escasas en recursos naturales, pero que gozan de elevados niveles de bienestar para su población como son Japón, Holanda, Suiza y Singapur.

    Para que México logre crecer a un mayor ritmo y eleve los niveles de ingreso de su población es indispensable que incremente la cantidad de nuevo capital en la economía, es decir que se eleve la inversión; así como tener una mayor cantidad de empresas y empresarios creando empleos y aprovechando los recursos de que se dispone en el territorio nacional. Sin embargo, para que esto suceda se requiere que el entorno presente, pero sobre todo el futuro, sea predecible. Esto significa que las reglas con las que opera el país sean estables.

    Hay que enfatizar que la inversión tarda varios años para recuperarse, así que cambios inesperados en las reglas con las que opera la economía dificultan o imposibilitan la recuperación de la misma.
    En el momento actual se tienen diversas preocupaciones válidas que impiden que se incrementen las inversiones en el país, lo cual reduce la actividad económica e incluso pueden provocar una recesión en el corto plazo, como son:

    1) Dudas sobre la posibilidad de que siga bajando la inflación o pueda volverse a elevar como sucedió en los últimos años. De aquí la importancia de que se mantenga la autonomía del Banco de México

    2) Las tasas de interés seguirán elevadas o es posible que se puedan reducir, bajando así el costo del capital.

    3) Es posible que se tenga una fuerte devaluación del tipo de cambio en el corto o mediano plazos.

    4) Bajará la calificación de la deuda del gobierno, lo cual impactará en menor financiamiento para las empresas privadas, así como mayores tasas de interés.

    5) Habrá nuevos impuestos, y de qué tipo serían, para financiar los nuevos programas sociales que está llevando al cambio el gobierno

    6) El gobierno respetará los contratos firmados con las empresas o pretenden renegociarlos, lo cual eleva el riesgo para todas las inversiones.

    7) Entrará en vigor el T-MEC con Estados Unidos y Canadá en fecha próxima o es posible que se posponga.

    8) Se seguirán cancelando las autorizaciones de las diversas obras de construcción en el país, por las revisiones que está haciendo el gobierno.

    9) Seguirá la autonomía de la Suprema Corte y se mantendrá el respeto al Estado de derecho.

    10) Cambiarán las reglas de operación y las concesiones para las distintas empresas en el país, etcétera.

    Para que continúe la inversión en el país se requiere que las empresas tengan cierta certidumbre sobre el entorno en que operan. De manera contraría la misma se seguirá contrayendo, reduciendo así el crecimiento económico y la creación de empleos.
    (Edición de firma).

  15. #645

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    AMLOcentrismo

    Jaime Sánchez Susarrey


    1. Carlos Urzúa siguió los tres principios que predica AMLO: no mintió, no robó, no traicionó. Su carta de renuncia es un ejemplo de honestidad, por partida doble: enuncia los vicios o problemas del gobierno federal; deja el cargo porque considera, por experiencia propia, que no hay disposición para enmendarlos.

    2. Los tres señalamientos de Urzúa: decisiones sin sustento ni evaluación de consecuencias, imposición de funcionarios incapaces, personajes influyentes con patente conflicto de interés, eran ampliamente conocidos. Lo relevante es que los haya señalado el secretario de Hacienda.

    3. NAIM, Santa Lucía, Dos Bocas y la controversia por el ducto Texas-Tuxpan caen en el primer casillero. En el segundo: los consejeros nombrados en la CNH, CRE, para no mencionar a Rocío Nahle y Manuel Bartlett. Y en el tercero: baste señalar el caso del Dr. Lomelí, superdelegado en Jalisco, ahora defenestrado, aunque Urzúa precisó que se refería a Alfonso Romo.

    4. El mérito del Dr. Urzúa es haber puesto los puntos sobre las íes con toda claridad. Confirma, así, que las críticas sistemáticas que se le han hecho a la 4T no son maquinaciones neoliberales. Pero, además, pone en claro que si no se corrige, el choque contra la realidad será frontal y brutal.

    5. El efecto de la renuncia del secretario de Hacienda fue inmediato sobre el tipo de cambio y los mercados. Rápida y hábilmente AMLO lo corrigió con el nombramiento de Herrera, que se comprometió a garantizar la continuidad de las políticas fijadas por Urzúa, su maestro.

    6. Pero esta salida, efectiva, por el momento, está hipotecada. No hay ninguna evidencia de que el nuevo secretario de Hacienda tendrá la posibilidad de corregir los errores que señaló Urzúa. Más aún, no hay siquiera una remota señal de que el presidente oirá y entenderá las razones de Herrera.

    7. Baste recordar las correcciones públicas que hizo López Obrador sobre dos pronunciamientos de Herrera, entonces subsecretario de Ingresos: la refinería Dos Bocas se construirá contra viento y marea; no se creará tenencia para fortalecer las finanzas públicas.

    8. Pero no sólo eso. AMLO tachó a Urzúa de quinta columna del neoliberalismo y concluyó tajante: ‘No se puede poner vino nuevo en botellas viejas’. Traducido al castellano: no reconozco ningún vicio o problema en el funcionamiento del gobierno ni en la forma que tomo decisiones. Todas esas críticas son palabrería neoliberal.

    9. AMLO tiene una visión de sí mismo dual: por una parte, encarna la misión Histórica (con mayúscula) de crear un paraíso y borrar de la faz del país al neoliberalismo y, por la otra, la certeza de que la palanca de Arquímedes –capaz de mover el universo– es la presidencia de la República.

    10. Nada de eso es nuevo. Lo dijo una y otra vez en la campaña. La corrupción terminaría con el ejemplo y la acción del presidente. La paz y la felicidad del pueblo iniciarían el primer día de su mandato. Y así sucesivamente.

    11. Esta doble visión, fusionada, es el AMLOCENTRISMO: las decisiones y actos del presidente no se pueden cuestionar, porque de ellas sólo se puede esperar bendiciones y bondades; pero, además, no hay tarea ni objetivo que sean inalcanzables, basta girar una instrucción y ¡zas! (se distribuyen medicinas urbi et orbi o se lleva internet a todo el país).

    12. La convicción es tan profunda que, más allá de la capacidad de aniquilar a la mafia del poder, se planta frente a la realidad económica global o ante las fuerzas de la naturaleza como omnipotente.

    13. AMLO está seguro que los augurios de las calificadoras son puras pamplinas y estallarán como pompas de jabón. Nada se le resiste. Dos Bocas se construirá en un terreno pantanoso, sin problema. Los estudios de Mitre y las opiniones de las asociaciones internacionales de pilotos carecen de credibilidad. Santa Lucía, va.

    14. La ilusión del poder infinito de la presidencia se desdobla en un desprecio total por el conocimiento científico y técnico. Por eso las universidades deben ser masivas, sin exámenes y sin élites académicas (basta de fifís).

    15. De ahí que la pregunta que hay que formularse sobre la herculina tarea de Herrera no es si logrará hacerse escuchar, sino cuánto tiempo aguantará en el cargo. Sobre todo, una vez que el naufragio se aviste inminente y no haya la mínima disposición a corregir el rumbo.

    16. Rectifico y concluyo, Urzúa sí cometió un pecado mortal: violó el primer y más sagrado mandamiento de AMLO: no disentirás ni me criticarás, so pena de convertirte en mi enemigo y volverte un fifí neoliberal. Amén.
    (Edición de firma).

  16. #646

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    ¿Salvarán a Pemex de ser el ‘Titanic’ de la 4T?

    Víctor Piz

    ¿El Plan de Negocios de Pemex 2019-2023 es suficientemente creíble como para evitar la pérdida del grado de inversión de la petrolera por parte de una segunda calificadora, además de Fitch?
    La posibilidad de reducciones adicionales en la calificación crediticia soberana y de Pemex es uno de los factores de riesgo más mencionados por los analistas de mercados financieros.

    El director general de Petróleos Mexicanos, Octavio Romero, presentó ayer los detalles generales del Plan de Negocios de Pemex, aprobado previamente por unanimidad por el Consejo de Administración de la empresa.

    De acuerdo con el funcionario, la meta del Plan es poner solución a los tres problemas estructurales de la empresa: la elevada carga impositiva, el alto nivel de deuda y la baja inversión.

    Romero dijo que, para resolver el problema de la elevada carga fiscal, se propondrá reformar la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos para reducir gradualmente la tasa del Derecho de Utilidad Compartida, de 65 por ciento en 2019 a 58 por ciento en 2020 y 54 por ciento en 2021.

    La disminución de la carga fiscal sumaría 128 mil millones de pesos en los próximos dos años.

    Además, se consideran aportaciones de capital del gobierno federal de 141 mil millones de pesos entre 2020 y 2022.

    El financiamiento de la nueva refinería de Dos Bocas se hará con recursos públicos.

    Se aspira a que Pemex pueda mejorar su balance financiero y lograr un equilibrio presupuestario en 2021, con lo que en dos años dejaría de operar con pérdidas y empezaría a generar excedentes para pagar gradualmente deuda.

    Se prevé que aumente la captación de recursos tributarios petroleros en la segunda mitad de esta administración.

    Para la producción de petróleo, el Plan considera que la inversión pública se pueda complementar con privada a través de contratos de servicios de largo plazo, no de farmouts.

    Con el Plan, se prevé elevar la producción de petróleo 58 por ciento en el gobierno de la 4T, de un millón 707 mil barriles diarios estimados al cierre de este año a dos millones 697 mil barriles en 2024.

    La inversión es determinante para revertir la caída en la producción de crudo de los últimos 14 años.

    La incertidumbre es si el Plan de Negocios será suficiente para evitar un deterioro adicional en la calificación de Pemex e incluso de la deuda soberana de México.

    El Plan es poco satisfactorio y, por sus implicaciones en las finanzas públicas, una baja en la calificación tanto de la deuda soberana como de Pemex es sólo “cuestión de tiempo”, advirtieron ayer analistas de Citigroup.

    La estrategia “no resuelve los principales problemas estructurales de la empresa”, agregaron.

    Desde su perspectiva, “la probabilidad de una rebaja (de Pemex) a nivel (de bonos) basura por parte de Moody’s ha aumentado”.

    El riesgo más inmediato es que la deuda de la petrolera pierda el grado de inversión en la escala de esa calificadora, después de que a principios de junio se lo quitó Fitch.

    La pérdida del grado de inversión por parte de una segunda calificadora podría derivar en ventas forzadas de la deuda de Pemex en los mercados.

    Pronto sabremos si el Plan reduce las preocupaciones sobre el modelo de negocios de la empresa y la salva de ser el ‘Titanic’ de la 4T.
    (Edición de firma).

  17. #647

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    Policía política en la capital

    Por Pablo Hiriart.

    Son muy malos para perseguir o inhibir a la delincuencia, pero les sobra voluntad para amedrentar a periodistas y acosar opositores.

    El fin de semana ocurrieron dos hechos inaceptables que deberían encender las luces de alerta en todos los ciudadanos que creen en la libertad de prensa y en la democracia como régimen político.

    Lo sucedido hace ver un gen represor de la jefa de Gobierno hacia quienes piensan diferente a ella.

    Claudia Sheinbaum tiene un buen equipo de trabajo, pero en el flanco policiaco se manifiesta una peligrosa vena totalitaria que no se puede ocultar: se amenaza y amedrenta a quienes ejercen sus derechos democráticos, como investigar, criticar y escribir.

    Y también se utilizó la fuerza represora contra quienes forman un partido político antagónico al suyo.

    Eso que en cualquier lugar del mundo libre es práctica cotidiana, aquí en la Ciudad de México se le persigue con la policía y no hay consecuencias por la represión ejercida.

    La medianoche del sábado, el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Jesús Orta, le mandó un mensaje escrito al periodista Carlos Jiménez que no puede tomarse como algo normal: “Sigue pasándote de lanza conmigo. No es juego”.

    La amenaza fue a través de la cuenta oficial en Twitter del secretario de Seguridad Pública de la capital del país, a través de un mensaje directo (MD) y no pasó absolutamente nada.

    Como muchos en el medio periodístico saben, Carlos Jiménez es uno de los mejores reporteros de asuntos policiacos que ha habido en la Ciudad de México desde hace muchos años. Inició en Crónica cuando apenas era mayor de edad, luego emigró a La Razón y hoy trabaja para el diario ContraRéplica.

    La noche del sábado, a las 22:53, recibió el mensaje de amenaza del jefe de la Policía capitalina.

    Media hora más tarde, el periodista le respondió por esa misma vía al jefe policiaco con una pregunta: “¿Por qué dice eso secretario? No entiendo su mensaje”.

    Jesús Orta contestó hasta la mañana del domingo, a las 7:08: “Fue una confusión, una disculpa”.

    Desde las épocas de Arturo Durazo no habíamos tenido en la capital del país a un secretario de Seguridad Pública que amenazara de manera tan descarada a un periodista crítico, como es el tenaz e informado Carlos Jiménez.

    Para sorpresa nuestra, la jefa de Gobierno no removió al jefe de su Policía luego de una violación flagrante a la libertad de expresión y al ejercicio de la práctica periodística.

    ¿Cómo que “sigue pasándote de lanza conmigo. No es juego”?

    Ese lenguaje es de la mafia, del hampa, del crimen organizado.

    Y aquí en la capital del país lo emplea la autoridad para amedrentar al periodismo incómodo.

    El asunto es grave, porque después de hecha pública la amenaza no hubo consecuencias.

    Cualquier jefe policiaco, en cualquier país del mundo libre, sería cesado de inmediato después de haberse comprobado que cometió un atropello así. Pues aquí no pasa nada.

    Lo ocurrido, sin consecuencias para el agresor, nos demuestra que en el Gobierno de la Ciudad de México no creen en las libertades.

    Al día siguiente de la amenaza del titular de Seguridad Pública capitalina al periodista Carlos Jiménez, los policías de la doctora Sheinbaum detuvieron a los ciudadanos Rodrigo Estrop y Miguel Mondragón.

    ¿El motivo? Invitaban en la calle a afiliarse al partido México Libre, que impulsa el expresidente Felipe Calderón.

    No cometían ningún delito, porque en México aún no está penado formar un partido distinto o antagónico al que está en el poder.

    ¿En qué cabeza cabe arrestar a dos ciudadanos que afilian gente a un partido opositor?

    Cabe en la mente de los totalitarios. Cuidado con eso, no es un asunto menor.

    Sheinbaum aceptó que se trataba de una barbaridad, pero el hecho queda. Y queda impune.

    Felipe Calderón, como cualquier persona, está en libertad de disentir del actual gobierno y formar un partido político, o una banda de música o un círculo de lectura, si le place.

    Eso no lo entienden los totalitarios: marcaje personal y acoso policiaco a los críticos, manga ancha para la delincuencia.
    (Edición de firma).

  18. #648

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    La resurrección de Calderón

    Por Salvador Camarena

    Hablando de expresidentes, es notorio lo que ha logrado el nuevo gobierno. A Morena le debemos un milagro. Ni más ni menos que la resurrección política de Felipe Calderón.
    El proceso electoral de 2018 significó una derrota triple para FCH. No pudo incidir en el Partido Acción Nacional (al que terminaría renunciando), no pudo ayudar a que cuajara la candidatura presidencial independiente de su esposa Margarita Zavala, y ganó su adversario de dos comicios presidenciales.

    Tras ese proceso, el futuro lucía poco halagüeño para Calderón. Tanto que vio cómo le quitaban pensión y escoltas, y estos últimos pudo recuperarlos sólo después de que ex profeso dirigiera una misiva al presidente Andrés Manuel López Obrador, que accedió a la petición, misma que con poca elegancia terminaría por hacer pública.

    Sin partido, sin pensión y en medio del desprestigio en que quedaron las administraciones prianistas luego del 1 de julio de 2018, Calderón parecía destinado a sólo apoyar esporádicamente a Margarita Zavala en la constitución de México Libre, la organización política para la que ahora buscan registro.

    Pero vino la crisis de la Policía Federal y el mal manejo de la misma por parte del secretario Alfonso Durazo, que llegó al extremo de apuntar que tras la rebeldía de los azules estaba el expresidente panista.

    Durazo abrió la puerta grande para el retorno de Calderón, quien en respuesta al señalamiento, velado pero clarísimo, del colaborador de AMLO, difundió un video en el que negó el señalamiento al tiempo que pedía pruebas del mismo.

    Así, en unos cuantos meses Calderón pasó de pedir ayuda al presidente, a llamar “cobarde” a la insinuación de culparlo de la rebeldía policiaca y a “exigir” al mandatario y a su secretario que presentaran pruebas o retiraran de “inmediato esas calumnias”. Es decir, pasó de verse obligado a escribir una carta de auxilio, a mostrarse envalentonado.

    Y esto ocurrió en un contexto donde además de la obvia ausencia de figuras de la oposición, los temas que están en la mesa son unos en los que Calderón puede debatir con soltura.

    ¿Que Calderón nos metió en el baño de sangre en el que estamos? Es cierto. Pero que él dejó un índice de homicidios a la baja también lo es. Más allá de eso, empero, quién podría reclamarle hoy desde el gobierno su 'estrategia' bélica cuando la nueva administración ha ido más allá, al constituir un cuerpo con mandos y tropas de la milicia. De forma que si alguien cree que Calderón se amilanará al mencionarle su 'récord' en cuanto a violencia, tengan por cierto que no será así y que el michoacano le entrará a ese debate y al que le pongan en frente: estancias infantiles, política energética, medio ambiente, economía, relación con Estados Unidos… bueno, hasta pelearse con Bartlett se le da al expresidente.

    AMLO y Calderón parecen destinados una pugna permanente. Como cuando fueron líderes de sus entonces respectivos partidos en los años noventa, como cuando fueron candidatos en 2006.

    La reedición de esta confrontación a punto de comenzar la tercera década del siglo XXI no es sin embargo una sorpresa. Si Andrés Manuel y Calderón se enfrentan de nuevo es porque no han surgido, ni desde la derecha ni desde la izquierda e incluso desde el amlismo, nuevas figuras políticas que refresquen el debate. Estamos condenados a esto.
    Con esta resurrección pierde Margarita Zavala, que no podrá capitalizar el desgaste de López Obrador, pues tal crédito será para Calderón, quien incluso ya se ve en una candidatura a la Cámara de Diputados en 2021. Lástima, Margarita.

    Y perdemos todos, porque está bien que los de Morena necesitaran de sparrings para su tenebra conspiracionista, ¿pero no les dio para más que para resucitar a Calderón? Pues ahora ustedes se lo bancan, como dicen los argentinos.
    (Edición de firma).

  19. #649

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    Tercer país seguro ¿No que no?

    Por Jorge Castaneda Gutman.


    La decisión de Donald Trump de imponer el estatus de tercer país seguro a México y Guatemala por la vía unilateral debiera ser inaceptable para el gobierno de López Obrador. No tiene sentido tratar de disimular el hecho: eso implica el Interim Final Rule, publicado en el Diario Oficial de Estados Unidos.

    A partir de ayer, ninguna persona que llegue a Estados Unidos y solicite asilo, habiendo pasado por un 'tercer país' que no sea el suyo (un guatemalteco, salvadoreño, hondureño o cubano, por ejemplo, pasando por México) podrá siquiera solicitar asilo, a menos de que lo haya solicitado antes en el 'tercer país' y se le haya negado.

    A diferencia de lo que declararon –equivocadamente– los funcionarios mexicanos a propósito del acuerdo entre Estados Unidos y Canadá, los 'trámites' no se desahogarán en México, por la sencilla razón de que ya no habrá trámites. El no-mexicano, no-norteamericano, que entre a Estados Unidos por los puentes o las brechas, será inmediatamente devuelto, sin audiencia preliminar, mucho menos con audiencia definitiva ante un juez.

    ¿Devuelto a dónde? Aquí es donde todo se complica. México da a entender, sin afirmarlo, que el hondureño será devuelto por Estados Unidos a Honduras, supongo que por avión, ya que la vía terrestre necesariamente pasa por México y Guatemala. Washington da a entender que el hondureño será devuelto a... México, para ver que hace López Obrador con él. Ya no se encontrará en espera de su audiencia, porque ya no habrá audiencia. En todo caso, el hondureño podrá solicitar asilo en México, o hacerle como quiera. En junio, cuando descendieron las cifras, más de 100 mil personas fueron detenidas por las autoridades norteamericanas en la línea.

    ¿Qué pasó? ¿Por qué se quedó en letra muerta el acuerdo de junio entre Ebrard y Pompeo? ¿A qué se debe que Washington haya decidido proceder unilateralmente para declarar a México tercer país seguro si se suponía que ese debía ser fruto de la revisión de cifras y de negociaciones? Aventuro una hipótesis, basada en un artículo publicado on line por Jonathan Blitzer en la revista The New Yorker, anteayer.
    Estados Unidos venía presionando fuertemente a Guatemala para firmar un acuerdo de tercer país seguro que obligara principalmente a salvadoreños y hondureños a solicitar asilo en Guatemala antes de ingresar a México o a Estados Unidos. El domingo pasado, el documento ya había sido finiquitado, e incluía una serie de cláusulas muy excesivas, que según el autor de la nota, los guatemaltecos ni siquiera habían asimilado y que iban mucho más allá de lo negociado. El presidente Jimmy Morales, ya a menos de seis meses de su salida, pensaba volar a Washington el domingo para firmar el texto con Trump el lunes.

    Pero diversos sectores de la sociedad civil y de la oposición guatemalteca habían interpuesto varios recursos de inconstitucionalidad ante la Corte de Constitucionalidad de Guatemala. Afortunadamente eso no va a suceder en México, en relación a temas tan secundarios como la migración; aquí la sociedad civil, la oposición y la Suprema Corte tienen cosas más importantes que hacer. Y milagrosamente, la Corte falló que Jimmy Morales no podía firmar el acuerdo con Trump sin la autorización previa del Congreso, la cual era imposible por carecer Morales o el próximo presidente de una mayoría en dicho Congreso.

    Se canceló el viaje presidencial a Washington, la firma del acuerdo y todo el tinglado del acuerdo regional de tercer país seguro. Dicho acuerdo había sido anunciado por Ebrard como taparrabos por si López Obrador no resistía la presión de Trump y accedía a lo que quisiera al cabo de los 45 días de prueba. Ya no iba a ser posible, por ahora. Trump montó en cólera con los guatemaltecos, y decidió proceder por la vía unilateral, y llevarse a México de corbata, sin que el gobierno mexicano objetara en lo más mínimo.

    Dos comentarios finales. Parece que no están muy contentos los norteamericanos porque después de la caída de las cifras de aprehensiones en junio, la semana pasada volvieron a crecer. Segundo, el corresponsal de Reforma en Washington especula por Twitter que la esperanza de México descansa en los recursos jurídicos que interpondrán grupos como la American Civil Liberties Union. Invocarán el artículo 1158 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, Asilo, inciso (a), Autoridad para solicitar asilo, Apartado 2, Excepciones, inciso (a), Tercer País Seguro: “El párrafo 1 no se aplicará... si el extranjero puede ser deportado en aplicación de un acuerdo bilateral o multilateral con otro país.” Al día de hoy no hay tal acuerdo.
    (Edición de firma).

  20. #650

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    Rataplán

    Por Macario Schettino.


    Ayer 16 de julio, en la mañanera, se anunció el Plan de Negocios de Pemex. Incluyo la fecha, para que usted la guarde, porque será tan importante como el 29 de octubre de 2018, que fue cuando López Obrador anunció la cancelación de la construcción del aeropuerto (NAIM). Estas dos fechas serán recordadas en el futuro como los momentos en los que el nuevo gobierno decidió destruir la economía nacional. La de octubre, para dejar claro quién mandaba; la de julio, nada más por ignorantes.

    Al momento de escribir estas líneas, el dichoso Plan no aparece, pero en un boletín oficial de Pemex, que recibí a las 13:25, se referían a la presentación en la mañanera como el “Plan de Negocios de Pemex”. Existe la posibilidad de que el documento sea diferente de lo que dijeron por la mañana, pero es la información con que cuento ahora.

    El Plan consiste en reducir el pago que Pemex hace al gobierno por extraer el petróleo de los mexicanos, más la construcción de la refinería de Dos Bocas. Además de eso, incluye diversas ilusiones puestas en gráficas, con lo que parecen posibilidades. Pero no lo son.

    Lo que es un hecho es que el gobierno mexicano tendrá menores ingresos por producción de petróleo. Pemex podrá quedarse con ese dinero, y recibirá además apoyo para invertir en exploración de petróleo. Como usted sabe, se trata de una inversión con riesgo. Uno busca, pero no siempre encuentra. El riesgo lo absorbe el gobierno mexicano. Sin embargo, se continúa con la construcción de la refinería, que es un proyecto que todos los que saben han criticado. No importa, la van a hacer, o al menos lo van a intentar.

    Lo que eso significa es que Pemex va a tener un poco más de dinero, pero esencialmente lo va a tirar en Dos Bocas. La probabilidad de que incremente de forma relevante su producción no es alta. Su capacidad de pago se reduce, y eso significa que Moody’s, probablemente, coloque los bonos de Pemex en calidad de basura, como ya lo ha hecho Fitch.

    Por otro lado, se debilitan las finanzas públicas, porque el dinero que el gobierno dejará de recibir de Pemex no saldrá de ningún otro lado. Aunque eso no significa que México vaya a dejar de pagar, la obligación de las calificadoras es avisar que esa capacidad de pago está en duda. Es seguro que muy pronto tengamos una reducción en la calificación del soberano (así se dice). Lo más probable es que nos muevan un escalón y quedemos arribita de la basura.

    En estos momentos, la gran tasa de interés que se paga en México es lo que impide que miles de millones de dólares se vayan. La diferencia entre la tasa de México y la de Estados Unidos es de 6 puntos al año. Y, con el grado de inversión, el riesgo es prácticamente cero. Por eso están aquí. Con una calificación al borde de abandonar el grado de inversión, y la evidencia empírica de la incapacidad obcecada del actual gobierno, es muy probable que parte del dinero empiece a irse. Ahí terminará ese peso fuerte que celebra López Obrador.

    Una economía debilitada por la pérdida de confianza, un gobierno que ha perdido capacidad de operación por una austeridad absurda, tienen que cargar con una empresa petrolera que jamás fue muy buena, pero que ahora está quebrada. Sin los milagros de Cantarell o Ku-Maloob-Zaap, no llegamos ni a un millón de barriles diarios. Si el Plan confirma lo presentado en la mañanera, ¡Rataplán! Directo al tercer mundo de regreso.
    (Edición de firma).

  21. #651

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    La conspiración de los críticos: la 4T se cura en salud

    Por Pablo Hiriart.

    Cuando se les comienza a descomponer el país que tienen en sus manos, los autoritarios ven en cada crítico a un enemigo o un traidor.

    Disentir es parte de una conspiración.

    Así operan algunos personajes del gobierno y su claque de promotores.

    De no creerse la especie que difundió La Jornada en su primera plana del lunes, bajo el título “Canal 6 de Julio: se fragua ‘golpe de Estado blando’ contra AMLO”.

    Es una 'entrevista exclusiva' que hicieron a Carlos Mendoza, director de ese canal que es uno de los órganos de propaganda del lopezobradorismo.

    Para darle una dimensión aún más conspirativa a las 'revelaciones' de la entrevista, ponen a manera de balazo: “Indicios de que la extrema derecha está detrás: Carlos Mendoza”.

    Es decir, la maquinaria de propaganda de Morena quiere difundir la especie de que está en marcha una conjura para derrocar al gobierno.

    Introducir ese lenguaje en la conversación pública es perverso y es dañino.

    También es el inicio de su desesperación.

    Comienzan a inventar culpables y enemigos donde no los hay, pues hasta ahora sólo existen críticos de un gobierno que ha arrancado mal y no tiene intenciones de corregir.

    En interiores del diario le dan una plana completa a la entrevista con el director del Canal 6 de Julio, donde despliega su teoría de la conspiración.

    El titular, a todo lo ancho de la plana, dice: “La extrema derecha intenta dar un ‘golpe de Estado suave’ a AMLO”.

    Si eso fuera cierto estaría en riesgo la democracia en el país y la sociedad tendría que movilizarse en su defensa. Pero no es así. Es la próxima maniobra de propaganda del gobierno ejecutada por sus adláteres mediáticos, para distraer la atención de sus yerros y decirse víctimas de otros.

    Canal 6 de Julio está haciendo un documental para convencernos a los mexicanos de que está en marcha un golpe de Estado contra su líder.

    No se basa en hechos, sino en teorías de un politólogo estadounidense llamado Gene Sharp, que escribió el ensayo De la dictadura a la democracia, que los morenistas aplican al caso mexicano sin tamiz alguno.

    Según el director de 6 de Julio, el escritor da “la receta para quitar presidentes con cinco pasos. Se comienza con una fase de ablandamiento, en la que hay medios que intentan crear malestar y desesperanza social; sigue la deslegitimación y la difusión de comentarios adversos al gobierno, mofas y noticias falsas. Después viene el calentamiento de las calles con la promoción de constantes manifestaciones de protesta”.

    Agrega los otros pasos: “El siguiente ingrediente es la combinación de todas las formas de lucha: corren rumores, se crea una falsa carestía, se acusa al gobierno de incompetente y se inician causas judiciales injustas contra los gobernantes. La última etapa es la fractura institucional”.

    (Por cierto, todo lo anterior lo hicieron López Obrador y sus baterías mediáticas cuando estaban en la oposición y nadie los acusó de golpistas).

    El periodista le pregunta al director del canal: Si está en marcha un golpe como este, ¿en qué etapa está?

    -Si se sigue el método Sharp, creo que está en la primera o la segunda.

    Todo este entramado demencial de los propagandistas de López Obrador apunta a criminalizar a los críticos.

    La “difusión de comentarios adversos al gobierno” es, en opinión de uno de los brazos mediáticos del lopezobradorismo, un delito: golpismo, sedición.

    Son un paso golpista “las movilizaciones de protesta”.

    Así son los autoritarios, inventan enemigos y conspiraciones para cubrir sus fracasos.

    Por supuesto que va a haber inconformidad social, por sus errores.

    Claro que caminamos hacia una recesión, y no por culpa de los banqueros, los 'gringos' o los 'sacadólares'.

    Habrá inconformidad por la pérdida del empleo y crecimiento de la inseguridad.

    Sin duda tendremos decisiones judiciales contra los gobernantes (amparos).

    Va a ocurrir todo lo que ocurre cuando un país deja de crecer.

    Nada de eso es “golpismo”, como se cura en salud la maquinaria de propaganda del gobierno.
    (Edición de firma).

  22. #652

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    La Segob da miedo

    Salvador Camarena


    “En el mundo real, cuando llegas a donde estoy yo, hay otras cosas que pones en consideración”, dice el personaje que interpreta al periodista Mike Wallace en la película El Informante (1999).

    En la trama, Wallace reclama a su productor (interpretado por Al Pacino) que esté filtrando al New York Times detalles de la pugna dentro de la CBS, que amenaza con impedir la salida al aire de una investigación periodística sobre la industria cigarrera.

    “No estoy hablando sobre ser una celebridad, no es cuestión de vanidad, o de cuidar a la empresa”, explica Wallace. “A lo que me refiero es lo que pones en consideración cuando estás más cerca del final de tu vida que del principio de ésta. Qué crees que es lo que uno piensa en esa etapa. ¿En el futuro?: '¿en el futuro haré esto? o ¿quiero convertirme en aquello?' No. Lo que piensas en ese momento es: al final, cómo voy a ser recordado, cuando me haya ido. Porque la historia recordará sobre todo lo último que hiciste”.

    El presidente Andrés Manuel López Obrador ha repetido en diversas ocasiones que la Secretaría de Gobernación ya no es como antes, que ahí ya no regañan, que esa dependencia ya no asusta.

    Y qué bueno que como consecuencia del cambio de gobierno, en la Segob ahora se busque más un perfil dedicado a los derechos humanos. Pero la pregunta es si además de la labor que realiza Alejandro Encinas se hace algo sustantivo en Gobernación.

    La titular de esa dependencia, Olga Sánchez Cordero, no es una voz predominante o de referencia en los debates.

    Aunque cuentan que ella ha advertido que nadie debe equivocarse, que ella es la interlocutora de la gobernabilidad en el país, la rectora de las políticas de interior, esas versiones refuerzan lo evidente: si la secretaria de Gobernación tiene que andar repitiendo que es la puerta más importante de la administración, entonces no lo es. Si tienen que desmentir que no se ha ido…

    Sánchez Cordero no gravita en la discusión sobre la nada laica alianza de la presidencia de la República con las iglesias evangélicas. Sánchez Cordero sigue en Twitter, como los otros mortales, el reporte de la discusión del Ejecutivo con el Legislativo sobre la agenda de probables leyes.

    Y por supuesto Sánchez Cordero está al margen de la importante agenda migratoria.

    Rasurada de sus funciones policiales, a Gobernación le corresponden relaciones con el Legislativo, con las iglesias, con medios de comunicación, la política poblacional y migratoria y, desde luego, los derechos humanos.

    Qué opinará la secretaria Olga de la majadera forma en que el gobierno en el que participa descalificó a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por la recomendación sobre las estancias infantiles. ¿Valida los términos de esa respuesta?

    ¿Opinará que la trastada de Baja California, que pretende reelegir por tres años a un gobernador que ni ha empezado su periodo, constituye una amenaza para la gobernabilidad y la República? ¿Creerá de verdad que es suficiente su argumento de que ella está esperando ver qué recursos de anticonstitucionalidad se interponen para proceder al respecto?

    Antes se decía que no es preciso que el titular de Gobernación sea visto, que con que se adviertan su capacidad y poder bastaba.

    ¿Sánchez Cordero 1) autorizó y 2) secunda lo dicho por su subsecretario de Gobierno (es un decir), quien encuentra de lo más natural un argumento huizachero de que se puede ampliar el mandato en Baja California porque en la boleta electoral no advertía que el periodo del gobernador era por dos años?

    Nada de salirse por las ramas como el presidente, que ayer argumentó que todos tienen derecho a expresarse: el subsecretario de Gobierno aceptó esa chamba no por los derechos que adquiría (esperamos), sino por los deberes. Y andar buscando atajos para que anticonstitucionales reeleccionistas se salgan con la suya no está en la descripción de su puesto. Que tan alto puesto de Gobernación publique a favor de ampliar el mandato de Jaime Bonilla es un mensaje importante. Si lo autorizó Sánchez Cordero, grave, si no lo autorizó y no lo corrió… pues qué pachanga es esta.

    Luego de una carrera en el Poder Judicial, ¿estará consciente Sánchez Cordero que de seguir como va quizá pase a la historia por haber convertido a Gobernación en una entidad más de la administración, una que opera en contra de la gobernabilidad? ¿Que lo que hoy por hoy sólo podrá presumir en Wikipedia es que fue la primera mujer a cargo de Bucareli?
    Contrario a lo que dice el presidente López Obrador, esta Segob sí da miedo. Espanta que esté tan ausente.
    (Edición de firma).

  23. #653

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    Ojalá que no, señor presidente

    Jonathan Ruiz Torre

    Tiene razón y todos deben apoyar esta afirmación: “Sí queremos el crecimiento, pero sin destruir el medio ambiente”, dijo ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador.

    Y añadió: “Si se tratara de crecer por crecer podríamos decir: Vamos a seguir con las rondas petroleras, a seguir entregando concesiones para la minería, no le hace que sea a cielo abierto, no le hace que contaminen, porque lo que nos importa es crecer, crecer, crecer”.

    Pero esa no es la intención y por esa razón, dijo, México no crecerá al 6 por ciento, sino al 4. Crecer a una mayor tasa implicaría destruir el medio ambiente, pues. Ojalá que no, señor presidente, que no provoquemos eso.

    Pero la economía de los mexicanos sí puede crecer al 6 por ciento sin ese catastrófico resultado. Muchos lo hacen y no tenemos que abordar el caso de Quintana Roo, Querétaro o Baja California Sur que no destacan por su minería, menos por el petróleo y que alcanzaron promedios más altos de crecimiento anual.

    Hablemos de empresas, presidente. Grupo FEMSA, la de los OXXO, por ejemplo, aumentó sus ingresos 6.8 por ciento el año pasado y el anterior, 10 por ciento, para este año esperan 7.4 por ciento. Su dinero viene fundamentalmente del comercio, su impacto ambiental lo han reducido en función de depender cada vez menos de combustibles fósiles para enfriar las cervezas.

    El PIB es la suma de los valores de mercado de todos los servicios y bienes finales producidos por los recursos de la economía del país, según el economista Jonathan Heat. Visto como un país, el crecimiento de FEMSA, de José Antonio Fernández Carbajal, está por arriba del 6 por ciento.

    Pero los mexicanos aspiran a más. Luego de correr muy “parejos”, Estados Unidos ya crece más rápido que México en buena medida por casos que usted conoce muy bien: los ingresos de Facebook, la firma de Mark Zuckerberg —con quien usted tuvo una videoconferencia recientemente— aumentó sus ingresos 37 por ciento en 2018 y en 2017, 47 por ciento. El año pasado casi triplicó los ingresos de, digamos, la CFE de los mexicanos. Es dinero que no existía el siglo pasado y ahora aporta al crecimiento del PIB en Estados Unidos.

    Facebook no vende petróleo, tampoco minerales. Cobra a firmas —y quizás a políticos— por aparecer frecuentemente en el timeline de sus millones de usuarios. Vende publicidad y quiere meterse a servicios financieros.

    Alphabet es otro buen ejemplo. Debe conocerla por su empresa más emblemática: Google. Este corporativo aumentó sus ingresos 23 por ciento en 2018 y 22 por ciento en 2017. Ahí la lleva.

    Sus ingresos por 136 mil millones de dólares multiplican los de Pemex. La compañía encabezada por Larry Page vende también publicidad, pero añadió servicios como los de almacenamiento digital. La diferencia entre Page y Zuckerberg con mexicanos de la edad de ellos, señor presidente, es que estuvieron expuestos a flujos de información y financieros que en México no existen.

    Si usted genera ambas cosas mediante buena educación y conectando —y sobre todo emocionando— a inversionistas de buena fe que hoy andan cabizbajos, puede tener resultados sorprendentes sin golpear el medio ambiente. Empresas que hoy no existen podrían generar recursos inimaginables en el mediano plazo. Usted sería recordado por hacer algo que nadie más hizo en este país.

    No se preocupe por la rentabilidad. Facebook y Alphabet entregan un margen (EBITDA) de 52 y 29 por ciento de sus ingresos, respectivamente, según datos recopilados por Bloomberg. El Plan de Negocios de Pemex cita la misma fuente para decir que Statoil tiene un margen 36 por ciento, Petrobras 34 por ciento y la vieja petrolera mexicana, 33 por ciento. Son datos comparables, vaya.

    Ojalá que no afectemos más el medio ambiente, presidente. Ojalá que sí generemos riqueza.

    * Jonathan Ruiz es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.
    (Edición de firma).

  24. #654

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    Baja California vs. el pueblo

    Alejandro Moreno


    La extensión del periodo de gobierno a cinco años que aprobó el Congreso de Baja California, luego de que los votantes fueran convocados a las urnas en junio pasado para elegir un gobierno para un periodo de dos años, ha hecho sonar diversas alarmas de alerta entre comentaristas y actores políticos.

    ¿Cómo ve el asunto la opinión pública nacional? De acuerdo con una encuesta de El Financiero, realizada del 12 al 14 de julio, la medida se topa con un rechazo mayoritario de la ciudadanía. Al preguntar si el Congreso del estado hizo bien o hizo mal en extender el periodo de dos a cinco años, el 16 por ciento de los entrevistados opina que hizo bien, frente al 57 por ciento que opina que hizo mal.

    La ampliación del periodo de gobierno contó con el voto de diversos partidos políticos con representación en un Congreso con minoría morenista, por lo cual es interesante ver cómo apoyan o rechazan los partidistas esa decisión. Según la encuesta, quienes más rechazan la ampliación del periodo de gobierno son los seguidores del PAN y del PRD, con más de 70 y 80 por ciento, respectivamente. Los morenistas y los apartidistas también rechazan en su mayoría esa decisión, en poco más de 50 por ciento, mientras que los priistas lucen un poco más divididos al respecto, aunque con tendencia al rechazo.

    Entre las preocupaciones centrales en torno a la decisión del Congreso estatal están los puntos de vista de que se viola la Constitución y se vulnera la democracia. Pero es factible que la medida también pudiera influir en las percepciones de los ciudadanos respecto a la cuarta transformación, más allá del caso local. Según la serie de encuestas del estudio Latinobarómetro, en varios países de América Latina, uno de los principales factores que se relacionan con la satisfacción e insatisfacción con el funcionamiento de la democracia es si los gobiernos gobiernan para todos o para unos cuantos.

    Según la reciente encuesta de El Financiero, el 17 por ciento de los mexicanos entrevistados opina que la decisión del Congreso de Baja California de ampliar el periodo de gobierno representa la voluntad de la mayoría de la gente, mientras que el 72 por ciento opina que ésta refleja los intereses de unos cuantos.

    Si los hallazgos del Latinobarómetro se confirman en este caso, la decisión del Congreso bajacaliforniano efectivamente podría provocar sentimientos de malestar e insatisfacción con el funcionamiento del sistema político. Vale preguntarse si el efecto local pudiera tener resonancia a nivel nacional en un momento en que el presidente López Obrador ha nutrido la percepción de que su gobierno gobierna para todos y no solamente para unos cuantos.

    El presidente López Obrador no manifestó una postura clara y contundente respecto a Baja California, pero el liderazgo de Morena sí fue muy enfático en su apoyo. La presidenta de Morena justificó la ampliación de la gubernatura “porque así lo ha pedido la gente”. Pero ese no es el caso, según revela la encuesta nacional de El Financiero, así como una encuesta estatal del periódico Reforma, que registra 54 por ciento “en contra” de la ampliación del periodo. Es Baja California vs. el pueblo.

    En el comentario político se especula que el 'experimento' del estado fronterizo podría ser un precedente a nivel nacional. Eso está por verse, pero en términos de opinión pública hay que estar pendientes de si la gente sigue las señales del presidente y su gobierno de que gobiernan para todos, o si Baja California contribuye a fortalecer la longeva creencia de que en México se gobierna para unos cuantos intereses. Revertir la medida podría abonar a una narrativa democrática favorable al presidente, su gobierno y su proyecto.
    (Edición de firma).

  25. #655

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    Medio siglo

    Por Macario Schettino.

    Hoy se cumple medio siglo de que un ser humano pisó la Luna por primera vez. Seguramente habrá abundantes reportajes y crónicas al respecto, en donde usted podrá revivir o conocer ese momento. Lo que creo que esta columna puede aportar es aprovechar la referencia para documentar cuánto hemos mejorado en estos cincuenta años, a pesar de las quejas de muchos.

    Por ejemplo, en el momento en que Armstrong puso un pie en la luna, 60 por ciento de los seres humanos vivía con menos de dos dólares al día. Hoy esa proporción es menor a 10 por ciento (todos los datos que utilizo provienen de ourworldindata.org). Así, a pesar de que la población total del planeta casi se ha duplicado desde entonces, la cantidad de personas que vive con un ingreso inferior al referido es hoy una tercera parte de lo que era. Hemos pasado de 2 mil a poco más de 700 millones de personas en ese bajo nivel.

    La esperanza de vida en 1969 rondaba los 60 años en los países con mejor condición en América Latina, un poco más en Europa, y mucho menos en los países africanos o del sur de Asia, en donde apenas alcanzaba los 40 años. Hoy, los países africanos rondan los 60 años, India alcanza 65, y los países latinoamericanos superamos 75 años. La principal causa de la mayor expectativa de vida es la menor mortalidad infantil. En 1969, uno de cada cuatro niños nacido en África moría antes de cumplir cinco años. En Asia era uno de cada seis, y en América Latina uno de cada ocho. Hoy, es uno de cada doce en África, uno de cada treinta en Asia, y uno de cada cuarenta en América Latina.

    Este impresionante avance, piensan algunos, se acompañó de una mayor desigualdad. Eso, sin embargo, no es cierto. La desigualdad económica entre países se ha reducido tal vez al nivel más bajo de toda la historia, aunque eso no es nada fácil de comparar, por la mayor capacidad productiva actual y la escasez de información para otros momentos. Sin embargo, la incorporación de toda Asia al mercado global, por sí sola, es un paso hacia la igualdad. De hecho, también la desigualdad al interior de los países se ha reducido en buena parte del planeta. Sólo hay un incremento significativo en desigualdad en países anglosajones y en China en las últimas décadas.

    De acuerdo con Polity IV, una base de datos que guarda información acerca de los sistemas políticos, en 1969 había 130 naciones, de las cuales 24 podían considerarse democracias plenas (más de ocho puntos en el índice de esa fuente), y otras once eran democracias en consolidación (más de cinco puntos). Es decir, apenas 27 por ciento de las naciones tenían algún indicio democrático, y 19 por ciento lo eran plenamente. En 2017 había 167 naciones, 53 de ellas democracias plenas y otras 43 en proceso. Es decir, 58 por ciento de las naciones del mundo tenían ya una democracia en construcción y casi un tercio eran democracias consolidadas.

    No hay duda de que poner un hombre en la Luna fue una gran hazaña. Lo que hicimos los seres humanos desde entonces, ampliar la democracia y mejorar las condiciones de vida de miles de millones de seres humanos, es una hazaña aún mayor. Entiendo que la tecnología nos maraville, pero no dejemos de ver los inmensos logros cotidianos, que incluso nos permiten hoy manifestar nuestros “sufrimientos de primer mundo”, como dicen en las redes.

    Ah, por cierto, justamente la mayor parte de esos cincuenta años corresponden a lo que hoy despectivamente llaman 'neoliberalismo'. Y sí, fue ese sistema el que nos permitió ampliar el bienestar y la democracia a la mayor cantidad de personas en toda la historia humana. Albricias.
    (Edición de firma).

  26. #656

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    De rodillas ante los yanquis

    Por Raúl Cremoux.

    El domingo, fecha calendario rarísima para que nos visite el procónsul norteamericano Michael Richard Pompeo, tiene un propósito: le deberemos mostrar los datos que lo convenzan de que hemos hecho la tarea que nos encomendó su jefe Trump para no ser castigados.

    El secretario de Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon, hará gala de sus nuevos dominios y le explicará que a la frontera sur él ha enviado a seis mil soldados para tratar de sellar, o al menos impedir que migrantes de diversas nacionalidades transiten por México para llegar a Estados Unidos y encontrar la paz y las oportunidades que no encuentran en sus países, los cuales no son sólo Guatemala, El Salvador y Honduras, sino también Nicaragua, Cuba y hasta provenientes de Somalia y Bangladesh.

    Marcelo Ebrard también hará cuentas de los elementos del Instituto Nacional de Migración destinados a interrogar, enlistar y clasificar a perseguidos y esperanzados que aspiran lograr the american dream.

    Además, también ofrecerá datos sobre la Secretaría de Exteriores, del número de burócratas y diplomáticos que afanosamente buscan elementos para que no se nos aplique la amenaza de sufrir el 5.0 por ciento de impuestos a nuestras exportaciones. Dadas las circunstancias en que hoy se encuentra la recesiva economía mexicana, el sobreendeudamiento de Pemex, el pago que durará un par de decenios para sufragar los costos de los bonos del aeropuerto de Texcoco en manos extranjeras y nacionales y, los recursos despilfarrados a diestra y siniestra, sería desastroso.

    ¿Y cómo es que nos encontramos en semejante aprieto?

    Debemos remontarnos a la fatídica fecha del 15 de noviembre del año pasado, cuando el ciudadano Ebrard, desconocedor de los laberintos de la diplomacia y ya designado como titular de la SRE, trató de ser condescendiente con Pompeo, quien como titular de la CIA había dicho que ese organismo debía ser “más agresivo, brutal, despiadado e implacable”. En esa fecha en Houston, Ebrard, quien había sido activista a favor de Hillary Clinton durante 2016, trató de tener reconocimiento y legitimación al puesto que ocuparía unas semanas más tarde. Por ello cedió a las exigencias del procónsul, quién es miembro del ala ultraderechista 'Tea Party' dentro del Partido Republicano.

    Ese compromiso oral consistió en aceptar once puntos de recepción en la frontera de los expulsados, de no importa qué país, en nuestro suelo patrio. Esa aceptación, que ni el gobierno panista de derecha ni el del corrupto gobierno priista, lo hizo Ebrard en nombre de un gobierno de izquierda progresista y que aspira a una transformación de fondo.

    Michael Richard Pompeo llegará el domingo a ver, oír y escudriñar lo que el gobierno ha hecho en los últimos 45 días. Llega después de declarar el 10 de junio recién pasado lo siguiente: “No hemos ofrecido ningún apoyo de recursos al gobierno mexicano para lograr esos resultados, tampoco lo hicimos para América Central. Cuando encontremos que es de nuestro interés proporcionar recursos en el Triángulo del Norte o en México, que tengan sentido para proteger al pueblo estadounidense, lo haremos. Pero en primera instancia, estas naciones tienen la responsabilidad de atender esos problemas de inmigración en su país de origen”.

    El procónsul llegará el domingo con una sonrisa ante quien ya etiquetan algunos expertos como vicepresidente Ebrard, pero eso no le impedirá soltar el látigo. No sabemos si don Marcelo estará acompañado de doña Olga Sánchez, de Gobernación, y de don Alfonso Durazo para que cada uno rinda cuentas o, como ya lo ha hecho antes, don Marcelo esté solo como interlocutor válido, único y legítimo que ha desterrado de su currículum sus andanzas de activista en favor de los Clinton. Odiados por Trump.

    Véase desde el ángulo que usted prefiera, pragmatismo puro, insolvencia de credibilidad, estrategia para evitar gravámenes arancelarios o lo que usted logre inventar, el hecho claro, definitivo, sólido, innegable e inaceptable, es que el domingo próximo nos someteremos, todos, a regalarle al exdirector de la CIA, embajador plenipotenciario de Trump y efectivo procónsul, un buen gajo de nuestra soberanía.
    (Edición de firma).

  27. #657

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    Pobre 'Chapo'

    Por Juan Ignacio Zavala.

    Quizá El Chapo Guzmán jamás pensó que su carrera criminal terminara de una manera tan peliculesca y sorprendente como que el presidente de su país se manifestara “conmovido” por la sentencia que recibió. Las palabras de Andrés Manuel López Obrador manifestando compasión por quien fuera uno de los criminales más buscados en el mundo, un hombre cuya historia mediática documenta que ordenó asesinatos, que torturó, que violó y que ensangrentó su paso por esta vida, se hace acreedor al final no de la condena ni de la repulsa, sino de sentimientos de conmiseración presidenciales.

    Nada mejor para un narcotraficante, para alguien que vulneró la ley sistemáticamente, alguien que rebajó el valor de la vida de sus semejantes, que la compasión del presidente de la República (por cierto, las palabras presidenciales son cada día más sorprendentes, es posible que el presidente piense en voz alta y no mida lo que dice o lo que significan sus palabras, que se mueven entre la osadía y la ocurrencia, pero eso será materia de otros artículos).

    Con la cadena perpetua que a sus 62 años recibió El Chapo, concluye la vida de un narcotraficante que llegó a estar en boca –literal– de todo el mundo. Para los gringos era el enemigo perfecto: lo empoderaron mediáticamente con números sobre su fortuna, lo pusieron en la lista de Forbes y, claro, nada mejor que tener un extranjero como causante del envenenamiento de la juventud norteamericana. El Chapo, como varios de los narcotraficantes de su generación, provocó admiración y sorpresa por su capacidad delictiva y la manera de hacer y rehacer sus negocios, su capacidad de violencia y, por supuesto, sus fugas de las cárceles de máxima seguridad en México. Si El Chapo era una suerte de mito criminal, la primera fuga en un carrito de la lavandería de la cárcel lo llevó a niveles altísimos de popularidad.

    La película del Chapo es como la de El Padrino: es mejor la dos, la segunda parte. A partir de su segunda fuga, esa realmente impresionante por construir un túnel y treparse a un pequeño vehículo motorizado, para terminar tomando un avión con destino desconocido, dejó boquiabiertos a todos. Fue motivo de vergüenza para el Estado mexicano. Recuerdo que mexicanos que estaban en el extranjero narraban en redes sociales la pena que sentían cada vez que pasaban las escenas en un restaurante y la gente reía y comentaba. Esa fuga fue una de las formas de la impotencia contra el crimen, de la burla contra la autoridad, una marca indeleble en nuestros enormes niveles de impunidad. A partir de esa ocasión se desató una verdadera cacería sobre el individuo, volvió a estar su nombre sistemáticamente en los medios de comunicación nacionales y extranjeros, su fama era de estrella pop. Las escenas de su persecusión, los fallidos operativos de su captura eran difundidos como una manera de decir que estaban cerca de su captura. Fue entonces que la vanidad del narco sucumbió a los devaneos de la actriz Kate del Castillo (“la señorita Kei”, como le decía él) y realizaron juntos un happening con el actor Sean Penn que terminó viéndole la cara a Kei y al Chapo. Muchos dicen que a partir de ahí fue más fácil seguirlo, pues el rastro de los actores puso a las autoridades en el camino de la aprehensión del criminal. Una vez preso, El Chapo sabía lo que le tocaba: Estados Unidos y terminar su vida ahí en una cárcel de máxima seguridad. Era la única manera de terminar con vida: preso.

    Con El Chapo encerrado en una minúscula celda en medio del desierto de Colorado, su fama se irá extinguiendo. Quizá alguna serie lo rescate, alguna película, pero no será ya ese mito, quedará la leyenda. Con él en la cárcel queda en el escenario alguno que otro de su generación y ya mandan en muchos lados criminales más jóvenes que apenas construyen su historia en medio de terribles matanzas.

    Queda la impotencia mexicana de no tener las instituciones adecuadas para juzgarlo aquí, pero las palabras de López Obrador expresando compasión por el infausto criminal lo explican casi todo: pobre Chapo no se vale que le hagan eso.
    (Edición de firma).

  28. #658

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    Acuerdo migratorio sin sustentabilidad

    Por Rafael Fernández de Castro M.

    Con el presidente Donald Trump uno nunca puede estar seguro. Todo indica, sin embargo, que el lunes próximo, julio 22, en que se cumplen 45 días del acuerdo a que llegó el canciller Marcelo Ebrard con Washington el 7 de junio, no habrá sobresaltos.

    Hay resultados positivos. No espectaculares. El número de detenidos por la patrulla fronteriza de Estados Unidos bajó 29 por ciento -de 133 mil a 95 mil. Y las deportaciones realizadas por México se incrementaron en ese mismo periodo en un 50 por ciento. De 14 mil a 22 mil.

    Es decir, México está cumpliendo su compromiso de incrementar el control migratorio en la frontera sur y a lo largo de todo el territorio. Para eso el presidente Andrés Manuel López Obrador despachó a 6 mil 500 efectivos de la Guardia Nacional a la frontera sur.

    También México se comprometió a recibir a más centroamericanos a través del programa de Protocolos de Migración Segura o Quédate en México. La cifra durante el mes de junio prácticamente se doblegó, de 10 mil que llegaron hasta mayo, sólo en junio nos regresaron casi 10 mil más.

    Más aún, México modificó su postura en 180 grados. De una secretaría de Gobernación y su instrumento migratorio, el Instituto Nacional de Migración, que abrieron las puertas de par en par -pregonando son bienvenidos los centroamericanos y les daremos visas humanitarias-, a una política restrictiva no sólo en la frontera sur, sino en todo el territorio nacional.

    Bajo AMLO se voltearon los papeles. Ahora la secretaria de Gobernación son los palomos y la cancillería los halcones. Y mandan los segundos.

    Más allá de una sorpresa que siempre está en la chistera de Trump, considero que el acuerdo alcanzado con Estados Unidos no es sustentable en el tiempo por cuatro motivos.

    Las instituciones mexicanas encargadas del tema migratorio están rebasadas y sin un presupuesto adecuado. Empecemos por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar). El número de peticiones de asilo se ha ido a las nubes. De menos de cinco mil peticiones hace tres años, éste se espera rebasen las 60 mil. Y sigue siendo la misma estructura, con un personal muy reducido y un presupuesto de poco más de 20 millones de pesos. No hay manera que una Comisión en esas condiciones pueda hacer frente al reto presente.

    Además, es probable que en las próximas semanas la cifra de 60 mil pase a más de 100 mil. Trump acaba de crear una nueva regla para solicitar asilo en su frontera sur: el peticionario debe haber solicitado asilo en el país por el que se trasladó a Estados Unidos y debe mostrar que le fue negado. Esto práctica claramente violatoria de la práctica de asilo internacional, está siendo combatida en las cortes, pero hoy por hoy se aplica y pondrá más presión sobre la Comar.

    Las instituciones de Estados Unidos también están rebasadas. La patrulla fronteriza y ICE (la agencia encargada de instrumentar la ley migratoria de la secretaria de Seguridad Interna) están bajo grave estrés. Como me explica un patrullero fronterizo de San Diego, “fuimos entrenados para tratar con varones jóvenes y delincuentes como coyotes y narcos, pero ahora el flujo es abrumadoramente de familias –niños, mujeres y hombres... Los centros de detención están atascados; se nos han muerto niños y nos sentimos injustamente señalados”.

    Otro ejemplo de está incapacidad institucional son las cortes migratorias. En lo que va de la presidencia de Trump el rezago ha aumentado en un 50 por ciento. Hay cerca de 900 mil casos pendientes y hay jueces en Houston o Los Ángeles que están otorgando audiencias hasta 2023. (Julia Preston y Andrew R. Calderón, How Trump Broke the Immigration Courts).

    El quid pro quo del acuerdo de Ebrard con Washington era control por desarrollo. Es decir, nos comprometíamos a frenar el flujo de transmigrantes a cambio de crear un plan de desarrollo para la región centroamericana. Al menos así lo vendió el canciller y el presidente López Obrador. Soy pesimista. El Washington de Trump está retirando sin cortapisas su ayuda a la región y no observo en el equipo de AMLO la enorme voluntad política, económica y diplomática que un esfuerzo así requiere. Peor aún, no veo en ninguno de los tres países centroamericanos la solvencia estructural para un plan de desarrollo ambicioso de gran calado encabezado por su vecino del norte, México.

    Finalmente, AMLO y su gobierno siguen reaccionando a las imposiciones de Trump. No ha habido un intento de trazar una política migratoria propia. ¿Qué población queremos hacia el 2050 y qué lugar ocuparan los migrantes? ¿Estamos dispuestos a aceptar un flujo creciente de inmigrantes de Centroamérica y del Caribe, en especial de Haití?
    El futuro migratorio ya está aquí. México ya es un país de destino y esta tendencia se consolidará en las siguientes décadas.
    (Edición de firma).

  29. #659

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    La conexión México-Estados Unidos ya no es la misma

    Por Jorge Castañeda Gutman.

    La desconexión entre las economías de México y Estados Unidos es quizás el rasgo marcoeconómico más significativo de los últimos dos años. No comienza con el gobierno de López Obrador, pero se agudiza y se consolida. Debe ser motivo de preocupación tanto para el futuro inmediato (asunto de este régimen) como del porvenir lejano (asunto de todos).

    Si bien existen discusiones sobre la mejor manera de medir y comparar el crecimiento económico trimestre por trimestre –nuestro director, Enrique Quintana, las ha descrito con precisión y claridad–, el hecho es que desde principios de 2018, e incluso un tiempo antes, la economía norteamericana crece bastante más que la mexicana. Esto no debiera suceder y no había sucedido. Casi 60 por ciento de la economía nacional se centra en las exportaciones o importaciones (es decir, el total del comercio exterior), y alrededor de 80 por ciento de ese total se concentra con Estados Unidos (más en las exportaciones que las importaciones). En otras palabras, casi la mitad del PIB es directamente sensible al desempeño de la economía de Estados Unidos, que nos arrastra –o nos estanca. Las curvas mexicanas de PIB, de bienes comerciables en general, de industria y de otras actividades –minería, agricultura, etcétera– seguían casi a la perfección las curvas de Estados Unidos.

    Durante el primer trimestre de este año, la economía norteamericana creció 3.2 por ciento. La mexicana decreció ligeramente, si utilizamos el mismo criterio para medir ambos desempeños. Para el semestre en su totalidad las cifras de Washington saldrán esta semana, pero si observamos los datos de creación de empleos mes a mes, es probable que el semestre arroje una expansión de por lo menos tres por ciento. Se trata de un crecimiento elevado, para una economía madura, y en ello descansan las perspectivas de reelección de Donald Trump. Hay quienes siguen vaticinando un enfriamiento inminente, que tal vez se vislumbre ya en los números de junio, pero por ahora no ha sucedido.

    Las autoridades mexicanas van a divulgar las cifras del movimiento del PIB para el segundo trimestre a fin de mes. Sin embargo, todos los datos preliminares o parciales sugieren un nuevo estancamiento: cero expansión, en el mejor de los casos. Para todo el semestre, si nos quedamos en una expansión nula, podemos darnos por bien servidos.

    Con el paradigma anterior, que funciona –con oscilaciones pero tendencialmente exacto– no debiera ser el caso. Algo está sucediendo.

    Otros factores han contribuido al crecimiento –sin duda mediocre– de la economía mexicana durante el último cuarto de siglo. Incluyen sobre todo el consumo privado y del Estado. Pero uno de los motores fundamentales había sido la exportación, y en México ventas al exterior significa ventas a Estados Unidos, nos guste o no. Si el patrón del último semestre, y de los últimos años, se confirma, resulta obvio que ya no nos jalan como antes. O ha bajado el consumo de bienes mexicanos en Estados Unidos, o ha descendido la proporción de las exportaciones a Estados Unidos en el PIB, o el resto de la economía está creciendo tan poco que ya ni Trump ni Estados Unidos nos pueden remolcar.

    Se puede tratar de un fenómeno coyuntural, o algo de más largo plazo. Seguramente los técnicos de Banco de México y de Hacienda están contemplando estos datos e indagando su significado. Ojalá López Obrador también.

    Comentario:

    Las exportaciones siguen creciendo, aunque a un ritmo menor. Pero el resto de la economía está parada (construcción, minería, comercio detallista, mercado inmobiliario, venta de bienes duraderos, en particular automóviles). Todo porque están destruyendo el país y nadie confía en estos comunistas.
    (Edición de firma).

  30. #660

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    Caemos en economía, empleo y seguridad

    Por Pablo Hiriart.

    Contra los datos duros no hay chistorete ni frase populachera que valga.

    Este sábado el Sistema Nacional de Seguridad Pública dio a conocer las cifras de junio y son las peores de la historia.

    Los siete meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador son los de mayor homicidio doloso, secuestro, feminicidio y extorsión desde que hay estadísticas.

    En sábado (13) se dio a conocer el desastre en la creación de empleos durante el sexenio: el peor en una década.

    “Sabadazos” se les decía a las malas noticias que el gobierno quiere que pasen lo más desapercibidas posibles.

    Nadie quiere que el país se vaya al hoyo porque en él vamos todos.

    Por eso es indispensable exigir seriedad a las autoridades en la conducción del país. No la están teniendo.

    En lugar de enfrentar los errores, inventan enemigos y apelan a la emoción de las mayorías para que los respalden en guerras imaginarias.

    La versión irresponsable del “golpe de Estado blando” contra López Obrador que echó a andar la máquina de propaganda del oficialismo (y la harán película), es reflejo de que el barco de la 4T comenzó a hacer agua… sin que haya tempestad.

    Insinuar de forma sibilina desde Palacio Nacional que un gobierno anterior desapareció el dinero de Zhenli Ye Gon, es inflamar la indignación popular con fines propagandísticos.

    Subastar en Los Pinos las joyas incautadas a los narcos bajo el nombre de “devolverle al pueblo lo robado”, es propaganda.

    Por lo enseñado hasta ahora, sólo entienden de propaganda y de control político.

    De gobernar, muy poco o casi nada.

    Urge seriedad para no caer en el hoyo al que peligrosamente nos aproximamos.

    El presidente necesita escuchar, y no inhibir, a la gente sensata que tiene a su lado.

    Lo que ocurre con el empleo es un escándalo.

    En el primer semestre del año pasado se crearon 476 mil empleos formales y en el actual únicamente 289 mil plazas. Una vergüenza para un país de casi 130 millones de habitantes. Desde la crisis global de 2009 no era tan raquítica la apertura de nuevas fuentes de trabajo.

    Y la pérdida neta de empleos en junio es la peor en ese mes desde 2002.

    ¿Qué pasa, si no hay crisis en el mundo?

    Pasa que están gobernando mal y no quieren corregir.

    Cae la generación de empleo porque cae el crecimiento de la economía.

    Lo anterior se explica porque crece la desconfianza de los inversionistas nacionales y extranjeros en el gobierno de AMLO.

    El presidente escucha y respalda a los radicales que lo rodean y con ellos vamos directo a una crisis.

    Durante el semestre el crecimiento económico se ubicó en la banda del cero por ciento.

    Los pronósticos no son mucho mejores para la segunda mitad del año porque los factores negativos, atribuibles todos al gobierno, persisten.

    No se ha rectificado en ninguno de los proyectos cuestionados, por los que se dilapida dinero sin sentido.

    La confianza de los inversionistas, clave para generar riqueza y crecer, se destruye a puntapiés: frenaron los gasoductos que el Estado mexicano firmó.

    Cancelaron las rondas petroleras y las asociaciones de Pemex con privados para producir más petróleo.

    Ya no hablemos de la cancelación de los contratos del aeropuerto de Texcoco ni de la construcción de la nueva refinería en Dos Bocas.

    Por la obsesión de excluir a la iniciativa privada del sector energético, los especialistas prevén que llegaremos a final de sexenio con una refinería nueva pero sin petróleo suficiente para refinar.

    Los apagones por falta de gas en algunas regiones del país son un riesgo latente (y en el sureste ya se han dado).

    La producción industrial registró su mayor caída en una década y se ubica como la peor en un arranque de sexenio desde Ernesto Zedillo.

    Dice la encuesta más reciente del Banco de México que los factores que obstaculizan el crecimiento son internos: incertidumbre política interna 17.1 por ciento, inseguridad pública 12.6 por ciento, plataforma de producción de Pemex 11.7 por ciento, gasto público 11.7 por ciento, incertidumbre sobre la economía interna 10.8 por ciento (datos citados por Eduardo Sojo en estas páginas el reciente jueves).

    Si los problemas son internos, ¿qué esperan para corregir?

    ¿Cómo ser optimistas ante el horizonte que tenemos?

    Vivimos el semestre más violento y con más crímenes desde que hay estadísticas.

    En el primer trimestre del sexenio (únicos datos disponibles hasta ahora), sólo se incautaron cuatro kilos de cocaína (4), contra mil 331 kilos en el mismo periodo de Peña Nieto y mil 469 kilos en el primer trimestre de Calderón.

    Y ahora hay más muertos que con Enrique Peña y Felipe Calderón.

    ¿Cómo explican eso?

    Vamos mal y es urgente corregir. Que el presidente escuche a los que saben, y por supuesto que los hay a su alrededor.

    La propaganda y la invención de enemigos le sostienen la popularidad al presidente, pero no solucionan ninguno de los problemas.

    Al contrario, los ahonda porque nos confronta y nos divide, y se soslaya lo esencial: vamos mal.
    (Edición de firma).

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