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Thread: COLUMNAS DE "EL FINANCIERO"

  1. #426

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    Los discursos no vencen criminales

    Por Raymundo Rivapalacio.

    Siempre, como líder social, candidato presidencial, presidente electo y presidente constitucional, Andrés Manuel López Obrador ha hecho el mismo diagnóstico sobre las razones que llevaron a la violencia. Una semana antes de asumir la presidencia, afirmó ante las Fuerzas Armadas en el Campo Militar No. 1, que la inseguridad es producto de una “política económica antipopular y entreguista”, que repitió textualmente el domingo en Veracruz, a propósito de la matanza en Minatitlán. Igualmente ha reiterado la receta para acabar la violencia, atacando sus causas con los programas de bienestar –empleo y educación para los jóvenes– y tener en la Guardia Nacional la llave de la puerta de la pacificación del país.

    Con los programas de bienestar, aclaró en su conferencia de prensa mañanera ayer lunes desde Veracruz, se permitirá “alejar a los jóvenes del mal camino. Con su atención se garantiza que no sean jalados por bandas del crimen organizado”. La Guardia Nacional, dijo, “permitirá tener un mayor control de las regiones donde se concentren y garantizarán la estabilización de la seguridad”. Todo esto arropado en que “ya no existe colusión entre gobiernos y grupos de delincuencia”. Está por verse, en el plazo de seis meses que él mismo estableció para que se empiecen a notar los resultados de su estrategia de seguridad.

    ¿Por qué está obsesionado con establecer plazos en temas tan volátiles como la seguridad? Sobre todo, ante su falta de claridad al respecto. En enero de 2018, López Obrador dijo que, de llegar a la presidencia, disminuiría la delincuencia “en muy poco tiempo”, dependiendo del crecimiento económico, la creación de empleos y la aplicación de los programas de desarrollo social. En diciembre de ese año, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, afirmó que los primeros resultados positivos se darían en los primeros 180 días del gobierno. En febrero, matizó. Ya no sería en los primeros tres meses, sino en los primeros seis, donde habría “un punto de inflexión en la tendencia creciente”. En marzo se fue al otro extremo. Para terminar con la ola de inseguridad, dijo, se necesitarían 360 mil policías y un plazo de 100 años. El presidente ya estableció una nueva fecha: no será en febrero ni en mayo, como prometía Durazo, sino en octubre, 10 meses después de iniciado su gobierno.

    De antemano, sobre la base de las experiencias, se puede adelantar que eso no sucederá, y las variables señaladas por López Obrador no se cumplirán. En octubre pasado dijo que el 70 por ciento de la estrategia radicaba en atender las causas económicas, pero las expectativas de crecimiento no son promisorias y el empleo formal ha disminuido. Pero aun si esto, para efectos de argumentación, fuera superado, hay otros factores que sugieren que fracasará en sus tiempos. Uno es la estacionalidad. En verano, en muchos países, los índices delincuenciales se elevan por razones tan subjetivas, incluso, como el calor. Otro factor objetivo es cómo bajar los índices, si la estrategia no toca al crimen de manera reactiva, sino se concentra en la parte preventiva.

    Esto es correcto, siempre y cuando también se modifiquen los incentivos para delinquir. Se necesitaría que el ingreso de un empleo formal superara al ingreso que deja el negocio de las drogas, lo que se antoja imposible: un joven recluta de Los Zetas empieza ganando casi 10 mil pesos por mes por el cobro de piso o de extorsiones. Si lo hace bien, lo entrenan dos meses y le dan una esquina para que venda droga y lo proveen de armas, con lo cual, si es exitoso, puede triplicar sus ganancias en seis meses. Visto económicamente, no hay forma de competir con un empleo formal.

    Una manera de orillarlos a la legalidad es eliminar los incentivos de la vida criminal, que se daría atacando la impunidad. Sin embargo, la racional de López Obrador es que no se debe criminalizar a quienes menos tienen, por tanto, un narcomenudista no será perseguido. Bajo su lógica, Joaquín El Chapo Guzmán, que ha declarado ante el Ministerio Público ser agricultor, sería un hombre libre en México. Para el presidente, ser pobre o decirse pobre es salvoconducto para cualquier conducta criminal.

    De cualquier forma, combatir la delincuencia per se, no es clave dentro de su estrategia. López Obrador dijo en octubre que el 30 por ciento restante del modelo tenía que ver con lo coercitivo, “para que se actúe con eficacia”, lo que significa, si se entiende bien, la lucha contra la corrupción. Entonces, si un funcionario no es corrupto, como dice de quienes forman parte de la cuarta transformación, eso ya no existe. Ergo, la estrategia funcionará.

    Los discursos de López Obrador se inscriben en una realidad que no comparten muchos de sus gobernados. Las principales diferencias estriban en la tensión de argumentos cristianos del alma buena de los criminales, frente a quienes pensamos que los discursos no persuaden ni doblegan delincuentes. El presidente descalifica las visiones discordantes, pero pocas veces reflexiona sobre las críticas, y prácticamente nunca rectifica.

    López Obrador está inmerso en el problema planteado por el filósofo David Hume en el Siglo XVIII sobre el ser y el deber, que lleva a una “falacia naturalista”, al confundir descripción con prescripción. Por ejemplo, la descripción es la violencia y la inseguridad, mientras que la prescripción es que con alternativas económicas, los criminales deben dejar de delinquir; o es un nuevo régimen, por lo que ya no debe existir colusión del gobierno con delincuentes. Esta confusión, escribió Hume, es parte de la naturaleza humana, pero cuando se trata de la vida de las personas, una revisión objetiva del rumbo escogido, bien vale la pena.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...cen-criminales

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  2. #427

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    Así no va a pacificar al país

    Por Pablo Hiriart.

    Todo mexicano de bien apoya y desea que el presidente cumpla su objetivo cuanto antes: serenar al país. La única forma en que no lo va a lograr es haciendo lo contrario: crispándolo, y en esas anda.

    Ante los trágicos tiempos de criminalidad que vivimos, uno esperaría que el presidente uniera al país en torno a valores que nos son comunes, porque la corrosión del tejido social es alarmante.

    La sociedad está descompuesta y se requiere unidad para evitar que se desfonde.

    Sin embargo el presidente quiere serenar al país crispándolo, acentuando los rencores y dando argumentos a los criminales para justificar su agresión contra el resto de la sociedad.

    Sus conferencias matutinas se han ido convirtiendo en plataformas para insultar, confrontar, desprestigiar y enemistar a la población.

    ¿Ninguno de sus asesores y secretarios le dice que todas las mañanas lanza un búmeran que muy pronto se va a estrellar contra su administración y contra el país?

    A raíz de la matanza en Minatitlán, en su conferencia de ayer lunes el presidente no arremetió contra los asesinos, que son enemigos de México y tienen a la población contra la pared.

    Se le fue encima a “los de la prensa fifí, los conozco aunque se disfracen, que empezaron a decir que por qué yo no respondía”, ante la masacre.

    “Me andan cucando. Puse un tuiter sobre el Sermón de la Montaña y eso les molesta también, mucho. Les molestó el de los hipócritas. El de los sepulcros blanqueados porque la verdadera doctrina de los conservadores es la hipocresía. Esa es su verdadera doctrina: la hipocresía…

    “Di a conocer un memorándum para cancelar la mal llamada reforma educativa y se rasgaron las vestiduras: un escándalo. Cuando ellos fueron alcahuetes, cuando se impuso hasta con la fuerza la mal llamada reforma educativa, reprimieron a los maestros, vilipendiaron a los maestros, y callados todos ahí. Como vasallos, cumpliendo la máxima del vasallo, de obedecer y callados… Vamos al debate, que siga así, no vamos a pedirle frías a nadie”.


    ¿Así va a serenar al país el presidente?

    No se puede pensar en combatir el crimen en las dimensiones que lo tenemos, a través de la división de la población.

    Al sembrar el rencor, el presidente está dando argumentos justificatorios a narcos y a criminales.

    Los enemigos, para él, son los periodistas que lo critican, los conservadores –“hipócritas”–, privilegiados, neoliberales, fifís, causantes de la violencia en México.

    Eso es oro molido para la delincuencia.

    Todos, en alguna medida, sentimos la necesidad de justificar nuestros actos.

    La Tuta, en sus videomensajes, justificaba sus actividades delictivas y criminales con el discurso de la distribución de la riqueza.

    Y el que lleva 15 robando las bolsas a las señoras que manejan en Observatorio ya tiene una justificación: ella es una fifí, conservadora, que por su culpa yo estoy jugándome la vida en la calle.

    ¿Por qué alguien, o un grupo, no va a cobrar derecho de piso a los negocios de personas que, por tener un patrimonio, ya son privilegiadas, conservadoras?

    Ellos se han apoderado de la riqueza, ¿por qué no me voy a hacer justicia, si el presidente está de mi lado y no del de ellos?

    Crear rencor justifica hasta darle un cerrón a una camioneta que maneja una señora fifí, que seguro es conservadora, hipócrita, privilegiada, sepulcro blanqueado…

    Así no va a serenar al país el presidente. Por ese camino no es.

    No se puede cosechar paz si siembra el rencor y la discordia.

    Mucho menos si se dan justificantes a los criminales para aumentar su odio hacia las víctimas, es decir, el resto de la sociedad.


    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...ificar-al-pais
    Last edited by Sirius2b; 23-04-19 at 04:23 PM.

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  3. #428

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    Es más profundo

    Por Macario Schettino.

    Tan preocupados estamos con lo que vivimos, que rara vez volteamos a ver al resto del mundo. Fuera de las tragedias, que no escasean, casi no atendemos otra información que no sea la que viene de Estados Unidos, y de ella apenas si da tiempo de seguir las aventuras de Trump. Pero lo importante, que son los procesos, requiere mucho más esfuerzo, que no estamos haciendo.

    Hace unos días se comentó que México ha superado a China como socio comercial de Estados Unidos, y de pasada se mencionó que era resultado del conflicto entre esos dos países. Es importante aclarar algunas cosas. Lo primero es que ese primer lugar en comercio corresponde a la medición de la suma de importaciones y exportaciones, lo que los economistas llaman “volumen de comercio”. Si nada más consideramos lo que Estados Unidos compra a los países, China sigue teniendo una presencia muy superior a México, aunque en febrero nos acercamos mucho.

    Antes del TLCAN, los socios comerciales más importantes de Estados Unidos eran Canadá y Japón. México creció de forma importante con ese acuerdo, pero la entrada de China a la OMC en 2001, y la recesión que vivió Estados Unidos de forma simultánea, nos costaron mucho. Empresas que ya habían decidido instalarse en México se fueron a China, aprovechando ambas circunstancias, y para 2003 ya China vendía más a Estados Unidos que nosotros. Y así seguimos hoy. El país que más vende en Estados Unidos sigue siendo China, con México en segundo lugar y Canadá en tercero. Pero como Estados Unidos no logra venderle mucho a China, el volumen total de comercio entre esos países resulta inferior al que tienen con nosotros.

    Ciertamente, las disputas comerciales están frenando las importaciones que Estados Unidos realiza en China, pero aún son considerablemente superiores a lo que nos compran a nosotros. Entre enero y febrero, China vendió 75 mil millones de dólares a Estados Unidos, por 55 mil de nosotros y 46 mil de Canadá.

    Pero el tema más interesante de esta disputa comercial es que no es exactamente eso, sino un conflicto mucho más profundo. Usted recordará que comentamos aquí hace algunos días acerca de la iniciativa china de Belt and Road, que creo que han traducido al español como Franja y Ruta. Se trata de un intento expansionista considerable, que no sólo incluye líneas de transporte y energía por Asia Central, puertos en el Índico, o bases navales en el Mar Arábico y la costa este de África, sino también acceso preferencial a Europa, en donde ya han establecido acuerdos con Grecia e Italia. Más importante aún, hay una carrera por establecer las características de la tecnología 5G, que será determinante para la siguiente década. Esa carrera es sólo entre Estados Unidos y China.

    Hasta hace poco, Occidente contraponía a China un sistema económico exitoso con libertades políticas, pero eso no parece seguir siendo cierto. Si las democracias iliberales son lo de hoy, entonces toda la comparación con China tendrá que ser acerca de tasas de crecimiento, y el país asiático sigue vendiendo la idea de que crece mucho más que cualquier país occidental. En realidad, son cifras ficticias, pero en esta época de fake news será difícil combatir en ese terreno.

    En consecuencia, todo parece indicar que lo que comentábamos hace ya muchos meses en Fuera de la Caja es correcto: es un cambio de época, que no va a ser simple, ni incruento. Eso que hemos creído que era normal, dejará de serlo. Ignoro quién ganará, y cómo será ese mundo futuro, pero creo que el cambio será mayor que el vivido por Europa en 1913, el fin de la Bella Época. Hay más en el mundo de lo que vemos.

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  4. #429

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    Método y propósito

    Por Jaime Sánchez Suzarrey

    1.-La cancelación del NAIM fue un absurdo muy costoso. Pero el método, una consulta patito, tuvo el propósito de poner las cosas en su lugar: la voluntad presidencial como el demiurgo.

    2.- Ahora va más lejos. Suprime la reforma educativa, inscrita en la Constitución, con un memorando. No hay fundamento. El presidente es el primer obligado en acatar la Carta Magna. Pero el propósito es el mismo: la voluntad presidencial como el demiurgo.

    3.- ‘Nada ni nadie por encima de la ley’. El principio liberal repetido una y otra vez es anulado por el propio presidente, que ha dejado claro que el fundamento de su gobierno está en contradicción con el Estado de derecho. Cito: entre la ley y la justicia siempre optaré por la justicia, ya que no siempre coinciden.

    4.- El problema está en que la elección entre ley y justicia es un falso dilema, porque el presidente sólo puede actuar bajo el mandato de la ley.

    5.- Si la coincidencia no existe se tendría que seguir el procedimiento legal para cambiar la ley y hacerla coincidir con la justicia, o más exactamente con lo que él cree que es justo.

    6.- Dicha modificación corresponde única y exclusivamente al Legislativo. Bajo el priato la división de poderes fue siempre una pantomima. Pero hasta López Portillo debió modificar la Constitución para estatizar la banca.

    7.- El otro problema mayor es quién define qué es lo justo. AMLO afirma que las víctimas son los maestros, en particular la CNTE. Sin embargo, los miembros de la Coordinadora son un gremio con intereses particulares y liderazgos cuestionables, que han transgredido la ley en múltiples ocasiones.

    8.- Los principales perjudicados por la derogación de la reforma educativa serán las nuevas generaciones. ¿Qué importa más: el derecho de millones de niños o los privilegios de 100 mil maestros?

    9.- Es cierto que las convicciones de AMLO eran públicas y nunca las ha ocultado. La Universidad de la Ciudad de México no tiene proceso de selección ni evaluación. El proyecto de crear cien nuevas universidades en toda la República adoptará ese patrón de funcionamiento. Jamás se apostará por la calidad educativa.

    10.- La estrategia de AMLO es también manifiesta en referencia a los organismos autónomos. Los descalifica y está convencido que están al servicio de ‘la mafia en el poder’. Por eso los está nulificando. Limpió la Comisión Reguladora de Energía y está haciendo otro tanto con la Comisión Nacional de Hidrocarburos. En la misma lógica, festejó la renuncia de los consejeros independientes de Pemex, que consideraba alfiles del neoliberalismo.

    11.- Ha sido, sin duda, más tolerante con el BdeM y la SCJN. La pregunta es cuánto durará esa benevolencia si el primero o la segunda se le parapetan en cuestiones fundamentales. La respuesta ya la esbozó Monreal: aumentar el número de ministros y arrebatarle a los conservadores la mayoría. Por lo pronto la propuesta ha quedado en el limbo, pero puede ser reactivada en cualquier momento.

    12.- AMLO es consistente. Su programa de combate a la corrupción tiene un sólo punto, que funciona al mismo tiempo como la única garantía institucional: yo, el Tlatoani, predico con el ejemplo y combato a los corruptos sin cuartel.

    13.- Dejo de lado que la persecución de la corrupción no ha dado ni por asomo los frutos prometidos. Enumero: huachicol, Odebrecht, 'estafa maestra'.

    14.- Voy al punto esencial: el pueblo bueno y el líder único. AMLO no admite haber sido derrotado jamás. Cómo podría haber perdido si el pueblo bueno, que además es sabio, siempre se ha reconocido en su liderazgo. Ergo, la única explicación plausible de las ‘derrotas’, en 2006 y 2012, son las trampas y chicanerías de los de arriba.

    15.- En suma, un presidente todopoderoso que encarna orgánicamente la voluntad del pueblo bueno y sabio, que no se inclina ante nada ni ante nadie. Me canso ganso.

    16.- He leído recientemente la reflexión de un intelectual simpatizante de la 4T que le propone a AMLO dejar atrás la confrontación chairos versus fifís, para convocar a todos los mexicanos a transformar el país.

    17.- ¿Es posible? Los discursos de la victoria del 1 de julio abrieron esa ventana de oportunidad. Pero a 10 meses del triunfo ya no hay margen para el beneficio de la duda. Antes al contrario, la cuestión es cómo reaccionará el presidente cuando el crecimiento no llegue y los recursos para sus programas resulten insuficientes: a) entrará en razón; b) clamará complot y efectuará una limpia de moderados para rodearse de radicales.

    18. La respuesta está en el aire y el tiempo vuela.

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  5. #430

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    ¿Y si no se ratifica el TMEC en EU?

    Por Victor Piz.

    Si el Senado de la República aprueba la reforma laboral a más tardar el 30 de abril, el nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá –el TMEC en español– estaría en posibilidad de ser enviado a los congresos de los tres países para su ratificación legislativa en los próximos meses.

    Mientras, la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC, por sus siglas en inglés) publicó el 18 de abril un reporte de 375 páginas sobre el probable impacto del TMEC en la economía estadounidense y en industrias específicas como la automotriz, donde se imponen condiciones restrictivas de contenido regional.

    El TMEC, que sustituirá al TLCAN, fue firmado el 30 de noviembre en Buenos Aires por los presidentes Enrique Peña y Donald Trump, así como por el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

    El informe de la USITC se tendría que haber publicado en la segunda semana de marzo, pero el plazo se amplió poco más de un mes debido al cierre parcial del gobierno de EU.

    Su publicación es un paso necesario para la ratificación del TMEC tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado de EU.

    ¿Cuándo? Depende de los tiempos políticos en Washington, pero podría ser después del receso legislativo de agosto, en un escenario optimista.

    La USITC estima que el TMEC tendría un impacto positivo moderado en la economía estadounidense, de 0.35 por ciento sobre el crecimiento del PIB y de 176 mil nuevos empleos en los primeros seis años después de su implementación.

    Prevé que las exportaciones de EU a México aumentarán 6.7 por ciento y las importaciones de mercancías mexicanas crecerán 3.8 por ciento.

    Eso supondría una reducción del déficit comercial de EU con México, que es una de las prioridades de Trump.

    Estima que la reforma laboral mexicana fortalecería las normas y derechos laborales, incluidos los relacionados con la negociación colectiva.

    La USITC prevé también que, como resultado de disposiciones sobre negociaciones colectivas, el salario de los trabajadores sindicalizados en México podría incrementarse 17.2 por ciento.

    Ahora el Senado mexicano tendría que aprobar a más tardar el 30 de abril –cuando concluye el periodo ordinario de sesiones– la reforma laboral, que fue aprobada por la Cámara de Diputados el 11 de abril y que incorpora lo que México acordó en el TMEC y ratificó en el Convenio 98 de la OIT en materia de derechos individuales y colectivos de los trabajadores.

    Con el estudio de la USITC publicado en EU y la reforma laboral aprobada en México, el siguiente reto será la ratificación del TMEC en el Congreso estadounidense, el Senado mexicano y el Parlamento canadiense.

    El riesgo es que, como medida de presión política al Congreso de su país, Trump decida invocar el artículo 2205 para retirar a EU del TLCAN, aun sin estar el TMEC ratificado.

    En ese caso, sería más difícil que EU exentara a México y Canadá del arancel impuesto a sus importaciones de acero y aluminio.

    Además, EU podría reabrir el conflicto comercial con México en el mercado del jitomate y aplicar un arancel a sus importaciones de autos y autopartes, como amenaza Trump.

    No habría que descartar, pues, una etapa de disputas arancelarias entre ambas economías.

    El mejor escenario es que el TMEC se ratifique pronto.

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  6. #431

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    La medición incorrecta

    Por Raymundo Rivapalacio.

    Dos gobiernos han decidido que la definición de la victoria del combate al narcotráfico se rija por el número de homicidios dolosos. Si subían, se consideraba una derrota; si bajaban, una victoria. El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto fue al extremo de presionar y forzar el despido de periodistas de medios que contaban los muertos de la lucha contra la delincuencia, porque así, pensaban, se reducirían el temor y la angustia social. Esa política de comunicación estalló, al demostrarse que esconder los muertos o manipular las cifras de homicidios dolosos no modificaba la realidad. Hoy, sin llegar a la censura de Peña Nieto, el presidente Andrés Manuel López Obrador está cayendo en un error similar: evaluar la estrategia de seguridad a partir del número de homicidios dolosos. Es un referente reduccionista y de valoración inversa: si baja la tasa en plazos cortos, es porque la lucha contra la delincuencia se perdió.

    La suma de homicidios dolosos encuadrado en el contexto del combate al crimen crea percepciones equivocadas. México es considerado por muchos como una de las naciones más peligrosas del mundo, con cifras de muertos que rebasan los mínimos internacionales para determinar si una nación se encuentra en guerra civil. La realidad es que si bien los índices muestran una tendencia al alza –aunque en marzo el total de homicidios dolosos tuvo un mínimo decremento–, México no se encuentra en el rango de las naciones de alto riesgo, como son Afganistán y Siria. De hecho, si se ve el número de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, México se encuentra en el séptimo lugar latinoamericano, según la fundación InSight Crime, con 25.8 delitos de este tipo por cada 100 mil habitantes, en el mismo rango de Brasil y Colombia, pero muy debajo de Venezuela, que encabeza la lista, con una tasa de 81.4 por cada 100 mil habitantes.

    Todo esto no significa que se magnifique el problema de seguridad, o que no sea un asunto delicado que se tiene que resolver. Es muy serio, cuesta miles de millones de pesos al año, y afecta a la población, en distinto grado y de manera creciente, lo que impacta a un conjunto de políticas públicas, en materia de salud e inversión, por ejemplo. Es el principal tema de preocupación de los mexicanos y el de mayor prioridad para López Obrador. Pero el interés en resolverlo no debe llevarlo a la trampa de cómo medir el éxito de su estrategia. Si de homicidios dolosos se trata, como se planteó ayer, de antemano se puede prever que el resultado será negativo.

    La tasa de homicidios dolosos es un referente, pero no es el todo. En el gobierno de Peña Nieto, la presión sobre los medios ocultó ese indicador de la opinión pública hasta que, cuando bajó la tasa, lo presumió. Pero en ese periodo de aproximadamente dos años, ¿qué sucedió? Se dejó de combatir a los cárteles, con lo que se fortaleció y expandió el Cártel del Pacífico, y creció su brazo armado, el Jalisco Nueva Generación. Los Zetas, que se habían quedado sin drogas, se diversificaron en el negocio criminal y restablecieron sus rutas de narcotráfico.

    Al igual que ellos, los cárteles del Golfo y de Juárez volvieron a tener control territorial y reconstruyeron sus redes de protección institucional, lo que propició una vez más un estado fallido, si no nacional, sí regionalmente. En ese desorden conceptual sobre la estrategia de seguridad, ese gobierno armó a grupos paramilitares vinculados con el Cártel Jalisco Nueva Generación, para liquidar a Los Caballeros Templarios, abriendo la posibilidad de que lo juzguen en tribunales internacionales por genocidio. También aplazó los exámenes de control de confianza, con lo que policías municipales vinculados al narcotráfico, como los de Iguala y de otros seis municipios relacionados con la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, pudieron operar bajo el manto criminal.

    El éxito de una estrategia de seguridad no depende de la tasa de homicidios dolosos, ni tampoco, en el corto y mediano plazos, de la implementación de programas sociales o de tener más militares en las calles. Es mucho más que eso. Una estrategia necesita, y no es verdad de Perogrullo, una estrategia contra los delincuentes y un método para romper el ciclo de incidencia criminal que incluya la afectación de la producción, el financiamiento y la logística, de donde salen los recursos para comprar autoridades y jueces, reclutar periodistas o pagar para que los asesinen.

    Una forma medible y comprobable de evaluar una estrategia incluye todos los indicadores de incidencia delictiva, pero también el número de hectáreas de cultivos de drogas erradicados, los volúmenes de exportación de drogas, el total de decomisos (por número y toneladas), el total de detenciones, o de sentencias condenatorias, por mencionar indicadores básicos para comparar resultados con otros periodos y conocer, con información y datos concretos, sobre los avances, retrocesos o empantanamiento. Si una estrategia real fracasa, seguirán subiendo los índices delictivos –como en la actualidad, ante la ausencia de lucha al crimen– y las evaluaciones comparativas serán negativas. Si la violencia y los homicidios dolosos disminuyen sin haber estrategia, peor aún. Significará que por omisión o comisión, el gobierno permitió que el cártel más poderoso aniquile a sus enemigos y aplique la pax narca, creando un narcoestado, paralelo al Estado mexicano.

    Hay que cambiar la definición de la victoria. De esa forma ni el gobierno de López Obrador pagará por lo que no debe, ni engañará con el bálsamo existencial del “cochinero”, como afirma, que le heredaron sus antecesores, ni sorprenderá con soluciones pragmáticas sugeridas en el pasado, negociar con un cártel la coadyuvancia en la pacificación.

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  7. #432

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    Veracruz, víctima del sectarismo político

    Por Pablo Hiriart.

    Después de la masacre en Minatitlán va quedando claro que la crisis de violencia en Veracruz se explica, en buena medida, por la incapacidad de Morena para trabajar en un marco mínimo de pluralidad.

    El fiscal del estado, Jorge Winckler, ha sido marginado por el gobernador de la entidad y por el secretario de Seguridad Pública para coordinar esfuerzos en la lucha contra la delincuencia y la criminalidad.

    ¿Resultado de las fobias ideológicas de Morena? En Veracruz se dispararon los secuestros hasta ubicar al estado en el primer lugar nacional de plagios, en el primer lugar de feminicidios y en un festín sangriento de grupos criminales que arrojan matanzas como la ocurrida el pasado viernes.

    En su reciente visita a Veracruz, luego de la masacre en Minatitlán, el presidente López Obrador encabezó una reunión de seguridad… a la que no fue invitado el fiscal del estado.

    Imposible. No pueden trabajar con quien no sea de Morena.

    Lo mismo en temas de seguridad que en la Comisión Reguladora de Energía (CRE), en el Consejo de Pemex, con el INE, la CNDH. No pueden.

    ¿Alguna vez hemos visto, en estos cinco meses de gobierno, que el presidente se reúna con los líderes de los partidos opositores?

    ¿Con los coordinares de los diferentes grupos parlamentarios?

    La aversión a convivir en la pluralidad es una característica de los gobiernos de Morena.

    Quieren todo el Congreso, todos los gobiernos de los estados, toda la Corte, todos los cargos.

    Winckler, el fiscal de Veracruz, fue nombrado por el Congreso estatal para desempeñarse en el cargo, con autonomía, por un periodo no sujeto a los vaivenes sexenales.

    No pueden trabajar con él porque no es hoja de su cebolla.

    Y el gobernador Cuitláhuac García declaró que el caso Minatitlán se va a resolver “a pesar del fiscal (Winckler)”.

    El presidente López Obrador dijo en el puerto que “fue un error” haber dejado a este fiscal, del que no le conoce un solo defecto más que no ser puesto por Morena.

    “El hecho de que lo haya dejado el gobernador anterior (lo cual es falso, porque lo eligió el Congreso) y que esté actuando en protección del viejo régimen llama mucho la atención”, dijo el presidente.

    De Morena es el alcalde de Minatitlán. De Morena es el gobernador de Veracruz. De Morena es el presidente de la República. Y no pueden combatir y prevenir el crimen porque el fiscal no es militante morenista.

    Pretexto o ideologización enfermiza, el caso es que los veracruzanos pagan las consecuencias.

    El lunes, el secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Hugo Gutiérrez, dijo que “se han logrado identificar a algunas personas (participantes en la matanza), de las cuales dos ya manejamos como objetivos. La investigación va muy adelantada”.

    Paralelamente, el fiscal Winckler, declaró: “hasta el momento no tenemos ningún apodo o nombre. Si Seguridad Pública los tiene identificados, le vamos a solicitar la informática”.

    Y el gobernador Cuitláhuac García expuso, también el lunes, que Minatitlán “se resuelve a pesar del fiscal. Esperamos que el fiscal acelere las investigaciones para que determine quiénes son los culpables y nosotros vayamos por ellos”.

    Debajo de esa aversión a trabajar en la pluralidad hay 13 cadáveres ultimados en una reunión el pasado viernes.

    Hay una guerra entre Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

    Hay un estado donde se cometen prácticamente uno de cada tres secuestros que hay en el país.

    Hay un estado que concentra el mayor número de feminicidios que se cometen en todo el territorio nacional, por encima del Estado de México que es el más poblado.

    No pueden trabajar y coordinarse con los que no son de su partido.

    La gente paga las consecuencias de la ideologización y de un pleito del que es ajena.

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  8. #433

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    El soliloquio del Palacio

    Por Salvador Camarena.

    El señor presidente está empeñado en ser todo en el discurso público: el único que habla, pero sobre todo el único que debe ser escuchado.

    En su país ideal, nadie tiene legitimidad para hablar de la realidad sino él, y solo él. Ni siquiera algunos de sus más leales colaboradores poseen tal prerrogativa. Altos funcionarios son desmentidos –sin dar razones ni mediar cortesía– a la primera de cambio si el señor presidente cree que le han robado algo, por mínimo o tangencial que sea, de la potestad de ser la voz que decreta que se haga la luz o se ponga la noche en cualquier tema.

    Así trata a los suyos.

    Con los ajenos tiene otra, pongámoslo elegantemente, estrategia. Si antes existió una mafia del poder, ahora ha adoptado para el diario un nuevo epíteto. Una vez instalado en Palacio Nacional, el señor presidente ha decidido reducir a todos los que objeten cualquier cosa –chica o grande, eventual o sistémica– a una mínima expresión: quienes no aceptan sin chistar las parábolas con las que él todo lo define son “conservadores”.

    El término conservador, sostiene el señor presidente, tiene para México raíces históricas muy concretas. Conservadores fueron los que mataron a Hidalgo, los que persiguieron a Juárez y fueron los que impidieron a Madero cumplir el sueño democrático. Y como él ya se bautizó como el heredero legítimo de las 'transformaciones' que tales personajes iniciaron, entonces quienes hoy se oponen al gobierno son los mismos que durante 200 años nomás no se resignan a que nuestro país intente ser un poco menos injusto. Ah, qué conservadores tan resilientes.

    No me voy a meter a los hoyos del discurso presidencial sobre los conservadores (él, tan liberal, quiere más poderes para las iglesias; él, tan juarista, hace al imperio del norte la chamba sucia en la frontera sur: persigue con policías a niños y adultos indefensos porque Trump se lo ordena).

    Quedémonos entonces en que el término conservador se refiere a los apátridas de ayer y de hoy. Y los de hoy son todos aquellos que llegan a expresar descontento con un gobierno sin pies ni cabeza, literal, en demasiadas materias: energética, ambiental, aeroportuaria, de procuración de justicia, fomento turístico, etcétera.

    Cualquier cuestionamiento será, por tanto, respondido de manera mayestática: quienes cuestionan son herederos y/o vasallos de los conservadores. Y fin de la discusión.

    Si hay niños muertos o heridos en los hechos de violencia del fin de semana, que nadie se atreva a cuestionar si hubo o no tardanza del señor presidente en salir a decir algo al respecto. Las quejas sobre la inseguridad, aseguró ayer a pregunta de un periodista de Reporte Índigo, son básicamente de los conservadores. Y agregó que nadie le va a imponer una agenda, y menos que nadie un medio rejego (palabra mía).

    Lo que ayer el señor presidente quiso decir (perdón Rubén Aguilar) es que desaparecida la oposición, agachados los empresarios, arrinconados los órganos autónomos, maiceados bastantes gobernadores, cooptado el poder judicial (en minúsculas) y domado el Congreso, ya sólo queda una voz por aplacar.

    El inquilino de Palacio es feliz en un monólogo. No ve, no concibe que los verdaderos medios y los periodistas genuinos son la voz de otros. Por tanto, lo que él llama diálogo circular –las mañaneras– son en realidad calistenia para un ejercicio mayor: escucha preguntas, mas no responde. Porque lo único que busca es imponer una normalidad donde sólo él es digno de ser escuchado. Y si él decide no explicar algo, salirse por la tangente, negar lo evidente, entonces así será.

    Por tanto, si él no vio problema en Minatitlán, entonces no existe problema en Minatitlán. Si él ve resuelto el huachicol, entonces el robo de combustible es cosa del pasado neoliberal. Y los medios y periodistas, herejes ante tales filípicas, lo pagarán con menos publicidad y acoso en las redes.

    El señor presidente dice que le gusta que haya debate, que le entretiene, que es lo bueno de la democracia, que es sano. Pero el debate genuino presupone algunas reglas. Por ejemplo, que vale lo mismo la voz del mandatario que la del ciudadano, se exprese éste por sí mismo o mediante la prensa; y que la interlocución debe ser atendida, no descalificada, que los mensajeros deben ser respetados, no anulados, como –por lo visto– lo pretende Andrés Manuel López Obrador.

    Por todo lo anterior, en México hoy no hay debate, lejos de eso lo que se pretende es imponer un burdo soliloquio. El soliloquio del Palacio.

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  9. #434

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    El niño hondureño y la vergüenza de la 4T

    Por Jorge G. Castaneda.

    Los migrantes centroamericanos constituyen uno de los asuntos que provocan el menor interés en los medios y las redes hoy en México. Cada vez que escribo sobre ello, llego a menos lectores que los pocos que acostumbro con otros temas. Lo mismo sucede con la radio o la televisión. Es hasta cierto punto lógico: los hondureños carecen de base social o de apoyos de élite en este país. Quienes podrían ocuparse de ellos –la iglesia, la comentocracia, la oposición– les tienen pavor porque la sociedad mexicana no los quiere. La izquierda, que en un país normal sería quien asumiera su causa y levantara la bandera de la solidaridad y buen trato, no lo puede hacer en el país de la 4T. Su jefe ha decidido que no es pertinente, porque Trump no lo permite, y por lo tanto hay que esquivarlo a como dé lugar.

    Entonces, a sabiendas que sirve de muy poco abordar esta tragedia, lo seguiré haciendo, aunque sólo fuera porque casi nadie lo hace. Este silencio o esta indiferencia, por cierto, es lo que permite que el gobierno haga y diga las barbaridades que hemos atestiguado en los últimos meses. Pero incluso para el cinismo de Ebrard y la simpleza de Sánchez Cordero, están alcanzando niveles insospechados.

    Las imágenes que ayer recorrieron las pantallas y las planas de los diarios en México y Estados Unidos hablan por sí mismas; Excélsior, en su desfachatez, cabecea: “Ahora sí detienen a centroamericanos”. Niños y mujeres, primero engañados por la Policía Federal y los ignominiosos, corruptos e ineptos agentes del INAMI (según el propio López Obrador), aconsejándoles que descansen un momento, separándolos así del grueso de la caravana antes de llegar a Pijijiapan, luego son introducidos por la fuerza a camionetas y autobuses que los llevaran de vuelta a Tapachula o a otros albergues. A ver si el niño del video jalado por un lado por su madre y por el otro por una porquería de persona del INAMI, no aparece deportado a San Pedro Sula en unos días.

    El pobre director del INAMI, una persona decente, se lamenta que afectara a niños, como si no los hubieran visto miles de televidentes y lectores de periódicos a lo largo de los últimos meses. Según Reforma, “Tonatiuh Guillén, comisionado del INAMI, informó que la detención de 371 migrantes en Pijijiapan se realizó como parte de un operativo, y lamentó que entre ellos hubiera niños”. Explicó que hubo una operación de control migratorio que se hace todos los días en las fronteras sur y norte. “Hubo, no por todos, pero sí por un grupo de estas personas, agresión y hubo piedras y algunas cosas más, por eso se pidió apoyo a más personas del instituto y de la PF. Lamento muchísimo que hayan estado muchos niños”. Pero agregó, en pleno Trumpspeak, que “la decisión de movilizar a niños es una decisión que se construye en Honduras, y desde Honduras debiera tener una actitud de mayor protección (sic)”. En verdad, ¿hay hueso que valga tanta ignominia?

    López Obrador se comprometió con Trump a detener el flujo de centroamericanos, o en la frontera sur, o en la frontera norte. En el sur, ya ahora, además de restringir la entrada y el tránsito, se les reprime y deporta. Parece que la promesa de no reprimir sólo vale para mexicanos, y ya veremos. En el norte, se acepta la devolución de solicitantes de asilo, se impide el acercamiento de los mismos a la línea y se les obstruye el contacto con sus abogados, cuando los tienen. La pobre Olga no pudo siquiera dar el número de hondureños devueltos, aduciendo un galimatías maravilloso sobre “la suspensión de la suspensión por un juez”. Pueden alcanzar pronto los dos mil, muchos de los cuales esperarán varios meses del lado mexicano de la frontera con Estados Unidos.

    Toda esta sumisión vergonzosa la efectuó AMLO para lograr el apoyo de Trump a favor de la aprobación del T-MEC por los demócratas en la Cámara baja del Congreso norteamericano. Salinas de Gortari, su mentor en estos menesteres, realizó concesiones excesivas, con los mismos propósitos, en 1993. Pero en primer lugar, a diferencia de lo que le puede suceder a López Obrador, logró su cometido. Y en segundo término, nunca llegó a estos extremos: golpear a niños hondureños a cambio de votos en el Congreso de EU. AMLO: un Salinas de petate.

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  10. #435

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    No estoy de acuerdo con Castañeda en esto.

    Los Centroamericanos nos ODIAN, y la culpa de llevar niños, es de ellos.

    Donde estuvo el error, fue el "efecto llamada" de las políticas de López Obrador de decirles que tenían paso libre y legalización aunque vinieran, como comenzaron, literalmente echando piedras por delante.... esos miserables criminales "Latinos".

    El error fue hacerles creer que la iban a tener fácil,... pero llegó, como es lógico, el reproche y las amenazas de Trump, que no se deja amenazar apendejar por el ganso estúpido.

    Para todo lo demás, bien por nuestras fuerzas de seguridad en detener a esos miserables... y dejarles claro, que NO deben venir a México.

    Ahora, lo que hay que hacer es blindar la frontera sur... pero EN LA RAYA.

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  11. #436

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    Nueva normalidad

    Por Macario Schettino.

    En la celebración matutina del día de ayer, el director de Pemex, Octavio Romero, anunció que la producción de petróleo va al alza, aunque el promedio diario de este año, hasta el 21 de abril, fue de 1.685 millones de barriles diarios (mbd). Puesto que en 2018 la producción diaria promedio fue de 1.833 mbd, es una mentira que esté al alza. Peor si se compara con la de los primeros cuatro meses de ese año, cuando fue de 1.896 mbd.

    Que se mienta en esas celebraciones matutinas no es noticia. Hay ya expertos midiendo el número de “afirmaciones inexactas” en dichos eventos, y entiendo que alcanzan un promedio de más de 20 por día. No les dicen mentiras, porque puede tratarse efectivamente de inexactitudes, pero para el caso es lo mismo. Aunque Trump nos ha acostumbrado a que el presidente de una nación puede ser un mentiroso, hasta hace poco tiempo eso no era lo normal.

    En cualquier caso, la producción de petróleo es hoy 11 por ciento inferior a lo que fue al inicio de 2018. Y ya entonces habíamos sufrido una caída notable frente al pico de producción de Pemex, ocurrido hace ya 15 años. Por esa razón, una noticia que antiguamente era buena para la economía nacional, el alza de los precios internacionales de crudo, es ahora exactamente lo contrario. Ahora somos deficitarios en productos derivados de petróleo, de forma que perdemos cada vez que sube dicho precio.

    Sin embargo, para Pemex la noticia sí puede ser buena, porque en sus cuentas se eleva tanto el valor de sus activos (reservas de crudo) como de sus ventas. Quien sufre es Hacienda, porque si todo el incremento de precios internacionales se traduce en precios internos de combustibles, aparece la queja del 'gasolinazo', que tanto temen. Y si no se refleja, entonces es porque se redujo la recaudación de impuesto especial. Para irse acomodando, ahora dicen que el alza de precios es producto de la codicia de los gasolineros. Una inexactitud, si usted quiere, pero más probablemente una mentira.

    Afortunadamente para el equilibrio de derivados de petróleo, la demanda de gasolina se ha reducido notablemente en México. No me queda claro por qué. Indudablemente el incremento en precios, en enero de 2017, se reflejó en una caída de la demanda, pero no fue un evento de una sola vez, sino un cambio de dirección que se ha mantenido, y la magnitud incluso ha crecido. En 2017, las ventas de gasolina fueron 3.1 por ciento inferiores al año anterior, para 2018 la caída era de 4.2 por ciento, y en los primeros dos meses de este año es de casi 7 por ciento (comparado con los mismos meses del año pasado). En este último dato está el desabasto producto de la incompetencia de la nueva administración, pero no parece ser lo único. En febrero, que ya no hubo mayores problemas de desabasto, la caída siguió siendo importante: 6 por ciento.

    No he podido averiguar cuánto de esa menor demanda es producto de la forma en que la Sener recopila información (llegada de gasolineras privadas), cuánto puede ser un menor consumo por decisión de los compradores, o cuánto es el incremento del robo. Como sea, me parece un comportamiento extraño, aunque esté ayudando un poco al equilibrio en petrolíferos.

    Este viernes se publican dos datos relevantes para entender la dirección en que va la economía: el IGAE a febrero y la balanza comercial a marzo. Con ellos podremos tener una primera aproximación de la desaceleración (recesión) en que estamos. Pero lo que ya nos confirma el señor Romero es que de parte de la minería, la caída seguirá siendo fuerte, y frenará mucho la aportación de la industria a la actividad económica general. Ya inventarán otras mentiras.

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  12. #437

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    Cómo será recordada la 4T

    Por Ana María Salazar.

    Andrés Manuel López Obrador se molesta, algunos dirían que se enoja, cuando insistentemente los reporteros, en sus conferencias de prensa, le preguntan sobre la situación de violencia en el país. Esta semana fue particularmente difícil para el presidente López Obrador, porque no sólo se difundieron los datos oficiales que subrayan que se han incrementado los asesinatos (un 9.6 por ciento en comparación de los tres primeros meses de 2018), sino también imágenes un bebé acribillado en la masacre de Minatitlán, el viernes pasado.

    El incremento de la violencia no sólo se está reflejando en los titulares de los noticieros y periódicos en México, sino también alrededor del mundo, especialmente en Estados Unidos. Medios de comunicación nacionales e internacionales buscan analistas no para conversar sobre el éxito que ha tenido el presidente en su batalla contra el huachicol, o el número de personas que ya recibió su pensión de adultos mayores. La nota es, y continuarán siendo, la violencia en México y si siguen incrementándose los homicidios.

    Desafortunadamente para este presidente, para los mexicanos y para México, no hay ningún indicio de que pueda suceder una reducción importante de la violencia, por más que haya prometido en su conferencia de prensa que en unos seis meses habría una reducción.

    El 2019 se perfila para ser el año más violento desde 1997, cuando se creó el registro oficial.

    Esto molesta al presidente porque, a diferencia de muchas de sus propuestas y nuevas políticas públicas –que han aquejado a diferentes grupos en formas diferentes–, la inseguridad afecta a todos.

    Y aunque tiene razón el presidente, de que le herencia maldita de gobierno anteriores es la inseguridad, llega un momento en que este discurso más que ayudarlo le hace daño.

    El culpar a anteriores gobiernos empieza a quitarle credibilidad a Andrés Manuel López Obrador, dando la impresión de que culpa a otros porque no tiene una solución del problema a corto plazo. Parece que, por lo menos en este tema, el presidente tiene escusas y no propuestas que hacer a corto plazo.

    Por más que promete que los programas de atención a jóvenes, combate a la corrupción y creación de la Guardia Nacional resolverán el problema, esto parecería indicar que no tiene una estrategia a corto plazo.

    Probablemente la mayoría de las personas que votaron por AMLO, en 2018, también entienden que lo que propone el presidente no resolverá a corto plazo el problema.

    En otros sexenios los gobiernos trataron de ignorar el problema, maquillando cifras, acusando a los medios de comunicación de ser amarillistas, asegurando que el problema es de los gobiernos estatales y municipales, o simple y llanamente tratando de ocupar espacios en los medios con éxitos políticos o económicos, nada, pero nada de esto va a cambiar la realidad del país.

    Hay lecciones aprendidas en anteriores gobiernos que Andrés Manuel debería de recordar:

    1.- Dejar de ser la cara del problema de la violencia e inseguridad en el país y que los secretarios o algún portavoz hable sobre este tema.

    2.- Urge una estrategia puntual que se implemente pasado mañana para tratar de contrarrestar la violencia ejercida por el crimen organizado.

    3.- Una estrategia inmediata daría la percepción de que el Estado trata de enfrentar el problema y que por lo menos hay intentos de que no se incremente el problema.

    4.- Pero también poner sobre la mesa una estrategia a corto plazo permite dar un reconocimiento público del problema, y también envía a los legisladores la prioridad que tiene el combate a la violencia.

    5.- Se requiere más presupuesto.

    6.- Si hay algún tema en el cual el presidente debería de buscar acercamientos con la oposición, gobernadores, con la rama legislativa y judicial, con los empresarios, con las organizaciones sociales, el combate a la violencia debería de ser el punto que une a todos. El presidente, en este tema necesita crear una gran coalición, porque de lo contrario lo que haga ahora o en el futuro, no cambiará mucho la dinámica de la violencia en el país si no crea su 'cruzada' nacional.

    7.- No maquillar números. Gobernante que hace esto siempre le sale el tiro por la culata. La realidad sobre la violencia no se puede esconder.

    Son algunas ideas de lo que se ha aprendido no sólo en México, sino en otras partes del mundo. Ojalá que el presidente entienda que este tema definirá su presidencia. Si no controla la violencia, ese será el legado de la cuarta transformación.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...ecordada-la-4t

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  13. #438

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    El peligro de las buenas intenciones

    Por Juan Ignacio Zavala.

    Uno no sabe de qué se ríen los dos señores, pero así aparecen en las imágenes, sonrientes, de buen humor. Son el presidente de la República y el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García. Fue en una conferencia de prensa en la que no pudieron, o no quisieron, decir nada sobre la masacre de Minatitlán, pero mostraron que para ellos la sangre veracruzana se seca rápido. Nada tuvieron que decir sobre la tragedia, ni que a lo mejor a la gente le está dando por matarse en el estado, quizá sea una nueva costumbre prianista o algo peor: un lastre del neoliberalismo. Lo importante es estar de buenas y en plan chacotero, que para eso es el poder. Esa imagen de los dos sonrientes y felices gobernantes son las instantáneas que le siguieron a la masacre.

    El presidente López Obrador decidió que era muy importante no afrontar la gravedad del asunto, sino darle un espaldarazo al bonachón de Cuitláhuac. AMLO dedicó un espacio de su interlocución para echarle flores al gobernador y decir que, sobre todas las cosas, era un tipo honesto. Qué bien. Y lo recalcó: ante todo es honesto. El presidente piensa –porque lo ha mencionado reiteradamente– que la honestidad personal es característica suficiente para gobernar bien, para ser eficaz en el manejo de la economía, para ser responsable en la formulación de políticas públicas y para manejar las estrategias concretas y exitosas contra el crimen organizado. Es una manera bonita de pensar pero equivocada. Si bien la honestidad debe ser una de las características del gobernante, la capacidad, la eficiencia, la rapidez para organizarse y la disciplina –entre otras– lo son también en igual medida.

    Cierto que Veracruz después de una larga hilera de gobernadores sátrapas, requería de un gobernante honesto. La respuesta del electorado al gobierno de Duarte y al que le siguió de Yunes –un verdadero prianista en toda la extensión de la palabra– fue optar por alguien cuya principal característica es la señalada por el presidente. El estado merecía un cambio en ese sentido, pero la realidad también marcaba otras necesidades. La masacre de Minatitlán lo ha dejado en claro, nada dicen los responsables de las esferas del gobierno federal, estatal y municipal (todos ellos de Morena) y el gobernador corrió a esconderse tras la figura presidencial. Por supuesto que esto no infiere de ninguna manera que sean responsables de la matanza, pero sí lo son de la respuesta y de lo que sigue al crimen cometido.

    Cuando se requieren diversas actitudes ante el miedo y la zozobra, no basta sacar la libreta de calificaciones. Se necesita la empatía y la responsabilidad. Que el señor Cuitláhuac García sea un buen hombre que a los cincuenta años seguía viviendo con sus papás puede resultar conmovedor –o patético, como se quiera ver–, pero luce poco claro respecto a las acciones para recobrar la seguridad en el estado. Que el presidente haga su chistín de siempre, ahora en la versión de que puede estar junto a Cuitláhuac y conservar la cartera, podría ser simpático para sus seguidores, pero reviste una falta completa de sensibilidad ante el drama que vive el estado.

    No todos los honestos son eficaces, como no todos los eficaces son honestos. Pero es claro que para gobernar no basta con una cualidad. Cabe recordar la frase del juez y escritor alemán Bernhard Schlink: “Lo contrario del bien no es el mal, sino las buenas intenciones”.

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  14. #439

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    Complicación

    Por Alejandro Gil Recasens.

    Para los conservadores lo sucedido en los años sesenta explica el desorden migratorio actual. Para los liberales los problemas presentes sólo se superarán si se retoma el enfoque de entonces. La Ley de inmigración y nacionalidad de 1965 produjo un cambio radical en los criterios de aceptación de extranjeros. Se puso fin al esquema de cuotas por nacionalidades, que favorecía a ciertos grupos raciales o étnicos sobre otros y que venía desde la época de la Primera guerra mundial. Fue sustituido por un sistema de preferencias con siete categorías, que promovía sobre todo la reunificación familiar y la llegada de personas con preparación formal.

    La nueva legislación transformó el perfil poblacional: paulatinamente entraron menos europeos con cierta calificación laboral y arribaron cada vez más campesinos asiáticos (principalmente vietnamitas y camboyanos) y latinoamericanos (mayormente mexicanos y puertorriqueños). Pero lo más relevante fue que por primera vez se empezó a hablar de los derechos de los inmigrantes, incluso de los indocumentados.

    Fue consecuencia del éxito del movimiento por los derechos civiles de los negros y de las políticas integracionistas y de igualdad de oportunidades de Lyndon B. Johnson. Los hispanos resultaron beneficiados de rebote porque nunca construyeron un frente bien articulado con sus propias banderas, ni se sumaron masivamente a aquel movimiento. Sin duda hubo esfuerzos muy meritorios, pero no alcanzaron resonancia nacional y persiguieron objetivos diversos, a veces no compatibles entre sí.

    Durante décadas los pizcadores en California crearon pequeñas y efímeras organizaciones para exigir mejores sueldos y condiciones de trabajo. No obstante la difusión de iniciativas como el Teatro campesino de Luis Valdéz, fue muy difícil hacerlos conscientes de que podían superar la explotación y los abusos de los granjeros, que los amenazaban con denunciarlos para que fueran expulsados del país. Por eso rehusaron unirse a campesinos chinos o filipinos y tardaron muchos años en formar un sindicato fuerte (el United Farm Workers) o en ampliar sus reclamos más allá de lo laboral.

    El impacto que tuvieron personalidades como Martin Luther King o Malcom X influyó para que surgieran nuevas agrupaciones. En Texas se formó el Fondo de defensa legal y educación de los méxico-americanos (Maldef) sobre el modelo de la Asociación nacional para el avance de las personas de color (Naacp). En Chicago aparecieron los Young Lords, inspirados en los Panteras Negras.
    Varias veces se frustró el intento de crear una organización nacional, con demandas de amplio consenso. Por eso, las reformas legales que terminaron con la segregación escolar, hicieron obligatoria la educación bilingüe y afirmaron los derechos electorales de los hispanos no llegaron hasta 1974 y 75.

    Sánchez vs Sánchez

    No sólo faltaron esfuerzos unitarios sino que empezó a presentarse un enfrentamiento entre los recién llegados y los ya establecidos. Los ilegales, obligados al clandestinaje y a aceptar bajos sueldos por miedo a las deportaciones, eran acusados de “robarse” los empleos, presionar los salarios a la baja y de que su mal comportamiento provocaba animadversión hacia todos los hispanos en las comunidades. Las organizaciones religiosas a veces lograban que se solidarizaran pero, en la medida en que proporcionalmente los ilegales empezaron a superar a los residentes autorizados, la división se hizo más profunda.

    Incluso entre los ya asentados se ahondaron las diferencias. Los que trataban de conservar una cultura propia (“mechicana”) y peleaban por obtener educación bilingüe, fueron vistos como excéntricos y despreciados por los que pretendían acelerar su asimilación a la sociedad estadounidense, se salían de los barrios latinos y les ponían a sus hijos nombres en inglés.

    Todo se complicó con la llegada de miles de asilados cubanos a Florida. Mientras que los mexicanos que solicitaban la residencia tenían que esperar años para conseguirla, el Congreso les concedió la “green card” a los cubanos casi automáticamente. Programas gubernamentales y fundaciones privadas les ofrecieron empleos y becas. Con esas ventajas pronto empezaron a tener fuerza en Washington y a arrogarse la representación política de toda la población hispana.

    Al finalizar los setenta el problema de los indocumentados se había politizado y solucionarlo formaba parte de las ofertas de los candidatos presidenciales. Los republicanos, influenciados por las cámaras empresariales, proponían una amnistía amplia y programas de trabajadores temporales. Los demócratas, como concesión a los sindicatos, querían militarizar la frontera y castigar a los patrones que contrataran a indocumentados. Desde entonces el desacuerdo.

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  15. #440

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    La acusación de Trump

    Por Raymundo Rivapalacio.

    Donald Trump tiene en la mira a Andrés Manuel López Obrador, pero el presidente mexicano dice que no caerá en la provocación. Es un insulto abierto del presidente de Estados Unidos el especular venenosamente que el Ejército mexicano protege a los cárteles de la droga, pero López Obrador sigue con temor de enfrentarse a Trump y trasladó su precaución a la frontera de lo pusilánime. Las palabras del jefe de la Casa Blanca caen en el momento en el que crecen las sospechas de que el gobierno tiene un pacto no escrito con el Cártel del Pacífico y su brazo armado, el Jalisco Nueva Generación, lo que brincó a la conferencia de prensa mañanera en Palacio Nacional, cuando le preguntaron ayer si negociaría con criminales para lograr la pacificación del país.

    “Nosotros no vamos a negociar con ninguna banda, con ninguna organización dedicada a cometer ilícitos”, respondió López Obrador. “Se va a actuar con rectitud, con integridad. No va a haber componendas, está bien pintada la raya, la frontera entre delincuencia y la autoridad. No va a haber mezcolanza, no va a haber contubernio y vamos a avanzar de esa manera. Esto también significa que no se va a perseguir a una banda para proteger a otra, como se llegó a hacer”. Este ping pong retórico no es gratuito. El lunes se reveló en este espacio que dentro del equipo de López Obrador han sugerido regresar al statu quo de principio de los 80, donde un cártel domine el país y coadyuve en la pacificación.

    Hay razones para conjeturar que, formal o informalmente, eso está sucediendo. A mediados de enero pasado se publicó en este espacio que Miguel Ángel Treviño, El Z-40, jefe de Los Zetas y preso desde julio de 2013, aprovechó la oferta de amnistía a narcotraficantes que propuso en campaña López Obrador para enviarle un mensaje: reduciría en 50 por ciento la violencia en Nuevo Laredo, el tráfico de drogas, armas, el contrabando de migrantes y el robo de combustible, si al llegar a la presidencia no lo extraditaba a Estados Unidos. No hubo tiempo de nada porque el 19 de julio salió de México extraditado. Durante la campaña, López Obrador fue detenido en dos retenes en el norte del país controlados por Los Zetas, pero lo dejaron pasar cuando lo identificaron.

    Lo más notorio, sin embargo, es que en la cruzada contra el huachicol en Guanajuato sólo se está persiguiendo al Cártel de Santa Rosa de Lima y a nadie, aparentemente, de sus rivales, el Cártel Jalisco Nueva Generación. Los golpes a huachicoleros son en zonas controladas por Los Zetas o donde están enfrentados al Cártel del Pacífico y su brazo armado. Coincidentemente en este miércoles aciago para López Obrador en el tema del narcotráfico –cuyo combate renunció públicamente hacer hace varias semanas–, apareció en Naucalpan una nueva narcomanta atribuida al jefe de los sinaloenses, Ismael El Mayo Zambada, que insiste sobre lo que se ha venido anunciando en todo el país por esa vía: “Comienza la limpia en el país, regresa la vieja escuela”.

    No hay ninguna evidencia que permita afirmar la existencia de un pacto entre el gobierno de López Obrador y los cárteles de la droga, pero en todas sus acciones y decisiones en materia de seguridad pública los ha excluido del combate y sus líderes están exentos, por declaración presidencial, de persecución. La percepción popular de que existe tal vinculación, lo llevó este miércoles a negar que exista un pacto con las organizaciones criminales. La declaración se dio después de que apareciera un tuit de Trump a las siete de la mañana, en el que escribió: “Los soldados mexicanos recientemente sacaron sus armas a nuestros soldados de la Guardia Nacional, probablemente como una táctica distractora para los narcotraficantes en nuestra frontera. ¡Mejor que no suceda otra vez! Estamos enviando soldados armados a la frontera”.

    Trump ha hablado despectivamente del Ejército en varias ocasiones, aunque en el pasado los presidentes mexicanos respondieron a Trump o a otros funcionarios estadounidenses. No había sido tan contundente, sin embargo, acusándolo de proteger a narcotraficantes y ser parte de su estrategia. El tuit de Trump mezcló su molestia por las caravanas de inmigrantes, la insuficiencia que ve en su contención por parte del gobierno mexicano, y a propósito de un incidente del 13 de abril, cuando soldados mexicanos detuvieron a punta de pistola a dos soldados estadounidenses en el Condado de El Paso, que fue interpretado por el Pentágono como una confusión.

    El presidente, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, hablaron ayer sobre el tema, pero sin tocar lo dicho por Trump sobre el Ejército mexicano. “Lo más importante es decirle que no vamos a pelearnos con el gobierno de Estados Unidos”, dijo López Obrador. “Queremos una relación de respeto mutuo y de cooperación para el desarrollo, y que así como nos hemos venido entendiendo en estos meses, vamos a seguir actuando para mantener relaciones cordiales y de buena vecindad. Nosotros no vamos a caer en ninguna provocación. Le digo al presidente Donald Trump que queremos mantener una relación respetuosa y de amistad con su gobierno, que vamos a analizar este incidente. Vamos a tomar en cuenta lo que está señalando y se va a actuar de conformidad con la ley, en el marco de nuestra soberanía”.

    La acusación de Trump queda y la sospecha de un pacto con criminales se ha socializado. Las apuestas suben. Al presidente le urge más claridad en su deslinde de los cárteles, no sólo retórico. Combatir a los cárteles, no otorgándoles una carta de impunidad, como hasta ahora, es el camino.

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  16. #441

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    Los 'conservadores' tienen razón

    Por Pablo Hiriart.

    Si la exigencia de paz en el país es 'básicamente' de los conservadores, como dijo el presidente López Obrador, entonces éstos son mayoría y tienen toda la razón.

    ¿De cuándo acá pedir seguridad a las autoridades es una demanda conservadora?

    Al menos desde 2004, cuando casi un millón de personas vestidas de blanco salieron a las calles de la Ciudad de México en la Marcha por la Paz, y el entonces jefe de Gobierno la calificó como una exigencia de “pirrurris” movidos “por una mano negra”.

    El jefe de Gobierno de aquel entonces, y el presidente de la República que el martes dijo que la paz es una demanda básicamente de los conservadores, es la misma persona: Andrés Manuel López Obrador.

    Hay que reconocerle perseverancia en su descalificación a la demanda de seguridad personal y patrimonial de los ciudadanos, pero eso no quiere decir que tenga la razón.

    Los que mueren por homicidio doloso, son asaltados en sus negocios, atracados en la calle o robados en el transporte público, por lo general son gente humilde y sus aflicciones no se merecen el ninguneo ideológico al que los somete el presidente de la República.

    Todos los ciudadanos, ricos, pobres o integrantes de las clases medias, merecen la protección del gobierno y no es admisible que se trivialice su derecho con una descalificación ideológica, por demás arbitraria y anacrónica: “conservadores”.

    -¿Piensa que la exigencia de paz es exclusiva de los conservadores?-, se le cuestionó al presidente en la conferencia mañanera del martes.

    -“Básicamente. Sobre todo promovida, auspiciada. O sea, cosa de ver las columnas. Ustedes son expertos, especialistas, vean, agarren los periódicos y hagan un análisis de contenido y se van a dar cuenta”, respondió.

    Las columnas políticas desde hace décadas han señalado los estragos de la inseguridad, sólo que ahora ha llegado a niveles históricos.

    Nunca habíamos tenido un trimestre más violento en el país que al arranque de este año, en que fueron asesinadas ocho mil 500 personas.

    El presidente señala a los “conservadores” como los que auspician la demanda de paz y seguridad. Y en esa misma conferencia mañanera culpó a la corrupción de los problemas de inseguridad que se viven.

    ¿Ah sí? Veamos las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, correspondiente al primer trimestre del año en la Ciudad de México, donde supuestamente no hay corrupción porque gobierna Morena.

    El robo a negocio aumentó, comparado al primer trimestre del año pasado, en 62 por ciento. Así la Ciudad de México se ubicó en el primer lugar de incidencia de ese delito, dejando atrás a Jalisco, que ocupaba ese sitio.

    Por lo que se refiere al robo a transeúnte, la Ciudad de México también desplazó a Jalisco del primer lugar nacional al tener un incremento de 157 por ciento.

    Y en robo en transporte público, la capital del país dejó atrás al Estado de México y se ubicó en el primer lugar nacional al tener un incremento, respecto al primer trimestre del año anterior, de 228 por ciento.

    ¿Los conservadores son asaltados en sus negocios?

    ¿Los conservadores son atracados en la calle?

    ¿Los conservadores son robados en el transporte público mientras se desplazan a sus centros de trabajo?

    Quienes más sufren la inseguridad son los pobres y las clases medias, a quienes resulta una ofensa llamarles “conservadores” por ser víctimas del delito.

    Sobre el agravio, el insulto.

    Gente humilde era la que murió asesinada el viernes pasado en Minatitlán.

    Dice la crónica de Eirinet Gómez y Sayda Chiñas, de La Jornada, sobre el sepelio de algunos de los asesinados:

    “En el campo de beisbol de Minatitlán, decenas de aficionados al rey de los deportes, muchos portando globos blancos, rindieron homenaje a César Hernández Barrera, trabajador petrolero y entrenador del equipo Marlins en la categoría Pony de la Liga Infantil.

    “Junto a él fue despedido su hijo Santiago Hernández Olivares, el menor que apenas el 17 de abril había cumplido un año de edad y que también pereció en la masacre, luego de que una bala le atravesó la carótida”.

    ¿De veras cree el presidente que los familiares y amigos de ese trabajador y de su hijo eran “conservadores” por exigir justicia y portar globos blancos en demanda de paz?

    Qué mal nos estamos entendiendo.

    Ante un problema así, que no es sólo de Veracruz o de la Ciudad de México, sino del país, debería haber una base de concordia nacional, y desde Palacio Nacional se alienta la crispación y el ninguneo a las preocupaciones por la inseguridad.

    Dijo el presidente ahí en el puerto, luego de la masacre en Minatitlán:

    “Estoy muy contento yo con mis paisanos veracruzanos porque estuvieron a la altura de las circunstancias. Imagínense, toco madera, si hubiera pasado otra cosa aquí en Veracruz, no iba yo a estar contento como lo estoy ahora”.

    Desde luego que no nos estamos entendiendo gobernantes y gobernados.

    La inseguridad aumenta, cada vez hay más víctimas, y no se vale culpar de ella a los “conservadores” ni ideologizar un problema que no pueden revertir.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...s-tienen-razon

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  17. #442

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    Diatriba matutina

    Por Leonardo Kourchenko.

    Es el ritual de cada mañana. La aparición esperada del presidente, acompañado o no, para sostener un encuentro con los medios. No se trata técnicamente de una conferencia de prensa, porque si bien existen –algunas– preguntas y respuestas puntuales, la mayor parte del promedio de dos horas diarias se dedica a otros mecanismos o ejercicios de comunicación.

    Por ejemplo, la cátedra. El presidente dicta cátedra sobre temas diversos, que van desde su concepción del conservadurismo del siglo XIX y sus sangrientas y criminales expresiones en el XX, hasta su incuestionable autoridad moral para señalar, acusar o descalificar.

    El presidente no informa, promete, anuncia, pregona. El presidente no perfila su estrategia de gobierno en materias de seguridad, energía, educación, salud; sólo descalifica todas las acciones de los gobiernos anteriores. El presidente no sustenta sus afirmaciones en datos y cifras avalados por reconocidas instituciones especializadas: Inegi, Banco de México, Hacienda, Coneval, etcétera, él siempre tiene sus propias cifras, de su oficina particular, con datos surgidos de nadie sabe dónde ni con qué metodología.

    El presidente acusa –casi todos los días–, señala, descalifica, fustiga a los que llama sus adversarios, a los fifís, los conservadores, los que simplemente no piensan como él. Dedica un tiempo considerable al ejercicio del dedo flamígero en contra de quienes los critican... lo criticamos.

    Afirma que promueve el debate, que es amigo de la discusión y la confrontación de ideas, pero en automático degrada a quienes esgrimen argumentos contrarios. Eran la mafia del poder –argumento caduco hoy en día porque quien ejerce el poder (todo) es él mismo– por eso hoy son “mis adversarios, los fifís, hipócritas, doble cara”.

    Ha llegado al extremo de señalar a periodistas y analistas políticos por su nombre y medio, como una flecha directa de advertencia. Menciona cada dos de tres días, a diarios y publicaciones cuya línea editorial le disgusta, le incomodan sus publicaciones.

    Es un presidente instalado en el altar del denuesto, en el púlpito de la descalificación. La voz que cuenta, la que debe ser escuchada, a quien debemos conceder credibilidad ciega, es la suya. La hipotética disposición al diálogo, es sólo el disfraz de un demócrata que se desvanece con cada memorándum y cada llamado a pasar por encima la ley. Porque “la justicia –ha dicho– debe estar siempre por encima de la ley”.

    Varios de los asistentes son pseudoperiodistas al servicio del aparato de propaganda. Representantes de medios inexistentes, de páginas con tres seguidores, a quienes se las ha concedido la acreditación presidencial. Roban tiempo a periodistas serios con preguntas serias, y profieren halagos, piropos y comentarios zalameros para la complacencia del poderoso.


    (* Jo, jo… cuando le van a dar oportunidad al Gallego de ir a mmarle las bolas al viejito... *) xD

    La 'conferencia matutina', eje de comunicación ultrapersonal del mandatario, se ha convertido en diatriba cotidiana, donde se agrede, se agravia, se insulta bajo el vago argumento de la 'autoridad moral'. Concediendo dicha autoridad, por demás discutible en un personaje que ha vivido por más de dos décadas de presupuestos partidistas, ¿eso otorga el derecho al insulto y la descalificación? ¿Eso provee la garantía al denuesto y al agravio público? Difícilmente. Aún más allá, ¿esta estrategia de comunicación construye unidad entre los mexicanos? ¿Fortalece el tejido social? ¿Profundiza los valores democráticos de la tolerancia y el respeto? Mucho me temo que no.

    El presidente de la República utiliza la plataforma de su alta investidura para acusar a medios, para señalar a periodistas y columnistas, para responsabilizar de todos los males nacionales al pasado y sus presidentes.

    No se trata de un jefe de Estado abordando temas de delicada importancia para la nación, por si nos faltaran. Se trata de un jefe de partido, de un líder social y de movimiento que afianza el respaldo de quienes considera 'los suyos' mediante el ataque sistemático a esos 'otros' que no son suyos.

    México necesita un presidente de todos los mexicanos, no de 'los buenos y bien portados' porque le aplauden, sino de todos porque el país es destino y el destino es patria. México es de todos, no sólo de los 30 millones de ventaja electoral.

    Sería mucho más valioso el tiempo que el presidente emplea en fustigar a medios y periodistas, si fuera dedicado a la crisis de salud pública que está en llamas; o de educación, que está a punto de retroceder unos años; o de energía, porque las pipas no resuelven el problema del huachicol, y ya para no hablar de la inseguridad desbordante, o del desempleo creciente.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...triba-matutina
    Last edited by Sirius2b; 25-04-19 at 11:48 AM.

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  18. #443

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    Excelencia perdida

    Por Jorge Berry.

    En la conferencia de prensa mañanera del lunes en Veracruz, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se refirió al gobernador del estado, Cuitláhuac García. Ante las quejas de los reporteros locales, quienes describían a García como un gobernador “ausente”, que “no da la cara”, López Obrador los atajó diciendo que sí, pero que es un hombre honesto. Es un esquema que se repite a lo largo y ancho de la administración, y no es la única vía para alcanzar la gracia del presidente. También está la lealtad absoluta, incuestionada.

    Esta, es por demás decirlo, no es una fórmula conducente al buen gobierno. Lo hemos visto en acción ya más de dos años en Estados Unidos. Los requisitos para formar parte del gabinete o círculo cercano del presidente Donald Trump, son los mismos, a excepción de la honestidad, conspicuamente ausente de su gobierno. Para afuera todo lo que huela a su antecesor Obama, y adelante los 'cuates', los parientes y los leales. Por ello, la administración pública en Estados Unidos, y ahora la de México, están en caos.

    El presidente López Obrador mostró esta tendencia desde antes de la elección, cuando dio a conocer quiénes conformarían su gabinete, aunque las dimensiones del desastre no se sabrían hasta su entrada en funciones.

    Al asumir como secretario de comunicaciones, Javier Jiménez Espriú comenzó a pronunciarse vehementemente en contra del NAIM. Contaba con el apoyo del constructor favorito del presidente, José María Riobóo (un hombre tan ignorante en la materia, que piensa que los aviones “se repelen”) y con el prejuicio presidencial de que, como era iniciativa del expresidente Peña, necesariamente era malo. Un funcionario responsable hubiera consultado expertos y estudios ya realizados, para hacer una recomendación sana y ponderada al presidente. Prefirió irse con lo que el presidente quería oír y es causante directo de una pésima decisión, que perjudica enormemente a la economía y que dejará de crear cientos de miles de empleos. El sexenio entero quedará marcado para siempre por ese error.

    Eso es solo un caso, pero hay muchos. El director de Pemex no tiene experiencia en el sector, y el presidente tampoco. Los pocos especialistas que quedan saben que las medidas para salvar a Pemex no tienen sustento, y Pemex será la tumba de la economía nacional. Todo, por ignorancia e ineficiencia de los mandos, incluida la secretaria de energía Rocío Nahle.

    El sector salud es otro desastre de incompetencia. No hay medicinas, el ISSSTE ya se declaró en quiebra y los residentes llevan meses sin cobrar. Se esperaba que Conacyt fuera una isla de razón, pero la directora resultó ser una iluminada. Lo mismo pasa en Turismo, en Hacienda, y en la SEP, no se diga. Ya hay pase automático en 1º y 2º de primaria, aunque el alumno no vaya. Igualito que sus maestros de la CNTE.

    Por ello, la terrible tragedia de Minatitlán está íntimamente ligada a la incapacidad del gobernador y su séquito. Los cárteles operan a su antojo porque el gobernador no tiene control ni idea de cómo responder. La desgracia es que su lealtad al presidente baste para mantenerlo firme en un puesto para el que no está preparado. Y no es que no haya veracruzanos capaces, hay muchos. Pero si la lista de AMLO se reduce a los leales y los honestos (a veces) no llegaremos a buen puerto.

    Por desgracia, Cuitláhuac no es el único gobernador así. Hace unas semanas, en un restaurante de Cuautla, hubo una ejecución similar a la de Minatitlán. Cuauhtémoc Blanco, gran futbolista, no tiene, ni cercanamente, la capacidad para gobernar un estado. Si Morena se sale con la suya, Puebla padecerá la misma suerte.

    El ejecutivo exitoso sabe rodearse de expertos capaces que resuelven los retos de la mejor manera, y a él lo hacen brillar. Es una lección que el presidente no ha aprendido.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...lencia-perdida

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  19. #444

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    Hace un año.

    Por Macario Schettino.

    Revisando textos anteriores, me encuentro con el publicado el 5 de abril del año pasado, titulado “Por qué no”, en el que planteaba las razones por las que jamás votaría por AMLO. Creo que no es mala idea volver a exponerlas ahora, para ver si usted, con más información que antes, coincide o no con ellas.

    En primer lugar, decía entonces, porque “Andrés Manuel López Obrador es muy autoritario”, y le comentaba que había llegado a esa conclusión tanto por trabajar con él (1996-1997) como por comentarios acerca del equipo del gobierno del DF en los años siguientes. Mi segunda razón era: “Sus ideas económicas son equivocadas, como ya muchas personas lo han mostrado. Su visión general parece ser de una economía esencialmente cerrada, con una muy fuerte presencia del gobierno, como la que conocimos buena parte del siglo XX en México. Eso no sirvió entonces, ni ha servido en ninguna parte. Permite capitalismo de compadrazgo, sin duda, pero eso sólo genera ineficiencia y desigualdad.”

    En tercer lugar, “su entorno. Morena agrupa al priismo que busca restaurarse y a buena parte del corporativismo perredista.” Y, finalmente, “la restauración del viejo régimen priista ahora bajo las siglas de Morena y el control unipersonal de AMLO. Quienes hoy creen que México no podría estar peor, es porque no conocieron el previo a 1982.”

    Me parece que el hoy Presidente ha confirmado tres de los cuatro argumentos: su profundo autoritarismo que tal vez ha llegado a su punto máximo en estos últimos días (por el momento); sus absurdas ideas económicas que ya nos tienen entre el estancamiento y la franca recesión; y su entorno de incompetencia y abyección que sólo sorprende a quienes no habían seguido las trayectorias de las personas que hoy tienen posiciones de responsabilidad, tanto en el gobierno como en el Congreso.

    Sin embargo, como hemos comentado más recientemente, tal vez mi cuarta objeción fue equivocada. No parece tan claro que estemos viviendo la restauración del viejo régimen priista, sino que estamos todavía moviéndonos entre eso o el intento de implantar el socialismo latinoamericano. La influencia de la esposa y sus amistades en el ánimo de López Obrador es muy superior a lo que yo imaginaba, y es eso lo que abre la posibilidad de ese absurdo intento.

    El autoritarismo, deshonestidad, y agresividad del Presidente, sin embargo, no son evidentes para muchos, que insisten en creer que se trata de una buena persona, con buenas intenciones, que efectivamente se ha encontrado con un “cochinero” que estaría a punto de limpiar. Esta creencia no tiene sustento alguno, más allá de la fe. No contamos con evidencia de que López Obrador sea buena persona, o de si sus intenciones son buenas o no.

    Pero esto debería ser irrelevante. Los políticos, como platicamos con amplitud la semana previa a las vacaciones, son personas que buscan el poder con un ansia especial y que, para obtenerlo, deben mentir con mayor frecuencia y efectividad que una persona promedio. Por eso no debemos evaluar a un político con base en sus declaraciones, creencias, o promesas, sino por sus planes, proyectos y políticas públicas.

    La cancelación de un aeropuerto moderno, con 40% de avance, para sustituirlo por una patraña inexistente, a la que acaban de encontrarle un cerro, es evidencia de necedad e incompetencia, así como indicio de corrupción. La insistencia en construir una refinería en contra de la opinión de todos los expertos, lo mismo. La permanente confusión entre justicia y legalidad, promovida desde el poder, no es sino confirmación del autoritarismo ramplón. La destrucción de toda la política social: educación, salud y combate a la pobreza, para reemplazar con transferencias directas, muestra flagrante de clientelismo.

    ¿Qué más necesitan?

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...hettino/un-ano

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  20. #445

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    Venezuela: ¿China es la clave?

    Por Pablo Hiriart.

    Decir que “los venezolanos deben resolver sus conflictos mediante el diálogo”, es una frase hecha que pretende ignorar la dimensión del problema.

    En Venezuela hay un cártel del narcotráfico que domina el Estado y a sus instituciones castrenses, y enfrente está la población civil desarmada que clama por sus derechos elementales.

    ¿Dialoguen? ¿Entiéndanse entre ustedes? Qué manera de lavarse las manos de un sector de la comunidad internacional.

    Maduro y los militares que mandan en Venezuela no se van a ir por su propia voluntad: hay que quitarlos.

    Por la razón no se puede ni hay salida, ya que los militares que rodean a Maduro dominan una red internacional de narcotráfico.

    Para ellos perder el poder es perder la libertad y el dinero que han acumulado como producto del trasiego de drogas en complicidad con la guerrilla colombiana.

    Por la fuerza es imposible, ya que Maduro tiene la lealtad de la cúpula castrense y, por impotencia o porque están en el narco, no hay (hasta ahora) deserciones importantes en el Ejército.

    “Dialoguen”; “pónganse de acuerdo”, dicen algunos países con fingida ingenuidad.

    El régimen venezolano es sostenido por los militares que capitanean el negocio del narcotráfico. (Para quienes no la hayan leído, les dejo el link de la columna de Raymundo Riva Palacio publicada ayer en estas páginas, que ilustra acerca de la banda de criminales que mantienen el control en ese país).

    Cuando se hayan leído los datos que expone Riva Palacio, sustentados en reportes de medios especializados, a ver si alguien va a seguir encasillando la crisis venezolana en el contexto de una lucha político-ideológica.

    No es así. La batalla es entre la cúpula narco-militar y la ciudadanía indefensa, sin derechos ni libertades.

    Ya hace algunos años los periodistas Maite Rico y Bertrand de la Grange habían publicado reportajes con los testimonios de la protección que daban los generales venezolanos a la cocaína colombiana que pasaban por territorio venezolano los guerrilleros de las FARC.

    Desde los puertos venezolanos salía con Chávez, y sigue saliendo con Maduro, parte de la coca que llega a México como trampolín para Estados Unidos y la que va a Europa.

    ¿Van a dejar el poder luego de una reflexión política y diálogo entre las partes?

    Aferrarse a esa inocentada es abonar el terreno para que ocurra lo que en Venezuela va a ocurrir si no hay un desenlace pronto: el caos absoluto.

    No habrá una guerra civil con dos bandos político-militares identificados, sino el caos total.

    La solución interna está descartada, por la razón y la fuerza.

    Queda, como última instancia, la intervención internacional.

    Sí, la intervención. No la intervención directa para deponer al tirano y a su corte de delincuentes, que ha sido descartada por Washington de acuerdo con el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

    Alguna potencia tiene que sacar a Maduro del poder. Y esa potencia no puede ser Estados Unidos, porque su presidente carece del respaldo internacional, mucho menos del latinoamericano, para hacer prácticamente nada en Venezuela.

    Todo lo que Trump ha intentado –hasta ahora– en Venezuela, ha fracasado.

    A Trump no le interesan los conflictos internacionales, salvo, tal vez, que sean decisivos en su pretendida reelección.

    Rusia no es alternativa. Putin intervino militarmente en su zona de influencia: invadió y se anexó Crimea. Por otra parte, se opone a que Trump haga lo propio en su entorno geopolítico: América.

    Para un presidente como Bush esa postura de Rusia hubiera sido un acicate para tirar a Maduro y apresar a su legión de narcotraficantes.

    Sin embargo a este gobierno de EU no le interesa la intervención ni el protagonismo internacional. No sabe ser imperio ni superpotencia.

    En su editorial internacional de ayer, el Financial Times deslizó una sugerente afirmación que involucra a uno de los principales soportes internacionales del régimen venezolano:

    “Un consejo en el oído de Maduro por parte de Beijing podría convencerlo de que se le acabó el tiempo, mientras que a la vez realzaría de que es una potencia responsable”.

    Por ahí puede venir la salida si es precedida de una enérgica condena mundial al gobierno bolivariano. Ese puede ser incentivo para China a fin de que le diga a su protegido que es hora de partir.

    ¿Es muy pequeño el incentivo para China, frente a las deudas del país sudamericano por petróleo pagado por adelantado por el gobierno de Xi?

    Tal vez, pero en algo hay que pensar antes de que eso acabe en una catástrofe.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...na-es-la-clave

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  21. #446

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    El teflón se le acabó

    Por Raymundo Rivapalacio.

    La alineación de las estrellas cambió para el presidente Andrés Manuel López Obrador en las últimas dos semanas, aunque todas las mañanas, de manera inexorable, sale a dar la batalla contra todos. El viraje se dio con la matanza del 19 de abril en Minatitlán, donde su indiferencia inicial ante un evento de alto impacto en la opinión pública –un menor de un año fue una de las víctimas–, le generó una fuerte crítica que marcó una inflexión en términos de opinión pública, que hasta hace muy poco manejaba de manera positiva. Ese asesinato colectivo se sumó a las persistentes críticas por el aumento a la gasolina y la cancelación de las estancias infantiles, que han transformado el ánimo de la gente que antes lo recibía efusivamente a donde llegara, a expresiones de molestia y reclamos que han hecho mella en el presidente, mostrándolo cada vez más irritable ante las críticas.

    La matanza de Minatitlán generó una intensa actividad en las redes sociales desde el día en que se supo de ella, pero el presidente sólo se refirió a ella 48 horas después. El Índice GLAC registró entre el 19 y el 22 de abril 259 mil 86 menciones en las redes sociales y los medios de comunicación digitales, donde el 64 por ciento hacían responsable del asesinato a López Obrador, descalificando su respuesta ante la inseguridad y recriminándole no ofrecer el pésame a los familiares de las víctimas. La mañana del 20 de abril comenzó a aparecer el hashtag #AMLORENUNCIA, que fue tema de conversación durante más de cuatro horas, hasta que fue neutralizado por #AMLOElPuebloTeApoya. El primero, contra el presidente, fue alimentado por 25 por ciento de bots –que es estándar–, pero el segundo tuvo que recurrir a 37 por ciento de bots, lo que habla de cuánto tuvieron que invertir en recursos los defensores del presidente para acallar las críticas.

    Las redes sociales son un pulso del ánimo de la gente, pero sus tendencias fueron gradualmente confirmadas por otros estudios. La encuesta de GEA-ISA de marzo sobre su gestión de gobierno, puso a la seguridad como el tema de mayor preocupación de los mexicanos (46 por ciento). La segunda de mayor interés fue la economía (35 por ciento), que al sumarse mostraron que dos de cada 10 mexicanos están enfocados únicamente en esos dos temas. Los indicadores de ambos muestran un deterioro agudo.

    El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que depende del gobierno federal y toma sus datos de todas las procuradurías y fiscalías del país, reportó que el primer trimestre de 2019 fue el más violento en la historia de México, desde que se tienen estadísticas –en 1996–, y fue 9 por ciento superior al primer trimestre de 2018. Esto da un promedio de 95 homicidios diarios, superior a lo que se ha registrado en Venezuela, que está sumido en el caos y la violencia, en el mismo periodo. El presidente López Obrador, sin embargo, niega los datos de su propio gobierno. En su conferencia de prensa de este jueves, dijo que los índices de violencia venían a la baja.

    No hay ninguna evidencia de que esto sea cierto, salvo que juegue con las estadísticas. Por ejemplo, en marzo se registró una ligera baja en el índice de homicidios dolosos, pero con respecto al mes anterior, puesto que en el comparativo con el mismo periodo de 2018, seguía al alza. El manejo de las cifras puede ser engañoso, aunque se diga la verdad, como es este caso. López Obrador lo hizo previamente cuando semanas antes aseguró que la violencia se había contenido, al utilizar datos preliminares que después mostraron ser parciales. El manoseo de la estadística y la participación de funcionarios en diferentes oficinas, ha llevado a fuertes contradicciones dentro del gobierno. La peor, por evidente, en el Plan Nacional de Desarrollo, donde se contradicen las cifras de incidencia delictiva. Ciertamente, el juego con los números y las frases no es algo inusual en el presidente.

    El comportamiento de la economía es otro de los fantasmas que combate prácticamente todos los días. Sin importar qué institución hable de un crecimiento a la baja, López Obrador la descalifica mediante el calificativo de “conservador” y de señalar a quien da a conocer su expectativa de crecimiento como parte de sus “adversarios” que quieren que le vaya “muy mal a su gobierno”. También minimiza con retórica pura. Por ejemplo, tras informar el Inegi el miércoles que el primer trimestre de este año había sido el peor desde la crisis financiera global de 2009 –de la que Europa aún no termina de salir–, dijo que la economía iba “requetebién”. Al comentar el reporte de El Financiero del subejercicio en el arranque de su gobierno, sobre la base de los datos de Hacienda, dijo que no era subejercicio, sino ahorros.

    A menos que el presidente López Obrador sepa lo que nadie conoce en el mundo, las dos variables seguirán en caída afectando su gestión y su aprobación. La encuesta de GEA-ISA refleja un creciente rechazo al presidente y dudas sobre su eficiencia. El 60 por ciento no lo cree capaz de gobernar y el 63 por ciento considera que no será capaz de resolver los problemas. Su aprobación general está en 64 por ciento, que sigue siendo muy alta, pero ya viene cayendo.

    El teflón de López Obrador, que construyó desde hace unos 15 años cuando el presidente Vicente Fox lo quiso meter a la cárcel por una falta administrativa menor, se ha deteriorado rápidamente. Los síntomas en el país no pintan bien para su gobierno, y sus reflejos políticos, de fuga eterna hacia delante, no anticipan nada bueno para muchos. El verano y el otoño, se puede decir, lucen borrascosos.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...on-se-le-acabo

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  22. #447

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    Comentarios.

    De aquí en adelante todo es cuesta abajo para MALO y Morena y porque están en el gobierno, se llevan entre las patas a México y a sus habitantes, incluyendo a quienes no votamos por este imbécil
    Bueno, la bola de nieve de las mentiras mañaneras ahí va rodando. El iluminado desinforma, manipula, acomoda todo a su convencia... el pez por su boca es atrapado. Asigna contrados sin concurso, ahora los estudios del tren maya saldrán en cientos de millones, otros tantos miles para los estudios de Santa Lucía que salian de a gratias, cuando estaba en capaña. Trnasformacion de 4ta

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  23. #448

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    AMLO y la inversión extranjera

    Por Jorge Castaneda Gutman.

    Siempre he dicho que la mejor manera de saber lo que piensa Andrés Manuel López Obrador es leer o escuchar lo que dice. Su gran ventaja como político y como mandatario es que suele decir lo que piensa, pensar lo que dice, y tratar de hacer lo que dice y piensa. Obviamente, como a muchísimos políticos en el mundo, no le resulta siempre. Lo que es más, en su caso, le resulta poco. Su sexenio, al día de hoy, es el del “vamos a” y luego viene una enorme cantidad de verbos: hacer, construir, arreglar, corregir, castigar, perseguir, etcétera. Pero sí existe una gran congruencia entre lo que dice y lo que piensa.

    Si alguien quiere realmente saber qué piensa el presidente, creo que la imposible lectura –para mí– del Plan Nacional de Desarrollo sería sumamente útil. Entre la enorme cantidad de delirios y de lugares comunes, sin duda se puede entresacar una gran cantidad de perlas de pensamiento, de intencionalidad y de acción. Si algunos tienen la paciencia para hacerlo, creo que les puede resultar sumamente satisfactorio el ejercicio. Yo me quedo con declaraciones más breves de AMLO.

    Para todos los actores foráneos interesados en el país –inversionistas de cartera, inversionistas directos, embajadas y cancillerías, instituciones financieras internacionales, actores externos integrantes de la sociedad civil– la actitud de López Obrador frente a la inversión extranjera ha sido hasta cierto punto un enigma desde la campaña. Hay un enorme componente de wishful thinking en lo que todos estos actores manifiestan, en la medida en que prefieren pensar que en realidad López Obrador es un pragmático, que le da la bienvenida a la inversión extranjera, que de ninguna manera es enemigo de la misma, que va a respetar los contratos en materia de energía, y que no es ni mucho menos un troglodita al respecto. Paso por ahora sobre el tema de los verdaderos motivos de tal wishful thinking, pero sí quisiera comentar una declaración del presidente de hace unos días en Juchitán, que parece revelar su verdadero pensamiento. Que no tiene nada ni de bueno ni de malo, es lo que es.

    “Les digo que no anden inventando que va a venir inversión extranjera y que vienen los extranjeros a apoderarse del istmo, mentira. Todo lo vamos a hacer con inversión pública, y si hay participación de inversión privada, va a ser de mexicanos, no van a haber extranjeros (sic)”. Lo interesante de esta declaración es que parece ser sincera. Tanto porque fue pronunciada en una localidad emblemática, como lo es Juchitán, en parte porque sin duda López Obrador se deschongó en alguna medida, y en parte porque corresponde a lo que realmente piensa. Es decir, en un mundo ideal, en los proyectos clave desde el punto de vista estratégico, nacional, social, económico y político, la inversión extranjera no es un recurso igual a los demás. Si se quiere, es una opción no bienvenida en determinados casos, y si se pudiera, nunca.

    Conviene recordar las imbecilidades que decía Heberto Castillo en los años 70 a propósito del gasoducto Cactus-Reynosa, que se proponía construir el Pemex de Jorge Díaz Serrano en aquella época. Castillo se opuso a dicha obra de infraestructura, que finalmente no se pudo concluir debido a desacuerdos con los Estados Unidos, porque el ingeniero consideraba que el gasoducto se convertiría en un 'Canal de Panamá'. Se refería a lo que en su mente sería una obra de infraestructura tan estratégica para Estados Unidos que comprometería la soberanía mexicana, y nos haría una fuente inagotable de agresiones potenciales. Siempre pensé que sus ideas eran, en ese momento, antediluvianas. Hoy ya no lo son: son de troglodita. Yo no sé qué quiere hacer AMLO en el istmo de Tehuantepec. La idea puede ser buena o mala, dependiendo de qué se trate, cuánto cueste, cuánto dure su realización, y si en verdad puede volverse competitiva con el Canal de Panamá. Hace unos años pude ver en detalle un proyecto de un nuevo canal interoceánico en el istmo y no me parecía para nada descabellada la idea. Pero además de no saber gran cosa al respecto, me parece que la única manera de construir una obra de infraestructura de esa magnitud –ferroviaria o marítima– es con inversión extranjera. Me parecería demencial que se utilizara el dinero de los contribuyentes mexicanos para construir un sistema multimodal, transístmico, caro y arriesgado, que sólo beneficiará a enormes empresas multinacionales que podrán transportar, en su caso, sus bienes comerciales del Pacífico al Atlántico en menor tiempo y a mejor costo. ¿Sin inversión extranjera? Es una demencia. Pero eso dijo el presidente.

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  24. #449

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    Peor de lo esperado

    Por Macario Schettino.

    El dato oportuno del PIB al primer trimestre fue significativamente peor de lo que esta columna esperaba. El día anterior se me ocurrió poner en Twitter que estaría por ahí de 0.8%, en comparación anual, pero resultó de 0.2%. Aunque el PIB oportuno no es propiamente comparable con ningún otro indicador, lo ocurrido en enero y febrero con el IGAE no me permitía imaginar una caída tan grande. El dato de marzo del IGAE se publicará en una semana, pero lo que el PIB oportuno apunta es a una contracción mayor al -1%, otra vez, en términos anuales. En términos sectoriales, con los datos publicados, estaríamos frente a un ligero avance del sector primario, una pequeña contracción en servicios y una caída mayor al 2% en la industria.

    Aunque esta columna ha sido tal vez la única en insistir en que estamos ya en recesión, de verdad no esperábamos una caída de esa magnitud. En comparación anual, en septiembre crecíamos 3% y ahora, en marzo, -1%. Es decir, 4 puntos de crecimiento perdidos en un semestre, un ritmo de 8% anual, que suena espeluznante.

    No tenemos datos de abril, salvo los de la encuesta publicados ayer por INEGI, que indican una pequeña mejoría en pedidos manufactureros, comparando abril con marzo. Lo demás casi no se mueve. Y como en abril cayó ahora Semana Santa, no hay expectativa de cambios relevantes.

    Para el resto del año, sin embargo, no se percibe que pudiera haber un cambio de dirección. Por el lado de los servicios, el turismo está sufriendo mucho, en parte por la menor depreciación del peso, en parte por la seguridad, y en el caso de Cancún, por el sargazo. Y como Cancún representa más del 60% del turismo internacional, pesa. En el comercio, el último dato es de marzo, y hay una contracción real en ventas de ANTAD. Esto, a pesar del crecimiento de la masa salarial, producto de un crecimiento real en los salarios, y un empleo que crece poco, pero hasta marzo no se había estancado. Además, han crecido las remesas. Pero, aunque la gente tiene dinero, y tiene confianza (según los indicadores), nada más no compra.

    Si el consumo no está creciendo, entonces cualquier cambio de dirección tendrá que venir vía inversión. Al respecto, Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, puso este tuit ayer: “Preocupa que de los 39 especialistas en economía del sector privado, encuestados en abril, sólo 5% considera la coyuntura actual como buen momento para invertir y sólo 16% piensa que el clima de negocios mejorará en los siguientes seis meses”. El gobierno no tiene dinero disponible para invertir, porque desde hace años la inversión pública ha aguantado el gasto creciente con ingresos casi fijos. Peor aún, la menor actividad económica implica menor recaudación, y eso aprieta más las cosas, y para acabarla de arreglar, la expulsión indiscriminada de capital humano del gobierno los ha dejado en un nivel de incapacidad casi increíble.

    La conclusión es simple: no hay cómo revertir la tendencia. Si tenemos suerte, puede mantenerse donde está, con contracciones leves, trimestre a trimestre, pero no más que eso. Si fuese así, estaríamos cerrando 2019 con un crecimiento nulo. Nadie quiere pronosticar eso, y la esperanza nos hace a todos hablar de un crecimiento bajo, digamos ligeramente inferior al 1% anual.

    En 2020, muchos esperan una recesión en Estados Unidos. Aunque no la haya, la campaña electoral, en la que Trump nos volverá a agarrar, presionará nuevamente el tipo de cambio, pero ahora en condiciones mucho más frágiles. El costo de la necedad política, la cerrazón ideológica y la incapacidad operativa, es evidente.


    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...de-lo-esperado

    Mejor sitio de imágenes: http://postimages.org

  25. #450

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    La parálisis del gobierno

    Por Juan Ignacio Zavala.

    Hasta el momento nada se ha transformado ni está en vías de hacerlo. Lo que es claro que es que muchas cosas desparecen, otras tantas se destruyen y lo que queda está parado. Más allá de buenos deseos, las trampas de la realidad se presentan cotidianamente en las labores de gobierno. La sorprendente decisión de parar todo, de centralizarlo todo, ha dado como resultado una parálisis que parece que puede derivar en una crisis de gobierno de proporciones mayores.

    El caso de los libros de texto y la suspensión del contrato al compadre del Presidente es uno de los ejemplos de que los resultados de la centralización total del gasto están alcanzando niveles que pueden ser alarmantes. En un puntual artículo el lunes pasado (Milenio 29/04/19), Gibrán Ramírez Reyes –miembro destacado de la intelectualidad Morena– y con quien se puede estar en desacuerdo pero no negar su inteligencia, exponía el gigantesco problema del caso del compadre y la afectación al interés público, en este caso, los niños que asistirán el siguiente curso a las escuelas públicas del país. Tendrán, “si bien les va”, libros de español y matemáticas. Porque la impresión lleva más de seis meses de retraso y es ya imposible imprimir más de cien millones de libros para que estén listos cuando los niños entren a la escuela. Ramírez hace un repaso rápido del fallido proceso para la compra de los libros de texto, pues dependía de Hacienda y ahí se atoró todo. Finalmente, dice, no fue un caso “de vidas o muertes” y avizora un problema mayúsculo en el caso que eso pase con el abasto de medicinas. Concluye: “La concentración de las compras en Hacienda es útil para evitar la corrupción, es cierto, pero a veces, como en este caso, es asfixia para procesos urgentes, una estrategia que debería repensarse, reestructurarse”.

    ¿Quién concentra todas las compras del gobierno? Hacienda, pero ni siquiera el secretario Urzúa, sino la Oficial Mayor: Raquel Buenrostro. En un acercamiento a este personaje, Roberto Rock (El Universal, 30/04/19) menciona que la frase presidencial que ronda es “avísenle a Raquel, que lo compre ella…”, y todos ya están acostumbrados a que eso pase. Los secretarios tienen que tratar con ella; ella decide los lápices y las pipas de combustible, las medicinas y los ductos, los libros de texto y los automóviles. Sorprende que el Presidente no confíe en sus nombramientos, pues la señora decide no solamente todas las compras, sino también las contrataciones de personal, los despidos y autoriza las estructuras de funcionamiento. ¿Para qué están los titulares de cada área? Pues literalmente de adorno. Rock ejemplifica cómo las funciones de la poderosa Oficial Mayor pasa por encima de la Secretaría de la Función Pública, quien, según la ley, está facultada para supervisar y regular las compras, la contratación de recursos humanos y la gestión de recursos materiales. Sin duda se trata de un nuevo y poderosísimo personaje en la sombra del que poco a poco sabremos más, “un halcón en Hacienda”, le llamó Rock.

    Todo parece indicar que el presidente es López Obrador, pero quien gobierna es la señora Buenrostro, pues es la que tiene paralizado al gobierno y nulificados a los secretarios de Estado. Se agradece el énfasis en el ahorro y los esfuerzos por combatir a fondo la corrupción. Pero también se agradecería que pusieran en marcha al gobierno, pues el estancamiento afecta no solamente a la burocracia. La austeridad es muy buena y encomiable, pero hay cosas en las que es inevitable gastar y hay muchas maneras de supervisar los procesos de adquisición. No es necesario convertir al gobierno federal en una tlapalería. El afán de “ahorrar” de esa manera muestra más bien miedo a que el equipo tome decisiones. Este gobierno puede morir de inanición, morirá de hambre por no querer comprar comida, pero eso sí, abajo del colchón estará lleno de dinero.

    https://www.elfinanciero.com.mx/opin...s-del-gobierno

    Mejor sitio de imágenes: http://postimages.org

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