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Thread: Investigo conceptos >>> me digo... comparto...

  1. #1

    Default Investigo conceptos >>> me digo... comparto...

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    Aprendí que no se puede dar marcha atrás,
    que la esencia de la vida es ir hacia adelante.
    La vida, en realidad, es una calle de sentido único.
    Christie, Agatha

    «Sabio, luego feliz», Carlos Castilla del Pino (psiquiatra)

    El ser humano trató siempre de evitar el sufrimiento y, al fracasar, fantaseó con un «estado», la felicidad, en el que todo devendría en placer. Paradigma, el mito del paraíso, de la felicidad no lograda, sino regalada. La religión alimentó el mito entre los menesterosos sin remedio de cualquier índole, a los cuales, ¿qué otro recurso puede quedarles sino el de la aceptación del mito de la felicidad, aunque sea como promesa y en algún otro mundo? Ese mito ha sido socavado desde siglos, desde la filosofía griega hasta nuestros días, pero sólo entre élites muy concretas. Nadie plantea hoy seriamente la felicidad al modo de esa meta mítica. En contraste, hay una alternativa racional, que también tiene una larga tradición en la filosofía occidental y, bajo otras formas, también en la oriental, a saber, el de la sabiduría, o dicho más claramente, el de la felicidad desde la sabiduría. Creo que hay que reivindicar, en este mundo actual de sabedores, a veces sabedores eminentes, pero no de sabios, lo que es la sabiduría: saber quién se es para así vivir de acuerdo a sus preferencias, y construirse una vida como hábitat confortable. Es sabio quien consigue amar y ser amado, se apasiona con su quehacer, goza de la amistad leal e inteligente, y de los libros que puede leer una y otra vez, y de la música que no se cansa de oír, y de los cuadros que no cesa de ver... Y aleja y despacha fuera de su mundo lo que considera estúpido, cruel, feo, incluso incómodo. Sabio, luego feliz: nada más (ni nada menos).
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  2. #2

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    «El ojo que ves no es
    ojo porque tú le veas,
    es ojo porque te ve»
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  3. #3

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    Desviaciones hipertróficas de la intencionalidad en von Hildebrand

    Un mismo resentimiento como fondo

    En el fondo de las anteexaminadas posiciones late el resentimiento que no acepta que otro lo haya hecho mejor y merezca por su excelencia un homenaje. El resentido destruye los valores por no poderlos sustanciar él mismo, se cierra al reconocimiento del superior cuya superioridad siente como una aminoración de la propia valía. Si el alma noble se alegra incluso por aquellos valores que ella misma no es capaz de realizar, felicitando cordialmente al vencedor por haber sido capaz de lo sublime, por el contrario el resentido envidia o incluso llega a odiar aquello que es mejor que él, de ahí su crítica a los mejores, negándoles, discutiéndoles o rebajando sus cualidades; en los casos más agudos se llega incluso a falsificar la tabla de valores mismos, es decir, al resentimiento contra el valor en cuanto tal11. Falta aquí lo que llama Martin Buber la Auslese: hacer posible la densidad selectiva del preguntar bien orientado desde la capacidad de seleccionar y de elegir que ha de poseer la persona, es decir, desde su inventividad, desde su intención creativa (Absicht)12. Quien no sea capaz de anticipar la pregunta del maestro no sabrá responderla.


    Sentimentalismo

    En lugar de centrarse en el objeto intencional (noema) que origina nuestra respuesta afectiva, la persona se centra en su propio sentimiento noético; el contenido de la experiencia se desplaza de su objeto al sentimiento ocasionado por el objeto, y así la conmoción hasta las lágrimas sirve más que nada de instrumento para procurarse un gozo, una sensación placentera, degradando el sentimiento a un puro estado emocional, el sentimentalismo. Resultado: carente de refrendo objetivo y de criterio verificable de contrastación, este egotista queda embrollado en la dinámica de su propio corazón sin saber distinguir entre lo grande y lo pequeño, y de este modo termina enredado en disputas pequeñas y triviales, como es usual entre personas de pocas luces y de mente estrecha: un exceso de ego empequeñece la afectividad del yo, por paradoja.


    Autocomplacencia

    Se da esta situación cuando el sujeto toma su propio entusiasmo como señal de hallarse en posesión de la virtud, lo cual no debe tomarse por intensidad afectiva, sino por estado narcisista y desordenado del alma. Variante de lo mismo: quien, no sabiendo frenar su sentimiento de compasión ante el borracho que le suplica una copa más, se la sirve aunque ello resulte desastroso para el borracho mismo. Esta persona ignora que el verdadero amor obliga a pensar en el bien objetivo de nuestro prójimo (alguna vez en la vida «quien bien te quiera te hará llorar»), y que en ocasiones un «no» puede ser una manifestación mucho más verdadera de afecto que un «sí». Ciertos corazones «demasiado buenos», más que benevolentes o delicados, son débiles y desordenados.


    Histeria

    Esta perversión intencional puede darse incluso cuando uno se acerca a Dios simplemente para saborearse a sí mismo, degustar los propios sentimientos, instrumentalizando la oración como medio para satisfacerlos. Aquí se desconoce el pesar contrito, así como la voluntad de no volver a pecar, toda vez que se hace de la contricción un mero estado emocional. Verdad es que el amor no puede existir sin una constante agitación, pero bajo el signo de una orgía de contricciones, según se vive en determinadas sectas, el agente puede llegar a entregarse a un frenesí de remordimiento público revolcándose por el suelo y lanzando gritos salvajes, aunque volviendo después a la «normalidad» sin que se haya operado ningún cambio fundamental en su vida, pero sintiéndose mejor tras la liberación emocional de la mala conciencia. Se trata de una autoindulgencia emocional, de una «confesión barata».


    Exhibicionismo

    Ante una gran audiencia el sujeto se recrea hinchando retóricamente su indignación o/y su entusiasmo. Y, luego, nada de nada. Los espejos harían bien reflexionando un poco antes de devolver las imágenes.

    Desviaciones atróficas de la intencionalidad
    A veces ocurre lo contrario: no mostramos nuestro lado afectivo a quienes nos rodean: si son alumnos, los tratamos como a máquinas de archivar, decimos que valen para ciencias o para letras, sin preguntarnos si son buenos, etc. La estadística, el resultado sin la intención, todo eso nos hace vivir vidas burocráticas, que no dan de sí todo lo que llevan dentro, y que secan la riqueza de humanidad que podrían gozar.

    Esteticismo

    El esteticista, en lugar de interesarse por el herido grave en un accidente, se preocupa sobre todo de observar sus reacciones, su expresión, etc, pues sólo le interesa la clasificación estadística, la ocasión para aumentar el conocimiento, la curiosidad, etc. Difícilmente podría decirse de este afectivamente mutilado que su conocimiento llegará a profundo, pues le falta la empatía necesaria para entrar en lo vivo, en lo irrepetible, que forma parte inextirpable de lo real. Una variante de lo mismo puede darse en el esteta refinado, con un corazón, si no endurecido, sí helado. Nerón se deja conmover por la llama que incendia la ciudad, permaneciendo indiferente al achicharramiento de los ciudadanos. Mucho esteticismo desmayado se esconde en general en todas las manifestaciones del arte por el arte, o del arte-espectáculo. Sin embargo, esta falta de corazón dista de ser desapasionada como presume, pudiendo llegar a generar fanáticos del esteticismo, para quienes no importa el sufrimiento ajeno, ya que la compasión les parece una abominable debilidad.


    Pragmatismo

    Para el utilitarista, para el pragmático, toda experiencia afectiva resulta superflua y constituye una pérdida de tiempo, por eso -carente hasta de la menor educación sentimental, incapaz de entender los dolores fecundos- se mofa de cualquier gesto de compasión por el sufriente, de ahí que diga: «la compasión no ayuda, haz algo y no pierdas el tiempo con sentimentalismos». También para el burócrata metafísico sólo cuentan las cosas que tienen realidad jurídica, de ahí que su afectividad se reduzca a la satisfacción que siente al cumplir al pie de la letra las prescripciones legales10.


    Amargura

    El corazón del amargado ha sido cerrado y endurecido por algún trauma o por alguna herida inflingida por alguien a quien amaba ardientemente, o por el mal trato de la vida. Ese empequeñecimiento o supresión completa de la afectividad, que cierra su corazón -lo sella- por temor, malentiende los ideales religiosos, considera equivocadamente toda afectividad como una pasión, teme el riesgo que implica todo sentimiento o todo 'querer cautivado', y luchando por silenciar su corazón recela de cualquier respuesta afectiva como si perjudicara a la integridad de la moral o, por lo menos, como algo innecesario: la voluntad reduce a propósito toda la afectividad y silencia el corazón. Lo encontramos también en quien lucha por conseguir la apatía y coloca la meta del sabio en la indiferencia.


    Endurecimiento

    Hay afectivamente impotentes; ni saben lo que es una emoción, ni se interesan en aprenderlo, de tal modo que su corazón parece tan bruñido como el acero. Puede consumirles todo tipo de sentimientos negativos (odio, rabia, ira, envidia, avaricia, orgullo, codicia, pánico, etc), comportándose entonces como animales salvajes, pero son incapaces de dejar afectar su corazón, porque los afectos y dolores que verdaderamente llegan al alma han debido despejarse previamente de todos los sentimientos destructivos. Tales gentes no podrán dejar hablar a su corazón: sabido es que el toro manso cuando se ve acorralado se vuelve violento, mas no por ello bravo. No debe tomarse, sin embargo, por tales a quienes padecen una afectividad débil, oscura, salvaje. Un borracho víctima de su propio vicio puede poseer un corazón sensible; un irascible, a pesar de que su irascibilidad le lleve a violentas explosiones de iracundia, puede asimismo tener buen corazón.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  4. #4

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    Nada es verdad ni es mentira. Todo es segun el color del cristal con que se mira (Machado).

    Verdad donde las haya.

    Saludos APZ

  5. #5

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    :::

    Saludos gvm...

    un amanecer
    la fragancia, un instante
    tu ser, tu cuerpo
    todo ese universo

    que rico...



    Politica por fernandosavater

    la ética no puede esperar a la política. No hagas caso de quienes te digan que el mundo es políticamente invivible, que está peor que nunca, que nadie puede pretender llevar una buena vida (éticamente hablando) en una situación tan injusta, violenta y aberrante como la que vivimos. Eso mismo se ha asegurado en todas las épocas y con razón, porque las sociedades humanas nunca han sido nada «del otro mundo», como suele decirse, siempre han sido cosa de este mundo y por tanto llenas de defectos, de abusos, de crímenes.

    Pero en todas las épocas ha habido personas capaces de vivir bien o por lo menos empeñadas en intentar vivir bien.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  6. #6

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    Pensando en lo que realmente se necesita en temas de politica...

    El reconocimiento de «los otros y otras» como si fuéramos nosotros mismos y nosotras mismas.

    El reconocimiento es uno de los aspectos más importantes que encontramos dentro del modelo reconstructivo. Como se ha dicho anteriormente, la transformación permite un crecimiento de los y las participantes en las situaciones conflictivas, fundamentalmente, en el reconocimiento y el empoderamiento. En este punto nos vamos a centrar en hacer un estudio del primero de estos dos elementos.

    Cuando hablamos del reconocimiento, tal y como nos dicen Bush y Folger (1994), nos referimos a la capacidad de reconocer y de mostrarse sensibles a las situaciones y a las cualidades humanas comunes del «otro y otra» de una forma recíproca. Desde el grupo de investigación para la paz del que formo parte, preferimos utilizar el término de reconocimiento como un paso más allá de la tolerancia, ya que no pretendemos «tolerar» a ningún individuo como un ente subordinado, sino respetar y entender sus ideas, intereses y necesidades como si fueran las propias. De esta forma, la práctica del reconocimiento se produce de una manera voluntaria entre las partes, quienes deciden por ellas mismas mostrarse más sensibles a la situación del otro y la otra. En definitiva, lleva inserto una gran carga de respeto. No obstante, el sentido que se desprende de este término también va más allá del respeto, ya que incluye la aceptación y la comprensión de las personas sea cual sea su forma de vida.

    Hay una gran carga de frustracion, odio, envidia, miedo, egoismo, resentimiento... que vuelve este foro y mas cosas de politica en un lugar casi sin sentido.

    definicion: estamos en conflicto permanente, como el odio y obsecion crea a un enemigo permanente en la mente.

    debemos como sociedad de pasar del CONFLICTO A LA PAZ.. y la base es aprender a ser semejantes, empaticos.

    utopia?... hay algo de eso... pero es el camino real a la democracia.. que es la supuesta base de muchas de las discuciones aqui... y en la politica.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  7. #7

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    :::


    empezando a ver los sentimientos que mas influyen y para sanar tantos disparate, sera necesario conocerlos y cada quien reflexionar que tiene que hacer para vivir como humanos en evolucion.


    Sentimientos, violencia y transformación de conflictos.


    El sentimiento de odio.

    Cuando las personas sentimos odio y nos dejamos llevar por él, somos capaces
    de hacer cualquier cosa por terminar con la causa de nuestro malestar y por perjudicarla
    en beneficio propio

    […] es una relación virtual con una persona y con la imagen de esa
    persona, a la que se desea destruir, por uno mismo, por otros o por
    circunstancias tales que deriven en la destrucción que se anhela […] El
    trabajo del odio […] consiste precisamente en toda la serie de secuencias
    que van desde el deseo de destrucción en forma de acciones varias, desde la
    estrictamente material del objeto hasta la de la imagen, lo que , usando una
    terminología antigua, sería la destrucción espiritual, pero que en realidad es
    la de la imagen social. El trabajo del odio es bidireccional: va desde el deseo
    a la acción y, a la inversa, desde la inhibición de la acción al mero deseo
    […] (Castilla del Pino, 2000: 291)

    El odio se acumula por la reiterada ineficacia del trabajo del odio.
    No conseguimos la destrucción del objeto: está ahí, ante nosotros, cuando
    no dentro de nosotros. Es la demostración clara de nuestra impotencia ante o
    frente el objeto que odiamos, y lo odiamos más, porque, mientras el objeto
    odiado persista, se constituye, como he dicho, en espejo de nuestra
    impotencia (y a la inversa, en la demostración de la potencia del objeto
    odiado). El odio persiste, es incurable, aun destruido el objeto odiado: no
    puede satisfacer el hecho de saber que para el logro de nuestra identidad era
    precisa la destrucción del otro. Una vez destruido, sigue su sombra:
    ¿Seríamos el que somos si él viviera, si él estuviera aquí? (Castilla del Pino,
    2000: 295)

    La transformación requiere de la voluntad
    de las partes para dialogar sobre el problema, del reconocimiento y de la reconciliación.
    __________________
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  8. #8

    Default El sentimiento de la envidia.

    pues como solo llegara a leerlo uno o dos... pues ya mejor sin resumenes, va toda la idea de cada sentimiento....


    El sentimiento de la envidia.

    La envidia es otro de los sentimientos negativos al favorecer la aparición de la
    ira, el rencor y la violencia. De este modo y al igual que con el odio, debemos intentar
    transformar este tipo de sentimientos por aquellos otros que facilitan el reconocimiento
    y la reconciliación de las relaciones humanas.

    Es decir, no debemos dejarnos llevar por
    la envidia, ya que esta forma del sentir favorece al mantenimiento de «la espiral de la
    violencia». Es decir, a pesar de las alternativas que puedan existir respecto a esta clase
    de sentimiento, siempre mantiene un carácter negativo que impide la presencia del
    reconocimiento. Por esta razón desde nuestras investigaciones para la paz, diremos que
    no existen «envidias buenas» ya que todas ellas promueven la violencia y la
    destrucción.


    Tal y como hemos venido haciendo hasta el momento, comentaremos algunas de
    las características más importantes de la envidia y posteriormente analizaremos sus
    características.

    En primer lugar y siguiendo los estudios realizados por Castilla del Pino (1994b: 20)
    trataremos de dar una definición de este sentimiento:

    La envidia es, pues, una actitud que da lugar a actuaciones
    envidiosas. Como tal, es un acto de relación sujeto/objeto, es decir, una
    interacción en la que los actores del drama, los dramatis personae, son claro
    está, el envidioso y el envidiado

    A diferencia de Castilla del Pino, Klein (1980: 26) la define como un
    «sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseable, siendo el
    impulso envidioso el de quitárselo o dañarlo». Esta definición surge de la tesis que
    mantiene en su libro, según la que establece una relación entre la envidia y la relación
    remota entre el pecho de la madre y el hijo. De este modo, la envidia busca colocar en el
    pecho de la madre maldad, excrementos y partes malas de sí mismo con el fin de
    dañarla. Como consecuencia de ello, Klein cree que le envidia es un pecado.
    "Es cierto que la envidia es el peor pecado que existe, pues todos los
    demás pecados lo son sólo contra una virtud, en tanto la envidia es un
    pecado contra toda virtud y toda bondad". El sentimiento de haber dañado y
    destruido el objeto primario, menoscaba la confianza del individuo en la
    sinceridad de sus relaciones posteriores y le hace duda de su propia
    capacidad para amar y ser bondadoso (Klein, 1980: 42)

    A partir de estas dos definiciones podemos decir que la envidia tiene lugar
    cuando dos partes de una relación ocupan relaciones asimétricas. Es decir, cuando la
    figura del envidiado/a tiene más poderes que la del envidioso/a.

    En efecto, podemos señalar que la raíz de la envidia se encuentra en el odio
    que el envidioso/a siente hacia sí mismo al verse inferior al otro y no tener aquello
    que el otro tiene y que éste desea.


    Sin embargo, esta situación de poderes asimétricos no suele ser aceptada por el envidioso/a
    quien además tiende a no reconocer ni a aceptar su envidia. Es decir, tal y como
    acontecía al hablar del odio, la envidia es un sentimiento mal visto socialmente.

    De este modo, las personas tienden a no reconocer sus sentimientos de envidia para ser
    aceptados en el conjunto de la sociedad. Por lo tanto, aunque el envidioso o envidiosa
    esté en posición inferior a la del envidiado/a, no suele reconocer su situación y si la
    reconoce la rechaza mediante argumentos falaces o racionalizaciones. De este modo,
    Castilla del pino (1994b) indica que las razones por las que el sujeto tiende a ocultar su
    envidia son de origen psicológico y sociomoral.

    Estas razones son las que siguen:
    - Desde el punto de vista psicológico la envidia revela una deficiencia de la
    persona que al mismo tiempo el envidioso/a no está dispuesto a admitir.
    - Desde el punto de vista sociomoral escondemos nuestra envidia porque
    sentirla nos humilla y nos degrada ante los y las demás.

    Así vemos que el envidioso/a oculta su posición inferior frente al envidiado/a.
    «De ningún modo, se estará dispuesto a reconocer la superioridad del otro, y el
    hipercriticismo, en la forma más sofisticada, o la difamación, en la forma más tosca,
    trabajará precisamente para socavar la posibilidad de que los demás forjen o mantengan
    su superioridad» (Castilla del Pino, 1994b: 26).

    No obstante, es importante tener en
    cuenta que a pesar de los intentos por ocultar la envidia siempre suele decirse o hacerse
    algo que es muestra de la misma. Es decir, la envidia es una pasión, y como tal,
    controlable hasta cierto punto.

    De este modo, se desprende la negatividad de la envidia como sentimiento.

    Por esta razón, conducirá a regular nuestros conflictos negativamente al tener como objetivo
    la destrucción de aquella persona a la que siente como superior.
    Esta idea aparecía también en el sentimiento de odio.

    Todo el que triunfa en cualquier esfera- dice Arguedas -, engendra
    en otros no sólo odio violento, sino una envidia incontenible, o mejor, la
    envidia genera el odio. Aspírese a una nivelación completa y absoluta.

    Quien sobresale, aunque sea una línea, sobre un conjunto así moldeado, en
    vez de simpatía, despierta agresiva irritabilidad (Unamuno, 1973: 44)

    Por otra parte cabe recordar respecto a las ideas que venimos comentando que el
    envidioso/a busca la destrucción de la imagen del envidiado/a, no necesariamente la
    destrucción de su cuerpo físico.

    Únicamente se sentirá satisfecho al encontrar la miseria
    de los otros y se molestará al observar la satisfacción ajena (Klein, 1980).

    En este sentido, la envidia implica creatividad, ya que busca múltiples formas diferentes para
    terminar y degradar la imagen del envidiado. Al mismo tiempo, implica tristeza cuando
    no puede alcanzar la destrucción de ese otro sujeto al que se envidia. Así mismo,
    implica suspicacia, y en ocasiones, delirio. El delirio se refiere a la envidia extrema y
    sobre todo tiene lugar cuando aparecen los celos y se siente envidia del rival.

    Como consecuencia de estas ideas y siguiendo a Castilla del Pino (1994b)
    observaremos que la envidia se caracteriza por su relación unidireccional. Es decir, el
    envidioso/a necesita del envidiado/a de manera fundamental, porque a través de la
    crítica simuladamente justa se le posibilita creerse más y mejor que el envidiado/a.

    Al mismo tiempo, el envidiado/a a veces también necesita del envidioso/a para afirmarse
    en su posición y, sin esfuerzo, disfrutar de la destrucción que se le acarrea al envidioso
    por el hecho de envidiar. De este modo, aunque el envidiado/a haya dejado de existir, la
    dependencia unidireccional del envidioso/a persiste.

    Así mismo, podemos hablar de la presencia real o virtual del envidiado/a.

    En efecto, la relación con el envidiado/a no tiene que ser real necesariamente.

    Muchas veces la envidia la suscita alguien con la que no se tiene relación.

    En estos casos, es la mera existencia del envidiado/a (sus dotes, su
    simpatía, su éxito, etc.) lo que genera el sentimiento de la envidia.
    Esta relación unidireccional convierte a la envidia en una relación de odio y de
    amor al mismo tiempo.

    La envidia es fundamentalmente una relación de odio, ya que se odia al envidiado
    por no ser como él/ella, pero también se odia a uno/a misma por ser como es.
    Al mismo tiempo, es una relación de amor ya que está siempre presente el
    componente de la admiración aunque no sea reconocido.


    No debe olvidarse que no es el envidiado el que nos relega, sino que,
    la mayoría de las veces, son los demás, de modo que el envidiado es ajeno a
    la depreciación del envidioso.

    Esta es la explicación de que muchos
    envidiados no tengan relación alguna con el envidioso, o ignoren incluso la
    existencia del mismo (Castilla del Pino, 1994b: 35)

    En resumen y teniendo en cuenta las características que hemos comentado hasta
    el momento, descubrimos «el verdadero objeto de la envidia, que no es el bien que
    posee el envidiado, sino el sujeto que lo posee» (Castilla del Pino, 1994b: 24). Lo que
    envidiamos de alguien es la imagen que ese sujeto ofrece gracias al bien que posee.

    Por esta razón, aunque el envidiado/a haya dejado de existir, el sentimiento de la envidia
    hacia él persistirá ya que su imagen se mantiene. De este modo, su objetivo es la
    destrucción de esa otra persona a quien se ve como superior, y para alcanzar este
    propósito lleva a cabo una actitud crítica con habilidad y astucia, e intenta convertir sus
    críticas en la definición global del ser al que se envidia. Esta es la razón por la que,
    generalmente, no se admiten como verdaderas las palabras del envidioso/a. Por otro
    lado y teniendo en cuenta estas ideas, se desprende la carencia de atributos que
    caracteriza al envidioso/a. Es decir, sabemos de qué carece el envidioso/a a partir de lo
    que envidia en el otro/a. Así, se distingue como persona a través de lo que carece.

    Desde este punto de vista, Unamuno (1973) cree que la envidia es la terrible
    plaga de la sociedad española que ha engendrado al mismo tiempo la enfermedad del
    que se cree víctima de la envidia. Según Unamuno esta enfermedad responde a un cierto
    estado social de persecución efectiva.

    Así como cuando uno es aprensivo es porque algún mal tiene, así,
    cuando en un país veáis cómo abundan los que se creen víctimas de la
    conspiración del silencio o de otro vejamen análogo, estad seguros de que la
    envidia abunda, aunque cada uno de los quejosos no tenga derecho a
    quejarse (Unamuno, 1973: 44)

    Finalmente y para terminar con esta síntesis, indicaremos que a diferencia de
    Klein, Castilla del Pino (1994b) piensa que la envidia no es un pecado. Por el contrario,
    cree que la envidia es una desgracia, un padecimiento e incluso una enfermedad. Por
    esta razón, el sentimiento de la envidia prolongado en el tiempo puede generar el
    resentimiento por parte de la víctima y este resentimiento puede conducir a la defensa, y
    con ello, al uso de la violencia.


    […] la envidia y el temor de la envidia disminuyen, llegándose a una
    mayor confianza en las fuerzas constructivas y reparadoras, es decir, en la
    capacidad de amar.
    El resultado es asimismo una mayor tolerancia con
    respecto a las propias limitaciones; así como también mejores relaciones de
    objeto y una más clara percepción de la realidad interna y externa (Klein,
    1980: 121)


    Seguidamente pasaremos a comentar las alternativas más importantes de este
    sentimiento.
    Envidia nerviosa = contactos continuos
    Cercanía con el envidiado/a
    Envidia calmada = pocos contactos
    Lejanía con el envidiado/a Envidia basada en el desconocimiento


    REGULACIÓN NEGATIVA DE CONFLICTOS

    Envidia nerviosa. La envidia nerviosa se caracteriza por la insistente búsqueda
    de acciones para terminar con la imagen de la persona envidiada. Estas personas no
    soportan la superioridad, los triunfos de los envidiados/as y buscan perjudicarlas y
    destruirlas mediante las acciones que sean necesarias. Son personas que viven para esa
    envidia que sienten. Es decir, es una envidia pasional que no pueden evitar. Sin
    embargo, intentarán no demostrar a los y las otras que la sienten, ni tan siquiera a sí
    mismos/as (Castilla del Pino, 1994a).

    Como ya hemos dicho anteriormente, hay personas que suelen ser envidiosas por
    naturaleza. Estas personas suelen ubicarse en este grupo al estar siempre preocupadas
    por aquello que los otros tienen y ellas no. Por esta razón, en este tipo de relaciones hay
    una falta de reconocimiento que perjudica el establecimiento de la paz y de la
    transformación de conflictos.

    Una de las causas para este tipo de envidia suelen ser los contactos continuos
    con las personas envidiadas. Es decir, cuanto más veo a aquella persona que posee lo
    que yo quiero y que yo no tengo, más necesito dañarla para romper con su imagen. En
    este sentido, la envidia alcanza tales extremos que puede llegar a convertirse incluso en
    odio.


    Envidia calmada. Este tipo de envidia se caracteriza por no ser tan enérgica
    como la anterior. Es decir, las personas que sienten esta clase de envidia no están tan
    preocupadas por la búsqueda de acciones que puedan dañar a los y las otras. No
    obstante, siempre suelen hacer o decir cosas que son muestra clara de aquello que
    sienten. A pesar de ello, intentan disimular sus acciones para evitar ser descubiertos
    como personas envidiosas (Gurméndez, 1993).

    Además, otro aspecto o causa importante de esta clase de envidia es que los
    contactos con las personas envidiadas no suelen tan seguidos. De este modo durante el
    periodo de tiempo en el que no estamos en contacto con el sujeto que causa la envidia,
    dicho sentimiento llega a convertirse en una especie de indiferencia, tal y como
    acontecía en el sentimiento de odio.

    En resumen, conduce a la regulación negativa de los conflictos de la misma
    forma que la envidia más enérgica, ya que, aunque no se manifieste, el sentimiento
    sigue estando presente e impide el reconocimiento y la comunicación.

    Envidia basada en el desconocimiento. Finalmente, esta otra alternativa tiene
    lugar al envidiar un sujeto o persona al que ni siquiera conocemos personalmente. Por
    ejemplo, es el caso de las envidias que suscitan los actores de televisión debido a sus
    éxitos y fortunas. Es decir, tiene lugar respecto a personas cuyos éxitos son muy
    grandes y conocidos socialmente, así como respecto a personas que son como
    nosotros/as, de quienes se nos habla alabándolos, pero a quienes no conocemos (Castilla
    del Pino, 1994a).

    En este caso la envidia surge de la gran admiración que sentimos hacia ellos y de
    nuestro deseo de llegar a ser y a poseer lo que ellos tienen. Sin embargo, sigue siendo
    un sentimiento negativo, ya que de manera enérgica o pausada intentaremos
    desprestigiar a la persona poseedora de todos esos bienes que nosotros también
    queremos. Así, por ejemplo de una modelo decimos que no es tan guapa como parece y
    de un actor que no trabaja tan bien como todos dicen. Todo ello, con la finalidad de
    destruir su imagen al sentirnos inferiores y no querer admitirlo.


    Para terminar diremos que ninguna de estas alternativas puede ser considerada
    como una «envidia buena» (como decimos en ocasiones), ya que todas ellas producen
    críticas peyorativas. En este sentido, el término «envidia buena» es una contradicción.

    En realidad, en lugar de utilizar esta expresión equivocada lo que deberíamos decir es lo
    siguiente: «Me gustaría tener el talento que tiene esa persona, pero me alegro y admiro
    que ella lo tenga, no lo crítico ni destruyo su imagen socialmente. Reconozco lo que yo
    no tengo frente a ella». Esta es una actitud más positiva en la que deberíamos
    transformar nuestra envidia si queremos regular nuestros conflictos positivamente.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  9. #9

    Default El sentimiento del miedo

    El sentimiento del miedo.

    El miedo es uno de los sentimientos más propios de la especie humana. Todas
    las personas podemos sentir miedo en cualquier momento de nuestra vida, cada
    persona pueda sentirlo de una forma determinada 71.

    El miedo presenta alternativas que generan respuestas más negativas, así
    como otras que provocan respuestas positivas.

    En este sentido, queremos educar en la necesidad de aprender a comportarnos
    según estas otras alternativas que facilitarán la práctica de los principios
    de la transformación de conflictos.

    71 Al hablar de las distintas formas en las que cada persona puede sentir miedo tenemos que recordar el
    rasgo de la intersubjetividad de los sentimientos.

    Una de las claves de la realidad social se encuentra en el problema filosófico de la intersubjetividad.
    Para entender el concepto de "intersubjetividad" hay que tener primero clara la noción de "subjetividad",
    comprendida como la conciencia que se tiene de todas las cosas desde el punto de vista propio,
    que se comparte colectivamente en la vida cotidiana. La intersubjetividad sería, por tanto, el proceso
    en el que compartimos nuestros conocimientos con otros en el mundo de la vida.

    En principio indicaremos de forma sumaria, tal y como hemos venido haciendo
    hasta el momento, algunas características de este sentimiento. Finalmente, mostraremos
    cuáles son sus alternativas y diferenciaremos entre aquellas que favorecen la aparición
    de la violencia y las que facilitan la práctica de los mecanismos pacíficos de la
    transformación de conflictos.

    En primer lugar y para empezar, expondremos una de las definiciones que se ha
    dado del miedo con la pretensión de clarificar este concepto y de introducir ya algunos
    de sus rasgos principales.

    De este modo, Marks (1991: 23) define el miedo como «las sensaciones normalmente
    desagradables que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales».

    A partir de la idea explícita en esta definición podemos
    afirmar que este sentimiento tiene una función clara basada en la preocupación por el
    cuidado y por el bienestar de la persona.

    […] conduce al organismo a evitar amenazas y que tiene un valor de
    supervivencia obvio. Es una emoción producida por la percepción de
    peligros presentes o al acecho y es normal en situaciones apropiadas.
    Sin miedo pocos sobrevivirán bajo circunstancias naturales. El miedo nos pone
    a punto para la acción rápida ante el peligro y nos alerta a actuar bien bajo
    condiciones de estrés. Nos ayuda a luchar contra el enemigo, a conducir con
    cuidado, a saltar en paracaídas con prudencia, a pasar exámenes, a hablar
    bien ante una audiencia crítica, a sostener con fuerza el pie, en su punto de
    apoyo, durante la ascensión a una montaña (Marks, 1991: 21)

    Como podemos observar y según las definiciones que elabora este autor, se
    considera que las personas sentimos miedo ante cualquier estímulo que puede
    provocarnos un daño personal o que puede afectar negativamente a los seres que
    tenemos a nuestro alrededor. En efecto, el miedo nos ayuda a ser prudentes frente
    a esos estímulos con la finalidad de evitar sus daños.

    Sin embargo, existen circunstancias especiales en las que el miedo puede producir
    incluso una sensación agradable, como por ejemplo acontece en las carreras
    de coches, en los toros o en el alpinismo.

    En segundo lugar y una vez definido este sentimiento, aparece una de sus
    características más importantes que se refiere a su posibilidad de aparición en todas las
    personas, así como a la predisposición que todos los seres humanos tienen a resistirse al
    miedo. De este modo tal y como nos indica Marina (1996), el miedo nos advierte que
    nuestra vida, nuestro bienestar o los seres que se encuentran a nuestro alrededor se
    encuentran en peligro.

    Con esta idea recupera la función que Marks había indicado del miedo.

    Sentimos miedo en diferentes ocasiones, pero no todos en las
    mismas, ni con la misma intensidad, ni con idéntica frecuencia.

    Hay personas tímidas o miedosas o pusilánimes a las que cualquier cosa asusta
    (Marina, 1996: 83)

    Respecto a esta característica que estamos comentando y teniendo en cuenta las
    ideas expuestas en la cita anterior, cabe afirmar que es evidente que la sensación de
    miedo varía de unas personas a otras.

    Hay personas que suelen reaccionar con miedo ante los diferentes sucesos que les acontecen.
    En cambio, existen otras muchas que resultan ser poco miedosas.
    Estas variedades del sentir se relacionan con las distintas capacidades que tienen
    los seres humanos para expresar sus sentimientos, aunque la intersubjetividad
    de los sentimientos nos ayude a conocer como se encuentran las otras
    personas cuando sienten miedo.

    En tercer lugar, otro aspecto que tenemos que indicar es la complejidad que
    presenta dicho sentimiento como consecuencia de la gran cantidad de aspectos que le
    influyen (Marina, 1996). No son las situaciones reales las que provocan el miedo, sino
    las interpretaciones que hacemos de dichas situaciones.
    De ahí se deriva la dificultad de
    analizar este sentimiento, ya que lo que para unos tiene el carácter de aterrador para
    otros no lo es.

    Es decir, lo importante no es el estímulo que provoca el miedo en sí mismo,
    sino lo que nosotros y nosotras pensamos del mismo, nuestra percepción y las
    consecuencias que de él imaginamos. Así mismo, cabe decir que en ocasiones lo que
    produce el miedo no es la situación en concreto, sino el temor de tener que enfrentarnos
    a ella.

    En cuarto lugar y con la finalidad de ampliar la caracterización que venimos
    haciendo de este sentimiento, no podemos olvidar las diferencias existentes entre los
    miedos innatos y lo miedos adquiridos (Marina, 1996), ya que es otro punto a tener en
    cuenta si queremos aprender a distinguir nuestros miedos.

    Los miedos innatos son aquellos que vienen desencadenados por estímulos no aprendidos.
    En este sentido, podríamos decir que son miedos propios de la especie que ya están presentes
    en nosotros mismos genéticamente desde nuestro nacimiento. En cambio, los miedos
    adquiridos son miedos aprendidos en el contexto en el que vivimos o a través de las
    personas con las que convivimos.

    Así, por ejemplo, en función de nuestra cultura se nos
    enseñará a comportarnos con temor ante ciertos estímulos. De la misma forma, el
    contacto con las personas que nos rodean hará que aprendamos sus miedos y que los
    hagamos propios llegándolos a convertir en aspectos también característicos de nuestra
    personalidad.

    En efecto, gran parte de nuestros miedos son adquiridos.

    Como consecuencia de ello, Marina destaca varios mecanismos de aprendizaje de este
    sentimiento entre los que destaca el condicionamiento clásico u operante y el
    aprendizaje social.

    De igual forma que se diferencia entre miedos innatos y adquiridos, encontramos
    una distinción entre lo que se conoce como peligros reales y como peligros imaginarios
    (Bowlby, 1985). Las primeras se refieren a las situaciones que representan un peligro
    auténtico. En cambio, los temores imaginarios pueden surgir a causa de malentendidos
    que tienen lugar debido a generalizaciones poco cuidadas en su elaboración.

    En quinto lugar, tenemos que señalar cómo los miedos van evolucionando en los
    seres humanos. Observamos que los miedos típicos de una especie no se originan todos
    al mismo tiempo, sino que van apareciendo y desapareciendo a medida que el individuo
    crece y se desarrolla.

    De este modo algunas situaciones que producen miedo
    disminuyen con la edad, mientras que otras aumentan. En este sentido y tal como afirma
    Young (1979), estos cambios se deben a que el niño y la niña, a medida que van
    creciendo, van controlando y comprendiendo más el ambiente en el que se encuentran.
    Así mismo, cuando alcanzan la madurez pierden aquellos miedos que estaban presentes
    en sus primeros años de vida y presentan otros nuevos. De igual forma con el paso del
    tiempo, estos nuevos miedos también llegarán a desaparecer surgiendo otros muchos, y
    así sucesivamente.

    En resumen, la experiencia enseña a las personas qué clases de objetos pueden
    ser buenos o malos. Gray (1971) define este mismo proceso de evolución del
    sentimiento de miedo como la maduración del miedo. Cree que una de sus razones es el
    aprendizaje al que estamos continuamente sometidos en el conjunto social del que
    formamos parte y con el contacto con las otras personas de nuestro alrededor. Por
    ejemplo, afirma que el temor a las serpientes parece ser innato en los seres humanos,
    aunque no se desarrolla hasta que el niño o la niña tiene varios años de edad.

    Para comprobar esta hipótesis, se llevó a cabo un experimento con el objetivo de demostrar
    que las manifestaciones de este miedo aumentan con la edad hasta los 17 años en niños
    y niñas que nunca han sido atacados por serpientes. Este hecho refiere a un proceso de
    maduración. No obstante, los resultados podían depender de aquello qué los sujetos
    experimentales habían leído y oído acerca de las serpientes.

    Hay un proceso predecible en la aparición y extinción de los miedos
    normales. Emergen, se estabilizan y declinan. Los miedos humanos a la
    separación y a los adultos extraños son comunes entre los ocho y los
    veintidós meses; el miedo a los niños desconocidos de su misma edad
    aparece algo más tarde, y el miedo a los animales y a la oscuridad, algo más
    tarde aún. Al parecer sucede lo mismo en todas las culturas (Marina, 1996:
    88)

    En sexto lugar, consideramos que las características que venimos comentando
    nos permiten decir que el miedo es un estado dinámico que impulsa a la acción. Como
    analizaremos posteriormente, la mayoría de las respuestas que se encuentran ante el
    miedo reflejan el carácter activo del mismo.

    Este carácter activo del miedo es uno de los temas más importantes a comentar
    en esta tesis doctoral. Marina (1996) también habla de este dinamismo para referirse a
    las causas del miedo y afirma que surge de los cambios y modificaciones que tienen
    lugar en nuestras necesidades, deseos o proyectos. Por otro lado debemos recordar que
    hay ocasiones en las que no somos capaces de reconocer las causas de nuestros miedos.

    Estos casos se deben a que son miedos psicológicos que proceden de lógicas íntimas,
    desconocidas e innatas o aprendidas. Como seres humanos tememos, morir, fracasar o
    perder aquellas cosas que tenemos y que deseamos. Tememos sufrir. Por esta razón, la
    tensión en la que nos encontramos cuando sentimos miedo origina que nuestra atención
    quede esclavizada y que no seamos capaces de pensar en nada más.

    Esta sensación tiene lugar sobre todo en aquellas situaciones caracterizadas por ser
    sumamente aterradoras, tales como la soledad, la enfermedad, la tortura o la muerte.

    Teniendo en cuenta estas ideas, Hebb (Young, 1979) hizo notar que el miedo
    surge espontáneamente, bien sea de forma innata o adquirida, ante determinados
    estímulos tales como:
    1/ L presencia de cuerpos mutilados e insensibles.
    2/ La existencia de situaciones extrañas que no son bien comprendidas.
    3/ La percepción de personas extrañas para el sujeto.
    4/ La muerte o la oscuridad y
    5/ El contacto con los otros miembros de la misma especie.

    Todos estos son miedos que pueden aparecer en el sujeto.
    Algunos autores creerán que tienen lugar de forma innata, mientras que otros
    hablarán del aprendizaje como causa de los mismos. Sin embargo, todos coinciden al
    señalar que cada uno de estos temores pueden tener lugar en un momento determinado
    de la vida de las personas estando sometidos al proceso de maduración comentado
    anteriormente.

    El niño, como el chimpancé, reacciona en forma innata con miedo a
    estimulaciones repentinas e inesperadas: sonidos fuertes, caídas,
    movimiento repentinos, y otros cambios bruscos en la estimulación.

    Pero la reacción a los extraños y a las características desconocidas del medio
    ambiente cambia con la edad y con la experiencia (Young, 1979: 107)

    En séptimo lugar y con la finalidad de poder identificar las situaciones que
    producen miedo, tenemos que distinguir cuatro categorías: la intensidad, la novedad,
    los peligros evolutivos especiales y los estímulos procedentes de interacciones sociales.

    Las circunstancias que nos producen miedo responden a uno o varios de estos estímulos
    en la mayoría de las ocasiones. Por lo tanto, debemos tenerlos siempre presentes para
    poder analizar y entender dichas situaciones y las consecuencias que producen en los
    seres humanos.

    En este sentido, Bowlby (1985) también explica en su libro tres fuentes a partir
    de las que se pueden derivar las conductas de miedo: los indicios naturales y sus
    derivados, los indicios culturales aprendidos por medio de la observación y los indicios
    aprendidos utilizados con un mayor grado de perfeccionamiento para evaluar el peligro
    y evitarlo.

    En octavo lugar y como otro rasgo importante a tener en cuenta, debemos
    indicar que las conductas que indican temor se caracterizan porque suelen ocurrir de
    manera simultánea. Los hechos que provocan una conducta de miedo pueden provocar
    todas las demás. Como ya hemos mencionado la mayoría de estas conductas se orientan
    a la protección de la persona. Así mismo cabe decir que la mayoría de las personas que
    reflejan miedo suelen experimentar también ansiedad o situación de alarma (Bowlby,
    1985).

    La conducta basada en indicios del primer tipo se desarrolla en una
    edad muy temprana y suele denominarse "infantil" e "irracional".
    La conducta basada en indicios del tercer tipo se desarrolla muy posteriormente
    y por lo común se le denomina "madura" y "realista".

    La conducta basada en indicios del segundo tipo ocupa una posición intermedia:
    su clasificación como infantil o madura, racional o irracional depende de que el observador
    comparta o no las normas culturales reflejadas en la conducta (Bowlby, 1985: 177)

    En noveno y último lugar diremos que al igual que todos los sentimientos que
    experimenta el ser humano, el miedo produce también una serie de síntomas corporales
    que son muestra del mismo. Respecto a este tema ha habido un amplio debate con la
    finalidad de observar si lo que acontece en primer lugar son los sentimientos o los
    cambios corporales.

    En este sentido, Young (1979) cree que el proceso tiene lugar de la
    siguiente forma aunque haya expertos que lo consideren de manera totalmente diferente:
    percibimos algo y en función de nuestro estado de ánimo se generan unas reacciones en
    nuestro cuerpo. Todo junto se conoce como la experiencia de un determinado
    sentimiento. Así, la experiencia de esta situación en momentos anteriores nos permite
    distinguir dicho sentimiento y sus efectos.

    Algunas de las acciones que muestran el miedo son las siguientes: la acción de
    fruncir el ceño como aviso de fastidio o indicación de fastidio, el bostezo, la mueca
    como saludo amistoso entre los hombres y la sonrisa utilizada como expresión de
    amenaza atemorizada y para demostrar que no somos hostiles.

    De la misma forma, aparecen toda una serie de cambios corporales
    entre los que se destacan los que siguen:
    Ojos y boca muy abiertos, posición inmóvil y pasmado, violentos
    latidos del corazón, palidez de la piel, sudor frío, pelo erizado, temblor de
    los músculos, boca seca, brazos levantados hacia fuera como para prevenir
    algún peligro (Young, 1979: 69)

    Con el miedo intenso se producen sentimientos desagradables de
    terror, urgencia de escapar y de esconderse, urgencia de gritar, el corazón
    late rápidamente, tensión muscular, temblores, facilidad para sobresaltarse,
    sequedad de la garganta y de la boca, una sensación de náusea en el
    estómago, sudoración, urgencias de orinar y defecar, irritabilidad, ira,
    dificultad en respirar, parestesias en las manos y en los pies, debilidad e
    incluso parálisis de las extremidades, sensación de desmayo o de poder
    caerse, y un sentimiento de irrealidad, de estar distante de la situación.

    Si el miedo continúa durante un largo periodo puede conducir a fatiga, dificultad
    de dormir y pesadillas, inquietud, facilidad para sobresaltarse y pérdida de
    apetito, agresión y evitaciones de cualquier situación nueva o productora de
    tensión (Marks, 1991: 22)

    En este sentido, la presencia de dichos efectos puede ser muestra del sentimiento
    de miedo. Sin embargo, también puede producirse una discordancia entre estos
    diferentes componentes del miedo. En estos casos observaremos las siguientes
    situaciones:
    1/ Una mujer puede decir que se siente alarmada pero mostrar calma y no
    mostrar cambios fisiológicos.
    2/ Puede mostrarse agitada y presentar signos de miedo.
    3/ En último lugar, puede decir que está alarmada y parecerlo pero no mostrar ningún
    cambio vegetativo (Marks, 1991).

    Finalmente y para completar esta caracterización que venimos haciendo,
    indicaremos que este sentimiento puede aparecer en diferentes grados e intensidades72.

    Por ejemplo, se puede mostrar en la forma del terror que es una reacción extrema al
    miedo. Esta reacción se presenta cuando uno se enfrenta a un peligro real y no sabe
    como escapar. Así mismo, la frustración de la habilidad para hacer frente al peligro
    aumenta la perturbación emocional. Por otro lado, si una persona hace frente al peligro
    sin manifestar miedo, decimos que es valiente. El valor es una actitud contraria al miedo
    (Young, 1979).

    72 Como consecuencia de las distintas intensidades con las que puede aparecer el miedo, podemos hablar
    de ansiedad, la fobia, el pánico, el sobresalto, la timidez, las preocupaciones, los miedos supersticiosos y
    los tabúes, las ideas sensitivas de referencias, las aversiones, etc.


    Al señalar estas ideas, se puede relacionar la conexión que existe entre miedo y
    ansiedad. La ansiedad es uno de los miembros de la familia del miedo, un temor
    constante basado en la anticipación o espera de un daño. Es un estado conflictivo y
    complejo, una amenaza interna más que un peligro inmediato del medio ambiente.

    Por lo tanto, se basa en el forcejeo de una lucha entre motivaciones interiores. Así,
    concluiremos que el sentimiento de miedo nos produce ansiedad. Existe relación entre
    ambos de tal forma que cuando más miedo sentimos, también aparece una mayor
    ansiedad. Un miedo profundo y prolongado puede general elevados niveles de ansiedad.

    Otro de los grados en los que podemos encontrar el miedo son las fobias. Las
    fobias son tendencias latentes a miedos intensos que se manifiestan en una situación de
    miedos específicos. Todos tenemos miedos normales o situaciones amenazantes o
    peligrosas. Dichos temores se basan en la experiencia previa. Parecen ser razonables
    porque los peligros son reales.

    Sin embargo a la mayoría de la gente una fobia le parece
    irracional y sus manifestaciones anormalmente intensas.

    A las fobias se les han dado diferentes nombres para ofrecerles un mayor aire de profundidad.
    Encontramos, por ejemplo:
    la pirofonia (miedo al fuego), la dorafobia (miedo al pelo de la piel animal), la
    tanatofobia (miedo a la muerte), la claustrofobia (miedo a lugares cerrados), y la
    odontofobia (miedo a los dientes).

    Cuando era niño, era mi deber apagar las luces y cerrar la ventana
    antes de irme a dormir. Una noche, después de que había apagado las luces,
    estaba cerrando la ventana cuando se oyó un disparo de pistola con un
    estruendo ¡BANG! Justo debajo de la ventana. Un vecino gritó: "¿Qué
    pasó? ¡Ahí va!" Pude oír a alguien corriendo. La experiencia fue tan terrible
    que años después del evento, al cerrar esa ventana en particular en la
    obscuridad, volvía a sentir miedo (Young, 1979: 127)

    En resumen, existen muchas formas de entender el miedo. Por ejemplo, Watson
    (Gray, 1971) sostiene que los estímulos atemorizantes innatos pueden reducirse al ruido,
    pérdida súbita de soporte o dolor. Todos los demás estímulos conocidos como
    atemorizantes adquieren esa facultad como consecuencia del aprendizaje. De igual
    manera, trata a todas las especies animales por igual y ve una sola clase de estímulos
    atemorizantes suficiente para todas ellas. Ésta es únicamente una teoría que, al mismo
    tiempo, ha recibido una gran variedad de críticas. Lo importante es tener en cuenta que
    el miedo es un sentimiento más que tiene lugar en la especie humana, que presenta
    muchas implicaciones y diferentes alternativas.

    Desde las investigaciones para la paz,
    nos proponemos destacar aquellas alternativas más positivas para la práctica de la
    transformación de conflictos.
    Resumidas las características más importantes de este sentimiento, haremos
    referencia a sus diferentes alternativas.
    Huida
    Activo Evitación
    Ataque
    Desviación.
    MIEDO NEGATIVO
    Estancamiento
    Pasivo
    Sumisión.
    MIEDO POSITIVO Activo Búsqueda de apoyo.

    Miedo negativo. Con este nombre queremos referirnos a las respuestas que los
    seres humanos utilizan para enfrentar sus miedos y que presentan un carácter negativo.
    Estas son respuestas que impiden poner en práctica los mecanismos pacíficos de la
    transformación de conflictos ya que dificultan la posibilidad de comunicación, diálogo y
    reconciliación.

    Generalmente, las personas cuando sentimos miedo tendemos a reaccionar con
    una de estas respuestas negativas. Así, por ejemplo, al sentir miedo de alguien podemos
    huir, evitar a esa persona o defendernos con ataques ofensivos. Este tipo de acciones
    impide el contacto entre las partes, la cooperación y el reconocimiento tan importantes
    para la reconstrucción de las relaciones humanas.

    Como podemos observar en el esquema de la parte superior, distinguimos
    diferentes respuestas que se dividen en dos grandes grupos. Uno de estos grupos está
    formado por respuestas pasivas, mientras que el segundo está compuesto por respuestas
    más activas. En el primero se encuentra el estancamiento y la sumisión. En el segundo
    podemos mencionar la huida, la evitación, el ataque y la desviación (Marks, 1991).

    A/ El estancamiento: Se refiere al hecho de quedarnos paralizados ante la
    presencia de un estímulo que nos provoca miedo. Es decir, muchas veces es tan fuerte el
    miedo que sentimos que no sabemos que hacer para enfrentarlo. Más aún, no somos
    capaces de hacer nada para afrontarlo. Este miedo tiene lugar en las personas más
    miedosas, y fundamentalmente, ante la presencia de los miedos más profundos para el
    sujeto o de las situaciones más terroríficas que puedan tener lugar.

    Desde nuestras investigaciones, nos interesa destacar el carácter negativo que tiene
    esta respuesta ya que implica la actitud pasiva que es tan contraria a la actividad
    propuesta desde los estudios para la paz.

    B/ La sumisión: Es otra de las respuestas que demuestra ese carácter negativo de
    la pasividad. Con este tipo de respuestas se nos hace imposible aplicar los principios de
    la transformación de conflictos, ya que somos incapaces de tomar decisiones, de
    comunicarnos y de buscar soluciones alternativas para nuestros problemas.

    Un ejemplo de la sumisión puede ser el siguiente: una persona siente miedo de
    un compañero de trabajo, pero decide lleva a cabo una actitud sumisa. Es decir, dejar las
    cosas tal y como están y seguir todas las decisiones tomadas por su compañero con la
    finalidad de no irritarle. Con este tipo de actitud las relaciones entre esas dos personas
    no se benefician, sino que pueden incluso empeorarse. El empeoramiento puede tener
    lugar si el compañero observa el miedo que provoca. Entonces se puede sentir capaz de
    decir y hacer lo que quiera hasta el punto de originar un alto grado de subordinación.

    Como consecuencia, el conflicto que existe entre las dos personas se regula
    negativamente y se impide la práctica de la transformación de conflictos.

    C/ La huida. Es otra de las respuestas negativas ante el miedo, aunque presenta
    un carácter más activo. Implica un salir corriendo por parte de la persona que siente
    miedo siempre que aparezca el estímulo que provoca ese miedo. Si tomamos como
    ejemplo, de nuevo, el miedo que una persona puede provocar en otra, la huida no resulta
    una actitud favorable para la reconciliación, la comunicación y el reconocimiento. Con
    esta respuesta se impide que las personas puedan entrar en contacto y tratar sus
    problemas con la finalidad de alcanzar soluciones favorables a todos y a todas las
    afectadas.

    D/ La Evitación. Presenta el mismo carácter activo y de negatividad que en el
    caso anterior, ya que implica evitar por todos los medios tratar con la persona a la que
    tenemos miedo. Por lo tanto, de nuevo se observa la imposibilidad de tratar el problema
    existente, de dialogar para buscar soluciones alternativas a ese miedo y de reconstruir
    las relaciones humanas.

    E/ La desviación. Se refiere a nuestra capacidad para desviar los estímulos que
    nos provocan miedos hacia otras personas que hay a nuestro alrededor. De nuevo
    aparece el carácter negativo al no ser capaces de hacer frente a nuestros problemas y a la
    tendencia a evitar el problema.

    F/ El ataque. Es la respuesta más común que solemos dar ante la presencia de
    cualquier estímulo que nos provoca miedo. Creemos que nuestra defensa depende del
    ataque que seamos capaces de hacer. Buscamos una defensa ofensiva por medio de los
    mecanismos y de las estrategias que estén a nuestra disposición.

    En este sentido, esta respuesta implica una fuerte carga de negatividad, ya que provoca
    respuestas violentas basadas en la destrucción como mecanismos de defensa propia.
    Así, como venimos diciendo desde las investigaciones para la paz, debemos intentar aprender
    a no hacer uso de estas respuestas ante el miedo que nos conducen al uso de mecanismos violentos.

    En cambio, tenemos que educarnos en nuestras capacidades para dar otras respuestas más
    positivas al miedo que beneficien las relaciones humanas, y que faciliten la
    reconciliación y reconstrucción como finalidad fundamental.

    Miedos positivos. Finalmente, con este concepto me quiero referir a otra
    alternativa más positiva del miedo basada en la actitud que conduce a buscar apoyos y
    ayudas para afrontarlo, en lugar de reaccionar violentamente frente al mismo, de huir o
    de evitarlo. Es decir, debemos ser capaces de aprender que cuando tenemos miedo
    podemos cobijarnos en otra persona de nuestra confianza. Al igual que con la
    vergüenza, esta alternativa más positiva favorece nuestra solidaridad y al
    empoderamiento. Como consecuencia, seremos capaces de hacer frente a nuestros
    conflictos por nosotros y nosotras mismas y de buscar soluciones más creativas basadas
    en los mecanismos pacíficos de regulación. De esta forma, se hace posible la
    reconciliación de las partes, el uso de la comunicación, del reconocimiento y de la
    cooperación como herramientas propias de la transformación de conflictos.


    Por lo tanto, debemos concluir que el miedo presenta al igual que el resto de los
    sentimientos diferentes alternativas. Desde las investigaciones para la paz de la
    Universidad Jaume I, creemos necesario nuestra capacidad de educarnos en las
    posibilidades más positivas de dicho sentimiento. Es decir, como seres humanos
    podemos correr al lado de un ser querido cuando tenemos miedo. Así, le pedimos a
    nuestra madre que nos dé un beso y una caricia antes de la realización de un examen.
    Ese beso y caricia; esas palabras de nuestra madre nos ofrecen confianza para realizar el
    examen y afrontarlo por nosotros y nosotras mismas.

    Del mismo modo, puede tener lugar con el resto de las situaciones que nos
    provocan temor. Siempre que buscamos cobijo en otras personas que nos propician
    autoconfianza, surgimos más empoderados después del diálogo establecido con ellas.
    Este empoderamiento hace visibles nuestras habilidades y favorece la práctica de la
    transformación y la construcción de la cultura para hacer las paces.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  10. #10

    Default El sentimiento de la vergüenza.[/

    El sentimiento de la vergüenza.

    para hablar y caracterizar este sentimiento:

    […] es un sentimiento social, un estado de ánimo penoso ocasionado
    por la pérdida de la propia identidad. Depende del juicio ajeno. Es el miedo
    a ser mal visto o mal mirado. El juicio social aparece como desencadenante.
    La categoría de «lo vergonzoso» tiene un origen social y lo mismo ocurre
    con su opuesto, «lo honroso».

    El sujeto no desea ser mal visto ni visto en mala situación.

    Esto implica que para sentir vergüenza ha de poseer un modelo claro de ambos tipos
    de ocasiones. Tiene que saber lo que es necesario ocultar o lo que es necesario mostrar.

    Una de las características más importantes de la vergüenza al señalar que es un sentimiento social.
    Es decir, la vergüenza aparece ante el miedo a no ser bien vistos socialmente y a no hacer las cosas
    de forma adecuada ante los y las demás.

    Podemos decir que se refiere al miedo al fracaso social.

    En este sentido, los conceptos de aparecer y apariencia son relevantes
    para la vergüenza, ya que la persona vergonzosa se preocupa fundamentalmente por su
    forma de aparecer y por su apariencia en el grupo con la finalidad de no ser rechazado/a,
    sino de ser aceptado como un miembro más de dicho conjunto social.

    La vergüenza es un sentimiento que afecta a la persona entera. Así, posteriormente
    afirma que «posiblemente no hay otra emoción que afecte tan radicalmente a la propia
    integridad». Como consecuencia de esta afirmación, parece que dicho sentimiento sea
    más poderoso incluso que el miedo físico.

    Es decir, que la vida social sea más importante que la vida biológica.

    Otro rasgo a tener en cuenta y que ya hemos encontrado en otros sentimientos
    analizados anteriormente se refiere a la vergüenza como un sentimiento universal que
    puede aparecer en todas las personas en cualquier momento de sus vidas y de la historia
    (Marina, 1996). La vergüenza es un sentimiento que ha estado siempre presente.

    Sin embargo, tenemos que recordar que hay personas que son más vergonzosas que otras.
    Así, hay sujetos que son vergonzosos por naturaleza y otros que no lo son tanto.
    Al mismo tiempo, pueden existir personas que no han sentido vergüenza en toda su vida.
    A pesar de ello, lo importante es descubrir que tenemos alternativas para dicho sentimiento.

    Es decir, los individuos que sentimos vergüenza debemos ser capaces de desarrollar
    aquella otra alternativa más favorable al desarrollo de las actitudes pacíficas
    tales como la transformación.

    La vergüenza es un sentimiento universal.

    Como ya había advertido Darwin, va asociada con el deseo de no ser visto.
    Ozard escribe: «Cuando se pregunta a los encuestados cómo se sienten cuando
    experimentan vergüenza, con mucha frecuencia indican que quieren desaparecer».

    En un film reciente sobre emociones fundamentales, el tema de la desaparición resulta evidente.
    El sujeto que experimentaba vergüenza bajo sugestión hipnótica bajaba la cabeza y replegaba
    sus brazos y piernas para, según su confesión, hacerse pequeño y no ser visto (Marina, 1996: 146)
    Respecto a las ideas que venimos comentando, podemos señalar que la cultura juega un papel
    muy importante, ya que en función del contexto en el que nos encontramos se nos enseña
    qué es lo que podemos mostrar y qué es lo que debemos ocultar (Marina, 1996).

    De este modo, tal y como señala Sartre, diremos que hay un serpara-sí y un ser-para-el-otro.
    Es decir, «yo» como persona tengo rasgos que caracterizan mi personalidad, sin embargo
    hay ocasiones en las que actúo de forma que oculto algunos aspectos de mi persona
    para ser bien visto en la sociedad.

    Por lo tanto a partir de estas ideas, podemos decir que la vergüenza surge debido
    a nuestra necesidad de ser valorados y aceptadas socialmente.

    Malinowski […] en su estudio sobre el sexo y la represión entre los
    pueblos salvajes, informa que entre los isleños Trobriand comúnmente se
    cree que los padres no se parecen a sus hijos y que los hermanos no se
    parecen entre sí. Se considera tabú el hecho de insinuar siquiera que un niño
    se parece a su madre o a cualquiera de sus parientes maternos.

    Cuando Malinowski hizo un comentario acerca del asombroso parecido entre dos
    hermanos, se produjo un silencio en toda la asamblea: el hermano se retiró
    bruscamente y el grupo se sintió mitad avergonzado y mitad ofendido ante
    tal violación de la etiqueta. En este caso, un tabú influyó en la percepción de
    lo parecido y lo diferente. Y surgieron sentimientos de vergüenza al violar
    un tabú (Young, 1979: 163)

    Finalmente, tenemos que referirnos a la relación que existe entre la vergüenza,
    la culpa y el remordimiento con la finalidad de completar esta caracterización. Es decir,
    podemos tener remordimientos al sentirnos culpables por algo que hemos hecho y esta
    actitud implica al mismo tiempo sentirnos avergonzados por la acción que hemos
    llevado a cabo (Young, 1979).

    En resumen y como rasgo a destacar de la vergüenza, tenemos que remarcar que
    afecta profundamente a la idea que el sujeto tiene de sí mismo y a su capacidad para
    enfrentarse a las situaciones. Esto se convierte en un aspecto importante, ya que la
    imagen que uno/a tiene de sí mismo/a es un componente real de su personalidad.

    Es decir, si uno/a se siente avergonzado/a de su propia persona no se cree capaz
    de hacer cosas y de regular sus conflictos por sí mismo.

    Por esta razón, debemos intentar transformar la vergüenza buscando apoyo en otras personas
    para conseguir un mayor grado de confianza y de solidaridad. Esta actitud permitirá sentirnos
    empoderados y empoderadas para hacer frente a nuestros conflictos y para hacer uso
    de los mecanismos pacíficos de regulación.

    Da la impresión de que nuestra energía no es una facultad constante,
    sino que depende de lo que pensemos sobre nosotros. Si me considero
    incapaz de hacer algo, me va a costar mucho trabajo, hacerlo si es que
    puedo. […] Lo que en términos generales llamamos «optimismo» o
    «pesimismo», el sesgo favorable o desfavorable que tenemos hacia nuestra
    propia realidad, también es parcialmente aprendido (Marina, 1996: 154)

    Una vez visto algunas de las características más importantes de dicho sentimiento,
    indicaremos sus alternativas y destacaremos aquellas que son favorables a
    la transformación de conflictos.

    Sentimiento negativo
    Vergüenza actitud pasiva
    Regulación negativa de conflictos
    Actitud activa
    Búsqueda de apoyo y ayuda
    ALTERNATIVA Comunicativa y diálogo
    Ofrece comprensión, confianza y seguridad
    Empoderamiento
    Transformación de conflictos

    La vergüenza como un sentimiento negativo. Como ya hemos venido diciendo,
    el sentimiento de la vergüenza conlleva a las personas a una posición estática en la
    mayoría de las ocasiones. Es decir, al tener miedo de hacer las cosas mal y de no ser
    aceptados socialmente, decidimos mantenernos en silencio y dejar que las cosas sigan
    tal y como están, o que sean los otros y otras quienes busquen soluciones para las
    mismas (Marina, 1996).

    Podemos decir que todos los seres humanos sentimos miedo al fracaso.

    En este sentido, la vergüenza se convierte en un sentimiento negativo y poco
    favorable para la transformación de conflictos si tenemos en cuenta que la regulación
    positiva de conflictos requiere de posiciones activas. Por ejemplo, ante la presencia de
    un conflicto, podemos decidir no hacer nada (no tomar decisiones, ni comunicarnos ni
    dialogar) a causa de la vergüenza que nos produce el hecho de que las soluciones que
    creamos propiamente buenas sean erróneas y poco satisfactorias para los y las demás.

    Con la práctica de esta actitud, pueden acontecer dos cosas:
    1/ El conflicto se mantiene tal y como ha tenido lugar hasta el momento.
    2/ Finalmente, las otras partes en conflicto acaban haciendo uso de su poder y son
    las que deciden cuál es la mejor solución al conflicto, así como cualquier otro aspecto de interés.

    Esta segunda posibilidad muestra una solución competitiva y negativa al beneficiar únicamente
    a una de las partes enfrentadas.

    Sin embargo, desde las investigaciones para la paz podemos encontrar una
    alternativa a esta forma de sentir que facilita la práctica de la transformación de
    conflictos. En efecto, como seres humanos podemos transformar nuestra vergüenza en
    una posibilidad de diálogo y de comunicación. Podemos explicar a otra persona qué es
    aquello que estamos sintiendo. Al sentirnos escuchados y comprendidos, podemos
    comprender que aquello que nosotros y nosotras creemos no es una sinrazón con lo que
    aumentará nuestra autoconfianza.

    De este modo, nos veremos empoderados y capaces de comunicar nuestras ideas
    a los y las demás con la finalidad de hacer frente a nuestros problemas por nosotros
    y nosotras mismas. En este sentido, esta actitud beneficia la práctica de los principios
    de la transformación de conflictos. Además, permite una actitud activa para alcanzar
    la reconciliación y la reconstrucción de las relaciones humanas.

    Es decir, esta alternativa de la vergüenza propone lo siguiente: comunicar a otra
    persona de nuestra confianza qué es lo que estamos pensando.

    Fruto de este diálogo iremos modificando y aclarando nuestros pensamientos
    hasta alcanzar una nueva interpretación de la situación en la que nos encontramos
    y una solución viable. Como consecuencia, comprenderemos que nuestros argumentos
    tienen sentido y que pueden ser expresados.

    Es decir, nos sentiremos empoderados gracias al aumento de autoconfianza.
    A partir de estos momentos, seremos capaces de hacer frente a la mayoría
    de las situaciones que se presenten en nuestras vidas por nosotros y nosotras
    mismas buscando más alternativas y soluciones creativas. De este modo, aprenderemos
    a poner en práctica los principios de la transformación de conflictos y favoreceremos la
    reconstrucción de las relaciones humanas y la construcción de la cultura para hacer las paces.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  11. #11

    Default El sentimiento de la tristeza y de la angustia.[/

    El sentimiento de la tristeza y de la angustia.

    La tristeza duradera puede conducir a la angustia, al igual
    que la angustia puede llevarnos a la tristeza y a la desesperación.

    Bowlby (1990: 256) afirma que «La tristeza es una respuesta normal y sana
    cualquier infortunio. La mayor parte de los intensos episodios de tristeza,
    son producto de la pérdida de una persona amada o bien de lugares
    familiares y queridos o de papeles sociales».

    Por otro lado, Klein (1977) relaciona la soledad con la tristeza.
    Es decir, al igual que el estar sólo provoca tristeza, de la misma forma
    una de las respuestas que genera dicho sentimiento es la sensación de sentirse sólo.

    Por sentimiento de soledad no me refiero a la situación objetiva de
    verse privado de compañía externa, sino a la sensación interna de soledad,
    a la sensación de estar sólo sean cuáles fueren las circunstancias externas,
    de sentirse solo incluso cuando se está rodeado de amigos o se recibe afecto.

    Este estado de soledad interna, como intento demostrar, es producido del
    anhelo omnipresente de un inalcanzable estado interno perfecto (Klein, 1977: 154)

    De igual forma, Young (1979) realiza ciertos estudios sobre este sentimiento
    e indica ciertas características que se encuentran en las personas tristes.
    Dice que la imagen que tenemos de las personas tristes es la de unas personas viejas,
    enfermizas, con educación mediocre, mal pagadas, introvertidas, pesimistas, ansiosas,
    irreligiosas, solteras, con un bajo nivel de estima de sí mismas, con poco entusiasmo en le trabajo,
    de aspiraciones pretenciosas, de cualquier sexo y de una capacidad intelectual muy limitada.

    En cambio, considera que la imagen que solemos tener de una persona feliz es
    la de un ser joven, lleno de salud, bien educado/a, bien pagado/a, extrovertido/a,
    optimista, sin preocupaciones, religioso/a, casado/a, con una gran estima de sí mismo/a,
    encariñado/a con su trabajo, de aspiraciones modestas, de uno y otro sexo, y de una gran
    variedad de capacidad intelectual.

    En segundo lugar y tal como hemos dicho al inicio de este apartado, tenemos
    que referirnos también a la relación que existe entre la tristeza y la angustia.

    Esta relación nos permitirá introducir nuevos rasgos de este sentimiento, así como seguir
    avanzando en el proceso. De este modo, observamos como la angustia nos puede
    provocar tristeza. De igual forma, una tristeza prolongada puede originar una gran
    sensación de angustia en la persona que la siente.

    Así lo afirma Kierkegaard (Maceiras Fafian, 1985) cuando nos dice lo siguiente:
    La angustia es una realidad ambigua y, por tanto, no susceptible de
    una clara y distinta conceptualización. Si esto fuera posible la existencia se
    habría convertido en una realidad, en un objeto del que se podría levantar
    inventario completo, pero eso no es así. (149)

    El concepto de angustia no parece dejar dudas: la angustia es
    inherente a la condición humana del ser del hombre. Por eso ella, antes de
    ser derivación de cualquier acto humano, es una condición que pesa e
    influye en el hombre mismo antes de que éste se determine a obrar (150)

    Otra característica de la angustia es que se define como posibilidad de libertad
    (Maceiras Fafian, 1985). Es decir, la condición inexorable del ser humano como
    posibilidad de libertad hace que el ser humano se descubra como angustia.

    Angustia al saberse libre y poseedor de diferentes alternativas para hacer las cosas.
    Así, se comprende como responsable de los actos que desarrolla, tanto si son hechos por
    medios violentos como si lo son por medios pacíficos.

    Debemos tener en cuenta el concepto de culpabilidad que puede surgir al ser conscientes
    de estas alternativas, y observar que aquella acción que hemos hecho de una forma
    determinada la hubiésemos podido hacer de otra manera.

    En este momento, aparece la culpa como consecuencia de nuestros remordimientos al
    sabernos libres, poseedores de distintas alternativas, y al haber utilizado el camino
    menos adecuado para la acción.

    Debe concluirse que la angustia es doblemente inevitable como
    categoría de la esencia del hombre: inevitable porque es inherente al
    descubrimiento de que la libertad es posibilidad; e inevitable porque,
    eligiendo, la libertad tiene que negar, con la elección de lo concreto, la
    infinitud de lo posible (Maceiras Fafian, 1985: 152)

    Finalmente La angustia también
    mantiene una relación con el pecado original para Kierkegaard (Maceiras Fafian, 1985).
    De este modo, entiende que la angustia es supuesto del pecado, y al mismo tiempo,
    consecuencia del pecado. Es supuesto del pecado en el sentido de que todas las personas
    cuando pecamos y al ser conscientes de nuestro pecado sentimos angustia por aquello
    que estamos haciendo.

    Es decir, es un rasgo esencial del pecado que aparece siempre que se da el primero.
    Así, es consecuencia del pecado ya que una vez hemos pecado los actos y hechos
    que se derivan de dicha acción nos producen también angustia.

    Teniendo en cuenta estos dos aspectos, Kierkegaard concluye lo siguiente como
    características a tener en cuenta en la angustia:
    1/ La angustia es originaria del estado de inocencia como puro sentimiento de posibilidad.
    2/ Pertenece a la estructura psicológica del ser humano.
    3/ La angustia es condición del pecado, por una parte, y su consecuencia por otra.
    4/ Por último, la realidad del pecado es inexplicable lógicamente.

    Aparece como toma de conciencia de la libertad.
    A su vez, supone un salto cualitativo que no se explica por la sola libertad.
    Para terminar y desde nuestras investigaciones para la paz, nos interesa principalmente
    hacer referencia a las diferentes alternativas que presenta el sentimiento de la tristeza.


    Hay tres maneras de sentir tristeza:

    1/ La forma más usual es aquella que conlleva a la actitud estática y de falta de
    interés que dicho sentimiento produce (Maceiras Fafian, 1985). Es decir, normalmente,
    cuando nos sentimos tristes no tenemos ganar de hacer nada. Nos sentimos solos y solas
    y al mismo tiempo buscamos la soledad. Nuestro estado de ánimo se caracteriza por una
    falta de energía, por una actitud de indiferencia y de desinterés.

    Desde la metodología de la transformación de conflictos, podemos decir que esta actitud
    es negativa para la regulación positiva de conflictos ya que impide la comunicación,
    el interés por el reconocimiento, y con ello, la reconciliación de las partes.

    Por lo tanto, nos resultará muy difícil poder regular un conflicto positivamente
    cuando nos sentimos tristes de este modo.

    2/ Esta alternativa tiene un carácter más negativo. Cabe decir que la sensación
    prolongada de tristeza en el tiempo puede acabar provocando reacciones violentas con
    la pretensión de escapar de ella.

    Si tenemos en cuenta el ejemplo que comentábamos en el párrafo anterior, la
    indiferencia provocada por la tristeza ante la presencia de un conflicto puede originar
    beneficios en la otra parte afectada. Si esta actitud de indiferencia y de tristeza perdura
    durante mucho tiempo, puede dar lugar a un aumento de los daños en la persona víctima
    de la tristeza como causa de su desinterés.

    De esta forma, la otra parte verá que puede llevar a cabo todo tipo de acciones,
    ya que la persona víctima de la tristeza sigue sin responder a las acciones que le acontecen.

    Finalmente, la duración prolongada en el tiempo de este tipo de acciones, puede terminar
    en la búsqueda de toda clase de mecanismos por parte de la persona desinteresada para
    escapar de dicha situación, y defender su propia persona de los males ocasionados
    por las otras partes. Por lo tanto, tenemos otra alternativa de la tristeza que muestra
    un carácter más activo, aunque sigue siendo violento.

    3/ Finalmente, tenemos una alternativa más positiva de dicho sentimiento que se
    refiere a la búsqueda de apoyo y consuelo en aquellas otras personas con las que
    confiamos. Esta actitud hace que podamos salir fortalecidos y fortalecidas
    (empoderados) del contacto y del diálogo mantenido con esta otra persona en la que
    hemos buscado nuestro soporte.

    Como hemos dicho anteriormente, si estamos tristes y vivimos un conflicto, sólo
    podremos hacerle frente una vez empoderados después del consuelo buscado en otras
    personas. Este hecho permite establecer un diálogo que muestra a la persona triste que
    tiene capacidades para regular sus conflictos por ella misma. De este modo y a partir de
    ese momento, el sujeto se siente capaz en la mayoría de las ocasiones de comunicarse
    con las otras partes afectadas, adoptando una actitud más activa y buscando la
    reconciliación como su objetivo fundamental. En efecto, esta forma de actuar permite
    poner en práctica los mecanismos de la transformación de conflictos que son necesarios
    para el establecimiento de la «espiral de la paz».
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  12. #12

    Default Despues de cada batalla... hay que reconstruir

    ::::

    Despues de esta batalla que se esta dando entre adversarios politicos,
    sera necesario un proceso de sanacion... de reconstruccion de el tejido
    social de el pensamiento mexicano.

    Aun falta el cierre... sera una muestra de la madurez que tenemos en
    conjunto, y seguramente sera un descontrol total de egos y violencia.

    Ahi es donde sera necesario aplicar el conocimiento para tener paz
    interna, como de comunidad... estos datos pueden ayudar, a quien
    dese sanarse de las heridas de la batalla.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  13. #13

    Default

    Arturo, tu hablas al interior de las personas, vas directo a ese yo intimo que no todos desean analizar. Es dificil que encuentres respuesta.

    Pero supongo que tu ya lo sabes.

  14. #14

    Default

    ::::

    Hablando en voz alta, me escucho cosas nuevas
    a distancia y en diferentes perspectivas se reflejan
    partes de mi que no me conosco.

    El alimento de que estes ahi, observando, sintiendo
    cual sentido del amor es como esa energia atomica
    manantial aveces inexplicable a las reglas

    Estoy aprendiendo mucho, con la tarea de exponerlo
    tu sentir... encanto yperfume e mujer que me inunda

    grax
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  15. #15

    Default

    "... sigo tus pasos, tu caminar, como un lobo en celo desde mi hogar, con la puerta abierta de par en par, de par en par..."

    Ya lo sabes.

  16. #16

    Default

    ::::

    i know, and betters, I can fell you.


    :::

    Violencia y ternura: la importancia de la caricia.

    Ya analizado los diversos tipos de sentimientos, sera interesante estudiar
    la importancia que tienen las caricias en las relaciones interpersonales
    como otro de los aspectos a tener en cuenta en la elaboración de una
    fenomenología de los sentimientos.

    Para la realización de este estudio debemos partir de la siguiente idea:
    la violencia y la ternura son dos de las alternativas que tenemos
    para poder hacernos las cosas.


    Es decir, como seres humanos podemos actuar violentamente o con ternura.

    Y esta segunda actitud es la que ayuda al establecimiento de las relaciones de paz.
    De este modo y relacionado con el tema de las caricias, podemos señalar que
    somos capaces de hacer violencia o de mostrar ternura con cualquier parte de nuestro
    cuerpo.

    Así, por ejemplo con las manos podemos golpear y usar armas, y con la boca
    podemos insultar. No obstante, también con las manos podemos hacer todo tipo de
    caricias y con la boca podemos besar. De este modo, observamos como cada parte de
    nuestro cuerpo tiene funciones y puede hacer las cosas de diferentes modos según como
    nosotros y nosotras se lo ordenamos.

    Es decir, de forma destructiva o de forma pacífica.


    El término de ternura, las caricias como acciones que se desprenden de nuestra voluntad
    y que permiten el movimiento pacífico de nuestro cuerpo
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  17. #17

    Default

    Los hombres teneis muchos mas problemas para expresar los sentimientos, para reconocer ciertas necesidades afectivas. Teneis mucho que aprender de las mujeres. En el terreno de los afectos, aun os queda mucho por recorrer.

    Las caricias llenas de ternura, sin intención sexual inmediata, aun son nuestro terreno.

  18. #18

    Default

    ::::

    La programacion inicial, no favorece este tipo de actuaciones y sensibilizacion, los roles sociales requieren de actualizaciones.

    Aun tenemos forma autoprogramarnos y hacer metamorfosis, es una gama de sensibilidad y sentimientos muy interesantes y placenteros, en lo sexual y en lo fraternal.

    Hay las voy alcanzando gloria.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

  19. #19

    Default

    Tu si sabes compartir emociones, y no te asusta sentir y necesitar.

    En tu caso, la sensibilidad forma parte de tu ser. Algo muy dificil de encontrar en el genero masculino. Por eso me pareces tan especial.

    TQM.

  20. #20

    Default sentimiento del amor

    :::

    dibujando el sentimiento del amor, puedo tomar tus colores uniendolo a los mios, saboreando el sentimiento que nace en cada combinacion, como guia un sueño, un deseo que el momento quiera existir.

    quiero tenerte en mis acuarelas, en mis paisajes...
    un querer de libertad... e conquistarte y conquistarme




    El sentimiento del amor.

    El amor es uno de los sentimientos más propicios para poder poner en práctica
    los principios de la transformación de conflictos. Por ello dicho sentimiento presenta
    generalmente connotaciones positivas. Normalmente el amor facilita actitudes
    favorables al mantenimiento y a la reconstrucción de las relaciones humanas.

    De este modo, las relaciones humanas basadas en el sentimiento del amor son relaciones
    estables y fuertes que sirven en la mayoría de las ocasiones a la construcción de una
    cultura para hacer las paces, y evitan el uso de la violencia y de la destrucción (Luther
    King, 1998). Por esta razón, sentir de esta forma ante un conflicto determinado
    beneficia al reconocimiento y a la comunicación como principios de la transformación.

    Es decir, el sentirse querido y capaz de querer ofrece la confianza necesaria para
    sentirse empoderado y ser capaz de buscar alternativas pacíficas y creativas al conflicto.

    No obstante y como veremos posteriormente, sentir amor también puede tener
    consecuencias negativas. Estas connotaciones negativas conducen al o la amante a
    actuar de forma violenta dando lugar a consecuencias dañinas que afectan a la persona
    amada, y/o a las otras personas que le rodean, tanto como al ambiente.

    Cuando el amante es incapaz de conseguir el amor de la persona amada puede llevar
    a cabo todo tipo de acciones para conseguir su fin, incluso acciones destructivas.


    Del mismo modo,
    encontramos en la actualidad grandes casos de violencia doméstica, muchos de ellos
    provocados a causa de los celos. En este sentido encontramos el refrán popular que dice
    «del amor al odio hay sólo un paso» que refleja las posibilidades más negativas del
    mencionado sentimiento. Es decir, las personas cuando se sienten heridas o engañadas
    por los seres a las que quieren pueden convertir su amor en odio inmediatamente. No
    obstante, pienso que detrás de ese «odio» sigue existiendo un «amor herido» que puede
    ser transformado nuevamente en un sentimiento positivo que favorezca a la reconciliación.

    Con la finalidad de clarificar los aspectos que van a ser tratados en este punto,
    realizaré la siguiente síntesis.

    En primer lugar señalaremos algunas de las característicasgenerales del sentimiento amor.
    En segundo y último lugar, realizaré una descripción de sus diferentes alternativas con el
    objetivo de observar cuáles son más favorables para la aplicación de los principios de la
    transformación de conflictos.

    Para empezar debemos definir este sentimiento a través de algunas de sus
    principales características con el objetivo de clarificar su significado desde un primer
    momento. En este sentido, podemos mencionar a Manuel Maceiras Fafian (1985: 97)
    cuando se refiere a la metafísica del amor de Schopenhauer.

    Este autor habla del amor como:
    «el modo cómo la atracción amorosa responde a la complementariedad de las
    cualidades paternas y maternas, en vistas a una descendencia perfecta».

    Es decir, se refiere al amor como sentimiento cuyo principal objetivo es la perpetuación
    de la especie. Elegimos aquello que nos parece más bonito del sexo contrario porque es lo
    que nos gustaría ver perpetuado en la especie. Este es el proceso que acontece, según
    Schopenhauer, en los verdaderos matrimonios de amor.

    En segundo lugar y otro aspecto a tener en cuenta para completar la definición
    de este sentimiento lo encontramos en Marina (1996) cuando señala una serie de
    principios que permiten distinguir como amor aquello que estamos sintiendo. Es decir,
    muestra una serie de principios que tienen lugar en la persona cuando ésta siente amor.

    Estos principios son los que siguen:

    1/ La presencia del deseo por el objeto o por la persona amada cuando nos sentimos
    enamorados. No obstante, cualquier tipo de deseo no puede ser considerado como amor.
    Por lo tanto, este sentimiento se convierte en una tendencia a la posesión. De esta forma
    y siguiendo con esa idea, Marina afirma que Sartre piensa en el amor de la siguiente forma:

    Hace consistir el amor en un tipo de deseo que convierte el amor en
    un imposible. Sartre dice que el amor quiere cautivar la conciencia del otro.
    Hay, pues, una afán de posesión o de poder. Pero la noción de propiedad por
    la que tan a menudo se explica el amor, no puede ser primera. El amante no
    desea poseer al amado como posee una cosa; ésa sería una versión brutal de
    la posesión como consumación material de cualquier deseo. No quiere
    tampoco un sometimiento total de autómata, sino que reclama un tipo
    especial de apropiación: quiere poseer una libertad como libertad. Tampoco
    se satisface con un amor que se diera como pura fidelidad a un juramento.
    El amante pide el juramento y a la vez el juramento le irrita (Marina, 1996: 179)

    En este sentido, el amor se convierte en un especial afán de posesión que
    conduce a la intranquilidad celosa en la mayoría de las ocasiones. Esa intranquilidad
    ante la posibilidad de la pérdida del ser amado puede dar lugar a reacciones violentas en
    algunos momentos concretos. A diferencia de estas formas de actuar y desde la
    transformación de conflictos, proponemos hacer frente a las consecuencias negativas del
    sentimiento amor por medio del diálogo y de la comunicación. Consecuentemente
    podremos transformar los aspectos negativos de dicho sentimiento en una positividad
    constante que conducirá al establecimiento de relaciones humanas basadas en el
    reconocimiento.

    2/ Otro síntoma que conducen a pensar en la presencia del sentimiento amor en
    una persona determinada es el interés. El ser humano presta mucha atención hacia
    aquello por lo que se siente atraído con la finalidad de observar todos sus rasgos y
    movimientos.

    3/ El siguiente síntoma es la tristeza que provoca la lejanía o ausencia del ser
    querido. No obstante, la ausencia también puede ser causa de nostalgia y no sólo
    muestra del sentimiento de amor.

    4/ Así mismo también encontramos, tal y como dijo Spinoza, la alegría por
    estar cerca de la persona o del objeto querido.

    5/ Finalmente, nos conocemos como seres que aman cuando valoramos a la
    persona amada por sí misma, con independencia de los efectos que causa en el amante.
    Es decir, cuando el amante ya no se preocupa tanto por sí mismo como por la felicidad
    de la otra persona.



    Ha aparecido la gran novedad sentimental que no se puede derivar de
    ningún otro sentimiento. Como dijo Aristóteles, «amar es querer el bien para
    alguien» […] Éste es el último criterio del amor, que es distinto de los
    demás. Los otros, de una manera o de otra, beneficiaban al sujeto, mientras
    que ahora es el objeto amoroso el beneficiado (Marina, 1996: 187)

    Las características de estos principios que hemos venido señalando nos permiten
    afirmar que el sentimiento amor puede tener lugar en todas las personas, en todos los
    lugares y en todos los momentos de la historia. Este sentimiento del amor ha sido y será
    siempre posible entre los seres humanos. No obstante, es responsabilidad de cada uno y
    una de nosotras querer sentir con la alternativas más positiva del amor o por medio de
    otros sentimientos más favorables al desarrollo de la violencia y de la destrucción.

    Que todos amamos, es una realidad objetiva, cotidianidad necesaria
    para existir y supervivir. El amor es lo más simple y elemental, como la
    generación sucesiva de la vida. podemos observarlo, aun para los ojos más
    desatentos, que está ahí como una objetividad patente, presencial, que
    verificamos todos los días y a todas horas. El amor es una experiencia
    visible, usual, en la que se conjugan formas de ser diversas. Así, de
    apariencia tan sencilla, el amor resulta complicado porque, tras el
    espectáculo de esta realidad amorosa, se esconden muchas necesidades
    (Gurméndez, 1985: 9)

    En tercer lugar y relacionado con la idea mencionada en el párrafo anterior, cabe
    decir que aunque todos seamos capaces de sentir amor, cada persona puede tener una
    capacidad totalmente diferente y una forma particular de sentir (Solomon, 2002). No
    obstante y debido al rasgo de la intersubjetividad de los sentimientos que anteriormente
    hemos mencionado, seremos capaces de comprender el sentir de otras personas, ya que
    aprendemos a sentir socialmente en nuestras relaciones interpersonales.

    En cuarto lugar y respecto a las distintas formas de sentir amor, tenemos que
    decir que no sólo cada persona puede sentir amor de una forma particular, sino que
    también un mismo individuo puede querer a distintas personas de diferentes maneras
    (Gurméndez, 1985). Es decir, no se quiere igual a una madre, que a un amigo que a la
    pareja. Todo es amor pero cada uno de ellos tiene unas características concretas que lo
    diferencian del resto. Así mismo, también podemos decir que una persona es incapaz de
    amar de igual forma a las distintas parejas que haya podido tener a lo largo de su vida.
    Incluso podríamos afirmar que el amor que se siente por una misma persona puede ir
    cambiando y modificándose con el paso del tiempo.

    Por otro lado, no podemos olvidar que estas distintas formas de sentir el amor
    tienen su origen en la vida cotidiana. Sentimos amor por aquellas personas o cosas con
    las que nos encontramos en nuestra vida y con las que mantenemos una relación. De
    este modo, el amor se convierte en un fenómeno natural que puede acontecer en
    cualquier momento de nuestra vida y en cualquiera de las relaciones que establecemos
    con las otras persona. El amor sólo puede tener lugar si establecemos relaciones con
    otra persona, y así se muestra también en los dichos populares entre los que
    encontramos el siguiente: «del roce nace el cariño».

    […] el amor tiene su origen en la vida cotidiana, como el trabajo, y
    nace de las relaciones entre los seres humanos: de una mirada fugaz, de un
    contacto de las manos, de una sonrisa. Es la forma más primaria de la
    comunicación. No surge del deslumbramiento ante el espectáculo de una
    grandeza poblada de infinitas sugerencias, sino que brota a la sombra de un
    simple arroyuelo, del susurro de unas palabras, de la voz melodiosa de una
    canción, de cualquiera de las razones y motivaciones que irradian de la vida
    cotidiana en su riqueza múltiple (Gurméndez, 1985: 10)

    En quinto lugar, otro de los aspectos que debemos tener en cuenta al hablar del
    amor y con la finalidad de completar su definición se refiere a su continua presencia.
    Muchos son los que creen que el amor siempre está presente en la vida de las personas,
    aunque no lo veamos o sintamos de manera consciente (Gurméndez, 1985). En
    ocasiones, es posible que no nos demos cuenta de la presencia de este sentimiento, sin
    embargo es posible que se encuentre y ello es debido a que los seres humanos no
    podemos vivir sin amor. Las personas necesitamos plantearnos metas en nuestra vida y
    el amor se convierte en muchas ocasiones en un aliciente al tener como propósito
    conseguir el querer de la persona amada.

    De este modo el amor se muestra como un proceso absoluto. Es decir, tiene una
    totalidad en sí mismo. Sin embargo, podemos dividir la totalidad del amor en pequeños
    momentos parciales que lo estructuran. Cada uno de esos momentos se corresponde con
    cada una de las diferentes etapas por las que va pasando a medida que va avanzando en
    el tiempo, de tal forma que esta división facilita el análisis de dicho sentimiento, así
    como las consecuencias que va originando en las distintas fases de su evolución
    (Gurméndez, 1985).

    En resumen, las características que hemos comentado hasta el momento indican
    como el amor es un sentimiento complejo. Su complejidad deriva al mismo tiempo de su
    extrañeza, ya que así como puede llevarnos a la felicidad junto a la persona amada,
    también puede conducirnos al odio y al uso de la violencia y la destrucción.
    Posteriormente, al analizar más a fondo sus alternativas observaremos estas dos
    posibilidades, aunque ya se han ido mencionando en las líneas anteriores. Gurméndez
    (1985) señala que nadie puede sentirse tranquilo cuando empieza a amar ya que no
    sabemos hacia dónde nos llevará ese amor, ni qué caminos nos hará seguir. Además,
    este sentimiento nos ayuda a realizarnos como personas, al mismo tiempo que nos
    relaciona a los otros y otras. Para amar debemos sentir la presencia viva y unitaria del
    nosotros. «Sufrir una emoción, apasionarse, es como exhalarse, una participación con el
    sentir de los otros, porque todos dejamos de ser para crear esa realidad común y
    originaria que somos» (19).

    Finalmente para terminar con esta caracterización y junto con los aspectos
    señalados, debemos indicar el papel que la mano y el ojo tienen en el desarrollo de este
    sentimiento. Es decir juegan una función muy importante porque sirven para saber de
    las situaciones y de las personas. Permiten ese contacto tan necesario en las relaciones
    humanas68. El amor implica caricias y el uso de cualquier parte de nuestro cuerpo para
    sentir a la persona amada. Por otro lado, el ojo es también muy importante para observar
    aquello que amamos, inspeccionarlo y comprender su originalidad. Así mismo, también
    las palabras juegan un papel en este sentimiento ya que la comunicación es uno de los
    aspectos más favorables para el mantenimiento de las relaciones amorosas.

    El contacto primitivo de los que empiezan a amarse es el toque
    superficial que, repetido, se convierte en una palpación mutua. En el frenesí
    cognoscitivo propio y revelador del tacto. Las manos son posesivas, y los
    ojos, ofrenda (Gurméndez, 1985: 15)

    Para sintetizar algunos de los rasgos de dicho sentimiento,
    Gurméndez (1985) afirma que el amor puede ser visto de la siguiente forma:

    - El amor como libertad. Los seres humanos tenemos libertad para sentir
    amor. Esta libertad hace que en ocasiones utilicemos nuestro amor con
    violencia y con destrucción. No obstante, como ya hemos dicho
    anteriormente, el verdadero amor se base en el reconocimiento recíproco y la
    comunicación que favorecen el empoderamiento de las partes y la
    reconstrucción de las relaciones humanas. Es en este tipo de amor en el que
    debemos aprender a educarnos y a actuar evitando los usos negativos del
    mismo. Únicamente con esta manera de entender el amor seremos capaces
    de transformar nuestros sentimientos.




    - El amor como pensamiento. Para sentir necesitamos pensar en la persona
    amada y llegar a conocerla. Así mismo, necesitamos pensar en las
    circunstancias que rodean a nuestro amor y en sus posibilidades de
    realización. El amor verdadero requiere de la responsabilidad de las partes y
    de su voluntariedad. Para ello necesita pensar conscientemente en sus
    posibilidades y en cuáles son las claves del éxito con la finalidad de evitar el
    uso de los mecanismos que promuevan la ruptura de las relaciones humanas.
    - Finalmente, diremos que el amor puede ser entendido como algo natural y
    humano, como algo relativo y absoluto69, y como un sentimiento subjetivo u
    objetivo70.
    ------------------------------------------------------------------------------------
    68 Posteriormente ampliaremos esta información al hacer el análisis del papel de las caricias en las
    relaciones interpersonales y con relación a la transformación de conflictos.
    69 El amor relativo se refiere a esa clase de amor que no afecta al ser que se ama, ya que el ser amado no
    es visto como necesario ni vital. Este amor se limita a satisfacer un deseo pasajero y expresa un deseo
    fugaz por el cuerpo de la otra persona. Por otro lado, el amor absoluto se manifiesta por la necesidad que
    tenemos del otro ser. Es un amor profundo en le que la ausencia de la persona amada provoca la soledad y
    la frustración.
    Ninguno de estos dos tipos de amor puede ser completamente buenos para la transformación de
    conflictos. El amor relativo porque no es una amor verdadero, sino que es un sentimiento fugaz que busca
    el goce y el disfrute momentáneo. El amor absoluto llega a ser más positivo para la transformación



    Una vez comentadas estas características y siguiendo con la estructura que
    habíamos presentado, pasaremos a analizar las posibles alternativas que presenta este
    sentimiento con la finalidad de indicar las más adecuadas para la transformación de
    nuestros conflictos interpersonales.



    Amor verdadero. Este tipo de amor está basado en el reconocimiento, el diálogo
    y la comunicación como principios fundamentales. Favorece la aparición de la
    siempre que la persona que ama no acabe desocializándode y viviendo en soledad o actuando con
    violencia.
    La transformación requiere de un amor verdadero que dirija a las personas a la acción por medio de
    mecanismos pacíficos tales como el empoderamiento, el reconocimiento y la comunicación.
    70 El amor subjetivo encierra al individuo en uno mismo. Únicamente la persona que ama sabe que siente
    dicho amor y se esconde en sí misma con acciones que le paralizan y le conducen hacia la soledad. En
    cambio, el amor objetivo es una entrega sencilla y voluntaria hacia la persona amada. Este segundo tipo
    es más adecuado para la regulación positiva de conflictos si pensamos en su predisposición al desarrollo
    de acciones para el mantenimiento de las relaciones humanas. No obstante, recordemos que en este tesis
    doctoral preferimos hablar de la intersubjetividad de los sentimientos, y no de su subjetividad u
    objetividad.


    confianza y de la solidaridad entre las partes al saberse querida, reconocidas y
    comprendidas como seres en sí mismos.
    Teniendo en cuenta estas características se asegura la práctica exitosa de los
    mecanismos alternativas de la transformación, ya que con esta forma de sentir cada una
    de las partes de la relación se preocupa por el bienestar y la felicidad de las otras
    personas y no sólo por sus propios beneficios e intereses. De este modo, las personas
    son capaces de hacer frente a cualquier problema que surja en la relación mediante sus
    propios poderes (empoderamiento) y con los mecanismos pacíficos de la transformación
    con la finalidad de conseguir la reconciliación y la reconstrucción de las relaciones
    humana.

    Esta es la actitud activa y positiva en la que pretendemos educar desde las
    investigaciones para la paz para construir una cultura para hacer las paces. Las
    regulaciones positivas de nuestros conflictos requieren de sentimientos positivos tales
    como el verdadero amor. Sólo si sentimos pacíficamente seremos capaces de evitar la
    violencia, transformar los conflictos y crear «la espiral de la paz».

    Amor violento. El amor también puede convertirse en un sentimiento negativo al
    sentirse herida la persona enamorada. Existen diversas circunstancias por las que dicho
    sentimiento puede tener este talante más negativo (Gurméndez, 1985). Por un lado,
    encontramos casos en los que el amante no se siente correspondido por la persona
    amada. Por ello, es capaz de desarrollar todo tipo de acciones, incluso violentas y
    destructivas, para terminar con todo lo que les separa y alcanzar su fin deseado. De la
    misma forma, el abandono también puede originar este tipo de reacciones violentas
    entre las que podemos encontrar la venganza. Así también estos mismo hechos pueden
    surgir ante la infidelidad. En estas ocasiones, el engaño puede sentirse tan profundo que
    la víctima puede llevar a cabo todo tipo de acciones para defender su honor. Finalmente
    y relacionado con el tema de la infidelidad, tienen lugar los celos que son causa de una
    gran parte de las violencias domésticas que actualmente tienen lugar (Young, 1979).

    En resumen el amor violento no hace posible las actitudes pacíficas ni la
    transformación de los conflictos, ya que las partes implicadas se dejan llevar por
    sentimientos tales como el engaño y el rencor. Por esta razón, este tipo de actitud se
    caracteriza por ser una actitud activa pero negativa al mismo tiempo. En este sentido y
    desde las investigaciones para la paz, proponemos no dejarnos llevar por dichos
    sentimientos negativos, sino que debemos buscar otras alternativas que facilitan la
    aparición del reconocimiento y de la comunicación como claves para la reconciliación.

    Amor estático. Finalmente esta otra alternativa del amor se caracteriza por
    poseer una actitud pasiva frente a los problemas que puedan surgir durante las
    relaciones amorosas. A pesar de que no es un amor violento, tampoco resulta válido
    para la práctica de la transformación de conflictos, ya que las regulaciones positivas
    requieren de actitudes activas, de responsabilidad y voluntariedad para buscar
    soluciones alternativas a los problemas mediante la metodología de la reconstrucción.

    En este momento tenemos que recordar que el aburrimiento y la monotonía es
    otra posible causa de conflictos en las relaciones amorosas (Marina, 1996). Al
    aburrimiento se le puede hacer frente tanto con las bases del amor verdadero como con
    las actitudes violentas. Sentirse frustrado por no poder disfrutar del ser querido es una
    de las razones por las que podemos hacer uso de la violencia. No obstante, también
    podemos enfrentar la monotonía con la pasividad o buscando nuevas alternativas que
    permitan cambiar la situación y promover nuevos objetivos.
    tu eres quien quieres ser, yo tambien.

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