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Thread: SANTA ANNA

  1. #1

    Default SANTA ANNA

    SANTA ANNA, ¿HÉROE O VILLANO?



    “Hoy podemos juzgar con perspectiva histórica y estamos en posibilidad de descartar la glorificación de Santa Anna, colmado de elogios por los aduladores serviles que exaltaban la figura de este nefasto gobernante con ditirambos [alabanza exagerada] interesados. Es justo, por lo demás, recordar a los valientes defensores del país que en las riberas del Pánuco impidieron la reconquista que España pretendía y nos dejaron una imborrable lección de dignidad y pundonor. Es preciso que a esta fecha histórica, haciendo a un lado la pasión política y la desastrada [desastrosa] actuación posterior de Santa Anna, se le devuelva la justa jerarquía de Fiesta Nacional, que legítimamente le corresponde por su trascendencia y su honda significación”.[1]

    “La vida personal, militar y política del General Santa Anna es sumamente compleja y presenta innumerable facetas, exhibiendo algunas veces virtudes militares y ciudadanas, así como grandes dotes de carisma que le daban gran popularidad con la gente, la mayoría de las ocasiones con poca aptitud elemental de General en Jefe, las más como total ignorante en estrategia y en táctica, y casi siempre una muy discutible actitud de mando, separándose reiteradamente de la línea recta al tratarse del patriotismo y del deber militar...”.[2]

    Siempre presto al combate y a la defensa de México, demostrando que, si se le quiere considerar mal General, puede demostrar por las innumerables veces que estuvo en el frente de batalla, que fué esforzado soldado. Su mayor virtud, ser gran organizador de ejércitos, una y mil veces los sacó de la nada para enfrentar al invasor, aunque no siempre con buena fortuna.

    Intentando una pequeña síntesis biográfica del General Santa Anna, podemos apuntar que fué soldado realista, insurgente de última hora, monarquista con Iturbide para, inmediatamente después, ser el primer proclamador de la República Mexicana ; fué federalista y centralista, según sus seguidores del momento y su ánimo político; partícipe y actor fundamental de incontables acciones militares, proclamas y levantamientos; siempre listo para enfrentar y apagar revueltas y asonadas, cuando no era él quien las provocaba; hombre que para algunos representa y permite que convivan en sí mismo, todos los valores y los errores de la transición del México colonial al México independiente; fué espejo de una sociedad de caudillos que marcaron el inicio de nuestro país como nación.

    “Luchó en más batallas que Napoleón [Bonaparte] y George Washington juntos, y fué dictador del segundo país más grande del mundo antes de 1836” .[3]

    Once veces Presidente de México, entre 1833 y 1855, gobernó muy poco, dejando esas labores, para él tediosamente burocráticas, en un Vice-Presidente incondicional en turno, lo que le permitía retirarse a su famosa Hacienda de Manga de Clavo en Veracruz. Como militar y político siempre buscó la gloria, pero nunca disfrutó del ejercicio del poder. Dictador frente y detrás de la silla, no se le conocen actos de crueldad absoluta, como fué común entre sus contemporáneos; el exilio y la humillación de sus oponentes le resultaron suficientes.

    Su marca personal, está imborrable en toda la primera parte del Siglo XIX en México, pero aunque se ha escrito mucho sobre el tema, aún el rescate histórico y el conocimiento profundo de dichos episodios, dista mucho de ser completo; sobre todo para las nuevas generaciones, que a la distancia, nos permita hacer juicios más razonados y menos apasionados. Nos gustaría poder ver en los autores y las fuentes históricas primarias más cómo realmente fué y menos el cómo lo ví... desde mi punto de vista, ya que su controversial vida, provocó y sigue provocando, escritores partidarios glorificantes o detractores enfurecidos.

    Contra el invasor extranjero en sus inicios, aún siendo parte del Ejército Colonial Español, se enfrenta a tribus bárbaras en el Norte de Nueva Santander (hoy Tamaulipas); posteriormente contra los españoles, forma una página gloriosa en Tampico en 1829; y una exhibición completa, carente de aptitud militar en la Guerra de Texas en 1836, contra los separatistas texanos, los colonos y mercenarios norteamericanos, ya que después de resultar victorioso en algunas batallas preliminares, especialmente en El Álamo, lo pierde todo por su imprudencia, en San Jacinto, y ahí cambia su historia.

    A partir de ese momento se apaga su estrella, se borra su prestigio de héroe invencible y empieza junto con su declive, la desmembración del territorio nacional y su deterioro público, se reivindica parcialmente, como lo simboliza la pérdida de su pierna, al arrojar a los franceses del Puerto de Veracruz en el año de 1838, en la Guerra de los Pasteles, pero no fué suficiente.

    Siempre cercano a la mentira y a actos de dudosa honestidad, vive con riquezas, aunque no es aficionado al lujo; lo que realmente lo enloquece es la pompa y el esplendor, los gallos son su gran afición y las mujeres su distracción. Va y vuelve al exilio siempre listo para “defender” a México y ocupar una vez más la Presidencia. Es el “hombre necesario”... y todos, increíblemente, se lo creen.

    Después de España y Francia, el gran enemigo de México pasa a ser los Estados Unidos con su “Destino Manifiesto”. En la intervención norteamericana de 1847, “el hombre providencial” es el encargado de enfrentar una guerra al mando de un país dividido, en bancarrota y contra un enemigo superior. Tiene acciones importantes en La Angostura , y errores enormes en Perote; claras traiciones, anteponiendo riñas personales con los demás Generales en Padierna y Churubusco; las derrotas se suceden hasta el sacrificio heroico de Chapultepec.

    ¿La derrota ante los norteamericanos fué culpa de Santa Anna? Puede ser que todo un país no podía ser salvado por un hombre... pero la historia y el pueblo mexicano han dado su veredicto.

    Negociaciones poco claras, pero con el invasor dueño de puertos y ciudades, así como la bandera de las barras y las estrellas ondeando en Palacio Nacional, nos despojan de la mitad del territorio nacional. ¿Lo pudo evitar? A pesar de sus múltiples errores, probablemente no... pero en la derrota, su actitud fué poco digna y mucho menos patriótica.

    Sobre la venta de La Mesilla , algo similar. Algunos autores afirman que poco se podía hacer ante el planteamiento de “me la vendes o la tomo por la fuerza”. Ante la disyuntiva, simplemente se embolsó el dinero y se instaló en su última y despótica dictadura, durante la cual cobraría impuestos hasta por tener ventanas y perros, pero también durante ella, modernizaría al ejército y le daría a México su Himno Nacional, también proscrito durante muchos años, hasta que fué rescatado en tiempos de Porfirio Díaz.

    Todavía durante el Imperio de Maximiliano en 1867, vivía de ambiciones y de esperanzas efímeras en el exilio, y los norteamericanos lo llegaron a ver como una posibilidad entre el Emperador y Juárez. Aún seguía siendo un factor importante en la política mexicana. Por el bien de México, Benito Juárez se levantaría como un gigante de la nacionalidad, enterrando el “Santanísmo” para siempre.

    Los hombres de su tiempo, tanto nacionales como extranjeros, le dieron títulos, merecidos o no, muy acordes con las costumbres del presidencialismo y caudillismo de entonces; tales como: Su Alteza Serenísima, General de División de todos los Ejércitos Mexicanos, Benemérito de la Patria , Gran Maestre de la Nacional y Distinguida Orden de Guadalupe, Gran Cruz de la Orden Española de Carlos III, Gran Cruz del Águila Roja de Prusia, General en Jefe del Ejército Libertador de la República Mexicana , Hijo de Marte, Caudillo Inmortal, Espada Invencible, Idólatra de la Patria , Libertador de México, Guerrero inmortal de Zempoala, Ciudadano Predilecto y la lista se alarga tanto, como su egolatría.

    Siempre se enorgulleció, sobre todos los anteriores, del título de Vencedor de Tampico, ya que fué ahí donde alcanzó el grado de General de División y donde él consideraba que había realmente desplegado, en todo su esplendor, su astucia, valor y decisión para derrotar al enemigo. De hecho, en Tampico en 1829, fué la última vez que recibió un ascenso como militar y a los 35 años, después de La Batalla de Tampico, los había alcanzado todos.


    Cada vez que cometía un error de grandes costos para el país, él mencionaba y todos recordaban, sus servicios prestados a la Patria ; en especial en Tampico y contra los franceses en Veracruz donde perdió una pierna y, todos por arte de magia lo perdonaban, llevándolo nuevamente a la presidencia.

    Siempre se quejó de que los políticos de carrera lo criticaban y él les preguntaba: ¿Dónde estaban ustedes mientras yo marchaba con el ejército desnudo y hambriento, en largas marchas forzadas por el desierto para enfrentar a los enemigos de México? La gran mayoría no tenía respuesta... tampoco la historia atina a darla.

    La vida dá y quita... y el General Santa Anna no necesitó esperar el juicio póstumo de la historia. El pueblo mexicano, en vida, le quitó todos los títulos y honores recibidos. Su leyenda negra de antihéroe y villano, se inició mucho antes de su último gobierno que terminó con su último destierro. Cuando regresó a México en 1874, en los tiempos del Presidente Sebastián Lerdo de Tejada, México había cambiado, él ya no era nadie, y a nadie le importó, más allá de algunos fieles colaboradores de los pasados tiempos de gloria. Lo hizo pobre, viejo y enfermo y murió solo en una modesta casa de la Ciudad de México, olvidado y sin gloria, de diarrea crónica el 21 de junio de 1876, a los 82 años de edad.

    Dice de él mismo:

    “No fuí ni peor ni mejor que muchos de los caudillos que ahora gozan de consideración y respeto. Si una bala enemiga me hubiera roto la chapa del alma en la ribera del Pánuco, en La Angostura o en San Jacinto, mi efigie estaría en la Cámara de Diputados, junto a los bronces de Hidalgo y Morelos. Como al pobre Iturbide, me tocó morir en un mal momento. Él murió demasiado pronto, yo demasiado tarde”.[4]

    Entre Tampico y Santa Anna existe una relación en tres actos:

    El primero: a los 15 años, es en estas tierras donde el joven xalapeño tiene su bautizo de fuego, siendo parte del Ejército Colonial Español y bajo las órdenes del Coronel Arredondo del Ejército Realista, en las filas del Batallón Fijo de Veracruz, viene como cadete a pacificar la región de la Nueva Santander durante la primera parte de la Guerra de Independencia.

    El segundo: a los 29 años, siendo Coronel al mando del Ejército Libertador de México, contra el Imperio de Iturbide, es quien les dá la oportunidad a los colonos de Altamira de fundar el “Quinto Tampico”, contra la voluntad de los habitantes de Pueblo Viejo, ubicado en la margen veracruzana del Río Pánuco, permitiendo que se estableciera dicha comunidad en el lugar geográfico que actualmente ocupa y acepta con mal disimulada modestia, que sus nuevos habitantes la bauticen como “Santa Anna de Tampico”, nombre con el que se constituye oficialmente la ciudad el 12 de abril de 1823.

    El tercero: a los 35 años, logra “su gran victoria” sobre los españoles, de la que se apropia con arrogancia, dejando poco a poco, fuera de ella, a todos los oficiales y tropa que tuvieron acciones heroicas en la misma, en especial a Don Manuel de Mier y Terán, convirtiéndola en “su carta personal de presentación”, para su ya proyectada incursión en la escena nacional.



    Con respecto a su acción en Tampico, Santa Anna en sus memorias apunta:

    “México nació el 11 de septiembre de 1829, pues antes de esa fecha era una inmensa tierra de nadie. Así lo reconocían hasta hace poco todos los mexicanos bien nacidos, ya fueran centralistas o conservadores, fueran militares o civiles. Por su valor simbólico, La Victoria de Tampico se conmemoraba con igual o mayor pompa que el Grito de Dolores. Ese día el pabellón nacional ondeaba en la Catedral y en el Palacio; los edificios todos se engalanaban con festones y cortinajes; cinco mil hombres desfilaban luciendo sus cascos y sus morriones, sus estandartes y sus banderolas...

    Un pueblo no existe como tal hasta convencerse de su grandeza. México necesitaba doblegar a los invasores para sacudirse un yugo de tres siglos que pesaba y sigue pesando sobre las espaldas encorvadas del indio. Lo que distingue a un pueblo de una población, es el despertar interior del nosotros. Cuanto más profundo es ese sentimiento, más fuerte será la unidad nacional. Nuestro pueblo era una mezcla heterogénea de culturas y razas...”.[5]

    ¿Héroe o villano? La historia mexicana lo marca con ambos calificativos, en diferentes momentos. En la vida civil o militar, un héroe se hace al realizar un hecho extraordinario en un momento crítico especial.

    “El General Don Antonio López de Santa Anna fué el Comandante en Jefe y por razones fundamentales de orden militar a él, como General en Jefe, corresponden el mérito que se deduzca de la labor estrictamente militar de la defensa contra la invasión reconquistadora, como el resultado de [aciertos y] desaciertos durante el desarrollo de las operaciones”.[6]

    De lo sucedido allí, aún habiendo mucho por analizar, la victoria le favorece; de lo sucedido posteriormente, los hechos y los resultados, lo califican de forma contundente, como nefasto para la historia de México.

    En los libros oficiales de historia de cuarto año de primaria, a los niños mexicanos de hoy, se les enseña:

    “Santa Anna era vanidoso e inconstante; pero también astuto, capaz de organizar ejércitos casi sin dinero y valiente en el combate. No fué un buen gobernante, pero sabía dominar la situación y hacerse querer por la gente”.[7]

    Santa Anna, en su último retorno a México, al final de su vida, al enterarse de que ya no es Fiesta Nacional el 11 de septiembre apunta:

    “Al centro de la Plaza Mayor , en un altar resguardado por un precioso dosel, se oficiaba una misa que yo presidía desde el balcón central de palacio, acompañado por mi Gabinete y mi Estado Mayor, pero en su afán por enterrarme en vida, los liberales han pisoteado las tradiciones y los sentimientos del pueblo. ¡Ojalá hubiera muerto joven, para no ser testigo de tanta ignominia!, ¡Cómo se atreven a insultar así la memoria de los caídos en la orilla del Pánuco!

    Un país como el nuestro, ayuno de victorias, necesita preservar en la memoria las contadas ocasiones en que ha vencido a una potencia extranjera. Mis enemigos podrán culparme por todas las desgracias nacionales, pero nadie tiene derecho a privar al pueblo de sus epopeyas”.[8]





    http://www.tampico1829.com/controver..._o_villano.htm


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    Last edited by Bisonte; 22-03-06 at 09:23 PM.

  2. #2
    Wanderer Ritter's Avatar
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    Por mas que Santa Anna fuera un convenenciero y traicionero de 1era no debe usarsele como tapón de otros varios incompetentes que abundaron en ese tiempos.

  3. #3
    Temporary Terminated Lucas Gavilán's Avatar
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    Santa Anna no fue ningún traidor. Gobernó México en una de las peores épocas, sino es que en la peor. No me imagino a nadie de ustedes, bola de putos, en sus botas.

    Luchó contra enemigos muy superiores y si los gringos se le metieron hasta la cocina fue porque desde entonces ya eran invencibles, los hijos de la mamá de Koyuca.
    Visita El Chamuco y los Hijos del Averno. http://www.elchamuco.com.mx/

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