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Thread: Reformas económica y educativa de la Ilustración española

  1. #1

    Default Reformas económica y educativa de la Ilustración española

    ILUSTRACIÓN Y REFORMA ECONÓMICA


    La Ilustración va unida al liberalismo, pero no se impuso de un modo repentino y excluyente. El librecambio inglés compartió su vigencia con la fisiocracia y el mercantilismo, y al mercantilismo de Colbert pertenece Teórica y práctica de comercio y de marina, de Jerónimo de Uztáriz (1670-1732). Este fue un famoso navarro de vida agitada, pues fue soldado, diplomático y secretario de distintos consejos, sobresaliendo como economista. Su citado libro parte de la consideración de que la riqueza está en la posesión de metales y el provecho de un país en exportar más de lo que importa.

    Para Uztáriz, el gobierno debía aligerar de impuestos a las exportaciones y gravar las importaciones, prohibiendo importar ciertos géneros y exportar materias primas, a fin de estimular la fabricación nacional de determinados productos. Sólo una circulación no gravada por tributos ni estorbada por obstáculos permitirá equilibrar los precios y hacer competencia a los productos extranjeros.

    Esta era una postura liberal y mercantilista, que Melchor Gaspar de Jovellanos utilizó para pronunciarse contra la alcabala, las aduanas internas, los aranceles de las marítimas y concebir un plan de comercio activo; aunque Jovellanos se adhirió después a la fisiocracia y al liberalismo económico de Riqueza de las Naciones de Adam Smith, pues Jovellanos fue ecléctico, y por eso unos lo consideran fisiócrata (Informe sobre la Ley Agraria), otros liberal (Informe sobre el libre ejercicio de las Artes) y algunos mercantilista (Dictamen sobre el embarque de paños extranjeros para nuestras colonias o Informe sobre fomento de la Marina mercante).





    JERÓNIMO DE UZTÁRIZ

    El triunfo de la fisiocracia en Francia con Quesney, Turgot y Mirabeau, con la tierra como principal fuente de riqueza, alcanzó también mucha vigencia en España, pues era la estructura económica del Antiguo Régimen, y la que adoptaron Campomanes, Cadmany, Ignacio de Asso y Jovellanos, que en el Informe sobre la Ley Agraria (1795), redactado como vocal de la Sociedad Matritense, aunque tardó casi siete años en elaborarlo (1787-1794), se muestra posibilista, y como siempre adaptado a las circunstancias.

    El Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos es pues una aplicación del liberalismo económico al campo de la agricultura, afirmando:

    1) que la agricultura tiende a la perfección
    2) que las leyes sólo pueden favorecerla animando esa tendencia
    3) que se eliminen los estorbos que retarden su progreso

    Con lo que cree que la libre iniciativa económica de los individuos establece equilibrio, basado en la conveniencia, la utilidad e incluso el egoísmo.

    Textualmente: ”Las leyes para favorecer la agricultura deben reducirse a proteger el interés particular de sus agentes, removiendo los estorbos que se opongan a esa tendencia”. Estorbos que son políticos (leyes), morales (opiniones) y físicos (naturales). Los estorbos morales se reducen promoviendo el estudio de la economía civil y de todas las ciencias útiles, creando institutos en todas las provincias, con enseñanzas dirigidas a propietarios y labradores, adecuadas al nivel intelectual de cada uno; y los físicos mediante medios técnicos y financieros que faciliten la creación de riegos y canales, comunicaciones terrestres y marítimas, puertos mercantes, etc: los políticos derogando leyes antinaturales.


    El Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos tuvo como antecedentes:

    1) el informe de Vicente Paino y Hurtado, representante por Extremadura en el Consejo de Castilla y defensor de Extremadura en la lucha contra la Mesta
    2) el dictamen del conde de Floridablanca, entonces fiscal del Consejo de Castilla (1770)
    3) el de Campomanes, nuevo fiscal del Consejo de Castilla, quien ya habla de promulgar una Ley Agraria en 1771
    4) el Memorial ajustado de 1771, emitido por el Consejo de Castilla “para fomentar la agricultura, cría de ganados y corregir los abusos de los ganaderos trahumantes: inspirado en el Tratado de la regalía de amortización (1765) de Campomanes, que demostraba:
    a) que la acumulación de riquezas por la Iglesia, con excepción del diezmo, iba en contra de su doctrina
    b) que el Concordato de 1737 no bastaba para remediar el daño que causaba la amortización.


    Se necesitaba pues una ley de amortización que prohibiera la enajenación de bienes de manos muertas sin previo permiso gubernativo, por lo que dejaba inmune a los mayorazgos.





    MELCHOR GASPAR DE JOVELLANOS

    El tipo de organización en que se basaba el Antiguo Régimen era la sociedad estamental, Nobleza, Clero y Pueblo, y Jovellanos sabía bien que ese régimen había conducido a la inmovilidad de la propiedad territorial, por lo que era necesaria una ley de amortizaciones, pues se había encarecido el precio de las tierras al quedar fuera del mercado grandes extensiones territoriales, con perjuicio para los intereses individuales, ya que los grandes propietarios no podían cultivar todas sus tierras.

    Los privilegios de la Mesta también incidían en la propiedad territorial, pues al prohibir cerrar las fincas obstaculizaban el desarrollo de la agricultura. Pero el mayor atentado contra la propiedad privada residía en las leyes que protegían la amortización de las tierras, eclesiástica y civil, producto de vinculaciones y mayorazgos. No escandaliza pues a Jovellanos la injusticia en el reparto de tierras, pero sí que su propiedad quede en pocas manos, disminuyendo su compraventa en el mercado y limitando sus posibilidades productivas.

    Había pues que abolir cuanto impidiera la libertad del comercio de tierras, y Jovellanos comenzó su reforma con la amortización de bienes eclesiásticos, obtenidos en la guerra de la Reconquista. Y si el clero no desamortizaba tierras baldías había que detener el proceso de amortización, para que no aumentaran las tierras improductivas.

    También se debía detener la amortización civil, pues la nobleza ya no tenía misiones guerreras, aunque Jovellanos respetó ciertos mayorazgos para no enemistarse con la minoría ilustrada que debía apoyar sus reformas.

    Pero la tímida reforma agraria de Jovellanos no invalida el carácter revolucionario del análisis al que sometió la estructura económica de la sociedad estamental, pues demostró el antagonismo entre la historia y la razón, con la necesidad de acabar con las estructuras sociales que sólo se apoyaban en la tradición. Por eso concluye que la propiedad de la tierra debe ser plena, ya que sabía que las transformaciones sociales sólo son posibles cuando se atacan las estructuras económicas que les sirven de fundamento.

    Las doctrinas agrarias de Jovellanos habían sido pues propuestas por políticos de los siglos XVII y XVIII, y su mérito consistió en recopilar las ideas útiles, exponiéndolas y divulgándolas con método y claridad. Supo reunir y profundizar lo que era literatura bisecular. Por eso Miguel Artola dijo que la ley agraria de Jovellanos es posiblemente el libro que más influencia ha ejercido en la historia de España; Valentín Andrés Álvarez que es una de las joyas de la prosa castellana moderna, y Francisco Galindo García que es un hito en la historia del agro español, y una valiosa aportación a la economía del país.

    El Informe sobre la Ley Agraria no se tradujo en una legislación que suprimiese los estorbos y obstáculos que denuncia. Tuvo que pasar al reinado de Carlos IV y llegar las Cortes de Cádiz para que la Reforma ilustrada se convirtiese en una verdadera Revolución liberal. Pero su valor doctrinal no dejó de percibirse en ningún momento, ya que para los liberales gaditanos fue una especie de credo económico de las primeras Cortes españolas y uno de los documentos que más han influido en la historia económica del siglo XIX. La alusión a ella fue frecuente en las desamortizaciones de Juan de Dios Álvarez Mendizábal y Pascual Madoz Ibáñez, y en las polémicas con Álvaro Flórez Estrada.

    La Inquisición la incluyó en el Índice de libros prohibidos en 1825, acompañada del Tratado de la regalía de amortización de Campomanes. Pero iluminó las conciencias más lúcidas de España, y sus efectos se sintieron en la política española.




    JUAN ÁLVAREZ DE MENDIZÁBAL

  2. #2

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    ILUSTRACIÓN Y REFORMA EDUCATIVA


    El plan ilustrado era un proyecto de reforma en profundidad de la sociedad española, y por tanto tenía que comprender la educación y la reforma educativa.

    El panorama español antes de las reformas de Carlos III era lamentable, por proliferación caótica y conservadurismo reaccionario, al ser beneficencia social practicada por las órdenes religiosas y las instituciones eclesiásticas.

    La enseñanza primaria y secundaria se impartía en conventos y casas parroquiales, con algunos centros privados de latinidad, que preparaban para la enseñanza universitaria. Jesuitas, dominicos, agustinos y franciscanos adquirieron fama por su rigor y pericia en la formación de la juventud, pero enseñando a tyravés del latín y del método de la escolástica.

    También era conflictiva y caótica la enseñanza universitaria, pontificia o regia. Las Universidades fueron fundadas por bula papal y aprobadas por el rey; y en el siglo XVIII era aún más conflictiva a causa del regalismo de los primeros Borbones. Muchas universidades dependían de órdenes religiosas, con disputas de escuela, de patronatos nobiliarios o incluso de fundación episcopal. Las más célebres eran las de Salamanca, Alcalá de Henares, Valladolid, Santiago de Compostela, Valencia y Sevilla.

    Además existían conventos que se titulaban universidades, dominicos: Almagro, Ávila y Orihuela; benedictinos: Irache; jerónimos: San Lorenzo del Escorial; de fundación episcopal: Burgo de Osma y Baeaza; o de patronato nobiliario: Osuna y Oñate. En todas el dominio eclesiástico era total, con anarquía a nivel nacional, y sólo cuatro Facultades posibles (Artes, Teología, Derecho y Medicina), Artes y Teología en la mayoría de ellas, siendo Artes una prolongación de los estudios secundarios, y Teología formación del clero secular y regular.

    Misioneísmo, métodos anticuados de enseñanza, apego a las disciplinas filosófico-teológicas, despego por las ciencias útiles, absentismo del profesorado, abusos en la provisión de cátedras, indisciplina e insuficiencia de dotaciones eran frecuentes por dos motivos:

    1) el partidismo de diversas tendencias y escuelas, que muchas veces se despreciaban entre sí.

    2) los métodos escolásticos de enseñanza basados en la memoria y el silogismo, sin experiencia, observación o análisis racional.

    Los Colegios Mayores se fundaron durante los siglos XVI y XVII como protección a los estudiantes pobres, destacando el de San Bartolomé el Viejo en Salamanca, fundado en 1408; el de Santa Cruz en Valladolid, en 1480; el de San Ildefonso en Alcalá de Henares, en 1500; el de Cuenca en Salamanca, en 1506; y San Salvador y el Arzobispo en Salamanca, en 1517 y 1521.

    Al fundarse a mediados del siglo XVII la Junta Real de Colegios se creó una red de intereses comunes entre ellos, pues los consejeros y camaristas de Castilla que componían la Junta tenían que haber sido colegiales. Se constituyó así una especie de casta cerrada e inmovilista, independiente del clero o de la nobleza, pero vinculada a ellos por lazos familiares. Esta casta acaparaba los puestos claves de la administración, las becas, las cátedras y los cargos rectores, monopolizando el gobierno y las funciones de la enseñanza superior. En Sevilla el rector del Colegio Mayor Santa María de Jesús solía ser el de la universidad, y lo mismo ocurría en el de San Ildefonso de Alcalá de Henares. Por lo que los seis Colegios mencionados se convirtieron en árbitros de la política universitaria, despreciando a los demás Colegios, y practicando abusos en admisión de alumnos, absentismo profesional, provisión de becas y cátedras, concesión de habitaciones individuales, etc. Muchas veces reinaba desprecio por la cultura, frivolidad de costumbres, licenciosidad de conducta, hipocresía y vanidad.

    Luis Curiel afirma que en 1714 era falta grave que un colegial llevase un libro práctico. Aun así, sin los colegios de San Ildefonso en Alcalá de Henares, San Bartolomé el Viejo en Salamanca y Santa Cruz en Valladolid no habrían sido tan famosas sus universidades.

    El Colegio de San Ildefonso de Alcalá de Henares fue prácticamente su universidad hasta que fueron trasladados a Madrid, pues fue diseñado por el arquitecto Pedro Gumiel, y el cardenal Cisneros colocó su primera piedra en 1498, siendo su fachada de Rodrigo Gil de Hontañón. Por esta Universidad-Colegio han pasado personalidades de la talla de Antonio de Nebrija, más ligado a la universidad de Salamanca, pero que en 1502 intervino como latinista en la Biblia Políglota Complutense, y en 1513 fue catedrático de retórica de la Universidad de Alcalá de Henares, en cuya ciudad murió en 1522.


    Las Reformas universitarias del reinado de Carlos III fueron posibles gracias a la expulsión de los jesuitas en 1767, principal apoyo de los Colegios Mayores durante la primera mitad del siglo XVIII.

    Manuel Lanz de Casafonda (1721-1785) escribió una durísima sátira contra los colegiales mayores y su excesivo predominio en Consejos y Audiencias, a los que considera causa de la decadencia española.

    Francisco Pérez Bayer (1711-1794) arremetió también contra los Colegios Mayores y sus poderes universitarios, contando con la ayuda de Felipe Bertrán, obispo de Salamanca y autor de un Informe sobre los Colegios Mayores de Salamanca (1772). Y como ambos contaban con la protección de Manuel de Roda, entonces secretario de Gracia y Justicia, y el beneplácito de Joaquín de Eleta, confesor de Carlos III, se redactaron los decretos del 15 y 22 de febrero, y del 3 de marzo de 1771, que ordenaron una investigación.

    En 1777 se promulgó la nueva ordenación de los Colegios, desapareciendo la Junta Central de Colegios, siendo elegidos los colegiales por el Real Consejo, suprimiéndose las ceremonias de admisión, prohibiéndose permanecer en el Colegio más de ocho años, quedando los colegiales obligados por los reglamentos universitarios y nombrándose inspectores que visitarían anualmente los seis Colegios citados, con lo que fue desapareciendo la casta colegial, democratizándose y uniformándose la enseñanza universitaria.





    GREGORIO MAYANS Y SISCAR

    Gregorio Mayans y Siscar recibió en 1766 el encargo de redactar un nuevo plan de estudios universitarios, que terminó en abril de 1767 con el título de Idea del nuevo método que se puede practicar en la enseñanza de las universidades de España.

    Valladolid, Salamanca y Alcalá de Henares renovaron materias y textos en 1771, Santiago de Compostela en 1772, Oviedo en 1774, Granada en 1776 y Valencia en 1786. La universidad de Sevilla se renovó con el Plan de estudios para la universidad de Sevilla (1768) de Pablo de Olavide, aprobado por el Consejo de Castilla en 1769, que también se opuso a los Colegios Mayores; considera el espíritu de partido de las distintas escuelas teológicas y el espíritu escolástico obstáculos para el progreso universitario, y se manifestó partidario de una centralización estatal que acabase con el atomismo. Siguieron las cuatro Facultades de artes, teología, derecho y medicina, añadiéndose un curso de matemáticas, llamándose Física la de artes, a la que se añadieron estudios de geometría, matemáticas, biología, ciencias naturales y física. Se suprimieron los cursos dictados y los apuntes de clase, y se propuso el uso de un libro de texto, que al principio tuvieron que ser extranjeros.

    Así se centralizó y uniformó la universidad española, labor que terminó con el primer Plan de estudios general para todas las universidades (1807), con la universidad ya como servicio público. Pero las universidades españolas quedaron mediatizadas por el poder político, que fue introduciendo la ideología ilustrada, contra el deseo de las antiguas Facultades de Artes. Por lo que el Consejo de Castilla cambió los cursos de filosofía para dar paso a cursos de ciencias y matemáticas en 1778, si bien José Cadalso dijo que los profesores universitarios estudiaban a Newton, pero explicaban a Aristóteles. Lo que pudo no ser verdad, porque Juan Meléndez Valdés leía a Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Condillac y estuvo muy influido por John Locke; en 1778 fue nombrado catedrático de Humanidades, cátedra que adquirió en propiedad en 1781. Cadalso, Somoza, Gallardo, Quintana, etc., se educaron también en las nuevas ideas, y se constituyó un grupo de profesores sensualistas, como fueron Juan Justo García, Miguel Martel, Salas y Núñez.

    El cambio de mentalidad universitaria se apreció también en el Derecho natural y de gentes, con idea inicial de Mayans y Siscar, y la Historia del derecho natural y de gentes (1776) de Joaquín Marín y Mendoza.

    Fuera de la universidad, la reforma educativa fue realizada también en el Real Seminario Patriótico Vascongado, las Sociedades Económicas del País, Academias militares y de Bellas Artes, etc. El Instituto de Gijón, fundado por Jovellanos en 1794, suprimió la enseñanza religiosa, implantó una tarde de descanso dirigido, extendió la enseñanza primaria a todos los niños, dio importancia a la educación física y estimuló el comercio, la artesanía, la industria y la agricultura.





    JUAN PABLO OLAVIDE

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