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Thread: Los cuentos de mi querida tía María Cristina Méndez Fernández

  1. #1

    Default Los cuentos de mi querida tía María Cristina Méndez Fernández

    Los cuentos de mi querida tía María Cristina Méndez Fernández, hermana de mi madre, La Sra. Ana María Méndez Fernández (RIP Ambas) (*)


    El Cuento de Juan Soldado



    Juan soldado,
    llamado así por ser soldado, era simpático, ya que lo es casi siempre la persona que es generosa y caritativa, y Juan era así, pero tenía un gran defecto: ser terriblemente jugador: había veces que ganaba y poco le duraba su bienestar, pues pronto lo perdía o lo gastaba o lo regalaba; una vez en el juego ganó una casa; el que la perdió le dijo a Juan que no lo sentía mucho, porque en esa casa, espantaban Juan se rió a carcajadas , pues también tenía fama de ser muy valiente y de no tenerle miedo a nada, se dirigió a tomar posesión de la famosa casa, y cual no sería su sorpresa al entrar y ver que en la cocina, como si lo estuvieran esperando, había una enorme cazuela con mole de guajolote hirviendo y oliendo sabrosísimo. No había allí una sola persona, la casa era suya, y por tanto también el mole;

    Salió a comprar unas tortillas calientitas y se sentó feliz a comer: tomó de la cazuela una pierna del guajolote y ayudándose con la tortilla, se disponía a darle la primera mordida, haciéndosele agua la boca, cuando oyó una voz que así decía:


    “¡Caigo o no Caigo!”

    Disgustado,Juan contestó:

    “¡PUES CAE CON MIL DE A CABALLO!”

    Inmediatamente cayó del techo una pierna de un hombre muy alto, con su calcetín y su zapato:

    Cualquiera habría salido de la casa muy asustado, pero Juan no era un cualquiera, y le dio su mordida al mole y siguió tan contento como si nada.

    Volviose a oír la voz cavernosa que decía:

    “¡Caigo o no caigo!”

    Juan
    tan sólo le contestó:

    ¡Pues cae con dos mil en bicicleta!



    Y asi, sucesivamente fueron cayendo la otra pierna, el tronco, y la cabeza junto con los brazos de un gigante.

    Juan estaba admirado, pero no miedoso.

    De pronto, todos los miembros del gigante se juntaron y se levantó del suelo, como si tal cosa. Y con voz amable le dijo a Juan Soldado:

    ¿Eres verdaderamente valiente y mereces un premio! ¡En esta casa hay un tesoro escondido, Si lo encuentras será tuyo, como ya es tuya la casa!


    El hombre desapareció tan misteriosamente como había llegado. Y Juan se puso a buscar el tesoro.

    No le importaba tirar paredes, lo que deseaba era encontrar el tesoro, buscó por toda partes, Oyó al golpear con la pared que sonaba como si estuviera hueca, jaló un trapito que parecía salir de la pared y al momento se rompió.

    Empezaron a salir una gran cantidad de monedas de oro, plata cobre y níquel, anillos, pulseras, y joyas con perlas, brillantes, esmeraldas, relojes, todo lo que vale y que a todo mundo gusta. Jan Soldado en el colmo de la alegría empezó a darse buena vida; regalaba y jugaba, se divertía mucho, se llenaba de amigos que le ayudaban a tirar su dinero en gastos tontos; nunca pensó que su riqueza podría acabarse, pero se terminó y los amigos no volvieron nunca ya que no eran verdaderos amigos.

    Tan pobre que se quedó sin casa y sin dinero, solo tenia tres tortas: una de pollo, otra de jamón y otra de frijol. Se sentó en la calle y se dispuso a comer la torta de pollo; en eso se le acerco un ancianito muy pobre y pidió limosna.


    Ya iba a darle una mordida a la torta de pollo, cuando vio pasar a un hombre muy pobre y desarrapado, su ropa estaba hecha jirones, el cual le dijo:


    “JUAN, APIADATE DE MI, NO TENGO QUE LLEVARME A LA BOCA”

    Juan que era muy generoso, se desprendió de su torta de pollo.

    Empezó a quitarle la servilleta a su torta de jamón, cuandouna mujer muy bella, pero cubierta con andrajos , le suplicó;


    “Juan ten piedad de mi, no tengo que comer


    Juan se quedó sorprendido al ver la belleza de la pobre mujer, quien tenía unos hermosos ojos que transparentaban con claridad y pureza su alma:

    Sin dudarlo un segundo, entregó a la hambrienta mujer la torta de queso.


    Se disponía a comer la última torta de frijol que le quedaba, en cuanto la mujer había desaparecido de su vista ; pero en eso apareció un niño tan apuesto como pobre, cubierto por una vestimenta hecha jirones, que suplicándote le pidió a Juan Soldado:

    “Juan no he comido en varios días, ten piedad de mi”


    Al ver la carencia de dicho niño, le regaló su última torta.


    No bien había desaparecido el niño comiéndose dicha torta, cuando del cielo se escuchó una voz que alababa la generosidad de Juan:

    “Juan,
    a esas personas que tú has dado de comer, han sido ni más ni menos que San José, la Virgen María y el niño Jesús así que Juan, yo soy la Divina Providencia, tú eres un hombre caritativo. Pídeme tres gracias, pero piensa bien y te las concederé”.

    “¿En verdad?,
    contestó atónito Juan Soldado.

    ¡Claro! contestó la poderosa voz del cielo.

    ¡Bueno, pues mi primer deseo es que nadie me gane cuando juegue!”


    “¿Juan, porqué no mejor pides la salvación de tu alma? ¿Recuerda que tan sólo te quedan dos deseos!

    Pues como segundo deseo quiero que cuando yo diga “Ésto a mi mochila,” se guarde lo que sea en ella, y nadie me lo pueda quitar!”

    “¡Ay Juan , qué deseo más absurdo! Pero en fin , concedido!

    ¡recuerda que ya nada más te queda un solo deseo.!”

    “Pues que de la silla donde me siente, nadie me pueda parar!


    ¿Ay, Juan! ¿Ya lo pensaste bien? ¿Por qué no pides mejor otra cosa?

    “¿Eso es precisamente lo que más quiero!”

    ¡Concedido!
    le contestó la voz del cielo que era ni más ni menos que la mismísima Santísima Trinidad

    Juan empezo esta etapa, nuevamente jugándose todo: empezó a atesorar todas las ganancias que le producía ganarle siempre a todos sus amigos. Sin embargo, éstos al poco tiempo se aburrieron porque siempre perdían.

    Juan empezó a quedarse nuevamente solo como un hongo; ya nadie quería jugar con él. Todos se cansaban y lo abandonaban.

    Entonces simplemente se fue al mercaod, y al pasar por el puesto de frutas, simplemente dijo

    ”¡Las frutas, @ mi mochila!,” y todas salían volando hacia él.

    ¡”El pollo, @ mi mochila!”![/i] y el pollo volaba hasta él.

    Juan así resolvía sus problemas, hasta que llegó al muerte tilica y flaca y sin más, a Jaun Solado le dijo:

    “¡Ya vengo por ti, Juan.!”

    pero Juan que grita y dice:

    ¡La muerte @ mi mochila!!” Y zás, que la muerte se queda atrapada en su mochila.

    Al paso del tiempo y por un descuido de Juan soldado
    La muerte sale de la mochila y Juan muere.

    Al presentarse ante San Pedro que cuida las puertas del cielo, empieza a ser interrogado y sd le pregunta:

    ¿Cómo dices que te llamas?

    “Juan Soldado."
    responde.

    ¿Juan Soldado…… Juan Soldado…..? decía San Pedro, buscando su nombre en la lista de los que tenían derecho a entrar al cielo .

    En eso estaban cuando El Arcángel San Gabriel, que estaba junto a Dios, se levanta y se cerca de la puerta, que por cierto, estaba ya entreabierta:
    En un descuido de San Pedro, Juan Soldado se va a sentar al lado derecho de San Pedro

    Al darse cuenta de tal situación, el Arcángel San Gabriel se dirige a Dios diciéndole que ”le han quitado su lugar….”

    A lo que Dios responde:

    No puedo levantarlo de este lugar: Es un compromiso ya adquirido desde hace mucho tiempo.


    (*) Este cuento se lo cantaba a mi queridisima tia María Cristina, su abuelita materna, Doña Eduarda Anaya, casada con Don Serapión Fernández, que tenían esos nombres porque se acostumbraba ponerles el nombre del santo del día en que nacían.

    Por cierto que mi bisabuelita, le salvó la vida a Don Benito Juárez, pues según me contaba mi abuela Ana Fernández Anaya, lo escondió al benemérito debajo de sus naguas, ya que lo venían persiguiendo.

    Eso me recuerda El Tambor De Hojalata, de Gunter Grass

    Los cuentos de mi querida tía María Cristina Méndez Fernández (RIP)
    http://tinyurl.com/3p3sq28
    Last edited by Rafael Norma Méndez; 04-11-11 at 05:33 PM.

  2. #2
    "Videa bien, hermanito". Regísima's Avatar
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    May 2006
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    Qué bien que no está baneado, Don Rafa.


    Besos.
    "...Ni dioses ni oraciones, sin embargo, de vez en cuando escucho dentro de mí un susurro rezando...", Ivo Andric.

  3. #3

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    Quote Originally Posted by Regísima View Post
    Qué bien que no está baneado, Don Rafa.


    Besos.
    Gracias mi querida Regísima

    Te mando un afectuoso beso



  4. #4

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    El Tonto

    Había una vez una bondadosa señora viuda; tenía uan casita propia y un rancho. Hubiera podido vivir tranquila, pero no era posible porque su único hijo, al que quería con toda el alma, era muy tonto, y ella pensaba que cuando muriera, él sería desgraciadísimo y todos lo que lo trataran con él, podrían engañarlo fácilmente.

    Trató de convencerlo que se moviera solo, pues siempre estaba apegado a sus faldas, como si fuera un niñito. Con esa intención lo llevó a la Iglesia y le dijo:

    “El domingo vendrás sin mí a oír Misa,. Tú sólo debes hacer lo que veas que hacen los demás”

    La pobre señora no se fijó que junto a la iglesia había un restaurante.

    El domingo arregló a su hijo con su hermoso traje de charro, y su sombrero galoneado y su sarape de Saltillo.

    El muchacho era guapo, y la madre lo contempló satisfecha, diciéndole:

    “Entra por la puerta por donde veas que entran muchas personas”

    Como era domingo, mucha gente entró a misa, pero también muchos entraban al restaurante que estaba junto a la Iglesia.


    Ahí entró el muchacho y se sentó en una mesa, copiando lo que veía hacer: le ofrecieron un desayuno a la carta, y con el dedo señaló varios alimentos sin saber de qué se trataba:

    Le trajeron jugos, huevos, chocolate y café, mientras él pensaba:

    “¡Qué rico es la misa, no se porque mi mamá no me había mandado antes!”

    Comió feliz, de todo, y luego se levantó disponiéndose a salir, pero el mesero lo detuvo, diciendole que “tenía que pagar todo lo que se había comido”

    A lo que él respondió muy serio:

    “Mamá no me dijo que tenía que dar dinero,” y camino derecho a la puerta muy contento: rápidamente el mesero lo empujó quitándole el sarape y el costoso sombrero de charro.

    Llorando llegó el muchacho con su madre, y le contó lo que había pasado. La señora tuvo que ir ar al restaurante, pagó la cuenta, recuperó las prendas, y regañando al hijo, regresó con él a casa, no sin indicarle cual era la Iglesia.

    El domingo volvió a mandarlo, pero no lo vistió elegante: lo dejó ir con su camisa y calzón blanco. Antes volvió a recomendarle:


    “Haz lo que veas que hacen los otros”

    Al entrar al templo vio que las señoras se cubrían la cabeza con un velo; angustiado, se puso el calzón blanco en la cabeza, dejando desnudas sus piernas; menos mal que traía calzoncillos. Se metió entre la gente, que al ver sus piernas desnudas, lo golpeaban, diciéndole:

    “¡Majadero irrespetuoso: Así no se viene al templo!”

    Asustado oyó que el sacerdote decía:

    “Dominus Vobiscum “ que quiere decir El Señor Esté con Ustedes”, pues la misa se oficiaba en latín, y él creyó que era un insulto, llamándolo visco. Pero cuando escuchó "Orate Frates, ” entendió “Que traigan los mecates” y pensó que lo iban a amarrar. Desesperado salió brincando de la iglesia, no sin recibir insultos y pellizcos, que le propinaban los que estaban de rodillas a su paso.

    Llegó con su mamá, todo golpeado lloroso y asustado .

    La pobre señora pensó que lo mejor sería casarlo con una buena muchacha, que cuidara de él. Escribió a una hija que tenía una hija buena y bonita, y que eran sumamente pobres. Le dijo que ella tenía un hijo guapo, bueno y con bastante dinero. Para que vivieran bien si se casaban y pidió la mano de la muchacha para su hijo.

    La amiga que se sentía ya grande, vio el cielo abierto y los muchachos se casaron. Les arregló la señora la casita del rancho y los instaló allá deseándoles que fueran muy felices,

    La muchacha le dijo a su nuevo marido que le hacían falta algunos jarritos: él le prometió traérselos con mucho gusto. Fue al pueblo, saludó a su mamá y de regreso, montado en su caballo, compró los más bonitos jarritos, tantos como los que pudo poner en un mecate colgado de sus asas. Al cuello de su caballo. Al trote del caballo, los jarritos al golpearse uno con otro, se fueron rompiendo, sin que el pobre tonto se diera cuenta.

    Cuando llegó con su mujer, triunfante, quería obsequiarle los jarritos, pero no había uno solo completo. La esposa con cariño y paciencia le dijo:

    ”Los hubieras acomodado entre la paja y un huacal.”

    Tienes razón así lo haré la próxima vez”


    El domingo siguiente se disponía nuestro tonto a visitar a su madre, y le preguntó a su esposa si necesitaba que le trajera algo del pueblo. Ella le pidió agujas para coser. De regreso, él compró un huacal lleno de paja, y entre la paja colocó cuidadosamente, una por una de las agujas, puso el huacal sobre el caballo, y se fue al rancho, muy contento. Naturalmente cuando quiso entregar a su mujer las agujas, se habían perdido todas.

    La pobre muchacha le dijo:

    “Porqué no las clavaste en el ala de tu sombrero, así no se habrían perdido!


    El marido le respondió:

    “Así lo haré cuando vuelva a ofrecerse”

    Ella consiguió sus agujas y el domingo le pidió al marido que le trajera manteca.

    El pobre tonto puso la manteca bien copeteada sobre el sombrero y se colocó el sombrero sobre su cabeza, y montó su caballo. Durante el camino, el sol brillaba, hacía Alor, la manteca se derretía, y le escurría por la cara del pobre hombre. Él se limpiaba con su pañuelo, pero cuando llegó a bajar del caballo, su esposa, asustada por su aspecto, creía que estaba enfermo y lo ayudó a bajar del caballo. Naturalmente se disgustó mucho, al saber que al manteca derretida era la causa de que su marido se viera así. Entonces resolvió ser ella la que hiciera los mandados y que él se quedara en casa y así lo hicieron. El pobre hombre quería mucho a su mujer y para darle gusto, pensó en lavar muy bien la cocina, para darle una sorpresa. Había en la cocina un rincón donde la esposa tenía a una gallina empollando en un cajón. El marido empezó a echar cubetazos , para lavar muy bien el suelo,. La gallina se asustó y cacaraqueando, abandonó el nido y sus huevos. La cocina quedó muy limpia, pero la gallina no volvió al nido. Entonces nuestro tonto se sentó sobre los huevos para suplir a la gallina: cuando llegó su esposa, le pidió a él que le abriera la puerta, pero él le contestó “No puedo, porque estoy empollando.” Después de algunos ruegos, él se levantó y fue abrir contrariado, pues creía que los pollitos estaban saliendo del cascarón que él había roto al sentarse. Con todo el pantalón sucio, abrió la puerta y la pobre esposa comprendió lo que había pasado y ya no pudo más. Desde entonces, todo lo hacía ella y tendría mucha paciencia para su pobre tonto.
    Last edited by Rafael Norma Méndez; 05-11-11 at 06:55 AM.

  5. #5

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    Rin rin renacuajo
    El hijo de Rana,
    Salió esta mañana
    Muy tieso y muy majo
    Con pantalón corto,
    Corbata de moda,
    Sombrero encintado
    Y Chupa de boda

    “¡Muchacho no salgas!”
    le grita mamá,
    Pero él hace un gesto
    Y orondo se va

    Halló en el camino
    Un ratón vecino
    Y dijo: “Amigo,
    Venga Usted conmigo
    Visitemos juntos a Doña Ratona
    Y habrá francachela
    Y Habrá comilona

    A poco llegaron
    Y avanza ratón
    Da 2 o 3 golpes
    Suelta el aldabón
    De adentro preguntan
    “¿Quién es?”
    Yo, Doña Ratona,
    Beso a usted los pies
    ¿Está Usted en casa?

    Si señor, si estoy
    Y celebro mucho ver a ustedes hoy
    Estaba en mi oficio
    Hilando algodón
    Pero eso no importa,
    Bienvenidos son

    Se hicieron la venia
    Se dieron la mano
    y dice ratico
    Que es más veterano

    Mi amigo el de verde
    Rabia de calor
    Demele cerveza
    Hagame el faor

    Y en tanto que el tuno
    Empina la jarra
    Mandó la señora
    Traer la guitarra
    Y a renacuajito
    Le pide que cante
    Versitos alegres
    Tonada elegante
    ¡Ay de mil amores,
    lo hiciera señora,
    pero no es posible
    darle gusto ahora
    pues tengo el gaznate
    más seco que estopa
    y me aprieta mucho
    esta nueva ropa .

    Y estando en aquella
    Agradable función
    De baile, guitarra , cerveza y canción,
    La gata y sus gatos saltan el umbral
    Y se vuelve aquello
    El juicio final
    La señora gata
    Pesco por la oreja
    Al niño ratico
    Gritándole ¡Hola!
    Y a los niños gatos

    A la vieja rata ,
    tomó por la panza
    Otros por la cola
    Y viendo Rin Rin
    Aquel terrible asalto
    Cogió su sombrero
    Dio un tremendo salto
    Y abriendo la puerta
    Con boca y narices
    Se fue dando a todos
    noches muy felices
    Y brincó tan fuerte,
    Tan recio y tan alto ,
    Que cayó en el pico
    De un pato tragón

    Y éste se lo embucha
    De un solo estirón
    Los gatos comieron
    EL pato cenó
    Y mamá ranita
    Solita quedó.
    Last edited by Rafael Norma Méndez; 23-10-12 at 04:34 PM.

  6. #6

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    Rin rin renacuajo
    El hijo de Rana,
    Salió esta mañana
    Muy tieso y muy majo
    Con pantalón corto,
    Corbata a la moda,
    Sombrero encintado
    Y Chupa de boda

    “¡Muchacho no salgas!”
    le grita mamá,
    Pero él hace un gesto
    Y orondo se va

    Halló en el camino
    A un ratón vecino
    Y dijo: “Amigo,
    Venga Usted conmigo
    Visitemos juntos a Doña Ratona
    Y habrá francachela
    Y Habrá comilona

    A poco llegaron
    Y avanza ratón
    Estírase el cuello
    coje el aldabón
    da dos o tres golpes,
    preguntan:
    “¿Quién es?”
    Yo, Doña Ratona,
    Beso a usted los pies
    ¿Está Usted en casa?

    Si señor, si estoy,
    Y celebro mucho ver a ustedes hoy
    Estaba en mi oficio
    Hilando algodón
    Pero eso no importa,
    Bienvenidos son

    Se hicieron la venia
    Se dieron la mano
    y dice ratico,
    Que es más veterano

    Mi amigo el de verde
    Rabia de calor
    Démele cerveza
    Hágame el favor

    Y en tanto que el pillo
    consume la jarra
    Mandó la señora
    Traer la guitarra
    Y a renacuajo
    Le pide que cante
    Versitos alegres,
    Tonada elegante
    ¡Ay de mil amores,
    lo hiciera señora,
    pero no es posible
    darle gusto ahora
    que tengo el gaznate
    más seco que estopa
    y me aprieta mucho
    esta nueva ropa .
    lo siento infinito,
    responde tía rata
    aflójese un poco
    el chaleco y corbata,
    Yo mientras tanto
    Les voy a cantar
    Una cancioncita muy particular

    Más estando en esta brillante función
    De baile, y cerveza guitarra y canción,
    La gata y sus gatos salvan el umbral
    Vuélvese aquello el juicio final
    Doña gata vieja
    Trinchó por la oreja
    Al niño ratico maullándole:
    ¡Hola!
    Y los niños gatos
    A la vieja rata ,
    Uno por la para y otro por la cola
    Don RE¡enacuajito, mirando este asalto
    Tomó su sombrero,
    Dio un tremendo salto
    Y abriendo la puerta
    Con mano y narices
    Se fue dando a todos
    noches muy felices
    Y siguió saltando tan alto y aprisa
    Que perdió el sombrero, rasgó la camisa
    Se coló en la boca de un pato tragón
    Y éste se lo embucha de un solo estirón

    Y así concluyeron,
    Uno, dos y tres
    Ratón y ratona,
    Y el rana después
    Los gatos comieron
    Y el pato cenó
    ¡Y mamá ranita
    Solita quedó!

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