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Thread: Tu que prefieres el tiempo o ...

  1. #1
    rusellC127
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    Default Tu que prefieres el tiempo o ...

    la distancia que sera mejor..? y porqe..?

  2. #2
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    Que pedo, preguntas de examen.

    falto el como y el cuando.

  3. #3

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    Que se sentira ser tonto? Siempre he tenido la duda.

  4. #4

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    ¿que horas son?

  5. #5
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    hora de la telenovela.

  6. #6
    peacec117
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    eeres una x

  7. #7
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    mas bien "L"

  8. #8

  9. #9

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    Estamos bajo ataque...
    Es lamentable que Jesucristo no haya vivido más tiempo, pues quizá habría sido el primero en renegar de su doctrina y, quizá, hubiese aprendido también a reír y habría llorado menos...
    F. Nietzsche.

  10. #10
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    Quote Originally Posted by Pedro Navajas View Post
    Estamos bajo ataque...

    Asi es.

  11. #11

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    ...han de ser los culeros que le metieron virus al foro...

    Llamado a la polecía cibernética, jijos de su viruseada madre...

  12. #12
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    Quote Originally Posted by Mazdak View Post
    ...han de ser los culeros que le metieron virus al foro...

    Llamado a la polecía cibernética, jijos de su viruseada madre...
    El experto en estos temas es el ACNES

  13. #13

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    Y yo que me ando preocupando por mi fondo de ahorros y mi retiro y todas esas pendejadas que alguien de mi edad no debe ni pensar.

    He desperdiciado mi vida.

  14. #14
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    eeres una x

  15. #15

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    Quote Originally Posted by voringc108 View Post
    eeres una x
    Así te va a dejar Rodri cuando te deje panzón. Por eso, además de la vaselina, no olvides pedirle que use condón. Para que no seas una x.

  16. #16
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    voringc9408690582683654654654654654654654

    La moda dicta que seas una biatch.

  17. #17
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    Diwanmeelo en españool haber hbaer...

  18. #18
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    Quote Originally Posted by voringc108 View Post
    Diwanmeelo en españool haber hbaer...
    o en nahuatl.

  19. #19

  20. #20
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    Diwanmeelo en españool haber hbaer...
    Mensajes privados nel. Ni pierdas el tiempo.

  21. #21

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    Los seres humanos normalmente nos movemos en 2 dimensiones: tiempo y espacio1. Las cuales "percibimos" a través del sistema de medición creado por el mismo hombre, pero realmente la mayoría no las conceptualizamos, como dice Harvey: "Tiempo y espacio son dos categorías básicas de la existencia humana, pero rara vez se discuten" (HARVEY: 2000: p.2).

    Si realizáramos una encuesta donde se preguntará ¿qué es tiempo? ó ¿qué es espacio?, las respuestas serían muy diversas, desde el silencio, hasta una respuesta complicada intentando explicar algo que comúnmente no se cuestiona: simplemente se acepta. En cuanto a la segunda pregunta, tal vez habrá quien la quiera contestar diciendo que es lo que visitan los astronautas, o quien diga que es el hueco entre dos cosas.

    Estas mismas preguntas las ha venido realizando el hombre desde los inicios de la ciencia, aunque antes de conceptualizarlas se realizo un sistema para medirlos. Es así como desde la civilización Babilónica ya existen vestigios de la medida del tiempo a través de relojes de sol (FREVER: 1954: p 629), o los sistemas de medidas terrestres usados desde que las civilizaciones se convierten de nómadas a sedentarias.

    Así mismo, para su medida formal son dos conceptos vinculados entre sí, ya que ambos tiempo y espacio2, son medidos bajo el mismo sistema: el sexagesimal. El tiempo a través de 60 segundos que hacen un minuto, y 60 minutos que hacen una hora; mientas que la circunferencia terrestre 60 segundos hacen un minuto, 60 minutos hacen un grado, es decir que si colocamos lecturas de estas medidas tendremos:

    Tiempo 13 horas, 40 minutos, 20 segundos

    Latitud/Longitud 13 grados, 40 minutos, 20 segundos

    es decir que tiempo y espacio tienen una base métrica matemáticamente cercana, basada en el sistema de medida de la circunferencia.

    Este proceso de conceptualizar espacio y tiempo dio como resultado una separación de los mismos, simplificándolos para su posible comprensión, por lo que así analizaremos en principio los diferentes conceptos vertidos a través de la historia de la ciencia.

    El interés del presente trabajo se basa en rescatar el uso que la geografía le da al concepto de espacio, (concepto a partir del cual trabaja esta ciencia), y como a partir de este aparecen otros más específicos para el trabajo propio de la disciplina.

    ESPACIO Y TIEMPO.

    Una de las ciencias que más han aportado a este proceso es la física, donde destacan Newton, y Kant, entre otros, aunque no por ello las matemáticas y la filosofía son menos.

    Algunos pensadores dieron sus conceptos por separado, como Kant en el siglo XVIII, heredero de la Geometría Euclidiana, quien define al espacio "un orden de existencia de las cosas que se manifiesta en su simultianismo" (GARDNER: 1994: p. 229) mientras que el tiempo es "el orden sucesivo de lo que acontece". Lo que destaca de este autor es precisamente que todo esta definido través del "orden" de las cosas, es decir como algo regido y controlado de antemano, y que no se debe romper, es decir, que se concibe como una "cosa", ya que se puede ordenar y medir.

    Si analizamos los antecesores de Kant, encontraremos que su discurso es más bien corto y se relaciona en función de cómo se percibe pues Aristóteles consideraba el espacio absoluto, en función del orden total, mientras que Newton, después de descubrir la Ley de la Gravedad, llega a la conclusión de que el espacio no es absoluto. Sin embargo para ambos el tiempo si es absoluto.

    Mientras que para Berkley "el tiempo y el espacio son solo una ilusión", (HAWKING: 1992: p. 37) a diferencia de los anteriores donde tiempo y espacio son elementos separados e independientes. Esta visión se mantuvo hasta la mitad de siglo XX, ya que debemos recordar que la concepción filosófica y científica occidental esta basada en el pensamiento griego, con una gran aportación Newtoniana.

    Sin embargo Leibniz en el siglo XVII, ya cuestionaba esta posición absolutista de tiempo y espacio, ya que decía que si tuvieran esta categoría "no habría ninguna diferencia interna entre 2 mundos creados en diferentes lugares o tiempos" (KANT: 1993: p. 30), por lo que su visión de ambos era a favor de la relatividad, por lo que los consideraba "idealidades", ya afirmaba que "con independencia de las cosas, los lugares y los instantes no son nada. Por fuera del universo material no hay espacio, ni tiempo reales". (KANT: 1993: p. 30).

    Sin embargo, para el propio Kant, el espacio y el tiempo eran "dimensiones" utilizadas por el ser humano para comprender su realidad, su entorno, como algo donde el hombre refleja su transcurrir, y para el lo único absoluto era "Dios".

    El concepto tiempo siempre ha estado privilegiado por las ciencias sociales, mientras que el concepto espacio lo ha estado por las naturales, que en muchos casos solo lo han visto como continente, como el gran contenedor inamovible y ajeno a lo que ahí sucede, visión que actualmente no puede sustentarse, ya que hemos visto las consecuencias de una visión donde la naturaleza es inacabable e inalterable La situación actual de la misma ha demostrado que esa visión no es la más correcta.

    Desde el siglo XIX, ya se tenia una concepción de un tiempo dialéctico, es decir cambiante y vivo, principalmente por las miembros de la corriente de la Teoría Social (Marx, Smith y Webber, entre otros), pero quienes mantuvieron esa visión de un espacio "muerto", esto es, inmóvil.

    No es hasta que Einstein, desde la Física y Poincare, desde las matemáticas, cuestionan esta percepción que los conceptos son nuevamente definidos, a partir de la conformación de la Teoría de la Relatividad, donde no son absolutos, ni independientes, sino que generan una nueva visión el espacio / tiempo, pues se miden cada un en función de la relación entre los fenómenos (objetos) y sus movimientos, que ahí existan.

    ESPACIO / TIEMPO.

    Esta nueva manera de percibir espacio tiempo como una dualidad inseparable, con una posición de relatividad, dinámica y enfocada principalmente al estudio de procesos y relaciones que ahí se dan, es decir, que los fenómenos que se dan en un espacio determinado y en un "momento" determinado son irrepetibles y diferentes.

    Los fenómenos analizados bajo esta nueva categoría dual son resultado de un proceso a lo largo del tiempo, pero influenciado por las relaciones en un lugar determinado. Bajo esta perspectiva más que buscar Leyes generales, se buscan similitudes, igualdades, en cada uno de ellos, que permita llegar a generalidades.

    Dentro de esta conceptualización encontramos que el espacio deja de ser un continente para pasar a una de espacio "contingente", donde todo lo que suceda en el le afectará en mayor o en menor grado, por lo que las nuevas concepciones ambientalistas3 caben perfectamente, al ser visto como algo dialéctico, "vivo", que se transforma y su situación actual es resultado de procesos verificados en él.

    En esta tendencia dual y relativa, debemos toman en cuenta otra rama de estudio ¿cuándo nace tiempo y espacio?, ¿es un argumento construido por el hombre a partir del propio hombre?, o como afirman algunos pensadores como Harvey4, ¿aparece junto con la materia al inicio del proceso del Big Bang?

    Son preguntas cuyas respuestas nos llevarán a seguir desarrollando el pensamiento y el saber humano, como ha sido siempre en las ciencias, las dudas, los cuestionamientos, son los que la hacen avanzar al buscar las respuestas, proceso que no acaba al encontrar una de ellas, pues ésta a su vez puede ser cuestionada.

    Debemos destacar que las ciencias sociales deben rescatar estos cuestionamientos ya que como dice Harvey "las concepciones objetivas de tiempo y espacio son creadas necesariamente pensando materialmente los proceso y las prácticas que sirven para reproducir la vida social y por la variación que eso tenga geográfica e históricamente" (HARVEY: p. 4).

    Así la geografía y la historia son las que mayor responsabilidad tienen, pero también las mayormente impactadas por las aportaciones ha esto dos conceptos, por lo que esta "Dualidad" proporciona una de las más fuertes líneas de relación entre ambas ciencias, pues un fenómeno geográfico es resultado de un proceso histórico, y un suceso histórico tiene como escenario un espacio (lugar) determinado.

    CONCLUSIONES

    Aquí las ciencias sociales, entre las que se encuentra la Geografía, son las que más reciben beneficios, ya que desde siempre los problemas de su área de estudio deben ser abordados bajo esta perspectiva, pues un fenómeno de estas características es resultado de todo un proceso.

    Un "suceso", (a partir de lo cual comúnmente se inicia un proceso de investigación), tiene siempre diversas causas, que se han desarrollado a lo largo del tiempo y en un espacio específico, lo que le da características muy particulares, que tienen que ver con la "herencia" que ha recibido ese grupo social (valores, cultura, tradición y costumbres, entre otras), así como la información externa que recibe otros grupos que con el interactúa en ese momento.

    Ningún proceso es aislado, en mayor o menor medida, siempre esta vinculado al resto de nuestra "realidad", es decir del resto de cosas que suceden en el mundo en general, y en esa sociedad específicamente.

    Bajo esta perspectiva la Geografía y la Historia son las ciencias que por su área de conocimiento, espacio y tiempo respectivamente, deberán realizar mayores aportaciones, metodológicas y conceptuales, al resto de las ciencias sin perder de vista el propio vinculo entre ellas, pues como se menciono al inicio de este trabajo, de todos es aceptado que el ser humano se mueve en dos dimensiones "espacio y tiempo", dentro de los cuales deja una huella a su paso transformado la naturaleza, a través de su vida.

  22. #22

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    El tiempo destruye todo cuanto crea, y el fin de toda secuencia temporal es, para la entidad implicada en ella, la muerte en una u otra forma. La muerte es enteramente trascendida sólo cuando es trascendido el tiempo; la inmortalidad está reservada a la conciencia que ha atravesado lo temporal y se halla en lo intemporal. Para todas las demás conciencias existe en el mejor de los casos una supervivencia o un renacer, y tanto la una como lo otro entrañan ulteriores secuencias temporales, así como la recurrencia periódica de otras muertes, otras disoluciones. En todas las filosofías y religiones tradicionales del mundo, el tiempo es considerado como el enemigo y el autor del engaño, como la prisión y la cámara de torturas. Sólo en calidad de instrumento, de medio para la consecución de un fin distinto, posee un valor positivo; no en vano proporciona el tiempo al alma encarnada las oportunidades para trascender el tiempo; cada instante de cada secuencia temporal es potencialmente la puerta a través de la cual podemos, si lo deseamos, pasar a la eternidad. Todos los bienes temporales son medios para la consecución de un fin situado más allá de sí mismos; no han de ser tratados como fines por derecho propio.

    Los bienes materiales habrán de ser tenidos en gran estima por ser meramente soportes del cuerpo que, en nuestra actual existencia, es necesario para la consecución de la finalidad del hombre; ahora bien, su más alto y definitivo valor consiste en que son medios para alcanzar ese desprendimiento del propio yo que es condición previa a la consecución de lo eterno. Los bienes del intelecto son verdades, y éstas, en un último análisis, son valiosas en tanto en cuanto suprimen las ilusiones y los prejuicios que eclipsan a Dios. Los bienes estéticos son preciados por ser simbólicos y análogos del saber unitivo de la Realidad intemporal. Considerar cualquiera de estos bienes temporales como algo autosuficiente, como un fin en sí mismo, es incurrir en idolatría. Y la idolatría, que es fundamentalmente algo contrario a la realidad e inapropiado a la realidad misma del universo, da por resultado, en el mejor de los casos, la estulticia de quien la practica, en el peor de los supuestos puede desembocar en el desastre.

    El movimiento en el tiempo es irreversible en una dirección. "Vivimos hacia delante", como decía Kierkegaard, "pero sólo entendemos las cosas hacia atrás". Por si fuera poco, el flujo de la duración es indefinido e inconcluso, un lapso perpetuo que no posee en sí mismo un patrón fijo al cual acomodarse, una posibilidad de equilibrio o de simetría. Así, los días alternan con las noches, las estaciones vuelven con regularidad, las plantas y los animales tienen sus propios ciclos vitales y son sucedidos por sus descendientes, iguales a ellos. Pero todos estos patrones, todas estas simetrías y recurrencias, son características no del tiempo como es en sí, sino del espacio y de la materia tal y como se relacionan con el tiempo en nuestra conciencia.

    Los días y las noches y las estaciones existen porque ciertos cuerpos celestes se mueven de una forma determinada. Si a la tierra le llevara no un año, sino un siglo recorrer su órbita completa en torno al sol, nuestra percepción de la intrínseca carencia de forma que es propia del tiempo, de su irrevocable avance en un solo sentido hacia la muerte de todas las entidades en él implicadas, sería mucho más aguda de lo que es en realidad. La mayor parte de nosotros, en esas hipotéticas circunstancias, no llegaría a vivir para ver el ciclo de las cuatro estaciones, para vivir un año tan largo, y no tendría, por tanto, experiencia de esa recurrencia y esa renovación de las variaciones cósmicas sobre los temas conocidos que, con la actual configuración astronómica, disimulan la naturaleza esencial del tiempo al dotarlo, al menos en apariencia, de ciertas cualidades propias del espacio. Ahora bien, el espacio es un símbolo de la eternidad, ya que en el espacio existe la libertad, la reversibilidad del movimiento, y nada hay en la naturaleza del espacio, como sí la hay en la del tiempo, que condene a los que en él están implicados a la muerte inevitable, a la disolución.

    Aún es más, cuando el espacio contiene los cuerpos materiales, la posibilidad del orden, el equilibrio, la simetría y un patrón determinado surgen de inmediato se trata de la posibilidad, dicho en una palabra, de esa Belleza que junto con la Bondad y la Verdad tiene lugar en la trinidad de la divinidad manifiesta. En este contexto hay que hacer mención de un asunto altamente significativo. En todas las artes cuya materia prima es de naturaleza estrictamente temporal, el objetivo primordial del artista estriba en espacializar el tiempo. El poeta, el dramaturgo, el novelista, el músico, toman un fragmento de un perpetuo perecer, en el cual estamos condenados a emprender nuestro viaje de sentido único hacia la muerte, e intentan dotarlo de algunas de las cualidades del espacio, es decir, la simetría, el equilibrio, el orden (las características generadoras de Belleza que son propias de un espacio que contiene cuerpos), junto con la multidimensionalidad y la calidad de permitir el movimiento en todas direcciones.

    Esta espacialización del tiempo se logra en la poesía y en la música mediante el empleo de rimas y ritmos y cadencias recurrentes, mediante la constricción del material dentro de formas convencionales, como son las del soneto o la sonata, y mediante la imposición, sobre el fragmento elegido, de un comienzo, un medio y un final. Lo que de denomina construcción en el drama y en la narración está al servicio de ese mismo propósito espacializador. El objetivo en todos los casos consiste en dar forma a lo que esencialmente carece de ella, imponer orden y simetría sobre lo que es en realidad puro fluir indefinido hacia la muerte. El hecho de que todas las artes que se ocupan de las secuencias temporales hayan intentado siempre espacializar el tiempo indica muy a las claras la naturaleza de la reacción natural y espontánea del hombre frente al tiempo, y arroja luz sobre el significado del espacio en tanto símbolo de ese estado intemporal, hacia el cual, por medio de todos los impedimentos de la ignorancia, aspira consciente o inconscientemente el espíritu del hombre.

    Ciertos filósofos occidentales de las últimas generaciones han realizado un intento consistente en dar una posición más crucial al tiempo, extrayéndolo del contexto que le habían asignado las religiones tradicionales y los sentimientos más comunes de la humanidad. De esta manera, bajo la influencia de las teorías evolutivas, el tiempo es considerado creador de los más elevados valores, de modo que hasta Dios mismo es emergente, producto del flujo unidireccional del perpetuo perecer, y no (como en las religiones tradicioneles) mero testigo intemporal del tiempo, que lo trasciende y que, debido a esa trascendencia, es capaz de ser inmanente al tiempo.

    Estrechamente aliada a la teoría de la emergencia está la idea bergsoniana de que la "duración" es la realidad primaria y definitiva, y de que la "fuerza vital" tiene existencia única y exclusivamente dentro de ese flujo. En otro orden de ideas hay que contar con las filosofías de la Historia, hegelianas y marxistas, en las que la Historia se escribe siempre con mayúscula y se hipostasía como providencia temporal que trabaja a favor de la plasmación del reino del cielo en la tierra -reino del cielo en la tierra que, según Hegel, sería una versión glorificada del estado prusiano y que, según Marx, que no en vano fue desterrado por las autoridades de dicho estado, sería la dictadura del proletariado, "inevitable" en razón del proceso de la dialéctica y conducente en suma a una sociedad sin clases-. Estas visiones de la historia dan por sentado el hecho de que lo divino, la Historia, el proceso cósmico, el Geist o la entidad que utilice el tiempo para cumplir sus propósitos, llámese como se llame, se ocupa de la humanidad en masa, y no del hombre y de la mujer en tanto individuos; tampoco se ocupa de la humanidad en un momento determinado, sino de la humanidad en tanto sucesión constante de generaciones. Ahora bien, no parece haber absolutamente ninguna razón que nos lleve a suponer la existencia de un alma colectiva de las sucesivas generaciones, capaz de experimentar, comprender y obrar en consecuencia de los impulsos transmitidos por el Geist, la Historia, la fuerza vital y todo lo demás. Muy al contrario, todas las pruebas apuntan al hecho de que es el alma individual, encarnada en un momento concreto del tiempo, la que por sí sola puede establecer contacto con lo divino, por no mencionar al resto de las almas.

    La creencia (que se basa en hechos obvios, evidentes por sí mismos) de que la Humanidad está representada en cualquier momento dado por las personas que componen la masa, y de que todos los valores de la Humanidad residen en esas personas, es tenida por algo absurdamente carente de profundidad por todos estos filósofos de la historia. Sin embargo, el árbol es conocido por sus frutos. Quienes creen en la primacía de las personas y quienes piensan que la Finalidad de todas las personas es trascender el tiempo y alcanzar aquello que es eterno e intemporal, son siempre, como es el caso de los hindúes, los budistas, los taoístas, los cristianos primitivos, abogados de la no violencia, la gentileza, la paz y la tolerancia. Quienes, al contrario, prefieren ser "profundos" a la manera de Hegel y Marx, quienes piensan que la Historia se ocupa de la Humanidad en la Masa y de la Humanidad en tanto sucesión de generaciones, y no del hombre y de la mujer de aquí y de ahora, son indiferentes a la vida humana y a los valores personales, adoran a los Molochs que denominan Estado y Sociedad y están confiadamente preparados para sacrificar a las sucesivas generaciones de personas reales, de carne y hueso, cada una con su propio rostro, en aras de la felicidad enteramente hipotética que, sobre ninguna base discernible, piensan que será el destino de la Humanidad en un futuro distante.

    La política de aquellos que consideran la eternidad como realidad definitiva se concentra en el presente, en los modos y maneras de organizar el mundo presente de forma tal que imponga la mínima cantidad de obstáculos que sea posible en el camino de la liberación individual del yugo del tiempo y de la ignorancia; quienes, por el contrario, consideran el tiempo como la realidad definitiva, se preocupan sobre todo del futuro, y consideran el mundo presente y sus habitantes como mero desecho, como carne de cañón, esclavos potenciales a los que cabe explotar en cualquier momento, así como aterrorizar, liquidar o hacer volar en pedazos, con objeto de que esas personas que tal vez nunca lleguen a nacer, en un futuro del cual nada se puede saber con el más mínimo grado de certeza, puedan disponer de esa vida maravillosa que los revolucionarios de hoy en día, y los que hacen la guerra, piensan que les corresponde por la fuerza. Si la locura no rayase en la criminalidad, uno se sentiría tentado de echarse a reír.

  23. #23

    Default

    El espacio-tiempo, aun siendo un tema científico que, como tal, no debe ser tratado filosófica, metafísica o teológicamente, ha tenido siempre una importante proyección sobre la filosofía y la idea de Dios. Recordemos el “sensorium Divinitatis” de Newton, pero también cómo el mismo Leibniz entendió el espacio-tiempo de la ciencia como un sistema de relaciones entre las mónadas, “La mónada suprema”, Dios, era fundamento de la coordinación del orden material y del orden espiritual, según una armonía preestablecida universal.

    Ambos autores, cada uno a su manera, concibieron que la ontología de Dios era el fundamento de la ontología del espacio-tiempo material. La reflexión actual, puramente científica, sobre el espacio-tiempo, sigue girando en torno a problemas filosóficos ya planteados por Newton y Leibniz.

    Como sucedió con estos grandes filósofos y teólogos, los grandes problemas y enigmas del espacio-tiempo siguen todavía proyectándose sobre el pensamiento teísta, ya que el espacio-tiempo creado debería surgir de la misma ontología divina como fondo transcendente.

    Newton y Leibniz, dos referencias clásicas

    Las teorías sobre la estructura del espacio-tiempo han sido objeto de muchas discusiones entre los físicos y los filósofos a lo largo de la historia, y de ninguna manera podemos decir que se haya llegado a una solución definitiva. En los últimos siglos las posturas se han polarizado en dos teorías. Por una parte el substantivismo, que considera al espacio-tiempo como una entidad independiente de las cosas materiales, prescindiendo de que existan o no, y por otra parte, el relacionalismo, que reduce la naturaleza del espacio-tiempo al conjunto de relaciones entre los corpúsculos o partículas elementales de las que está compuesta la materia y que, por consiguiente, no puede existir sin estos corpúsculos materiales.

    El defensor más acérrimo de la teoría relacional fue Leibniz, en contra de Newton, que propugnaba el substantivismo. Según Leibniz, el espacio no era más que el conjunto de relaciones entre los puntos (mónadas) materiales que existen simultáneamente, mientras que el tiempo no era más que el conjunto de relaciones entre puntos que no existen simultáneamente y uno es el origen (la causa) del otro.

    Para Newton, en cambio, el espacio es un gran contenedor donde se mueven los cuerpos materiales, y el tiempo es un flujo universal que se mueve en una dirección independientemente de que hubiese objetos externos. Aunque los dos filósofos eran coetáneos, Leibniz se enfrentó por correspondencia con un discípulo de Newton llamado Samuel Clarke.

    Las discusiones entre los substantivistas y los relacionalistas se han continuado hasta nuestros días, en que nuevos problemas han aumentado el debate, como el descubrimiento por Gödel de unas soluciones de las ecuaciones de Einstein que implican un tiempo cíclico, o la propuesta de Putnam y Rietdijk, que defiende un mundo de cuatro dimensiones estático, en vez de apoyar la teoría de que el Universo es una sucesión dinámica de mundos tridimensionales.

    Las recientes discusiones han ayudado a reflexionar a un grupo de filósofos y físicos, que se han decidido a crear una plataforma internacional para estudiar los temas del espacio-tiempo, y así nació la Spacetime Society, dirigida por el Profesor Veselin Petkov de la Universidad Concordia de Montreal.

    Esta Sociedad ha organizado ya dos Congresos, el primero del 11 al 14 de mayo de 2004, cuyas Actas han sido editadas (The Ontology of Spacetime, D. Dieks ed., Elsevier 2006). Esta Sociedad, que nació con el apoyo de los mejores especialistas, se ha comprometido a organizar cada dos años una conferencia sobre la “ontología del espacio-tiempo”.


    Del 8 al 11 de junio de 2006 se desarrolló el segundo Congreso Montreal, con asistencia de más de 40 participantes. Los temas presentados tuvieron una orientación filosófica, aunque estaban presentes los fundamentos teóricos de la física moderna. En la presentación de los temas hemos agrupado las ponencias en dos bloques: uno de carácter más ontológico, y otro de carácter más epistemológico.

    El primer bloque abarca planteamientos sobre el tensor métrico como campo gravitatorio; el segundo se refiere a los análisis filosóficos sobre el concepto de tiempo y su definición como tiempo físico y tiempo psicológico.

    El tercero se amplía a la mecánica cuántica, como posible fundamento de la estructura del espacio-tiempo y su fusión con la teoría general de la relatividad. El último bloque discute la posibilidad de unos multiversos que faciliten el colapso de la función de onda.

    Respecto del primer tema (el tensor métrico como campo gravitatorio), A. Wayne arguye que no acepta que los campos son propiedades de substancias, y que en su lugar hay que hablar de fibrados topológicos que no necesitan de substancias subyacentes, y que solamente tienen en cuenta las relaciones con otros campos.

    En sentido contrario defiende C. Smeenk que el tensor métrico es un género de substancia que transporta energía y momento como todas las partículas materiales. En la misma dirección defiende D. Lehmkuhl la interpretación clásica: la relatividad general se puede resumir en la geometrización de la gravedad, pero también se puede explicar como la conversión de la geometría en el campo gravitatorio.

    Por último se pregunta V. Lam si el campo métrico describe completamente el espacio-tiempo, descartando los puntos espacio-temporales, como algo superfluo y sin realidad substancial.

    El tema del tiempo fue tratado por varios autores, que intentaron armonizar las propiedades del tiempo con la teoría de la relatividad. E.Eslava se pregunta: ¿Tiene el tiempo un origen? ¿Desde cuando el tiempo fluye? ¿Cómo se mide el paso del tiempo? ¿Existe una dirección del tiempo?¿Existe una dirección de las cosas en el tiempo?¿Existe una organización de las cosas que permite distinguir el pasado, el presente y el futuro?

    A estas preguntas trata de responder H. Price con la explicación termodinámica y cosmológica de la flecha del tiempo, que no acepta E. Eslava por ser de carácter estrictamente empírico.

    D. Fayne defiende que el tiempo es una abstracción. La distribución de materia y energía define la geometría del Universo, y esta a su vez determina el campo gravitatorio. Esta concepción del espacio-tiempo confirma la idea de que el tiempo es un concepto derivado, al cual se le aplican los métodos modernos de observación y experimentación.

    También P.Forrest critica el flujo uniforme del tiempo, ya que esta uniformidad supone necesidad, lo cual implica una rotura del principio de covariancia, según el cual todos los sistemas de coordenadas son equivalentes.

    Para Einstein, el pasado, presente y futuro se pueden comparar entre sí aplicando la teoría de la relatividad restringida, pero este determinismo impuesto por el mismo Einstein se pierde en la visión indeterminista de la mecánica cuántica, de modo que el futuro tiene una dimensión de apertura diferente de la visión del pasado.

    Varias ponencias se centraron en las conexiones entre la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad. Para di Salle, la teoría de la relatividad debe ser un modelo para la mecánica cuántica por su claridad de conceptos y precisión de las medidas; pero ha fracasado por la influencia de la filosofía neopositivista en la formulación de conceptos, que rechaza todas las manifestaciones metafísicas de los mismos. Sin embargo, arguye di Salle, una auténtica ontología del espacio-tiempo nos ayudará a comprender su estructura como un objeto real en sí mismo y su relación con otros objetos de la física.

    Otra comunicación del Congreso, la de J. Ferret, presenta una visión ontológica de los sucesos que describe la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. En particular, la relatividad revela que el espacio y el tiempo son objetos reales, y por otro lado la mecánica cuántica exige una ontología de sistemas dinámicos con respecto a los campos cuánticos.

    Por su parte el autor de estas líneas presentó las teorías recientes sobre la unificación de la mecánica cuántica y la estructura del espacio-tiempo que, partiendo de la teoría relacional de Leibniz llevan a unos principios comunes a ambas teorías.

    Una aproximación a la gravedad cuántica acepta estos principios, con los que obtiene la función de partición sobre un retículo definido en una variedad riemanniana, cuyo límite continuo da lugar a la acción de Hilbert-Einstein.

    El modelo, llamado spin network, supone que el espacio curvo está descompuesto en triángulos muy pequeños, a los cuales se le superponen unas funciones de probabilidad, como propugna la mecánica cuántica.

    A partir de estas funciones de probabilidad se construye la función suma o función de partición que se extiende a todas las configuraciones posibles de los retículos triangulares, de una manera análoga a como lo hace la mecánica estadística.

    A partir de esta función suma se obtiene por paso al límite continuo la acción llamada de Hilbert-Einstein, punto de partida en la formulación canónica de la Relatividad general, ya que a partir de ella se deducen las ecuaciones de Einstein.

    También A. Saint-ours se pone de parte del relacionalismo para abordar la unificación de la mecánica cuántica y la relatividad, y acude a dos filósofos franceses para reforzar su postura, Bachelard y Simondon.

    Para estos filósofos los objetos físicos pierden su categoría de substancia y se presentan como relaciones entre campos. Esta interpretación filosófica se aplica especialmente a la naturaleza del espacio-tiempo, que ha influído en los defensores de la gravedad cuántica en su aproximación “bucle” o loop quantum gravity.

    Este modelo parte de unas variables propuestas por Ashtekar a partir de las magnitudes geométricas del espacio-tiempo, que están sometidas a ciertas condiciones de contorno.

    A partir de estas variables se construyen las funciones de estado del sistema como una integral definida sobre una trayectoria cerrada (loop) que forman la base donde actúan los operadores observables.

    Varios ponentes desarrollaron un aspecto al parecer nuevo: el indeterminismo en la teoría de la relatividad general que ellos denominaron la vía heracliteana, en contraposición a la línea parmenideana del determinismo clásico.

    Para J. Christian, la teoría de la relatividad general rechaza cualquier forma de un sistema de referencia preferente y, sin embargo, a lo largo de las líneas del universo capta el “acontecer temporal” como un genuino atributo estructural del Universo, que implica un determinismo independiente de cualquier factor cuántico.

    McCall da una nueva interpretación de la probabilidad referida al conjunto de soluciones posibles de un sistema sometido a condiciones especiales. La “probabilidad de valores” será igual al cociente entre el número de soluciones posibles en los que aparece una cierta magnitud por el número total de soluciones posibles (o espacios de ramificacion).

    Sin embargo, Earman refuta esta postura utilizando teoremas “no go” para los espacios individuales de ramificación, que son excluídos por razones topológicas.

    Viniendo a los aspectos epistemológicos de las teorías sobre la relatividad general y la estructura del espacio-tiempo, vamos a destacar los tres temas siguientes: el principio de equivalencia (o independencia de fondo), el problema de la medida y la explicación como clave para entender nuevos planteamientos.

    El primer tema es fundamental para la teoría general de la Relatividad, y fue propuesto por Einstein en su afán por encontrar las simetrías e invariancias de las leyes de la física no sólo de los sistemas inerciales (que se mueven entre si con movimiento rectilineo y uniforme) sino también de los sistemas no inerciales (que se mueven entre sí con movimiento arbitrario).

    Como consecuencia de esta invariancia se deduce que lo importante en la descripción de los fenómeno son los movimientos de los cuerpos y las fuerzas que los producen y por consiguiente toda la evolución del sistema es independiente del sistema de referencia que se escoja (independencia de fondo).

    Dieks criticó el principio de equivalencia, que generaliza el principio de relatividad restringida, diciendo que es imposible que el principio de equivalencia se cumpla en toda su generalidad. Para Lusanna y Pari existen sistemas no inerciales donde aparecen efectos gravitacionales intrínsecos, que son invariantes bajo las transformaciones de equivalencia de estos sistemas, llamados también transformación de equivalencia de Leibniz.

    Rickeles también admite el principio de independencia de fondo con la condición de que se introduzca un elemento estructuralista en la interpretación de los observables. Esta visión de Rickles coincide con la de Einstein, que exigía que los observables a los que se aplicaba el principio de equivalencia se redujesen a coicidencias espacio-temporales.

    En las mismas ideas abunda O. Pooley, que propone tres condiciones para reducir el ámbito del principio de equivalencia: i) Los sistemas de referencia privilegiados y los estados absolutos asociados de la teoría previa a la relatividad general están localizados en sistemas de referencia inerciales y acelerados con respecto a estos. ii) La covarianza general no puede tener un significado físico, porque toda teoría puede ser representada de una forma covariante. iii) La relatividad general no posee objetos absolutos y tampoco campos no dinámicos, como se da en la teoría prerelativista.

    Simultaneidad no convencional y medida de la velocidad de la luz

    Existe un círculo vicioso: para determinar que dos sucesos son simultáneos necesitamos medir la velocidad de la luz en una dirección, y si queremos conocer ésta, necesitamos saber que los dos sucesos son simultáneos. Para romper este círculo, Rynasiewicz ha ideado espacios que son esencialmente cerrados de modo que son posibles caminos de ida y vuelta, y por consiguiente es posible medir la velocidad de la luz en una dirección.

    V. Petkov acepta también el riesgo del convencionalismo de la simultaneidad que se puede dar en un mundo de cuatro dimensiones. En un mundo de tres dimensiones, el convencionalismo de la simultaneidad no se puede dar porque si se diese entonces implicaría que lo que existe es totalmente convencional

    Como final de esta presentación de ponencias de carácter epistemológico, queremos aludir al tema de la unificación de varias teorías. Muntean recuerda el modelo de Kaluza-Klein para unificar la teoría de la relatividad general y el electromagnetismo añadiendo una dimension más al sistema de referencia espacio-tiempo.

    Este modelo es precursor de la teoría de supercuerdas, que intenta unificar todas las fuerzas conocidas con la ampliación del número de dimensiones a diez. Sin embargo, a pesar del éxito de ambos modelos, Muntean reconoce que no está claro qué resortes o mecanismos racionales hay que emplear en cada caso para conseguir la unificación de las teorías, y que esta unificación debe dejarse a la imaginación y a la buena suerte del científico.

    La ciencia tiene su metodología y sus objetivos de conocimiento propios. Los problemas metafísicos y teológicos están más allá de la ciencia. Sin embargo, el creyente, y el creyente cristiano, ha considerado siempre que la ontología divina es el presupuesto de la creación del universo y del espacio-tiempo.

    Newton y Leibniz trataron de hacer conciliable su visión científica del espacio-tiempo con una ontología de la Divinidad creadora que para ellos era evidente por su tradición cristiana.

    El pensamiento teísta, antiguo y moderno, siempre ha tendido a conectar el enigmático espacio-tiempo con la enigmática ontología transcendente de la Divinidad. Pero estas especulaciones pertenecen a la reflexión filosófica o teológica; no a la ciencia.

  24. #24

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    Y por ultimo, puedo terminar diciendo:

    A quien no es matemático lo sobrecoge un misterioso escalofrío cuando oye hablar de objetos "cuatridimensionales" como si se tratara de conceptos ocultos. Y, sin embargo hay afirmación más trivial que decir que nuestro mundo es un espacio-tiempo-continuo-cuatridimensional.

  25. #25
    ¿Me comprendez Méndez? Kontrol's Avatar
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    ya dejen entrar al FL al Argoniq jajaj
    *Si me insultas no hay pedo, con la nueva reforma del Consejo te absuelvo de antemano.

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