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Thread: MEMORIA HISTORICA

  1. #1

    Default MEMORIA HISTORICA

    Cinco muertes olvidadas




    La trágica pesca de Franco en la Concha

    La propaganda franquista ensalzó el Azor, el yate de Franco, como escenario de grandes capturas pesqueras del dictador. La historia oficial no recoge que también segó la vida de cinco donostiarras en la Concha. Los hijos de uno de ellos han ayudado a reconstruir uno de los dramas olvidados del franquismo.



    El pasado 13 de setiembre, cuando se cumplían 72 años desde que las tropas franquistas se adentraron por las calles de Donostia tras dejar un reguero de sangre por las cunetas de Nafarroa, los jardines de Alderdi Eder acogieron el primer gran acto público en homenaje a las víctimas del franquismo en la capital guipuzcoana. Entre una extensa e inacabada lista de fusilados, por boca del historiador Iñaki Egaña saltaban cinco nombres que, al igual que los cerca de 380 fusilados identificados hasta la fecha, permanecían ocultos a la memoria histórica de la ciudad y de Euskal Herria.

    José de Miguel, guardia municipal de 39 años; Benito Amiano, de 38 años; María Andrea Dolores, de 26; Manuela Rozado, de 20; y el niño José Ramón Rubial, de 9 años. Cinco nombres y cinco vidas que el infortunio quiso que se acabaran en la Bahía de la Concha. Pocos serán, seguramente casi nadie, los que en la capital en la que veraneaba el dictador Franco -emulando la tradición instaurada por los Borbones desde finales del siglo XIX- recuerden lo que sucedió aquel 19 de agosto de 1957. Y menos todavía los que conozcan qué ocurrió realmente en aquel aciago anochecer.

    Mientras centenares de donostiarras rebeldes permanecían encarcelados en la prisión de Ondarreta, como era costumbre cada vez que el general fascista visitaba la ciudad, Franco copaba titulares en los medios bajo su control. Pocos días antes del suceso, el 7 de agosto, los diarios del Movimiento mostraban a un orgulloso Franco junto a un atún que, según especulaban, pesaba más de mil kilos. En la instantánea, «el Caudillo» muestra al ejemplar colgado de un mástil de su yate Azor, en medio de la bahía donostiarra.

    «Los peces se habían dado un festín...»

    No habían transcurrido ni dos semanas cuando, el 19 de agosto, el Azor fue protagonista de otra cacería muy diferente, cobrándose vidas humanas. Una de las motoras que todavía realizan el trayecto entre el puerto donostiarra y la isla Santa Clara fue embestida y hundida en cuestión de minutos por la nave del dictador. Cinco personas fallecieron ahogadas y, casi al mismo tiempo, iban a quedar sepultados sus nombres, su memoria y la verdad de lo ocurrido.

    No hay más que ver los rotativos de la época para comprender que todos dieron cuenta del «accidente» con un mismo texto, con análogo título y un espacio reducido en páginas interiores, pese a la gravedad objetiva del caso. «Accidente marítimo en la bahía de la Concha», informaban «La Voz de España» y «El Diario Vasco». Ambos insistían en que Franco no se encontraba a bordo del yate en el momento de la embestida e incidían en que «inmediatamente, el comandante y toda la tripulación del yate, con gran decisión, se lanzaron al agua y en menos de diez minutos consiguieron poner a salvo a los numerosos pasajeros de la lancha». Todo un acto «heróico» que, gracias a la eficacia de la maquinaria del régimen, quedó inscrito en todas las crónicas tal y como querían los franquistas.

    La prensa añadía que incluso los ministros españoles de la Marina y del Ejército acudieron al fulminante sepelio que se ofició en el Buen Pastor. Lógicamente, a cualquiera le «chirría» la versión oficial. Más todavía después de conocer el relato que un nieto de Benito Amiano transmitió al historiador donostiarra Iñaki Egaña. Con objeto de aclarar y añadir nuevos datos al desconocido suceso, le reveló una versión extremadamente más dura, pero acorde a los procedimientos totalitarios de la dictadura.

    El testimonio señala que, tras el suceso, por miedo «al revuelo que se podía montar» en la ciudad, los cuerpos sin vida de los ahogados «permanecieron en el mar tres o cuatro días. Mis tíos fueron a reconocer el cuerpo de mi abuelo, y te puedes imaginar cómo estaba: los peces, cangrejos..., después de tantos días en el mar, se habían dado un festín con su cara y extremidades; ella aún se acongoja cada vez que lo recuerda».

    A raíz de ese dato, GARA pudo contactar con los familiares de Amiano en Logroño, lugar en el que residían, aunque Benito Amiano era donostiarra. Julia Amiano Munilla y sus hermanos Blanca y Benito, que aquel fatídico día tenían respectivamente 14, 10 y 2 años, han recibido a este diario en su casa y han ofrecido su testimonio. El paso de tantos años no ha difuminado los detalles de lo ocurrido ni su interés en que se conozca la verdad.

    Para Julia, todo comenzó con la llamada de urgencia de un vecino durante la noche del 19 al 20 de agosto. La información era escasa; solo tenían constancia de que su padre había muerto en un accidente. «Pensamos que, como era chapista, el accidente habría ocurrido en el taller, trabajando con algún coche», apunta. Con tan sólo catorce años, partió rápidamente acompañando a su madre. Recuerda que hacia las 6.00 del lunes 20 el tren ya les había llevado hasta Donostia. Acudieron directamente al domicilio familiar, y allí fue donde su abuela les informó de cómo se había producido todo.

    «Franco iba en el yate»

    «Nos dijeron que había sido Franco, que venía de pescar de Getaria y que no vieron la barca [el Azor la partió en dos]. En la barca irían más de 30 personas, sobre todo familias con niños pequeños que volvían de pasar el día en la isla, en el último barco», prosigue Julia Amiano, con una mezcla de re- signación y enfado. Según les dijeron, «Franco iba en el yate; lo primero que hicieron fue llevarle a Ayete y después volver a por los accidentados».

    «En ese momento dijeron que podía ser un sabotaje, algo que no era muy lógico viendo que la barca estaba repleta de niños y familias. Sin pararse a pensar en la gente ni recoger a los heridos, llevaron a Franco a Ayete para ponerlo a salvo, y luego volvieron. Pero ya habían muerto ahogados cinco personas, entre ellos mi padre. Quizás, si por lo menos los hubieran rescatado inmediatamente, no habrían muerto tantas personas», lamenta.

    El accidente no se pudo ocultar, lógicamente, por el lugar en el que se produjo y la cantidad de testigos que sobrevivieron, pero un mutismo derivado del miedo a posibles represalias se apoderó de la ciudad.

    Los siguientes días fueron aún peores para la familia Amiano-Munilla. Desde el domingo 20 de agosto, tanto Julia como su madre se acercaban todas las noches al puerto en busca de noticias sobre su padre. Allí seguía la motora, partida en dos. Nada más. Pero en el acceso a la Bahía de la Concha, junto a la isla, desde el día del accidente aparecieron mucha boyas que acotaban una zona, con acceso vetado, en el que se podían ver a «hombres-rana», es decir, buzos.

    A los dos días del accidente, el martes, se oficiaron los funerales por los cinco ahogados. «Pusieron cinco cajas fúnebres pero, claro, allí sólo se podía hacer el funeral de tres, porque el cuerpo de mi padre y el del guardia municipal, que era el guarda de la isla, aún no habían aparecido», explica Julia. Subraya que Franco no acudió al acto, aunque sí todo un elenco de autoridades que les dieron el pésame. Nada más.

    Mientras, como en días anteriores, una noche sí y a la siguiente también, al puerto no llegaba ninguna noticia pero, gracias a algunos pescadores conocidos, los Amiano fueron informados de que los cuerpos sin vida de su padre y del guardia municipal estaban amarrados en el fondo del mar, en el lugar acotado por las boyas y los buzos.

    «Nunca se me olvidará aquello»

    «El sábado por la noche ya no vimos las boyas, y enseguida pensamos que ya los ha- brían sacado. Y así fue. Llamaron a casa de mi abuela para que fueran a reconocer el cadáver. Fueron mis tíos, sus hermanos, y volvieron enfermos de la impresión que les había causado, porque sólo pudieron identifi- carlo por los restos de la ropa. Los peces, durante tantos días, se habían comido todo: la cara, las extremidades...».

    Tampoco les informaron del entierro de los dos cuerpos sin vida. Pero a primera hora de la mañana, previendo lo que luego ocurrió, se presentaron en el cementerio de Polloe. «Preguntamos al enterrador -su hermano Benito apunta que, casualidad, también eran familia por parte paterna- y él nos dijo que ya habían sido metidos en la fosa. En una fosa sin nombre ni nada. Nos la enseñó. Estaba abierta. Mira, tenía 14 años, pero nunca se me olvidará aquello. No se podía parar del mal olor que había, por la descomposición de los cuerpos por tantos días que pasaron sumergidos en la mar».

    Los familiares de José de Miguel Martínez, originario de Los Arcos, se hicieron cargo del cadáver y lo trasladaron a la localidad navarra. La familia Amiano-Munilla, sin embargo, no pudo costear los gastos y colocaron una lápida con una pequeña leyenda. A posteriori recibieron 5.000 pesetas de la época en concepto de «donativo del Caudillo». Una minucia teniendo en cuenta que la viuda de Amiano tenía tres bocas que alimentar. Y hasta hoy. El silencio se impuso en aquel periodo que Jaime Mayor Oreja ha definido como «de extraordinaria placidez».

    El archivo judicial da la oportunidad de conocer, por ejemplo, que Manuela Rozado era, como el dictador, gallega, de Pontevedra. Pero nada más. Los encargados del archivo municipal de Donostia sólo ofrecen el acceso a las actas de los plenos del mes de setiembre, en los que no consta ni un solo dato. Sí figura, sin embargo, la subida del salario a los guardias municipales que acordó el equipo de gobierno y la concesión de la Medalla de Plata de la ciudad a Ur-Kirolak. A pesar de que uno de los fallecidos era también guardia municipal y pese a que ha transcurrido más de medio siglo para que esa información, por ley, sea de interés histórico, los encargados del archivo rehusaron facilitar a GARA la información requerida.

    Aunque cueste mucho que la verdad emerja, ni aquellas 5.000 pesetas ni los vetos más taxativos han podido eliminar estos nombres de la memoria. Otras cinco víctimas del franquismo que esperan reconocimiento oficial.

  2. #2

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    Churchill sobornó a treinta generales franquistas para que España no entrase en la II Guerra Mundial




    En el verano de 1940, el primer ministro británico Winston Churchill estaba convencido de que España de Franco entraría en la II Guerra Mundial del lado de su aliado natural Adolf Hitler. Para evitarlo, decidió sobornar a los generales que estaban bajo las órdenes del dictador Francisco Franco y crear así toda una corriente militar de pensamiento en contra de la entrada de España en el conflicto. La pieza clave para ello fue el banquero mallorquín Juan March que actuó como agente secreto británico para organizar los pagos de esos sobornos de millones de dólares, que fueron a parara manos de una treintena de generales franquistas.





    Esta revelación aparece en el libro ‘Juan March: El hombre más misterioso del mundo’, publicado recientemente por el escritor mallorquín Pere Ferrer Guasp, pero, paradójicamente, ha tenido que ser el diario británico ‘The Times’ quien ponga de manifiesto dicha red de sobornos.
    Según informaciones del rotativo recogidas por otr/press, en el verano de 1940, pocos meses antes de la reunión entre Hitler y Franco en Hendaya, el primer ministro británico creía que España iba a entrar en la II Guerra Mundial del lado de Alemania.

    Churchill había recibido informes de sus servicios secretos en torno a la intención de Franco y Hitler de invadir Gibraltar, punto estratégico para dominar el Mar Mediterráneo, y para evitar cualquier alineación de España con Alemania, decidió recurrir a una práctica, cuando menos, poco ortodoxa.
    El oficial Alan Hillgarth sugirió la opción del soborno a los altos mandos del Ejército franquista, toda vez que su sueldo no era demasiado alto y eran susceptibles de recibir ‘pagos extras’ por sus servicios.

    En una carta al entonces jefe de los servicios estratégicos británicos, J.Donovan, el agente de Estados Unidos en Portugal Robert Solborg sugería que «el español seleccionado para ser el instrumento interno para conseguir los favores políticos de esos generales es el rico banquero Juan March».
    El empresario mallorquín, que había logrado amasar una gran fortuna gracias al contrabando de tabaco durante la I Guerra Mundial parecía, en principio, un aliado poco conveniente dado que, como se demostró posteriormente, financió el golpe de Franco.

    En el libro, Ferrer deja la puerta abierta a que Juan March actuará como un doble agente. Según su investigación, los documentos británicos sugieren que el banquero podría haber permanecido bajo nómina de los alemanes al mismo tiempo que actúo para los británicos.
    En cualquier caso, cuando estos últimos le ofrecieron actuar como organizador de los sobornos, aceptó, y logró que 30 generales de Franco cambiarán su simpatía por la Alemania nazi por un rechazo a cualquier tipo de colaboración en la II Guerra Mundial.

    En 1940, se abrió una cuenta con 10 millones de dólares (7,3 millones de euros) en un banco de Nueva York para pagar los sobornos a los generales españoles. El plan casi fracasa debido a que el Departamento del Tesoro creía que Juan March estaba usando el dinero para financiar al Ejército nazi.
    El embajador británico logró convencer al presidente Roosevelt de que de aquel dinero dependían los intereses británicos y, según Ferrer, sólo en 1942 los generales de Franco recibieron entre 3 y 5 millones de dólares.
    Según el libro, no todos los generales franquistas necesitaron el aliciente del dinero para cambiar su opinión, si no que algunos de ellos odiaban al dictador.
    El general Alfredo Kindelan, por ejemplo, escribió en sus memorias sobre Franco: «Podías sentir el vértigo en él por todo aquello, como los escaladores que han subido más de lo que pueden, se sentía mareado por haber alcanzado aquella altura con unas habilidades limitadas».


  3. #3

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    25 años de la desaparición de Lasa y Zabala



    La cal viva no enterró la guerra sucia

    Aquel 15 de octubre de 1983, hoy hace justo veinticinco años, era sábado. Joxean Lasa y Joxi Zabala pasaron el día con familiares y amigos de Tolosa, como muchos otros refugiados. Nunca más les volverían a ver. Aunque muchos detalles sigan sin saberse, cien kilos de cal viva no fueron suficientes para enterrar sus restos para siempre. Su drama queda como símbolo de la brutalidad de la guerra sucia. GARA ha reconstruido la historia con las actas del juicio celebrado en 1999.


    Reconstrucción: El primer crimen de los GAL



    Otro refugiado, Mariano Martínez Colomo, fue el último que se despidió de Lasa y Zabala. Los vio alejarse por la calle Tonneliers tras arrojarles desde la ventana las llaves de su coche, con el que iban a acudir a una fiesta de las ikastolas. Luego se acostó, ajeno a lo que pasaba cien metros más allá. En el aparcamiento, los GAL, la nueva y más trágica expresión de la guerra sucia contra el independentismo vasco, habían comenzado su labor.

    «Sigamos, son txakurras»

    El sábado al anochecer Baiona Ttipia es un hervidero. Muchos familiares y amigos se acercan a pasar unas horas con los refugiados. La ronda se prolonga y se suceden los encuentros casuales, pero no todos son gratos. En una bocacalle asoma un vehículo de color claro, con dos personas dentro que les observan con detenimiento. Lasa confirma la sospecha general:

    -Sigamos, son txakurras.

    Su hermano Migel Mari retiene la imagen de uno de ellos, el que se sienta en el lugar del copiloto: una persona fuerte, con barba de una semana. En realidad, la presencia policial española al otro lado de la muga es cada vez más llamativa.

    La vida diaria de los exiliados vascos en Baiona se va complicando. Esa misma tarde, los dos amigos se encuentran y se citan para el lunes con Juantxo Nafarrate, que trabaja en el Comité de Refugiados. Unas semanas antes Lasa y Zabala se han topado con un control de la PAF en Sokoa y han terminado en comisaría. Les acusan de tener caducados los papeles. Ambos se quejan de que a los vascos no se les trate como a otros refugiados políticos, por ejemplo, a los polacos, que no sufren un control tan severo.

    Desaparecidos sin rastro

    El lunes 17 de octubre, Martínez Colomo madruga para ir a trabajar. Le resulta extraño que ni Joxi ni Joxean le han traído las llaves del Renault 4 que les prestó, pero el coche está en su sitio. La sorpresa crece cuando se encuentra la puerta del conductor abierta y una cazadora tirada en el asiento trasero. No tarda en reconocer la prenda, granate. La llevaba puesta Joxi cuando se despidieron, 30 horas antes. En uno de los bolsillos hay un puro roto. Junto a la cazadora, un mechón de cabello moreno.

    Martínez Colomo y Nafarrate se mueven rápido. Hablan con un comisario francés llamado Bosley, que les pide que no se precipiten, que ya aparecerán, que igual se han ido a América. La noticia corre de boca en boca entre los refugiados. En Tolosa, las familias comenzarán a pensar lo peor el martes, cuando los noticiarios escupen otra noticia sospechosamente similar: cuatro policías españoles han sido detenidos en Hendaia al intentar secuestrar a un refugiado. Joxe Mari Larretxea se ha llevado una buena paliza. Algo desconocido hasta entonces se está cociendo en Ipar Euskal Herria.

    La cumbre de Guadarrama

    Tres meses antes de todo esto, el gobernador civil de Bizkaia, Julián Sancristóbal Iguaran, entra en un hotel situado en la sierra de Guadarrama. A la cita han sido convocados varios dirigentes del Ministerio del Interior y del PSOE que tienen algo que decir en la lucha contra ETA. El Gobierno de Felipe González, recién estrenado, tiene este tema en sus prioridades. Sancristóbal resume su diagnóstico:

    -El sur de Francia es un burladero.

    Hay gestos de asentimiento. Los argumentos se solapan. Para los intervinientes, el Gobierno francés muestra una actitud intolerable, más aún viniendo de un «vecino y amigo». El número dos de Interior, Rafal Vera, se queja de que algunos empresarios pagan el «impuesto revolucionario» en calles y bares de Lapurdi, Nafarroa Beherea o Zuberoa: «Eso lo sabemos nosotros y lo sabe todo el país».

    El Ministerio de Interior francés de Gaston Defferre ha hecho un guiño al PSOE abriendo la puerta a futuras extradiciones, pero en esta primavera de 1983 en la balanza todavía pesa más la tradición francesa como tierra de asilo político.

    Cita en casa de Galindo

    Corre agosto de 1983. Es el segundo verano en Gipuzkoa para el guardia civil José María Velázquez Soriano, que ese día recibe la orden de acudir a una reunión con una localización sorprendente:

    -No será aquí, en la Comandancia, sino en casa del comandante Galindo.

    Horas después, una docena de guardias civiles tiñe de verde la vivienda del comandante, un piso más en el fortín de Intxaurrondo. La introducción hecha por otro mando aumenta la sorpresa de Velázquez Soriano:

    -Ahora os va a hablar el comandante. Escuchadle con total atención. Y si después alguno no quiere seguir aquí, que lo diga y se marche.

    El mando más respetado del cuartel aborda el asunto sin rodeo alguno:

    -Hemos sido elegidos para dar puñaladas a ETA, pero no como lo hacemos hasta ahora, sino de otra forma. Se trata de pasar a Francia, no de forma legal porque no podemos hacerlo así. Pasar y hacer allí lo mismo que hacemos aquí.

    «Dar el golpe y venir»

    Pedro Gómez Nieto es el hombre del Cesid en Intxaurrondo. El sargento duda de los planes del comandante, y decide plantear sus reticencias cara a cara:

    -Vamos a ver, mi comandante. Nosotros vamos allí, quitamos a una persona de en medio, eso es lo de menos. Usted sabrá qué ganamos con eso. Usted ya sabe que una cosa que podemos lograr es que haya diez adeptos de ETA que se apunten a raíz de eso. ¿Se ha pensado qué publicidad se le va a dar? ¿Qué cobertura pública?

    -Ninguna, nada.

    -Y la gente, ¿qué pensará?

    -Que piense lo que quiera, nosotros no vamos a decir ni pío.

    -¿Y eso no puede hacer que se quiten de en medio?

    -Claro. Cuando menos se lo esperen preparamos otro golpe, a los tres meses, cinco meses, etcétera, y damos un segundo golpe. Luego, a los siete meses damos un tercer golpe, y luego al año, o cuando sea conveniente... Es decir, nosotros... es actuar sobre ellos lo mismo que ellos hagan sobre nosotros, sin reivindicar nada.

    «Han caído dos peces»

    Volvemos a la noche del 15 de octubre de 1983. Mientras un coche sospechoso recorre las calles estrechas de Baiona Ttipia, un convoy de la Guardia Civil es atacado con una bomba cuando transita por Oñati. Uno de los agentes, destinados en el cuartel de Aretxabaleta, es golpeado por una piedra en la cabeza y muere en el acto.

    Julen Elgorriaga ejerce como gobernador civil en Gipuzkoa. Pese a que ya es medianoche, rápidamente se pone en camino hacia el hospital de Arrasate. La noche es larga, y los representantes oficiales no emprenden camino de vuelta hacia Donostia hasta las seis de la mañana. Elgorriaga viaja con Galindo y con un policía de confianza de escala básica, Angel López Carrillo. Cerca de Soraluze, los acompañantes de Galindo le instan a telefonear con urgencia a Intxaurrondo. El comandante entra en el Ayuntamiento, hace una llamada y vuelve al vehículo. Allí, López Carrillo escucha y graba en su mente la pregunta del gobernador y la respuesta del mando de Intxaurrondo:

    -¿Ocurre algo, comandante?

    -Buenas noticias. Han caído dos peces en Francia, y se los traen para acá.

    Aquel argot no le es nada desconocido a López Carrillo. «Peces» es el nombre que se da habitualmente a los detenidos. Ju- len Elgorriaga sigue mostrando curiosidad:

    -¿Y son peces grandes?

    -Son más bien medianos, pero mejor es eso que nada.

    Pistas falsas y evasivas

    Pasan los meses y no hay noticia alguna sobre los dos jóvenes. Se suceden los sobresaltos. Por ejemplo, el 5 de enero de 1984 un comunicante anónimo telefonea a la redacción de «Egin» en Hernani y asegura que la Cruz Roja del Mar ha rescatado un cadáver junto al Kursaal. Es otra pista falsa más.

    Para entonces, los GAL ya son noticia. Las siglas han sido estrenadas con el secuestro de Segundo Marey. El Gobierno del PSOE comienza a ser interpelado, y opta por las evasivas. El director de Seguridad del Estado, Rafael Vera, proclama en tono seguro que «no sabemos nada de los GAL, no esperábamos que surgiese nada así. Estamos tratando de buscar alguna información en colaboración con la Policía francesa, que, por otro lado, tampoco nos ha dado muchos datos». El ministro Barrionuevo propone incluso no precipitarse en las indagaciones. Tras incidir también en que lo que está ocurriendo es «muy inesperado», aboga por «tomar un poco de distancia temporal para poder hacer un análisis más efectivo».

    El Gobierno francés mira a otro lado igualmente, aunque algunos medios, como ``Le Monde'', apunten ciertas responsabilidades tras las muertes de Ramon Oñederra, Kattu, y Mikel Goikoetxea, Txapela: «Si bien no se puede acusar al Gobierno de Madrid de organizar deliberadamente estos raids de castigo, cada vez se excluye menos que estén montados por medios policiales españoles», dice un editorial.

    Alicante, 20 de enero

    Nieves Martínez Martínez es locutora de la Cadena Ser de Alicante. El 20 de enero de 1984 se dedica a poner discos de los 40 principales y a enlazar las canciones con sus comentarios. Entre tanto, tiene tiempo de atender las llamadas telefónicas. Y recibe una que nunca olvidará.

    -Escuche atentamente lo que le voy a decir. A las tres de la tarde hemos ejecutado a los miembros de ETA Lasa y Zabala. Antes de morir han pedido un sacerdote, pero no se lo hemos concedido, no se lo merecían.

    La voz cita una localidad llamada Busot, habla de planes para masacrar manifestaciones de apoyo a refugiados, alude a los GAL... La reivindicación, desgraciadamente, no ha sido grabada.

    Para entonces han pasado tres meses desde la desaparición en Baiona. Nadie presta excesiva atención a la llamada salvo un comentario en el programa nocturno «Hora 25». Durante muchos años, los nombres de Lasa y Zabala no aparecerán siquiera en la lista de víctimas del GAL. Y será imposible saber, hasta el día de hoy, si efectivamente aquel 20 de enero de 1984 fue el día en que les quitaron la vida.

    La cara de sorpresa de la locutora es similar seguramente a la que pone Josu Mujika, un joven detenido en Tolosa, ante la alusión del guardia civil que le interroga unos días después:

    -¿No sabes de dónde viene tu caída? Te lo voy a decir. Viene de la de Lasa y Zabala, ¿y sabes dónde están ésos? Muertos y bien enterrados, bien lejos.

    Unos huesos en cal viva

    Ramón Soriano Poveda, escopeta al hombro, se ha adentrado por un paraje perdido de Busot. Sus perros no dejan de ladrar. Al acercarse, comprueba el motivo: una especie de fosa dejada al descubierto por la lluvia y la erosión, en la que aparecen unos huesos humanos. Antonio Bru, forense, confirma el macabro hallazgo: dos cadáveres cruzados, casi completos, con los ojos y la boca amordazados, con vendas con restos de mercromina en piernas y tórax, gasas, tiritas y, lo más sorprendente, 100 kilos de cal viva alrededor. Alguien tenía mucho interés en acelerar la descomposición de los cuerpos. Unos cuerpos vendados y ensangrentados. En sus cráneos se descubren impactos de bala.

    La verdad se desentierra

    Han pasado once años. De repente, el PP ha puesto la guerra sucia en primera plana informativa como batalla final para descabalgar al PSOE de La Moncloa. Un veterano comisario de Alicante, Jesús García, relee los abundantes dossieres de prensa sobre los GAL. Y a su mente vuelve otra vez el hallazgo nunca esclarecido de Busot. Llama al forense Bru. Los restos enterrados en cal viva siguen en la morgue del cementerio.

    El comisario se hace preguntas, y todas terminan en un sí. Las balas pertenecen a la marca Geco, las mismas que mataron a Oñederra en 1983 o a Perurena y Gurmindo en 1984. La fecha del secuestro de Lasa coincide con el intento de captura de Larretxea y el tormento de Marey. Y son dos personas, como los desaparecidos. Dema- siadas casualidades.

    En secreto total, se hacen las pertinentes pruebas de ADN. Son ellos. Han hecho falta once años, cinco meses y cuatro días para confirmar que Joxean Lasa y Joxi Zabala están muertos y enterrados a casi 800 kilómetros de casa.

    «Me lo quedo, Pte.»

    Los descubrimientos reactivan la batalla entre PSOE y PP, y en este contexto aparecen testimonios como el de Ricardo García Damborenea, ex dirigente del PSOE ahora en el PP. Su confesión pone sobre la mesa la llamada «acta fundacional de los GAL». El ex responsable del Cesid Juan Alberto Perote añade que él mismo avisó a sus superiores de que iban a comenzar los atentados contra refugiados. Fue el 28 de setiembre de 1983, apenas tres semanas antes de la desaparición de Lasa y Zabala.

    Perote dice que su jefe, Alonso Manglano, escribió como respuesta: «Me lo quedo, Pte. para el viernes». Pero «Pte.» acabará siendo «pendiente» y no «Presidente».

  4. #4

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    25 años de la desaparición de Lasa y Zabala



    La cal viva no enterró la guerra sucia

    Aquel 15 de octubre de 1983, hoy hace justo veinticinco años, era sábado. Joxean Lasa y Joxi Zabala pasaron el día con familiares y amigos de Tolosa, como muchos otros refugiados. Nunca más les volverían a ver. Aunque muchos detalles sigan sin saberse, cien kilos de cal viva no fueron suficientes para enterrar sus restos para siempre. Su drama queda como símbolo de la brutalidad de la guerra sucia. GARA ha reconstruido la historia con las actas del juicio celebrado en 1999.


    Reconstrucción: El primer crimen de los GAL



    Otro refugiado, Mariano Martínez Colomo, fue el último que se despidió de Lasa y Zabala. Los vio alejarse por la calle Tonneliers tras arrojarles desde la ventana las llaves de su coche, con el que iban a acudir a una fiesta de las ikastolas. Luego se acostó, ajeno a lo que pasaba cien metros más allá. En el aparcamiento, los GAL, la nueva y más trágica expresión de la guerra sucia contra el independentismo vasco, habían comenzado su labor.

    «Sigamos, son txakurras»

    El sábado al anochecer Baiona Ttipia es un hervidero. Muchos familiares y amigos se acercan a pasar unas horas con los refugiados. La ronda se prolonga y se suceden los encuentros casuales, pero no todos son gratos. En una bocacalle asoma un vehículo de color claro, con dos personas dentro que les observan con detenimiento. Lasa confirma la sospecha general:

    -Sigamos, son txakurras.

    Su hermano Migel Mari retiene la imagen de uno de ellos, el que se sienta en el lugar del copiloto: una persona fuerte, con barba de una semana. En realidad, la presencia policial española al otro lado de la muga es cada vez más llamativa.

    La vida diaria de los exiliados vascos en Baiona se va complicando. Esa misma tarde, los dos amigos se encuentran y se citan para el lunes con Juantxo Nafarrate, que trabaja en el Comité de Refugiados. Unas semanas antes Lasa y Zabala se han topado con un control de la PAF en Sokoa y han terminado en comisaría. Les acusan de tener caducados los papeles. Ambos se quejan de que a los vascos no se les trate como a otros refugiados políticos, por ejemplo, a los polacos, que no sufren un control tan severo.

    Desaparecidos sin rastro

    El lunes 17 de octubre, Martínez Colomo madruga para ir a trabajar. Le resulta extraño que ni Joxi ni Joxean le han traído las llaves del Renault 4 que les prestó, pero el coche está en su sitio. La sorpresa crece cuando se encuentra la puerta del conductor abierta y una cazadora tirada en el asiento trasero. No tarda en reconocer la prenda, granate. La llevaba puesta Joxi cuando se despidieron, 30 horas antes. En uno de los bolsillos hay un puro roto. Junto a la cazadora, un mechón de cabello moreno.

    Martínez Colomo y Nafarrate se mueven rápido. Hablan con un comisario francés llamado Bosley, que les pide que no se precipiten, que ya aparecerán, que igual se han ido a América. La noticia corre de boca en boca entre los refugiados. En Tolosa, las familias comenzarán a pensar lo peor el martes, cuando los noticiarios escupen otra noticia sospechosamente similar: cuatro policías españoles han sido detenidos en Hendaia al intentar secuestrar a un refugiado. Joxe Mari Larretxea se ha llevado una buena paliza. Algo desconocido hasta entonces se está cociendo en Ipar Euskal Herria.

    La cumbre de Guadarrama

    Tres meses antes de todo esto, el gobernador civil de Bizkaia, Julián Sancristóbal Iguaran, entra en un hotel situado en la sierra de Guadarrama. A la cita han sido convocados varios dirigentes del Ministerio del Interior y del PSOE que tienen algo que decir en la lucha contra ETA. El Gobierno de Felipe González, recién estrenado, tiene este tema en sus prioridades. Sancristóbal resume su diagnóstico:

    -El sur de Francia es un burladero.

    Hay gestos de asentimiento. Los argumentos se solapan. Para los intervinientes, el Gobierno francés muestra una actitud intolerable, más aún viniendo de un «vecino y amigo». El número dos de Interior, Rafal Vera, se queja de que algunos empresarios pagan el «impuesto revolucionario» en calles y bares de Lapurdi, Nafarroa Beherea o Zuberoa: «Eso lo sabemos nosotros y lo sabe todo el país».

    El Ministerio de Interior francés de Gaston Defferre ha hecho un guiño al PSOE abriendo la puerta a futuras extradiciones, pero en esta primavera de 1983 en la balanza todavía pesa más la tradición francesa como tierra de asilo político.

    Cita en casa de Galindo

    Corre agosto de 1983. Es el segundo verano en Gipuzkoa para el guardia civil José María Velázquez Soriano, que ese día recibe la orden de acudir a una reunión con una localización sorprendente:

    -No será aquí, en la Comandancia, sino en casa del comandante Galindo.

    Horas después, una docena de guardias civiles tiñe de verde la vivienda del comandante, un piso más en el fortín de Intxaurrondo. La introducción hecha por otro mando aumenta la sorpresa de Velázquez Soriano:

    -Ahora os va a hablar el comandante. Escuchadle con total atención. Y si después alguno no quiere seguir aquí, que lo diga y se marche.

    El mando más respetado del cuartel aborda el asunto sin rodeo alguno:

    -Hemos sido elegidos para dar puñaladas a ETA, pero no como lo hacemos hasta ahora, sino de otra forma. Se trata de pasar a Francia, no de forma legal porque no podemos hacerlo así. Pasar y hacer allí lo mismo que hacemos aquí.

    «Dar el golpe y venir»

    Pedro Gómez Nieto es el hombre del Cesid en Intxaurrondo. El sargento duda de los planes del comandante, y decide plantear sus reticencias cara a cara:

    -Vamos a ver, mi comandante. Nosotros vamos allí, quitamos a una persona de en medio, eso es lo de menos. Usted sabrá qué ganamos con eso. Usted ya sabe que una cosa que podemos lograr es que haya diez adeptos de ETA que se apunten a raíz de eso. ¿Se ha pensado qué publicidad se le va a dar? ¿Qué cobertura pública?

    -Ninguna, nada.

    -Y la gente, ¿qué pensará?

    -Que piense lo que quiera, nosotros no vamos a decir ni pío.

    -¿Y eso no puede hacer que se quiten de en medio?

    -Claro. Cuando menos se lo esperen preparamos otro golpe, a los tres meses, cinco meses, etcétera, y damos un segundo golpe. Luego, a los siete meses damos un tercer golpe, y luego al año, o cuando sea conveniente... Es decir, nosotros... es actuar sobre ellos lo mismo que ellos hagan sobre nosotros, sin reivindicar nada.

    «Han caído dos peces»

    Volvemos a la noche del 15 de octubre de 1983. Mientras un coche sospechoso recorre las calles estrechas de Baiona Ttipia, un convoy de la Guardia Civil es atacado con una bomba cuando transita por Oñati. Uno de los agentes, destinados en el cuartel de Aretxabaleta, es golpeado por una piedra en la cabeza y muere en el acto.

    Julen Elgorriaga ejerce como gobernador civil en Gipuzkoa. Pese a que ya es medianoche, rápidamente se pone en camino hacia el hospital de Arrasate. La noche es larga, y los representantes oficiales no emprenden camino de vuelta hacia Donostia hasta las seis de la mañana. Elgorriaga viaja con Galindo y con un policía de confianza de escala básica, Angel López Carrillo. Cerca de Soraluze, los acompañantes de Galindo le instan a telefonear con urgencia a Intxaurrondo. El comandante entra en el Ayuntamiento, hace una llamada y vuelve al vehículo. Allí, López Carrillo escucha y graba en su mente la pregunta del gobernador y la respuesta del mando de Intxaurrondo:

    -¿Ocurre algo, comandante?

    -Buenas noticias. Han caído dos peces en Francia, y se los traen para acá.

    Aquel argot no le es nada desconocido a López Carrillo. «Peces» es el nombre que se da habitualmente a los detenidos. Ju- len Elgorriaga sigue mostrando curiosidad:

    -¿Y son peces grandes?

    -Son más bien medianos, pero mejor es eso que nada.

    Pistas falsas y evasivas

    Pasan los meses y no hay noticia alguna sobre los dos jóvenes. Se suceden los sobresaltos. Por ejemplo, el 5 de enero de 1984 un comunicante anónimo telefonea a la redacción de «Egin» en Hernani y asegura que la Cruz Roja del Mar ha rescatado un cadáver junto al Kursaal. Es otra pista falsa más.

    Para entonces, los GAL ya son noticia. Las siglas han sido estrenadas con el secuestro de Segundo Marey. El Gobierno del PSOE comienza a ser interpelado, y opta por las evasivas. El director de Seguridad del Estado, Rafael Vera, proclama en tono seguro que «no sabemos nada de los GAL, no esperábamos que surgiese nada así. Estamos tratando de buscar alguna información en colaboración con la Policía francesa, que, por otro lado, tampoco nos ha dado muchos datos». El ministro Barrionuevo propone incluso no precipitarse en las indagaciones. Tras incidir también en que lo que está ocurriendo es «muy inesperado», aboga por «tomar un poco de distancia temporal para poder hacer un análisis más efectivo».

    El Gobierno francés mira a otro lado igualmente, aunque algunos medios, como ``Le Monde'', apunten ciertas responsabilidades tras las muertes de Ramon Oñederra, Kattu, y Mikel Goikoetxea, Txapela: «Si bien no se puede acusar al Gobierno de Madrid de organizar deliberadamente estos raids de castigo, cada vez se excluye menos que estén montados por medios policiales españoles», dice un editorial.

    Alicante, 20 de enero

    Nieves Martínez Martínez es locutora de la Cadena Ser de Alicante. El 20 de enero de 1984 se dedica a poner discos de los 40 principales y a enlazar las canciones con sus comentarios. Entre tanto, tiene tiempo de atender las llamadas telefónicas. Y recibe una que nunca olvidará.

    -Escuche atentamente lo que le voy a decir. A las tres de la tarde hemos ejecutado a los miembros de ETA Lasa y Zabala. Antes de morir han pedido un sacerdote, pero no se lo hemos concedido, no se lo merecían.

    La voz cita una localidad llamada Busot, habla de planes para masacrar manifestaciones de apoyo a refugiados, alude a los GAL... La reivindicación, desgraciadamente, no ha sido grabada.

    Para entonces han pasado tres meses desde la desaparición en Baiona. Nadie presta excesiva atención a la llamada salvo un comentario en el programa nocturno «Hora 25». Durante muchos años, los nombres de Lasa y Zabala no aparecerán siquiera en la lista de víctimas del GAL. Y será imposible saber, hasta el día de hoy, si efectivamente aquel 20 de enero de 1984 fue el día en que les quitaron la vida.

    La cara de sorpresa de la locutora es similar seguramente a la que pone Josu Mujika, un joven detenido en Tolosa, ante la alusión del guardia civil que le interroga unos días después:

    -¿No sabes de dónde viene tu caída? Te lo voy a decir. Viene de la de Lasa y Zabala, ¿y sabes dónde están ésos? Muertos y bien enterrados, bien lejos.

    Unos huesos en cal viva

    Ramón Soriano Poveda, escopeta al hombro, se ha adentrado por un paraje perdido de Busot. Sus perros no dejan de ladrar. Al acercarse, comprueba el motivo: una especie de fosa dejada al descubierto por la lluvia y la erosión, en la que aparecen unos huesos humanos. Antonio Bru, forense, confirma el macabro hallazgo: dos cadáveres cruzados, casi completos, con los ojos y la boca amordazados, con vendas con restos de mercromina en piernas y tórax, gasas, tiritas y, lo más sorprendente, 100 kilos de cal viva alrededor. Alguien tenía mucho interés en acelerar la descomposición de los cuerpos. Unos cuerpos vendados y ensangrentados. En sus cráneos se descubren impactos de bala.

    La verdad se desentierra

    Han pasado once años. De repente, el PP ha puesto la guerra sucia en primera plana informativa como batalla final para descabalgar al PSOE de La Moncloa. Un veterano comisario de Alicante, Jesús García, relee los abundantes dossieres de prensa sobre los GAL. Y a su mente vuelve otra vez el hallazgo nunca esclarecido de Busot. Llama al forense Bru. Los restos enterrados en cal viva siguen en la morgue del cementerio.

    El comisario se hace preguntas, y todas terminan en un sí. Las balas pertenecen a la marca Geco, las mismas que mataron a Oñederra en 1983 o a Perurena y Gurmindo en 1984. La fecha del secuestro de Lasa coincide con el intento de captura de Larretxea y el tormento de Marey. Y son dos personas, como los desaparecidos. Dema- siadas casualidades.

    En secreto total, se hacen las pertinentes pruebas de ADN. Son ellos. Han hecho falta once años, cinco meses y cuatro días para confirmar que Joxean Lasa y Joxi Zabala están muertos y enterrados a casi 800 kilómetros de casa.

    «Me lo quedo, Pte.»

    Los descubrimientos reactivan la batalla entre PSOE y PP, y en este contexto aparecen testimonios como el de Ricardo García Damborenea, ex dirigente del PSOE ahora en el PP. Su confesión pone sobre la mesa la llamada «acta fundacional de los GAL». El ex responsable del Cesid Juan Alberto Perote añade que él mismo avisó a sus superiores de que iban a comenzar los atentados contra refugiados. Fue el 28 de setiembre de 1983, apenas tres semanas antes de la desaparición de Lasa y Zabala.

    Perote dice que su jefe, Alonso Manglano, escribió como respuesta: «Me lo quedo, Pte. para el viernes». Pero «Pte.» acabará siendo «pendiente» y no «Presidente».

  5. #5

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    El juez Garzón dispone de nombres de falangistas vivos


    La documentación solicitada a Interior confirmará su participación en los crímenes investigados

    Sus nombres y su responsabilidad criminal quedaron ocultos durante décadas tras motes como "el 501", por el número de personas a las que eliminó. Son los jóvenes falangistas que contribuyeron desde las primeras horas de la Guerra Civil a hacer el trabajo sucio de la represión y que ahora, gracias a la investigación abierta el pasado jueves por el juez Baltasar Garzón, pueden responder ante un tribunal. Algunos nombres que el miedo escondió durante décadas ahora están sobre la mesa del magistrado. Y están vivos.
    Los altos cargos

    Son ancianos de más de 90 años cuyos actos sangrientos perviven en la memoria de los pueblos. Uno llegó a guardaespaldas, otro acabó con tales remordimientos que nunca vivió tranquilo, alguno incluso ha osado a aparecer en la exhumación de alguna fosa. Los historiadores aficionados que han soportado el peso de la memoria histórica durante la última década meditan ahora entregar a Garzón las listas de esos personajes. Fuentes cercanas a los denunciantes aseguran que el juez ya dispone de los listados.


    La documentación solicitada al Ministerio del Interior servirá para conocer si las personas denunciadas eran altos cargos de Falange Española entre el 17 de julio de 1936 y diciembre de 1951. Es decir, en el periodo en el que se produjeron los crímenes que investiga Garzón. "Le enviaremos información, con los documentos que dicen los que hicieron en su día y dónde viven ahora", afirma un investigador de la represión franquista en Castilla y León, que prefiere mantener de momento, oculto los apellidos de las personas a las que denunciará.

    Los portavoces de las asociaciones agrupadas en la Plataforma de Víctimas de las Desapariciones Forzadas por el Franquismo han insistido en varias ocasiones en que el principal objetivo de los denunciantes no es la búsqueda de culpables. "Verdad, justicia y reparación. Pero si después les sientan en el banquillo, bienvenido sea", resume Paqui Maqueda, presidenta de la plataforma.

    Las víctimas han insistido en que su gran objetivo no es buscar culpables

    En una reunión mantenida ayer en el Ateneo de Madrid, las asociaciones acordaron los expertos que de la comisión exigida por Garzón. No quisieron publicar los nombres antes de entregárselos al juez. Lo que sí tenían claro es que habrá un antropólogo que aporte el punto de vista científico a las exhumaciones. Manel Perona, portavoz de la plataforma, pidió al fiscal de la Audiencia Nacional que no recurra el auto en el que el Garzón se declara competente para juzgar los crímenes del franquismo.

  6. #6

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    Encubrir el crimen

    Comentarios de un ser humano con memoria



    Los alemanes hablan del holocausto en términos de genocidio y crimen contra la humanidad. Reconocen lo salvaje y cruel que fue el nazismo, aunque sus padres militaran en él. Les han enseñado el daño que aquella política tan despiadada y brutal les hizo a ellos y al resto del mundo. El exorcismo al que se sometió el pueblo alemán después de la guerra parece que les resultó liberador en términos de terapia colectiva, y gran parte del método consistió en enfrentarse a los hechos con crudeza, con realismo. La exposición de las imágenes que representaban los horrores de las atrocidades cometidas resultó traumática pero necesaria. Hitler no estaba solo, tenía aliados y amigos como Italia, Japón y España. Franco envió una división de voluntarios a luchar a su lado en la invasión de la URSS. El argumento de que en los dos bandos se cometieron atrocidades no ha impedido que la historia de los crímenes nazis saliera a la luz.
    En España, todavía no se puede hablar ni investigar la historia de Franco, colaborador del Fürer, ni sus crímenes y sus consecuencias, sin que un sector, concretamente el principal partido de la oposición, ponga el grito en el cielo. ¿Por qué? Al margen de la Guerra Civil, donde se cometieron muchos atropellos en los dos bandos, la posguerra se convirtió en una jauría revanchista y criminal mucho más grave desde el punto de vista moral. Los que mandaban matar ya no eran milicianos, ni soldados fuera de control, sino personajes uniformados que condenaban a muerte a personas inocentes, en juicios sumarísimos y colectivos, bajo la bendición de la Iglesia católica que amparaba estas prácticas.
    Del mismo modo que a los alemanes se les explicó qué ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, a los españoles nos tienen que contar con pelos y señales de dónde venimos. Y si a algunos, incomprensiblemente, les duele escucharlo, es que lo necesitan más que nadie, tienen un problema, tenemos un problema. Los niños entenderán por qué se quitan algunas estatuas.

  7. #7

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    La memoria de Maravillas y 45 vecinos suyos cala en Larraga

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    Fermin Balentzia dedica a Maravillas su canción

    HOMENAJE A LOS FUSILADOS


    Maravillas Lamberto, su padre y 45 vecinos más de Larraga fusilados como ellos han obtenido al fin el reconocimiento debido. Su pueblo se volcó en un acto cargado de emoción. No faltó su hermana, Josefina, que ha llevado toda su vida la carga de este drama.



    El nombre de Maravillas Lamberto se ha convertido en Nafarroa en el símbolo de las mujeres violadas y muertas por el régimen franquista. Su localidad, Larraga, fue de las más castigadas por el golpe de 1936, cuando 45 hombres y esa niña de 14 años llamada Maravillas fueron fusilados. Un grupo formado por los caciques y el párroco de la localidad se ensañaron con los republicanos que representaban al sector más progresista de la localidad.

    A diferencia de la cercana localidad de Oteitza, donde el cura sí intervino en favor de los vecinos, en Larraga el parroco lideró esta razzia en la que se llegó a fusilar en un mismo día hasta a veinte personas. Precisamente ayer se cumplían 72 años desde aquel trágico día. Ha tenido que pasar todo este tiempo para que las víctimas de la peor violencia del franquismo obtuvieran el merecido reconocimiento.

    El homenaje fue organizado por la asociación Ahaztuak 1936-1977, después de que el Ayuntamiento se negara a ello con los votos de UPN y PSN. Asimismo, rechazó dedicar una calle a Maravillas Lamberto. Ayer se colocó una placa en su honor, en la sociedad Auzolan de la localidad, a la espera de poder ubicarla en su casa natal. Tanto el Ayuntamiento como la actual dueña se han opuesto a ello.

    A pesar de ello, el acto de homenaje de ayer congregó a cientos de personas en la plaza del pueblo, a la que llegaron autobuses desde Sartaguda o Bilbo. En el acto intervino la nieta de uno de fusilados, y tras las declaraciones de Ahaztuak y la intervención de las joteras de Larraga llegó uno de los momen- tos más emotivos del día: Fermin Balentzia cantó la canción dedicada a Maravillas, acompañado de su hermana.

    Josefina Lamberto tenía diez años cuando se llevaron a su padre, Vicente Lamberto, y con él a su hermana. Se trasladó a Iruñea con su madre y otra hermana de 12 años. Llegaron a la ciudad con las manos vacías. Cinco años después Josefina decidió hacerse monja con la idea de ser libre y de que no le pesara lo ocurrido en su familia, pero no fue así: La orden donde ingresó, al tener noticia de su historia, la envió lo más lejos posible, nada menos que a Pakistán, donde trabajó durante años en pésimas condiciones. De allí la trasladaron a la frontera franco-belga, y finalmente a Madrid.

    La lucha por saber

    Allí, Josefina Lamberto se puso en contacto con asociaciones que investigaban casos como los de su padre y su hermana. La superiora del convento, al conocer su inquietud, le replicó que «algo habrían hecho» y le prohibió asistir a las reuniones donde esperaba aclarar lo ocurrido a su familia. Josefina abandonó los hábitos, y se trasladó a Iruñea. Ya en Nafarroa ha podido acudir a homenajes realizados en los últimos años, y ayer, por fin, también pudo hacerlo en su pueblo, en Larraga.

    Al final del acto, José Mari Esparza leyó una carta dedicada a Maravillas. En la línea de la canción de Balentzia, recordó el contexto en el que se produjo su muerte, y remarcó que hoy en día siguen gobernando los sucesores de los responsables de aquellas atrocidades. Dijo que quienes luchan por un ideal se convierten en inmortales. Desde ayer, en Larraga cuentan además con un monolito, con todos sus nombres, que los recuerda.

  8. #8

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    Recuperando en Durango (Bizkaia) la memoria de los 89 durangueses asesinados por el franquismo



    El viernes 24 se presentó en público la entidad Durango 36 Kultur Elkartea. La entidad fue fundada a finales de 2007 y tiene como objetivo recuperar la memoria histórica de la represión franquista.

    El evento congregó cerca de 150 personas.

    Durango es un municipio que contempla en su memoria 62 muertos en el frente de resistencia contra el golpe de estado del dictador militar Francisco Franco el 18 de julio de 1936, 15 fusilados, 8 desaparecidos y4 presos muertos, sumando así un total de 89 durangueses asesinados.

    El acto de presentación se dividió en diferentes escenas. En primer lugar, dos vocales de la entidad leyeron, en castellano y en euskera, un comunicado; “Hace 70 años, un 24 de octubre como hoy, fusilaban en Derio al Durangués Juan Eskubi Urtiaga miembro de ELA-STV y del comitéde Orden Público de Durango… Hemos elegido este día para reunirnos y homenajear a todos aquellos durangueses que dieron su vida en defensa de la libertad, la justicia y los derechos nacionales de Euskal Herria… 70 años han trascurrido y como dice el lema del homenaje Agurrik Gabeak (Muertos y olvidados) sin toques y campanas, sin funeral,… Durante 70 años no se les ha rendido un homenaje público, fueron asesinados y luego olvidados,… Y hoy nos reunimos aquí para rendir homenaje a todas y todos aquellos que conocieron la represión fascista tras el golpe militar de 1936”.

    Seguidamente otros dos miembros de la asociación presentaron, de forma bilingüe, al público el documento que detallaba el motivo de la fundación de la entidad; “Han pasado más de 70 años de impunidad para los que cometieron tales atropellos y se enriquecen a costa de ellos. Por eso nació Durango 1936 Kultur Elkartea, para trabajar e investigar lo sucedido en Durango y el Duranguesado en aquella época, para encontrar la documentación pertinente, y para conocer, homenajear y proclamar a las víctimas del fascismo”. Tras lectura, salieron al escenario otros 4 miembros de la entidad para leer, uno a uno, los 89 nombres de los durangueses desaparecidos, acción como acto central del evento. La lectura era acompañada por una exposición de fotografías históricas que presentaban la lucha de los durangueses, y un tono musical de Txalaparta desde el inicio del evento.

    El acto continúo con un bertsolaris de Unai Iturriaga y Juan Mari Areitio, y, a continuación una quincena de personas cantaron en euskera una canción de Ander Ertzilla (música) y Unai Iturriaga (letra) acompañada por el ritmo de una guitarra, un bajo y un saxofón. Tras ello todos los asistentes del acto fueron a una plaza externa para hacer la Ofrenda Floral junto a la Chimenea. Una Ofrenda acompañada de bandera republicana y la Ikurriña. Por último se disfrutó de la música del grupo Bide Ertzean.

    Durango 36 Kultur Elkartea fue fundada a finales de 2007 y tiene como objetivo realizar continuamente trabajos de investigación, y de exposición al ciudadano (véase su web: http://www.durango1936.org/), para recuperar la memoria histórica que la “Transición” ha intentado tergiversar y hacer olvidar.

  9. #9

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    El recuerdo de los curas vascos fusilados por los franquistas golpea en la desmemoria de la Iglesia



    No fueron los únicos religiosos ejecutados por el bando nacional durante la Guerra Civil, pero constituyen un grupo nítidamente identificable. El recuerdo de los 16 curas vascos que en 1936 fusilaron los franquistas resuena setenta años después y golpea en las desmemorias de la Iglesia de la que formaron parte, que los ha relegado al olvido y parece preferir que un velo cubra su recuerdo.

    Hoy sabemos que el Papa se quejó a Franco por "la ejecución de sacerdotes católicos"

    El recuerdo de los curas vascos fusilados por los franquistas golpea en la desmemoria de la Iglesia

    Los primeros en morir fueron Martín de Lekuona y Gervasio de Albizu, que eran vicarios en la parroquia de Rentería (Guipúzcoa) y que fueron fusilados el 8 de octubre de 1936. El mes anterior las tropas de los generales alzados habían ocupado casi toda Guipúzcoa y llegaba la hora de la represión de las izquierdas y de los nacionalistas. Las convicciones religiosas, que se decía legitimaban la sublevación militar, quedaban en el segundo plano. De ahí que las represalias incluyesen a sacerdotes vascos, de filiación nacionalista y hondas actitudes religiosas. Así describía el escritor José Arteche a uno de los ejecutados: "Don Martín de Lecuona era el sacerdote cuya manera de ser más me sugería el ideal del ángel".

    Murieron después los siguientes: el cura y escritor José de Ariztimuño (Aitzol), Alejandro de Mendikute y José Adarraga, ejecutados en Hernani el 17 de octubre de 1936. El 24 de octubre fue fusilado en el cementerio de Oiartzun José de Arin, arcipreste de Mondragón. Ese mismo día se ejecutó a José Iturri Castillo, párroco de Marín, así como a los también sacerdotes Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi y José Sagarna. El 27, a José Peñaga-rikano, vicario de Markina. Celestino de Onaindía, cura auxiliar de Elgoibar, fue fusilado el día siguiente. Se sabe también que ese mismo mes fueron fusilados los padres Lupo, Otano y Román; el último era el superior del convento de los carmelitas de Amorebieta.

    El número de sacerdotes fusilados, las fechas y lugares de las ejecuciones y la coyuntura política y militar en que se produjeron confirman que estas actuaciones del bando franquista no constituyeron incidentes aislados. Fueron iniciativas con un determinado sentido, reprimir a quienes defendían la legitimidad republicana, sin que para esta práctica del terror fuese impedimento que el encausado fuese religioso. No puede descartarse que tal condición constituyera causa o agravante, en un momento en que, por el apoyo decidido de la Iglesia a la sublevación, el bando franquista desplegaría su inquina contra los curas que se oponían a la rebelión. Téngase en cuenta que era el momento en el que desde la Iglesia se gestaba la idea de la Cruzada para referirse a la sublevación, pero sin que quizás se hubieran deducido aún las consecuencias que tal símbolo implicaba o sin que se hubiesen transmitido eficazmente.

    Resulta obvio -todos los datos lo corroboran- que sufrieron represalias por sus creencias políticas, no por alguna suerte de actividad armada, pues no era este el papel que les adjudicó el País Vasco fiel a la República, sino el que se ceñía a la asistencia espiritual. La Iglesia no pudo alegar nunca desconocimiento sobre estos hechos. El embajador de Estados Unidos en España durante la guerra civil, Claude Bowers, los denunció en su libro Misión en España, 1933-1939, que señalaba que "esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar a la religión cristiana del comunismo". Y daba datos suficientes para comprobar que la jerarquía eclesiástica española sabía de estas ejecuciones. En enero de 1937 el cardenal Gomá se dirigía por carta al presidente del Gobierno vasco, José Antonio Aguirre, que el 22 de diciembre había expresado su asombro por la pasividad de la Iglesia ante el fusilamiento de los curas vascos. Admitía que se había producido, pues aseguraba que la jerarquía eclesiástica no se había callado en este asunto, pero que su protesta había sido discreta, por considerarlo así más eficaz. Reconocía el hecho y su gravedad... y justificaba que la Iglesia participase en la ocultación.

    Hoy sabemos también que en diciembre de 1936 un telegrama del Papa se quejó a Franco por "la ejecución de sacerdotes vascos católicos", en respuesta a protestas de aquel, que pedía que la Iglesia se implicase más en el apoyo a la sublevación. Ninguna duda hay, por tanto, de que las más altas instancias eclesiásticas, incluyendo el pontífice, estaban al tanto de lo que había sucedido en Guipúzcoa, ni de la actitud del bando franquista respecto a los religiosos que no participaban de sus ideas políticas.

    La Iglesia, que sostuvo la idea de Cruzada Nacional para legitimar la sublevación militar, fue beligerante durante la Guerra Civil, aun a costa de relegar a algunos de sus miembros. Sigue siendo beligerante, en su insólita respuesta a la Ley de Memoria Histórica, acudiendo a la beatificación de 498 "mártires" de la Guerra Civil. Entre ellos no se cuentan los sacerdotes ejecutados por el ejército de Franco. Sigue siendo una Iglesia incapaz de superar sus posiciones de parte, de hace 70 años, y dispuesta a que tal pasado nos persiga siempre. En este uso político de reconocimientos religiosos se percibe su indignación por la reparación a las víctimas del franquismo. Los criterios selectivos sobre los religiosos que militaron en sus filas resultan difíciles de comprender. ¿Los sacerdotes que fueron víctimas de los republicanos son "mártires que murieron perdonando" y los que fueron ejecutados por los franquistas los olvida la Iglesia? Esta actitud brutal, que quiere además aprovechar el acto para una gran peregrinación de resonancias públicas, señala quizás la incapacidad de la Iglesia española para superar sus rencores del pasado.

    El guipuzcoano José de Arteche, en su libro El abrazo de los muertos, de 1956, escribía: "Los hombres de mi generación no tienen remedio; nadie dice que hay que rectificar. Nadie dice que hay que pedir perdón. Uno llega a la conclusión de que en España no se reza el Padre Nuestro".

    Mateo Múgica

    Cuando supo que habían ejecutado al cura José Joaquín Arín, sin formación de causa, Mateo Múgica, obispo de Vitoria, concluyó: "Mejor habrían hecho Franco y sus soldados besando los pies de este venerable sacerdote que fusilándole". La trayectoria del prelado, cuya diócesis incluía Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, ilustra sobre las dificultades del franquismo con la Iglesia vasca y los recelos que la dictadura suscitaría en un clero mayoritariamente nacionalista. No lo era Mateo Múgica, sino monárquico. Natural de Idiazabal (Guipúzcoa) y obispo de Vitoria desde 1928, fue desterrado en mayo de 1931 por sus reticencias públicas respecto a la República. Volvió dos años después.

    Apoyó en un principio la sublevación militar, exigiendo que los católicos no cooperaran "ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente, al quebranto del ejército español". Suscribió pues la instrucción episcopal Non licet, con la prohibición formal a los católicos de adherirse a la República.

    Los excesos y brutalidades de los sublevados y su actuación en la diócesis vasca, le hizo cambiar pronto de opinión. En octubre elevaba sus protestas a la Santa Sede, informando de que en su diócesis los creyentes estaban siendo "injustamente perseguidos, vejados, castigados, expoliados por los representantes y propagandistas del Movimiento Nacional". En 1937 fue enviado de nuevo al destierro, esta vez por orden de los militares franquistas. Se negó a firmar la Carta colectiva de los obispos españoles por la que apoyaban al bando sublevado. Denunció entonces que en su diócesis se había perseguido a "nutridísimas filas de cristianos fervorosos y de sacerdotes ejemplares". No pudo regresar a España hasta 1947. Se instaló en Zarautz (Guipúzcoa), donde vivió, ya ciego, hasta 1968. Murió a los 98 años.

    [Fuente: El País, Madrid, 06may07. Manuel Montero es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco.]

  10. #10

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    "Cuando las reclusas volvieron del patio, sus hijos ya no estaban"



    El auto de Garzón recuerda que miles de hijos de presas fueron robados por la dictadura franquista en sus cárceles


    En octubre de 1936, Amparo Barayón, esposa del escritor Ramon J. Sender, pasa sus últimas horas en la cárcel de Zamora antes de ser fusilada en las tapias del cementerio de la ciudad. En su carta de despedida, Amparo se dirige a su marido: “No perdones a mis asesinos, que me han robado a Andreína”. Así lo relata el historiador Santos Juliá en su libro Víctimas de la Guerra Civil (Temas de Hoy, 1999).

    Andrea era la hija menor de la pareja. Tenía siete meses cuando fue arrebatada de los brazos de su madre. Ramón J. Sender pudo recuperarla dos años después. Tuvo la suerte que no acompañó a muchas presas de la posguerra, que fueron doblemente derrotadas. Perdieron la guerra y con el nuevo régimen impuesto, también a sus hijos. La represión femenina de la dictadura constituye un capítulo singular dentro del largo libro del franquismo. Cárceles como Ventas (Madrid), Saturrarán (Guipúzcoa), o Málaga son el escenario en el que se diluyó la identidad real de los niños perdidos del franquismo, cuya presencia ha rescatado el juez Baltasar Garzón en su último auto.
    La Prisión de Madres Lactantes

    La dictadura franquista “dio cobertura”, según el magistrado, a un “andamiaje pseudo jurídico” que facilitó la “sustracción sistemática de niños”. En enero de 1940, el ministerio de Justicia crea la Prisión de Madres Lactantes, en el número 5 de la Carrera de San Isidro –actual Paseo de la Ermita del Santo–, en Madrid. Las reclusas permanecían junto a sus hijos hasta que estos cumplían tres años. Sin embargo, la falta de garantías era lo único garantizado en las cárceles franquistas. “Desaparecían sin saber cómo”, cita Garzón en su escrito, reproduciendo un testimonio de la época.
    "Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron", cuenta una reclusa

    “Un día, cuando las madres salieron al patio con sus hijos, las monjas les dijeron que los niños tenían que quedarse dentro para un reconocimiento médico. Eran un centenar. Cuando las madres volvieron, los niños ya no estaban”. Esta denuncia aparece recogida en Los niños perdidos del franquismo, (Plaza y Janés, 2002), de los historiadores Ricard Vinyes, Montserrat Armengou y Ricard Belis. Lo recuerda así el vecino de una presa condenada a muerte. Su pena fue conmutada, pero perdió a su hijo. Otra reclusa encerrada en la misma prisión encontró a la suya poco después “en casa de unos militares, en Valencia”. Quien rememora estos hechos, no llegó a averiguar si pudo recuperar a su hija o no.

    El nacional catolicismo franquista impuso la obligación de que los menores crecieran en un ambiente familiar “irreprochable” desde el punto de vista religioso, ético y nacional”, según la legislación de la época.
    La cooperación de la Iglesia

    “Las cifras de niños y niñas, hijos de presas, tutelados por el Estado (…) ascendía a 12.042 en 1944, la mayoría de los cuales estaban en centros religiosos”, recoge Vinyes en Irredentas (Temas de Hoy, 2002). La cita consta también en el último auto de Garzón, en el que se explica la cooperación necesaria de la Iglesia franquista para engrosar la lista de los niños perdidos de la dictadura.

    “Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron”, cuenta una ex reclusa, Emilia Girón, en un testimonio recogido por Vinyes. Esta presa completa así sus recuerdos: “Si, por ejemplo, estás pariendo, viene un matrimonio que no tiene hijos y quiere reconocerlo, te lo quitan y lo llevan y nada más”.

    Los niños perdidos fueron arrebatados a mujeres presas, robados en el momento del parto o capturados fuera de España entre los menores evacuados por el Gobierno republicano durante la Guerra Civil. La dictadura creó para tal fin la Delegación Extraordinaria de Repatriación de Menores, desaparecida en 1941 y sustituida por el Servicio Exterior de la Falange.
    Otra mujer vio a su hija robada "en casa de unos militares, en Valencia"

    “Su retorno fue utilizado por la propaganda franquista”, escriben Vinyes, Armengou y Belis. En Los niños perdidos del franquismo, los tres historiadores recuerdan el caso de un adolescente repatriado desde Berlín en 1942. Su madre supo del retorno de su hijo “por un diario”, relatan. Sus padres lo reclamaron, pero fue en vano; su petición fue denegada “por no ofrecer ninguna garantía sobre su educación”.

    Garzón asegura que en España “podría haberse desarrollado un sistema de desaparición de menores de hijos de madres republicanas (muertas, presas, ejecutadas o simplemente desaparecidas) a lo largo de varios años, entre 1937 y 1950 desarrollado bajo la cobertura de una aparente legalidad, al contrario de lo que después ocurriría en Argentina entre los años 1976 y 1983, pero, precisamente por ello, con unos efectos más perdurables en el tiempo y más difíciles de detectar y hacer que cesen”.

    Hasta hoy. Los niños perdidos del franquismo son ahora abuelos. Su identidad robada tiene ya 70 años.

  11. #11

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    desmemoria y desvergüenza

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  12. #12

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    La memoria selectiva de la iglesia católica española







    El Cardenal Rouco quiere olvidar, allá él. Pero también quiere que todos y todas olvidemos lo sucedido en la mal llamada guerra civil española y en la posterior y eterna dictadura. Pretende que nos olvidemos que todavía miles de compatriotas están tirados en las cunetas de las carreteras o junto a las tapias de los cementerios a la espera de que este país tenga el arrojo necesario como para sacarlos a la luz y darles digna sepultura. Nuestras autoridades judiciales están abogando por la investigación de lejanos genocidios, por la derogación de las leyes de punto final que absolvían a los criminales contra la Humanidad redactadas por sus herederos en aras de falsas reconciliaciones y eso les honra.

    Pero, hete aquí, que en el estado español no se puede investigar, no se pueden abrir las fosas comunes del franquismo, no se puede resarcir a las víctimas, hay que volver a condernarlas eternamente a la ignominia más atroz. Nadie merece un castigo así. Pero nuestros píos obispos quieren que seamos generosos; quieren que volvamos a echar más tierra sobre los polvorientos huesos innominados; quieren que, bajo ningún concepto, tengan nombre y apellidos; que tengan aún después de la muerte una historia que contar. Una historia que es probable que en muchas ocasiones relacione a la curia con los asesinatos, por acción u omisión, por complicidad o silencio, por anuencia o acusación.

    Las continuas alusiones de la derecha —política y religiosa— al generoso espíritu de la transición, únicamente pretenden ocultar las leyes de punto final al más puro estilo de las repúblicas bananeras que otorgaban carta de naturaleza democrática al franquismo y a sus herederos. No se nos puede pedir que sigamos siendo generosos, no siempre a los mismos. El pueblo sabrá ser generoso cuando se le deje saber qué sucedió realmente en los años más negros de la historia española. Desde la verdad, desde el conocimiento, desde la restauración de la dignidad arrebatada por los uniformados de verde o de púrpura es posible decidir si perdonar o no a los autores. Pero ningún país puede pasar página cuando los paisanos caminan sobre los cadáveres de sus familiares. La reconciliación verdadera llegará desde la restitución de la memoria y la dignidad de todas y cada una de las víctimas. Ya apenas quedan verdugos que procesar pero aún restan multitud de heridas que no cicatrizarán hasta que aquellos que aún recuerdan a sus desaparecidos, aquellos que consagraron sus vidas a encontrarlos logren su cometido y hagan que sus restos descansen en paz.

    Mientras eso no ocurra, mientras que la iglesia no se decida a apoyar la restitución de la memoria de las víctimas del franquismo, cada vez que vea a un prelado, a un nuncio o a un purpurado, mi memoria los asociará invariablemente con aquellos que aguantaban el santo palio con el que protegían de las inclemencias celestiales a su santidad el genocida dictador, Francisco Franco. Monseñor Rouco, su ilustrísima si lo desea puede hacer como el que olvida, nosotros seguiremos comiendo rabitos de pasas. Y recuerda que la Península Ibérica es tierra de vides desde tiempo inmemorial…

  13. #13

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    El franquismo no le dejó llorar





    Los que negocian con los padecimientos de las víctimas, se mofan de su dolor y de su dignidad como personas…

    Cuando leí su nombre en el muro de la memoria de Sartaguda, decidí que era inaudito que aquel buen hombre, abuelo de un deudo mío, hubiera sido asesinado por el delito de ser pobre. Otro arrojado a las cunetas sin plegarias, sin flores, sin explicaciones…

    -" Mataban a los más pobres, a los que ni siquiera tenían un mísero trozo para cultivar - me contaba mi suegra-. Salían a la plaza, a ver si había suerte aquel día y los ricos les contrataban… A fulanito -omitiré los nombres por delicadeza con sus descendientes- le cantaban: "Fulanito fue a cazar/ y cazó una mariposa/ y la puso pa cenar/ porque no tenía otra cosa".

    Lo secuestraron a la noche y lo remataron al alba.

    -Menganito -relataba apenada mi suegra-, viudo con cinco hijos, cuando se lo llevaban los chiquillos se agarraban a él…

    Los esbirros del Dios del odio los arrancaron del padre. Antes de recibir el tiro de gracia, el grito ensangrentado del peón clamaba por sus huérfanos al Dios vengativo.

    Mi suegra tras siete décadas no ha podido eludir el profundo estremecimiento.

    -"Nosotros éramos de derechas porque éramos riquillos… y mis padres carlistas. Yo nunca entendí porqué algunos vecinos mataban a otros vecinos y gente con la que nos divertíamos y vivíamos con toda normalidad…"

    Ciertamente no tiene nombre la aberración que supuso matar a un hombre que solo supo vivir para trabajar y que nunca se señaló por pertenecer a ningún partido ni asociación política.

    Pero, si cabe, hay algo que se me antoja más duro…

    Quedaba su viuda, la buena de Eulalia. La muerte de su marido era un crimen incomprensible que le sumía en la más absoluta inanición, como ahogada en la oscuridad.

    -Qué hizo este pobre hombre -me comentaba ya anciana-, que desde los nueve años sólo había pisado los campos del pueblo. Quemado por hielos y soles… ¡Cuántos días se iba con un trozo de pan duro y una cebolla para bregar de sol a sol…!

    Por si fuera poco, "los jerifaltes": el cura (evidentemente nos referimos a los curas de Franco, los del Mauser, no a los practicantes del evangelio que se opusieron a esta masacre incluso con sus vidas), el jefe del movimiento del pueblo, los de la junta, etc., obligaban a la joven viuda al denigrante paseo por las calles del pueblo.

    Es difícil imaginar la humillación para una mujer joven, embarazada, rapada, ahíta de aceite de ricino para desbocar las tripas, paseando entre insultos, carcajadas, improperios, etc.

    Porque para los franquistas era poco matar, necesitaban torturar, envilecer, anular al ser humano.

    Esta España, la del Imperio, la de la cruzada, siempre se mostró febril y meticulosa en la exaltación de ciertas víctimas y de los que ella considera sus héroes. Por el contrario, siempre fue olvidadiza y despectiva con las víctimas y genocidios, que su altanería, su grandilocuencia y su insania, generó dentro y fuera de sus fronteras.

    Es ese espíritu carpetovetónico tan vengativo, tan puntilloso en la rehabilitación o con el cumplimiento absoluto de penas de ciertos delincuentes… -ETA, pederastas etc…- El mismo que nunca exigió ni arrepentimientos, ni cumplimiento de penas a los criminales clericales y fascistas del 36.

    Esos ni se rehabilitaron, ni creyeron en la obligación de hacerlo. Para más INRI, usurparon el poder, secuestrando todos los resortes y recursos del estado, hasta hace cuatro días. Y muchos tenemos la sospecha de que todavía no los han soltado.

    Es la España del terror. "Hay que eliminar -decía Mola- sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros". ¡Y vaya que le obedecieron!

    Y cientos de miles de víctimas se han ido a la tumba entre el sufrimiento, la humillación y el oprobio. Y los verdugos han vivido durante décadas en total impunidad, con todos los honores y con los frutos de monstruosas usurpaciones en los bancos nacionales y extranjeros.

    Ahora esa Iglesia que crucifijo en mano presenció y promovió tantos tiros de gracia y tantos crímenes, nos habla de olvido y perdón ¡Que desfachatez! ¿No deberá arrepentirse y purgar alguna vez tan largo rosario de crímenes?

    Todo crimen provenga de Eta, el Gal, Al Qaeda o quien sea es condenable. Pero aún resulta más horrible y repugnante cuando sobre su sangre inocente y sobre su degradación se instaura un gobierno como el del 36.

    La actitud de muchas asociaciones de víctimas y de los políticos que con tanto barullo mediático las apoyan, es ultrajante, todo un panegírico hipócrita para las víctimas del franquismo. ¿Alguien cree que el "terrorismo" ha producido más dolor, envilecimiento y olvido que el franquismo?

    Por eso, ahora que los franquistas y los herederos de sus ideas y patrimonios o la iglesia, etc., hablan de víctimas y fundamentan en ellas toda su actuación política, dudamos de su sinceridad y de su honestidad.

    No es pena, sino dinero y pura intencionalidad política lo que mueve a muchos de ellos. No hay arrepentimiento, volverían a repetir la hecatombe del 36 si estuviera en su mano.

    Siempre que miraba el rostro de Eulalia, donde no parecía caber un frunce más, y veía la dulzura irrefrenable de su mirada, me sobrevenían innumerables preguntas.

    Esta "gran mujer", que corroída por la vergüenza, arrastrándose o mendigando a sus propio verdugos fue capaz de sacar adelante a cuatro huérfanos ¿cómo habrá podido digerir el odio? ¿Habrá podido perdonar?

    Su hijo nunca pudo perdonar. Vivió toda su vida envenenado por el inmenso cáliz de amarga cicuta que ingería Eulalia, su idolatrada madre.

    Uno mismo, nada proclive al encono, en sus mismas circunstancias, no se ve capaz de adoptar otro proceder.

    Porque la desgracia no se remitió al asesinato de su marido ni a la orfandad, ni a la viudedad. Fue toda la prolongada noche del franquismo la que le envolvió.

    Las prédicas del cura que bendijo aquellos crímenes y que durante tantos años prostituyó con su palabra farisea y lacerante el púlpito de la parroquia. Fue la limpieza de los hogares de los próceres del pueblo que habían organizado las listas. Fueron las limosnas -había que comer- de las manos de los verdugos…

    Eulalia supo que debía arrastrarse por el fango sin miramientos para poder sacar a sus hijos adelante. Se olvidó de su orgullo, de su dignidad, de su rencor y de sus propias fuerzas físicas… Hasta el día en que sus cuatro hijos pudieron valerse por si mismos. Fue entonces cuando encontró el tiempo y el espacio para llorar.

    Eulalia, aquella viejecita que conocí de ojos azules, de mirada humilde y sonriente y de alma de acero, tal vez no tenga un monumento. Hay demasiados monumentos, flores y altares a la ignorancia, a la ignominia y a la mentira.

    Mejor que semejantes hitos, será la memoria que depositó en el corazón de hijos, nietos y amigos. Hay muchas Eulalias, humildes pero inmensas, a la espera de que esta sociedad un día se humanice para reivindicar a las auténticas héroes del franquismo: las viudas que crucificó el cruel dictador.

    Josu Sorauren

  14. #14

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    Retiran en España la última estatua ecuestre de Francisco Franco



    La Ley de la Memoria Histórica, aprobada el año pasado, permite al gobierno retirar insignias conmemorativas a la exaltación militar de 1936, la Guerra Civil (1936-39) y la dictadura (1939-75).




    Madrid. La última estatua de Francisco Franco a caballo ha sido retirada hoy en España, a más de 30 años de la muerte del ex dictador.

    Madrid. Sólo una vez apareció fotografiado como jefe de Estado a lomos de un caballo pasando revista a las tropas. Fue en 1945, en el Desfile de la Victoria. Pero esa imagen de Francisco Franco se convirtió en un emblema de la dictadura que perduró en España. Hoy, más de 30 años después de su muerte, desaparece la última estatua ecuestre de Franco.

    Bajo la lluvia y la mirada atenta de cientos, los operarios comenzaron a trabajar a primera hora de la mañana en Santander, en el norte de España, para separar la base de la estatua de su pedestal.

    Es "una buena noticia para las miles de víctimas de la dictadura franquista que han tenido que convivir durante treinta años de democracia con numerosos monumentos que exaltan a quienes conquistaron el poder a través de un golpe de Estado", manifestó en un comunicado la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

    Las estatuas ecuestres de Franco, dispersas por la geografía española, fueron objeto de debate desde la llegada de la democracia a España tras la dictadura. Pero resistieron en sus pedestales para satisfacción de los nostálgicos del franquismo y desesperación de quienes denostan 40 años de dictadura.

    La de Santander era la última estatua del general a caballo que quedaba en un espacio público. Su retirada se decidió hace cuatro años pero se aplazó hasta que tuviera lugar la reforma de la Plaza del Ayuntamiento de Santander, un lugar que hasta el año 2001 se llamó Plaza del Generalísimo Franco. En ella se instaló la estatua ecuestre en 1964.

    Tras la remodelación del lugar, Franco y su caballo de cobre no regresarán a ella. El alcalde, del conservador Partido Popular (PP), quiere instalarla "en el futuro Museo de Cantabria, que aún no se ha construido, como elemento histórico de Santander".

    "Más vale tarde que nunca", dice sobre su retirada Raquel, una joven historiadora a la que la imagen del dictador en el centro de la ciudad no le agradaba. Otros no opinan lo mismo: "Esto es historia", argumenta un vecino de más edad. Una mujer depositó hoy flores junto al lugar en el que trabajaban los operarios.

    La de Santander es una de las estatuas ecuestres de Franco más emblemáticas. Es gemela, hecha con el mismo molde, de la que en Madrid presidió durante 46 años la plaza San Juan de la Cruz, cercana al céntrico Paseo de la Castellana, y que fue retirada con gran polémica en marzo de 2005.

    Su autor, el escultor José Capuz, se inspiró en otra estatua ecuestre para hacerla: la de la ciudad italiana de Padua que Donatello erigió en el siglo XVI y que está dedicada al "condottiero" Erasmo de Narmi, conocido como "Gattamelata".

    La retirada de la estatua de Madrid la ordenó directamente la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, un año después de que los socialistas llegaran al gobierno español y cuando estaba a punto de cumplirse el 30 aniversario de la muerte de Franco. "Es impensable que en ámbitos públicos o colectivos existan recuerdos de dictadores", defendió entonces la decisión el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tras una gran polémica por la desaparición de una de las más conocidas estatuas del dictador.

    La Ley de la Memoria Histórica, aprobada el año pasado por el Parlamento, permite a las administraciones retirar escudos, insignias, placas y menciones conmemorativas de exaltación de la sublevación militar de 1936, la Guerra Civil (1936-1939) y la represión durante la dictadura (1939-1975).

    Y en virtud de esa ley, en Santander se retirará también un escudo de la Segunda República, lo que hoy fue criticado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica por equiparar ambos períodos históricos.

    Antes de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica, muy controvertida y discutida por la derecha, ya habían sido retiradas del espacio público destacadas estatuas del dictador, como la de la ciudad gallega de Ferrol, lugar natal de Franco, que en 2002 quitó el ayuntamiento del Bloque Nacionalista Galego.

    Tras la retirada de la estatua de Santander, ya sólo queda una de Franco: está en la ciudad autónoma de Melilla, en el norte de África, pero en ella el dictador no está a caballo, sino de pie. Pero aunque aún no hay fecha prevista, Melilla anunció ya hace meses su intención de retirarla también.

    No obstante, para algunos como el ex ministro franquista José Utrera Molina, "Franco cabalga aún en la historia de España". Otros españoles prefieren centrarse en que la memoria del dictador está desapareciendo al menos de las calles.

  15. #15
    Marinero en tierra Goaul's Avatar
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    ¿Todavía sigue la de Carrero Blanco "El Volador" en Santoña?.

  16. #16

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    Cierto.Ahí sigue


  17. #17

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    Los cosacos de "La Nueve"




    Durante la Segunda Guerra Mundial muchos republicanos españoles, la mayoría de ellos desconocidos, combatieron junto a los aliados frente al nazismo. Algunos lo hicieron en una unidad militar francesa que se hizo célebre por su nombre en castellano, "La Nueve", y por haber sido la primera en entrar en París el 24 de agosto de 1944, en la hora de la Liberación.

    Eran veteranos de la guerra civil, duros, altivos y temerarios, y por eso su capitán les puso el apodo de "Los Cosacos".





    La veterana periodista Evelyn Mesquida presenta en Valladolid ‘La Nueve’, la historia de esa compañía española que luchó contra los nazis en África y Francia y llegó al búnker de Hitler


    Derrotaron a los temibles África Korps del general Rommel en el Norte de África, fueron los primeros en entrar en la plaza de la Alcaldía durante la liberación de París, combatieron en Normandía pocos días después del desembarco aliado y llegaron hasta uno de los cuarteles generales de Hitler, el ‘nido de águila’ de Berchtesgaden, y su búnker. Sin embargo, los hombres de ‘la Nueve’, una compañía de soldados republicanos españoles integrada en el ejército francés, no figuran en los libros de Historia. Es más, han sido «injustamente olvidados», según la veterana periodista valenciana Evelyn Mesquida, quien ayer presentó en Valladolid el libro La Nueve (Ediciones B), en el que reconstruye su historia. Todo comenzó hace una década, cuando Mesquida, corresponsal del Grupo Z en Francia durante 30 años, preparaba una serie de reportajes conmemorativos del 60 aniversario del fin de la Guerra Civil. «Un viejo anarquista me enseñó la foto de un grupo de soldados. Estaba tomada en Gran Bretaña, llevaban uniformes americanos, formaban parte del ejército francés y eran españoles. No había oído hablar de ellos nunca pero me di cuenta de que ahí había algo, una historia preciosa», explicó la periodista a El Día de Valladolid.

    Poco a poco, en sus ratos libres, Mesquida comenzó a «tejer» el retrato de una compañía compuesta exclusivamente por republicanos exiliados que jugó un papel fundamental en los principales frentes de la II Guerra Mundial. ‘La Nueve’ era un batallón de infantería «temido y respetado» que tenía como misión la avanzadilla de tropas. «Era un grupo de choque que atacaba tanques alemanes llevando bombas en los bolsillos», matizó la periodista. Por esa razón, al final de la II Guerra Mundial sólo sobrevivieron 16 de sus miembros, de los cuales Evelyn Mesquida consiguió localizar a siete.

    Todas estas hazañas convirtieron a ‘la Nueve’ en una compañía mítica y, sin embrago, hoy apenas se la recuerda. «¿Que por qué no se la conoce? Ésa es la gran pregunta. Para construir el mito francés de la resistencia, sacrificaron a los españoles. Los especialistas en historia militar han pasado de lado, sin tenerlos en cuenta. La alcaldía de París les ha hecho algún homenaje pero no el Gobierno de la nación. Francia tiene que reconocer a estos combatientes», criticó Evely Mesquida, quien no duda de la «participación importantísima de los combatientes españoles en la lucha contra el fascismo y el nazismo».

    La corresponsal dedica la primera parte de su libro, publicado en octubre, a narrar la historia de ‘la Nueve’ y sus orígenes, desde el exilio posterior a la Guerra Civil de los combatientes republicanos que la formaron. La segunda parte recoge los testimonios de siete de sus miembros, quienes «cogieron las armas en el 36 y no las soltaron hasta el 45, al final de la guerra». «En ese momento, se sintieron traicionados por los aliados porque nadie les ayudó a recuperar España de las manos del fascismo», recordó Mesquida, quien ha presentado su trabajo en el Instituto Cervantes de París y en otras instituciones y universidades de Francia, un país que la escritora no abandonará del todo, ya que su próximo libro tratará sobre «los primeros focos españoles que constituyeron la resistencia francesa».

    Daniel G. Rojo | El Diario de Valladolid

  18. #18

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    Los niños perdidos del franquismo


    La Acción Social de la Falange y la Iglesia desempeñaron un papel muy importante en una poco conocida 'depuración' de la raza por la que se robaron miles de niños, hijos de padres asesinados y madres 'rojas'


    Una de las sorpresas que me encontré a la vuelta de un largo exilio fue el ver que mis estudiantes (gente joven, despierta y curiosa intelectualmente, horrorizados por las barbaridades realizadas por las dictaduras chilenas y argentinas -tales como el robo de niños de padres asesinados por aquellas dictaduras-) desconocían que todos aquellos horrores habían ocurrido también en España durante la dictadura franquista, incluyendo el robo de niños de madres republicanas asesinadas por el Ejército golpista. Recordaré siempre su respuesta al excelente documental de la televisión catalana Els nens perduts del franquisme, de Montse Armengou y Ricard Belis, que documentaba tales robos durante la dictadura. Al entrar en el aula al día siguiente de haberse proyectado tal documental, noté un silencio ensordecedor. Los estudiantes estaban sorprendidos, avergonzados e indignados de que se les hubiera ocultado parte de la historia de su país. Sabían lo que había ocurrido en Argentina y Chile, pero desconocían lo que había ocurrido en España.

    En contra de lo que se ha dicho y escrito, el régimen militar de Franco era racista

    Se requirió que a las madres 'rojas' se les quitaran los infantes para evitar su degeneración

    Fue así como pude explicarles que no sólo lo que había ocurrido en aquellos países, sino incluso muchas de las cosas que habían ocurrido en la Alemania nazi, se habían dado también en España. En realidad, parte de los experimentos realizados por la Gestapo en los campos de concentración nazis se habían iniciado en España bajo la supervisión de la misma Gestapo. (Ver Michael Edwards A time of silence. Civil War and the Culture of Repression in Franco's Spain. 1936-1945. Cambridge University Press, 1998). No se lo podían creer. ¿Cómo es que nadie se lo había contado? Y así se lo expliqué.

    En contra de lo que se ha dicho y escrito, el régimen militar liderado por el general Franco era racista. Los militares golpistas se consideraban parte de una raza hispánica superior (el día nacional se llamaba el día de la Raza), superioridad que le otorgaba el derecho de conquista y sometimiento sobre otras razas inferiores, entre las cuales incluían la raza de los republicanos rojos (término utilizado por la dictadura hacia aquellas poblaciones que se opusieron al golpe militar y a la dictadura). El ideólogo de tal doctrina era el militar psiquiatra Vallejo Nájera, que dirigía los Servicios Psiquiátricos del Ejército. Parte de su formación había tenido lugar en Alemania, habiendo estudiado las teorías racistas nazis de las cuales era un ferviente admirador. Su interpretación de la raza, sin embargo, contenía un fuerte componente político-cultural y psicológico más que étnico, aunque incluía elementos antisemíticos en su definición. Fue nombrado por el dictador director del Gabinete de Investigaciones Psicológicas con el objetivo de estudiar la raza española y su superioridad, con la intención de purificarla eliminando cualquier forma de contaminación que diluyera su pureza. Sus teorías quedaban reflejadas en sus libros, incluyendo Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza, en el que definía raza como espíritu. "La raza es espíritu. España es espíritu. La Hispanidad es espíritu... Por eso hemos de impregnarnos de Hispanidad... para comprender nuestras esencias raciales y diferenciar nuestra raza de las extrañas". Este espíritu lo definía como "militarismo social, que quiere decir orden, disciplina, sacrificio personal, puntualidad en el servicio, porque la redoma militar encierra esencias puras de virtudes sociales, fortaleza corporal y espiritual". Y para mejorar la raza era necesaria "la militarización de la escuela, de la Universidad, del taller, del café, del teatro, de todos los ámbitos sociales". Su purificación de la raza incluía el resurgimiento de la Santa Inquisición en contra de las personas que consideraba antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares que corrompían la raza española. Afirmó que parte del problema racial de España era que había demasiados Sanchos Panzas (físico redondeado, ventrudo, sensual y arribista), y pocos Don Quijotes (casto, austero, sobrio e idealista), personajes imbuidos en un militarismo, identificando la cultura militar como la máxima expresión de raza superior. (Para expansión de este análisis, ver el excelente libro de Enrique González Duro Los Psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos. Península, 2008).

    Vallejo Nájera tenía un gran desprecio para las personas corrientes y creía que la sociedad moderna necesitaba de una "minoría selecta... con espíritu aristocrático... imbuido en una misión especial de salvar al país y a la raza". Era también profundamente anti-mujer, considerando que "las hembras no estaban facultadas para la lectura de libros". Desaconsejaba a las niñas que leyeran libros excepto los de carácter religioso, y alertaba que la debilidad mental de las mujeres las hacía especialmente vulnerables al marxismo, el máximo exponente del deterioro de la sociedad. Hablaba del marxismo como de una peste transmitida a partir de los centros urbanos, los centros industriales de la costa de España.

    Vallejo Nájera estableció un campo de experimentación en Málaga, "Málaga que ha importado toda clase de ideas", ciudad costera que él consideraba proclive a tal enfermedad. En aquel campo hizo todo tipo de experimentos, asesorado por agentes de la Gestapo, incluyendo un estudio de 40 malagueñas, milicianas republicanas, consideradas todas ellas como "casos de anormalidad psíquica, exaltadas por sentimientos pasionales... que se sumaron al saqueo para satisfacer impunemente rencores y venganzas personales". Dentro del campo de concentración agrupaba a los rojos en varias categorías, siendo una de ellas (considerada de las más degeneradas) las mujeres marxistas y catalanas. Fue en estos campos de concentración donde se realizaron tales estudios que generaron la información de la que Vallejo- Nágera concluía que el marxismo era la máxima forma de patología mental, siendo "el marxismo español una mezcla judeo-masónica que la distingue del marxista extranjero, semita puro".

    Tal señor no era una figura menor en el edificio ideológico del Ejército franquista y del régimen militar que estableció. Sus teorías se transformaron en la ideología del régimen. Eran profundamente racistas, contraponiendo la raza española (que se caracterizaba por su masculinismo, canto a la fuerza física, nacionalismo extremo y un profundo catolicismo) a la raza roja inferior, compuesta de subdesarrollados mentales, psicópatas y degenerados, contaminados por un marxismo, judaísmo y masonismo al cual eran vulnerables las clases populares por su subdesarrollo mental.

    Tal inferioridad de raza podía corregirse, sin embargo, a la temprana edad de la infancia. De ahí que se requiriese que a las madres rojas se les quitaran los infantes para evitar su contaminación y degeneración. La Acción Social de La Falange y la Iglesia jugaron un papel muy importante en esta depuración de la raza "salvando" a los infantes de tal patología que podía transmitirse de madres a hijos. Tales robos eran frecuentemente hechos para el beneficio de parejas afines al régimen que deseaban tener niños. Miles de niños fueron sustraídos de sus madres rojas.

    Esta política de robos era, tal como escribe Enrique González Duro, política del Estado. El Ministerio de Justicia tenía como responsabilidad robar (el término que se utilizaba era recoger) a todos los hijos de los asesinados, encarcelados o desaparecidos, a fin de "liberarles de la miseria material y moral que suponía su distanciamiento del nuevo Estado español". En 1943 los hijos de presos bajo tutela del Estado eran 12.043.

    Estos hechos se han ocultado al pueblo español. El documental Els nens perduts del franquisme, ampliamente galardonado internacionalmente, ha sido mostrado en la televisión sólo en Cataluña, en el País Vasco y en Andalucía (a la 1 de la madrugada). Recientemente se hizo una presentación de una versión abreviada en TV2. Por lo demás no se ha presentado en ninguna otra televisión, sea pública o privada, contribuyendo al olvido de los horrores de aquella dictadura cuyo conocimiento es muy escaso en nuestro país, y que el auto del juez Garzón hubiera podido ayudar a remediar. Su retiro del caso ha aumentado las posibilidades de que aquel horror continúe desconociéndose.

    Vicenç Navarro es catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra.




  19. #19

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    Garzón remite a siete Juzgados Decanos la investigación sobre los 'niños perdidos del franquismo'



    El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha remitido la investigación sobre los denominados 'niños perdidos del franquismo' a siete Juzgados decanos de España, en concreto los situados en Barcelona, Burgos, Valencia, Vizcaya, Madrid, Málaga y Zaragoza, según se desprende de un auto del magistrado al que ha tenido acceso Europa Press.

    En su auto, fechado el pasado 26 de diciembre, el juez acuerda inhibirse de la causa sobre la memoria histórica a favor de los juzgados de instrucción territoriales, en aplicación de la decisión tomada por la Sala de lo Penal que declaró su falta de competencia para instruir sobre las muertes y desapariciones producidas durante la Guerra Civil y el Franquismo.

    Garzón envía además la causa --"en la medida en la que a cada uno de corresponde en función de los hechos acontecidos en su respectiva jurisdicción", especifica-- a los Juzgados de Instrucción de La Coruña, Asturias, Badajoz, Burgos, Castellón, Córdoba, Granada, Huelva, Huesca, León, Lugo, Madrid, Navarra, Palencia, Pontevedra, Salamanca, Soria, Toledo, Zamora, Zaragoza, Alicante, Valencia, Manacor y Palma de Mallorca.

    Se inhibe también a favor de los Juzgados de Instrucción Decanos de las localidades de Herrera del Duque (Badajoz), Pamplona (Navarra), Trujillo (Cáceres) y Astorga (León) para que sean estas dependencias judiciales las que den respuesta a "las exhumaciones solicitadas".

    Este nuevo auto de Garzón sigue al dictado por el juez el pasado mes de noviembre en el que ya tomaba la decisión de inhibirse habida cuenta del fallecimiento de los altos cargos del régimen de Franco a los que imputaba un delito permanente de detención ilegal sin dar razón de paradero que encajaba, según el magistrado, en el contexto de Crímenes contra la Humanidad.

    El juez especifica que la inhibición acordada entonces se materializa ahora "según lo decidido por la Sala" por lo que "serán los juzgados que resulten competentes los que tendrán que asumir o no asumir dicha calificación y la continuidad o no de los procedimientos", incluidos los relativos a las desapariciones "legalizadas", sustracciones y cambios de identidad de menores de edad durante los años del franquismo.

    'NIÑOS PERDIDOS'

    Garzón ya advertía en el auto de noviembre al poder judicial "la obligación" de investigar lo sucedido a los 'niños perdidos' y destacaba que el "número indeterminado" de menores en estas circunstancias "dura hasta la fecha".

    El juez reflejaba en aquella resolución los datos recopilados por el historiador catalán Ricard Vinyes que aportó en su Juzgado junto a diversas transcripciones de conversaciones que, en opinión del magistrado, "apoyan la investigación".

    Indicaba que la "sustracción sistemática de niños" de padres que eran considerados "no aptos para asumir su cuidado y protección" por su ideología, constituye un crimen contra la humanidad que no está prescrito ni amnistiado ya que las víctimas (los hijos y algunos progenitores) podrían estar vivas.

    "Estos son los hechos y desde las instituciones, el Ministerio Fiscal y los jueces competentes se deben desarrollar todas y cada una de las acciones necesarias para que los mismos se investiguen, se sancione a los culpables y se repare a las víctimas", decía el juez que indicaba que es necesario ofrecer la posibilidad a aquellos que están vivos y que hoy en día superan los 60 años, de obtener la recuperación de su identidad.

    Según los datos que obran en el sumario la cifra de niños y niñas, hijos de presas y tutelados por el Estado, alcanzó entre 1944 y 1955 casi 31.000, según la información que el Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas elevó al mismo Francisco Franco.

    La sustracción de menores adquiría diversas formas por lo que existen 'niños perdidos', hijos de reclusos cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias adictas al régimen y cambios en la identidad de niños repatriados y abandonados que "los rojos obligaron a salir de España" y que fueron después devueltos.

    Estos menores eran asignados a familias "de reconocida moralidad y adornados de garantías" que aseguraran la educación de los huérfanos en ambiente familiar irreprochable desde el triple punto de vista religioso, ético y nacional".

    "Se dieron casos de alteración de datos al nacimiento para impedir que los padres (...) recuperaran a sus hijos y perjudicaran las adopciones consumadas", recordaba el juez. Garzón mencionaba también a los hijos de mujeres presas violadas en las cárceles y ejecutadas después de dar a luz y reflejaba la existencia de un plan emanado del régimen franquista y dirigido a la "captura" de menores repatriados en países como Rusia.

    INFORME DE LOS PERITOS

    En su nuevo auto Garzón menciona además la existencia de un informe llevado a cabo por la comisión de expertos que nombró él mismo para agilizar la investigación sobre las desapariciones y muertes y cuya elaboración se cerrará hoy, dice el juez.

    El magistrado asegura que los cinco peritos que componen el grupo le han presentado un avance de este estudio "en el que apuntan un balance provisional de víctimas que cifran en un número que se centra entre los 136.062 y los 152.237".

    Garzón acuerda, además, remitir testimonio literal de las actuaciones digitalizadas a los Juzgados territoriales y comunicar a estas dependencias judiciales cuales son las partes personadas en este procedimiento.


  20. #20

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    Enrique Ruano: una lección histórica contra la amnesia y la impunidad



    40 años después, los máximos responsables de su asesinato, Manuel Fraga y los policías Francisco Colino, Celso Galván y Jesús Simón siguen en libertad y sin cargos. Demasiada generosidad “democrática”.



    Estamos cerca del 20 de enero y las cosas no han cambiado demasiado. Los policías responsables, fueron absueltos por falta de pruebas en juicio por asesinato celebrado en 1996, en plena “democracia coronada.”

    Faltaba una prueba fundamental. Los responsables o encubridores del asesinato del estudiante Enrique Ruano, le habían serrado parte de su cadáver que había sido exhumado para una nueva autopsia, faltaba un hueso: su clavícula.


    Sin pruebas de balística en su momento y sin clavícula, el Tribunal lo tiene fácil.

    Las torturas a las que fue sometido Enrique y otros compañeros estudiantes, las amenazas a la familia para que callasen, por parte de Manuel Fraga Iribarne -Sí, DON Manuel- pasaron totalmente desapercibidas por el Tribunal.

    Como los torturadores de la BPS y sus Jefes, no consiguieron lo que pretendían, lanzaron a Ruano por la ventana de un 7º piso de la calle llamada hoy, Príncipe de Vergara en Madrid.

    Apenas unas decimas de segundo tarda en recorrer el cuerpo de Ruano, los casi 20 metros desde el séptimo piso al suelo, cuando es lanzado al vacio con un balazo en el cuerpo. “Se suicida” le dicen a la familia.

    Los residentes en Madrid aún podréis haceros una idea y reconstruir los hechos si pasáis por allí.

    Si, 40 años después de aquel macabro asesinato.



    Una demanda debe continuar, JUSTICIA para los responsables, cómplices y encubridores del asesinato de Ruano.

  21. #21

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    Una carretera en la memoria


    En febrero de 1937, 200.000 malagueños huyeron por la costa hacia Almería tras la llegada de las tropas franquistas. Ayer un centenar de personas, entre ellas algunos supervivientes, rememoraron a pie este recorrido entre la capital y Rincón



    Manuel Borges tenía ocho años cuando tuvo que huir junto a sus padres y hermanos por la carretera hacia Almería. Era el 7 de febrero de 1937 y las tropas franquistas estaban a punto de tomar la ciudad. 72 años después, este veleño rememoró ayer, con la voz rota de emoción, el día que dejaron sus tierras para emprender una huida hacia ninguna parte. «Las bombas caían por todos lados. Nos teníamos que refugiar bajo los puentes», recordó Borges, que fue uno de los supervivientes de la 'desbandá', como se conoce popularmente el éxodo de más de 200.000 malagueños hacia Almería en febrero de 1937.




    «Es uno de los episodios más trágicos y desconocidos de la Guerra Civil. Estamos aquí para recuperar la dignidad de estas víctimas de la represión franquista», explicó José Luis Cabello, responsable del Foro por la Recuperación de la Memoria Histórica de la Axarquía y organizador de la III Marcha de Homenaje que ayer celebró su primera etapa, cubriendo el recorrido entre la plaza del Obispo, en la capital malagueña, y la plaza del Ayuntamiento de Rincón de la Victoria.




    Junto a supervivientes de aquel horror como Manuel Borges, caminaron, bajo una intensa y persistente lluvia, alrededor de un centenar de personas, entre las que se encontraban dirigentes provinciales de IU, como la diputada de Juventud y alcaldesa de Villanueva de Tapia, Encarnación Páez, quien apuntó al término del recorrido: «Hemos soportado la lluvia y el frío, pero tenemos la suerte de tener ahora una casa a donde ir. Esos miles de malagueños de 1937 salieron sin destino y muchos murieron por el camino, en el más absoluto anonimato. Es de justicia rendirles este homenaje y comprometerse con la dignidad y la verdad histórica».




    En efecto, a pesar de la persistente lluvia, los participantes completaron todo el recorrido previsto entre la capital y Rincón, realizando una parada en la zona del Peñón del Cuervo, donde hay un paseo con el nombre del médico canadiense Norman Bethune, que ayudó a muchos de estos malagueños y tomó cientos de imágenes del sufrimiento vivido durante más de un mes.




    «No sabemos con exactitud cuántos murieron. Parece que pudo haber hasta 80.000 víctimas», relató Cabello, quien recordó que el próximo domingo tendrá lugar una segunda y última etapa de este tercer homenaje, entre Rincón de la Victoria y Torre del Mar.




  22. #22

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    GERNIKA 2009-02-7 LARUNBATA

    Sábado 7 de Febrero en Gernika






    13:00. Ekitaldia (Pasealekua). Homenaje a todas las víctimas del franquismo.
    14:30. Herri Bazkaria / Comida Popular (Seber Altube Ikastola)
    17:30. “Itxasoaren alaba” filmearen aurkezpen-emanaldia (Elai-Alai Aretoa)
    19:00. Kantaldia: DANGILISKE + FERMIN BALENTZIA (Elai-Alai Aretoa)

















  23. #23

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    Areces, sangre terrorista en la memoria histórica



    Comandante Saseta

    Llevamos un tiempo en el cual se ha desarrollado un encendido interés por recuperar la denominada Memoria Histórica fruto de la labor desinteresada de muchos historiadores, investigadores y gente corriente, en numerosos casos afectados directamente por el trauma vivido en el Estado español desde las décadas treinta y cuarenta del siglo XX hasta nuestros días.

    La Memoria Histórica es resultado de la represión generada por los vencedores de una guerra injusta, ilegítima, ilegal y facciosa. Han tenido que pasar décadas desde la desaparición física del dictador, para que la sociedad española (y en algunos casos, también la vasca) haya sido capaz de enfrentarse abiertamente a fantasmas del pasado que generaron horror, miedo e indefensión moral, legal y judicial, por lo que se vivió durante décadas dentro de una sociedad silenciosa, o silenciada, que no veía el momento de atisbar siquiera un mínimo rayo de esperanza.

    Estos últimos años van ocurriendo una sucesión de aniversarios y conmemoraciones de todo lo ocurrido, especialmente durante la República y la guerra, que son tomados como momentos de reparación y recuperación. Porque conviene recordar que aquellos que sufrieron la represión, lo pagaron por ser personas comprometidas con la democracia, la libertad y la justicia social, aguantando el oprobio y la fijación de amplias capas sociales que se creían mejores moral y éticamente porque contaban con valedores tan poderosos como la jerarquía eclesiástica católica. Demasiada gente humilde, comprometida o solidaria pagó con represión, cárcel o vida su condición. Y encima tuvieron que soportar el expolio patrimonial, el sambenito de ser cuasi no-personas, además del escarnio público y el aceite de ricino.

    Podríamos pensar que todo esto es cosa del pasado, pero estaríamos profundamente equivocados. Que todavía hoy sigamos conmemorando determinados hechos en la más absoluta orfandad mediática e institucional, nos lo muestra palpablemente. Quedan ideas que sufrieron persecución en aquel momento y que hoy se han ilegalizado. Tenemos el caso paradigmático de EAE-ANV.

    En febrero de 1937, el alto mando militar de la república presiona al lehendakari Agirre para que se implique en una ofensiva contra la ciudad de Oviedo que resistía el cerco del Ejército popular. Una aventura que nadie ve con buenos ojos, ni siquiera aquel que es nombrado para dirigirla, el comandante Saseta.

    Entre el 21 y el 24 se produce el enfrentamiento más duro entre el cuerpo expedicionario vasco y los facciosos franquistas apoyados por compañías moras de Tetuán. Se dice que se echó a suertes quién pasaba en primer lugar el río Nalón en barcazas, ya que los ingenieros republicanos habían sido incapaces de levantar un pontón sólido. Se dice que se echó a suertes, pero parece que no es verdad. Saseta pidió que intentaran consolidar una cabeza de puente al batallón Eusko Indarra directamente porque confiaba en ellos absolutamente. Y allí se embarcaron los gudaris ekintzales al mando de Ramón Laniella sufriendo una verdadera escabechina al estar desprotegidos frente a las posiciones franquistas.

    Aún así, lograron alcanzar el pueblo de Areces apoyados por el batallón jelkide Amaiur, aunque todos tuvieron que replegarse en pocas horas al ser imposible mantener la posición ante el contraataque rebelde. Se producía de este modo lo que más se temía: una retirada desordenada. Para evitarlo, Saseta actuó como siempre lo había hecho, acudiendo a primera línea para organizar el repliegue. Allí murió junto a decenas de gudaris y allí quedaron sus cuerpos para ser maltratados por lo vencedores, que los remataron, despojaron de ropas, enseres personales y cuanto portaban encima. El comandante en una fosa al lado de un camino y el resto en una landa de hierba: el Pradón de los vascos.

    Todos tenemos asumida la percepción societaria de que cuando alguien incumple la ley, debe dar cuentas por ello. Lo que no es tan explicable es que haya organizaciones políticas, periódicos, radios, asociaciones culturales o solidarias que delincan. No hallo artículo alguno del Código Jurídico que me lo explique. Confiamos en el que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dicte una resolución al respecto que nos aclare estos tecnicismos legales a aquéllos que somos legos en la materia. Si alguna persona incumple la ley, será esa persona la que responsable, no la organización o medio en el que milite, colabore o trabaje. Ningún partido ha sido nunca ilegalizado porque sus cargos públicos roben o prevariquen, y casos sobran para mencionar. Ni siquiera el GAL afectó al PSOE.

    ¿Qué dirían los cientos de gudaris muertos de EAE-ANV si hoy supieran que son parte de una organización inscrita el la lista de grupos terroristas de Europa a instancias del PSOE? EAE-ANV es una formación histórica avalada por su trayectoria. Legal durante la República, con cargos electos, coaligada con partidos republicanos, y el mismo socialista, en primera fila en la defensa de la legalidad y la democracia desde el mismo 18 de Julio, integrante del Frente Popular que gobernaba elegido democráticamente el estado español, miembro del Gobierno vasco durante sus 40 años de gestión, de la resistencia antifascista y con un ministro en propio gabinete español. Legal sin trabas tras la muerte de Franco. Este partido hoy es ilegal.

    La sangre derramada en el Areces, Albertia, Artxanda y tantas trincheras no sirve para nada. La necesidad actual del socialismo español es prioritaria. ¿Qué pensaría toda esta gente? Tellagorri, Areitioaurtena (embajador en Turquía de la República), el ministro Tomás Bilbao, los masacrados en un parapeto junto a Legutio, los casi seiscientos caídos en los frentes (era tal el desorden y la carencia de medios materiales en las filas republicanas que, durante la ofensiva en Asturias un gudari del Eusko Indarra escribía a Tomás Mitxelena del Comité Nacional ekintzale: "Ya os podíais haber pensado mejor al meternos en este fregado. Estamos faltos de todo tipo se suministros, munición, calados hasta los huesos, rotos físicamente por el esfuerzo continuo, sin comer caliente, a veces sin ni siquiera comer, y con una presencia permanente en primera línea que estamos pensado ya si esta dichosa guerra se ha declarado únicamente para exterminarnos a nosotros).

    No sé si es necesario explicar que el Eusko Indarra era un batallón de EAE-ANV. Hoy el compromiso solidario, la sangre y la vida de todos estos gudaris, su memoria histórica es ilegal. No lo sabían, pero formaban parte de una organización que era llamada a ser terrorista en la lucha contra el Mal declarada por el insigne demócrata Bush.

    No lo comprendo. Pero no me siento solo. Tampoco lo debieron comprender Alcalá Zamora, Manuel Azaña o los socialistas Indalecio Prieto y Largo Caballero. La ignorancia al lado de tan insignes personajes españoles es más llevadera.

  24. #24

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    3 Marzo 1976

    Asesinato de estado sin reconocer tras 33 años trata de ser revisionado



    Ya son 33 años transcurridos desde aquellos crímenes del 3 de Marzo de 1976. Ya son 33 años denunciando que la matanza de Vitoria-Gasteiz fue un acto de Terrorismo de Estado por el que ninguno de sus responsables políticos ni de los autores materiales han rendido cuentas ante la Justicia.





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    Así como algunos responsables políticos siguen en activo y son perfectamente localizables, contrariamente son pocas o ninguna las noticias acerca de aquellos uniformados que gasearon, apalearon y ametrallaron a cientos de trabajadores.

    No obstante, sus voces han quedado grabadas para siempre y son las pruebas del delito:

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    "Dile a Salinas que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. Aquí ha habido una masacre... Pero, de verdad, una masacre".


    Muchos de aquellos policías que actuaron en Zaramaga fueron trasladados después, los mandos pidieron cambiar de destino y algunos se fueron hasta la otra punta de la península a disfrutar de su jubilación, otros han fallecido ya. Entre ellos uno de los capitanes (cuyo apellido también aparece citado en las grabaciones) que a los cuatro años de participar en el ataque a la Iglesia de San Francisco cayó muerto de un disparo en la cabeza, oficialmente es una "víctima del terrorismo". Sin embargo Romualdo Barroso, Francisco Aznar, Pedro Martinez Ocio, José Castillo, Bienvenido Pereda y todos los muertos por la represión policial son víctimas de la injusticia. Así se ha demostrado con la “Ley de Memoria Histórica” de Madrid y con la "Ley de Víctimas" del Gobierno Vasco, según las cuales las variables para ser "víctima" o la consideración de "terrorismo" son circunstanciales y dependen de la fecha del suceso, de la firma o del atuendo del agresor.

    Estas estrategias desdibujan la realidad e invierten los papeles que debería jugar cada uno en la historia, se ocultan datos, se manipulan y se descontextualizan las diferentes expresiones de violencia política de las últimas décadas. Eso es la contra-memoria. Es de manual de contra-insurgencia, de manual y de Manuel, porque un experto en la materia es Don Manuel Fraga. Comenzó cuando era ministro franquista de Información y Turismo, en 1963 cuando el régimen asesinó legalmente al dirigente comunista Grimau y las protestas se extendieron por todo el mundo. Fraga dirigió una campaña de intoxicación y propaganda falaz para justificar esa ejecución. El mismo personaje, pero ya como ministro de la Gobernación, atribuyó la responsabilidad de la masacre de Gasteiz a las propias víctimas que pretendían alterar el orden social. Esa escuela continua dando sus frutos en esta eterna transición, Martín Villa creó en 1978 la doctrina "lo nuestro son errores, lo suyo son crímenes" y otra vez Fraga, en una entrevista en 2002, definió la actividad del Batallón Vasco Español (BVE), Triple A (AAA) y similares como "movimientos de autodefensa".


    Aquí, por lo visto, vale todo y la manipulación interesada de la Historia en favor de los pro-terroristas de estado se crece. Algunos casos, incluso, llegan hasta el paradigma del escándalo, van tan rebosantes de impunidad que deben pensar que somos todos ignorantes: En el Ayuntamiento de Gasteiz el PP presentó hace meses una moción sobre las víctimas de ETA en Araba. Curiosamente la lista estaba encabezaba por un crimen cometido en Legutio a finales de 1975 por paramilitares "incontrolados", que resultaron ser protegidos del golpista Tejero Molina (sí el mismo, antes de la Operación Galaxia y de irrumpir a tiros en el Congreso de los Diputados era teniente coronel de la Comandancia de Vitoria-Gazteiz).

    Este no es el único caso en el que la AVT-PP y su entorno atribuyen en sus informes acciones de "incontrolados" a ETA. Todo un "lapsus de memoria" (memoria selectiva) o, más seguramente, una estrategia diseñada y controlada. Así funcionan dichas estrategia típicas de la tristemente famosa "Escuela de las Américas", cuando son casos relativamente desconocidos se manipulan, y cuando son evidentes, siempre se pueden minimizar o justificar.

    En este sentido, lo ocurrido en un debate organizado por Amnistía Internacional sobre las víctimas del franquismo resulta significativo: Estaba presente un parlamentario del grupo socialista al que se le preguntó sobre qué medidas podría tomar el Estado para hacer Justicia, por ejemplo en el caso de Jon Paredes Manot "Txiki". El representante del PSOE contestó que "Mucho cuidado con eso, porque no todo el monte es orégano, y algunos vete tú a saber lo que habían hecho antes de convertirse en víctimas".



    Para este supuesto socialista "orégano" deben ser los guardias civiles voluntarios que formaban esos pelotones de fusilamiento. Pero hay más, en la misma línea de contra-memoria, una famosa asociación multiquerellista ha iniciado varios procedimientos para que se cambie el nombre de las plazas de Euskal Herria que se llaman "Txiki y Otaegi" porque según ellos homenajean a "terroristas".


    La contra-memoria está en marcha y es peligrosa. Tiene poderosos aliados, su objetivo consiste en inventarse un escenario falso que responda a un recorrido histórico a la medida de unos intereses políticos concretos. Ante esto, urge reforzar el compromiso de defender en cada rincón de Euskal Herria la Memoria de este pueblo. Podemos empezar por la elaboración de un censo completo de las víctimas de la represión, será una herramienta de trabajo útil para construir un verdadero muro de dignidad ante tanto revisionismo que se fabrica en los laboratorios de terrorismo estatal.

  25. #25

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    Rejas en la memoria

    Año 2004 Género Documental Duración 80 m.
    Dirección Manuel Palacios
    Guión Manuel Palacios Pite Piñas
    Fotografí­a Eduardo Mangada
    Música Álvaro de Cárdenas
    Montaje Pite Piñas

    El Congreso de los Diputados de España condenó en el año 2002 el golpe de Estado de 1936 contra el Gobierno democrático de la República. Habí­an pasado 28 años desde la muerte de Franco y el paí­s habí­a logrado una transición pací­fica a la democracia. Sin embargo, la voz de los vencidos, olvidados y borrados de la geografí­a española durante cuarenta años de dictadura no ha alcanzado la memoria colectiva democrática del paí­s. El exilio interior, formado por miles de presos contrarios ideológicamente a la dictadura franquista, comienza en 1936 en el devastador conflicto fraticida que fue la guerra civil española y concluye prácticamente con la muerte del dictador en 1975.



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