Results 1 to 1 of 1

Thread: Para recordar las personas fallecidas en 9112001

  1. #1
    Senior Member Rafael Norma's Avatar
    Join Date
    Apr 2005
    Location
    México, D. F.
    Posts
    5,949

    Unhappy Para recordar las personas fallecidas el 9112001

    Luchando por vivir, mientras las torres morían.

    Por el Equipo del New York Times, Traducido por Rafael Norma Méndez

    Este artículo fue escrito por Jim Dwyer, Eric Lipton, Kevin Flynn, James Glanz y Ford Fessenden

    Empezaron como llamadas de auxilio, información y directrices. Pronto se convirtieron en el sonido de la desesperación, de la ira y del amor. Ahora se recuerdan como las voces de hombres y mujeres que quedaron atrapados en los pisos más altos de las torres gemelas.

    De sus últimas palabras, ha emergido una crónica inquietante de los 102 minutos finales del Centro Mundial de Comercio (WTC), construida por conversaciones telefónicas, correos electrónicos y mensajes de voz. Estos registros junto con el testimonio de un puñado de personas que escaparon, proporcionan la primera visión completa de los pisos golpeados directamente por las aeronaves, y los que estaban más arriba de ellos.

    Recopilado por los reporteros del New York Times, estas últimas palabras dan forma humana a toda la soga invisible de esta desolada catástrofe pública: la destrucción progresiva a través de los últimos 19 pisos de la torre norte y los 33 de la sur, donde la perdida de vidas fue más severa el 11 de septiembre de las 2,823 personas presuntamente fallecidas en el ataque a Nueva York, cuando menos 1,946, o sea el 69% murieron en aquellos pisos superiores, según indica un análisis hecho por El Times

    Los encargados del rescate no llegaron cerca de ellos. Los fotógrafos no pudieron registrar sus caras. Si acaso pudieron ser observados, todo lo que había era un vistazo a 400 metros.

    No obstante, como mensajes dentro de una botella electrónica de gente abandonada al garete en algún cielo distante, sus últimas palabras narraban un mundo que estaba deshaciéndose. Un hombre envía un correo electrónico preguntando: “¿Hay alguna noticia del exterior?” antes de balancearse en el borde de una ventana del Mundo. Una mujer reporta a un colega que está dando de zapatazos a los inútiles cabezales del agua de rocío. Un esposo calmadamente le recuerda a sus esposa sobre su póliza de seguro, y le dice que debajo de él, el piso está crujiendo, y le comenta que ella y sus hijos le significaban todo el mundo para él.

    Ni una sola llamada puede describir las escenas que estaban desenvolviéndose a una terrible velocidad en muchas partes. Sin embargo, tomadas en conjunto, las palabras de los pisos superiores ofrecen no sólo una amplia y escalofriante visión de las zonas devastadas, sino la única ventana dentro de actos de bravura, decencia y gracia en un momento brutal.


    Ocho meses después de los ataques, muchos sobrevivientes, amigos y parientes de aquellos perdidos están combinando sus recuerdos, cintas y llamadas telefónicas y 157 han compartido la narración de sus contactos para este artículo. Cuando menos 353 de aquellos perdidos fueron capaces de alcanzar a personas afuera de las torres. Dichos o escritos a la hora de la muerte, son sus últimas e íntimas palabras. El empinado costo emocional de hacerlo público vale la pena pagarlo, dicen sus familiares, para obtener una imagen más clara de esos minutos finales para ellos.

    Muchos también esperan que la historia del día se amplifique más allá de los recuerdos de valor incuestionable de los 343 bomberos y los demás 78 personas que formaron parte del rescate. Es momento, dicen ellos, de describir las experiencias de 2,400 civiles que también murieron ese día. Iliana McGinnis, cuyo esposo Tom, le llamó desde el 92avo. Piso de la torre norte, dijo: “Si no pueden descubrir ni siquiera una pieza de información de lo que sucede en estos minutos, yo si quiero (que lo hagan)”.

    Algunos detalles permanecen sin saberse. Los teléfonos que funcionaban eran escasos. La evidencia física fue destruida. Las conversaciones que fueron sostenidas bajo grave tensión, y que son recordadas a través de la pena del tiempo y la añoranza. Aún así, mientras un frágil trocito de información se elabora sobre el que sigue, iluminan las condiciones en los pisos superiores.

    La evidencia sugiere que 1,100 o más personas en la zona de impacto o en los pisos superiores, sobrevivieron la explosión inicial, aproximadamente 300 en la torre sur y 800 en la norte. Muchos de ellos vivieron hasta que se colapsó el edificio.

    Aún después de la explosión de la segunda aeronave, una escalera a la intemperie conectaba los pisos superiores de la torre sur hasta la calle, El Times ha identificado a 18 hombres y mujeres que la usaron para escapar de la zona de impacto y más arriba. Al mismo tiempo que ellos la estaban evacuando, cuando menos otras 200 personas estaban subiendo hacia el techo en esa torre, al no darse cuenta de que estaba disponible una escalera hacia abajo, y asumiendo incorrectamente, que podrían abrir el piso de la azotea. [i} “La creencia de que tenían la opción del la azotea, les costó sus vidas” comentó Beverly Eckert, cuyo esposo Sean Rooney le llamó después de su inútil subida.

    Cientos quedaron atrapados en pisos no tocados por las aeronaves. Aún cuando los edificios sobrevivieron los impactos iniciales, el torcido y dobles de las torres provocó estragos fatales. Las cajas de escalera estaban conectadas a tablas rotas de madera laminada de la pared. Las puertas estaban atascadas por los marcos torcidos. Con un poco más de tiempo, e instrumentos sencillos, como palancas, los encargados del rescate podrían haber liberado personas que no pudieran llegar a las escaleras. En la torre norte, cuando menos 28 personas fueron liberadas delos pisos 86 y 89 por un pequeño grupo de trabajadores de la autoridad del Puerto, quienes lograron abrir las puertas atascadas. Aquellos rescatistas auto asignados fallecieron.

    En ambas torres un gran número de personas perdió su oportunidad de escapar. Algunos esperaron a hacer una llamada de teléfono más; otros por recoger una bolsa olvidada; y los demás para ejecutar tareas como liberar gente de los elevadores, atender a los heridos o confortar a los perturbados.

    Las crisis tenían inicios y finales idénticos en cada torre, pero corrieron con diferentes rumbos. Cuando menos 37 personas, y probablemente más, se podían ver saltando o cayendo de la torre norte, aún cuando ninguno fue visible cayendo de la sur, en la colección de 20 videocintas tomadas por amateurs y profesionales de calles y edificios cercanos. Ambas torres tenían volúmenes similares de humo y de calor, peor en la torre norte aproximadamente tres veces más de gente estaba atrapada en la mitad del espacio. Multitudes fueron impulsados a las ventanas de la torre norte, en la búsqueda de alivio. EN la torre sur, las personas tenían más oportunidades de moverse entre los pisos.

    La zona de impacto formaban fronteras sin piedad entre aquellos que se salvaron y los que estaban sentenciados a muerte. Aún en los márgenes, las colisiones fueron devastadoras: la punta del ala de la segunda aeronave rozó la antesala del 78 piso en la torre sur matando instantáneamente a docenas de personas que esperaban el elevador. En total, aproximadamente 600 civiles fallecieron en la torre sur en el nivel donde se impacto la aeronave, o arriba del mismo. En la torre norte, cada persona que se creía estaba arriba del 91 piso murió: 1344.

    Mientras más lejos del impacto, las personas hicieron más llamadas. En la torre norte, bolsas de casi un silencio se extendieron cuatro pisos arriba y un piso debajo de la zona de impacto. Sin embargo, asombrosamente, en ambas torres, hasta los pisos golpeados por las aeronaves unas cuantas personas vivieron lo suficiente para hacer llamadas.

    Para colocar dentro de un contexto a las mensajes fragmentados, The Times entrevistó a miembros de los familiares, amigos y colegas de aquellos que murieron, obteniendo un número de llamadas desde teléfonos celulares hasta registros del 911, se analizaron 20 cintas de audio y se escucharon 15 horas de cintas de audio de policía y bomberos.

    The Times también entrevistó a 25 personas que vieron de primera mano la destrucción inflingida por las aeronaves, debido a que escaparon de la zona de impacto o arriba de ella en la torre o de justo abajo de la torre norte.

    [b] 8:00 Torre Norte, piso 107 Las ventanas del mundo, 2 horas 28 minutos para colapsarse.

    ”Buenos días, Sra. Thomson”

    El saludo de Doris Eng fue particularmente soleado, como el dia, mientras Liz Thomson llegaba para desayunar en la parte superior del edificio más alto de la ciudad. Quizás la Sra. Eng había concordado su estado d e ánimo con el clima tan glorioso, el cielo azul septembrino tan delicioso que llenaba cada ventana. O quizás sería la compañía.

    Caras familiares ocupaban muchas de las mesas en [ Wild Blue, el íntimo refugio en la cumbre de Ventanas que la Sra. Eng ayudaba a administrar, de acuerdo con dos personas que comieron allí esa mañana. Tanto como cualquier otro lugar, ese sólo cuarto capturaba la humanidad que trabajaba y jugaba en el centro de comercio.

    La Sra Thompson, directora ejecutiva del Consejo Cultural de la parte baja de Manhattan, estaba desayunando con Geoffrey Wharton, un ejecutivo de Silverstein propierties, que acababan de rentar las torres. En la siguiente mesa se sentó Michael Nestor, el Subinspector general de la autoridad del Puerto de New York y New Jersey y uno de sus investigadores, Richard Terney

    En una tercera mesa estaban seis corredores de acciones, varios de los cuales venían cada martes. Ms. Eng tenía un obsequio para uno de ellos, Emeric Harvey. La noche anterior, uno de los gerentes del restaurante, le dio a Ms. Eng dos boletos imposibles-de-conseguir para The producers” El Sr. Roinel comenta que le pidió a la Sra. Eng que se los diera al Sr.Harvey.

    Neil D. Levin, Director Ejecutivo de la Autoridad del Puerto, estaba sentado sólo en una mesa que da a la ventana cuya vista es la Estatua de la Libertad. Él nunca se había reunido con ellos para desayunar antes, pero su secretaria reservó una mesa unos cuantos días antes, y ahora se sentaba esperando a un amigo banquero, Comentó la esposa de Mr. Levin, Christy Ferer.

    En cada momento, el mesero Jan Maciejewski, rellenaba las tazas de café y tomaba las ordenes, recuerda el Sr.Nestor. El Sr. Maciejewski, era uno de los trabajadores de varios de los restaurantes del piso 107. la mayoría de los 72 empleados de Windows estaban en el piso 106, donde el Risk Waters Group estaban teniendo una conferencia sobre tecnología de información.

    Casi 87 personas habían llegado incluyendo los ejecutivos más importantes de Merril Lynch y UBS Warbug, de acuerdo con los patrocinadores de la conferencia. Muchos estaban disfrutando su café y una rebanada de salmón ahumado en el salón de baile del restaurante. Algunos de los expositores ya estaban moviéndose hacia sus quioscos, puestos en la Suite Horizon justo a través del pasillo.

    Una imagen tomada esa mañana mostraba a dos expositores, Peter Alderman y William Kelly, vendedores de Bloomberg L. P., platicando con un colega a un lado de una mesa
    llena con pantallas múltiples de computadoras. Stuart Lee y Garth Feeney, dos vicepresidentes de Data Synapse, corrían exhibiciones del software de la compañía.

    Abajo en la planta baja, 107 pisos abajo. Un ayudante del Sr. Levin esperaba a su invitado a desayunar, pero cuando llegó el invitado, él y el ayudanete del Sr. Levin abordaron el elevador equivocado., lo sabría la Sra. Ferer, y así tuvieron que regresar a la planta baja para esperar otro.

    Escaleras arriba, el Sr. Levin leía su periódico., recordaba el Sr. Nestor. Él y el Sr. Tierney tenían curiosidad en ver con quién se estaba reuniendo el Sr. Levin su Jefe. Pero el Sr. Nestor tenían una reunión escaleras abajo, así que se encaminaron a los elevadores, deteniéndose en la mesa del Sr. Levín para despedirse de él. Atrás de ellos venía la Sra. Thompson y el S. Wharton. EL Sr. Nestor detuvo al elevador, de modo que ellos se subieron rápidamente, recordaba la Sra. Thompson. Cuando las puertas se cerraron, y las últimas personas dejaron el restaurante Windows on the World, empezaron a descender. Eran las 8:44

    8:46, La torre Norte el Piso 91, la Oficina americana de Embarque, 1 hora con 42 minutos para colapsarse.

    El impacto se dio a las 8:46:26 A. M. El vuelo # 11 de American Airlines, un Boeing 767 que medía 47.56 metros de la punta de un ala a la punta de la otra ala, y que llevaba 10,000 galones de combustible @ una velocidad de 756.23 km/ hora, según la estimación de los investigadores federales. A esa velocidad cubrió las dos cuadras finales hacia la torre norte en 1.2 segundos.

    La aeronave rasgó una trayectoria a través de los pisos 94 al 98, directamente dentro de la oficina de Mash & McLennan Companies, haciendo pedazos las columnas de acero, las tablas de madera comprimida, los gabinetes de archivo y los escritorios para las computadoras. Su combustible incendió e incineró todo lo que estaba en su camino. El tren de aterrizaje se precipitó a través del lado sur del edificio, concluyendo en Rector Street, cinco cuadras adelante.

    Sólo tres pisos debajo de la zona de impacto, ninguna cosa SE MOVIÓ de su lugar en la oficina McIntyre. Ni la pizarra de pisa papel en forma de velero. Ni las instantáneas familiares se salieron de su libero. El Sr. McIntyre se Encontró frente a la computadora que todavía estaba prendida.

    Entonces sobrevino el latigazo.

    Una poderosa onda del impacto rápidamente se irradió hacia arriba y abajo de la zona de impacto. La onda rebotó de la parte superior a la inferior de la torre, tre o cuatro segundos en un sentido y después a la inversa, meciendo al edificio como un inmenso bote en una tormenta.

    “Tenemos que salir de aquí” gritó Greg Shark, un arquitecto ingeniero de la Oficina Americana de Embarques, quien estaba cobrando ánimo en el bamboleo, mientras se paraba afuera de la oficina del Sr. McIntyre.

    Por alguna razón, estaban vivos. Sólo posteriormente los dos hombres se percatarían del delgado margen de su escape. En sus narraciones de cazar una salida, proporcionan una investigación de un territorio fronterizo, una zona impregnable a través de la cual, la gente aprisionada arriba jamás pasaría.

    Los Señores McIntyre, Shark y los demás nueve empleados, todos sin heridas, se apresuraron afuera del área de recepción del A. B. C: en la esquina noroeste y giraron hacia la izquierda hacia los elevadores y escaleras en el núcleo de la torre.

    EL Sr. McIntyre rememora escudriñando dentro de un destrozado cubo de escalera oscuro, con oleadas de humo. No escucho nada sino agua cayendo en cascada por las escaleras, como si hubiera encontrado un arroyuelo susurrante en una excursión por una montaña. EL agua provenía casi seguramente de varias tuberías de rocío rotas. Al no ver ni oir a nadie en la penumbra pestilente, miró hacia arriba..

    El cubo de la escalera estaba obstruido arriba, no por el fuego, ni por el acero estructural, sino por enormes piezas de muros de piedras de yeso ligero, que cubrían el cubo de la escalera para protegerlo. Formaban un gran tapón en el cubo, sellando el paso desde el piso de arriba, el 92. Al descender por las escaleras, parecía haber menos obstrucción.

    Recordaría el Sr. McIntyre haber dicho “esto no sirve” Difícilmente lo habría sabido, pero el estaba parado en un límite crítico. Arriba de él, a través de 19 pisos, estaban 1,344 personas, muchas de ellas vivas, aturdidas, aún ilesas, solicitando auxilio. Nadie sobreviviría.

    90 pisos abajo, miles de las demás personas estaban vivas, ilesas, solicitando ayuda. Casi todos sobrevivieron.

    Tan mal como estuviera la escalera, las otras dos salidas de emergencia estaban peor., comentó posteriormente el Sr. McIntyre. Así que regresó a esa primera escalera, al noroeste del centro del edificio. Se paró dentro de la escalera e inmediatamente dejó caer dos pedazos de yeso. Ileso, se levantó y notó luces abajo. Recuerda haberles llamado: [I}”Por aquí!”[/i] Sus colegas del A. B. S. Se le unieron al éxodo desde el piso 91.

    Un piso arriba de ellos, los empleados de Carr Futures estaban haciendo exactamente lo que la gente de A. B. S. había hecho: Buscar una salida.

    No se dieron cuenta que estaban del lado equivocado de los escombros.

    Sobre el piso 92, Damián Meehan gateó hacia un teléfono en Car Futures y le marcó a su hermano Eugenio, un bombero de Bronx “Esto está terrible; los elevadores no funcionan.”

    “Ve hacia la puerta principal, y observa si no hay humo allí”
    recuerda haber instado a su hermano. Escuchó a su hermano cuando puso el teléfono abajo, a continuación siguieron los sonidos taladrando su oído. Gritos conmoción, pero no pánico.

    Unos cuantos minutos después, Damián Meehan regresó y reportó que la entrada de enfrente estaba llena de humo.

    “Salte por las escaleras” recuerda haberle aconsejado Eugenio [i} Observa de dónde proviene el humo y dirígete en sentido contrario al mismo”[/i]

    Entonces escuchó por última vez a su hermano, quién le dijo “Tenemos que salir, o estamos saliendo Eugenio se devana los sesos tratando de recordarlo.

    Se que dijo Nosotros”

    9:00

    Torre Norte, Piso 106, Las Ventanas del Mundo, 1 hora y 28 minutos para colapsarse.


    ¿Qué hacemos? ¡ Qué hacemos?

    Doris Eng, la gerente del restaurante llamó repetidamente al Centro de Bomberos de la Planta Baja, de acuerdo con los funcionarios y empleados. Justoi unos minutos después de que el aeronave golpeó la torre, el restaurante estaba lleno de humo y luchaba ella para dirigir a las 170 personas a su cargo.

    Muchos en el tumulto se ganaban la vida proporcionando información o el equipo que conlleva; los expertos en comunicación tomaban parte en la conferencia matutina en el cuarto de baile pero con el humo espesándose, sin energía y casi ningún sentido de lo que estaba pasando, el restaurante estaba convirtiéndose rápidamente en una zona de aislamiento, donde la gente se amontonaba para obtener algo de noticias.

    “Vean CNN” le escribió Stephen Tompsett, un científico de computación en la conferencia, a su esposa por correo electrónico. Dorry usando su comunicador Blackberry necesitamos información más nueva”

    Los videos de dos fotógrafos amateurs muestran que el humo produciéndose a una velocidad aterradora en la parte superior del edificio, y vertiéndose como cascadas mas espesas de las costuras en las ventanas, que desde pisos más cercanos al aeronave. Temprano, Rajes Mirpuri, llamó a su compañía Data Synapse, tosiendo, y comentando que no podía ver más allá de 3 metros, recordaría su jefe Peter Lee. Peter alderman, el vendedor de Bloomberg, también le comentó a su hermana sobre el humo, usando su Blackberry para enviar un correo electrónico: “ Tengo miedo.”

    La Sra. Eng y el equipo del restaurante Windows, siguieron su entrenamiento de emergencia, agruparon a la gente del piso 107 a un corredor en el 106, cerca de las escaleras, donde usaron un teléfono especial para llamar al Centro de Bomberos . la política del edificio era evacuar inmediatamente el piso en fuego y aquel que estuviera arriba del mismo. La gente tan alejada como aquellos en el Restaurante Windows on the World, estaban para dejar el lugar sólo cuando se les indicara por el centro de comandos de bomberos, [ O cuando las condiciones dictaran tales acciones”

    Sin embargo, las condiciones se deterioraban rápidamente. Glenn Vogt, Gerente General del restaurante, comentó que 20 minutos después del avionazo, sus asistente Christine Olender, le llamó a casa. Ella habló con la Sra. Vogt, su esposa, debido a que él estaba en la calle afuera del WTC La Sra. Olender le dijo a su esposa que no habían oído nada sobre cómo salir. “Los techos se están cayendo y el piso se está ondulando.”

    Dentro de los 20 minutos siguientes a la embestida del avión, un helicóptero de la policía reportó a su base que no podría aterrizar en la azotea. NO obstante, muchos se esperanzaron en un rescate por alguien de algún modo.

    “No puedo ir a parte alguna, debido a que nos dijeron que no nos moviéramos;” Ivhan Carpio, un trabajador del restaurante Windows comentó en un mensaje que le dejó a la contestadora de su primo. “Tengo que esperar a los bomberos”

    Sin embargo, los bomberos estaban luchando por responder. Nadie en Nueva York había visto jamás un fuego de estas dimensiones; de 4 a 5 pisos incendiándose en segundos Los Comandos n la Planta baja no tenían forma de saber si algún cubo de escalera podría ser utilizado. Con la mayoría de los elevadores arruinados, los bomberos estaban cargando su pesado equipo por el cubo de escaleras contra una marejada de gente que quería evacuar el edificio. Una hora después del impacto, todavía estarían 50 pisos por debajo del
    (restaurante) Windows.

    Escaleras abajo, las autoridades pararon llamadas de los pisos superiores No hay mucho que puedas hacer más que decirles que mojen una toalla y que la mantengan sobre su cara” comentó Alan Reiss, el ex director de la autoridad del Puerto del departamento de Comercio mundial. Peor el avión había roto la tubería de agua hacia los pisos superiores. El mesero Naceijewski, le dijo a su esposa por su teléfono celular que no podía encontrar agua suficiente para mojar una tela; que tendría que ver si había agua en los floreros.

    El cuarto casi no tenía agua ni mucho aire, pero no había carencia de celulares o BlackBerries. Al usarlos junto con las pocas líneas intactas que quedaban, cuando menos 41 personas del restaurante alcanzaron a alguien fuera del edificio. Peter Mardikian de Imagine Software le comentó a su esposa Corine, que se encaminaba hacia el techo y que no podría hablar mucho, recordaría ella después. Otros estaban esperando en los pocos teléfonos que funcionaban.

    Garth Feeney le llamó a su madre Judy en Florida. Ella empezó con un Hola vivaz, ella recordó posteriormente.

    “Mamá, no te estoy llamando para platicar. Estoy en el WTC y un avión se ha estrellado contra la torre”

    La calmada manera del equipo no podía contener la tensión. Laurie Kane, cuyo esposo Howard era el contador mayor del restaurante, comentó que podía escuchar a alguien gritando: Estamos atrapados mientras terminaban su conversación final. Gabriela Waisman, una asistente de la conferencia le habló a su hermana 10 veces en 11 minutos, frenética por mantener el contacto. Veronique Bowers, la Gerente de crédito, le dijo a su abuela; Carrie Tillman, que el edificio había sido golpeado por una ambulancia.

    “Ella estaba tan confundida”, comentó la Sra. Tillman.


    9:01
    Torre Norte Piso 104 Cantor Fitzgerald, 1 hora y 27 minutos antes del colapso


    Justo dos pisos abajo del restaurante Windows, el desastre marchaba a un ritmo pavorosamente deliberado, se enmudeció el sentido de emergencia. El cuarto de conferencias del noroeste del piso 104 mantenía tan sólo uno de los muchos grandes nudos
    De gente en los cinco pisos ocupados por Cantor Fitzgerald. Allí el humo no se volvió tan rápidamente irresistible como en el restaurante Windows. Y el choque y el fuego no fue tan inmediatamente devastador como había sido unos cuantos pisos abajo en Marsh & McLennan.

    De hecho Andrew Rosenblum, un corredor de acciones pensó que sería una buena idea para tranquilizar a la gente. Con su esposa Jill al teléfono, que escuchaba desde su casa en Rockville Centre, N. Y., les anunció a los que estaban en el cuarto. “Denme el
    número de teléfono de su casa”
    posteriormente recordaba su esposa.

    [i} “Tim Betterly”
    contestó el sr. Rosenblum en su cellular, dando posteriormente el número de teléfono; James Ladley” y otro número.

    Al crecer la lista, el Sr. Rosenblum se percató que 40º 50 colegas estaban en el cuarto, habiéndose escapado del humo. “Por favor llama a sus esposas, diles que estamos en el cuarto de conferencias y que estamos bien,” le comentó a su esposa. Recuerda que garrapateo los nombres y los números en un libro amarillo de notas de su cocina, mientras que las torres ardiendo se proyectaban en la televisión de 13 pulgadas en un agujero en forma de cubo, cercano a la puerta trasera.

    La Sra. Rosenblum entregó los pedazos de papel con los números a los amigos que se habían presentado., para que llamaran a las familias con sus celulares.

    EL grupo del Sr. Rosenblum, incluyendo a Jimmmy SNT, John Salamone y John Schwartz, se sentaron en el lado este del área de comercialización de bonos, en uan de el área abiertas, de acuerdo con John Sanacore, uno del grupo que no estaba trabajando aquel dia. El punto ofrecía vistas expansivas del Empire State Building


    En el extremo opuesto del área de bonos, viendo hacia el río Hudson, otros corredores estaban reunidos. John Gaudioso, quien normalmente trabajaba en esa sección, pero que estaba fuera aquella mañana, recordaba que Ian Schneider sentado en la cabecera de un grupo de escritorios donde conducía a un grupo global financiero. Michael Wittenstein, John Casazza y Michael DeRienzo estaban todos en esa área y como el Sr. Schneider, estaban usando las líneas de tierra en sus escritorios para tomar las llamadas de los preocupados clientes y gente que les querían, de acuerdo con seis personas quienes hablaron con ellos El edificio se meció como nunca lo había hecho antes” comentó el Sr. Schneider, quien había estado allí cuando el bombazo de 1993, en una llamada telefónica con su esposa Cheryl.

    En el área de comercialización de valores de la parte sur del piso 104, viendo hacia la estatua de la libertad, había un tercer grupo. Aquí Stephen Cherry y Marc Zeplin oprimieron un botón de su escritorio para activar a una intercomunicación en toda la nación para otras oficinas Cantor. ¿Alguien puede escucharnos? Preguntó el Sr. Cherry. Un comerciante en Chicago que estaba oyendo, después dijo que se ella se las arregló para ponerse en contacto con una estación de bomberos cerca del WTC:

    “saben que estás allí”. le dijo el corredor.
    Mike Pelletier, un corredor de productos en una oficina Canot del piso 105, se comunicó con su esposa sophie Pelletier, que estaba entonces con un amigo que le dijo que el impacto del avión había sido un ataque terrorista. EL Sr. Pelletier les gritó la información a la gente que le rodeaba, comentó la Sra. Pelletier.


    En el Rockville Centre, en el prado frente a la casa de los Rosenblum, Debbie Cohen marcó los números en los pedazos amarillos de notas que le había entregado Jill Rosenblum.

    “Hola! No me conoces, pero me dio tu número alguien que está en el WTC . ella le comentaba Como 50 personas están en el cuarto de conferencias y dicen que están bien ahora”

    Torre Sur, piso 98, Aon Corp., 57 minutos para colapsarse.

    aquellos en la torre sur eran todavía espectadores, aunque circunspectos Beverly, soy Sean, en caso de que te encuentres este mensaje” comentó Sean en un mensaje de correo de voz para su esposa, Beverly Eckert Ha habido una explosión en la Torre uno del WTC, esto es, en el otro edificio, parece ser que un avión se ha estrellado en el edificio. Está incendiado aproximadamente en el piso 90. Y es, - es horrible, adiós.”

    Hasta en la Torre del Sr. Rooney la gente podía sentir el calor del fuego incontenible del otro edificio, y podían ver cuerpos cayendo de los pisos elevados. Sin embargo, el equipo del edificio anunció que debían quedarse, a juicio de que era más seguro para los inquilinos quedarse dentro del edificio sin daños que caminar en la acerca donde estaban cayendo los desechos.

    Aquella instrucción cambiaría en el mismo momento que el sr. Rooney, quien trabajaba para la compañía de seguros Aon, estaba dejando un segundo mensaje para su esposa a las 9:02 A. M.:

    “Cariño, soy Sean de nuevo” dijo: “Parece ser que estaremos en esta torre por un tiempo” Hizo una pausa, mientras un anuncio público en el fondo pudiera ser oído.

    “Está seguro aquí”, continúo el sr. Rooney Pero -----” Se detuvo de nuevo para escuchar “si las condiciones garantizan en tu piso, puede uno empezar la evacuación ordenada”

    Mientras El Sr. Rooney hablaba, el Vuelo United 175 estaba llamando la atención a través de la costa de Nueva York

    9:02
    Torre Sur, piso 81, Fuji Bank, 57 minutos para colapsarse


    Si, Stanley Priamnath le dijo a quien llamaba desde Chicago que estaba bien. Había evacuado hasta planta baja de la torre sur, pero un guardia de seguridad le dijo que se regresara. Ahora estaba de nuevo en su escritorio en el Fuji Bank. “Estoy bien” repitió.

    Como él posteriormente contara la historia aquellas fueron sus palabras finales antes de ubicarlo
    Una sombra gris sobre el horizonte. Una aeronave volando, pasó la Estatua de la Libertad. El cuerpo del jet de United Airlines crecía en tamaño por décimas de segundo hasta que podía verle una franja roja sobre el fuselaje. Entonces se inclinó y se dirigió directamente hacia él.

    Otro.

    ¡Dios Mio! recuerda haber gritado, dejándose caer bajo su escritorio de metal.

    A las 9:02:54 la nariz de un Boeing se estrelló directamente en el piso del Sr. Priamnath, aproximadamente a 40 metros de su escritorio. Los muebles de acero y las partes de aluminio del avión fueron despedazados en una blanca granada fragmentaria caliente. Una onda explosiva lanzó computadoras y escritorios a través de las ventanas, arrancó manojos de cables eléctricos entonces la torre sur parecía encorvarse, columpiándose hacia el Río Hudson, probando con ferocidad el esqueleto de acero antes de regresar a su punto original.

    A través de la mayor parte de ambas torres, las escaleras estaban estrechamente apiñadas, y en la torre norte, todas estaban inmediatamente partidas o obstruidas por la explosión. No obstante, a lo largo de la zona de impacto de la torre sur, los pisos 78 al 84, las escaleras tenían que apartarse alrededor de la pesada maquinaria del elevador. Así que en vez de correr cerca del núcleo del edificio, dos de las escaleras que daban servicio a esos pisos, estaban construidas más cerca del perímetro. Un informe de USA Today de este mes también sugiere que la escalera sobreviviente podría haber sido escudada por la maquinaria.

    No obstante que la escalera sobrevivía, hizo la diferencia para Stanley Priamnath, quien, agazapado bajo su escritorio, podía ver una pieza brillante de aluminio del avión, hospedada en lo que quedaba de su puerta.

    La aeronave al entrar girada, barrió a través de seis pisosHasta arriba estaba la oficina de EuroBrokers, en el piso 84. La mayor parte del piso de comercialización de la compañía estaba aniquilado. Sin embargo, aún allí, en el centro del impacto del avipón, estaban vivas las demás personas. Robert Coll, Dave Vrera, Ronald DiFrancesco y Kevin York, entre otros. En minutos, se encaminaron hacia la escalera más cercana, conducidos por Brian Clark, un bombero en el 84 piso, quien tenía su lámpara y silbato.

    Un polvo fino mezclado con humo ligero flotaba a través de la escalera., Mientras llegaban al piso 81, El Sr. Clark se acordaría, se encontraron con un delgado hombre delgado y una mujer gruesa “No pueden ir hacia abajo,” gritó la mujer, “tienen que ir hacia arriba. Abajo hay demasiado humo y llamas.”

    Esta evaluación cambiaba todo. Cientos de gente llegaron a una conclusión similar, peor el humo y el escombro en la escalera no era un obstáculo mayor que el miedo. Esta misma escalera era la única ruta de salida del edificio, que corría desde arriba hasta la parte inferior de la torre sur. Cualquiera que hubiera descubierto esta escalera a tiempo, podría haber caminado hacia la libertad.

    Esta sola alternativa difícilmente leída por el conjunto de sobrevivientes que estaban paradois en el piso 81 momentos después del choque del avión. Ellos argumentaban las alternativas, mientras el Sr. Clark hacía brillar la luz de su lámpara en la cara de sus colegas., y se preguntaban a cada uno “¿Para arriba o para abajo’” El debate se interrumpió por gritos provenientes del piso 81.

    ¡Ayúdenme! Auxílienme! Gritaba el Sr. Priamnath, [i} “¡Estoy atrapado, no me dejen aquí!
    Comno lo recuerda el Sr. Clark, los Sres York y Vera se dirigieron hacia arriba , junto con la mujer gorda, el hombre delgado y dos más que él conocía de Euro Brokers, pero no que no pdía identificar. Los Señores York y Coll engancharon sus brazos para soportar a la mujer, Uno de ellos dijo: “Vamos, tú puedes hacerlo; estamos juntos en esto.”

    Los señores Clark y DiFrancesco xse encaminaron hacia el hombre que solicitaba ayuda. El Sr. Priamnath vió el rayo de la linterna y se arrastró hacia el, sobre escritorios volcados y a través de losetas caídas del techo. Minutos antes, esto había sido el departamento de préstamos del Fuji Bank, salón de empleados y computadoras. Finalmente alcanzó luna pared dañada que lo separaba del hombre con la linterna.

    Desde ambos lados, rasgaron la pared.. Un clavo penetró la mano del Sr. Priamnath. Lo golpeó contra una superficie dura en la oscuridad. Finalmente los dos hombres podían verse pero todavía estaban separados.

    “Debes brincar”, le dijo el s.r Clark al Sr. Priamnath, cuya mano y pierna estaban ahora sangrando. No hay otra alternativa”

    Mientras el Sr. Priamnath saltaba, el Sr. Clark le ayudaba a alzarse sobre el obstáculo. Corrieron hacia la escalera y se encaminaron hacia abajo. Los escalones estaban rociados con pedazos destrozados de madera laminada. Las llamas lengueteaban a través de roturas en las paredes del cubo de la escalera. El agua de las tuberías rotas se vertía hacia abajo, formando una lechada traicionera.

    Se movieron pasando el punto con el humo denso que le había advertido la mujer gruesa al Sr. Clark. Quizás había cambiado la corriente; tal vez para empezar, el humo no era tan malo. En cualquier caso, las escaleras estaban libres y estar{ian libres hasta 30 minutos después de que la torre había sido golpeada por el avión.

    Mientras tanto, el Sr. DiFrancesco tomó una desviación para buscar aire, subiendo 10 pisos, dodne se encontró con el primer grupo que iba hacia arriba. No podían abandonar la escalera; las puertas no se abrían. La gente exhausta dentro del espeso humo, estaba recostada. El sr. DiFrancesco incluido. ”Todos están empezando a dormirse,” él dijo. Entonces, pensó “tengo que ver a mi esposa y a mis hijos” Y se dirigió hacia abajo.

    9:05
    Torre Sur, Piso 78avo. Vestíbulo del elevador al cielo, 54 mihnutos para colapsarse


    Mary José no podía decir con seguridad desde hace cuanto tiempo estaba tirada allí inconsciente, sobre el piso del vestíbulo hacia el cielo, fuera del elevador expreso. Su primera remembranza de agitación fue cuando sintió calor en su espalda y cara. Quizás , recuerda haber pensado, estaba inflamada en fuego. Instintivamente, se rodó para apagar las llamas. Vió un incendio al centro del cuarto y en las flechas del elevador.

    Era suficientemente aterrador. Entonces, bajo la humareda negra y espesa y a través de las nubes de yeso pulverizado, gradualmente se percató de algo peor. El vestíbulo del piso 78 , en el que minutos antes había estado bullendo con oficinistas inseguros de abandonar el edificio o regresar a su área de trabajo, estaba ahora repleto de cuerpos sin movimiento.

    Los techos, paredes, ventanas, el kiosco de información del vestíbulo hacia el cielo, hasta el mármol que agraciaba los bancos de elevadores, todo estaba destrozado cuando el aeronave introdujo la punta de su ala izquierda dentro del piso 78avo.

    En un instante, comentan los testigos, encontraron una luz brillante, un a ráfaga de aire caliente y una onda de impacto que golpeó todo. Acostada en medio de un silencio mortal, quemada y sangrando, Mary José tenía un solo pensamiento: su esposo ”No voy a morir” Recuerda haberse dicho.

    En los 16 minutos transcurridos entre los ataques, aquellos en la torre sur, escasamente habían tenido el tiempo para absorber los horrores que podían verse a través de la plaza y decidir que hacer, Para planear sus opciones sobre los movimientos es ver la geografía de la vida y la muerte.

    Antes de que golpeara la segunda la aeronave, comentaron los sobrevivientes, el estado de ánimo era difícil de manejar: Alivio con los avisos de que el edificio era más seguro que caminar en la acera; y miedo de que realmente no lo fuera. En estos críticos momentos, las personas se arremolinaban, intentando decidirse. ¿Estar en los escritorios de comercialización, para la apertura del mercado, o ir por una taza de café escaleras abajo? En Keefe, Bruyette & Woods, casi el departamento entero de inversión del banco bajó, y sobrevivió, Casi todos los comercializadores de acciones de interés variable, permanecieron en sus lugares y murieron. Uno de ellos, , Stephen Mulderry, habló con su hermano Peter, y describió el incendio de la torre norte que podía ver a través de una ventana.. Aún así, la palabra llegada de la administración del edificio de que su torre era “segura” y su mudo teléfono estaba parpadeando para contra con su atención.. El dijo, "tengo que salir : Las luces están sonando y el mercado se va a abrir," recordaba Peter.
    Momentos antes del segundo impacto, todos los que se encontraban en el vestíbulo del piso 78 estaban indecisos entre ir hacia arriba o bajar. Kelly Reyher, que trabajaba en el piso 100 en Aon Corp. Se subió en un elevador local que iba hacia arriba., quería recoger su Palm, imaginándose que pudiera ser en un rato antes de que pudiera regresar a su oficina. Judy Wein y Gigi Singer, también ambas de Aon, dudaban entre regresar y conseguir sus libros de bolsillo de su oficina en el piso 103. Pero Howard L. Kesterbaum, su colega, les dijo que se olvidaran del asunto. El se las daría con las monedas de cambio en casa..

    Mientras algunos oficinistas hablaban nerviosamente de sus personas amadas, con las que estaban apresurándose para reunirse con ellas, había un poco de sentido del humor. Tengo un caballo y dos gatos,” bromeó Karen E., Hagerty de 34 años, mientras salía de un elevador.

    En el instante del impacto, un conjunto de personas, los testigos estiman que eran de un rango de 50 a 200 estaban afectadas en silencio, a oscuras, todo como sin vida. Para pocos, la sobrevivencia venía de estar inclinado dentro de un gabinete. La muerte podría venir al retroceder desde .una puerta de elevador tumultuaria.

    Mientras que las Sra. Wein llegaba, ella tenía roto su brazo derecho, tres costillas rotas y su pulmón derecho perforado. En otras palabras, ella era afortunada. Alrededor de ella estaba gente con heridas horrendas, muerta o próxima a agonizar. Ella le gritaba a su Jefe, el Sr. Kesterbaum. Cuando lo encontró estaba sin expresión y sin movimiento, en silencio. La Sra. Hagerty, quien había bromeado sobre sus gatos en casa, no mostraba signos de vida cuando un colega, Ed Nicholls, la vió. Y Richard Gabrielle, otro colega de Aon, estaba en sujeto al piso, con sus piernas aparentemente rotas por el mármol que había caído sobre ellas. La Sra. Wein trató de mover la piedra. El S r. Gabrielle gritó de dolor, recordaba ella , y le dijo que se detuviera..
    Gradualmente aquellos que podían moverse lo hicieron.. Ms. Wein encontró a Vijayashanker Paramsothy y a la Sra. Singer, ninguno d e ellos tenían heridas que hicieran peligrar sus vidas. Kelly Reyher, quien estaba en camino para recoger su Palm Pilot, se las arregló para forzar con una palanca las puertas del elevador, con sus brazos y su portafolio. Se arrastró hacia afuera del elevador quemado y encontró a Donna Spira a 15 metros. Su brazo roto y su cabello quemado, pero la Sra.. Spira todavía podía caminar.
    En un punto apareció un hombre misterioso., con su boca y nariz cubierta con un pañuelo rojo. Estaba buscando un extinguidor.. Tal como Judy Wein lo recuerda, señaló las escaleras e hizo un anuncio que salvo vidas: Todo aquel que pueda caminar, que se levante y lo haga. Cualquiera que quizás pueda auxiliar a otros, encuentre a quien lo necesite y diríjanse hacia abajo.[/]
    En grupos de dos y tres, los sobrevivientes lucharon por ir a las escaleras. Unos cuantos pisos abajo, levantaron el escombro que obstruía su paso, dejando un pasadizo por donde escabullirse..
    A unos cuantos minutos atrás de este grupo estaba Ling Young, quien también sobrevivía al impacto en el vestíbulo al cielo.. Ella también fue dirigida por el hombre con pañuelo rojo, oyéndole decir_ “Por aquí hacia las escaleras” El la condujo hacia ellas. La Sra.. Young se percató que él estaba cargando a una mujer en su espalda.. una vez que alcanzaron aire más fresco, él la dejó y volvió hacia arriba..
    Otros jamás regresaron..
    La gente que escapó decía que el Sr.. Paramsothy, quien sólo tenía unos rasguños, permanecía detrás. La Sra.. Young comentaba que Sankara Velamuri y Diane Urban, colegas de los Sres. Jos del Departamento Estatal de Impuestos y Finanzas, trataron de ayudar a dos amigos heridos más seriamente., Dianne Gladstone y Yeshavant Tembe, ambos también empleados estatales..
    Todas estas cinco personas fallecerían..
    De las docenas de personas que esperaban en el vestíbulo del cielo cuando el Segundo avión se estrelló, sólo se sabe que 12 pudieron salir vivas.
    9:35
    Torre Norte, Piso 104, Cantor Fitzgerald; Piso 106, Restaurante Windows on the World; 53 minutos para colapsarse

    Era tan urgente la necesidad de aire para la gente, que se apilaban de cuatro o cinco de altura, ventana tras ventana, la parte superior de sus cuerpos colgando 396.34 metros sobre le nivel de la banqueta.
    Estaban en un lugar que no los perdonaría..
    En otro lado, dos hombres, uno de ellos sin camisa, se paraban en el borde de la ventana, inclinando sus cuerpos tan lejos hacia afuera, que podían atisbarse alrededor de la enorme columna y verse entre si, según muestra el análisis de fotografías y videos.
    En el piso 103, un hombre fijaba la vista hacia afuera de una ventana rota hacia el noroeste, abrazándose contra el marco de la ventana con un brazo. Él envolvía con el otro a una mujer, aparentemente para evitar que ésta se cayera.
    Atrás de las ventanas que no se habían roto, los desesperados se habían reunido. aproximadamente cinco pisos desde el más elevado, tenias aproximadamente 50 personas con sus caras oprimidas contra las ventanas, tratando de respirar” reportaba un funcionario de la policía en un helicóptero.
    Ahora no había error. La oficina de Cantor Fitzgerald, y justo arriba de ella, Windows on the World, se volvería la señal para este momento de estar definitivamente perdido. Cerca de 900 perosnas fallecerían en los pisos 101 al 107.
    En el restaurante, cuando menos 70 personas se arremolinaban en la esquina noroeste del piso 106, de acuerdo con la información que proporcionaron a familiares y compañeros de trabajo.. [i}”Se ha esfumado ( la posibilidad de) cualquier otro lugar”
    ," comentó en un correo electrónico Stuart Lee, el vicepresidente de Data Synapse, a su oficina en Greenwich Village. "Actualmente seguimos con la discusión sobre si debemos romper una ventana”," El Sr. Lee continuaba diciendo unos momentos después: "No existe consenso en el momento actual

    NO obstante, pronto aparecieron docenas de personas a través de las ventanas rotas por toda la fachada oeste del restaurante. EL Sr. Vogt, gerente general del Windows, dijo que podía verlos desde el piso, como siluetas contra la oleada de humo gris que salía y se hinchaba de su propia oficina y de las demás.
    Para este momento, los videos mostraban al tumultuoso fuego a través de los pisos del impacro, lanzándose a través de la fachada norte de la torre. Espirales de humo se precipitaban contra la gente abrazada alrededor de las ventanas rotas.
    En el cuarto de conferencias del piso 104, Andrew Rosenblum y las demás 50 personas se las arreglaron para desviar temporalmente el humo y el calor al conectar respiraderos. “Estrellamos las computadoras contra las ventanas para obtener algo de aire” comentó el Sr. Rosneblum en su celular a su compañero de golf, Barry Kornblum.
    Pero no había escondite.
    A medida que la gente empezó a caer desde arriba del cuarto de conferencias, el Sr. Rosenblum rompió su calma, recuerda su esposa Jill. En medio repentinamente exclamó ¡ Oh Dios mio!


    9:38
    Torre Sur, piso 97, Fideicomisos; Piso 93: Aon Corp., 21 minutos para colapsarse

    ¡Ten cuidado, Ed! Gritó Alayne Gentul, directora de recursos humanos del Fondo Fiduciario, mientras Edgar Emery se resbalaba del escritorio en el que había estado parado dentro del piso cada vez más caliente y humeante de la torre sur.
    El Sr. Emery, uno de sus colegas de oficina estaba intentando usar su saco para sellar un ducto de ventilación que estaba eructando humo. Para evacuar, los empleados del Fideicomiso que laboraban en el piso habían subido siete pisos de sus propias oficinas.
    Ahora ambos y los seis que estaban tratando de salvar, estaban en serios problemas.

    Mientras la Sra., Gentul hablaba con su esposo por teléfono, él podía escuchar lo que estaba sucediendo.- El Sr. Emery se levantó y extendió el abrigo sobre la ventilación. A continuación agitó un zapato en el cabezal del rociador de agua, esperando que empezara el flujo de agua.
    ¡ “Los rociadores no funcionan”! la Sra. Gentul le comentó a su esposo Jack Gentul, quien la escuchaba desde su oficina en el Instituto de Tecnología de New Jersey en Newark, donde él es el rector. Nadie sabía que la aeronave había cercenado las tuberías del agua..
    No sabemos donde permanecer o a dónde ir
    le dijo a su esposo la Sra. Gentul. [i] “No quiero ir hacia abajo dentro del fuego”, ella comentó.
    Entre los condenados, las llamadas de teléfono, mensajes y testigos, habían muchas personas que se pusieron en peligro al ofrecer una mano a colegas o extraños. Los demás actuaron con ternura cuando ya todo estaba perdido.
    La Sra. Gentul y el sr. Emery, cuyas oficinas estaban en los pisos 90 y 97, hab+ían tomado su fatal decisión, por ayudar a los demás..
    Cuando el primer avión golpeo a través de la plaza, la bola de fuego se hinchó a través de la fachada oeste del piso 90, donde estaba el Sr. Emery en su oficina., sentí el calor en mi cara” dijo Anne Foodim, miembro de los recursos humanos que trabajaba cerca.
    Surgió el Sr. Emery, conocido por su estabilidad, mientras se agitaban las solapas de su saco mientras indicaba la salida a la demás gente. “vamos, vamos, salgan” les decía, escoltando a cinco empleados hacia el cubo de la escalera, incluyendo a la Sra. Foodim, quien recuerda estos eventos. Bajaron 12 pisos, alcanzando el piso 78 y el elevador express, debido al ánimo infundido por el Sr. Emery.

    “Si soportaste tu quimioterapia, entonces puedes bajar las escaleras” le dijo el Sr. Emery a la exhausta Sra. Foodim, quien acababa de terminar un proceso de quimioterapia. Cuando por fin alcanzaron el empacado elevador en el piso 78, el Sr. Emery se aseguró de que todos se subieran. Él Presionó el hombro de la Sra. Foodim, y dejó que se cerrara la puerta frente a él. Entonces se encaminó hacia arriba, reuniéndose con Alayne Gentul.
    Como el Sr. Emery, la sra. Gentul encaminó a un grupo amtes de qie eñlsegundo avión golpeara el edificio. Una recepcionista, Mona Dunn la vio en el piso 90 donde los empelados estaban discutiendo cuándo o si debían salir. La Sra. Gentul instantáneamente dio respuesta a la duda. ” Bajen ordenadamente les dijo indicándoles el cubo de la escalera.

    Era como una maestra diciéndoles “Está bien, bajen” recordó la Sra. Dunn.
    Juntos, la Sra. Gentul y el Sr. Emery fueron a evacuar a seis personas del piso 97 que habían estado trabajando en la operación de respaldo de una computadora, le había comentado la Sra. Gentul a su esposo.
    El Sr. Emery estaba a la caza de un cubo de escalera en el piso 97 cuando llamó por su celulkar a su esposa. Elizabeth. Lo último que escuchó la sra. Emery antes de perder contacto con suy esposo, fue a Alayne Gentul, gritando desde algún lugar muy próximo de Edgar Emery ” ¿“Dónde están las escaleras? ¿Dónde están?”
    Otra llamada de teléfono estaba realizándose cerca. Edmund McNally, Director de tecnología de la fiduciaria, llamaba a su esposa Liz, mientras su piso empezaba a ondularse. El Sr. McNally apresuradamente le recitó sus polizas de segurod e vida y los programas de bonos para empleados. “Me dijo que yo le significaba todo en el mundo y que me amaba.” recordaba la Sra. Mcnally y ellos intercambiaban lo que pensaban ellos que era su último adiós.
    Entonces el teléfono de la Sra. McNally sonó nuevamente. Su esposo le informó que le había reservado un boleto a Roma, para su cumpleaños numero 40. El le dijo “Liz, tendrás que cancelarlo”
    En el piso 93, Gregory Milanowycz, un corredor de seguros de Aon, instó a los demás para que abandonaran las oficinas; algunos de ellos sobrevivieron, pero él regresó de nuevo. Después de oír el aviso. [ porque no les hice caso debí haberlo hecho” se quejó después de que su padre Joseph Milanowycz , le había llamado. Ahora estaba atrapado. Le pidió a su padre que le preguntaran al Departamento de bomberos que debían hacer él y otras 30 personas. Su padre le dijo que había pasado el recado a un despachador y que debían permanecer agachados y que lso bomberos estaban trabajando para poder subir. Entonces, escuchó a su hijo decirles a los demás “¡Ya vienen! ¿ Mi padre está en el teléfono con ellos. Ya vienen Todo mundo debe poder llegar hasta abajo!”
    Aun cuando la situación estaba sin esperanza, la gente atrapada se miraban unos a otros. En el piso 87, un grupo de aproximadamente 209 personas de Keefe, Bruyette & Woods, tomó como refugio el cuarto de conferencias que pertenecia al Departamento Estatal de Impuestos y Finanzas de Nueva York Durante los minutos finales, Eric Thorpe se las arregló para llamar a su esposa Linda quien estaba esperando noticias suyas en el apartamento de un vecino. Nadie habló desde la torre. En lugar de ello la sra. Torpe sólo escuchaba el ruido ambiental.
    [i] “Oía todo lo del fondo” rdecordaba la Sra Torpe, incluyendo decía ella sollozando. “Alguien preguntaba ¿Dónde están los extinguidores? Alguien más decía Ya se tiró por la ventana” Escuché una voz preguntando: “¿Hay alguien inconsciente? Algunos parecían estar tranquilos. Un hombre perdió los estribos, y gritaba. No podía entenderle lo que estaba diciendo.”
    “Escuché a otra persona consolándolo, diciendo, “todo está bien. Todo estará bien” ”


    9:45
    Torre Sur Piso 105 , 14 minutos para colapsarse

    Minutos después de que la segunda aeronave golpeara la torre sur, Roko Camaj llamó a casa para reportar que un a multitud se había reunido cerca del techo. De acuerdo con su hijo Vinny Camaj. “Estoy en el piso 105” le dijo Roko Camaj a su esposa. Hay cuando menos 200 personas aquí arriba.”
    La promesa de un santuario en la azotea había parecido tan lógica, tan iresistible, que una multitud buscaban su destino escaleas arriba. Fue un camino sin retorno.
    El Sr. Camaj, un lava vidrios que había sido caracterizado en un libro para niños, llevaba la llave para la azotea., dijo su hijo. Aquella llave sola no abría su puerta; un timbre eléctrico tenía que oprimirse por el equipo de seguridad en el puesto de ordenes en el piso 22. Y el piso había sido dañado y evacuado.
    La azotea parecía una opción obvia y la única, para la gente de los pisos superiores. Un helicóptero de la policía había evacuado a la gente en 1993, después de que explotó una bomba terrorista en el sótano. Sin embargo, por una variedad de razones, la autoridad Portuaria, con un acuerdo del Departamento de Bomberos, disuadían a los helicópteros como parte de su plan de evacuación. Los comandantes de policía excluían un rescate en la azotea esa mañana.
    Cualesquiera que duera la sabiduría de esa política, llegó como un golpe para muchas de las personas atrapadas en las torres, de acuerdo con sus familiares y los resúmenes de las llamadas al 911. Sólo unos cuantos se percataron que la escalera A los llevaría hassta abajo a la seguridad, y que la información jamás circuló escaleras arriba de ese escape o de las autoridades. Frank Dolye, un comerciante de Keefe, Bruyette & Woods, le llamó a su esposa, Kimmy Chedell, para recordarle el amor que sentía por ella y por sus hijos. Recuerda ella que él también le dijo: ” He subido hasta la azotea y las puertas de la misma están cerradas. Tienes que llamar al 911 para decirles que estamos atrapados”

    El piso 105 era la última parada para muchos que habían subido hasta la azotea, una multitud dominada por los empleados de Aon. A las 9.27 un hombre llamó al 911 y dijo que un grupo estaba en el cuarto de conferencias del piso 105. A las 9:32 un hombre en el piso 105 llamó al 911 y pidió que se abriera la azotea. A las 9:38, Kevin Cosgrove, un bombero de Aon llamó al 911 y entonces llamó a su hermano.
    Sean Rooney le habló a beverly Eckert. Se habían conocido en una escuela de baile en Buffalo, cuando tan sólo tenían ambos 16 años. Ahora cumplian 50 juntos.
    Él había tratadod e bajar, pero estaba en un callejón sin salida. , entonces había subido 30 pisos o algo asó hasta la azotea cerrada. Ahora quería saber cómo salir, así que hizo que su esposa describiera la localización del fuego de las imágenes de la Televisiónm. No podía sondear porqué estaba cerrada la azotea, ella comentaba. Le instó que intentara de nuevo mientra ella llamaba al 911 por la otra línea. EL puso el teléfono abajo, regresó unos minutos mas tarde, diciendo que la puerta de la azotea no se podía ni menear. Él la había aporreado.

    [i} “Estaba preocupado por las flamas.”
    recordaba la sra. Eckert Estuve diciéndole que no estaban cerca de él El dijo que las ventanas estaban calientes. Su respiración se estab< volviendo más trabajosa.”
    Los techos se estaban derrumbando. Los pisos se ondulaban, las lamadas telefónicas se cortaban. El estaba solo en un cuarto lleno de humo.

    “Me dijo que me quería”
    “ Entonces tu podías oír una fuerte explosión”

    10:00
    Torre Norte, Piso 92, Car Futures, 28 minutos para colapsarse

    “Mamá” pregunto jeffrey Nussbaum ¿Qué fue esa explosión?”
    20 millas más lejos en ocenside, N. Y., Arline Nussbaum podía ver en la televisión lo que su hijo no podía observar a menos de 50 metros. Ella recuerda su últimas palabras:
    La otra torre acaba de caerse” Dijo la Sra. Nussbaum.
    “Ay Dios mío” le contestó su hijo “ Te quiero, mamá”
    Entonces el teléfono enmudeció.

    La torre norte que había sido golpeada 16 minutos antes que la sur, todavía estaba en pie. Estaba muriendo, más lentamente, pero con la misma seguridad. Las llamadas estaban menguando. Aumentaba el número de personas que se tiraban por las ventanas .
    Aquella mañana, la oficina de Carr Futures en el piso 92 estaba inusualmente ocupada. Un total de 68 hombres y mujeres estaban en el piso esa mañana, 67 asociadas con Carr.
    Como 2 docenas de corredores de la compañía filial de Carr habían sido llamados para una reunión especial a las 8 A. M. Cuando el edificio se columpió para atrás y para adelante como la antena de un automóvil, las puertas se torcieron y se atoraron, atrapando a un gran número de ellos en un cuarto de conferencias.
    El remanente de empleados de Carr, aproximadamente 40, emigraron a un espacio grande sin terminar a lo largo del lado oeste. Jeffrey Nussbaum llamó a su madre, compartió su celular con Andy Friedman. En total, las familias Carr habían contado 31 llamadas de gente que perdieron, de acuerdo con Joan Dincuff, cuyo hijo, Christopher, murió esa mañana.
    Carr estaba dos pisos abajo del impacto y todo mundo lo sobrevivió; sin embargo no pudieron salir. Entre las 10:05 y las 10:25, muestran los videos, el esparcimiento del fuego que iba hacia el oeste a través de la fachada norte del piso 92, cayendo encima del refugio oeste.

    A las 10:18 Tom McGinnis, uno de los corredores convocó a la reunión especial, y se puso en contacto con su esposa, Iliana McGinnis. Las palabras están grabadas en su memoria.
    “Esto se ve mal, pero muy mal” le dijo él.
    [i] “Yo sé”[(i] dijo la sra. McGinnis, quien había estado esperando que la reunión se hubiera terminado antes de que el avión golpeara el edificio. “Esto está mal para el país, parece como la Tercera Guerra Mundial”
    Algo en el tono de la respuesta de su esposo alarmó a la Sra. McGinnis.
    “¿Estás bien, Si o No?
    “Estamos en el piso 92 en un cuarto en donde no podemos salirnos”
    replicó el Sr. McGinnis.
    “¿Quién está contigo?” Ella le preguntó. El Sr. McGinnis mencionó a tres viejos amigos; Joey Holland, Brendan Dolan y Elkin Yuen
    “Te amo” dijo el Sr. McGinnis. “Vcuida a Caitlin” La Sra. Ginnis no estaba preparadad para oir una despedida.

    “No pierdas tu calma ella le instó. “Ustedes son duros y plenos de recursos Ustedes van a salir de allí”
    No lo puedes entender”
    respondió el Sr. McGinnis. ”Hay gente brincando desde los pisos superiores al nuestro”
    Eran las 10:25 El fuego se propagó por todo el lado oeste del piso 92. la gente caía de las ventanas. El Sr. McGinnis nuevamente le dijo a su esposa que la amaba y a su hija Caitlin.
    “No cuelgues,” le suplicó la Sra McGinnis.
    “Tengo que acostarme en el piso” Contestó el sr. McGinnis.
    Allí la conexión se desvaneció
    Eran las 10:26, dos minutos antes de que la torre se derrumbara. EL WTC había caído y enmudecido.













    .
































    .








































    .


    .
    Last edited by Rafael Norma; 11-08-05 at 09:34 PM.

Bookmarks

Posting Permissions

  • You may not post new threads
  • You may not post replies
  • You may not post attachments
  • You may not edit your posts
  •