Salvador Guerrero Chiprés /I Desde 1948 hasta entrada la década de los años setenta, el sacerdote Marcial Maciel Degollado, jefe amo y dueño de La Congregación Legionarios de Cristo, abusó sexualmente de niños de entre 12 y 17 años de edad que le fueron entregados en custodia ``para dedicarlos al Señor'' por familias confiadas en “la obra” que desarrolló desde México hasta extenderla a 17 países de América y Europa, según seis testimonios verificados por “La Jornada” y tres más presentados en diferentes ámbitos en los últimos ocho años.

Nuestro padre o mon père (“mi padre”), como lo llamaban los legionarios desde 1941, cuando se fundó la orden --hoy de proporciones internacionales y con ``enorme poder económico''--, siguió la misma pauta en todos los casos: desarraigó a los pequeños de sus familias, de su país, los separó y controló con el ejercicio estricto de un ``voto privado'' que aún hoy incluye la obligación de delatar ante él a cualquiera que haga críticas o divulgue los actos que muchos le han visto cometer.

Al dar a conocer por primera vez a un diario mexicano estos testimonios, ex legionarios graduados, con doctorados en universidades prestigiosas, como el doctor José Barba Martín y Arturo Jurado Guzmán; un abogado, José Antonio Pérez Olvera; un ex rector de la Universidad Anáhuac --fundada por Marcial Maciel Degollado--, quien denunció la situación antes de fallecer en febrero de 1995, Juan Manuel Fernández Amenabar; un ranchero retirado a la vida privada, Alejandro Espinosa Alcalá; un postulante a doctor en Nueva York, Juan Vaca, presidente de los Legionarios en Estados Unidos de 1971 a 1976; un maestro de una escuela católica, Saúl Barrales Arellano; un ingeniero, Fernando Pérez Olvera, se encuentran entre quienes sostienen abiertamente que “Mon père” (“padre mío”) abusó sexualmente de ellos al violarlos.

Buscan que la Iglesia católica emprenda una investigación sobre el sacerdote de 76 años de edad a quien el ex presidente del Club de Banqueros de México, Manuel Espinosa Yglesias, entregó en diciembre pasado la presea Pericles destinada a quienes han promovido las artes y la cultura y han dedicado su vida ``en beneficio de los demás''.

``Por mi parte, al revelar esto yo cumplo con una obligación de conciencia porque quiero ser parte de una Iglesia coherente'', comentó el doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Harvard, José Barba Martín, profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Quienes han vencido ``el temor a la opinión pública'' asumen el riesgo de enfrentar a uno de los sacerdotes más poderosos de la Iglesia católica, amigo del papa Juan Pablo II. Políticos prominentes de la derecha latinoamericana, cercanos a la élite financiera de México, ratifican testimonios que han comentado individualmente, a veces sólo compartiendo en privado impresiones o acudiendo infructuosamente al Vaticano y posteriormente a especialistas del tema y a periodistas en Estados Unidos.

``Tenemos más de 25 años denunciándolo, de tocar puertas; esto tiene que salir a la luz pública'', comentó Pérez Olvera.


La enfermería

En el número 677 de Vía Aurelia Nuova, en Roma, a menos de 5 kilómetros de San Pedro, un centenar de adolescentes que conforma una de las primeras generaciones de legionarios preparados por Mon père asume que el sacerdote nacido en Cotija, Michoacán, en 1920, es un santo comprometido con Dios, se les ha dicho, al grado de ser perseguido y de haber sufrido algún intento de homicidio.

Es el año de 1956. Los apostólicos y novicios tienen entre 12 y 17 años. Sus familias confían a pie juntillas en la labor educativa y evangelizadora del padre Maciel. La tía Pachita, bien conocida en los inicios de la orden, donó dos inmuebles para la obra. Seguir la vocación de sacerdote y hacerlo con Marcial Maciel Degollado era considerado ``un privilegio, una misión verdadera, una enorme oportunidad''.

Son ``selectos entre los selectos'', comenta el licenciado Pérez Olvera.

Al estar allí tuvieron primero que llenar los requisitos indispensables para ser un legionario: ``Ser bonitos, blancos e inteligentes; pero sobre todo lo primero: bonitos y blancos'', muy preferentemente herederos de familias pudientes o al menos estables, refiere por vía telefónica, desde Tamaulipas, Espinosa Alcalá.

Fueron llevados, con el beneplácito de su familia, a la Quinta Pacelli, en el silencioso barrio capitalino de Tlalpan. Después Mon père determinó que algunos de ellos deberían aprovechar ``la educación en Europa'', especialmente en España y luego, precisamente, en Roma. Allí son llevados para estudiar el noviciado, luego el juniorado y posteriormente filosofía y teología.

Tenían que estar levantados a las 5 de la mañana. El reglamento establece que en ningún momento podían estar inactivos. Tienen 20 minutos para prepararse y bajar limpios a la capilla para las primeras oraciones. Hay una hora de meditación. La misa viene antes de la comunión. Pasan directamente al refectorio para el desayuno. Tienen diez minutos para prepararse e iniciar las clases. Los jueves tenían una hora de ``adoración'' que interrumpía el sueño y la digestión de la cena.

El primer síntoma de que uno de ellos es ``escogido'' es el llamado de Maciel a su despacho para indicarle que en adelante será él, personalmente, su ``director espiritual''. Pueden pasar días o semanas para que la segunda fase se inicie.

Los testimonios de Pérez Olvera, Martín Barba, Arturo Jurado Guzmán --profesor de lingüística en el Departamento de Defensa de Estados Unidos-- y de Juan Vaca, entre otros, coinciden en ese punto y en la siguiente situación:

Maciel pedía que alguno de ellos fuera llevado a la enfermería, constituida por dos pequeños cubículos, una cama dura, mesitas con medicamentos y un lavabo. Está situada en el extremo derecho del pasillo, ubicado éste en la entrada principal.

``A mí me planteó que tenía los dolores esos que supuestamente le provocaban una involuntaria retención de esperma. Luego que necesitaba un masaje. Éste comenzaba en la parte baja del abdomen, después bajaba la mano hasta que me llevaba a tocarle el pene y hacerle directamente una masturbación con la boca. Con la otra mano debía frotarle los músculos de las piernas. El acomodaba, dirigía técnicamente la operación'', relata Espinosa.

Las demás versiones son idénticas. Primero fueron calladas durante muchos años cuando no furtivamente presentadas en diarios de los novicios.

Todos coinciden en que Maciel declaraba que el papa Pío XII le había dado permiso de ``aliviar su dolor'' de ésa y otras maneras en sesiones en que llegaron a participar más de dos jóvenes.

Les explicaba a los novicios que su dolor podía ser desahogado ``usando una mujer'', pero que él, ``para convertir el dolor en virtud'', no acudía a ellas y escogía a los adolescentes para acompañarlo en el encuentro del alivio.
















http://www.jornada.unam.mx/1997/abr97/970415/juan.html


La Jornada 15 de abril de 1997

De Pío XII a Juan Pablo II, apoyo de Roma al líder de los Legionarios

Salvador Guerrero Chiprés /II En el Colegio Máximo de la congregación católica Legionarios de Cristo, en Roma, en vía Aurelia Nuova 677, flotó siempre, junto a ``la santidad'' del superior general, la presencia del papa Pío XII.

Eme eme, como muchos ex legionarios se refieren al sacerdote Marcial Maciel Degollado, por sus iniciales, aseguraba que aquel italiano, representante de Dios en la tierra, fue quien le había autorizado al jefe de los legionarios convertir sus ``padecimientos'' físicos en oportunidad para la ``virtud'': en viajes, estancias en Italia, España, Francia, Estados Unidos; su compromiso público como ``formador de jóvenes'' se combinó en determinación privada de vivir la pasión homosexual por niños y adolescentes que le ayudaban ``a aliviar intensos dolores''.

Del Pío XII tomó Maciel el apellido para imponérselo al lugar del tercer seminario de la congregación, en Tlalpan, la Quinta Pacelli.

Es sabido de todo dios que Pío XII tomô una actitud pasiva en los años de su pontificado (1939-58) con respecto a los nazis. Fueron aquellos los tiempos fundacionales de los Legionarios de Cristo, en un ambiente de creciente anticomunismo y acendrada preocupación en México por una Iglesia que había sido lastimada por el gobierno callista.

Sucesos de aquellos años son los revelados por los ex legionarios. Para ellos, al decir de Alejandro Espinosa Alcalá, la sociedad mexicana está madura para ventilar sin vértigos ``el abismo de simulación'' en que el líder de los legionarios, afirmó, fundamenta el imperio económico y moral de la congregación de la que forman, o formaron parte, influyentes personajes en medios de difusión, empresas financieras y grupos políticos dentro y fuera de los gobiernos federal y estatales.

Quienes eran incorporados al ``círculo íntimo'' de Nuestro Padre, en el comienzo de su supuesto privilegio, no cumplían siempre con todo el reglamento. Los llamados por Mon Père, ahora su director espiritual, pasaban a una segunda etapa. Una sesión privada en la enfermería y la práctica del masaje ``terapéutico'' eran indicios de la inclusión, al menos provisional, en ese círculo de escogidos entre los escogidos.

El frasquito del reverendo padre

El llamado a esa sesión podría ocurrir en cualquier lugar y hora del día.

Un legionario, Alfredo Martínez, se acercó calladamente a José Pérez Olvera. Le indicó que lo buscaba Maciel, quien ya lo esperaba en la enfermería acostado en la cama. Martínez cerró por fuera la puerta.

``Según el padre Maciel, mi hermano era muy inquieto. Estaba muy preocupado por su salud porque, también según el padre Maciel --quien escudriñaba por obra divina el interior de las almas--, mi hermano se masturbaba mucho. Era urgente ayudarlo para sacarlo del pecado, incluso acudiendo al auxilio de la medicina (Cuando le conté a mi hermano esto, mucho tiempo después, me dijo que todo era una soberana mentira). Todo lo anterior me lo estaba comentando acostado en la cama de la enfermería. Yo me encontraba a su lado.

``Había un famoso endocrinólogo, en Madrid, que se llamaba Gregorio Marañón, notable hombre de letras y respetabilísimo médico. Sólo él podría ayudar a mi hermano, me dijo el padre Maciel. Lo único que necesitaba el doctor Marañón, para hacerle un tratamiento adecuado a la desenfrenada sexualidad de mi hermano y recetarle la medicina apropiada, era una muestra de semen.

``Sin embargo, el padre Maciel no le tenía a mi hermano la suficiente confianza como para solicitarle la muestra requerida. Pensaba el Padre Maciel que, siendo yo su hermano y teniendo las mismas características genéticas, una cantidad de mi semen podría ayudarlo adecuadamente; lo arrancaría de su vicio, lo libraría de las garras del pecado y... casi, casi, me convertiría a mí en un héroe anónimo.

``Me preguntó el padre Maciel que si yo podría estar dispuesto a sacrificarme por mi hermano. Le dije que no; que mi hermano me importaba mucho pero que no tenía la intención de cometer un pecado por ayudarlo, que estaba prohibido por la Iglesia y por la moral; que lo más que yo podía hacer por mi hermano era estar pendiente para el momento en que yo tuviera una emisión nocturna y recoger el semen de la sábana, guardándolo en un frasquito.

``El padre Maciel me contestó que era una magnífica idea pero que existía el inconveniente de que, al derramarse el semen en la tela, no recogiera la cantidad suficiente para que el doctor la pudiera analizar y que, además, perdiera sus características de frescura''. A esas alturas, reconoce el abogado ex legionario, ``me encontraba excitado y rojo de vergüenza''. El padre Maciel, no obstante, no cejaba en su empeño de convencerme... el fin era bueno, me repetía una y otra vez.

``Cedí por fin. Ni tardo ni perezoso el reverendo padre Maciel me bajó los pantalones, los calzoncillos y empezó a manipularme como si fuera un experto en esos menesteres y, como constaté, en efecto lo era'', indica Pérez en una declaración que, como la de otros de sus compañeros, incluye escenas semejantes y fueron entregadas en extensos textos ante notarios en California, Florida, Nueva York, Oaxaca, Distrito Federal, Nuevo León y Tamaulipas, según el lugar en que cada ex legionario radica ahora.

``Cuando ya estaba eyaculando sacó un frasquito para que lo llenara de semen. Incluso me hizo que le pegara en un papel la supuesta dirección del doctor Marañón.

``Todo había terminado. No sabía dónde meterme de vergüenza. Sin embargo, me sentía satisfecho de que, a pesar de mi humillación, iba a ayudar a mi hermano y me había puesto sumisamente a merced de la voluntad de un santo, como el padre Maciel, que estaba santificando con sus manos y dándole trascendencia y valor divino a un acto que los simples mortales (y la misma Iglesia) que no eran santos como él, consideraban como pecado.

``Una vez que concluyó el padre Maciel su obra maestra, me preguntó que si iría a comulgar. Le contesté que no sabía. Me dijo que, toda vez que había hecho una obra buena, podía acercarme a comulgar. No sólo eso. Me hizo prometer que este acto heroico no se lo comentaría a nadie, ni en confesión. Acto seguido me dijo que debía hacer mis votos, no obstante la decisión que había yo tomado de no hacerlos''.

El 5 de diciembre de 1994, su cómplice de Maciel el polaco papa Juan Pablo Segundo dirigió al sacerdote Maciel ``Una Especial Bendición Apostólica'' con motivo de los ``50 años de generosa entrega'' como ``un guía eficaz en la apasionante aventura de la entrega total a Dios en el sacerdocio''. Fue publicada en siete importantes diarios del Distrito Federal.

En la sección 96 de la encíclica Veritatis Splendor el Papa indica: ``Ante las normas morales que prohíben el mal intrínseco, no hay privilegios ni excepciones para nadie''. El Pontífice plantea en ese documento que en la sociedad civil y en las comunidades eclesiales debe evitarse ``la crisis más peligrosa que puede afectar al hombre: la confusión del bien y del mal que hace imposible construir y conservar el orden moral de los individuos y de las comunidades''.

















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La Jornada 16 de abril de 1997

Desde 1956 sabía El Vaticano de denuncias contra el líder de Legionarios

Salvador Guerrero Chiprés /III Desde mediados de los años cincuenta el Vaticano conoce denuncias contra el superior general de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado, por consumo de morfina.

Testimonios de ex legionarios indican que decenas de dosis de esa droga dura, en la presentación conocida como Dolantin, fueron usadas por el clérigo Marcial Maciel Degollado, el mismo que les indicaba que los miembros de la congregación no sólo tenían obligación de evitar los pecados capitales, sino que también les estaba vedada la comisión de pecados veniales.

Los denunciantes de Maciel Degollado piden que se investigue al sacerdote y que ellos mismos sean ``sujetos de escrutinio'' sobre éstas y otras revelaciones.

Sostienen que están dispuestos a declarar ante autoridades eclesiásticas de México y del Vaticano, ante representantes de la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de Gobernación, el Ministerio Público, especialistas y ``personas de buena fe'', incluso con el uso de un detector de mentiras.

El profesor Saúl Barrales, de 62 años de edad, quien se desempeñó como servicial asistente personal de Maciel durante más de diez años, y que era conocido entre los legionarios como hermano caridad por su natural humildad y buen humor, recuerda que él mismo tomó un puñado de las ampolletas de una pulgada con líquido rojo que Maciel se inyectaba o pedía que le suministraran y las estrelló contra el suelo delante de él para manifestar su desacuerdo con esa práctica de Mon père, cuando se dio cuenta para qué las utilizaba.

Nunca se conoció formalmente el resultado de una investigación iniciada en 1956 desde la capital del mundo católico, pero el líder de los legionarios fue cesado dos años de su ministerio y se le ordenó mantenerse alejado de Roma.

Años después, en diversas ocasiones, ex legionarios y legionarios muy cercanos a nuestro padre atestiguaron los extremos a que Maciel era llevado.

Según los testimonios recogidos por el mejicano periódico denominado “La Jornada” y aquellos que de diversas formas se han presentado en medios estadunidenses, así como en conversaciones privadas en colonias capitalinas de alto poder económico, mientras Maciel recomendaba con éxito que los religiosos utilizaran el cilicio atado a sus muslos en señal de sacrificio, acudía por su cuenta al consumo del Dolantin.

Junto a la prédica del deporte para el cual se construyeron canchas de tenis, basquetbol y futbol en el seminario de Roma de los Legionarios de Cristo, en la enfermería, en ciertos hospitales y en algunos hoteles de España, Italia y Estados Unidos se desarrollaban prácticas que contradicen el discurso por la educación integral promovida por el jefe de la orden católica.

En abril de 1956, en la clínica Salvator Mundi, el cardenal Valerio Valeri presenció la imagen del legionario fundador de la orden afectado por una dosis.

Valeri y el cardenal Alfredo Ottaviani dudaban de la integridad de Maciel, pero pudieron más los cardenales amigos del sacerdote michoacano: a saber, el vicario de Roma, en ese entonces Clemente Micara; el gran canciller prefecto de la Sagrada Congregación de Colegios y Universidades Católicas, cardenal Guiseppe Pizzardo, y el gobernador del Vaticano, cardenal Nicola Canali.

El 10 de mayo de 1956 se redactó una primera carta de un médico sosteniendo que Maciel no era adicto, precisamente un mes después del hallazgo de Valeri.

Una segunda carta, del 10 de octubre del mismo año --el mismo día en que Maciel se presentó llorando ante los seminaristas para anunciarles de su cese por instrucciones del Vaticano--, sostiene que Maciel no sufría de tal debilidad.

Una tercera carta, manuscrita, curiosamente sin fecha, firmada por Ricardo Galeazzi Lissi, el médico del papa Pío XII, sostenía la misma conclusión.

En conversación telefónica desde Nueva York, Juan José Vaca, quien fue entre 1971 y 1976 presidente de los Legionarios en Estados Unidos, afirma que fue testigo de diversas ocasiones en que Maciel se suministró Dolantin. Vaca colaboró muy cercanamente en la obra durante más de 20 años.

Recuerda que en el maletín que llevaba el sacerdote, al que llamaban cocodrilo porque estaba hecho de esa piel, había decenas de ampolletas. Las encontraron en una ocasión en que después de días la habitación de Maciel en un hotel en España no fue abierta, y el administrador del lugar llamó a la hermana de otro ex legionario, quien atestiguó el hecho y la postración en que, dice, fue hallado.

Otro del grupo que ha revelado estos hechos, y está dispuesto a presentarse ante autoridades civiles y eclesiásticas, recuerda que en agosto de 1957 en Lugo, poblado de Galicia, España, Mon père arribó a una reunión con seminaristas en un lujoso vehículo último modelo. Aseguró que se lo había regalado una benefactora. Otra fuente indica que lo compró al contado en Tánger, Africa.

Maciel, dijo, se encerró en su habitación del hotel. Cuando el ex legionario se presentó a buscarlo, Maciel tardó en salir en ropa interior. Su mirada se perdía sin fijeza, ``como totalmente drogado''.

--¿Dónde están los hermanos?

Segundos después de emitida la pregunta Maciel respondió: ``busca a Alfonso'' de apellido Samaniego, quien después fue enviado a Australia a extender la orden en lo que Alejandro Espinosa, ahora radicado en Tamaulipas, considera que fue un destierro político.































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La Jornada 17 de abril de 1997

Perdones y amenazas del líder de legionarios a quienes lo acusan

Salvador Guerrero Chiprés /IV y última El superior general de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado, ha respondido a quienes lo acusan desde los años CINCUENTA con la doble y simultánea actitud de ``perdonarlos'', y lanzar contra ellos abogados y amenazas, según se desprende de entrevistas con ex legionarios y documentos diversos.

A esa actitud responden quienes se han separado de su esfera de control: ``Nosotros a él sí lo perdonamos, pero la Iglesia no sabemos si pueda perdonarlo'', comenta el abogado José Pérez Olvera.

Saúl Barrales reivindica: ``Que el Papa sepa qué ha ocurrido en la congregación no es una amenaza, sino un afán de purificación'', en tanto que José Barba Martín plantea: ``Nuestro perdón personal lo tiene, pero falta el de la sociedad y el de la asamblea de la Iglesia''.

Los tres consideran que el daño no ha terminado. ``Existe un vicio y un daño que se propaga'' en sectores de legionarios cercanos al superior general, al decir de Barrales.

Exhibición de poder

En los años CINCUENTA, cuando fue enterado de que Alejandro Espinosa -``uno de sus preferidos'', como él se califica, al mismo tiempo que está consciente que ``eso les decía a todos los que le interesaban y a quienes nos decía que nos quería más que a su propia madre''- publicaría su biografía, Maciel lo mandó llamar.

Le indicó que él podría darle la cantidad que quisiera por no sacar un libro sobre su vida, la cual incluía escenas de sus tendencias pedófilas y prácticas privadas ilícitas como el violar y abusar de infantes. Le ofreció lo que entonces era suficiente para adquirir dos casas.

Además, recuerda Espinosa, le planteó desde Tamaulipas que, ``si no aceptaba, Maciel tenía muchos amigos que podrían pensar que antes de hacerle daño podrían matarme''. Todavía hoy, Alejandro Espinosa se sorprende de que Maciel lo considerara tan peligroso, desplegara tal exhibición de poder y mencionara a sus amigos, entre ellos el presidente en turno de México y el secretario de Gobernación, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, respectivamente, ``y los más peligrosos: los policías''.

El estricto voto privado, que incluye prohibición de crítica al superior y su denuncia cuando se presenta aquélla, era el primer obstáculo, añadido a la presunción de ``la santidad'' de Marcial Maciel Degollado.

Filtraciones y encubrimiento

Los legionarios le eran ``fieles, a veces dolorosamente fieles'', según la expresión de Barba, acompañada de otras de ex legionarios que reconocen que aún ahora le guardan ``un cierto afecto'', que los psicólogos podrían explicar sin dificultad.

Las prácticas del líder de una orden que tiene presencia en diecisiete países han sido reveladas varias veces en diversos ámbitos. Primero se presentaron en el institucional, con las instancias designadas por El Vaticano. Diversas filtraciones han llamado la atención en los últimos años, incluidos los casos de los más de 60 colegios de la congregación que actualmente existen en México.

Una de las primeras revelaciones, que desencadenaron trabajo periodístico, involucró al hijo de un importante personaje que fue violado ``por un sacerdote legionario''.

La edición de la revista Contenido de diciembre de 1988, con un reportaje de Elisa Robledo, desapareció de los puestos de venta y habría sido capturada, según una fuente, por un grupo de simpatizantes de los legionarios que encontraron en el material factores non gratos a la imagen de la congregación y de su dirigente, pues según ellos se plantean conceptos como ``burla de la fe'' y ``escándalos''.

El mismo hecho llevó a la conexión de una mujer, cuyo familiar había sido víctima del mismo personaje, con Jason Berry, autor de un libro premiado en Estados Unido: Lead us not into temptation: catholic priests and the sexual abuse of children.

Después de una larga y minuciosa investigación, Jason Berry y el reportero Gerald Renner comprobaron la veracidad de las denuncias y revelaciones previas que habían sido encubiertas durante 40 años.

Su trabajo, presentado en uno de los más prestigiados y antiguos diarios de Estados Unidos, fundado en el siglo XVIII, el Hartford Courant, de Connecticut, impactó a la directiva de los legionarios.

Inside the Vatican y national catholic reporter presentaron trabajos que involucran el tema. En México, algunos decidieron no tratarlo.

Marcial Maciel Degollado respondió negando todos los actos que se le atribuían. ``A pesar del daño moral sufrido -decía-, ``prefería perdonarlos y rezar por ellos para que recobraran la paz y remover de sus corazones cualquier resentimiento que explicara su actitud''.

En respuesta, Barba Martín expresa: ``Como cristianos tenemos la obligación de perdonar, pero como parte de una sociedad abierta no podemos arrogarnos el perdón que sólo corresponde a esa sociedad.

``En diciembre de 1996 fuimos falsamente acusados, como grupo, de haber conspirado contra el padre Maciel, por parte de ex compañeros con quienes antaño nos unía, creíamos, un anhelo y un elevado ideal común. Jamás los invitamos a nada negativo ni les sugerimos malevolencia'', afirmó.

Agrega que si bien hay delitos que prescriben en el derecho positivo, ``en la naturaleza espiritual de la Iglesia hay cosas que trascienden y permanecen'', y la Iglesia debería permitir, como lo evidencia la dinámica de la historia y plantea San Agustín, ``que de las cosas malas salgan buenas y sea posible la esperanza de la reconstrucción''.