• Matemáticos reconocidos poco conocidos

    Karl Weierstraß
    (1815 - 1897)

    Maestro de Cantor, Runge,  Schwarz  y de toda una generación de matemáticos alemanes, Weierstrass es el responsable de uno de los métodos más efectivos en Cálculo: el método épsilon (nombrado así pues su notación utiliza la letra griega ε). Gracias a este método se pudieron probar varios teoremas fundamentales para el fundamento de la matemática infinitesimal lo que a la postre permitió varios de los desarrollos tecnológicos de la actualidad.

    Nacido en Ostenfelde, Westphalia (ahora parte de Alemania) , en 1828, al establecerse su familia en Paderborn, ingresó al Gimnasio Católico (institución equivalente a la educación media superior) y paso mucho de su tiempo leyendo el Journal of Pure and Applied Mathematics,  que era la revista matemática líder en Europa.  

    Mientras era profesor en el Instituto Industrial de Berlín, Weierstrass desarrollo una de las más grandes ideas matemáticas hasta el momento.  En su “Introducción al Análisis” druante los años 1859-1860, dio al mundo una rigurosa metodología para que los matemáticos trabajaran con la noción de secuencias infinitas o series que alcanzaban un límite. 

    Hasta ese momento, mucho del desarrollo del cálculo Newtoniano se basaba en ideas, nociones que se sabían verdad pero no se habían demostrado rigurosamente. El concepto de “límite infinito” aplicado a variables fijas, como en la expresión “n tiende a infinito” no se sabía realmente su significado formal.  El método épsilon resolvió esto.

    Weierstrass razonó: En lugar de que el límite estuviera definido para n como el proceso de alcanzar el infinito, por qué no definimos una secuencia infinita que tenga un límite si para cualquier épsilon  ε, siempre puedes encontrar un entero n tal que para todos los enteros m>=n, el emésimo término de la secuencia siempre estuviera a ε del límite.

    Entre los conceptos que gracias al método épsilon se pudieron formalizar se encuentran:
    + El concepto de continuidad , pieza clave para el desarrollo de la ciencia
    + El teorema de Weierstraß que trata sobre máximos y mínimos locales, y
    + Teorema de Bolzano-Weierstrass , otra pieza fundamental en la construcción de los ladrillos fundamentales del cálculo: los números Reales.

    Mucho le debe la humanidad a este gigante Alemán de las matemáticas.

  • La casa del niño quemado



    Pavorosa y sobrenatural es esta leyenda cuyos sucesos no pueden explicarnos sino los mismos seres del más allá; en los escritos de Riva Palacio y Luis González Obregón, así como en documentos del Archivo General de la Nación, se han encontrado los elementos necesarios para llevar a ustedes amigos lectores esta leyenda.

    Hasta el siglo pasado existieron las ruinas de esa casa, en lo que hoy es esquina de Bucareli y Avenida Chapultepec, desde lo que fue campo florido hasta más allá de lo que hoy es Niza apenas si había unas cuantas casonas, una ellas que fue la que construyó el conquistador Pedro Soto. Muy cerca, casi en frente de la casona derruida que se encontraba precisamente en donde hoy hay un edificio de la época del Porfiriato y que ocupa en la parte baja una cantina.

    Corría el año de 1717 cuando llegó a la Nueva España don Eulogio de Olivares y Tafoya trayendo consigo a su esposa y su hijo Ambrosio de once años; esta familia iba a habitar la casona que fuera de Pedro de Soto; pero al cruzar el carruaje frente a la casa en ruinas un hálido siniestro se dejó sentir, pero no habían avanzado unos metros cuando el chico presintió lo sobrenatural, así fue como los hipersensibles oídos del niño percibieron lamentos ultraterrenos; este volvió hacia su madre atónito, acto seguido miró hacia el bosque y creyó percibir algo. Los padres hicieron caso omiso a lo que les decía el muchacho. No pasó mucho tiempo cuando finalmente la familia llegó a la que sería su nueva morada que era una casona hermosa y enorme; los recién llegados cenaron y se aprestaron a descansar de tan cansado y largo viaje, sin saber que a partir de esa noche sus vidas cambiarían.

    Serían poco después de las once de la noche cuando el chico, por las emociones del viaje no pudo conciliar el sueño, y en ese momento se figuró escuchar débiles susurros que arrastraba el viento, fueron ayes dolientes y lastimeros que parecían emitir la misma noche, con lo que Ambrosio experimentó un sobresalto. Los lamentos cada vez se escuchaban más cercanos, más dolientes y obligaron al muchacho a cercarse a la ventana; pero sus ojos vivaces e inquietos solo vieron sombras presintieron una rara presencia entre el follaje; entonces el viento arrastró los lamentos y aquella presencia se convirtió en un susurro que opacó el misterio de la noche, y sin poder dormir esperó vestido hasta que llegara el día siguiente sin decir una sola palabra a sus padres.

    Poco antes de la media noche los lamentos lastimeros se volvieron a escuchar y Ambrosio se levantó rápidamente, salió de su casa y se lanzó hacia el bosque en persecución de quien se lamentaba tan dolorosamente, pero no veía a nadie y a pesar de todo sentía su presencia. El chico seguía corriendo y bajo sus pies se podía escuchar el ruido de la hojarasca y los susurros lastimeros en el silencio de la noche en el soplar del viento, siguió su camino hasta que sin darse cuenta llegó hasta aquella casa quemada que hubiera visto al ir en el carruaje. Allí, frente a la puerta cuyas maderas habían sido consumidas por el fuego, volvió a escuchar aquel lúgubre lamento.
    Al día siguiente muy temprano un criado llevó ante sus padres el cuerpo inerte del pequeño, relatando el primero que lo había encontrado desmayado en el bosque mientras buscaba leña.

    A partir de entonces el niño se levantaba noche a noche y seguir la dirección de los dolientes ayes, y cada mañana era encontrado dormido ó desmayado frente a las sucias ruinas; tal cosa tenía a sus padres profundamente preocupados pues creían que la criatura era sonámbula; pero lo curioso fue que durante esos días el niño jamás mencionó que era lo que había visto u oído, pero lo cierto es que su salud desmejoró y cuando se le vigiló de modo que no pudo hacer más escapatorias nocturnas, esto provocó que cayera en cama con una fuerte fiebre repitiendo cosas sobre un pobre niño atormentado que no podía obtener el perdón de alguien.

    Los padres del chico hablaron el doctor y este les relató la historia de un alma que lleva mucho tiempo atormentada, vagando por aquella casona abandonada y que la única forma de curar a su hijo era ayudando a aquella alama en pena. ¿Quién ni es capaz de hacer por un hijo cuanto sea preciso?, pues eso hizo don Eulogio y se lanzó esa noche al bosque con un farol en la mano dispuesto a averiguar que era aquello que perturbaba la salud de su hijo; no pasó mucho tiempo cuando llegó a pocos metros de la casa quemada y se situó cerca de un árbol para poder espiar de cerca. Poco antes de la media noche, la débil brisa nocturna llevó a sus oídos unos débiles quejidos; acto seguido se puso de pie, dispuesto a averiguar quién vagaba por el bosque. Las débiles pisadas sobre la hojarasca se fueron acercando llenando de inquietud a don Eulogio, de repente en ese momento sintió que junto a él pasaba ese “alguien” que se convirtió en una ráfaga helada de aire de ultratumba que lo llevó hacia la casa quemada; en ese momento el hombre escuchó como si escaparan de la puerta calcinada aquellos gemidos lastimeros y acto seguido un impulso temerario y de ansiedad lo lanzó hasta la puerta misma de la casa quemada, y gritó a los cuatro vientos, pero solo obtuvo como respuesta un silencio sepulcral, solo el viento que movía el follaje y levantaba las hojarascas ¡nada más!.

    Al día siguiente apenas llegó el médico, don Eulogio le relató todo lo sucedido; esa misma noche ambos se hicieron acompañar de un criado y colocaron una serie de faroles para ver si el espectro se manifestaba, este último sintió temor y pidió autorización para retirarse. El médico y don Eulogio se quedaron solos en el bosque aguardando la llegada del ser que gemía, pasaba el tiempo y comenzaban a sentirse desesperados cuando cerca de la media noche percibieron aquel susurro, alguien se acercó lanzando al aire de la noche dolorosos gemidos, los pasos continuaron y estupefactos los españoles vieron como parecía levantarse hojarasca al ser hollada por pies invisibles, en ese momento se dejó sentir la presencia de aquel ser y se escuchó su lastimero llanto. En ese momento ocurrió un fenómeno misterioso e inexplicable, pues algo se interpuso entre la visión de los españoles y el farol, no era un ser denso, pero proyectó su sombra contra las mismas sombras de la casona ruinosa y renegrida; aquellos hombres quedaron atónitos y después discutieron los hechos preguntándose porque aquella alma en pena no podía cruzar la puerta.

    Día tras día, noche tras noche los lamentos dolorosos continuaron perturbando el bosque y la salud del pequeño Ambrosio cada día era más precaria; llegó la situación a tal punto que pasadas varias noches su salud se agravó, y temiendo por la vida de su vástago, pidió con urgencia don Eulogio a su mujer hacer lo necesario . Momentos más tarde llegó el doctor con gray Ezequiel de Alonso, un viejo franciscano del templo de San Antonio, y el español desesperado imploró al fraile cuanto le fue posible para que salvara la atormentada alma de su pequeño. El religioso se quedó a solas con el niño para escuchar su confesión, esta la hizo con mucha lucidez a pesar de la fiebre que no cedía y con lujo de detalle le relató al religioso sobre los macabros acontecimientos del bosque. Minutos más tarde salió el fraile, dirigiéndose a don Eulogio y al doctor que aguadaban les dijo que el pequeño se encontraba muy mal, sin embargo sabía el remedio para esta situación; así que el religioso les dio la instrucción a los españoles de que prepararan antorchas y faroles y acto seguido se dirigieron al bosque.

    Aquella extraña comitiva que iba a luchar con un fantasma se internó en el bosque rumbo a la casa quemada, y una vez que llegaron colocaron los faroles sobre las escaleras, uno de cada lado y las antorchas fueron colocadas a lo largo del camino que recorría la doliente alma. Los tres hombres se quedaron aguardando la aparición del fenómeno y los criados se marcharon; poco antes de la media noche se escuchó el susurro y los gemidos dolorosos, y acto seguido el fraile se precipitó hacia la entrada de la casa mientras se dejaban escuchar los pasos y el arrastrar de algo sobre la hojarasca, entonces sonaron los gemidos y ante el asombro del doctor y don Eulogio, el fraile comenzó a hablar hacia el viento del bosque implorando al Señor que se llevara consigo a aquellas almas a su eterna morada y permitiera que aquella puerta se abriera.
    Se escucharon pasos sobre los escalones y el hollar de la hierba cerca de la puerta, luego se materializó “aquello” al pasar por delante de los faroles colocados en el interior, cuyas flamas vacilaban y “aquello” se interpuso entre la escalera y el cura: ¡un ser de ultratumba!; después sin ningún motivo las antorchas y faroles se apagaron, y en medio de la oscuridad se vieron dos figuras espectrales horrorosas, después solamente se escuchó la voz del fraile que decía: “Dios sea bendito y alabado. ¡Juan, quedáis con vuestra madre!”.

    En aquel momento se encendieron nuevamente y solos, los faroles y antorchas, sopló un viento fresco y todo pareció volver a la normalidad; y aún tembloroso por la emoción pasada, el religioso regresó ante los asustados caballeros y momentos más tarde los tres actores de estos hechos sobrenaturales estuvieron en la casa de don Eulogio, el espectáculo ultraterreno aún los tenía sobrecogidos.

    El fraile les relató a los españoles sobre aquellas almas atormentadas que conoció en vida: se trataba de un mozuelo que abandonó a su madre por irse en pos de una mítica aventura, y el chico que llevara en vida el nombre de Juan Henriquez de Pineda, deslumbrado por relatos de viejos soldados se marchó en busca de siete ciudades de oro perdidas, y en vano suplicó su viuda madre para que no la dejara en el desamparo, pero él se marchó dejándola sumida en un amargo llanto. Una noche según se dice, de manera accidental y otros dicen que fue provocado, la casona tomó fuego y la madre de Juan nada hizo por apagar las llamas, ni pedir auxilio, pues se dejó morir en aquella hornaza y de aquella casa amplia y alegre solo quedaron ruinas humeantes, renegridas y en silencio; más tarde se supo que el muchacho había muerto ¡quemado! en su malhadada aventura, pero finalmente su alma encontró el descanso eterno al lado de su madre. En esos momentos la madre del niño Ambrosio entró feliz a comunicarles que este ya no tenía fiebre, todos se regocijaron con la buena nueva. Don Eulogio días más tarde cambióse de casa y de rumbo por aquello de las dudas.

    Fray Alonso, en su celda del templo de San Antonio escribió sobre este suceso sobrenatural, pero habiendo sido más tarde del conocimiento del vulgo se desató una avalancha de testimonios de gentes que aseguraban haberse topado con los espectros de la casa quemada, pero así como hubo dichos de gente grosera y a leguas mentirosa, también se registraron otros de personas serias e insospechables. Hay tesis de que este tipo de fenómenos suelen repetirse; así que cuando dirijan sus pasos por ese rumbo, cuídense de toparse con esas almas en pena.





    (Imagen tomada de Internet)
    Comments 4 Comments
    1. Regísima's Avatar
      Regísima -
      Te felicito por la narración de la leyenda: fue envolvente el ambiente creado en ésta.


      ¡Un abrazo, Ale!
    1. Atuky's Avatar
      Atuky -
      Que buena leyenda!!!

      Dicen que cuando de repente sientes escalofrio, es que paso un alma en pena

    1. Unregistered's Avatar
      Unregistered -
      hgnbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbb
    1. Unregistered's Avatar
      Unregistered -
      culera
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