• Matemáticos reconocidos poco conocidos

    Karl Weierstraß
    (1815 - 1897)

    Maestro de Cantor, Runge,  Schwarz  y de toda una generación de matemáticos alemanes, Weierstrass es el responsable de uno de los métodos más efectivos en Cálculo: el método épsilon (nombrado así pues su notación utiliza la letra griega ε). Gracias a este método se pudieron probar varios teoremas fundamentales para el fundamento de la matemática infinitesimal lo que a la postre permitió varios de los desarrollos tecnológicos de la actualidad.

    Nacido en Ostenfelde, Westphalia (ahora parte de Alemania) , en 1828, al establecerse su familia en Paderborn, ingresó al Gimnasio Católico (institución equivalente a la educación media superior) y paso mucho de su tiempo leyendo el Journal of Pure and Applied Mathematics,  que era la revista matemática líder en Europa.  

    Mientras era profesor en el Instituto Industrial de Berlín, Weierstrass desarrollo una de las más grandes ideas matemáticas hasta el momento.  En su “Introducción al Análisis” druante los años 1859-1860, dio al mundo una rigurosa metodología para que los matemáticos trabajaran con la noción de secuencias infinitas o series que alcanzaban un límite. 

    Hasta ese momento, mucho del desarrollo del cálculo Newtoniano se basaba en ideas, nociones que se sabían verdad pero no se habían demostrado rigurosamente. El concepto de “límite infinito” aplicado a variables fijas, como en la expresión “n tiende a infinito” no se sabía realmente su significado formal.  El método épsilon resolvió esto.

    Weierstrass razonó: En lugar de que el límite estuviera definido para n como el proceso de alcanzar el infinito, por qué no definimos una secuencia infinita que tenga un límite si para cualquier épsilon  ε, siempre puedes encontrar un entero n tal que para todos los enteros m>=n, el emésimo término de la secuencia siempre estuviera a ε del límite.

    Entre los conceptos que gracias al método épsilon se pudieron formalizar se encuentran:
    + El concepto de continuidad , pieza clave para el desarrollo de la ciencia
    + El teorema de Weierstraß que trata sobre máximos y mínimos locales, y
    + Teorema de Bolzano-Weierstrass , otra pieza fundamental en la construcción de los ladrillos fundamentales del cálculo: los números Reales.

    Mucho le debe la humanidad a este gigante Alemán de las matemáticas.

  • El valle de las lágrimas: revisitando la masacre de canudos en el nordeste brasileño, 1893-1897


    (Traducción de fragmento)

    CONCLUSIÓN

    CANUDOS COMO EXPERIENCIA MILENARISTA

    Canudos no representó un evento aislado en su contexto regional y nacional. Más bien, constituyó parte de un amplio conjunto de fenómenos relacionados, que sucedieron en virtualmente cada parte de Brasil desde el periodo colonial a mediados del siglo XX. En los 1500s, docenas de insurrecciones estallaron entre las poblaciones indígenas, algunas de ellas mágico-religiosas o mesiánicas en naturaleza, como la de la Confederacão de Tamoios (1563), la Santidade de Jaguaripe (1584, reapareciendo al menos cinco veces mas hasta 1892), y la resistencia Tupí-Guaraní contra los portugueses desde el siglo XVI en adelante, la que tomo la forma de un movimiento migratorio. El primero de los impulsos milenaristas de raíz cristiana del Brasil, fueron dirigidos hacia esporádicas dramatizaciones de Sebastianismo portugués, el cual tenía muchos seguidores en Portugal durante siglos y que estallaba periódicamente en diversas partes del mundo Luso-Brasileño. El Sebastianismo estaba profundamente enraizado en la religión popular Sertaneja; y efectivamente, ejerció una aun más poderosa influencia en las tierras del interior que en la costa.

    El segundo impulso milenarista, inspirado por ideas cristianas así como espiritualistas, contribuyo a pequeños estallidos de religiosidad acompañados por la aparición de nuevos santos. De corta vida, estos movimientos han sucedido hasta el día presente. En las áreas rurales, ellos eran usualmente milenaristas en naturaleza; en ambientes urbanos ellos varían de acuerdo a las circunstancias locales. Cuando las autoridades intervienen, o cuando las aseveraciones de curas milagrosas no son comprobables, estos movimientos rápidamente desaparecen. Han ocurrido más frecuentemente en el Nordeste. Una excepción fueron los “Fraternales Espiritualistas Universales y Eclécticos” del siglo XX, dirigidos por un ex-militar, Oceano de Araujo Sa (conocido como Yokaanam), el cual se localizo en Rio de Janeiro, aunque su líder había nacido en la nordestina Maceio.

    La tercera tradición, y la mas intensa, fue primariamente milenarista aunque influenciada, en menor grado, por el Sebastianismo y otras leyendas. Los seguidores se reunían a orar (o vivir) a la espera del Día del Juicio Final. Sus líderes eran vistos como profetas, santos e incluso Mesías, personalmente liderando a los fieles a la tierra prometida. Algunos aseveraban ser Cristo encarnado, como en el caso del líder – de nacionalidad alemana – del levantamiento anabaptista Mucker en Rio Grande do Sul, el cual comenzó a inicios de los 1870s. Antonio Conselheiro negó ser el Salvador pero pudo haberse identificado inconscientemente con Jesucristo. Algunos de estos movimientos más estrictamente milenaristas, se dispersaron pacíficamente, usualmente en respuesta a la influencia mediadora de la iglesia Católica; muchos, sin embargo, terminaron en derramamientos de sangre y masacres.

    Dado el poderío del Sebastianismo y la relativa ineficacia del Catolicismo dentro del imperio colonial portugués, es posible que docenas o incluso centenares de movimientos mesianistas y milenaristas nacieran y murieran por propia voluntad, durante siglos. Muchos no fueron poco mas que intentos intensamente enfocados en lograr la salvación, lo cual, después de todo, es una característica del Cristianismo. Otros fueron mas allá de la tradicional naturaleza de la religión, abrazando motivaciones nacionalistas o anti-extranjeras. Para el periodo moderno, podemos identificar ocho movimientos milenaristas Brasileños aparte de Canudos, que dejaron una marca particular.

    1.- Rodeador

    Entre 1817 y 1820 en las montañas Rodeador, al sur de Pernambuco, no lejos del sitio de Canudos, los locales se involucraron en una cruzada religiosa para marchar, sin derramamiento de sangre, hacia Jerusalén, liberarla de su prisión mundana, y ser testigos de la llegada del Reino de Dios en la tierra. Su líder era Silvestre Jose dos Santos, un ex-soldado recibido como profeta, quien, junto con cuatrocientos discípulos, fundaron una “ciudad del paraíso terreno”. Los escépticos, el proclamo, quedarían asombrados por el pacifico retorno del rey Sebastián y sus ejércitos.

    Las autoridades suprimieron el movimiento, creyéndolo conectado a la acción separatista política de la misma época en Pernambuco; aunque remarcablemente, no había vinculo aparente. A pesar de cierta insatisfacción con el despótico gobernador de la época, y con el sistema militar de reclutamiento, el movimiento evidentemente tenía como su mayor, si no única inspiración, la esperanza milenarista de salvación. Notablemente, considerando las posteriores (y falsas) aseveraciones sobre Canudos, los prisioneros capturados en Rodeador creían sin duda alguna que, una vez que la feligresía iniciara su marcha, no habría necesidad de pelear; los enemigos serian convertidos a su fe, en una variación tardía de la medieval Cruzada de los Niños. La mayoría de los fieles fueron masacrados cuando el gobernador ordeno atacar Rodeador el 25 de octubre de 1820.

    2.- Pedra Bonita

    También en Pernambuco, en el agreste central, Pedra Bonita fue escenario de un terrible suceso a finales de los 1830s, en el “Reino Encantado de Vila-Bela”. Allí, entre dos monolitos de 100 pies de altura, las gentes rurales – lideradas por un profeta auto-proclamado, João Ferreira, ofrecieron sacrificios de sangre para provocar el retorno del rey Sebastián (Ferreira había asumido el control cuando el original líder del culto, João Santos, su hermanastro, descubrió que su ardor religioso se había enfriado). El primero en morir de este modo fue el propio padre de Ferreira. Tres días mas tarde, el 14 de mayo de 1838, docenas mas fueron sacrificados, incluyendo 30 niños, 12 hombres, 11 mujeres y 14 perros: Ferreira, ayudado por sus subordinados, cerceno las gargantas de las victimas y estrello sus cabezas contra las rocas. Se creía localmente que los fanáticos estaban convencidos que en adición a la salvación, lograrían la inversión del orden mundial: los mulatos y negros serian transformados en blancos, y a los pobres se les otorgaría riqueza y vida eterna. El movimiento terminó abruptamente cuando la policía invadió el lugar de sacrificios; estos no encontraron ninguna resistencia porque, como Sebastianistas, a los creyentes se les había enseñado que un ataque contra ellos sería señal de la restauración del reinado. La mayoría de los fieles murió entonando cantos religiosos, y los líderes del movimiento fueron encarcelados. João Santos fue arrestado y asesinado durante su detención.

    3.- Cabanada

    A diferencia de los otros movimientos brasileños con rasgos milenaristas, esta cruzada en el agreste de Pernambuco, denominado por los contemporáneos la Cabanada, o la Guerra de los Cabanos, efectivamente empezó por razones estrictamente políticas. Fue gatillada en abril de 1832 por las rebeliones restauracionistas en Recife y Rio de Janeiro. A pesar que los instigadores, en su mayoría milicianos Portugueses, fueron aplastados, el movimiento se disemino hacia el interior, donde pronto se transformo en una guerra de guerrillas de 3 años. El respaldo exterior provino de los mercaderes Portugueses en Recife y los políticos restauracionistas de Río de Janeiro.

    Los rebeldes buscaban el retorno de Pedro I, en ese entonces en Portugal, al trono, porque, a pesar de la declaración de independencia de Brasil en 1822, el nunca había renunciado a su imperio. Pequeños propietarios y algunos senhores de engenho pelearon junto a miles de hombres y mujeres de clases bajas (blancos, esclavos, libertos, indios, cafuzos, mulatos), quienes constituían la mayoría de los participantes en el movimiento. La mayoría de los participantes, sin embargo, se dispersaron tras el ataque de las fuerzas gubernamentales, dejando la “Republica Cabano” reducida a un ejército de 500 hombres, en su mayoría negros. Al final, al menos 15.000 personas murieron en combate, de enfermedad, o de hambre; más de un centenar de plantaciones de azúcar en Pernambuco y cuarenta en Alagoas fueron destruidos. La producción de azúcar cayo en al menos un cuarto, causando un déficit que tomó años en ser saneado.

    El movimiento tomó proporciones milenaristas cuando el comandante de la guerrilla, Vicente Ferreira de Paula, el hijo de un sacerdote, y ex-sargento desertor del ejército, utilizó las noticias de la muerte de Pedro I en septiembre de 1834, para advertir a sus seguidores que ellos estaban viviendo en pecado; ellos debían, los exhorto, pelear para salvar al nuevo emperador y su religión de los advenedizos anti-Portugueses que gobernaban el Brasil independiente, a quienes el los denominó jacobinos. Ferreira de Paula escapó después que el grueso de los rebeldes capitulara en 1835, y consiguió sobrevivir con una pequeña banda de seguidores, en una miserable colonia donde los residentes sobrevivían comiendo serpientes, insectos, frutos salvajes y lagartos. Los supervivientes resistieron porque temían que si eran capturados serian desollados vivos, y porque sus propios líderes los matarían si no obedecían.

    4.- Muckers

    “Mucker”, un término alemán que significa “hipócrita religioso”, fue la denominación despectiva aplicada a los miembros de una secta mesianista establecida en 1868, en Ferrabras, en Sao Leopoldo, Rio Grande do Sul. Los adherentes eran denominados también como os santurroes (los santurrones), como burla a su extrema devoción. La secta creció dentro de una colonia de agricultores alemanes empobrecidos, en el lado oriental de la Serra, quienes habían recibido pequeños pedazos de tierra por parte del gobierno provincial, para plantar cebada y papas. La pobreza de los agricultores se debía en parte a la falta de capital, lo cual los había forzado a abandonar sus tradicionales métodos de cultivo, y a utilizar la técnica local de roza.

    Los líderes del movimiento eran los sanadores anabaptistas Jacobina Maurer y su marido, João Jorge Maurer. Ellos eran monarquistas, como Conselheiro. Los Maurers aseguraban que habían sido electos por Dios para liderar a los fieles para establecer un Santo Reino en la tierra. La intrusión del mundo externo, mas visiblemente en la forma de los barcos a vapor que unían Porto Alegre con Sao Leopoldo, y la línea férrea completada en 1871, acabaron con el antiguo aislamiento de la región; los Muckers incluso trataron de impedir que el ferrocarril operara.

    Sus seguidores eran casi exclusivamente granjeros analfabetos alemanes y Germano-brasileños, que sufrían un descenso en estatus social y graves problemas económicos. La exclusividad del movimiento enfureció a sus vecinos y los llevo a actos de incendios, conflictos armados y eventualmente en la negativa de la secta a obedecer a las autoridades locales. El 28 de junio de 1873, los Muckers derrotaron a una fuerza policial de 100 hombres, matando a su comandante. El ejército sometió a los rebeldes tras una serie de enfrentamientos involucrando fuego de artillería. Los supervivientes, mas que ser ejecutados, fueron sentenciados a penas de cárcel de hasta 30 años; todos fueron perdonados en 1883. Ellos retornaron a Ferrabras, y el viejo conflicto con sus vecinos comenzó de nuevo. Las escaramuzas continuaron durante todos los 1890s, y en 1896 se rumoreo que la secta se estaba reagrupando en Nova Petropolis. Para 1898, un año después de la caída de Canudos, los restantes Muckers habían sido todos muertos, aunque residuos del movimiento sobrevivieron hasta al menos mediados de los 1950s, cuando adeptos sostuvieron una “reunión” de familias en Taquaracu, en anticipación al Día del Juicio.

    5.- Padre Cicero

    En los 1850s, un movimiento cismático nació en el valle Cariri, en los paramos del sur de Ceara, el hogar de los Serenos, un culto que demandaba castigo penitencial a sus miembros. Dos décadas mas tarde, un sacerdote recientemente ordenado, Cicero Romão Baptista, llego al área, inmediatamente antes de las calamitosas sequías de 1877-79. El Padre Cicero ordeno a sus fieles a cavar pozos, construir refugios y plantar mandioca. En 1889, Cicero se vio involucrado en una disputa religiosa sobre la veracidad de un supuesto milagro que había ocurrido bajo su jurisdicción, en la cual, durante una misa, la hostia había sido divinamente transformada en la sangre de Cristo. Mientras mas gente atraía su asentamiento rural en la aldea de Juazeiro, Ceara, más defectos los funcionarios de la iglesia encontraban en sus prácticas religiosas, y en 1892 fue suspendido del sacerdocio por el obispo de Ceara. Para ese entonces, firmemente atrincherado en su comunidad adoptiva, se vio involucrado en un conflicto con la iglesia durante toda su vida.

    Ralph della Cava ha demostrado que al atraer peregrinos a las regiones de escaso empleo de Bahia y Ceara, ambos, Conselheiro y Padre Cicero, acumularon el equivalente al poder político. Las manos obreras, tradicionalmente dominadas por los coroneis, bajo la república, representaban potencial riqueza y votos. A diferencia de Conselheiro, Padre Cicero inicialmente demostró una mayor voluntad para trabajar con la arquidiócesis local. Sin embargo, mas tarde, cuando el obispo de Ceara se rehusó a reconocer el supuesto milagro, el apelo directamente a Roma, además de buscar respaldo en los coroneis y lideres laicos locales, para su solicitud de ser rehabilitado como sacerdote. Cuando su líder fue amenazado con la excomunión. Los seguidores de Cicero juntaron fondos a través de asociaciones laicas católicas, para enviar emisarios para argumentar en favor de su caso, aparte de publicar declaraciones en la prensa religiosa y secular, y reunir docenas de peticiones. El mismo Padre Cicero viajo a Roma en 1898, aunque sin éxito. Durante la vida del sacerdote, su movimiento mesianista se institucionalizo. “Milagros” y formas extremas de religiosidad fueron desalentadas (en Juazeiro)”, escribió Rene Ribeiro; allí “las relaciones sociales y la maquinaria política… eran casi indistinguibles de aquellas que prevalecían, en general, en la sociedad campesina Brasileña”.

    Ambos, Juazeiro y Canudos, ilustran el hecho que las manifestaciones de religión popular levantaban pasiones, y llevaban a conflictos involucrando la violencia. Nosotros sabemos que los beatos y otras figuras religiosas hallaron necesario rodearse ellos mismos de guardaespaldas, quienes a menudo eran simples delincuentes con armas. A veces, también, los fieles tenían la culpa. Los seguidores de Conselheiro invadieron Bom Conselho y ocuparon brevemente la casa de gobierno. En Alagoas de Baixo, en Pernambuco, tras un sermón del sacerdote local criticando los conocidos “milagros” del Padre Cicero en Juazeiro, los seguidores y penitentes leales a Cicero asaltaron la iglesia, intentando golpear y expulsar al prelado, bajo la acusación que el se había transformado en un agente del demonio. Desde aquel entonces hasta el presente, las familias del interior, por todo Ceara y el entero Nordeste – incluso aquellos bien integrados en la iglesia Católica regular – han colgado imágenes y efigies del “santo” Padre Cicero en sus casas, para guardarlas de los malos espíritus e invocar por su protección.

    6.- El Contestado

    Este levantamiento monarquista en una remota región meridional disputada por los estados de Parana y Santa Catarina – por lo cual el nombre del área, el Contestado – comenzó en 1912 cuando un curandeiro (un sanador y especialista en hierbas medicinales) y clarividente, Jose Maria (nacido como Miguel Lucena Boaventura), reunió a 300 seguidores sin-casa y apelo a ellos para rechazar la republica. Como Antonio Conselheiro, Jose Maria, un hombre letrado de aproximadamente 40 años, que probablemente deserto de la policía del estado de Parana, había sido un santo peregrino, deambulando por las tierras del interior. Erudito en un grado inusual, incluso para un hombre de su origen, Jose Maria leía en voz alta pasajes de la Historia de Carlomagno a sus seguidores, para entusiasmar en ellos sentimientos monarquistas y recordarles la sagrada guerra contra los Moros. En preparación para la batalla, el visito a 24 de sus soldados con túnicas blancas adornadas con cruces verdes, nombrándolos los pares de Franca, amigos de Francia, en honor a la guardia imperial de Carlomagno.

    Los paralelos con Canudos son estremecedores. Jose Maria predico que la republica era malévola y que la monarquía debía ser restaurada. Frecuentemente invocaba el nombre de San Sebastián. Conselheiro y Jose Maria ambos pedían a los fieles abandonar la sociedad civil rumbo a una ciudad santa, donde ellos esperarían que el mal consumiera al resto del mundo. Las mujeres jugaban un papel principal en el movimiento Contestado, generalmente uniéndose al asentamiento de Jose Maria con mayor entusiasmo que sus maridos. Como en Canudos, la ciudad santa estaba abierta para todos, patroes así como sin-tierras.

    Cuando los terratenientes locales instigaron un ataque policial, Jose Maria resulto muerto; pero un sucesor, Jose Eusebio Ferreira dos Santos, estableció un “santo” asentamiento en las tierras de las cuales el era dueño. Un organizador religioso laico, Jose Eusebio había invitado a Jose Maria a participar en el anual Bom Jesús Festival en Perdizes Grandes, una pequeña aldea montañesa. El jefe político regional, Francisco de Albuquerque, los expulso, empujando a la banda – ahora conocida como os fanaticos – hacia Parana, los ciudadanos del litoral, con las memorias de Canudos aun frescas en sus mentes, comenzaron a recibir informes del naciente conflicto.

    Algunos oficiales interpretaron el movimiento de la banda de Jose Maria como un esfuerzo disfrazado de Santa Catarina por ocupar territorio disputado en Parana. Los emigrantes se asentaron cerca de Irani, una tierra montañosa poblada por posseiros (ocupantes ilegales). Muchos de estos hombres estaban armados, el núcleo de la fuerza de combate jagunço de Jose Maria. La nueva ciudad santa fue nombrada Taquaracu. En marzo de 1914, hombres, mujeres y niños se defendieron contra el fuego de ametralladoras, envolviéndose en una enorme bandera verde y blanco, convencidos de su inmunidad frente a las armas del ejercito. Sucedió una masacre.

    En su apogeo, la rebelión de Contestado fue mas allá que Canudos. Tras la masacre de Taquaracu, los rebeldes iniciaron la ofensiva, atacando e incendiando las haciendas cercanas. 20.000 insurgentes tomaron control de un 3% del territorio nacional, o sea, 11.000 millas cuadradas. En 1915, el ejercito Brasileño utilizo la política de tierra arrasada para vencer por hambre a la ciudad santa, la cual para aquel entonces, tenia una población de 10.000. La rebelión fue finalmente aplastada en 1916.

    La crisis económica, las sequías regionales, el cambiante sistema de mercado y la lucha política local, todo se combino de manera toxica, con las fracturas de naturaleza espiritual, en Canudos y en Contestado. La venta de tierra publica por parte de los gobiernos estatales y la incursión de la Compañía Brasileña de Ferrocarriles (propiedad de capital Estadounidense), forzaron a aproximadamente 150.000 posseiros a abandonar las tierras de Contestado. La súbita adquisición de centenares de millas cuadradas de tierra por inversores foráneos en 1906, puso en movimiento una serie de circunstancias desestabilizadoras para la población local: la introducción de 25.000 inmigrantes polacos, rusos, Ucranianos y Alemanes como colonos agrícolas; compras de tierra adicional por parte de una compañía maderera; y la construcción del mayor aserradero en Iberoamérica. Todos estos desarrollos socavaron las relaciones clientelistas de los terratenientes basadas en el tradicional sistema de agregado. Los terratenientes ahora se transformaron en intermediarios laborales, transfiriendo su poder sobre las vidas de las gentes rurales, a los jefes laborales, quienes contrataban trabajadores por bajos sueldos, en turnos de 12 a 14 horas, y prohibían el uso de tierras de la compañía para criar ganado o cosechar cereales. Más del 30% de la población regional encontró su acceso a la tierra restringido o amenazado por el desarrollo económico que ocurrió entre 1907 y 1912.

    7.- Caldeirão/Pau de Colher

    Tras la muerte del Padre Cicero en 1934 y el retorno del control parroquial al clero Salesiano enviado por la iglesia, algunos de los fieles se relocalizaron en Caldeirão, una fazenda abandonada en la municipalidad Bahiana de Casa Nova, donde el beato Jose Lourenço, un ex-ayudante del Padre Cicero, lidero la construcción de una “Nova Juazeiro”. Un vaquero negro analfabeto de aproximadamente 40 años, a mediados de los 1930s, Lourenço escogió vestir en el traje de cuero de los vaqueros, pero por otro lado asumió el rol de un penitente. Antes de unirse al Padre Cicero en Ceara, el había pasado su tiempo orando en cementerios y manteniéndose mediante oraciones por las almas.

    Sus seguidores campesinos trabajaron diligentemente, construyendo una pequeña versión de Juazeiro, para aguardar el retorno a la tierra del padre. El trabajo fue efectuado comunalmente. Hombres, mujeres y niños se vistieron de negro como un signo de su pesar; los hombres cortaron sus cabellos cortos y dejaron sus barbas crecer, mientras que las mujeres utilizaban largos vestidos y cubrían sus rostros con velos. Los trabajadores de la comunidad construyeron un sistema de almacenamiento y distribución de aguas; se desarrollo la agricultura y la cría de ganado, y las mujeres hilaron telas y manufacturaron ropas. Hasta cierto grado como Canudos, pero más rigurosamente colectivista, porque estaba diseñada para ser autosuficiente, Caldeirão durante su existencia, evito la interferencia civil y eclesiástica. A pesar que los recalcitrantes en la comunidad eran azotados y golpeados, pocos de los fieles desertaron.

    En mayo de 1937, como había ocurrido en el caso de Canudos, un pequeño contingente de soldados fue enviado para dispersar el asentamiento. En la escaramuza resultante, cinco de los once uniformados resultaron muertos por la enfurecida masa de los seguidores de Jose Lourenço. El jefe de policía local reacciono solicitando un ataque masivo para barrer con el “pseudo-religioso” movimiento de “fanatismo ciego”. Cuatro meses más tarde, una fuerza de 150 hombres de la policía de Ceara ataco, respaldados por dos aviones de combate, el cual acribillo los techos de las casas con fuego de ametralladoras y arrojo bombas. La comunidad agrícola, descrita por un observador como la más exitosa y jamás lograda en el Ceara de esa época, fue quemada hasta los cimientos. Estimaciones sobre el número de muertos fluctúan entre los 700 hasta el millar. Jose Lourenço huyo. Un segundo beato, un bajo hombre blanco llamado Severino, un viudo de edad mediana con dos hijas, tomo el liderazgo de los perseguidos penitentes.

    Desde 1933 hasta 1935, Severino había deambulado por las tierras del interior, orando y ofreciendo consejo. Uno de sus peregrinares llevo a Severino a una fazenda llamada Pau de Colher, a medio camino entre Ouricuri y Lagoa do Alegre, en la región de caatinga, donde había una fuente de agua potable. La población local practicaba un catolicismo popular caracterizado por frecuentes festivales en honor a santos populares y la presencia de sanadores de la fe. Esta vida era una de vividas imágenes espirituales, brotando de una tierra que, en palabras de Roger Bastide, “ofrecía, en tiempos de sequía, visiones del Juicio Final”. Aliándose con un residente local, un tal Jose Senhorinho, cuyo entusiasmo por la causa (basada en parte por la frecuente consulta de la Biblia y la Missao abreviada) lo elevo al estatus de beato, Severino permaneció comprometido al renacimiento de la comunidad de Caldeirão.

    Durante la corta temporada de lluvia que sigue a octubre, otro beato, llamado Quinzeiro, arribo a la región. Su aparición fue propicia, porque Severino había predicado que un “nuevo discípulo” vendría. Quinzeiro instalo su hamaca y se quedo. Mientras tanto Jose Lourenço envió su palabra a los fieles para que los siguieran de vuelta a Caldeirão. Quinzeiro se transformo en el líder de este grupo, el cual por un tiempo permaneció en la fazenda. El y otros beatos se dieron nuevos nombres: Quinzeiro se transformo en “meu padim (padrecito) Cicero”; los otros, “São Jose”, “Moisés”, “Aaron”, y “Madre Santa Cruz”. Elaboraron teorías religiosas, una de ellas que la muerte para los infieles era un “bien comunal, no un crimen atroz”. Mataron a cuchillazos a varios miembros que no habían obedecido las reglas de la comunidad, incluyendo uno que había tratado de entrar en el lugar donde las mujeres dormían, para visitar a su esposa. Como en Caldeirão, hombres y mujeres vestían de la misma manera, de negro. No temían a la muerte, porque, nuevamente como en Caldeirão, ellos creían que el Padre Cicero los protegería y que, en todo caso, la muerte individual traería salvación. El alimento era distribuido a diario basado en proporciones, dependiendo del tamaño de las familias.

    El episodio de Pau de Colher termino cuando Jose Sehnorinho empezó a utilizar la fuerza para reclutar nuevos adherentes, en preparación para el triunfante regreso a Caldeirão. Cuando tres hombres locales se rehusaron a ser seducidos, sus emisarios los asesinaron. Como reacción, un grupo de cuatro soldados y 30 civiles penetraron en la fazenda el 10 de enero de 1938, matando a varios de los beatos cuando ellos dormían. Para ese momento, Pau de Colher albergaba 1.400 hombres y algunas pocas mujeres. Los intrusos fueron reducidos y dos de los militares fueron muertos. Los supervivientes huyeron. Las autoridades estatales y federales enviaron 3 brigadas de policía armadas hasta los dientes, para rodear Pau de Colher y destruirla. A diferencia de Canudos, Pau de Colher cayó en 24 horas. 400 ocupantes del asentamiento murieron. Las noticias fueron telegrafiadas por el comandante del escuadrón motorizado de la policía militar de Bahia, el capitán Maurino Tavares: “declaro extinto”, se leía el mensaje, “el escondrijo de los fanáticos”.

    8.- Panelas

    Individuos en el municipio de Panelas, en el agreste Pernambucano se fueron para un movimiento mesianista a finales de los 1930s, liderados por un hombre cuyas acciones sugerían que el estaba demente. Por supuesto, los brasileños del litoral esperaban que todos los adherentes a los movimientos religiosos no-ortodoxos debían por definición, estar locos o ser mentalmente defectuosos. Pero, cuando un psiquiatra, Jose Lucena, entrevisto y examino a miembros de la secta, sus hallazgos “demolieron las presunciones que ellos tenían personalidades anormales o sufrían de alguna psicosis activa”. En efecto, solo se encontró un caso de deficiencia mental.

    El hecho que la sociedad brasileña diera a luz tantos movimientos violentos en lo que fue un tan relativamente corto lapso de tiempo, es sorprendente. Es más, tales movimientos ocurrieron con bastante amplitud dentro del mundo Lusófono: la Angola portuguesa, por ejemplo, experimento formas tradicionales y transicionales de movimientos de masas mesianistas y nativistas en los siglos XIX y XX, incluyendo la emergencia de cuatro profetas Bakhongo. Uno de ellos, Simon Kibangu (o Kimbangu), lucho por la emancipación política; otro, Andrew Grenard Matswa, católico de nacimiento, cayo martirizado en 1939, como “Jesús” Matswa.

    En Brasil hubo posiblemente docenas o incluso centenares de movimientos que nunca se desarrollaron hasta el punto de amenazar el estatus quo, y por lo tanto no requirieron de intervención, o que simplemente pasaron desapercibidos por la historia. La tradición milenarista, y particularmente la Sebastianista, fue muy parte de la vida Luso-brasileña durante el periodo colonial. Las sectas milenaristas florecieron bastante entrado el siglo XX, siendo uno de los más notables movimientos recientes el culto de la “Mariposa Azul” en los 1960s, estudiado por Rene Ribeiro. Tal actividad apunta a una reserva de alienación de mucho tiempo en la vida brasileña. Cuando esta alienación ha estallado en movilización colectiva, y en las confrontaciones resultantes, los buscadores de redención espiritual nunca han ganado.

    Canudos como un movimiento milenarista

    Canudos se diferencio de todos los otros episodios en mayores y menores detalles. Antonio Conselheiro predico la salvación del alma individual, no de su entera comunidad. A pesar que su visión era mesianista y milenarista, desde un punto de vista de su teología y prescripciones para el comportamiento social, no era amenazante: el nunca busco imponer su visión personal sobre otros. La violencia fue impuesta contra Canudos; no fue exportada desde Canudos a la región circundante, aunque los residentes de una ciudad cercana, Juazeiro, en la ribera Pernambucana del río São Francisco, fueron llevados al pánico por rumores no comprobados que los Conselheiristas sitiarían y saquearían la ciudad en venganza por un envió de maderas no efectuado.

    El conflicto en Canudos ocurrió en una particular coyuntura de la historia Brasileña, cuando un nuevo (y temido) sistema político había empezado a agravar las eternas condiciones de miseria. Como había sucedido en la Europa medieval, el movimiento de Conselheiro afecto no solo a la gente privada de la fuente de cambio social – en este caso, el mundo de las elites del litoral – sino también a elementos que buscaban un cambio social no en el medioambiente rural per se, sino en el comportamiento piadoso. Las reformas buscadas por el clero ultramontano para la práctica Católica del interior, fueron con toda probabilidad, tan problemáticas para los sertanejos como la caída de la monarquía, el advenimiento del ferrocarril, y la penetración del gobierno republicano.

    Los años finales del siglo XIX también fueron testigos de una creciente brecha entre la cultura de la emergente elite nacional y aquella de la sociedad rural. Los brasileños del litoral aburguesaron la religión o, en las influyentes logias masónicas y salas de humanistas seculares, la ignoraron, mientras que los religionistas del interior, a través de medios remarcablemente similares a lo que Robert Darnton denomino el universo mental remoto de la aldea Francesa del siglo XVIII, “represento al hombre como esclavo de las pasiones” y lleno sus cabezas “con visiones de fuerzas amenazadoras y ocultas… milagros y hagiografías”. Mientras que la literatura popular del Viejo Régimen Francés sirvió como un substituto ideológico para la conciencia de clase entre las masas, en el caso Brasileño, la fe religiosa popular del campesinado – tan diferente al Catolicismo ortodoxo en su forma litoral (y ultramontana) – no solo proporciono una base común de atracción a santones como Conselheiro, sino también distrajo la atención “del verdadero mundo del trabajo extenuante y la explotación”.

    Para los seguidores de Conselheiro, el estado representaba un “cambio cataclismico y estructural” en sus esfuerzos por extender su poder en el remoto interior rural. En respuesta, el fiel acepto deseosamente las prescripciones para la vida que proporcionaban una estructura y dirección satisfactoria. En Canudos, a los residentes se les asigno trabajos y vivieron de acuerdo a una rutina que debió haber brindado un sentido de seguridad para gente cuyas vidas habían sido traumatizadas por la privación y las vicisitudes de la sequía, las disputas familiares y la incertidumbre económica.

    Los habitantes del interior cuestionaron el orden republicano secular. Algunos puede que vieran los nuevos requerimientos para el registro civil y preguntas del censo sobre orígenes raciales, como amenazas para restaurar la esclavitud, abolida durante la monarquía un año antes que esta cayera. Conselheiro había arrancado y quemado los decretos oficiales sobre nuevos impuestos municipales en 1893. Incluso la elección de un presidente en vez de la investidura vitalicia de un monarca paternalista, levanto más temores. Muchos habitantes del interior prefirieron buscar refugio en Canudos, un asentamiento comunal liderado por un patriarca protector. En las palabras de un verso de cordel contemporáneo del interior,

    Malditos sean aquellos
    Que efectúan elecciones,
    Rebajando la ley de Dios
    Para levantar la ley del Diablo.

    El Anticristo ha llegado
    Para gobernar Brasil,
    Pero en el sertão esta el Conselheiro
    Para liberarnos de el.


    El atractivo carisma de Conselheiro tenía muchas fuentes. Dada la escasez de sacerdotes en el remoto interior del Nordeste brasileño en el último cuarto del siglo XIX, los predicadores laicos itinerantes fueron muy influyentes. Imperfectos como todos los seres humanos, inevitablemente imprimieron sus propias características en la teología que ellos transmitieron a los fieles. Adoptaron y añadieron las presunciones presentes entre sus feligreses, y contribuyeron nuevos énfasis en la vertiente de la cultura religiosa popular. Es entendible que el conflicto de Canudos haya adquirido un simbolismo de proporciones dramáticas – incluso, bajo la brutalidad de la invasión, la Segunda Llegada en el año milenario de 1900. Pero la mayoría de sus predicaciones no fueron apocalípticas ni taumaturgicas: simplemente demandaban moralidad personal y trabajo duro a cambio de protección espiritual del corrupto mundo secular. Aquel mundo, en el sertão así como en otros lados, estaba sometido a una crisis económica, así como había estado – en un mayor o menor grado – por generaciones. Belo Monte era, de este modo, un lugar donde los fieles podían llevar vidas disciplinadas, de acuerdo a los preceptos Católicos, alejados de las infamias modernas y del hambre y la necesidad; y también parecía un medioambiente de primitivismo y audacia.

    Es cierto que los colonos en Canudos representaban un diverso conjunto de caboclos empobrecidos, incluyendo ex-criminales y ex-prostitutas, como los forasteros rápidamente habían notado. Aun así, Belo Monte permaneció siempre bajo la mirada atenta de Conselheiro: todo comportamiento que el considerara inmoral simplemente no era tolerado. Canudos atrajo hacia si, no delincuentes, sino hombres y mujeres alienados de sus sociedades, quienes buscaban redención al vivir voluntariamente en un medioambiente penitencial seguro y controlado.

    Lo que los forasteros prefirieron ver como una rebelión, fue en efecto, una declaración colectiva de una comunidad unificada, demandando el derecho a vivir en un lugar que ellos consideraban un asilo a un mundo hostil. Belo Monte tenía que ser aplastado, entonces, porque estorbaba la estabilidad del estatus quo en el sertão. Afectaba los dos principales elementos de la estructura de poder oligárquico: el sistema laboral conformista y el “voto del rebaño”, por el cual los jefes rurales capturaban todos los votos bajo su control y los entregaban a los políticos republicanos, a cambio del poder local. La emigración en gran escala desde todas partes del interior hacia Canudos, represento una real amenaza al sistema. Si la expedición punitiva enviada a enfrentar a Conselheiro en Massete no hubiera sido derrotada, habría existido menos justificación aparente para la represalia: sin embargo, otro pretexto habría aparecido más temprano que tarde, dadas las realidades políticas de la época.

    Los Brasileños educados estaban aterrorizados con la imagen de Conselheiro y sus seguidores, como renegados y salvajes; después de todo (y esto era cierto incluso antes de la introducción del racismo “científico”), las gentes rurales eran conocidas como poco sofisticadas y proclives al desastre. Es notable que Conselheiro no fuera recordado como un abolicionista, incluso por aquellos buscando lecciones en justicia social en el drama de Canudos. A pesar que Conselheiro lanzo constantemente diatribas contra los males de la esclavitud, aquellos que le temían desconfiaban de sus motivos, recordando que el también abocaba por restaurar la monarquía y, aunque solo por implicación, el orden social paternalista (y no-moderno) que representaba. Un visionario y un profeta, el representaba un mensaje que dañaba las comunes presunciones sobre relaciones sociales e institucionales. El poder que el ejercía sobre sus seguidores se relacionaba evidentemente a la inseguridad y desesperación de estos. Su voz protestante permitió a sus enemigos que lo catalogaran como un insurrecto y, por lo tanto, justificar su destrucción basados en la ley y el orden.

    Canudos era pacifico y no-violento. Los Canudistas no predicaban; en este sentido, ellos eran los herederos del desdichado movimiento Rodeador de 80 años atrás. El antropólogo y psiquiatra Rene Ribeiro nota que los testimonios de participantes detenidos de Rodeador, revelaron la “pasividad esencial” de su santa cruzada, por la cual ellos buscaban establecerse en la Jerusalén del Reino de Dios en la tierra. Un levantamiento político en la misma región en 1817 apenas había afectado a las gentes religiosas y su concepto casi onírico: la oración y la espera por el rey Sebastián tuvo preeminencia por sobre la militancia. Del mismo modo fue en Canudos. La ciudad santa fue un refugio, organizado teocráticamente aunque pragmáticamente conectado al medioambiente circundante – un logro que en si habla de la considerable flexibilidad por parte de Conselheiro y sus ayudantes.

    Ni sus manierismos personales, ni su comportamiento como predicador mendicante eran particularmente inusuales para el interior. Su carrera siguió el patrón estándar de los misioneros apostólicos, excepto que al fundar Canudos y alejar a sus seguidores de sus hogares, el atrajo mala voluntad a su presencia en la región, al interrumpir la vida económica. Su tosca túnica azul ceñida a la cintura por un cordón amarrado era el traje estándar no solo de los beatos de los confines Brasileños, sino también de numerosas ordenes religiosas a lo largo y ancho de Iberoamérica, incluyendo los Capuchinos, la principal orden clerical en el Nordeste, a finales de los 1800s.

    Conselheiro nunca asevero ser el Mesías, aunque el si ejerció una poderosa influencia sobre sus fieles. Su indestructible fe personal nunca fue cuestionada; para aquellos con quienes se encontró, el proyectaba una “sensación de futura tragedia… todo poderosa e inextinguible”. Conselheiro rompió el molde del tradicional sistema de control social y ofreció nuevas vidas para los fieles, especialmente en el complicado periodo anterior al ataque contra el asentamiento.

    Nunca un movimiento revolucionario, Canudos compartió solo algunas similitudes con otras alternativas milenaristas a las tradiciones religiosas (y políticas). Como individuos, los seguidores de Conselheiro desplegaron expectativas milenaristas al voluntariamente abandonar sus hogares e ir a Canudos, cuando su región estaba en crisis. A pesar que Conselheiro no logro mantener y capitalizar sus antiguas alianzas con algunos terratenientes y coroneis rurales de la zona, la suya no era una utopía idealista. Como lo noto Patricia R. Pessar, los milenaristas de su laya no rechazaban jerarquías y la desigual distribución de la riqueza porque si, ellos condenaban los actos egoístas e inmorales de los nuevos (y amenazantes) tipos de patrones.

    El Sebastianismo pudo haber influenciado a la religión del interior, pero para el siglo XIX, lo más probable es que fuera expresado a nivel del subconsciente. Los residentes de Canudos con toda seguridad no eran guiados por un enloquecido fanatismo religioso. La depresión económica, los efectos residuales de la sequía destructora, el creciente uso de la policía estatal para reforzar las demandas políticas, y la desaparición de la monarquía y su tradicional autoridad, se combinaron para hacer que la estructurada vida prometida por Conselheiro, se viera poderosamente deseable.

    Los residentes de Canudos se comportaron racionalmente. Ellos abandonaron voluntaria y valientemente sus antiguas vidas para entrar a la ciudad santa de Conselheiro. Ellos mostraron las mismas características adjudicadas por Roderick J. Barman, a los insurrectos de Quebra-Quilo – un “grupo agresivo e independiente, que poseía un bien establecido modo de vida, el cual era capaz de defenderse con una acción efectiva y concertada, sin importar mucho los deseos de aquellos generalmente considerados elementos dominantes en la sociedad rural”. Por lo tanto, es insuficiente desdeñar a Canudos y otros movimientos similares, como respuestas a una anomia o como un quiebre de la tradicional familia extendida, debido a la urbanización, o la decadencia del paternalismo, y así sucesivamente. Tampoco fue Belo Monte simplemente una especie de “teatro de locos”, como los forasteros tendían a tratarlo – una patética versión de una practica carnavalesca anual donde el pobre se transforma en rico y representa sueños reales de inversión social. Aquellos que eligieron vivir en la austera comuna de Conselheiro probablemente fueron motivados por la aceleración del desestabilizador cambio en el interior y la continua miseria en las vidas individuales.

    Antes que Canudos fuera sitiado, sus residentes estaban demasiado ocupados construyendo el asentamiento y siguiendo los austeros preceptos de Conselheiro, para ser atraídos por fantasías de fin de mundo. Por supuesto, muchos residentes no participaron en las rutinas religiosas de la comunidad, donde los verdaderos creyentes puede que siguieran a Conselheiro como un profeta, debido al énfasis en el Catolicismo popular rural sobre santos y la posibilidad de intercesión santa en sus vidas. Conselheiro también sirvió como una especie de coronel regional, ejerciendo poderes similares sobre su feligresía. La teología paternalista de Conselheiro protegía a sus súbditos del Leviatán – en este caso, el nuevo gobierno republicano, el cual ellos creían que era maléfico, por razones místicas (el cercano milenio, el “secuestro” del emperador paternal) y razones concretas (la amenaza a la legitimidad y herencia debido al registro civil obligatorio de nacimientos, matrimonios y muertes).

    La privación y las hipnóticas exhortaciones de Conselheiro sobre la maldad de la vida moderna, amalgamo a esta gente, pero ellos no eran “fanáticos” hasta que las circunstancias los unieron en una defensa comuna contra un ataque armado externo. Después que el derramamiento de sangre comenzara, aquellos que no escaparon pudieron haber muy bien capitulado al sentimiento de ardiente profecía descrito por da Cunha. Pero ellos también conocían su posible destino si eran capturados fuera del asentamiento – temores confirmados en las primeras semanas tras la destrucción de Canudos.

    Todo vínculo masivo a un culto religioso es generalmente relacionado a más que causas religiosas. Irónicamente, lo que los forasteros pasaron por alto fue la existencia protegida pero de cualquier otro modo normal que Conselheiro estableció para sus seguidores; efectivamente, para una localidad en el golpeado sertão de finales del siglo XIX, la comunidad podría haber sido considerada prospera. El Brasil republicano era demasiado inseguro y amenazado por conflictos internos, como para dejar pasar por alto a aquellas gentes religiosas sin un derramamiento de sangre.

    De acuerdo a Roger Bastide, el mesianismo no retrasa el avance de los pueblos, sino que representa un despertar, uno que a menudo lleva a un despertar de la conciencia sobre las causas de la privación. El lo vincula a sentimientos anti-colonialistas y abiertas manifestaciones de nacionalismo. Hay poca evidencia que este fuera el caso en Canudos, aunque Conselheiro introdujo una dimensión política a su mensaje, al atacar a la republica por su diabólica separación de la iglesia y el estado, y al llamar por un retorno de la imaginaria seguridad del imperio, bajo el ojo paternalista pero no participativo del emperador Pedro II. Los ímpetus modernizantes de la republica amenazaron con traer nuevas influencias al interior, todas las cuales Conselheiro, como un reaccionario social, se oponía. Los Teólogos de la Liberación y otros que han tomado a Conselheiro como un proto-líder del proletariado contra la injusticia, no han logrado entender las creencias y temores del hombre.

    Categorías de Fe

    En el sentido original, el milenio se relaciona con el periodo fijo de mil años originado en la tradición Judeo-Cristiana y mencionado en Revelaciones 20 como el tiempo cuando la santidad prevalecerá y Cristo reinara sobre la tierra; sin embargo, los sociólogos aplican el termino figurativamente a “cualquier concepción de una era perfecta que viene, o una perfecta tierra que se hace accesible”. Rene Ribeiro, el antropólogo basado en Recife, entrenado en psiquiatría, divide las experiencias milenaristas de Brasil, en cinco categorías, diferenciadas en base a liderazgos, ideología, y carácter social. Las dos primeras se originaron en una religión indígena previa a la llegada de los Portugueses, cada una basada en la creencia de la existencia de una tierra sin maldad. Las otras tres derivan del Catolicismo popular que surgen después del siglo XVIII y tuvieron gran influencia sobre el campesinado.

    Los analistas han explicado que casi todos los movimientos milenaristas surgieron de inestabilidad política y social, privaciones, y el crecimiento de la ansiedad y tensión de las masas, disturbios causados por histeria colectiva, o como formas de protesta social. Ronald Chilcote, por ejemplo, argumenta que el “fanatismo carismático” de Conselheiro posiblemente fue el elemento esencial que permitió que Canudos evolucionara en una comunidad unificada. Sin embargo, Ribeiro advierte que esas conclusiones pueden ser simplistas. Por ejemplo, la nota que Roger Bastide, utilizando un acercamiento socio-estructural, descubrió que los movimientos mesianistas Brasileños nacían de la extrema estratificación de la sociedad, marcados por aislamiento geográfico y cultural. Aunque Bastide pasa por alto que los negros en Brasil, sujetos a las mismas frustraciones y dificultades que los caboclos, no han “recurrido” a movimientos mesianistas.

    Ribeiro acepta la relevancia de las causas socioculturales y físicas, pero además, solicita que consideremos el atractivo estético de la idea de una época perfecta y el atractivo de un nuevo tipo de liderazgo. Muchos movimientos milenaristas involucraron el distanciamiento físico – rumbo a lugares remotos, valles aislados, montañas o terrenos secretos – para permitir a los fieles prepararse para la inminente llegada del milenio. Ribeiro explica:

    Los milagros, visiones, danzas, festines, o flagelaciones y ayunos, canciones de contenido místico o esotérico, himnos, procesiones y otras actividades religiosas y rituales, todas unidas por el fervor y la exaltación religiosa, tomarían precedencia por sobre la previa rutina de vida. Cuando la concepción dominante de mundo de una gente, ha sido una de un cataclismo inminente, como en el caso de los Tupí-guaraníes, o de un cierto final apocalíptico junto con la expectativa de una permanentemente anunciada llegada de un Mesías, que guiara a los fieles rumbo al Paraíso… Es sorprendente que tantos individuos deban encontrar sus esperanzas en tan pequeños pretextos, y que deban ir a tales extremos en la búsqueda de la realización?

    Conselheiro ni hablo muy a menudo de milagros ni reclamo poderes milagrosos. A pesar que los folkloristas del interior han descubierto tres actos milagrosos atribuibles a Conselheiro durante la existencia de Canudos, ninguna evidencia realmente los vincula a el. Como milagros, son muy pequeños en escala; más bien, fueron simples adaptaciones periodísticas de historias tradicionales del interior, sumados a los eventos en Canudos. Todos los tres son fechados en el periodo de más duro combate, cuando los periodistas estaban hambrientos de noticias para enviar a sus diarios. La primera historia aseguraba que las hojas de un árbol en Chorrocho bajo las cuales el había estado sentado, cayeron todas tras su ida. La segunda hablaba de una mujer enferma crónica de Aratuipe, que envió por un trozo de la túnica de Conselheiro; y cuando ella la recibió, la quemo e hizo una poción con las cenizas, la cual ella bebió y se curo. La tercera hablaba de una mujer que recién había parido cuyos pechos estaban secos; ella le solicito a Conselheiro que los tocara, y se dice que se llenaron de leche.

    Los observadores que ven en los movimientos religiosos populares, signos de comportamiento antisocial o patológico, a menudo no logran darse cuenta que el mismo comportamiento puede parecer perfectamente razonable y normal para los practicantes. Sin importar cuan decepcionante o trágico el resultado de los movimientos milenaristas individuales en la historia brasileña, es posible verlos como episodios en una larga tradición de esperanza y expectativa. Esta perspectiva proporciona una visión dentro de la usual pasividad y pacifismo de los milenaristas – hasta que los forasteros reaccionan contra ellos y se movilizan para neutralizarlos o destruirlos. En Brasil, la religión institucionalizada ha sido popularmente percibida como aliada a los intereses estatales; es mas, hasta recientemente, la jerarquía de la iglesia Católica allá, había dejado a la población mayoritariamente a sus propios cuidados… Es sorprendente entonces, que un creyente insatisfecho, comprometido a preceptos milenaristas, pudiera levantarse para capturar la imaginación de otros que compartían sus sueños de inminente salvación y emergiera como un taumaturgo o un líder carismático?

    Que hay del propio Conselheiro y si remarcable atractivo para el pueblo del interior? Los psiquiatras que estudian la ilusión mesiánica han descubierto una mayor ocurrencia de identificación personal con Dios entre los Cristianos, que entre los practicantes de religiones que carecen de deidades en forma humana. Los especialistas consideran la experiencia psicótica mesiánica como parte de un evento místico mas amplio, definido por un agudo sentido por parte del sujeto mesiánico, que el ha sido elegido para una tarea de salvación. La locura invertida en sistemas de ilusión mítica que inspiran una gran descarga emocional es, de acuerdo a Roger Bastide, una “isla de resistencia” para el sistema dominante. Al socializar su nueva auto-asertividad, el sujeto mesiánico proyecta sus previos sentimientos de vacío, temor o rabia hacia toda la humanidad. Más aun, el simbolismo colectivo comunicado por el líder carismático ayuda a reforzar el sentido de misión y selección. La personalidad mesiánica, conscientemente expresando ninguna necesidad de dependencia, ocupa una posición en la cual todo es dado y nada es recibido. Para el líder mesiánico, el fiel se transforma en objetos sobre los cuales el proyecta sus necesidades.

    Estas condiciones y precondiciones parecen encajar en Antonio Conselheiro y sus fieles seguidores en Belo Monte. Pero aparece una pregunta que no encuentra fácil respuesta: por que Antonio Mendes Maciel y no tantos otros? Por que esta particular visión milenarista hizo vibrar una fibra? Que movió a miles de personas del interior a seguirlo pero no escuchar a otros contemporáneos? Las explicaciones socioeconómicas que se enfocan en una reacción religiosa a la presión del conflicto cultural y la privación, proporciona respuestas; otras teorías no lo logran. Efectivamente, un estudiante que examina docenas de visionarios mesiánicos a través de la historia, ha encontrado que ellos mayoritariamente tienden a emerger “en tiempos de crisis, de choques culturales”.

    Desafortunadamente, sabemos menos sobre Conselheiro después que previamente al establecimiento de su ciudad santa en 1894. Ni tampoco sabemos hasta que grado sus predicas apocalípticas eran concretas, en oposición a lo simplemente simbólico. Porque aunque el si enfatizara visiones proféticas tan frecuentemente como sus enemigos les gustaría hacernos creer, tales imágenes no eran nuevas para la convención Cristiana, o para el interior.

    Durante la gran era de las insurgencias populares Europeas entre los siglos XIV y XVII, los grupos de clase baja reaccionaron activamente al deterioro de sus estándares de vida, y cuando ellos pelearon por estructuras sociales alternativas, fue usualmente a instigación de visionarios religiosos o carismáticos. Los tradicionales movimientos milenaristas de protesta extrajeron su inspiración de la escatología Cristiana, “vislumbrando el reemplazo de la sociedad existente por el paraíso en la Tierra”. En Canudos, simplemente no sabemos que énfasis Conselheiro le dio a la inminencia del Apocalipsis. Como en la Europa previa al siglo XVII, los habitantes de los campos tendían a aceptar que la sociedad era básicamente inmutable, y que las alteraciones en el clima que perjudicaban al pobre o las enfermedades epidémicas que asolaban la tierra, eran expresiones de la voluntad de Dios. Sin embargo, como Engels lo noto, incluso durante la Edad Media un tipo de tradición revolucionaria subterránea existía, apelando a las escrituras apocalípticas y ejerciendo un consciente atractivo social y religioso para el pobre. Se ignora si Conselheiro heredo esta tradición (tipificada por los heréticos Fraticelli de la Florencia del siglo XIV). El milenarismo es una cosa, y el utopianismo otra. Asumir que los conselheiristas eran revolucionarios simplemente debido a su idioma religioso es peligroso, y en efecto tipifica una visão do litoral.

    Los movimientos milenaristas basados en sueños utópicos de salvación han sido, como hemos visto, un suceso frecuente, especialmente entre los grupos marginalizados de los pobres rurales del Brasil, cuyas ya precarias vidas fueron aun mas amenazadas por el cambio político y económico, o entre quienes, a pesar de ser profundamente religiosos, fueron olvidados por la iglesia institucional. En tiempos normales, la vida era bastante dura, pero gozaba de una cierta seguridad basada en las paternalistas relaciones terrateniente-campesino. Las crisis que sacudieron estas fundaciones provocaron que aterrorizados hombres y mujeres asumieran riesgos y siguieran interpretaciones de profecías mesianistas, especialmente aquellas que prometían revertir las eternas relaciones, colocando a los infieles bajo servidumbre de los fieles.

    Estudios sobre el carácter social de las sectas milenaristas enfatizan las acumuladas tensiones nacidas de causas sociales, así como de ansiedad o temor religiosos, pero el elemento espiritual, difícil de localizar, es generalmente pasado por alto. Por supuesto, finalmente, los analfabetos que luchan por encontrar un sentido en el duro medioambiente de la pobreza, no dejan testimonio histórico. Al carecer de la habilidad para leer las mentes de las personas, debemos por lo tanto, basarnos en lo que podemos descifrar sobre las presiones que ellos sintieron. Norman Cohn encuentra que los temores medievales sobre un desastre universal reflejaban un sentido popular concerniente a la despreciabilidad de los Papas, y que los movimientos milenaristas tomaron forma cuando individuos cuasi-psicopáticos “sintieron que la tensión estaba casi en el punto de quiebre y explotaron la situación como sus lideres”.

    Existe una conexión entre inseguridades grupales y el advenimiento de los movimientos milenaristas? Después de todo, la historia esta llena con ejemplos de protestas y revueltas sociales no-milenaristas. La respuesta debe encontrarse en la mentalidad religiosa de aquellos que buscan la fantasía de una era perfecta: en adición a una creciente tensión social y el temor al cambio, un elemento religioso subyacente a menudo provoca medidas desesperadas para encontrar la salvación. Los estudiosos reconocen que este elemento esta presente en el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo. Antonio Saravia, por extensión, asevera que el mesianismo floreció en Brasil debido a la “profunda pero inconsciente penetración del Judaísmo” entre los habitantes del mundo Luso-brasileño, presumiblemente a través de la preservación del cripto-judaísmo en la cultura Marrana. Ciertamente esta interpretación es dudosa, sin embargo: excepto para minorías de la dispersa (y desesperada) población Judía en Europa central y oriental, toda discusión de la venida del Mesías permaneció en el ámbito metafórico, no como un impulso para movimientos populares.

    El Cristianismo, especialmente en la intensamente personal forma experimentada por los Brasileños rurales del Nordeste (interpretada a veces si y a veces no por predicadores laicos, sanadores, místicos y entusiastas seculares), fue terreno fértil para las directas esperanzas por el milenio. En la corriente histórica principal, el milenarismo permaneció como una fuerza poderosa en la iglesia Cristiana, mientras los Cristianos fueron una minoría impopular amenazada por la persecución. Para los Cristianos medievales – y para muchos campesinos Brasileños – Jerusalén era no solo el lugar donde Cristo había vivido su vida, sino también el sitio donde el Reino de los Cielos, el nuevo hogar para los fieles tras su redención personal. Las ciudades sagradas de los fieles eran pre-Jerusalenes, salones de espera espirituales para los fieles, quienes serian introducidos triunfalmente en la “tierra, bendita por sobre otras”, hasta la milagrosa morada donde abundaba tanto las bendiciones espirituales como materiales.

    Muchos estudios de los movimientos milenaristas idealizan no solo las condiciones pre-capitalistas, sino su economía moral también. La escuela “político-revolucionaria”, ejemplificada por el estudio de 1959 de Eric J. Hobsbawn, Rebeldes Primitivos, ve al milenarismo como una herramienta política para organizar protestas contra los cambios asociados a la penetración del capitalismo dentro de un campesinado primitivo y aislado. Variantes de esta visión retratan a los fieles en el rol de héroes campesinos, rebelándose contra la explotación feudal en una lucha de clases armada. En su comparación de Canudos con la experiencia del Padre Cicero, por ejemplo, Ralph della Cava demuestra como los dos movimientos estaban basados ambos en las condiciones sociales y ecológicas del interior, y en las políticas nacionales – un punto de vista respaldado por el análisis de Eul-Soo Pang sobre las causas económicas y agrarias del milenarismo.

    Maria Isaura Pereira de Queiroz, al contrario, encuentra debilidades estructurales en la inestable sociedad basada en clanes del interior, como causa principal del mesianismo. Desde su punto de vista, la violencia dentro y entre clanes exacerbo las tensiones y finalmente creo un sentimiento de anomia en la región, el resultado de la “desorganización social interna de este tipo de sociedad rural”.

    Más aun, desde otro punto de vista, Todd A. Diacon y Steve J. Stern argumentan que la anomia sola no explica la emergencia de movimientos milenaristas, y que la desorganización y desorientación están comúnmente presentes en tiempos de cambio social, independientemente si el milenarismo aparece. El estudio de Diacon sobre el Contestado amalgama numerosos temas: tomados en su conjunto, ellos lo llevan a concluir que las presiones externas asociadas con la transición al capitalismo, pueden en ciertas situaciones producir crisis espirituales. Este argumento recuerda la convicción de Ribeiro que los cambios en condiciones sociales, económicas o rurales favorecerán la aparición de movimientos mesianistas entre la gente que acepta, e incluso busca la posibilidad de intervención divina, y que considera la estructurada vida comunal como un medio para conseguir redención personal. Las profecías, posiblemente debido a que el Catolicismo institucional dejo a tantos sin atender entre vidas bajo presión, parecen haber florecido en suelo Brasileño.

    Reacciones Defensivas

    En nuestro siglo, los historiadores han a menudo descrito a hombres y mujeres rurales como reaccionando parroquial y defensivamente a fuerzas externas desfavorables. Ellos tienden a concordar que la gente que resulta atrapada en conflictos rurales, a menudo han sido provocados por la intrusión de la “modernidad” en sus vidas, o en encuentros con el destructivo impacto de la moderna economía mundial capitalista, o en choques menos específicos de valores y autoridad. La conciencia campesina es típicamente considerada como “bastante limitada y predecible”. Aunque tales impresiones son posiblemente validas, en el caso de Canudos un nuevo marco se necesita para permitirnos sopesar a Conselheiro y sus seguidores en sus propios términos. Políticamente, los residentes de Canudos fueron inertes; socialmente, sin embargo, fueron activos iniciadores, continuamente manejando su mundo político y provocando un significativo impacto por su decisión colectiva de vivir aparte y participar en la ciudad santa de Conselheiro.

    Uno de los más remarcables aspectos del episodio en Canudos, fue que a pesar que los residentes de la comunidad resistieron los asaltos tenazmente, en un grado mucho mas allá de lo que podría haberse esperado, su comportamiento hasta el enfrentamiento inicial con las tropas gubernamentales fue calmado y pasivo. George Rude y otros han encontrado entre las poblaciones preindustriales en Europa, así como entre las poblaciones africanas y asiáticas durante el siglo XIX, un “odio” contra los ricos y poderosos que parece haber estado totalmente ausente en Canudos. Ocurrieron revueltas en el Nordeste de Brasil ocasionadas por cambios en las regulaciones gobernando débiles mercados, pero estas fueron breves y descontinuadas. El comportamiento día a día no dio indicios de ningún odio prolongado o conflicto de clases. Mas bien, los pobres del campo aceptaban su condición – aunque, como lo demostró Canudos, su profundo y casi místico fatalismo no previno que se defendieran a si mismos cuando fueron provocados. Solo en un sentido más difuso, entonces, se puede decir que Canudos fue influenciado por el conflicto social.

    Estudios sobre poblaciones rurales han evolucionado a través de numerosas etapas de interpretación. La primera generación de estudios campesinos debatió si sus sujetos eran revolucionarios o conservadores, y si fue el desarrollo del capitalismo o las demandas del estado las que empujaron a los habitantes rurales a la rebelión. En la siguiente generación, los historiadores enfatizaron la diversidad de la experiencia campesina, por medio de detallados estudios de casos de localidades individuales. La tercera generación sintetiza los hallazgos de las primeras dos. Hoy generalmente se reconoce que la inestabilidad rural usualmente surge debido a reducciones en autonomía, seguridad o movilidad, lo que provoca profundos resentimientos y percibidas oportunidades para sabotear el sistema existente o huir de el.

    En el caso de Canudos, los resentimientos de los fieles aparentemente no produjeron agresividad sino una profunda regresión psicológica. Costumbres locales profundamente enraizadas, incluyendo aquellas relacionadas con raza y con la auto-imagen del pobre, minaron la autonomía rural y la capacidad de acción colectiva. Sin embargo, con la especie de liderazgo carismático proporcionado por un hombre como Antonio Conselheiro, la revuelta espiritual pudo rendir una esperanza mesiánica, resultando en la determinación de abandonar el mundo secular y buscar refugio en una comunidad protegida y disciplinada – como Canudos. Nuevamente, la propia voluntad de los hombres y mujeres rurales para aceptar la autoridad y evitar la confrontación predispuso a muchos – posiblemente a los miembros mas deprimidos de la población – a aceptar el mensaje de Conselheiro, a tener el coraje de seguirlo, y a aceptar la austeridad de Belo Monte.

    Es poco claro si los modos rurales evitaron que los pobres se deshicieran de su docilidad. Con toda seguridad, los caboclos nordestinos vivían “muy lejos” del estado en el sentido que su comportamiento era incomprensible para observadores del litoral, e incluso para la elite terrateniente; pero ellos también vivían todos muy “cerca” con respecto a su percepción de las diferencias no escritas de las rivalidades de clan, facción y región, sin mencionar la incursión de las regulaciones civiles que afectaban su modo de vida. La remarcable perseverancia de aquellos fieles que no huyeron de Belo Monte, sino resistieron hasta el final, puede explicarse mediante teorías sobre la “densidad” de la cultura popular. Los psicólogos sociales también han sugerido que cuando el pertenecer a, o unirse a un grupo, demanda considerable sacrificio por parte de un miembro, la persona tiende a dar mayor prestigio a su asociación con aquel grupo. Este comportamiento parece encajar con lo que sabemos sobre Canudos bajo el liderazgo de Conselheiro. La misma determinación que los forasteros consideraron meramente un primitivo esfuerzo por bloquear el cambio, puede haber sido en efecto una forma de adaptación, o incluso una forma de asertividad; al final, la cohesión de grupo bajo el marco utópico de Belo Monte fue reforzada por la promesa de Conselheiro, que el fiel, no el mundo exterior, seria redimido.

    Como podríamos medir el grado al que la valiente decisión de miles de gentes del interior dejaron sus raíces y siguieron a Conselheiro a su ciudad santa, represento una declaración colectiva de desafió? La popularidad durante los 1980s del deconstruccionismo – primero en círculos académicos en Europa, luego en EEUU, así como entre la intelectualidad Brasileña – trajo problemas con previas definiciones políticas de comportamiento, incluyendo la interrogante resistencia-conformidad. Para los deconstruccionistas y otros, como declara Colin Gordon, “la división binaria entre resistencia y no resistencia es una irreal… La existencia de aquellos que parecen no rebelarse es una área de tácticas y estrategias autónomas, individuales y diminutas, que frenan o desvían los hechos visibles de la dominación total, y cuyos propósitos y cálculos, deseos y elecciones resisten cualquier simple división dentro de lo político y apolítico.

    La decisión de Antonio Conselheiro de mover a sus seguidores hacia una relativa seguridad dentro de un protegido santuario sagrado, no fue para nada insurreccional, a pesar que si amenazo el estatus quo. Este sentimiento de amenaza fue exacerbado por su manera de tratar con los terratenientes locales y con las autoridades eclesiásticas y civiles. Conselheiro, porfiado e impaciente, era tan rápido para catalogar a sus enemigos como agentes heréticos del Anticristo, como sus detractores lo eran para llamarlo un fanático enloquecido. Posiblemente, el genuinamente creía que el milenio traería la intervención divina. En cualquier caso, el no era un revolucionario, y su comunidad tampoco fue subversiva ni deliberadamente provocativa. La caracterización por parte de da Cunha y sus contemporáneos de una “rebelión” en el interior, era exacta solo si el acto físico de abandonar la antigua morada de uno es una rebelión. Desde el principio, Conselheiro sabía muy bien que una rebelión abierta resultaría en una represalia militar inmediata.

    Dado que a el no se le prometió protección por parte de los terratenientes locales y otros con simpatías hacia el (como el Padre Cicero si se le dio), la imagen de Conselheiro debió haber cambiado dramáticamente durante 1895 y 1896. O el se volvió mas arrogante, convencido de lo inexpugnable de su ciudad, o el creía que el escenario milenarista era irreversible y que el conflicto armado solo aceleraría el Día del Juicio Final. Hubiera estado Conselheiro preocupado con el mundo secular del día a día mas que, como el lo estaba, enteramente consumido por la dimensión espiritual, el podría haber logrado de sus seguidores un énfasis mas en formas mundanas de resistencia – brazos caídos, decepción, disimulo, fingida ignorancia, falsa obediencia, sabotaje, huelgas, habladurías maliciosas, y cosas así – de ese modo evitando enfrentamientos simbólicos directos con la autoridad o las normas de la elite. La tolerancia de la cultura popular rural para con los bandidos pueden indicar una extraña admiración por aquellos celebres por su rebeldía.

    Existe también el problema del lugar de la mujer en Belo Monte, donde, al menos en un grado limitado, los roles sociales tradicionales fueron intercambiados por otros nuevos. A pesar que eran físicamente segregadas debido a la misoginia de Conselheiro, al mismo tiempo eran mucho más independientes de lo que habría sido el caso fuera del asentamiento. Se les asignaban tareas tan difíciles como las dadas a los hombres, y a sus hijas se les permitía atender escuela primaria con sus hijos.

    En resumen, la invitación de Conselheiro a los moradores del interior para que lo siguieran hacia un asentamiento utópico, parece un punto intermedio entre la pasividad y el abierto desafío. Aquí, la amarga y psicológicamente deprimida condición de los habitantes rurales del interior – no solo en el siglo XIX, sino también bien en el siglo XX – probablemente hicieron imposibles mayores manifestaciones abiertas de agresividad. El material normativo y descarnado de la experiencia diaria educa a los participantes en estrategias para interpretar quien tiene el poder, como ese poder puede ser utilizado contra uno, y que conducta será tolerada y cual no lo será. En muchas partes del mundo, la aceptación pasiva caracteriza las vidas de los desposeídos. Ocasionalmente, en las palabras de James C. Scout, los desposeídos “rechazan las denigrantes caracterizaciones que los ricos utilizan contra ellos”. Aquellos desafíos declarados sucedieron rara vez en el sertão del alto São Francisco, cuando los ocupantes ilegales agraviados tomaron las cosas en sus propias manos y agredieron a representantes de terratenientes individuales. Canudos, por su puesto, fue una excepción a la regla.

    Es mas fácil considerar a los locales rurales como capaces de rechazar el orden social existente aceptando los atractivos de Conselheiro, si uno se sitúa en su mundo, en el mundo en blanco y negro vislumbrado por da Cunha en vez del mas complejo y no tan aislado interior Bahiano que efectivamente existió a finales de los 1800. La misma noción del sertão como un desierto (la derivación etimológica de la palabra Portuguesa) se comprueba como falsa con la experiencia de Belo Monte, el cual se volvió productivo y fértil a solo meses de su creación en una áspera tierra. Cuantos más de los despectivos estereotipos que describen la vida del interior se habrían derrumbado si a Canudos se le hubiera permitido sobrevivir?

    James C. Scott nos ha recordado que “si no se requiere un gran esfuerzo de la imaginación para revertir el orden social existente, entonces no debiera ser sorpresivo que pueda ser fácilmente negado”. Al mismo tiempo, el radicalismo de la visión milenarista y utopista de Conselheiro puede ser vista como una negación del patrón existente de miseria y explotación. Lo que los fieles pensaron que iban a experimentar era esencialmente una forma particular de sociedad post-terrenal – no una que simplemente borraría las distinciones entre rico y pobre, donde la gente seria igual (la típica meta de un movimiento milenarista), sino una acorde al oscuro e implacable Catolicismo de Conselheiro, una sociedad invertida donde el rico se volvería pobre y el pobre, rico.

    Por supuesto, el milenarismo puede permanecer dormido por años, pero la tradición es generalmente continua y profundamente enraizada en la cultura popular. En la Francia medieval, las formas milenaristas fueron muy similares a la de Conselheiro. La privación no necesito estar presente para gatillar impulsos milenaristas, a pesar que estuvo muy presente en el caso de Canudos. Mas bien, simplemente la desaparición de la rutina de la vida diaria, o el cambio político que provoca que las “categorías normales con las cuales la realidad social se aprende, dejan de ser aplicables”, pueden gatillar la actividad milenarista. En Brasil, la caída de la monarquía – el exilio del emperador patriarcal – y el establecimiento de la republica con sus leyes hostiles hacia la iglesia Católica, fueron suficiente causa para la resistencia. Los movimientos milenaristas, no limitados al universo Judeo-Cristiano sino también presentes en las regiones Budistas e Islámicas alrededor del mundo, paradójicamente vislumbran cambios radicales en la distribución de poder, estatus y propiedad, aunque al mismo tiempo están centrados en un líder – un profeta, un rey – para arreglar las cosas. En el caso de Canudos, Conselheiro, a pesar de sus frecuentes palabras al contrario, fue elevado por sus seguidores a la altura de profeta, agente e interprete de una deidad vagamente definida como trinitaria, compuesta del Mesías, San Sebastián y Dios, todos juntos en uno. La utopía de Conselheiro mantuvo también el reino simbólico del amado emperador Pedro II, ahora exiliado. Belo Monte, entonces, fue bastante mas un refugio monarquista – aunque no precisamente en el sentido político que las elites del litoral entendían el monarquismo tras el fait accompli del golpe de 1889.

    La naturaleza del ministerio de Conselheiro en Canudos y el éxodo de nordestinos hacia su ciudad santa, ambos condenaron su movimiento a la intervención por parte del estado. Las profecías junto a las diatribas contra el pecado jugaron un papel regular en el Catolicismo laico del interior, del modo que era comunicado no solo por Conselheiro, durante la fase peregrinatoria de su ministerio, sino también por otros influenciados por el tono y contenido de la Missao abreviada del Padre Couto.

    No hay evidencia en el caso de Canudos o de cualquier otro movimiento milenarista en Brasil, que las poblaciones sin poder y subordinadas aceptaran su continua dominación como inevitable. La burla simbólica e incluso los ataques físicos contra los sistemas hegemónicos han sido comunes y continuos en aquel país. Lo que hizo el destino de Canudos diferente fue que Conselheiro, a diferencia del políticamente mas astuto Padre Cicero, fue incapaz de utilizar su conocimiento del sistema político para comprar inmunidad para sus seguidores, quienes en su propio modo de ser eran tan devotos y – para los forasteros – tan infantiles y crédulos como los residentes del Juazeiro de Cicero. Posiblemente el arriesgo (e incluso invito) la represión armada a través de sus actos obstinados debido a una creciente psicosis, mas pronunciada al final de sus días que incluso en los primeros días de Belo Monte. En el análisis final, solo tenemos las palabras de extraños hostiles sobre las cuales basar nuestros juicios, y debido a eso, evitar la especulación.

    Casi todo lo profetizado por Conselheiro a su feligresía (no demandado, porque es diferente) calza fácilmente dentro de los valores profesados y la hegemonía de las elites locales del interior. Los residentes de Belo Monte le negaron legitimidad a la estructura de poder existente al no alzarse contra ella, sino al tomar refugio en la ciudad sagrada de Conselheiro, un lugar a la vez apocalíptico y protector. Las quejas de Conselheiro y sus devotos seguidores eran anticuadas, buscando restaurar elementos de un mundo que había sido hecho desaparecer por el odiado gobierno republicano.

    La supervivencia del asentamiento de Conselheiro desde 1893 hasta 1897 indica claramente el creciente rechazo a la cultura regional dominante por parte de miles de pobladores del interior, quienes optaron por habitar allí. Si este rechazo estaba basado en una tonta credulidad o una “evasión mística”, el culto de Conselheiro ofreció “una critica al orden existente y un (potencialmente explosivo) universo simbólico alternativo”. Canudos nutrió nuevos vínculos sociales y disensión cultural en la forma de una variante – exagerada pero no necesariamente herética – de la religión Católica Romana dominante.

    Belo Monte como una cultura disidente, reflejo una demanda por nuevos pactos económicos y sociales, por vidas disciplinadas a la espera del milenio, y por relaciones patrón-cliente justas e independencia de los poderosos terratenientes de la región. Los poderosos en la sociedad rural del interior, estuvieron dispuestos a aceptar la republica porque su estructura política les garantizaba creciente control, a través del reforzamiento del sistema del coronelismo. Aquellos que nada tenían, no vieron beneficios. Posiblemente, de todo lo que da Cunha describió, fue el espíritu fuertemente independiente de los Canudenses, llevado hasta niveles letales en Canudos, lo que más molesto a las elites, y con razón.

    El trágico asunto de Canudos tuvo repercusiones mucho mayores, las que fueron rápidamente entendidas. El impacto fue probablemente sentido más débilmente en el Nordeste que en cualquier otro lado, a pesar que tomarían algunos años antes que las aldeas y ciudades desde las cuales los fieles habían departido, retomaran su antigua “normalidad”. Y aunque a pesar que las actividades económicas básicas de la región fueron retomadas, las presiones modernizadoras y el flujo poblacional continuo, ahora en la forma de emigrantes abandonando el árido interior hacia la costa o en busca del esperado empleo industrial en el Sur. El sistema político local de dominación de los coroneles, reforzado por la violencia personal y la presión económica, también persistió hasta bien entrado el siglo XX. La iglesia hizo poco por incrementar el número de sacerdotes en el interior rural, y posiblemente como una consecuencia; otras figuras religiosas carismáticas, notablemente el Padre Cicero de Ceara, continuaron ejerciendo una hipnótica influencia sobre los residentes del interior, aun buscando nuevas vidas.

    Nacionalmente, ciudadanos influyentes temieron que la porfiada independencia de los Canudenses se diseminara para incitar insurrecciones regionalistas. Esto nunca sucedió, a pesar que se sucedieron escaramuzas dentro de un teatro mucho mayor a aquel documentado por da Cunha. Lo que las elites del litoral se rehusaron a aceptar fue que las palabras de Conselheiro era retóricas, no llamados a la agresión. Sus seguidores se retiraron hacia Canudos para esperar el Juicio Final. Ellos miraban hacia si mismos y no buscaban convertir. El odio de Conselheiro por la republica era suficientemente real, pero al menos en los primeros días de su asentamiento, el y sus lugartenientes lograron aliarse con los terratenientes locales y otros miembros de la elite rural, basados en el simple pragmatismo.

    La ansiedad provocada por la vulnerabilidad de la republica provoco que los temores se dirigieran hacia la arena internacional también, una extensión de la falsa presunción que los monarquistas fuera del Nordeste, estaban apoyando la resistencia. Se rumoreo que portugueses y británicos (vistos como pro-monarquistas desde la Rebelión Naval de 1893, cuando dejaron de descargar sus barcos en la bahía de Rio) estaban avituallando a Conselheiro. El presidente entrante Campos Salles tuvo que lidiar con fuertes aprehensiones que el restauracionismo monarquista y los problemas gubernamentales en Canudos, afectarían adversamente el estatus crediticio de Brasil. Había incluso mas temores sobre una hipotética intervención Británica y Portuguesa en el Amazonas, el cual había sido testigo de un gran flujo de inversiones comerciales extranjeras, y cuya vasta extensión estaban lejos de estar seguras bajo control militar Brasileño. Es también posible (aunque improbable) que los republicanos urbanos, especialmente entre los radicales y jacobinos, temían que si el nuevo régimen no demostraba su capacidad para gobernar, manteniendo el orden publico, las turbulencias se diseminarían hacia el teatro urbano.

    Porque todas las campañas militares, salvo la final, fracasaron contra Canudos de manera miserable, fue inevitable que los simpatizantes republicanos exageraran la naturaleza de la amenaza. De otra manera, la humillación sufrida por las fuerzas armadas habría sido aun más dolorosa. En los otros estados, los funcionarios levantaron temores restauracionistas para justificar el aumento del número de milicianos armados. Sao Paulo envió tropas a Canudos, el único estado al sur de Bahia que lo hizo. Luego, mientras que la debacle militar en Canudos provoco el crecimiento de las milicias estatales, también fortaleció el control civil sobre el gobierno.

    Entre los jacobinos republicanos, los más politizados describieron paralelos entre la Revolución Francesa y el Brasil post-1889. La analogía con la Vendee fue efectivamente poderosa – para los jacobinos y para sus enemigos – aunque históricamente inexacta. Los jacobinos creían que si la última campaña no hubiera tenido el éxito que tuvo, podría haber habido un baño de sangre más allá del sertão Bahiano. Pero fracasaron en lograr un cambio sustantivo, posiblemente porque compartían fundamentalmente los mismos valores tradicionales de sus enemigos políticos en la elite, a pesar de los llamados por cambios más radicales.

    Tras el fin de Canudos, los observadores expresaron un gran alivio, y una aceptación de la hipótesis que el interior y el litoral eran diametralmente opuestos. Pero este punto de vista en si era profundamente ambiguo. Da Cunha, como un positivista por largo tiempo preocupado por el “estancamiento” del progreso nacional debido al mestizaje, consideraba su análisis no como una defensa del sertanejo, sino como un ataque contra la barbarie de los líderes “civilizados” de la región. Habría sido demasiado esperar que los contemporáneos brasileños, duramente sacudidos por las noticias desde el interior e incómodos con los primeros fracasos de la republica por responder a las quejas que habían echado abajo la monarquía, no vieran a Canudos como una fuerza maléfica y una amenaza a la ideología modernizante de finales del siglo XIX. Eso si, un puñado de participantes y testigos, si cambiaron su punto de vista, volviéndose mas sensitivos al pliego de reclamos de las victimas – Lelis Piedade, por ejemplo, y los Indianistas Luis Bueno Horta Barbosa y Candido Rondon. Sin embargo, la mayoría pareció haber utilizado el incidente en Canudos solo para corroborar sus prejuicios.

    Con la republica en 1889, llego la tacita aceptación entre los brasileños políticamente conscientes, del punto de vista progresista de la historia. Esta concepción choco con la porfiada convicción del interior que la vida era cíclica, que las cosas materiales estaban subordinadas a la eterna lucha contra el pecado. Conselheiro, al introducir elementos mesianistas y milenaristas, modificó esta creencia, poniendo énfasis en la inminencia de la intervención divina. Pero pocos entre la elite, excepto da Cunha y aquellos escasos nacionales que entendían la vida rural, estaban dispuestos a reconocer que esta posición, aunque anti-moderna, representaba un poder y una genuina fe religiosa. La visão do litoral no podía tolerar tal reconocimiento.

    Los eventos en Canudos destruyeron la confianza en las fuerzas armadas nacionales y sus aliados jacobinos. También afectaron profundamente como Brasil – como nación – llego a verse a si misma, y debilito el mito positivista del progreso del siglo XIX, aunque el positivismo permaneció influyente por años. Sin embargo, para 1898 pocos republicanos realmente creían que la distancia social y psicológica entre el Brasil rural y urbano – entre la costa y el interior – podía ser amalgamada imponiendo una fachada moderna de instituciones “civilizadoras”. Los temores rurales – abiertamente enunciados en la prensa mucho antes de Canudos, así como entre los miembros de la elite en sus reuniones locales y regionales (en los congresos agrícolas sostenidos en Rio y Recife en 1878, por ejemplo) – solo fueron reforzados por el modo en que los periodistas presentaron Canudos: como una “rebelión” de fanáticos enloquecidos quienes, aunque no beligerantes, eran un peso muerto para el progreso civil. Esta acusación, por supuesto, tenía una fuerte dimensión racial.

    El impacto más persistente de Canudos sobre Brasil, fue el psicológico, en gran parte gracias a la remarcable prosa de Euclydes da Cunha, la cual era rica en iconografía y efecto emocional, y con inmensa autoridad. Durante décadas, los críticos declararon su libro un clásico, y los historiadores han tendido a otorgar a Os Sertãos, un estatus sin desafío. Como historia militar, cae dentro de la vieja escuela romántica de Sir Edward Creasy y el Prusiano Hans Delbruck – un asunto de buscar justificaciones – no en la tradición de John Keegan, donde la meta es simplemente presentar un estudio humano. Os Sertãos (y posteriores tratados sobre Canudos), al citar a Keegan sobre la historiografía militar Francesa, Alemana y Rusa influenciada por Delbruck, “posee todos los rasgos de solemnidad, excesivo tecnicalismo, pompa y xenofobia estrecha”.

    Keegan sugiere que en Europa, el peso de siglos de encuentros militares brutales han hecho que los historiadores militares se resistan a tomar un acercamiento mas desapasionado – esto en contraste con los países Anglo-parlantes, donde, excepto por la Guerra Civil de EEUU, todos los mayores conflictos tuvieron lugar en suelo extranjero. La tradición narrativa Europea de la descripción del campo de batalla, continuada por la descripción Brasileña de las campañas militares contra Canudos, es puesta a la luz de una presunción tacita, expuesta por Creasy, que las exitosas batallas contra enemigos bárbaros salvan a la civilización de la extinción – o, en el caso de da Cunha, al menos de la humillación. Incluso si el fue ambivalente sobre el enemigo – admirando la perseverancia del sertanejo a pesar de su amenaza a la republica – el positivismo de da Cunha lo hizo ver las campañas militares como cruzadas contra las fuerzas de la oscuridad.

    Lo que los antropólogos denominan la “densidad” de la cultura popular, es la medida de autonomía dentro de una comunidad. La estrecha, reciproca y comunal estructura de tareas y premios psicológicos fue atractiva para aquellos lo suficientemente valientes para actuar basados en sus esperanzas, o lo suficientemente desesperados para arrancar de sus miserables pero predecibles vidas – o sea, atractiva en contraste a la típica vida de los habitantes marginalizados del interior, en una región caracterizada por un declive económico sin freno. La época en la cual apareció también fue fortuita. Canudos no pudo haber atraído a los miles que atrajo sin el reciente cataclismo del final de la monarquía, un evento significativo y atemorizante para los habitantes del interior, quienes prestaban solo escasa atención a la política.

    En su contexto nacional, Canudos fue un trauma que levanto interrogantes de largo alcance. Que la comunidad se volvió una amenaza fue en su mayor parte circunstancial. Los terratenientes locales se hallaron a si mismos económicamente vulnerables tras los difíciles 1890s y la debilitada posición de los estados nordestinos bajo la constitución republicana federalista. Políticos regionales y nacionales encontraron en los pasivos Canudenses la perfecta excusa para culparlos de imaginarias maquinaciones monarquistas. La transición hacia la republica no fue el suave y consensual proceso que los textos de historia brasileños retratan; más bien, fue una tumultuosa competencia de metas distintas para el futuro de la nación. Los jacobinos, quienes inicialmente buscaron para Brasil la liberte ancienne de la antigua Grecia, pronto abandonaron esos ideales en favor del autoritarismo positivista. El espectro de Canudos efectivamente llevo a muchos a abrazar el oscuro punto de vista de los Jacobinos sobre el pueblo Brasileño. Pero Canudos era meramente una comunidad a la cual la gente se retiro a hacer penitencia y encontrar salvación personal, no un centro para difundir la revolución o fomentar la subversión.

    La nación Brasileña que conscientemente ignoro las necesidades de su población rural y convenientemente desdeño las implicaciones de la guerra contra Canudos, fue esencialmente anti-nacional y moralmente ruin – tanto como cualquier otra “nación” del siglo XIX que adopto una imagen de progreso modernizante compartido solo por un diminuto porcentaje de la población. Incluso en el interior, los contemporáneos que se consideraban a si mismos progresistas, se mofaron de Canudos y negaron su legítima religiosidad. Un poeta de cordel, Ugolino Nunes da Costa, compuso un verso expresando tal opinión en 1896, cuando Canudos estaba floreciendo:

    Fingiu-se de religioso
    Para poder iludir;
    Fez parte do povo vir;
    Como ele se desgraçou.


    El sitio histórico de la comunidad de Belo Monte yace bajo un embalse, construido a finales de los 1970s, bajo los auspicios de la agencia federal para combatir la sequía. El sistema de irrigación creado por el proyecto proporciona solo agua intermitente para la ciudad adyacente, Nova Canudos, cuyas tierras aun entregan casquillos de bala, fragmentos de cráneos y otros restos del furioso conflicto armado que llevo a la destrucción de la primera Canudos. La pobreza crónica asola la región. La profecía de Conselheiro que el mar vendría al sertão fue cumplida, pero sus habitantes rurales poco ganaron de este progreso para sus vidas.


    Imagen tomada de Internet
    Comments 3 Comments
    1. koyuca's Avatar
      koyuca -
      que bien artículo atila

      gracias
    1. Tiamat's Avatar
      Tiamat -
      Me perdi un poco , ese es el problema con todo lo que tenga que ver con el portugues, un español aguado que no resulta familiar pero nada, aunque esa figura mitica del rey sebastian esta de lo mas interesante, se presta bien para un personaje de comics.
    1. Atila's Avatar
      Atila -
      Muito obrigado.
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