• Matemáticos reconocidos poco conocidos

    Karl Weierstraß
    (1815 - 1897)

    Maestro de Cantor, Runge,  Schwarz  y de toda una generación de matemáticos alemanes, Weierstrass es el responsable de uno de los métodos más efectivos en Cálculo: el método épsilon (nombrado así pues su notación utiliza la letra griega ε). Gracias a este método se pudieron probar varios teoremas fundamentales para el fundamento de la matemática infinitesimal lo que a la postre permitió varios de los desarrollos tecnológicos de la actualidad.

    Nacido en Ostenfelde, Westphalia (ahora parte de Alemania) , en 1828, al establecerse su familia en Paderborn, ingresó al Gimnasio Católico (institución equivalente a la educación media superior) y paso mucho de su tiempo leyendo el Journal of Pure and Applied Mathematics,  que era la revista matemática líder en Europa.  

    Mientras era profesor en el Instituto Industrial de Berlín, Weierstrass desarrollo una de las más grandes ideas matemáticas hasta el momento.  En su “Introducción al Análisis” druante los años 1859-1860, dio al mundo una rigurosa metodología para que los matemáticos trabajaran con la noción de secuencias infinitas o series que alcanzaban un límite. 

    Hasta ese momento, mucho del desarrollo del cálculo Newtoniano se basaba en ideas, nociones que se sabían verdad pero no se habían demostrado rigurosamente. El concepto de “límite infinito” aplicado a variables fijas, como en la expresión “n tiende a infinito” no se sabía realmente su significado formal.  El método épsilon resolvió esto.

    Weierstrass razonó: En lugar de que el límite estuviera definido para n como el proceso de alcanzar el infinito, por qué no definimos una secuencia infinita que tenga un límite si para cualquier épsilon  ε, siempre puedes encontrar un entero n tal que para todos los enteros m>=n, el emésimo término de la secuencia siempre estuviera a ε del límite.

    Entre los conceptos que gracias al método épsilon se pudieron formalizar se encuentran:
    + El concepto de continuidad , pieza clave para el desarrollo de la ciencia
    + El teorema de Weierstraß que trata sobre máximos y mínimos locales, y
    + Teorema de Bolzano-Weierstrass , otra pieza fundamental en la construcción de los ladrillos fundamentales del cálculo: los números Reales.

    Mucho le debe la humanidad a este gigante Alemán de las matemáticas.

  • Los dueños de la muerte



    Masters of Death: The SS-Einsatzgruppen and the Invention of the Holocaust.
    Richard Rhodes.
    (Traducción de fragmento)



    Círculos viciosos

    El Tercer Reich fue levantado sobre la violencia. Gobernó con la violencia, dominó Europa con la violencia y provocó una violenta respuesta que finalmente lo destruyó. La escala de su uso de la violencia, no sólo su antisemitismo, lo distingue de otros gobiernos y regímenes contemporáneos. El antisemitismo tenía una larga historia en Occidente e impregnó la sociedad Europea. Los Judíos de la Diáspora habían emigrado a Polonia y Rusia occidental, en primer lugar, porque el antisemitismo Cristiano los había expulsado de Europa occidental en los siglos XIV y XV. Millones de copias de los ampliamente traducidos y falsos Protocolos de los Sabios de Sion, supuestamente una transcripción de los planes de un secreto consejo Judío para subvertir los legítimos gobiernos y apoderarse del mundo, fueron vendidos internacionalmente en los años 20 y 30; Henry Ford tomó el fraude de modo tan literal como Adolf Hitler lo hizo. Hitler albergaba un fanático odio contra los Judíos, a quienes el creía eran los mas peligrosos enemigos de su régimen, y puso como la mas alta prioridad su eliminación, pero también el intento esclavizar y destruir con privaciones a los mucho más numerosos pueblos Eslavos, como las palabras de Himmler en Wewelsburg lo confirman.

    El control de la violencia es una responsabilidad fundamental del gobierno. Los gobiernos controlan la violencia monopolizándola. Ellos autorizan a las fuerzas policiales y militares para utilizar la violencia, pero estiman criminal cualquier otro uso individual o institucional. A partir de esta básica división, la cual evoluciono durante cinco siglos en Occidente, a medida que los gobiernos crecían y se centralizaban, emergió la creencia común que la violencia gubernamental es racional (o al menos deliberada e intencional), mientras que la violencia privada es irracional, aberrante, el producto de psicopatológicas mas que la intención deliberada. En efecto, la violencia es violencia, sea publica o privada, oficial o no-oficial, buena o mala. La violencia es una instrumentalización, no una sicopatología o un desorden de carácter. La violencia es un medio para llegar a un fin - dominio y control – uno de muchos medios posibles. Desde que su esencia es herir, su eficacia en el largo plazo es marginal, pero sus ventajas a corto plazo son obvias.

    Decir que los gobiernos monopolizan la violencia es implicar que la violencia es un bien que puede ser recolectado y almacenado. La violencia es un comportamiento. Como tal, reside en individuos, gente que lo ha experimentado y a partir de dicha experiencia, aprendió a producirla más o menos cuando se necesita. Las armas entran en el cuadro como herramientas que la gente violenta puede que o puede que no utilice para amplificar su producción de violencia. Los gobiernos monopolizan la violencia autorizando a algunos de sus ciudadanos para utilizarla en circunstancias estimadas legales y oficiales. Estos ciudadanos puede que lleguen a sus empleos oficiales ya experimentados en violencia, o puede que ganen su experiencia violenta a través de entrenamiento oficial. Sin importar que ellos aprendan a utilizar la violencia, incluso aquellos funcionarios violentos están autorizados a actuar así solo bajo circunstancias específicas, y si ellos utilizan la violencia bajo circunstancias no autorizadas, tales actos son denominados criminales. La brutalidad policial o las atrocidades militares, por ejemplo, son dos categorías de violencia criminal. La violencia que la policía y el ejército aplican ilegalmente – contra no-combatientes, por ejemplo, o contra ciudadanos que no han cometido crimen o no resisten el arresto – es similar a la violencia que ellos utilizan oficialmente. Irónicamente, tales actos ilegales pero de otra manera comparables, efectuados por funcionarios violentos, son a menudo caracterizados como “irracionales” o “locos”.

    Muchas teorías han sido propuestas para explicar el comportamiento violento, incluyendo la perdida de control, el impulso involuntario, la motivación inconsciente, la falta de conciencia, desordenes de carácter, herencia genética o daño neurológico. Algunas de estas teorías son anecdóticas, basadas en una interpretación de las intenciones del actor violento por parte del observador. Otras derivan de estudios correlativos estadísticos, los cuales por definición no revelan relaciones causales sino meramente identifican cualidades que pueden estar asociadas de algún modo con el comportamiento violento. Que la gente se vuelve violenta debido a que tienen baja autoestima, por ejemplo, es una teoría ampliamente aceptada, pero que una mínima interacción con gente violenta, incluyendo profesionales de la violencia, rápidamente derrumba: la gente violenta usualmente tiene una avasalladoramente alta autoestima, que limita casi con la egolatría, debido a que confían en su habilidad para lidiar con conflictos y porque otras personas, asustadas de ellos, les muestran gran respeto. No todos los sociópatas son violentos; no todas las personas violentas tienen daño neurológico; la motivación inconsciente es por definición imposible de comprobar; y cualquier teoría de desarrollo de la violencia que falla en aplicar para el comportamiento violento oficial tanto como el criminal, es incompleta.

    En su historia “Los Ejecutores Voluntarios de Hitler”, el joven estudioso del Holocausto, Daniel Jonah Goldhagen, adscribe el asesinato masivo Nazi a lo que el llama “antisemitismo exterminacionista”, el cual el define como “la creencia que la influencia Judía, por naturaleza destructiva, debe ser eliminada irrevocablemente de la sociedad”. Aparte de ser una tautología – porque incluye el efecto (exterminio) en la causa (antisemitismo exterminacionista) – la teoría de Goldhagen no logra explicar el fervor del Tercer Reich por asesinar no solo a los judíos, sino también a los Eslavos, Gitanos, Homosexuales y discapacitados. Asume que la violencia es esencialmente un fenómeno similar a un desborde, por el cual, cuando un exceso de cierta sustancia volátil se ha acumulado en un individuo o una sociedad (en este caso, el antisemitismo), va a desbordarse en la forma de comportamiento violento; como Goldhagen inocentemente escribe, nuevamente incurriendo en una tautología, “la gente debe ser motivada para matar a otros, o si no, no lo harían”. En efecto, la motivación no es suficiente en si misma para producir violencia seria; la gente debe pasar también por previas experiencias violentas: ellos deben haber aprendido a ser violentos y deben haber llegado a identificarse como violentos. De otro modo, sus intensos odios emergerán como comportamientos deleznables pero no-violentos, como expresiones de desprecio, denuncias, discriminación, ostracismo – exactamente el tipo de comportamiento que el resto de la Europa del siglo XX, y Alemania antes de Hitler, demostraron hacia los judíos. Como diversos críticos han notado, la teoría de Goldhagen que el antisemitismo exterminacionista explica el Holocausto, también aísla al mas destructivo genocidio del siglo XX como un evento único (en la formulación de Goldhagen, “un quiebre radical con todo lo conocido en la historia humana”), desconectado de otros genocidios de la era, cuando en efecto otros genocidios – el de los Armenios, por ejemplo, o el de los Tutsis en Ruanda – se asemejan al Holocausto en la etiología, aunque no en la escala, a pesar que el antisemitismo no jugo parte alguno en su ocurrencia. Hay mucho de valor en el libro de Goldhagen, pero la evidencia, incluyendo la evidencia que el cita, no respalda una teoría que la ideológica provoca el comportamiento violento, a pesar que esta pueda ser utilizada para justificarlo.

    Una teoría que recopila información sobre funcionarios violentos así como criminales violentos, y que esta basada en evidencia causal más que correlacionada, es la teoría de la socialización de la violencia del criminólogo Estadounidense Lonnie Athens.

    Utilizando la metodología de universales formulada por el filosofo Escocés David Hume, la cual identifica causa y efecto de manera retrospectiva (y de esa manera siempre provisionalmente) descubriendo los atributos únicos de una población como ejemplo, Athens entrevisto a criminales violentos encarcelados y aisló de sus relatos, la secuencia mínima de las experiencias sociales violentas que todos ellos tenían en común, una secuencia que el encontró ausente o incompleta en personas con experiencias de violencia, que no habían cometido serios actos de violencia.

    Athens no estudio a funcionarios violentos. Algunos de estos (notablemente policías) son auto-seleccionados y llegan a su profesión ya experimentados en violencia, como mucho de los integrantes de los Einsaztsgruppen. Para aquellos oficiales que adquirieron sus violentas destrezas en el entrenamiento oficial, hay claros paralelos entre sus experiencias durante dicho entrenamiento y el proceso de desarrollo en cuatro etapas que Athens identifico en los antecedentes de los criminales violentos. Desde que la violencia, oficial o privada, se aprende a través de la experiencia violenta, tales paralelos son esperables y no debieran ser sorprendentes. Sin embargo, si el modelo de socialización violenta de Athens es correcto, debieran existir significativas diferencias entre los programas formales de entrenamiento de oficiales violentos, y el proceso informal de socialización de la violencia, porque los criminales violentos la utilizan en situaciones donde los oficiales violentos se abstienen. Tales diferencias emergen en el análisis, y la teoría de Athens las explica. Ninguna de las otras teorías sobre el desarrollo de la violencia pasa esta prueba crucial.

    Athens encontró que el proceso de socialización de la violencia se divide en cuatro etapas, las cuales el las denomina (1) brutalización; (2) beligerancia; (3) actuación violenta; (4) virulencia. Las etapas son secuenciales: cada etapa tiene que ser completamente experimentada antes que el sujeto avance a la siguiente, un proceso que puede ocurrir de como un cataclismo en un corto periodo de tiempo, o a través de un largo periodo de años.

    La brutalización es inflingida sobre los novatos y es por lo tanto involuntaria, pero el paso hacia las otras etapas posteriores es por elección, no por oportunidad. Sus elecciones puede que estén limitadas por las circunstancias, pero ellas nunca son las únicas elecciones disponibles (mucha gente brutalizada durante la niñez, por ejemplo, no se transforma en adultos violentos. Hacen otra elección que los lleva a resultados no-violentos). Y una vez que el sujeto ha completado la socialización de la violencia y se a tornado en peligrosamente violento, Athens descubrió, cada acto de violencia que el efectúa es otra elección deliberada mas, no meramente una reacción automática o una perdida de control. Lo cual significa que la gente que utiliza la violencia contra otras personas, elige hacerlo así y por lo tanto son responsables de sus actos. Que la violencia es una elección más que una compulsión o liberación, es obvio entre el ejército y entre la policía; el concepto ha sido obscurecido en cuanto a la violencia privada, simplemente porque tal violencia se ha vuelto una aberración en la actual sociedad civilizada, más bien poco común y desconocida. La ley criminal, sin embargo, basándose en siglos de experiencia común, esta basada en la presunción que los actos violentos son deliberados.

    Distinciones como estas son importantes para analizar la responsabilidad del personal del Einsatzgruppen en las atrocidades que cometieron.

    La brutalización, la primera etapa de la socialización de la violencia, Athens encontró que consistía en tres experiencias significativas distintas pero relacionadas, que podían suceder en cualquier orden y en diferentes épocas y lugares: (a) subyugación violenta (una figura de autoridad de los grupos primarios del novicio utiliza la violencia o la amenaza de la violencia, para forzar al novicio a someterse a su autoridad, mediante la demostración de obediencia y respeto); (b) aterrorización personal (el novicio es testigo de personas cercanas a el pasando por una violenta subyugación); (c) adoctrinamiento violento (para hacer surgir una conducta violenta, la gente a quien el novicio percibe que es o ha sido auténticamente violenta, instruye al novicio en como conducirse cuando el es confrontado con conflictos, enfatizando que tiene una inexorable responsabilidad personal en atacar físicamente a la gente que lo provoca).

    Mucha gente identifica hoy estas tres experiencias correlativas con el abuso infantil, pero ellos han sido el común de muchos niños a través de gran parte de la historia humana, y continúan siendo el común de muchos niños en gran parte del mundo hoy: el dominio por medio de la violencia o la amenaza de la violencia por parte de padres, familiares adultos o hermanos mayores; siendo testigos de la dominación de madres y hermanos; el adoctrinamiento, especialmente en los niños, en que la violencia física es el modo esperado y apropiado para finiquitar disputas. Por cierto, la brutalización era lo normal entre la mayoría de los niños en Alemania al comienzo del siglo XX. También es el estándar en la experiencia regimental de los reclutas militares: la subyugación violenta o de amenaza de violencia por parte de los instructores, siendo testigos de estos mismos subyugando a los compañeros de barracas, indoctrinando en responsabilidades de combate. El entrenamiento militar impone sobre los reclutas, la indoctrinación de la violencia en el sentido que da Athens, la instrucción especifica en armas y tácticas, y la brutalización puede continuar más allá del entrenamiento básico. “La dura disciplina militar tiene una larga tradición en Alemania”, informa el historiador Omer Bartov en “El Ejercito de Hitler”. “…La obediencia estricta demandada de las tropas, los castigos draconianos impuestos a los ofensores, sin lugar a dudas jugaron un mayor rol en mantener la cohesión de unidad bajo las mas adversas condiciones de combate”. El entrenamiento en las SS, del modo que Himmler lo organizo, era conocido por su brutalidad; el entrenamiento en la división Tontenkopf, que proporcionaba guardias para los campos de concentración, era aun mas brutal. Incluso el entrenamiento de la policía ordinaria antes de la guerra en la Europa germano-parlante, era brutal: Fritz Stangl, mas tarde comandante del campo de exterminio en Treblinka, le dijo a Gitta Sereny sobre su experiencia en la academia de policía en Austria, “Ellos la llamaban la ‘Escuela de Viena’… Eran una turba de sádicos. Ellos grabaron el sentimiento entre nosotros que todo el mundo estaba en contra nuestra: que todos los hombres eran corruptos”.

    La brutalización “es una experiencia odiosa y traumática”, observa Athens. Deja al novicio desvalido, “abrumado por los hechos que han pasado en su vida”, profundamente choqueado y confundido. “Por que todo esto me ha sucedido?” el empieza a preguntarse. El trasfondo de esta problemática emocional señala el inicio de la segunda etapa de la socialización de la violencia, la beligerancia.

    Como otros traumas sociales que la gente sufre en su vida, que la expone a desafíos que su previa experiencia no la ha preparado para dominar – enfermedad grave, desastre natural, desfiguramiento físico, muerte de un ser amado – el trauma de la brutalización destruye la identidad del novicio. Por supuesto, destruir la identidad de un recluta es el propósito del entrenamiento militar básico, parte de un proceso institucional que las organizaciones militares han evolucionado a través de errores y aciertos, durante centenares de años, para transformar a un civil en un soldado.

    Al moverse hacia la beligerancia, el novicio cuestiona sus valores previos, los cuales fracasaron para explicar la brutalización. Meditando largamente sobre su experiencia de brutalización, el se enfoca en su actuación y responsabilidad personal, finalmente identificando la pregunta específica que el tiene que responder: Que puedo hacer para evitar que otras personas subyuguen de manera violenta a mí y a las personas que yo quiero? Expresado de manera distinta, su problema es encontrar un medio para reorganizarse en alguien que puede exitosamente sobrevivir posteriores encuentros con el tipo de experiencias traumáticas que han destruido su antigua identidad.

    Cuando la gente ha pasado por el trauma y la fragmentación social, ellos buscan respuestas en otros que ha exitosamente vencido experiencias semejantes. El sujeto beligerante tiene una base de consejos a mano sobre como tratar con la subyugación violenta – las historias, el ridículo, las amenazas y las arengas de sus instructores violentos – y ahora, abruptamente, se da cuenta que sus consejos tienen sentido. “Es como si el sujeto hubiera estado inicialmente sordo”, escribe Athens, “y solo ahora ha escuchado lo que su instructor ha estado diciéndole todo este tiempo: acudir a la violencia es algo necesario en este mundo”.

    Golpeado por esta visión, que toma la fuerza de una revelación personal, y convencido de su corrección, el sujeto beligerante ahora “firmemente resuelve recurrir a la violencia en sus futuras relaciones con la gente”. Esta primera resolución violenta – resolver herir gravemente o incluso matar a alguien si las circunstancias lo exigen – es un hito en la vida del individuo, pero aun es poderosamente cualitativo. “El sujeto esta preparado a recurrir a la violencia potencialmente letal”, explica Athens, “pero solo si el lo considera absolutamente necesario para su bienestar corporal y mental, y si el cree que tiene alguna oportunidad de éxito”. O sea, el resuelve utilizar la violencia – pero solo defensivamente, para protegerse a si mismo o a la gente que el quiere, contra un peligro inminente o al menos, un antagonista cruel y decidido. Por que estas cualidades? Porque atacar personalmente a alguien con la seria intención violenta involucra el riesgo de heridas graves, incluso muerte. Nadie confronta tales riesgos a la ligera, ni siquiera los más experimentados oficiales de policía o soldados del frente.

    Al hacer esta resolución mitigadamente violenta, el sujeto se mueve desde la beligerancia, segunda etapa de la socialización de la violencia, a la tercera etapa: la actuación violenta.

    Dadas las circunstancias apropiadas, el se decide a utilizar seria violencia contra cualquiera que lo provoque seriamente. Un sujeto puede ganar o perder en dicha confrontación violenta, o la lucha puede terminar en un empate. La derrota, especialmente repetidas serias derrotas, puede llevarle a cuestionar la sabiduría de su violenta resolución, y decidir que tiene poca aptitud para la violencia y resignarse a la no-violencia. Entonces su resolución puede desvanecerse, o su aun frágil nueva identidad que el ha estado tratando de construir podría desmoronarse del mismo modo que su antigua identidad se desmorono, dejándolo nuevamente fragmentado y desvalido. El suicidio y la violencia están inversamente correlacionados en poblaciones específicas, por ejemplo, sugiriendo que el suicidio es una salida alternativa para resolver los conflictos que la brutalización presenta. Unos cuantos miembros del Einsatzgruppen tomaron esa decisión, como lo hicieron, por supuesto, un numero mucho mayor de victimas Judías.

    Pero el éxito con la violencia defensiva marca un punto de no retorno en el desarrollo de la violencia en el sujeto. El ha probado su resolución, lo cual le da un gran grado de satisfacción personal. También ha respondido la dolorosa pregunta que el identifico durante la etapa de beligerancia, sobre como protegerse a si mismo y la gente que el quiere, de la subyugación violenta. La tercera etapa de la socialización de la violencia parece, en efecto, ser relativamente estable; mucha gente que ha sido violentamente socializada hasta este punto, se detiene aquí y no avanza mas allá, permaneciendo preparada por el resto de sus vidas a utilizar seria violencia solo cuando estén físicamente amenazadas o seriamente antagonizadas – en la terminología de Athens, marginalmente violentas. Las modernas sociedades Occidentales están compuestas de poblaciones mixtas de gente pacifista y marginalmente violenta: gente que no esta preparada para utilizar seria violencia incluso si son físicamente amenazadas y gente que si lo esta. Ninguno de estos se considera a si mismos violentos, a partir del hecho que su violencia, si es que existe, es esencialmente defensiva. Por supuesto, las modernas sociedades Occidentales también incluyen pequeñas poblaciones de gente completamente violenta, una minoría aberrante que las agencias policiales se esfuerzan en contener.

    El entrenamiento de violencia institucional esta diseñado para socializar a los oficiales hasta el punto de actuaciones violentas defensivas – o sea, hacerlos marginalmente violentos – pero bloquear un posterior desarrollo violento. Los policías y soldados son violentamente socializados hasta esta tercera etapa, para prepararlos para controlar y proteger al resto de nosotros. Muchos permanecen marginalmente violentos por el resto de sus carreras. Pero la tercera etapa puede transformarse en una ladera resbalosa, debido a que incluye la mayoría de las experiencias violentas necesarias para transformarse en alguien completa y maléficamente violento. Todo lo que faltaría es el refuerzo social a una identidad violenta y una resolución amplia para utilizarla.

    Aquellos componentes finales de la socialización de la violencia constituyen la cuarta etapa, la virulencia.

    Sin importa cuan personalmente satisfecho un actor violento sea con su victorias defensivas, ellas no cambiaran su punto de vista fundamental de si mismo – su auto-concepción, su identidad – a menos que otras personas las reconozcan y demuestren el completo significado para el mediante sus acciones. Cuando la gente se entera de la exitosa actuación violenta de alguien a quien previamente juzgaron como no-violento, ellos actúan de manera distinta con el: comienzan a tratarlo como si el fuera peligroso. “Ellos actúan hacia el de modo mucho mas cauto”, escribe Athens, “tomando gran cuidado en no ofenderlo o provocarlo de ninguna manera… Por primera vez, el sujeto abiertamente siente genuina aprehensión cuando el se acerca a las personas”. Estas experiencias intelectuales de violenta notoriedad, especialmente cuando se combinan con sus dolorosas memorias de sentirse vulnerable e inadecuado durante la brutalización ya la beligerancia, lo empujan a creer que la violencia funciona, que el ha descubierto un modo de no solo confiablemente protegerse a si mismo de la violenta opresión de otros, sino también de dominar a otras personas, del mismo modo que el alguna vez fue dominado. En este punto, Athens encuentra que, “el sujeto hace una nueva resolución violenta que sobrepasa de lejos la que el hizo anteriormente… El ahora firmemente resuelve atacar físicamente a la gente con la seria intención de herirlas gravemente o incluso matarlas, por la mas leve o no existente provocación… Al hacer esta ultima resolución violenta, el sujeto ha completamente cambiado su estatus de postura mas o menos defensiva, a una decididamente ofensiva”.

    Con esta resolución final para utilizar la violencia ofensivamente, la socialización de la violencia del sujeto es completa. Alguien que esta preparado para utilizar seria violencia física contra victimas que lo provocan mínimamente o en absoluto, es claramente una persona peligrosa; tales actos son criminales en las sociedades modernas, sin importar el estatus oficial del perpetrador.

    La evidencia de Athens que la socialización de la violencia era el común denominador entre los criminales violentos que el estudio, respaldan con fuerza su idea que esta es a causa de la criminalidad violenta. Los claros paralelos entre la socialización violenta, la cual Athens descubre en el pasado común de los criminales violentos, y el entrenamiento militar de combate, el cual ha evolucionado mediante aciertos y errores durante siglos, demuestran de primera mano que una truncada forma de socialización violenta ha sido adaptada por las instituciones armadas, para convertir a los reclutas en capacitados profesionales de la violencia.

    Los militares limitan la violencia casi del mismo modo que la entera sociedad limita la violencia: instituyendo y manteniendo controles sociales formales e informales. La ley militar, por ejemplo, distingue entre la ejecución legal y aceptable de combatientes enemigos, de la ejecución ilegal e inaceptable de prisioneros enemigos, la mutilación de cadáveres enemigos, la tortura de prisioneros o la violación, agresión o asesinato de no-combatientes. La violencia inaceptable es punible bajo la ley militar del mismo modo que la violencia inaceptable es punible bajo la ley civil.

    La agitación social y la notoriedad violenta en las organizaciones militares son organizadas, limitadas y parceladas en rituales obligatorios de diferencia de rango – hablando solo cuando se le hable, adoptar posición firme, saludar, llamar oficiales “señor”, dar o recibir ordenes obligatorias – las cuales no solo recuerdan la cadena jerárquica de mano, sino también formalizan los diferentes grados de experiencia militar (y por ende, violenta). Emblemas y medallas, las cuales los civiles a menudo encuentran misteriosas e incluso exóticas, son potentes y admirable emblemas de honrosa actuación violenta. Las evocaciones formales e informales del honor y orgullo militar, delimitan las fronteras del comportamiento violento aceptable. El estigma y desprecio social pueden tener consecuencias letales bajo condiciones de combate, y son por lo tanto poderosos controles sociales cuando son dirigidos contra soldados que utilizan la violencia de forma maléfica. La distancia – mecánica (matando a distancia por medio de artillería o bombas) u organizadamente (múltiples ejecutores disparando al mismo tiempo) – también limitan efectivamente la socialización mas allá de la violencia defensiva.

    Refrenar a los soldados a la violencia defensiva es importante para los militares por razones mas inmediatamente practicas, que simplemente conforme a obligaciones de tratados limitando la violencia militar: los soldados cuyas experiencias y elecciones los han transportado desde la virulencia hacia la maldad criminal, son subversivos a la disciplina militar y peligrosos no son para el enemigo, sino también para sus propios camaradas, particularmente para los superiores que los ponen frente al riesgo de muerte. Bartov describe justamente el desarrollo de tales complicaciones en la Wehrmacht tras Barbarossa:

    Dentro de las filas del ejercito, brechas en la disciplina de combate eran castigadas con dureza sin precedente y desprecio por la vida; del mismo modo, se les ordenaba a los soldados cometer actos “oficiales” y “organizados” de asesinato y destrucción contra civiles enemigos, prisioneros de guerra y la propiedad; y, como consecuencia de la legalización de la criminalidad, las tropas pronto recurrieron a requisas “ilegales” y ejecuciones indiscriminadas explícitamente prohibidas por sus comandantes. Sin embargo, en clara contradicción con la dura disciplina de combate, las tropas raramente eran castigadas por crímenes no autorizados contra el enemigo, debido a la subrepticia simpatía de sus comandantes para con dichas acciones, y porque ellas constituían una conveniente válvula de escape para liberar la rabia y frustración de los hombres, y por el crecientemente duro costo y desesperanza de la guerra. De este modo, se creo un círculo vicioso donde la perversión de la disciplina alimento un creciente barbarismo, el cual a su vez brutalizo aun mas la disciplina.

    El modelo de socialización de la violencia de Athens proporciona un instrumento basado en evidencia, a través del cual contemplar el Tercer Reich, y específicamente al Einsatzgruppen, que podría ayudar a iluminar su historia y así la historia del Holocausto.

    Cuando el Mariscal de Campo y Presidente del Reich Paul von Hindemburg, un gigante con una voz de basso profundo, invito a Adolf Hitler a asumir la chancillería de Alemania el 30 de Enero de 1933, el nuevo Fuhrer instalo un gobierno de criminales y ex-soldados radicalizados, incluyendo homicidas convictos como el funcionario del Partido Nazi Martin Bormann y el futuro comandante de Auschwitz, Rudolf Hoss. Cerca del 30% de los miembros del Partido Nazi tenían un fuerte pasado militarista, muchos de ellos como irregulares combatiendo en las calles como miembros del Freikorps, los cuales fueron responsables de cerca de 400 asesinatos políticos en los caóticos años de posguerra.

    El mismo Hitler había estado preso en Landsberg en 1924, por alta traición por su parte en el Putsch de la Cervecería en Munich, el cual incluyo disparar en el aire para tomar el mando de una muchedumbre y tomar rehenes a punta de pistola. Antes de eso, en 1921, el y otros lideres de partido se habían subido a una plataforma y asaltado a un orador monarquista Bávaro. A partir del hecho que tres guardaespaldas del tipo se interpusieron en el asalto – un total de seis hombres rodeando a la victima, Otto Ballerstedt – el grado de participación personal de Hitler es poco claro. Ninguno de los incidentes puede ser caracterizado como una actuación violenta exitosa, y no hay otra evidencia que Hitler fuera personalmente violento, sin importar los muchos millones que el más tarde mandaría a matar. El sirvió durante cuatro años como correo en el ejercito Alemán, durante la Primera Guerra Mundial, pero “a pesar de su habito a exagerar y auto-agrandamiento”, escribe el biógrafo George Victor, “a pesar de estar en cincuenta batallas, el no tomo crédito personal por ninguna muerte”. Hitler aparentemente nunca paso de la etapa de actuación violenta del proceso de socialización de la violencia, y continuo exhibiendo características de beligerancia, incluyendo desorganización psicológica, recuerdo de humillaciones, desprecio por instituciones tradicionales y fantasías sobre violenta venganza. Durante toda su vida permaneció encerrado en una lucha personal con su previa brutalización, un trauma que el ordenar a otros matar, podía temporalmente calmar pero nunca resolver. El aseguro estar inhibido de utilizar la violencia por su propia mano debido a su moralidad de clase media. El político de Danzig, Hermann Rauschning, quien conoció a Hitler personalmente, percibió su beligerancia no resuelta y entendió que esto lo hacia más peligroso que si le hubiera sido personalmente violento:

    “Todos quienes conocieron a Hitler durante los primeros años de lucha saben que el era por naturaleza, un temperamento inconfundiblemente sentimental y fácil de conmover, con una tendencia hacia el emocionalismo y el romanticismo. Sus ataques de llanto durante todas las crisis emocionales no son de ninguna manera un mero asunto de nerviosismo… Por esta misma razón, allí yace, tras el énfasis de Hitler en la brutalidad y la insensibilidad, la desolación de una inhumanidad forzada y artificial, no la amoralidad de un bruto genuino, lo cual tiene después de todo algo del poder de la fuerza de la naturaleza. De cualquier modo, en la dureza y cinismo sin paralelo de Hitler hay algo más que el efecto reprimido de una hipersensibilidad que ha lisiado a su portador. Es el ansia de represalia y venganza, un sentimiento nihilista verdaderamente Ruso”.

    La brutalización de la niñez de Hitler es innegable, a pesar que sus biógrafos curiosamente han sido reluctantes a reconocerla. Su reluctancia podría nacer del no deseo a ser vistos “psicoanalizando” a una figura histórica tan enorme y destructiva. El psicoanálisis puede ser dejado a los analistas, pero reportar las experiencias sociales perfectamente autentificadas de un sujeto, son la primera responsabilidad de un biógrafo.

    El padre de Adolf Hitler, Alois, era un oficial de aduana austriaco que había forjado su camino hacia arriba desde el campesinado. La madre de Hitler, Klara, 23 años menor que su marido, había sido una sirvienta en la casa de Alois durante la última enfermedad de su segunda esposa. Los tres niños que ella le dio a Alois, previos a Adolf, murieron de difteria con solo días de separación entre ellos, en el verano de 1887; Adolf nació un 20 de abril de 1889. Un compañero de aduanas y vecino, caracterizo al padre de Hitler como duro, “nada simpático”, “inaccesible”, “difícil de trabajar con el”; incluso uno de los amigos de Alois comento que “su esposa no tenia nada de que sonreír”.

    El hermanastro mayor de Adolf, Alois (hijo), quien abandono el hogar a los catorce para escapar la violenta subyugación de su padre, nunca olvido las severas golpizas que recibió. Su hijo, William Patrick Hitler, dijo a investigadores Estadounidenses, que “Alois (padre) frecuentemente golpeada a Alois (hijo) sin piedad con un látigo de piel de hipopótamo. El demandaba la obediencia más absoluta… Cada transgresión era otra excusa para una azotaina”. La primera esposa de Alois (hijo), Brigid, añadió que el padre de Hitler había sido un hombre de un “temperamento muy violento” que “a menudo golpeaba al perro hasta que el animal… se meaba en el suelo. Él a menudo golpeaba a los niños, y en una ocasión… a su esposa Klara”. La hermana menor de Hitler, Paula (nacida en 1896) le dijo al biógrafo John Toland, “era especialmente mi hermano Adolf quien especialmente provocaba a mi padre a una extrema dureza y quien obtenía su merecida ración de golpizas cada día”.

    El mismo Hitler se ufano frente a uno de sus secretarios, que tras leer sobre el estoicismo de los indios de las novelas del Lejano Oeste que el consumía cuando niño, el había “resuelto no emitir un sonido la próxima vez que mi padre me azotara. Y cuando llego el momento – aun puedo recordar a mi asustada madre parada afuera de la puerta – silenciosamente conté los golpes. Mi madre pensó que me había vuelto loco cuando sonreí orgulloso y dije: ‘papa me pegó 32 veces!’…” Para unos invitados a cenar, Albert Speer informó, “Hitler repetidamente hablaba de su juventud, enfatizando lo estricto de su crianza. ‘Mi padre solía darme duros golpes. Es mas, creo que fue necesario y me ayudó’…” Ambos, Alois hijo y Adolf fueron asfixiados o golpeados hasta la inconsciencia por parte de su padre debido a graves fechorías: en el caso de Alois hijo, por no ir a clases durante tres días para construir un bote de juguete; en el caso de Adolf, por huir de la casa a los diez u once, para escapar de su brutal padre.

    Hitler ascendió a la beligerancia rebelde cuando tenía once años, tras su intento de fuga de su casa. Sus excelentes notas en la escuela abruptamente se deterioraron. Comenzó a leer sus libros del Lejano Oeste en la escuela, llevaba una cuchilla Bowie y un hacha, y se gano de sus maestros adjetivos como “solitario”, “resentido”, “sombrío” y “poco cooperativo”. Ni la abrupta y temprana muerte de su padre en 1903 alivio su conflicto. Su principal maestro en la escuela corroboro su beligerancia, durante su testimonio en el juicio del Putsch de 1924:

    “Hitler era dotado, prejuicioso, incontrolado y era conocido por ser porfiado, inconsiderado, moralista e iracundo; era difícil para el encajar en el ambiente de la escuela. También no era diligente, porque de otra manera, con su talento, el habría sido mas exitoso… Las instrucciones y regaños era recibidas con una irritación abierta; de sus compañeros el demandaba sumisión incondicional, como en el rol de Fuhrer, y era inclinado a las bromas”.

    Pero sin éxito en actuaciones violentas, Adolf estaba pegado en una transición entre identidades. Sus fantasías se quedaron en la gloria militar tras leer un relato sobre la guerra Franco-Prusiana. “No demoro aquella gran lucha histórica en transformarse en mi mayor experiencia interior”, el escribió en Mein Kampf. “Desde allí en adelante me volví mas y mas entusiasta sobre todo lo que de una u otra manera estuviera conectado con la guerra o, sin ir mas lejos, con la milicia.”. Sin embargo, el ya estaba practicando la oratoria publica – improvisando oraciones para su mejor amigo, August Kubizek, “acompañada de vividos gestos” – y a los quince, Kubizek informa, el ya era “un pronunciado antisemita”.

    Después que su madre muriera de cáncer al pecho a finales de 1907, Adolf, ahora 18 años, se mudo a Viena, donde esperaba estudiar arquitectura, pero fue rechazada su admisión a la Academia de Artes. El culpo de aquel rechazo a los judíos. “En Viena aprendí a odiar a los Judíos”, dijo al editor periodístico Richard Breitling en 1931. “…Realmente quería ser un arquitecto. Los Judíos de Viena supieron como impedir eso. Se equivocaron porque ahora tienen a un político en sus manos”. El fracaso al resolver los conflictos de brutalización, desembocan en un colapso, y Hitler se hundió en la depresión y el desorden en Viena, donde durante 6 años vivió una vida de miserable semi-indigencia. “Este patológico y maléfico mundo de envidia, desprecio y egoísmo”, escribe Joachim Fest, “donde todos estaban en el borde de una oportunidad para arrastrarse hacia arriba y solo la crueldad garantizaba el escape, se transformo en el hogar y periodo de formación de Hitler durante los siguientes años. Aquí, su idea de humanidad y su retrato de la sociedad fueron moldeados; aquí el recibió sus primeras impresiones políticas y se pregunto sus primeras interrogantes políticas, a las cuales el respondió con el creciente resentimiento, el odio y la impotencia del paria”. Hitler reconoció la importancia de sus años en Viena: “durante aquella época forme una imagen del mundo y una Weltanschauung” escribió en Mein Kampf, “las cuales se transformaron en la base de granito para mis acciones. Poco podría añadir a aquello que aprendí entonces y nada tengo que cambiar… (Viena) fue y permanece para mi, como la mas dura, y también como la mas completa escuela de mi vida”.

    La Gran Guerra le ahorro mayor humillación, y cuando se enrolo en la infantería Bávara en agosto de 1914, el lo celebro entusiastamente: “Para mi, aquellas horas parecieron una liberación de aquellos dolorosos sentimientos de juventud. No me avergüenza admitir incluso hoy que, poseído por un salvaje entusiasmo, caí de rodillas y agradecí al Cielo desde un corazón desbordado, por otorgarme la buena fortuna de permitirme vivir en esta época… Sabia que mi lugar seria entonces donde mi voz interior me dirigiera”. La socialización de Hitler había sido dolorosamente prolongada debido a su fracaso, o en tener éxito en actuaciones violentas, o en encontrar alguna alternativa no-violenta, y ahora, súbitamente, una gran guerra mundial intervino y le permitió probar esa posibilidad.

    Entre 1914 y 1916 sirvió en Ypres, Flandes, Neuve Chapelle, Flandes, La Bassee, Arras y Flandes nuevamente. Como un correo, el llevaba mensajes desde los cuarteles regimentales hacia las líneas del frente y viceversa. “Las ordenes que el llevaba ponían a los batallones en movimiento”, observa el psiquiatra G.M. Gilbert durante el Juicio de Nuremberg, “iniciaban ataques de artillería, o enviaban ordenes hasta las filas de sostener posiciones sin importar las bajas”. Gilbert sospecha que esas experiencias proporcionaron a Hitler con “una identificación indirecta con la autoridad”. La identificación de Hitler fue mas que indirecta; sus experiencias como correo le revelaron el poder y el refugio de la violencia ordenada, de la cual el era el canal. Él vio simples soldados muertos por centenares y millares, y oficiales también, pero los altos oficiales en los cuarteles regimentales que ordenaban la violencia, dirigían y contemplaban la carnicería desde la seguridad, así como el lo haría como Fuhrer desde sus seguros búnkeres bien enterrados tras las líneas.

    Él amaba la milicia y se imaginaba a si mismo como indestructible, pero para 1915, lo que el denomino en una postal “el eterno fuego de artillería” lo había traumatizado, como traumatizo a todos los demás. En Mein Kampf el aseguro que se rearmo a si mismo:

    “Y así continuó, año tras año, pero el romance de la batalla había hecho camino al horror, el entusiasmo gradualmente se enfrió, y el placer exuberante se endureció por el miedo mortal. Había llegado el momento cuando todos nosotros teníamos que luchar entre el instinto de auto-preservación y el llamado del deber. Yo, también, no me libre de esta lucha. Donde fuera que la Muerte estaba de cacería, un vago ‘algo’ trataba de rebelarse, y trataba de representarse a si mismo, al débil cuerpo, como razón, pero era solo cobardía que con un tal disfraz intentaba apoderarse del individuo. Un grave forcejeo y advertencia se instalaban y a menudo era el último residuo de conciencia el cual decidía el problema. Aun así, mientras mas esto lo llamaba a uno a la cautela, mas fuertes y mas insistentes sus tirones, mas acentuada la resistencia contra el crecía, hasta que finalmente, tras una prolongada lucha interna, el sentido del deber ganaba la partida. En mi caso, este problema se decidió en el invierno de 1915-16. Al final, mi voluntad fue el amo indiscutible. Si en los primeros días subí la cumbre con alegría y risas, ahora estaba calmo y determinado. Y esto fue permanente. Ahora el Destino podía traer las ultimas pruebas sin que mis nervios se destrozaran o mi razón fallara”.

    Tiempo después, el podía efectuar una imitación de cinco minutos de un ataque de artillería, reproduciendo todos los diferentes sonidos que los mortíferos proyectiles hacían, cuando giraban a través del aire. Pero sus nervios finalmente se destrozaron. Fue herido en la cadera izquierda por esquirlas en el Somme, en octubre de 1916, se recuperó en un hospital, retorno al frente, sirvió en Flandes, en el Marne, en Champagne y nuevamente en Flandes, en 1917 y 1918. En octubre de 1918, fue gaseado en La Montagne – Fest confirma la herida en el registro de guerra de Hitler – y también pudo haber sufrido trauma de combate, tras ser enterrado por la explosión de un proyectil. El gas mostaza lo cegó temporalmente y fue enviado a un hospital en Pasewalk, al norte de Berlín, para tratamiento. Muchas semanas después comenzó a ver nuevamente – “distinguiendo los trazos mayores de las cosas alrededor mío”, el dice en Mein Kampf – cuando “la cosa monstruosa ocurrió”. La cosa monstruosa fue el colapso de Alemania, los motines del ejército y la armada, los golpes Socialistas y la declaración de la Republica de Weimar, para Hitler “la mayor villanía del siglo”. La guerra termino en derrota. Cuando un capellán llego al hospital y le explico lo que la derrota significaría, Hitler lo tomo de forma personal. Difícilmente podría tomar la derrota de otra manera, a partir del hecho que la milicia le había dado una oportunidad para probar una identidad estable:

    “El anciano… comenzó a decirnos que ahora debíamos terminar la larga Guerra, si, que ahora estaba perdida y que ahora estábamos a merced de los vencedores, nuestra Patria estaría por el futuro inmediato, expuesta a una negra opresión, que el armisticio debería ser aceptado con la confianza en la magnanimidad de nuestros anteriores enemigos – no lo pude soportar mas. Se volvió imposible para mi el quedarme sentado quieto un minuto mas. Nuevamente todo se volvió negro frente a mis ojos”.

    “Sabias que una vez estuve ciego?” Hitler exclamo a Richard Breitling durante una entrevista en 1931. “En noviembre de 1918”, continuo, “cuando los Rojos estaban destruyendo Berlín, yo estaba en un hospital militar, cegado. Allí fue cuando comencé a ver”. Algunos biógrafos han interpretado estas ambiguas declaraciones como que Hitler sufrió una segunda e histérica ceguera en Pasewalk, cuando escucho del colapso Alemán. De mayor significancia es una aseveración que repetidamente hizo mas tarde – mas exactamente en una conversación con el periodista de Hearst, Kart von Wiegand, tres o cuatro años después de la guerra – de que el concibió su llamado político en Pasewalk. Von Wiegand dijo que Hitler le hablo sobre su herida de gas en 1921 o 1922, y añadió, “mientras yacía allí, se me ocurrió que liberaría al pueblo Alemán y haría a Alemania grande”. Ordenar a otros a cometer atroces actos de violencia en su nombre, se transformo para Adolf Hitler, en un substituto de utilizar el personalmente la violencia.

    Nada de su historia personal seria relevante si Hitler se hubiera ido a vivir una vida menor, pero su lucha personal dio color y forma al partido político que el fundo, y el posterior estado Nazi. “En sus raíces”, confirma Fest, “la ideología Nacional Socialista contiene una sola tangible idea: la idea de la lucha. Esto determino las clasificaciones, los valores y la terminología, del joven movimiento y del Tercer Reich. No solo le dio a la confesión de fe escrita de Hitler (Mein Kampf) su intencionado titulo, sino también marco profundamente el contenido y tono del libro, en el que incluso a veces la idea de raza, otra pieza clave de la ideología Nacional Socialista, toma un segundo lugar”.

    La lucha de Hitler con la identidad y con la dominación, resonó en millones de alemanes, particularmente ex-soldados, quienes habían sido empobrecidos, humillados y degradados por la Gran Guerra, escribe el sociólogo Eric Wolf:

    “La Primera Guerra Mundial trajo un nuevo tipo de guerra… Batallas masivas, luchadas a lo largo de un laberinto de trincheras, que devoro las vidas de cientos de miles. Fue para muchos una experiencia limite (donde cruzaron un umbral)… que los separo de la vida ordinaria, destruyo su acostumbrada estructura individual, y reintegro a los iniciados en el grupo primario de los camaradas. Esta secuencia de desplome y reemergencia dio nacimiento al síndrome del veterano retornado, que se encuentra a si mismo incapaz de relacionarse con la gente en casa. Tras la derrota Alemana, mucho continuaron combatiendo, notablemente contra los Guardias Rojos revolucionarios en los países Bálticos. Unos 200 mil veteranos se unieron a las bandas armadas del Freikorps de posguerra, y se transformaron en los hombres fuertes subsidiados para causas de la Derecha durante la Republica de Weimar, hasta que fueron absorbidos por el movimiento (Nazi). ‘Esta gente nos dijo que la guerra termino’, dijo el futuro líder de las SA, Friedrich Wilhelm Heinz. ‘Eso era un chiste: nosotros mismos estábamos en guerra’…”.

    “Es un sin sentido explicar el triunfo de Hitler según las tendencias de la antigua Alemania o las tendencias del pensamiento intelectual Alemán”, escribe el sociólogo Meter Merkl, secundando a Wolf. “La Primera Guerra Mundial fue el principal punto de quiebre en el desarrollo político Alemán; sus consecuencias condenaron a la Republica de Weimar y prepararon el escenario para el triunfo de Adolf Hitler”.

    Durante la guerra Hitler identifico al enemigo como “influencias foráneas” e “internacionalismo domestico” – o sea, ideología Marxista, Comunismo. Pero incluso inmediatamente tras la guerra, a pesar de ser ciertamente un rabioso antisemita, el aun no había vinculado definitivamente a los Comunistas con los Judíos. En una guía para instrucción militar sobre “el peligro de la Judería” que el escribió en septiembre de 1919, el denomino a los Judíos una “tuberculosis racial de los pueblos”, pero argumento por un “antisemitismo con razón”, que “debe llevar a combatir y eliminar sistemáticamente los privilegios Judíos”, con su “ultima meta… la implacable remoción de los Judíos”.

    La derrota en la guerra fue seguida por un sufrimiento general en Alemania. “Los efectos de la inflación”, escribe la historiadora Anna Bramwell, “transformaron los salarios y pensiones fijas en papel sin valor, lanzar a la bancarrota a muchos deudores, e interferir con el comercio interno. Esto, junto con los efectos del bloqueo bélico, se había traducido en años de hambre y enfermedad. En 1919, el 90% de todas las camas de hospital estaba ocupado por casos (de tuberculosis). Observadores Británicos tales como (John Maynard) Keynes comentaron sobre los niños desnutridos, sus rostros amarillentos por la carencia de grasas. Una marcada característica de las fotografías de las muchedumbres Alemanas en los años 20… son los rostros esqueléticos”. La Depresión, cuando 7 millones de alemanes estaban desempleados, termino el trabajo. Humillación, hiperinflación, hambre, desempleo, fortalecieron a agitadores mesiánicos como Hitler.

    Hitler “dio la bienvenida a la miseria”, escribe un analista, “…declarando la necesidad de orgullo, voluntad, desafío, y ‘odio, odio y mas odio!’…” Sin embargo, muy pronto se dio cuenta que sus tantos y tan diseminados odios eran confusos y comenzó a resumirlos. El quería colgar a todos los judíos en Alemania, les dijo a numerosos entrevistadores con fiereza, y dejarlos colgando hasta que hedieran, “hasta que los principios de la higiene lo permitieran”. Pero también hablo calmadamente de buscar deliberadamente la “correcta especie de victima… especialmente una contra la cual la lucha tendria sentido, materialmente hablando” y llegando a la conclusión “que una campaña contra los Judíos seria tan popular como exitosa… Están completamente indefensos, y nadie se levantara para defenderlos”. En otra ocasión, añadió, “la experiencia nos enseña que tras toda catástrofe, se encuentra a un causante”.

    Como su alusión a un causante implica, el vertiginoso ascenso de Hitler al poder, y la carismática autoridad que sus millones de seguidores le cedieron, deriva directamente de la estructura cuasi-religiosa de sus políticas; el Nacional Socialismo como Hitler lo organizo era esencialmente un culto religioso. Rene Girard, un antropólogo francés, ha propuesto que las religiones surgen en tiempos de gran conflicto social, cuando la comunidad ejerce su violencia contra una victima escogida; su resumen sobre el proceso podría ser un resumen del surgimiento y triunfo del Nazismo:

    “Repentinamente, la oposición de todos contra todos fue reemplazada por la oposición de todos contra uno. Cuando previamente había existido un caótico conjunto de conflictos particulares, ahora esta la simplicidad de un único conflicto: la entera comunidad de un lado, y en el otro, la victima. La naturaleza de esta resolución de sacrificio no es difícil de comprender; la comunidad se encuentra a si misma unificada una vez mas, a expensas de una victima que no solo es incapaz de defenderse, sino también incapaz de provocar ninguna reacción de venganza; la inmolación de una victima como esa jamás crearía un nuevo conflicto o aumentaría la crisis, debido a que esta victima ha unificado la comunidad en su oposición. El sacrificio es simplemente otro acto de violencia, uno que es sumado a una sucesión de otros; pero es el acto final de violencia, la ultima palabra”.

    Y este proceso de victimización no solo funciono para una significativa parte, posiblemente una mayoría, del publico Alemán, también funciono personalmente para el mismo Hitler. A partir de un indiscriminado desprecio hacia un amplio abanico de personas, conceptos y organizaciones, el comenzó a descubrir Judíos en todas partes, trabajando diabólicamente tras bambalinas. “La revolución de 1918 y la entera Republica de Weimar eran Judías”, el historiador Eberhard Jackel parafrasea la universalización de la influencia Judía: “el Marxismo, la ‘dictadura de sangre’ Soviética y, por supuesto, las altas finanzas… eran Judías; los partidos políticos de la Izquierda eran ‘mercenarios de la Judería’; y, finalmente, la democracia, los parlamentos, el gobierno de la mayoría y la Liga de las Naciones, eran todas Judías también”.

    La idea de una guerra de conquista contra la Unión Soviética apareció en el pensamiento de Hitler en 1924. El finalmente vinculo el Bolchevismo con una definitiva “conspiración internacional” judía en Mein Kampf, escrito en la prisión de Landsberg entre abril y diciembre de 1924, y publicado en dos volúmenes a comienzos de junio de 1925. Jackel encuentra “cuatro nuevos aspectos del antisemitismo Hitleriano” en el libro: “su creciente significado para el propio Hitler; un nuevo elemento misionero universalista; su vinculo con la definición (de Hitler) de política internacional; y, finalmente y sobre todo lo demás, una enorme radicalización de las medidas previstas (contra los Judíos)”. La eliminación de los judíos, Jackel añade, “se ha transformado ahora en su extinción y exterminio; efectivamente, se ha convertido abiertamente en un llamado a su liquidación física, a su muerte”.

    El resultado para el medio millón de Judíos en Alemania, una vez que Hitler tomo el poder e instauro su Tercer Reich, fue una opresión que escalo de manera creciente, a medida que las Leyes de Nuremberg sistemáticamente liquidaron los derechos de los ciudadanos Judíos y la política gubernamental los empujo a emigrar (después de despojarlos de sus propiedades). Paradójicamente, la primera operación de asesinatos masivos del régimen Nazi, fue la purga del propio ejercito paramilitar de Hitler, los camisas pardas de las SA – la purga de Rohm en junio de 1934, cuando las fuerzas SS de Himmler cazaron y asesinaron a mas de 200 enemigos políticos de Hitler y Goring.

    “Los asociados de Hitler”, escribe Victor, “dijeron que los arrestos tras el incendio del Reichstag, la purga de Rohm y las medidas antisemíticas de los años 30, fueron experimentos. Sirvieron para acondicionarlo a escalar la agresión, a acondicionar a sus seguidores y la nación para la destrucción masiva que vendría, y descubrir cuan lejos podía llegar”. Ciertamente, los mortíferos escalamientos de Hitler en los años 30 probaron la tolerancia del publico Alemán y mundial para con la violencia y atrocidades Nazis. Sin embargo, implicar que Hitler – con el “acondicionamiento” - se estaba endureciendo a si mismo, es inexacto; en efecto, su nivel de socialización violenta nunca cambio hasta el final de su vida, cuando mato a su nueva esposa Eva Braun en los últimos días de la guerra, antes de suicidarse. “La meta final de nuestra política es clara como un cristal para todos nosotros”, dijo Hitler al liderazgo partidario en 1937, hablando de sus planes para con los judíos. “Todo lo que me preocupa es no tomar un paso que mas tarde me vea obligado a retroceder, y nunca tomar un paso que pudiera dañarnos de alguna manera. Ustedes deben entender que yo siempre voy hasta donde me atrevo y nunca mas allá”. Cual era la meta final que era clara como un cristal? En 1935, en una conversación privada que un adjunto dejo por escrito – una nota escrita a mano que sobrevive – Hitler le dijo a sus mas cercanos colegas, “fuera con ellos de todas las profesiones y al ghetto con ellos; enciérrenlos en algún lugar donde puedan perecer como se lo merecen, mientras el pueblo Alemán observa, del modo que la gente observa a los animales salvajes”.

    La violencia genero violencia. Los campos de concentración se multiplicaron. Cuando Alemania absorbió Austria en marzo de 1938, los opositores políticos fueron asesinados por cuadros similares al Einsaztgruppe y los Judíos fueron arrestados masivamente y deportados a los campos de concentración Alemanes. La primera sinagoga fue incendiada en Alemania en junio de 1938, tras lo cual más de 2.000 ciudadanos Judío-Alemanes fueron arrestados e internados. En Evian, en el litoral Francés del lago Génova, en julio de 1938, 33 naciones y 39 organizaciones privadas se reunieron a sugerencia del presidente Franklin Roosevelt, para considerar el facilitar la emigración de refugiados políticos de Alemania y Austria, pero con la excepción de Dinamarca y Holanda, ninguna de las naciones estaba preparada para cambiar su cuota y aceptar mas Judíos. En octubre, tropas Alemanas invadieron Checoslovaquia. Aquel mes, Alemania expulso a 20.000 Judíos Polacos también, y siguió la Kristallnacht en noviembre.

    “Vamos a destruir a los Judíos”, dijo bruscamente Hitler al ministro de relaciones exteriores checo, Frantisek Chvalkovsky, el 21 de enero de 1939. “No se van a ir sin pagar por lo que hicieron el 9 de noviembre de 1918. El día de la venganza ha llegado”.

    Y así, en junio de 1941, los Einsatzgruppen rodaron hacia el Este.
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    1. Sirius's Avatar
      Sirius -
      llegando a la conclusión “que una campaña contra los Judíos seria tan popular como exitosa… Están completamente indefensos, y nadie se levantara para defenderlos”. En otra ocasión, añadió, “la experiencia nos enseña que tras toda catástrofe, se encuentra a un causante”.
      Situaciòn terriblemente parecida a la de los indocumentados mexicanos en los USA actualmente, o de algunos grupos de inmigrantes en Europa.

      Por cierto, y no me canso de repetierlo... ¿Que son las "prisiones especiales" de Arizona? Campos de concentraciòn, ni mas ni menos.

      Afortunadamente, ciudades como Los Angeles, San Francisco, y muchas otras incluso boycotearon en lo que pudieron al Estado de Arizona... y solo por eso (que no por la actitud de FECAL o los empresarios mexicanos, que parece que quisieran premiar a Arizona por su actitud), los nazis de ese desierto de mierda "le bajaron" un poco al tono de su racismo, y ven que sus acciones tienen algùn tipo de costo. Aunque polìticamente, si fue de gran ganancia electoral y lo que viene es por supuesto el empeoramiento de los emigrantes ilegales como "Sündenbock", practicamente "los causantes de la decadencia americana"... para esos tipos y los que se les unan en otros Estados en el corto plazo...

      Al mas puro estilo que se describe en el artìculo que traduciste.
    1. Sirius's Avatar
      Sirius -
      Por cierto, Atila...

      Tu eres admirador de Pinochet... y siempre he creido que no hay mucha distancia de eso a ser un admirador de los Nazis.

      Porque ademàs, creo que una buena parte de tus escritos en este sitio de Internet, giran en torno a este tema.

      Sin embargo, este texto que ofreces, entre otras cosas, es una critica bastante aspera a la mentalidad de Hitler, pràcticamente como un sociopata. Ademàs de muy buen texto sociologico que explique el fenomeno de la violencia en las sociedades.

      ¿Tu que opinas? ¿Es el fascismo (incluyendo el pinochetista) una aberraciòn socio-cultural del individuo y de la sociedad?

      Saludos.
    1. Atila's Avatar
      Atila -
      Si no tienes claro lo que es el Fascismo, poco puedo hacer yo.
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