Gloria
09-11-06, 09:15 AM
Un héroe frente a ETA
POR PABLO MINGOTE. MADRID.
Muchos son los que querrían estrecharle la mano, los que por la calle le saludarían y alabarían lo que hizo. Pero no es posible. Nadie sabe quién es el héroe anónimo que, haciendo gala de una impresionante templanza y sangre fría, fue capaz de seguir en su coche a los terroristas que acababan de cometer un atentado. Hace justo cinco años, un 6 de noviembre, un coche-bomba con 25 kilos de dinamita, había estallado en el cruce de las calles Corazón de María y Cardenal Silíceo de Madrid. El atentado falló su objetivo por muy poco: Juan Junquera, en aquel momento subsecretario de Estado de Policía Científica y ex alto cargo de los Ministerios de Presidencia y de Defensa. Sin embargo, hirió de gravedad a 97 personas inocentes.
Por las calles de la capital, nuestro hombre fue siguiendo a los asesinos, dando su ubicación a la Policía a través de su teléfono móvil. Como en las películas, mantuvo una cauta distancia con el coche de los miembros del «comando Madrid», con una pericia digna de un profesional para no ser detectado. Pese a que en cierto momento creyó que le habían descubierto e incluso cortó la comunicación, nuestro héroe anónimo no dejó el seguimiento. Con un arrojo y valentía fuera de lo común, llegó a abandonar su vehículo y siguió a los etarras a pie cuando éstos decidieron seguir la fuga caminando tras abandonar en un descampado el coche en el que se desplazaban, cargado de explosivos para borrar todos los rastros y huellas.
La intervención de este ciudadano, que por su expreso deseo se ha mantenido en el anonimato, permitió el arresto de dos terroristas, así como la posterior desarticulación del comando, el más activo de ETA hace cinco años y uno de los más sanguinarios en la deleznable historia de la banda asesina. Además, su intervención también sirvió para que no se detuviera a una pareja que no tenía nada que ver con las acciones criminales.
Una pareja, demasiado tranquila para lo sucedido, abandonaba «con cierta prisa» el lugar del atentado. Uno de ellos llevaba «una boina negra». A partir de ahí comenzaron veinte minutos de persecución en los que el héroe anónimo fue detallando los lugares por los que pasaba y facilitando datos concretos de los criminales, anteponiendo el deseo de que fuesen atrapados a su propia seguridad. Un esfuerzo que «valió la pena», según expresó en una carta remitida al alcalde de Madrid el día después del atentado y la persecución. Nuestro héroe anónimo escribió: «Había que tomar una decisión, y sin duda pesaba mucho la sangre una vez más derramada a manos terroristas. Eso hizo que emprendiera la persecución, olvidando tal vez mis propias circunstancias, absolutamente convencido de que demasiadas veces una actitud pasiva ha servido de amparo a los asesinos».
Además, modesto
No sólo decidió seguir a los etarras, arriesgar su vida y permanecer en un segundo plano, renunciando a la gloria que sin duda hubiese tenido. Además, aseguró que no era «momento de vanagloriarse» y que él no era «ningún héroe», atribuyendo el mérito a los agentes de Policía y a las personas que velan por nuestra seguridad.
«Mi nombre es el de cualquiera de vosotros que lea estas líneas y comprenda que el fin del terrorismo empieza en cada uno de nosotros, actuando sin miedo y permaneciendo alerta para la defensa de nuestro Estado de Derecho», aseguró esta excepcional persona que, con una nueva muestra de su calidad humana, firmó la carta como «un español más», con el convencimiento de que cualquiera hubiese hecho lo mismo que él.
Su determinación y valentía, que permitió el arresto de los criminales de ETA Aitor García Aliaga y Ana Belén Egües Gurruchaga, mereció la imposición de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.
Cinco años después queremos decirle a nuestro héroe anónimo: Muchas gracias, ojalá hubiese más personas así.
http://www.abc.es/20061107/nacional-terrorismo/heroe-frente_200611070305.html
:cf: :007: :trv:
POR PABLO MINGOTE. MADRID.
Muchos son los que querrían estrecharle la mano, los que por la calle le saludarían y alabarían lo que hizo. Pero no es posible. Nadie sabe quién es el héroe anónimo que, haciendo gala de una impresionante templanza y sangre fría, fue capaz de seguir en su coche a los terroristas que acababan de cometer un atentado. Hace justo cinco años, un 6 de noviembre, un coche-bomba con 25 kilos de dinamita, había estallado en el cruce de las calles Corazón de María y Cardenal Silíceo de Madrid. El atentado falló su objetivo por muy poco: Juan Junquera, en aquel momento subsecretario de Estado de Policía Científica y ex alto cargo de los Ministerios de Presidencia y de Defensa. Sin embargo, hirió de gravedad a 97 personas inocentes.
Por las calles de la capital, nuestro hombre fue siguiendo a los asesinos, dando su ubicación a la Policía a través de su teléfono móvil. Como en las películas, mantuvo una cauta distancia con el coche de los miembros del «comando Madrid», con una pericia digna de un profesional para no ser detectado. Pese a que en cierto momento creyó que le habían descubierto e incluso cortó la comunicación, nuestro héroe anónimo no dejó el seguimiento. Con un arrojo y valentía fuera de lo común, llegó a abandonar su vehículo y siguió a los etarras a pie cuando éstos decidieron seguir la fuga caminando tras abandonar en un descampado el coche en el que se desplazaban, cargado de explosivos para borrar todos los rastros y huellas.
La intervención de este ciudadano, que por su expreso deseo se ha mantenido en el anonimato, permitió el arresto de dos terroristas, así como la posterior desarticulación del comando, el más activo de ETA hace cinco años y uno de los más sanguinarios en la deleznable historia de la banda asesina. Además, su intervención también sirvió para que no se detuviera a una pareja que no tenía nada que ver con las acciones criminales.
Una pareja, demasiado tranquila para lo sucedido, abandonaba «con cierta prisa» el lugar del atentado. Uno de ellos llevaba «una boina negra». A partir de ahí comenzaron veinte minutos de persecución en los que el héroe anónimo fue detallando los lugares por los que pasaba y facilitando datos concretos de los criminales, anteponiendo el deseo de que fuesen atrapados a su propia seguridad. Un esfuerzo que «valió la pena», según expresó en una carta remitida al alcalde de Madrid el día después del atentado y la persecución. Nuestro héroe anónimo escribió: «Había que tomar una decisión, y sin duda pesaba mucho la sangre una vez más derramada a manos terroristas. Eso hizo que emprendiera la persecución, olvidando tal vez mis propias circunstancias, absolutamente convencido de que demasiadas veces una actitud pasiva ha servido de amparo a los asesinos».
Además, modesto
No sólo decidió seguir a los etarras, arriesgar su vida y permanecer en un segundo plano, renunciando a la gloria que sin duda hubiese tenido. Además, aseguró que no era «momento de vanagloriarse» y que él no era «ningún héroe», atribuyendo el mérito a los agentes de Policía y a las personas que velan por nuestra seguridad.
«Mi nombre es el de cualquiera de vosotros que lea estas líneas y comprenda que el fin del terrorismo empieza en cada uno de nosotros, actuando sin miedo y permaneciendo alerta para la defensa de nuestro Estado de Derecho», aseguró esta excepcional persona que, con una nueva muestra de su calidad humana, firmó la carta como «un español más», con el convencimiento de que cualquiera hubiese hecho lo mismo que él.
Su determinación y valentía, que permitió el arresto de los criminales de ETA Aitor García Aliaga y Ana Belén Egües Gurruchaga, mereció la imposición de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.
Cinco años después queremos decirle a nuestro héroe anónimo: Muchas gracias, ojalá hubiese más personas así.
http://www.abc.es/20061107/nacional-terrorismo/heroe-frente_200611070305.html
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