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View Full Version : Una herencia incómoda



Bisonte
15-05-05, 07:49 PM
Una herencia incómoda

Alejandro Vázquez Cárdenas/Colaboración especial


«Como México no hay dos», reza un dicho profundamente idiota, pues
también como Nigeria no hay dos, o como Australia, Haití y Finlandia tampoco hay dos. Algunos, más cínicos, lo completan diciendo: «Afortunadamente».
Analizando desapasionadamente el caso de México, allegándonos los datos pertinentes y tomando en cuenta su geografía, población, generosos recursos renovables y no renovables, su extensa frontera con el principal consumidor mundial, su «buena suerte» al no verse en medio ni padecer directamente las consecuencias de las dos conflagraciones que devastaron a Europa en el siglo pasado; si tomamos en cuenta su benévolo clima y una larga serie de ventajas que desearían para sí gran cantidad de países del llamado «Primer Mundo», llama entonces la atención la mediocre situación en que nos encontramos.
Veamos: la educación es un desastre y cualitativamente, dígase lo que se diga, está por los suelos. Ninguna de nuestras universidades -públicas o privadas- se encuentra entre las primeras 150 del mundo, y nuestro índice de lectura es de los más bajos en el planeta; la productividad laboral es definitivamente baja, en empresas paraestatales se necesitan muchas más horas-hombre en México para producir X bien o servicio que en cualquier país del Primer Mundo; tenemos un impresionante 60 por ciento de población que vive a niveles que van de la pobreza a la más lacerante miseria; la dependencia en materia de alimentación es francamente preocupante, y no se diga la dependencia tecnológica pues en este renglón la diferencia con nuestros vecinos y los países de Europa occidental es astronómica. En el colmo de las tragedias, nuestra segunda fuente de divisas está constituida por remesas de mexicanos expulsados por hambre de nuestro país. Ubiquémonos: no se fueron por sus ganas. Se rifaron el físico y arriesgaron su vida por la sencilla razón de que aquí, en su patria, con estos gobiernos, los anteriores, y el del «cambio», literalmente se mueren de hambre.
Cierto, las estadísticas nos colocan dentro de las primeras quince economías mundiales, pero no nos informan que en México la desigualdad en el reparto de la riqueza es insultante: tenemos un muy pequeño número de mexicanos que son los dueños de más de 80 por ciento de la riqueza nacional. Para ser un país más bien pobretón tenemos porcentualmente más millonarios que los países europeos y los mismos Estados Unidos. Basta caminar unos cuantos cientos de metros en cualquier ciudad para ver los dolorosos contrastes entre una riqueza insultante y la miseria más espantosa.
Ahora bien, lo anterior no se hizo solo, ni nos cayó del cielo. ¿De quién es la culpa? Veamos primero unos antecedentes para no caer en fácil expediente de señalar culpables ajenos, cuando aquí tenemos excelentes candidatos. Recordemos que aquí, en la entonces Nueva España, en 1551 se fundó la Universidad Real y Pontificia de México (la actual UNAM) por decreto del Príncipe Felipe, posteriormente convertido en Felipe II de España. En el mismo año -pero unos meses antes- fue firmado el decreto que creaba la primera universidad de América, la Universidad de San Marcos, en Lima. En comparación, la primera universidad de los Estados Unidos, la de Harvard, se fundó apenas en 1636, ni más ni menos que 85 años más tarde, y la de Yale en 1701 ¡150 años después! ¿Qué pasó con nosotros? Buena pregunta.
Resulta también que la primera imprenta de América se estableció en México, en 1539, y en los Estados Unidos apenas en 1628 ¡89 años después que nosotros! En cuanto a la solidez del peso mexicano, ni hablar: en la época de la Colonia era de lo más confiable a nivel mundial. A la fecha de nuestra Independencia, en 1821, México ocupaba un territorio que iba desde California hasta Texas, pasando por Utah, Nevada, Arizona y Nuevo México.
¿Que pasó? ¿Por qué terminamos con apenas la mitad del territorio original, y -lo más trágico- a la cola del desarrollo educativo, industrial y tecnológico? Las respuestas hay que buscarlas en muchos lados, y varias son muy dolorosas. Desde un nocivo y hasta la fecha asfixiante centralismo heredado de España; más una religión que promociona la conformidad con la suerte de los miserables (al cabo ellos heredarán el Cielo), esto aparte de la reconocida enemistad del rito católico con la ciencia, actitud no superada hasta la fecha (ver clonación, aborto, control natal, eutanasia, entre otros); la corrupción; el amiguismo; el influyentismo y la tolerancia con los ineficientes encontraron un terreno fértil para desarrollarse y tomar carta de naturalización en el sufrido México. Ya en el siglo XX, la implantación -por la fuerza de las armas, el engaño, el asesinato y la cooptación- de una «dictadura perfecta» priísta que adocenó y corrompió generaciones completas de mexicanos, ayudados, entre otras cosas, por una prensa y una televisión serviles hasta la abyección. «Somos soldados del presidente», afirmó El Tigre Azcárraga Milmo.
A diferencia de nuestros vecinos del norte, con su doctrina del Destino Manifiesto, nuestra conciencia de nación era muy escasa en la mitad del siglo XIX, y nuestro espíritu de solidaridad entre nosotros era aún más escaso, al grado de aplaudir la llegada de los invasores estadounidenses en 1847. No se quedaron con todo el país porque no les dio la gana, ni les convenía mantener a todos los holgazanes enquistados en todos niveles y estructuras. Ellos sólo querían los territorios prácticamente despoblados del norte de México. Ellos no padecen de nuestro centralismo insensato, y rápidamente los poblaron, cosa que nosotros hasta la fecha nos cuesta trabajo practicar (intente alguien sacar a un chilango del DF: primero muerto).
En esto del orgullo patrio no hemos mejorado mucho, pues repetidas encuestas muestran que el mexicano no está particularmente orgulloso de su país, salvo en sus expresiones meramente folklóricas, en las peleas del Ratón Macías, Vicente Saldívar, Rubén Olivares, y el último de los grandes, Julio César Chávez, y por supuesto en ocasión de los mundiales de fútbol, cuando a muchos les da por ponerse sombrero de charro y sarape, tocar cornetas y salir a la calle a desfogar sus frustraciones si por casualidad le ganamos al rival en turno.
Pero México no saldrá de su atraso gritando con entusiasmo «¡Viva México!», con etílica alegría, ni abandonaremos el subdesarrollo lamentándonos eternamente de nuestra «mala suerte», ni mucho menos nos convertiremos en una potencia industrial si seguimos con unas estructuras laborales y sindicales que protegen la ineficiencia, la corrupción, promueven el conformismo y la mediocridad.
Si no cambiamos radicalmente, dentro de 50 años seguiremos lamentándonos de nuestras «venas abiertas» por el «imperialismo» (trasnochados izquierdistas dixit).

Beto
15-05-05, 10:01 PM
Asi como no vamos a salir del atraso con entusiamo inutil, tampoco con criticas inutiles.

Quien ha propuesto organizarce para explotar los recursos naturales.
Quien ha intervenido en la escuela de sus hijos para mejorar la educación.
A que hora hemos propuesto acciones que realmente le peguen a las monopolios que mantenemos.
Cuando se trate de acción, cuenten conmigo.

Por que no basta más que poner alguna idea para que le caigan a un que quiere tranzar o algun adjetivo politico, hay veces que creo que ya ni esperanza tenemos.

Aunque no me parece muy saludable la critica a lo mejor si mueve alguna fibra.

Saludos.