Rafael Norma
11-05-05, 04:36 PM
...LOS PAGAREMOS CON SANGRE....
Los errores…
Por Ezra Shabot
Los errores en la vida se pagan, y los errores políticos se pagan muy caros. El gobierno de Vicente Fox ha dilapidado su capital político como nadie más lo ha hecho en la historia de este país. En el año 2001, cuando no existía nadie con mayor legitimidad y fuerza, Fox desperdició estas ventajas, y en lugar de buscar el acuerdo político que hubiese permitido la creación de un nuevo régimen, con reglas nuevas y un sustento jurídico diferente al del presidencialismo absoluto, el Presidente ”de la alternancia” fue tirando uno a uno sus cartuchos hasta quedar prácticamente desarmado.
Desde el fracasado proyecto del aeropuerto en Atenco hasta el asunto del desafuero a López Obrador, pasando por la frustrada propuesta de imponer el IVA a alimentos y medicinas, y la cancelación de las reformas estructurales, el gobierno de Fox se ha significado por su inoperancia política. Un gobierno basado en la lógica empresarial, sin la más mínima idea de lo que implica el juego del poder, y que además no fue capaz de explotar electoralmente los logros obtenidos en el terreno del desarrollo social y la salud. Las elecciones del 2003 mostraron a un gobierno sin partido capaz de ganar elecciones, y a un partido alejado prácticamente de las decisiones de su gobierno.
Es cierto que sus interlocutores no eran precisamente políticos capaces de colaborar en un proyecto de cambio integral. Ni Roberto Madrazo ni López Obrador vieron en algún momento a Fox como socio para armar un nuevo régimen. Más bien, como dos políticos formados en la cultura del priismo autoritario, los tabasqueños identificaron claramente las debilidades de un Presidente desconocedor de los mecanismos del poder y actuaron en consecuencia. En todo caso la responsabilidad recae en aquel que asumió la conducción del país y en un gabinete que jamás se entendió a sí mismo como un equipo del Presidente, el cual quedó abandonado a su suerte y la de su esposa.
Su estrategia en política exterior resultó también fallida. Después de la tragedia del 11 de septiembre de 2001, México dejó de ser prioritario en la agenda norteamericana, lo que derivó en la suspensión de un acuerdo migratorio entre ambos países. La posición de México en el Consejo de Seguridad de la ONU sólo sirvió para agudizar las diferencias con Washington sin obtener nada a cambio. Además, ni Julio Frenk consiguió la dirección de la Organización Mundial de la Salud, ni Luis Ernesto Derbez la de la OEA. La proyección de México como país que por primera vez tomaba posiciones en el concierto internacional quedó frustrada por muchos factores, entre ellos la ausencia de una estrategia efectiva para ganar espacios en los distintos foros. Un caso más de inexperiencia política.
La estrategia del desafuero y fallida consignación de López Obrador, sólo demostró la ineptitud política del gobierno foxista, y el hecho de que el sistema jurídico mexicano sigue respondiendo a consignas y no a la aplicación de la ley. Con la misma jurisprudencia con la que la Procuraduría se decía obligada a gestionar el desafuero de AMLO en la Cámara de Diputados, esta misma instancia consideró que, al no existir sanción establecida por la violación al amparo, se veía obligada a desistirse de la consignación del funcionario. No es esto precisamente un Estado de derecho, sino una vez más una respuesta política propia de un presidencialismo que, aunque acotado, sigue contando con leyes que se aplican en forma discrecional.
Por lo pronto, el amparo ya no es más un mecanismo de defensa ante el abuso de autoridad. Cualquier funcionario público sabe ahora muy bien que violar el amparo no tiene consecuencia alguna, puesto que no existe sanción por ello. Sin embargo, la discrecionalidad en la aplicación de la ley podría todavía llevar a la cárcel a uno que otro burócrata sin suficiente poder político como para evitarlo. Los agoreros de la catástrofe, aquellos que pronosticaban el derrumbe de la democracia si se juzgaba a López Obrador, pueden estar hoy satisfechos. El jefe de Gobierno que violó un amparo no será sancionado por ello. Y no se trata de complot alguno, o de la intención de inhabilitarlo políticamente por un delito menor. Pero si una autoridad viola el derecho de un ciudadano y no es castigada por ello, entonces la ley y el propio gobierno no tienen sentido.
México es hoy un país con un gobierno incapaz, una oposición perversa y un candidato a Presidente con ventaja en las encuestas, cuyo mesianismo ha llegado a generar en diversos sectores de la sociedad la idea de que criticarlo o cuestionar su programa es un acto ilegítimo producto de una posición política contraria a la verdad absoluta que él encarna. Círculos intelectuales, universitarios y por supuesto aquellos que escriben en el tabloide oficial de la izquierda mexicana, descalifican en bloque todo aquello que implique el más mínimo cuestionamiento a su héroe.
Intolerancia propia de esa combinación de izquierda estalinista y priismo autoritario. Graves errores por parte de una clase política que parece no tener remedio, al menos en el corto plazo. :aaa4:
Los errores…
Por Ezra Shabot
Los errores en la vida se pagan, y los errores políticos se pagan muy caros. El gobierno de Vicente Fox ha dilapidado su capital político como nadie más lo ha hecho en la historia de este país. En el año 2001, cuando no existía nadie con mayor legitimidad y fuerza, Fox desperdició estas ventajas, y en lugar de buscar el acuerdo político que hubiese permitido la creación de un nuevo régimen, con reglas nuevas y un sustento jurídico diferente al del presidencialismo absoluto, el Presidente ”de la alternancia” fue tirando uno a uno sus cartuchos hasta quedar prácticamente desarmado.
Desde el fracasado proyecto del aeropuerto en Atenco hasta el asunto del desafuero a López Obrador, pasando por la frustrada propuesta de imponer el IVA a alimentos y medicinas, y la cancelación de las reformas estructurales, el gobierno de Fox se ha significado por su inoperancia política. Un gobierno basado en la lógica empresarial, sin la más mínima idea de lo que implica el juego del poder, y que además no fue capaz de explotar electoralmente los logros obtenidos en el terreno del desarrollo social y la salud. Las elecciones del 2003 mostraron a un gobierno sin partido capaz de ganar elecciones, y a un partido alejado prácticamente de las decisiones de su gobierno.
Es cierto que sus interlocutores no eran precisamente políticos capaces de colaborar en un proyecto de cambio integral. Ni Roberto Madrazo ni López Obrador vieron en algún momento a Fox como socio para armar un nuevo régimen. Más bien, como dos políticos formados en la cultura del priismo autoritario, los tabasqueños identificaron claramente las debilidades de un Presidente desconocedor de los mecanismos del poder y actuaron en consecuencia. En todo caso la responsabilidad recae en aquel que asumió la conducción del país y en un gabinete que jamás se entendió a sí mismo como un equipo del Presidente, el cual quedó abandonado a su suerte y la de su esposa.
Su estrategia en política exterior resultó también fallida. Después de la tragedia del 11 de septiembre de 2001, México dejó de ser prioritario en la agenda norteamericana, lo que derivó en la suspensión de un acuerdo migratorio entre ambos países. La posición de México en el Consejo de Seguridad de la ONU sólo sirvió para agudizar las diferencias con Washington sin obtener nada a cambio. Además, ni Julio Frenk consiguió la dirección de la Organización Mundial de la Salud, ni Luis Ernesto Derbez la de la OEA. La proyección de México como país que por primera vez tomaba posiciones en el concierto internacional quedó frustrada por muchos factores, entre ellos la ausencia de una estrategia efectiva para ganar espacios en los distintos foros. Un caso más de inexperiencia política.
La estrategia del desafuero y fallida consignación de López Obrador, sólo demostró la ineptitud política del gobierno foxista, y el hecho de que el sistema jurídico mexicano sigue respondiendo a consignas y no a la aplicación de la ley. Con la misma jurisprudencia con la que la Procuraduría se decía obligada a gestionar el desafuero de AMLO en la Cámara de Diputados, esta misma instancia consideró que, al no existir sanción establecida por la violación al amparo, se veía obligada a desistirse de la consignación del funcionario. No es esto precisamente un Estado de derecho, sino una vez más una respuesta política propia de un presidencialismo que, aunque acotado, sigue contando con leyes que se aplican en forma discrecional.
Por lo pronto, el amparo ya no es más un mecanismo de defensa ante el abuso de autoridad. Cualquier funcionario público sabe ahora muy bien que violar el amparo no tiene consecuencia alguna, puesto que no existe sanción por ello. Sin embargo, la discrecionalidad en la aplicación de la ley podría todavía llevar a la cárcel a uno que otro burócrata sin suficiente poder político como para evitarlo. Los agoreros de la catástrofe, aquellos que pronosticaban el derrumbe de la democracia si se juzgaba a López Obrador, pueden estar hoy satisfechos. El jefe de Gobierno que violó un amparo no será sancionado por ello. Y no se trata de complot alguno, o de la intención de inhabilitarlo políticamente por un delito menor. Pero si una autoridad viola el derecho de un ciudadano y no es castigada por ello, entonces la ley y el propio gobierno no tienen sentido.
México es hoy un país con un gobierno incapaz, una oposición perversa y un candidato a Presidente con ventaja en las encuestas, cuyo mesianismo ha llegado a generar en diversos sectores de la sociedad la idea de que criticarlo o cuestionar su programa es un acto ilegítimo producto de una posición política contraria a la verdad absoluta que él encarna. Círculos intelectuales, universitarios y por supuesto aquellos que escriben en el tabloide oficial de la izquierda mexicana, descalifican en bloque todo aquello que implique el más mínimo cuestionamiento a su héroe.
Intolerancia propia de esa combinación de izquierda estalinista y priismo autoritario. Graves errores por parte de una clase política que parece no tener remedio, al menos en el corto plazo. :aaa4: