Quetzal
01-05-05, 05:47 AM
Crisis mexicana
En un contexto de crisis generalizada de los tres grandes partidos de México, con un alto abstencionismo en los índices de participación electoral, con una Cámara de Diputados que sigue siendo más freno que espuela de cualquier forma de reformas democráticas, y con una Constitución que viene de los períodos más totalitarios del PRI, un hombre con las ideas más desgastadas y vacías de la izquierda clásica, perteneciente al PRD, que tiene su origen en una vieja escisión del PRI, puede alzarse con el poder en el año 2006. Eso sucederá, claro está, siempre y cuando pueda presentarse a la elección de Presidente, cosa que aún no está clara. Él, por si acaso, no ha desaprovechado la ocasión de hacer campaña a su favor, mientras aún no se conocen, o aún no han sido nominados oficialmente los otros candidatos. El victimismo siempre saca ventajas de todo. La situación no puede ser más surrealista.
He aquí unas pinceladas de esta historia trágico-cómica, que puede dar al traste, según los más pesimistas, con el proceso de transición democrática de México. La tesis dominante es que hay una conspiración para eliminar a un candidato a la futura elección para presidente de la República. Los intérpretes más alarmistas de esta tesis ya están prediciendo que pronto entrará el ejército en el conflicto, y los peores agoreros de la incipiente democracia mexicana no cesan de gritar que el protagonista de la historia corre peligro de muerte. Quienes lo postulan a mártir antes de que llegue a presidente, están contribuyendo, aunque ellos no lo admitan, a la desaparición de la democracia.
La pincelada o brochazo más grueso de esta historia tiene que empezar por el final, o mejor, por el último dato significativo para la prensa mundial, a saber, el domingo 24 de abril, después de una campaña de movilización y propaganda por otras ciudades de la nación, este hombre plantó cara a este sistema en crisis, sin duda alguna para socavar aún más la bases del frágil sistema de derecho mexicano, y convocó en el Zócalo de ciudad de México, a sus partidarios para que manifestarán su desacuerdo con la decisión tomada por la más alta instancia legislativa de la nación, la Cámara de Diputados Federal, que le retiró su fuero como jefe de Gobierno de México DF para que pudiera ser juzgado, como cualquier otro ciudadano, por los tribunales de justicia por un supuesto desacato a la ley.
En teoría, pues, López Obrador, que así se llama nuestro hombre, aunque también es conocido por el nombre del animal típico de Tabasco, su región de origen, debería haber cesado en su puesto, pero no sólo sigue ejerciendo sus funciones como la máxima autoridad del distrito especial de México, D.F, sino que está intentado retorcerle el brazo a varias instituciones clave de la nación. Una vez desaforado, primero, movilizó a la Asamblea Legislativa del D.F. para que no aceptara las decisiones de la Cámara de Diputados Federal; segundo, tampoco aceptó someterse a los dictados jurídicos de la Suprema Corte de Justicia; y, tercero, ha convocado una manifestación a su favor que ha llevado a más de un millón de personas a prestarle su apoyo en el Zócalo de la ciudad de México. Entre los asistentes a la concentración había un hombre significativo, Porfirio Muñoz Ledo, que hasta hace unos meses fue el embajador de México en la Unión Europea, y por tanto colaborador de Fox. También ha habido muchos “intelectuales y abajo firmantes”, en México y en otros países, que han “condenado” la posible agresión de la democracia mexicana en la reprobación de López Obrador. Cito entre esos firmante al gran periodista Kapuscinski porque es el que más respeto me merece.
Nadie, pues, de quienes asistieron a la manifestación parece querer sustraerse a la tesis fuerte de López Obrador, que aunque burda contemplada a distancia tiene un relativo y frágil fundamento en la realidad, que es lo mismo que señalar la torpeza con la que ha actuado el gobierno de Fox. En cualquier caso, sin duda alguna, es muy eficaz para los intereses de López Obrador mantener que hay una conspiración contra él, que debe ser desmontada por el bien de la democracia, y de paso de su candidatura, con una inmensa movilización a su favor. Y eso fue lo que sucedió el domingo que asistimos a la mayor movilización de la izquierda mexicana de los últimos tiempos. Muy lejos, sin embargo, queda esa movilización de lo que nos importa: el asentamiento de la democracia en México, mientras López Obrador no se someta a la ley, más aún a las instituciones judiciales. Porque López Obrador convocó ayer una manifestación contra algo más sagrado que el PAN y el PRI, sus partidos rivales, tenía que haber esgrimido, además de la resistencia cívica y pacífica, la ley que debe ser igual para todos. ¿Qué pasa que la izquierda clásica sólo cree en la “justicia social”?
Y, precisamente, porque López Obrador no quiere encarar con rigor el poder de la ley, de la ley actual mexicana, formulo las siguientes preguntas para seguir aclarando la desquiciada situación a la que ha llegado la democracia en México por la ineptitud del gobierno de Fox, las trapacerías del PRI y el populismo victimista del hombre del PRD: ¿Implica la manifestación del día 24 un asentamiento del sistema democrático en México?, ¿puede considerarse un acto de afirmación democrática quien apoya al jefe del Gobierno de México reprobado por la Cámara Federal, candidato del PRD a la presidencia de la República, que no desea someterse prudentemente a un proceso judicial del que, seguramente, saldría fortalecido?, ¿por qué quiere López Obrador, y todo el PRD, eludir la batalla legal para perseverar en su tradicional crítica del Estado de Derecho en general, y de las leyes en particular, que son las bases de cualquier democracia?, ¿por qué la ineptitud con la que ha actuado el gobierno federal no se ha combatido con una estrategia jurídica seria y precisa y, por el contrario, se ha vuelto al camino de la izquierda totalitaria de agitación y propaganda?, ¿por qué el político que más ha denostado las instituciones judiciales, y que está siendo amparado por ellas, no es capaz de hablar de legalidad en serio?.
De todo esto, sin embargo, algo nuevo y positivo ha surgido. El discurso del domingo de López Obrador, en el Zócalo, fue más conciliador de lo que se esperaba de quien ha hecho de su tono victimista y recriminatorio una bandera… Por ahí, sale ganando la democracia mexicana.
En un contexto de crisis generalizada de los tres grandes partidos de México, con un alto abstencionismo en los índices de participación electoral, con una Cámara de Diputados que sigue siendo más freno que espuela de cualquier forma de reformas democráticas, y con una Constitución que viene de los períodos más totalitarios del PRI, un hombre con las ideas más desgastadas y vacías de la izquierda clásica, perteneciente al PRD, que tiene su origen en una vieja escisión del PRI, puede alzarse con el poder en el año 2006. Eso sucederá, claro está, siempre y cuando pueda presentarse a la elección de Presidente, cosa que aún no está clara. Él, por si acaso, no ha desaprovechado la ocasión de hacer campaña a su favor, mientras aún no se conocen, o aún no han sido nominados oficialmente los otros candidatos. El victimismo siempre saca ventajas de todo. La situación no puede ser más surrealista.
He aquí unas pinceladas de esta historia trágico-cómica, que puede dar al traste, según los más pesimistas, con el proceso de transición democrática de México. La tesis dominante es que hay una conspiración para eliminar a un candidato a la futura elección para presidente de la República. Los intérpretes más alarmistas de esta tesis ya están prediciendo que pronto entrará el ejército en el conflicto, y los peores agoreros de la incipiente democracia mexicana no cesan de gritar que el protagonista de la historia corre peligro de muerte. Quienes lo postulan a mártir antes de que llegue a presidente, están contribuyendo, aunque ellos no lo admitan, a la desaparición de la democracia.
La pincelada o brochazo más grueso de esta historia tiene que empezar por el final, o mejor, por el último dato significativo para la prensa mundial, a saber, el domingo 24 de abril, después de una campaña de movilización y propaganda por otras ciudades de la nación, este hombre plantó cara a este sistema en crisis, sin duda alguna para socavar aún más la bases del frágil sistema de derecho mexicano, y convocó en el Zócalo de ciudad de México, a sus partidarios para que manifestarán su desacuerdo con la decisión tomada por la más alta instancia legislativa de la nación, la Cámara de Diputados Federal, que le retiró su fuero como jefe de Gobierno de México DF para que pudiera ser juzgado, como cualquier otro ciudadano, por los tribunales de justicia por un supuesto desacato a la ley.
En teoría, pues, López Obrador, que así se llama nuestro hombre, aunque también es conocido por el nombre del animal típico de Tabasco, su región de origen, debería haber cesado en su puesto, pero no sólo sigue ejerciendo sus funciones como la máxima autoridad del distrito especial de México, D.F, sino que está intentado retorcerle el brazo a varias instituciones clave de la nación. Una vez desaforado, primero, movilizó a la Asamblea Legislativa del D.F. para que no aceptara las decisiones de la Cámara de Diputados Federal; segundo, tampoco aceptó someterse a los dictados jurídicos de la Suprema Corte de Justicia; y, tercero, ha convocado una manifestación a su favor que ha llevado a más de un millón de personas a prestarle su apoyo en el Zócalo de la ciudad de México. Entre los asistentes a la concentración había un hombre significativo, Porfirio Muñoz Ledo, que hasta hace unos meses fue el embajador de México en la Unión Europea, y por tanto colaborador de Fox. También ha habido muchos “intelectuales y abajo firmantes”, en México y en otros países, que han “condenado” la posible agresión de la democracia mexicana en la reprobación de López Obrador. Cito entre esos firmante al gran periodista Kapuscinski porque es el que más respeto me merece.
Nadie, pues, de quienes asistieron a la manifestación parece querer sustraerse a la tesis fuerte de López Obrador, que aunque burda contemplada a distancia tiene un relativo y frágil fundamento en la realidad, que es lo mismo que señalar la torpeza con la que ha actuado el gobierno de Fox. En cualquier caso, sin duda alguna, es muy eficaz para los intereses de López Obrador mantener que hay una conspiración contra él, que debe ser desmontada por el bien de la democracia, y de paso de su candidatura, con una inmensa movilización a su favor. Y eso fue lo que sucedió el domingo que asistimos a la mayor movilización de la izquierda mexicana de los últimos tiempos. Muy lejos, sin embargo, queda esa movilización de lo que nos importa: el asentamiento de la democracia en México, mientras López Obrador no se someta a la ley, más aún a las instituciones judiciales. Porque López Obrador convocó ayer una manifestación contra algo más sagrado que el PAN y el PRI, sus partidos rivales, tenía que haber esgrimido, además de la resistencia cívica y pacífica, la ley que debe ser igual para todos. ¿Qué pasa que la izquierda clásica sólo cree en la “justicia social”?
Y, precisamente, porque López Obrador no quiere encarar con rigor el poder de la ley, de la ley actual mexicana, formulo las siguientes preguntas para seguir aclarando la desquiciada situación a la que ha llegado la democracia en México por la ineptitud del gobierno de Fox, las trapacerías del PRI y el populismo victimista del hombre del PRD: ¿Implica la manifestación del día 24 un asentamiento del sistema democrático en México?, ¿puede considerarse un acto de afirmación democrática quien apoya al jefe del Gobierno de México reprobado por la Cámara Federal, candidato del PRD a la presidencia de la República, que no desea someterse prudentemente a un proceso judicial del que, seguramente, saldría fortalecido?, ¿por qué quiere López Obrador, y todo el PRD, eludir la batalla legal para perseverar en su tradicional crítica del Estado de Derecho en general, y de las leyes en particular, que son las bases de cualquier democracia?, ¿por qué la ineptitud con la que ha actuado el gobierno federal no se ha combatido con una estrategia jurídica seria y precisa y, por el contrario, se ha vuelto al camino de la izquierda totalitaria de agitación y propaganda?, ¿por qué el político que más ha denostado las instituciones judiciales, y que está siendo amparado por ellas, no es capaz de hablar de legalidad en serio?.
De todo esto, sin embargo, algo nuevo y positivo ha surgido. El discurso del domingo de López Obrador, en el Zócalo, fue más conciliador de lo que se esperaba de quien ha hecho de su tono victimista y recriminatorio una bandera… Por ahí, sale ganando la democracia mexicana.