Bisonte
20/03/06, 13:03:10
Juárez: El guerrillero
¿Por qué Benito Juárez fue y sigue siendo el más universal de los mexicanos? ¿Por qué es la referencia política mexicana por excelencia, hacia el resto del mundo? Mi primera —torpe— reacción es ésta: su ejemplo progresista extremo, es decir, haber llevado más lejos que ninguna otra nación de su tiempo los objetivos del liberalismo de Europa. La destrucción material y jurídica del viejo orden clerical y colonial, expresada muy bien en “la ley Juárez” y sobre todo en la Constitución de 1857: la idea de la República, la democracia parlamentaria, la irrestricta libertad de opinión, de asociación, la separación Estado-Iglesia, la abolición del pago de diezmos, de los tribunales especiales y venta de las tierras que poseía la corporación eclesiástica.
Eric Hobsbawn retrata la admiración que Juárez causó entre los revolucionarios y liberales europeos, como el guía de un experimento ilustrado, “de un nuevo mundo que se construía con los principios de la ilustración, después de los dramáticos retrocesos que se habían escenificado en el viejo continente… Juárez era visto como una resurrección de la utopía liberal” (La era del capital. pp. 131).
Pero Juárez y sus contemporáneos liberales fueron algo más que un ejemplo para las capas progresistas de aquella época. Por eso, quizás resulte más importante —desde el punto de vista de la historia del mundo— el hecho de haber detenido la violenta segunda expansión del imperio francés. Fue la victoria de una antigua colonia sobre una gran potencia colonial que se encontraba en plena ebullición expansionista, y al detenerlos, “reencauzó el apetito imperialista hacia otros continentes” (ibid. pp. 191).
Diez de sus quince años como presidente fueron vividos bajo la presión de la guerra. Primero la guerra civil y luego la guerra contra las potencias extranjeras. De ambas, salió victorioso: consagró el dominio de los liberales y consolidó la independencia y el espacio vital económico, político (el lebensraum) de la nueva nación. Y lo hizo sentando un precedente militar que sería replicado en muchas de las conflagraciones antiimperialistas del tercer mundo.
En un viejo texto de Le Duan —uno de los grandes estrategas vietnamitas del siglo XX— encuentro esta frase entrecomillada: “Atacar y amenazar al enemigo de día y de noche. Las guerrillas acaban con el soldado enemigo no porque lo enfrentan, sino porque lo aíslan y destruyen su retaguardia… Lentamente habrá de agotarse en todo el territorio ocupado hasta que sea obligado a capitular, como un prisionero de su propia conquista…”. La cita también se puede encontrar en el Epistolario, de J. L. Tamayo y pertenece a Benito Juárez, ni más ni menos, inspirador de la resistencia del Vietcong en Asia, cien años después.
Y como ellos, la visión de Juárez tenía que ser necesariamente internacional. Su apuesta era que los franceses no podrían quedarse indefinidamente en México, porque Napoleón III se enfrentaba a otros poderosos enemigos en Europa y a la propia inestabilidad política de la monarquía restaurada. Y apostaba por la resolución de la guerra civil en los Estados Unidos a favor de Abraham Lincoln y los suyos, quienes simpatizaban abiertamente con la causa liberal de México. Sus cálculos sobre la situación internacional fueron correctos y la guerra de guerrillas se mostró como la estrategia más adecuada para enfrentar a la invasión, con el menor costo posible.
El 11 de marzo de 1866 abandonó México el último soldado francés. El Presidente se convirtió en el libertador indiscutible luego de una agitada y a menudo desesperada, lucha militar y política contra la intervención.
Pero gracias a él, sobre todo a él, México se convirtió en la comunidad “más admirada y respetada”, en la sociedad que “se había ganado como ninguna otra su derecho a ser nación luego de dos violentas y crueles intervenciones extranjeras” (ibid. 132).
Así, el movimiento de Juárez se convirtió en un caso peculiar y asombroso: fue el único dirigente en todo el tercer mundo que resistió y repelió con éxito a un gran ejército durante la era de las grandes conquistas coloniales que ocurrieron desde 1848 y hasta la primera guerra mundial. Y lo hizo desplegando una sorprendente guerra de guerrillas dueña de una visión política universal.
Ese es el significado histórico, no sólo para México, de aquel indio zapoteco que mañana celebra su cumpleaños.
http://www.cronica.com.mx/nota.php?idc=232077
¿Por qué Benito Juárez fue y sigue siendo el más universal de los mexicanos? ¿Por qué es la referencia política mexicana por excelencia, hacia el resto del mundo? Mi primera —torpe— reacción es ésta: su ejemplo progresista extremo, es decir, haber llevado más lejos que ninguna otra nación de su tiempo los objetivos del liberalismo de Europa. La destrucción material y jurídica del viejo orden clerical y colonial, expresada muy bien en “la ley Juárez” y sobre todo en la Constitución de 1857: la idea de la República, la democracia parlamentaria, la irrestricta libertad de opinión, de asociación, la separación Estado-Iglesia, la abolición del pago de diezmos, de los tribunales especiales y venta de las tierras que poseía la corporación eclesiástica.
Eric Hobsbawn retrata la admiración que Juárez causó entre los revolucionarios y liberales europeos, como el guía de un experimento ilustrado, “de un nuevo mundo que se construía con los principios de la ilustración, después de los dramáticos retrocesos que se habían escenificado en el viejo continente… Juárez era visto como una resurrección de la utopía liberal” (La era del capital. pp. 131).
Pero Juárez y sus contemporáneos liberales fueron algo más que un ejemplo para las capas progresistas de aquella época. Por eso, quizás resulte más importante —desde el punto de vista de la historia del mundo— el hecho de haber detenido la violenta segunda expansión del imperio francés. Fue la victoria de una antigua colonia sobre una gran potencia colonial que se encontraba en plena ebullición expansionista, y al detenerlos, “reencauzó el apetito imperialista hacia otros continentes” (ibid. pp. 191).
Diez de sus quince años como presidente fueron vividos bajo la presión de la guerra. Primero la guerra civil y luego la guerra contra las potencias extranjeras. De ambas, salió victorioso: consagró el dominio de los liberales y consolidó la independencia y el espacio vital económico, político (el lebensraum) de la nueva nación. Y lo hizo sentando un precedente militar que sería replicado en muchas de las conflagraciones antiimperialistas del tercer mundo.
En un viejo texto de Le Duan —uno de los grandes estrategas vietnamitas del siglo XX— encuentro esta frase entrecomillada: “Atacar y amenazar al enemigo de día y de noche. Las guerrillas acaban con el soldado enemigo no porque lo enfrentan, sino porque lo aíslan y destruyen su retaguardia… Lentamente habrá de agotarse en todo el territorio ocupado hasta que sea obligado a capitular, como un prisionero de su propia conquista…”. La cita también se puede encontrar en el Epistolario, de J. L. Tamayo y pertenece a Benito Juárez, ni más ni menos, inspirador de la resistencia del Vietcong en Asia, cien años después.
Y como ellos, la visión de Juárez tenía que ser necesariamente internacional. Su apuesta era que los franceses no podrían quedarse indefinidamente en México, porque Napoleón III se enfrentaba a otros poderosos enemigos en Europa y a la propia inestabilidad política de la monarquía restaurada. Y apostaba por la resolución de la guerra civil en los Estados Unidos a favor de Abraham Lincoln y los suyos, quienes simpatizaban abiertamente con la causa liberal de México. Sus cálculos sobre la situación internacional fueron correctos y la guerra de guerrillas se mostró como la estrategia más adecuada para enfrentar a la invasión, con el menor costo posible.
El 11 de marzo de 1866 abandonó México el último soldado francés. El Presidente se convirtió en el libertador indiscutible luego de una agitada y a menudo desesperada, lucha militar y política contra la intervención.
Pero gracias a él, sobre todo a él, México se convirtió en la comunidad “más admirada y respetada”, en la sociedad que “se había ganado como ninguna otra su derecho a ser nación luego de dos violentas y crueles intervenciones extranjeras” (ibid. 132).
Así, el movimiento de Juárez se convirtió en un caso peculiar y asombroso: fue el único dirigente en todo el tercer mundo que resistió y repelió con éxito a un gran ejército durante la era de las grandes conquistas coloniales que ocurrieron desde 1848 y hasta la primera guerra mundial. Y lo hizo desplegando una sorprendente guerra de guerrillas dueña de una visión política universal.
Ese es el significado histórico, no sólo para México, de aquel indio zapoteco que mañana celebra su cumpleaños.
http://www.cronica.com.mx/nota.php?idc=232077