Atila
26-04-05, 04:13 PM
Hace diez años Ratzinger conmocionó al mundo Católico con esta advertencia:
Podríamos tener que apartarnos de la noción de Iglesia popular. Es posible que estemos al borde de una nueva era en la historia, en circunstancias muy diferentes de aquellas que hemos enfrentado en el pasado cuando el cristianismo se asemejaba a la semilla de mostaza (Matthew 13:31-32) Es decir, seguir existiendo sólo en forma de grupos pequeños y aparentemente insignificantes, pero que aún se opondrían al mal con todas sus fuerzas y traerían el Bien a este mundo (In Salz der Erde, Im Gespraech mit P Seewald Christentum und katholische Kirche an der Jahrtausendwende Stuttgart, DVA Verlag, 1996)
Añadió, "el cristianismo podría disminuir a una presencia apenas perceptible" porque los europeos modernos "no quieren llevar el yugo de Cristo" La Iglesia católica, agregó, podría sobrevivir sólo en quistes parecidos a los kibbutz de Israel. Comparó estos quistes a las semillas de mostaza de Jesús pero confiando que esas mínimas dimensiones podrían mover montañas. El desalentador pronóstico de Ratzinger provocó un escándalo menor, cuya cobertura íntegra fue hecha por la revista de noticias alemana Der Spiegel. Pero aquellas frases no aparecieron en la traducción inglesa, "la Sal de la tierra" y el tema a debatír no fue más lejos.
El cardenal Ratzinger amenazó, si fuera el caso, abandonar la capital y conducir la guerra de guerrillas de la fé en las montañas. Años antes que la espiral de muerte demográfica de Europa fuera evidente, Ratzinger tuvo la visión para percibirlo y el coraje para decir que la Iglesia católica estaba de pie al borde de una disminución catastrófica. Como Jorge Weigel, el biógrafo de Juan Pablo II, escribió en marzo, "Europa, y sobre todo Europa Occidental, está en medio de una crisis de civilización moral ... Europa se está despoblando en una proporción nunca vista desde la Peste Negra del siglo XIV. Los datos demográficos son inequívocos: Europa está en vías de extinción. Sin embargo la enfermedad que la acosa no es física, es una enfermedad del espíritu. La actual tendencia demográfica europea, unida a la radicalización del Islam que parece ser un subproducto del encuentro de algunos Musulmanes con la Europa contemporánea, secularizada, eventualmente podría producir en el siglo XXII, o aún a fines del XXI, una Europa cada vez más bajo la influencia, y quizás aún dominada, por poblaciones Islámicas militantes ... ello permite a los Musulmanes radicales del siglo XXI - quienes imaginan las derrotas militares de sus antepasados en Poitiers en 732 ... como inversiones temporales en el camino del triunfo final del Islam en Europa - imaginarse que el día de la victoria no está muy lejos"
Weigel culpa de la declinación de Europa "a una explosión letal de ateísmo" en forma de la primer guerra mundial. No es suficientemente realista, ya que la primer guerra mundial estalla por el conflicto de los Balcanes entre los católicos Austro-Hungaros y la ortodoxia Rusa. El eslavismo mesiánico de la corte del Zar Nicholas II enfrentó a la mayor parte de católicos de todas las entidades europeas, el Imperio multinacional de los Habsburgos. Francia, sin duda, también incitó a Rusia a movilizarse, pero fue el ejército católico francés mucho más que la mayoría de los partidos seculares quienes querian la guerra.
Sería más exacto decir que "el ateísmo" fue la mancha residual dejada sobre la tierra por el Imperio Católico Universal. Europa Católica pasó sus 10 primeros siglos absorbiendo a la multitud de invasores. Su genio fue sincrético: cada tribu podía conservar los aspectos de su religión natural en forma de santos específicos, rituales, etcétera, etcétera, dentro del paraguas católico. Esa fue la debilidad trágica de este gran proyecto.
El modelo de Imperio Universal se derrumbó con la Guerra de los Treinta Años, aunque no, como señala la explicación habitual, debido al fanatismo de los combatientes Católicos y Protestantes. La Guerra de los Treinta Años se volvió un instrumento de la política francesa. Francia bajo el Cardenal Richelieu primero identificó su propia gloria nacional con la salvación del mundo cristiano. El nacionalismo mesiánico se convirtió en el rival del Imperio Universal, y la ilusión de nacionalismo mesiánico pasó de Francia a Rusia y luego a Alemania, con consecuencias ruinosas.
Los Estados Unidos de América crearon un tipo distinto de protestantismo, convocando a los inmigrantes a abandonar sus culturas y formar una nueva clase de gente. EU podría representar el único modelo protestante realizable. Sin el peso de la autoridad de la Iglesia para suprimir erupciones tribales, el protestantismo europeo se hizo portador de un nacionalismo perverso, neo-pagano. La Iglesia católica ofreció mucho más resistencia a Adolfo Hitler que las iglesias alemanas Protestantes.
Dudo que el modelo Católico vuelva a proporcionar un modelo para la sociedad humana, pero soy renuente a ver el mensaje Católico diluido o disminuido. Nuestras conjeturas sobre la dirección de los acontecimientos humanos son no más que eso; ningún ser humano ha resuelto el código de la historia. Hasta hace una generación, la opinión cristiana era casi unánime respecto a que el Nuevo Testamento había reemplazado al Viejo Testamento del Judaísmo, sin embargo la vuelta de los judíos a Jerusalén persuade a muchos cristianos que los judíos aún pueden tener un rol a desempeñar. ¿Si los judíos pueden levantarse de las cenizas, qué puede pensarse de las perspectivas para la Iglesia que involucró a la civilización Occidental durante tantos siglos?
En EU, la Iglesia católica tendió hacia el modelo de una agencia de bienestar social, culminando en los escándalos de abuso sexual de los últimos años. En América Latina "la teología de la liberación " convirtió a grandes sectores de la Iglesia en un movimiento político cuasi revolucionario, intento condenado al fracaso. Lo que las religiones hacen para mejorar las condiciones sociales o políticas es secundario; las religiones existen porque el género humano está aterrorizado por la muerte.
Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger pertenecieron a la minoría "Agustiniana" que trata de redirigir la Iglesia a su misión fundamental, a saber el arrepentimiento y la salvación. Antonio Mansueto de la Universidad de Nuevo México, un crítico de izquierda, protesta amargamente contra esta corriente:
(Sobre Vaticano II) Surgió un nuevo Derecho Agustiniano que considera el Neotomismo y el catolicismo Social como demasiado enfocado al apostolado e ineficaz en la comunicación. El efecto es una especie de luteranismo clericalizado.
Ratzinger no sólo es el teólogo principal del Vaticano, sino que fue el colaborador más íntimo de Juan Pablo II. En su primer trabajo académico en St Bonaventure, Ratzinger tomó el toro del protestantismo por las astas. La revelación bíblica es un acto por el que Dios se revela, defendió, y la revelación requiere de alguien a quien manifestarse. Escribió en su autobiografía:
La palabra "revelación" se refiere al acto en el cual Dios se muestra y no al resultado. Parte integrante del concepto de revelación es la recepción. Donde no hay nadie para percibir la revelación, ninguna revelación ha ocurrido porque ningún velo ha sido descorrido. Por definición, la revelación requiere de alguien que lo recepte.
Para Ratzinger, este "alguien" es desde luego la Iglesia, a diferencia del punto de vista Protestante para quien es cada individuo quien debe interpretar las Escrituras por si mismo. Haciendo de la revelación el sujeto de discurso, el Augustiniano Ratzinger puede tener más en común con el cristianismo evangélico que con el neo-tomismo de su propia Iglesia. Por primera vez, las congregaciones católicas en el sur americano atraen el tipo de la gente que normalmente se uniría a las denominadas evangélicas. La corriente Wojtyla-Ratzinger aún podría resultar ser la semilla de mostaza de la cual Ratzinger escribió. No es, como algunos sugieren, que la Iglesia católica americana ha asimilado la cultura ambiental protestante, sino que una corriente católica de antiguo linaje podría competir con el cristianismo evangélico en sus propios términos.
Los medios de comunicación populares le han asignado a Ratzinger la imagen de ultra conservador severo amonestador de teólogos disidentes. Realmente lo opuesto podría ser el caso: como Papa, Ratzinger podrían ser una figura unificadora del mundo cristiano.
De una ventajosa posición institucional, la Iglesia aparece como debilitada más allá de lo reparable. No sólo la fe sino también los fieles parecen estar en peligro de extinción. Ratzinger coloca sus esperanzas sobre las armas puramente espirituales que hicieron del cristianismo una fuerza en su inicio. Ha dicho, "tengo una semilla de mostaza, y no tengo miedo de usarla" No sé, desde luego, si tendrá oportunidad, pero con su ascenso al trono de San Pedro, el siguiente papado podría ser más interesante que el último.
Por Spengler, Asia Times (http://www.atimes.com/)
Traduccion gentileza de Drusila-G
Podríamos tener que apartarnos de la noción de Iglesia popular. Es posible que estemos al borde de una nueva era en la historia, en circunstancias muy diferentes de aquellas que hemos enfrentado en el pasado cuando el cristianismo se asemejaba a la semilla de mostaza (Matthew 13:31-32) Es decir, seguir existiendo sólo en forma de grupos pequeños y aparentemente insignificantes, pero que aún se opondrían al mal con todas sus fuerzas y traerían el Bien a este mundo (In Salz der Erde, Im Gespraech mit P Seewald Christentum und katholische Kirche an der Jahrtausendwende Stuttgart, DVA Verlag, 1996)
Añadió, "el cristianismo podría disminuir a una presencia apenas perceptible" porque los europeos modernos "no quieren llevar el yugo de Cristo" La Iglesia católica, agregó, podría sobrevivir sólo en quistes parecidos a los kibbutz de Israel. Comparó estos quistes a las semillas de mostaza de Jesús pero confiando que esas mínimas dimensiones podrían mover montañas. El desalentador pronóstico de Ratzinger provocó un escándalo menor, cuya cobertura íntegra fue hecha por la revista de noticias alemana Der Spiegel. Pero aquellas frases no aparecieron en la traducción inglesa, "la Sal de la tierra" y el tema a debatír no fue más lejos.
El cardenal Ratzinger amenazó, si fuera el caso, abandonar la capital y conducir la guerra de guerrillas de la fé en las montañas. Años antes que la espiral de muerte demográfica de Europa fuera evidente, Ratzinger tuvo la visión para percibirlo y el coraje para decir que la Iglesia católica estaba de pie al borde de una disminución catastrófica. Como Jorge Weigel, el biógrafo de Juan Pablo II, escribió en marzo, "Europa, y sobre todo Europa Occidental, está en medio de una crisis de civilización moral ... Europa se está despoblando en una proporción nunca vista desde la Peste Negra del siglo XIV. Los datos demográficos son inequívocos: Europa está en vías de extinción. Sin embargo la enfermedad que la acosa no es física, es una enfermedad del espíritu. La actual tendencia demográfica europea, unida a la radicalización del Islam que parece ser un subproducto del encuentro de algunos Musulmanes con la Europa contemporánea, secularizada, eventualmente podría producir en el siglo XXII, o aún a fines del XXI, una Europa cada vez más bajo la influencia, y quizás aún dominada, por poblaciones Islámicas militantes ... ello permite a los Musulmanes radicales del siglo XXI - quienes imaginan las derrotas militares de sus antepasados en Poitiers en 732 ... como inversiones temporales en el camino del triunfo final del Islam en Europa - imaginarse que el día de la victoria no está muy lejos"
Weigel culpa de la declinación de Europa "a una explosión letal de ateísmo" en forma de la primer guerra mundial. No es suficientemente realista, ya que la primer guerra mundial estalla por el conflicto de los Balcanes entre los católicos Austro-Hungaros y la ortodoxia Rusa. El eslavismo mesiánico de la corte del Zar Nicholas II enfrentó a la mayor parte de católicos de todas las entidades europeas, el Imperio multinacional de los Habsburgos. Francia, sin duda, también incitó a Rusia a movilizarse, pero fue el ejército católico francés mucho más que la mayoría de los partidos seculares quienes querian la guerra.
Sería más exacto decir que "el ateísmo" fue la mancha residual dejada sobre la tierra por el Imperio Católico Universal. Europa Católica pasó sus 10 primeros siglos absorbiendo a la multitud de invasores. Su genio fue sincrético: cada tribu podía conservar los aspectos de su religión natural en forma de santos específicos, rituales, etcétera, etcétera, dentro del paraguas católico. Esa fue la debilidad trágica de este gran proyecto.
El modelo de Imperio Universal se derrumbó con la Guerra de los Treinta Años, aunque no, como señala la explicación habitual, debido al fanatismo de los combatientes Católicos y Protestantes. La Guerra de los Treinta Años se volvió un instrumento de la política francesa. Francia bajo el Cardenal Richelieu primero identificó su propia gloria nacional con la salvación del mundo cristiano. El nacionalismo mesiánico se convirtió en el rival del Imperio Universal, y la ilusión de nacionalismo mesiánico pasó de Francia a Rusia y luego a Alemania, con consecuencias ruinosas.
Los Estados Unidos de América crearon un tipo distinto de protestantismo, convocando a los inmigrantes a abandonar sus culturas y formar una nueva clase de gente. EU podría representar el único modelo protestante realizable. Sin el peso de la autoridad de la Iglesia para suprimir erupciones tribales, el protestantismo europeo se hizo portador de un nacionalismo perverso, neo-pagano. La Iglesia católica ofreció mucho más resistencia a Adolfo Hitler que las iglesias alemanas Protestantes.
Dudo que el modelo Católico vuelva a proporcionar un modelo para la sociedad humana, pero soy renuente a ver el mensaje Católico diluido o disminuido. Nuestras conjeturas sobre la dirección de los acontecimientos humanos son no más que eso; ningún ser humano ha resuelto el código de la historia. Hasta hace una generación, la opinión cristiana era casi unánime respecto a que el Nuevo Testamento había reemplazado al Viejo Testamento del Judaísmo, sin embargo la vuelta de los judíos a Jerusalén persuade a muchos cristianos que los judíos aún pueden tener un rol a desempeñar. ¿Si los judíos pueden levantarse de las cenizas, qué puede pensarse de las perspectivas para la Iglesia que involucró a la civilización Occidental durante tantos siglos?
En EU, la Iglesia católica tendió hacia el modelo de una agencia de bienestar social, culminando en los escándalos de abuso sexual de los últimos años. En América Latina "la teología de la liberación " convirtió a grandes sectores de la Iglesia en un movimiento político cuasi revolucionario, intento condenado al fracaso. Lo que las religiones hacen para mejorar las condiciones sociales o políticas es secundario; las religiones existen porque el género humano está aterrorizado por la muerte.
Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger pertenecieron a la minoría "Agustiniana" que trata de redirigir la Iglesia a su misión fundamental, a saber el arrepentimiento y la salvación. Antonio Mansueto de la Universidad de Nuevo México, un crítico de izquierda, protesta amargamente contra esta corriente:
(Sobre Vaticano II) Surgió un nuevo Derecho Agustiniano que considera el Neotomismo y el catolicismo Social como demasiado enfocado al apostolado e ineficaz en la comunicación. El efecto es una especie de luteranismo clericalizado.
Ratzinger no sólo es el teólogo principal del Vaticano, sino que fue el colaborador más íntimo de Juan Pablo II. En su primer trabajo académico en St Bonaventure, Ratzinger tomó el toro del protestantismo por las astas. La revelación bíblica es un acto por el que Dios se revela, defendió, y la revelación requiere de alguien a quien manifestarse. Escribió en su autobiografía:
La palabra "revelación" se refiere al acto en el cual Dios se muestra y no al resultado. Parte integrante del concepto de revelación es la recepción. Donde no hay nadie para percibir la revelación, ninguna revelación ha ocurrido porque ningún velo ha sido descorrido. Por definición, la revelación requiere de alguien que lo recepte.
Para Ratzinger, este "alguien" es desde luego la Iglesia, a diferencia del punto de vista Protestante para quien es cada individuo quien debe interpretar las Escrituras por si mismo. Haciendo de la revelación el sujeto de discurso, el Augustiniano Ratzinger puede tener más en común con el cristianismo evangélico que con el neo-tomismo de su propia Iglesia. Por primera vez, las congregaciones católicas en el sur americano atraen el tipo de la gente que normalmente se uniría a las denominadas evangélicas. La corriente Wojtyla-Ratzinger aún podría resultar ser la semilla de mostaza de la cual Ratzinger escribió. No es, como algunos sugieren, que la Iglesia católica americana ha asimilado la cultura ambiental protestante, sino que una corriente católica de antiguo linaje podría competir con el cristianismo evangélico en sus propios términos.
Los medios de comunicación populares le han asignado a Ratzinger la imagen de ultra conservador severo amonestador de teólogos disidentes. Realmente lo opuesto podría ser el caso: como Papa, Ratzinger podrían ser una figura unificadora del mundo cristiano.
De una ventajosa posición institucional, la Iglesia aparece como debilitada más allá de lo reparable. No sólo la fe sino también los fieles parecen estar en peligro de extinción. Ratzinger coloca sus esperanzas sobre las armas puramente espirituales que hicieron del cristianismo una fuerza en su inicio. Ha dicho, "tengo una semilla de mostaza, y no tengo miedo de usarla" No sé, desde luego, si tendrá oportunidad, pero con su ascenso al trono de San Pedro, el siguiente papado podría ser más interesante que el último.
Por Spengler, Asia Times (http://www.atimes.com/)
Traduccion gentileza de Drusila-G