Rex Mundi
18-01-06, 10:15 AM
Felipe Díaz Garza / Los ex paisanos
Por Felipe Díaz Garza
Grupo Reforma
Monterrey, México (jan 18 2006 4:06am).- A las tres de la tarde del domingo pasado, sólo 21 mil 546 mexicanos residentes permanentes en Estados Unidos habían solicitado su registro para votar en las elecciones de julio próximo.
Los de acá hemos dado todo tipo de explicaciones a la pobre respuesta que los ex paisanos emigrados dieron a nuestra "generosa" invitación. La mayoría de dichas explicaciones reparte culpas. Que si el IFE organizó mal el padrón; que si el correo no entregó oportunamente las invocaciones o no trajo a tiempo las solicitudes; que si los ex paisanos no mandaron toda la papelería pedida; que si la mandaron por correo ordinario y no por correo certificado; que si costaba nueve dólares; que porque esto o porque lo otro o porque lo de más allá.
Incluso, esta epopeya le dio oportunidad al canciller Luis Ernesto Derbez para vapulear al Congreso "porque no han generado las condiciones de competitividad para que los migrantes mexicanos se queden a vivir en el país". Ello basado en que otra de las explicaciones aventuradas al fracaso del voto mexicano en el extranjero es que nuestros hermanos autoexiliados no son tan autoexiliados, sino que se han ido obligados por la pobreza y por la falta de oportunidades en el país para ellos y para sus familias.
Mas así como el Canciller, un genio económico fracasado metido a diplomático fracasado, culpa al Congreso, el órgano legislativo y otros genios económicos fracasados de la izquierda culpan al gobierno de Fox y al de Zedillo y al de Salinas y al de todos los demás genios económicos fracasados públicos y privados de la migración "forzada" de millones de mexicanos, que cada año son más y suman más en el extranjero, básicamente en Estados Unidos.
Una de las pocas opiniones sensatas sobre el asunto que hubo en estos días fue la de un lector de EL NORTE que dice:
"No entiendo. Si una persona reniega de su país, yéndose a vivir al extranjero (por los motivos que sean), ¿qué derecho tiene a influir en la decisión de quién va a gobernar el país que abandonó? Si esa persona no va a estar sujeta a las leyes que emanen del gobierno del país que deja atrás, ¿qué le importa y cómo le afecta quiénes van a ser los responsables de elaborar esas leyes?
"Considero que tanto ajetreo para permitir el voto a los mexicanos en el extranjero es un esfuerzo inútil, costoso y que además no tiene razón de ser. Aténganse a las leyes del país que eligieron para vivir, y déjenos elegir nuestro gobierno, que a nosotros sí nos va a afectar" (Cartas a El Norte, por Ulises Victoria Aldape, 7 de enero).
Victoria tiene razón, aunque a algunos les pueda parecer agresivo su enfoque. Los migrantes se han ido, la mayoría de ellos permanentemente, por lo que la organización política del país no les afecta más. Eso no pasa con los que permanecemos aquí, que somos directamente afectados por la selección de los gobernantes. Además cuesta una fortuna instrumentar el voto a los migrantes, gasto que será inútil por sus nulos efectos. Los que estamos aquí debemos resolver los problemas que tenemos aquí y los que se fueron deben resolver los problemas que tienen allá. No hay vuelta de hoja.
Dos puntos tan sólo objetaría al señor Victoria. Primero, que los migrantes no renegaron de México, simplemente hicieron por la vida y se globalizaron y, segundo, que ellos no pelean ningún derecho a influir en la decisión de quién va a gobernar México. No les interesa quién va a gobernar México. Tan es así que apenas un poco más del 0.5 por ciento de los cuatro millones de migrantes mexicanos calificados para votar había pedido su empadronamiento hasta el domingo pasado.
Nuestros ex paisanos migrantes tienen muy claro que escogieron vivir en otro país para vivir mejor, que para lograrlo quieren acogerse a sus leyes y que quieren y algún día podrán, eso es lo fundamental, votar y escoger allá el gobierno que les convenga. De acuerdo con los pronósticos de los expertos en demografía política, al final de este siglo los hispanos, de México más que de ningún otro origen, serán mayoría absoluta en Estados Unidos. Los votos de nuestros ex paisanos decidirán quién gobernará el país al que han emigrado y del que los que estamos acá pretendemos hacerlos regresar para votar por un gobierno que ya no los representa, que difícilmente los ha representado alguna vez.
Los migrantes mexicanos a Estados Unidos quieren ser estadounidenses, son estadounidenses, aunque hablen español, cada vez más anglizado, aunque se vistan con trajes charros, cada vez más americanizados la noche del grito y aunque vengan a México cada Navidad con mucho dinero para presumir y mucho amor al terruño, sí, pero al terruño de Detroit, Los Angeles o Chicago, donde están sus vidas y las oportunidades de vivirlas bien.
Hay que parar la distribución de culpas por el fracaso del proyecto de voto mexicano en el extranjero. Nadie tuvo la culpa de que los invitados no hayan querido venir. Pero sí la tendremos de que el éxodo continúe, que continuará si no creamos las oportunidades que necesitan los que se quedaron aquí, los que sí tienen derecho natural y legal a decidir quién gobierna y a exigir a quien gobierna que cambie las condiciones de este país, para que no haya más mexicanos que deseen irse a elegir el gobierno de Estados Unidos, no el de México.
diazgarza@gmail.co
Hora de publicación: 04:16 hrs.
Por Felipe Díaz Garza
Grupo Reforma
Monterrey, México (jan 18 2006 4:06am).- A las tres de la tarde del domingo pasado, sólo 21 mil 546 mexicanos residentes permanentes en Estados Unidos habían solicitado su registro para votar en las elecciones de julio próximo.
Los de acá hemos dado todo tipo de explicaciones a la pobre respuesta que los ex paisanos emigrados dieron a nuestra "generosa" invitación. La mayoría de dichas explicaciones reparte culpas. Que si el IFE organizó mal el padrón; que si el correo no entregó oportunamente las invocaciones o no trajo a tiempo las solicitudes; que si los ex paisanos no mandaron toda la papelería pedida; que si la mandaron por correo ordinario y no por correo certificado; que si costaba nueve dólares; que porque esto o porque lo otro o porque lo de más allá.
Incluso, esta epopeya le dio oportunidad al canciller Luis Ernesto Derbez para vapulear al Congreso "porque no han generado las condiciones de competitividad para que los migrantes mexicanos se queden a vivir en el país". Ello basado en que otra de las explicaciones aventuradas al fracaso del voto mexicano en el extranjero es que nuestros hermanos autoexiliados no son tan autoexiliados, sino que se han ido obligados por la pobreza y por la falta de oportunidades en el país para ellos y para sus familias.
Mas así como el Canciller, un genio económico fracasado metido a diplomático fracasado, culpa al Congreso, el órgano legislativo y otros genios económicos fracasados de la izquierda culpan al gobierno de Fox y al de Zedillo y al de Salinas y al de todos los demás genios económicos fracasados públicos y privados de la migración "forzada" de millones de mexicanos, que cada año son más y suman más en el extranjero, básicamente en Estados Unidos.
Una de las pocas opiniones sensatas sobre el asunto que hubo en estos días fue la de un lector de EL NORTE que dice:
"No entiendo. Si una persona reniega de su país, yéndose a vivir al extranjero (por los motivos que sean), ¿qué derecho tiene a influir en la decisión de quién va a gobernar el país que abandonó? Si esa persona no va a estar sujeta a las leyes que emanen del gobierno del país que deja atrás, ¿qué le importa y cómo le afecta quiénes van a ser los responsables de elaborar esas leyes?
"Considero que tanto ajetreo para permitir el voto a los mexicanos en el extranjero es un esfuerzo inútil, costoso y que además no tiene razón de ser. Aténganse a las leyes del país que eligieron para vivir, y déjenos elegir nuestro gobierno, que a nosotros sí nos va a afectar" (Cartas a El Norte, por Ulises Victoria Aldape, 7 de enero).
Victoria tiene razón, aunque a algunos les pueda parecer agresivo su enfoque. Los migrantes se han ido, la mayoría de ellos permanentemente, por lo que la organización política del país no les afecta más. Eso no pasa con los que permanecemos aquí, que somos directamente afectados por la selección de los gobernantes. Además cuesta una fortuna instrumentar el voto a los migrantes, gasto que será inútil por sus nulos efectos. Los que estamos aquí debemos resolver los problemas que tenemos aquí y los que se fueron deben resolver los problemas que tienen allá. No hay vuelta de hoja.
Dos puntos tan sólo objetaría al señor Victoria. Primero, que los migrantes no renegaron de México, simplemente hicieron por la vida y se globalizaron y, segundo, que ellos no pelean ningún derecho a influir en la decisión de quién va a gobernar México. No les interesa quién va a gobernar México. Tan es así que apenas un poco más del 0.5 por ciento de los cuatro millones de migrantes mexicanos calificados para votar había pedido su empadronamiento hasta el domingo pasado.
Nuestros ex paisanos migrantes tienen muy claro que escogieron vivir en otro país para vivir mejor, que para lograrlo quieren acogerse a sus leyes y que quieren y algún día podrán, eso es lo fundamental, votar y escoger allá el gobierno que les convenga. De acuerdo con los pronósticos de los expertos en demografía política, al final de este siglo los hispanos, de México más que de ningún otro origen, serán mayoría absoluta en Estados Unidos. Los votos de nuestros ex paisanos decidirán quién gobernará el país al que han emigrado y del que los que estamos acá pretendemos hacerlos regresar para votar por un gobierno que ya no los representa, que difícilmente los ha representado alguna vez.
Los migrantes mexicanos a Estados Unidos quieren ser estadounidenses, son estadounidenses, aunque hablen español, cada vez más anglizado, aunque se vistan con trajes charros, cada vez más americanizados la noche del grito y aunque vengan a México cada Navidad con mucho dinero para presumir y mucho amor al terruño, sí, pero al terruño de Detroit, Los Angeles o Chicago, donde están sus vidas y las oportunidades de vivirlas bien.
Hay que parar la distribución de culpas por el fracaso del proyecto de voto mexicano en el extranjero. Nadie tuvo la culpa de que los invitados no hayan querido venir. Pero sí la tendremos de que el éxodo continúe, que continuará si no creamos las oportunidades que necesitan los que se quedaron aquí, los que sí tienen derecho natural y legal a decidir quién gobierna y a exigir a quien gobierna que cambie las condiciones de este país, para que no haya más mexicanos que deseen irse a elegir el gobierno de Estados Unidos, no el de México.
diazgarza@gmail.co
Hora de publicación: 04:16 hrs.