Rex Mundi
06-01-06, 12:09 PM
Derechos de comprador
Por Felipe Díaz Garza
Grupo Reforma
Monterrey, México (jan 6 2006 3:58am).- Los comerciantes locales se quejan amargamente de la franquicia generalizada de 300 dólares de mercancía extranjera libre de impuestos de importación, otorgada por Hacienda a los mexicanos que compraron en Estados Unidos durante la temporada navideña.
El presidente de la Canaco, Jesús Marcos Giacomán, informó que sus colegas vendieron en el 2005 lo mismo que el año anterior. Las ventas de esta Navidad de Julio Cepeda fueron de 5 a 8 por ciento menores que las del 2004, según declaró José Luis Cepeda, director comercial de la popular tienda. Además de la franquicia, aducida como desventaja por Cepeda y Marcos, el ambulantaje fue esgrimido igualmente como una maldición bíblica por el líder de la Cámara de Comerciantes, quien señaló que "jamás habíamos visto en Monterrey tanto comercio informal".
Por su parte, Pedro Mejía, director de comunicación de Soriana, apuntó que la fortaleza del peso hace más atractiva la compra en Estados Unidos, lo que, dijo, hizo que las ventas de la abarrotera fueran menores en el 2005 que en el 2004. Yelile Tueme de Marcos, presidenta de la Asociación de "marchantes" de la Plaza Morelos, se solidarizó con las quejas de sus pares, agregando a la lista de odiados enemigos las exposiciones en Cintermex de comerciantes del Bajío.
Pero ni en artículo mortis se les ocurriría a los comerciantes organizados considerar que los compradores deciden libremente dónde compran y a quién le compran. Olvidan que si esos consumidores van con muchas dificultades a comprar a Estados Unidos, en lugar de comprar aquí con muchas facilidades, es porque la calidad y el precio de lo que compran en el extranjero abaratan las dificultades que implica viajar para mercar. Contrariamente, la calidad y el precio de lo que comprarían aquí encarecen las facilidades que implica comprar en su ciudad de residencia.
Los comerciantes sindicalizados de Monterrey están demasiado acostumbrados a la protección mafiosa. Tan acostumbrados están que han perdido toda noción de cómo ser competitivos en calidad y precio, en lo que se han pulido los comerciantes extranjeros de McAllen y Laredo, Texas, casi todos hispanos.
Incapaces de lograr competitividad y de ofrecer precios atractivos en productos de calidad aceptable, nuestros mercaderes lloriquean por una franquicia de importación de 300 dólares, que una máquina iPod o un reloj Swiss Army superan solos. Se quejan igual por un peso fuerte frente al dólar, de lo que deberían felicitarse. Nuestros héroes quisieran un peso devaluado y una nación en ruinas condenada a comprarles sólo a ellos lo que vendieran, como lo vendieran y sirviera o no sirviera.
La competencia es odiosa y es la culpable de nuestros fracasos, según claman canacos, plazamorelianos, sorianos y jugueteros. El malo es el comerciante informal y el peor es el alien de Guanajuato que vienen a vender barato, porque compran barato y gastan barato e inteligentemente, reduciendo sus costos, lo que les permite cerrar el círculo y vender barato.
Si la franquicia fiscal navideña fuera de 50 dólares, como el resto del año, los regiomontanos igual hubiéramos ido en diciembre a comprar a Laredo, San Antonio, Houston, Chicago o Nueva York, como el resto del año. Más allá de la franquicia, que no es significativa en términos reales, los compradores encontramos en Estados Unidos productos mejores y más baratos que los que encontramos aquí. Y lo mismo reza con los ambulantes, que no lo son tanto, pues casi todos están instalados sólidamente, y con los comerciantes aliens, que tampoco lo son, pues vienen del Bajío, que no es parte de Afganistán, sino de México.
¿Qué quieren los canacos y todos sus colegas organizados? Quieren cerrar la frontera, devaluar el peso, elevar los impuestos a las importaciones, excepto a las que hagan los comerciantes que venden productos extranjeros a precios absurdos. Quieren cerrar Monterrey y exigir visa de entrada, negable, a los comerciantes de Ramos Arizpe a Guanajuato y puntos intermedios. Quieren la cárcel para los expositores foráneos de Cintermex. Quieren un México inflacionado, devaluado y quebrado, porque es el único ambiente en el que pueden vender exitosamente malos productos a precios inflados.
Curiosa filosofía de un gremio formado en forma muy importante por extranjeros o descendientes directos de extranjeros. Curiosa filosofía de un gremio originado en la libertad de ir a vender a donde sea y de ir a comprar a donde sea, a donde sea que se pueda vender con más utilidad y a donde sea que se pueda comprar con más utilidad, pues tanto el vendedor como el comprador tenemos derecho a utilidades. Uno y otro somos libres, especialmente en el sistema de libre mercado. Si los comerciantes no venden aquí es porque los compradores ejercemos nuestra libertad, hemos encontrado mejores proveedores en otras partes y no queremos comprarles a ellos, que son libres de irse a otra parte, como lo hacían los fenicios, a vender sus productos donde estos tengan un mercado.
Aquí no es ese lugar, como lo demuestra la caída de las ventas de los comerciantes sindicalizados en la Canaco y en la Plaza Morelos y de los abarroteros españoles de Torreón y del vendedor juguetero de Monterrey.
Hora de publicación: 04:22 hrs.
Por Felipe Díaz Garza
Grupo Reforma
Monterrey, México (jan 6 2006 3:58am).- Los comerciantes locales se quejan amargamente de la franquicia generalizada de 300 dólares de mercancía extranjera libre de impuestos de importación, otorgada por Hacienda a los mexicanos que compraron en Estados Unidos durante la temporada navideña.
El presidente de la Canaco, Jesús Marcos Giacomán, informó que sus colegas vendieron en el 2005 lo mismo que el año anterior. Las ventas de esta Navidad de Julio Cepeda fueron de 5 a 8 por ciento menores que las del 2004, según declaró José Luis Cepeda, director comercial de la popular tienda. Además de la franquicia, aducida como desventaja por Cepeda y Marcos, el ambulantaje fue esgrimido igualmente como una maldición bíblica por el líder de la Cámara de Comerciantes, quien señaló que "jamás habíamos visto en Monterrey tanto comercio informal".
Por su parte, Pedro Mejía, director de comunicación de Soriana, apuntó que la fortaleza del peso hace más atractiva la compra en Estados Unidos, lo que, dijo, hizo que las ventas de la abarrotera fueran menores en el 2005 que en el 2004. Yelile Tueme de Marcos, presidenta de la Asociación de "marchantes" de la Plaza Morelos, se solidarizó con las quejas de sus pares, agregando a la lista de odiados enemigos las exposiciones en Cintermex de comerciantes del Bajío.
Pero ni en artículo mortis se les ocurriría a los comerciantes organizados considerar que los compradores deciden libremente dónde compran y a quién le compran. Olvidan que si esos consumidores van con muchas dificultades a comprar a Estados Unidos, en lugar de comprar aquí con muchas facilidades, es porque la calidad y el precio de lo que compran en el extranjero abaratan las dificultades que implica viajar para mercar. Contrariamente, la calidad y el precio de lo que comprarían aquí encarecen las facilidades que implica comprar en su ciudad de residencia.
Los comerciantes sindicalizados de Monterrey están demasiado acostumbrados a la protección mafiosa. Tan acostumbrados están que han perdido toda noción de cómo ser competitivos en calidad y precio, en lo que se han pulido los comerciantes extranjeros de McAllen y Laredo, Texas, casi todos hispanos.
Incapaces de lograr competitividad y de ofrecer precios atractivos en productos de calidad aceptable, nuestros mercaderes lloriquean por una franquicia de importación de 300 dólares, que una máquina iPod o un reloj Swiss Army superan solos. Se quejan igual por un peso fuerte frente al dólar, de lo que deberían felicitarse. Nuestros héroes quisieran un peso devaluado y una nación en ruinas condenada a comprarles sólo a ellos lo que vendieran, como lo vendieran y sirviera o no sirviera.
La competencia es odiosa y es la culpable de nuestros fracasos, según claman canacos, plazamorelianos, sorianos y jugueteros. El malo es el comerciante informal y el peor es el alien de Guanajuato que vienen a vender barato, porque compran barato y gastan barato e inteligentemente, reduciendo sus costos, lo que les permite cerrar el círculo y vender barato.
Si la franquicia fiscal navideña fuera de 50 dólares, como el resto del año, los regiomontanos igual hubiéramos ido en diciembre a comprar a Laredo, San Antonio, Houston, Chicago o Nueva York, como el resto del año. Más allá de la franquicia, que no es significativa en términos reales, los compradores encontramos en Estados Unidos productos mejores y más baratos que los que encontramos aquí. Y lo mismo reza con los ambulantes, que no lo son tanto, pues casi todos están instalados sólidamente, y con los comerciantes aliens, que tampoco lo son, pues vienen del Bajío, que no es parte de Afganistán, sino de México.
¿Qué quieren los canacos y todos sus colegas organizados? Quieren cerrar la frontera, devaluar el peso, elevar los impuestos a las importaciones, excepto a las que hagan los comerciantes que venden productos extranjeros a precios absurdos. Quieren cerrar Monterrey y exigir visa de entrada, negable, a los comerciantes de Ramos Arizpe a Guanajuato y puntos intermedios. Quieren la cárcel para los expositores foráneos de Cintermex. Quieren un México inflacionado, devaluado y quebrado, porque es el único ambiente en el que pueden vender exitosamente malos productos a precios inflados.
Curiosa filosofía de un gremio formado en forma muy importante por extranjeros o descendientes directos de extranjeros. Curiosa filosofía de un gremio originado en la libertad de ir a vender a donde sea y de ir a comprar a donde sea, a donde sea que se pueda vender con más utilidad y a donde sea que se pueda comprar con más utilidad, pues tanto el vendedor como el comprador tenemos derecho a utilidades. Uno y otro somos libres, especialmente en el sistema de libre mercado. Si los comerciantes no venden aquí es porque los compradores ejercemos nuestra libertad, hemos encontrado mejores proveedores en otras partes y no queremos comprarles a ellos, que son libres de irse a otra parte, como lo hacían los fenicios, a vender sus productos donde estos tengan un mercado.
Aquí no es ese lugar, como lo demuestra la caída de las ventas de los comerciantes sindicalizados en la Canaco y en la Plaza Morelos y de los abarroteros españoles de Torreón y del vendedor juguetero de Monterrey.
Hora de publicación: 04:22 hrs.