Bisonte
04/01/06, 00:20:27
Gabriel RODRÍGUEZ PÉREZ
Coronel de Infantería, DEM.
Antecedentes
Desde que en 1521 Hernán Cortés completó su prodigiosa hazaña, con unos cientos de españoles y unos miles de indios tlaxcaltecas, comenzaron las expediciones de exploración y conquista hacia el norte y el oeste. Fueron llegando españoles a los que se fueron uniendo indios cristianos y fueron fundándose nuevas ciudades, villas y pueblos, cuyas poblaciones aumentaban continuamente, como fruto de la paz y del desarrollo de las fuentes de riqueza que se ponían en explotación. En 1535, aquel territorio, que el Emperador llamó "Nueva España" por sugerencia de Hernán Cortés, fue convertido en reino de la Corona de España y se le nombró su primer virrey. Cortés era capitán general, marqués del Valle de Oaxaca y dueño de una gran propiedad rural, pero ya no ejercía ningún cargo de gobierno. Entonces se estableció en su palacio de Cuernavaca y se dedicó a la explotación y mejora de su hacienda y a financiar expediciones exploradoras.
La gran actividad exploradora y pobladora se continuó realizando por iniciativa privada con la hueste como forma de organización. Las expediciones por tierra recorrieron desde Nueva Galicia (actuales estados mexicanos de Jalisco y Michoacán) hasta Sinaloa; las que se efectuaron por mar fueron dando a conocer las costas del Mar del Sur u Océano Pacífico. Inició estas expediciones exploradoras, en 1529, la de Nuño de Guzmán, que llegó hasta la costa de Sonora. Cristóbal de Oñate, nombrado gobernador de Nueva Galicia, fundó Guadalaxara (Guadalajara), su capital; puso en explotación las minas de plata de Zacatecas y llevó a cabo expediciones de exploración con las que llegó a cruzar la Sierra Madre Occidental. Ginés Vázquez de Mercado recorrió Sinaloa, donde fundó San Miguel de Culiacán y varios pueblos y reales de minas (campamentos mineros), y llegó hasta Sonora. Culiacán se convirtió en centro de nuevas exploraciones y, durante muchos años, fue la ciudad más avanzada en la costa del Pacífico.
Después se fueron organizando, sucesivamente, nuevas expediciones exploradoras y colonizadoras durante todo el siglo. Se fueron fundando ciudades, villas, pueblos, misiones, haciendas ganaderas o ranchos y reales de minas. Los colonizadores españoles en esta amplísima zona fueron sobre todo misioneros, campesinos y mineros, impulsados por los alicientes de los indios por convertir, las tierras por explotar y las minas por descubrir y excavar, como ha escrito el profesor Hernández Sánchez-Barba. Su avance era muy lento pero no se detenía. No había más medios de transporte que el caballo, la mula y el carro, con los que se avanzaba a través de una tierra sin caminos; ni siquiera límites, cruzando enormes extensiones desiertas o apenas recorridas por tribus indias nómadas. Esta difícil, y por tanto más meritoria, expansión, fue añadiendo nuevas tierras al reino de Nueva España, en el que el territorio que había ocupado el Imperio azteca se iba quedando cada vez más pequeño ante las grandes extensiones añadidas.
La más prodigiosa aventura de todas las exploraciones fue sin duda la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que había salido de San Agustín de la Florida en 1528 y, después de haber recorrido gran parte de la cuenca del Mississippí hasta las Rocosas y descendido después hacia el sur, apareció cerca de Culiacán, con tres acompañantes, en 1536, cargado de información y experiencia sobre los territorios que había recorrido y las tribus que los habitaban. Por cierto, que no terminó ahí su actividad exploradora y descubridora, pues unos años después, siendo gobernador del Paraguay, descubrió las cataratas del Iguazú, como recuerda un grueso monolito al borde de uno de los senderos que, en la orilla argentina, dan frente a las famosas cataratas, cerca del "Hotel Internacional".
En 1539, fray Marcos de Niza fue de Nueva Galicia a Culiacán, desde donde dirigió una expedición que recorrió Sinaloa, Sonora, Arizona y Nuevo Méjico. Al final de su recorrido, los expedicionarios vieron unas altas masas rocosas, que parecían coronadas por sendas ciudades que brillaban al sol, y creyeron que habían encontrado las Siete Ciudades de Cíbola, uno de los mitos más populares por aquellos años. En realidad, eran los poblados de los indios zuñis, llamados también indios pueblos, por ser los únicos que habitaban en viviendas reunidas, las cuales eran casas colgantes con varios pisos, sobre cerros rocosos muy elevados, en los que era fácil la defensa.
Al regreso de fray Marcos de Niza, su relato produjo general impresión, avivándose la ya existente creencia en los mitos que circulaban. En este ambiente se organizó la expedición de Vázquez de Coronado, enviado a explorar por el virrey don Antonio de Mendoza, el primer virrey que tuvo el reino de Nueva España (decimos reino y no virreinato porque la primera es la expresión que hemos encontrado siempre en escritos de la época, mientras que la segunda sólo la hemos visto en escritos más recientes, además de ser más imprecisa, por corresponder más a la función y dignidad de virrey que al territorio). Vázquez de Coronado, sucesor de Cristóbal de Oñate en el gobierno de Nueva Galicia, fue nombrado capitán general de una expedición exploradora de trescientos jinetes, ochenta soldados veteranos de infantería y ochocientos indios auxiliares tlaxcaltecas, con mil caballos, piaras de cerdos y rebaños de carneros. Salió de Culiacán en 1540 y con fray Marcos de Niza como guía, recorriendo su misma ruta. Desde allí, envió tres expediciones a explorar, hacia el oeste, el norte y el este. La que fue hacia el oeste, al mando del capitán García López de Cárdenas, descubrió el Gran Cañón del Colorado. En aquella zona de Tíguez, donde había establecido su base, Vázquez de Coronado hizo soltar caballos, que fueron el origen de las grandes manadas en estado salvaje que se fueron formando en las praderas norteamericanas. Poco antes de regre-sar, tuvo conocimiento de los rumores que corrían entre los indios de la zona sobre la supuesta existencia de otra ciudad de fábula, Quivira, que los indígenas señalaban hacia el noreste, en dirección a la actual Kansas, pero el relato no le hizo cambiar sus planes. Al iniciar la marcha de regreso, dos misioneros se quedaron a evangelizar y fueron salvajemente sacrificados por indios de aquella zona. Vázquez de Coronado regresó muy quebrantado físicamente, hasta el punto de no poder volver a participar en más expediciones, pero la suya había valido por muchas, pues había traído a Nueva Galicia una completa información sobre la realidad de las tierras que había recorrido y sus condiciones, de incalculable valor para las siguientes exploraciones y para el poblamiento sistemático posterior. Actualmente, se le recuerda mucho en los estados del suroeste de Estados Unidos.
Simultáneamente a la expedición de Vázquez de Coronado por tierra, Hernando de Alarcón llevó a cabo otra expedición paralela por mar, con la que recorrió el golfo de California, hasta la desembocadura del río Colorado, y aportó una completa información sobre aquellas costas.
Al iniciarse la segunda mitad del siglo había desaparecido la anterior creencia en los mitos, a lo cual había contribuido notablemente la expedición de Vázquez de Coronado. Las expediciones se organizaron ya con más información y experiencia y, por tanto, con criterios más realistas. La más importante de dichas expediciones fue la del capitán don Francisco de Ibarra, un noble vasco muy apreciado por su valor, prudencia y honradez, y poseedor de una gran fortuna. Ibarra fue designado por el virrey don Luis de Velasco para la conquista de la Nueva Vizcaya, para lo cual organizó la expedición que, muy bien preparada y adecuadamente provista de todos los medios necesarios, salió de Zacatecas, ciudad muy rica por su minería y que se había convertido en centro irradiador de expediciones. Su primera fundación fue Fresnillo, en el valle de San Martín, donde existían ricos yacimientos de plata, que fueron la base de un rápido crecimiento y prosperidad. En Fresnillo se le unieron los primeros misioneros que envió el virrey para evangelizar la nueva provincia, cuatro franciscanos a cuyo frente iba fray Juan de Herrera. La noticia atrajo a numerosos colonizadores, que en su mayoría eran vizcaínos, paisanos por tanto del capitán Ibarra, cuyo prestigio también debió influir. Así pudo enviar a su teniente a fundar, en el valle de Guadiana, la villa de Durango, nombre de su villa natal, la cual se convirtió rápidamente en capital de Nueva Vizcaya. Estas acciones de exploración, conquista e inicio de la colonización de Nueva Vizcaya tuvieron lugar esencialmente entre 1563 y 1566. Después Ibarra conti-nuó explorando y poblando, siguiendo el río Conchos hasta más al norte de Chihuahua. Posteriormente, con la decisiva guía y ayuda de la cacica cristiana Doña Luisa, que había servido de intérprete a Vázquez de Coronado, llegó a su territorio en Sinaloa, donde fundó la villas de San Juan y San Sebastián. Parece ser que esta actividad de Ibarra y su buen proceder influyeron decisivamente para que Sinaloa, hasta entonces perteneciente a Nueva Galicia, fuera agregada a Nueva Vizcaya por resolución real.
Sigue--- http://www.ejercito.mde.es/ihycm/revista/91/rodriguez.html
Coronel de Infantería, DEM.
Antecedentes
Desde que en 1521 Hernán Cortés completó su prodigiosa hazaña, con unos cientos de españoles y unos miles de indios tlaxcaltecas, comenzaron las expediciones de exploración y conquista hacia el norte y el oeste. Fueron llegando españoles a los que se fueron uniendo indios cristianos y fueron fundándose nuevas ciudades, villas y pueblos, cuyas poblaciones aumentaban continuamente, como fruto de la paz y del desarrollo de las fuentes de riqueza que se ponían en explotación. En 1535, aquel territorio, que el Emperador llamó "Nueva España" por sugerencia de Hernán Cortés, fue convertido en reino de la Corona de España y se le nombró su primer virrey. Cortés era capitán general, marqués del Valle de Oaxaca y dueño de una gran propiedad rural, pero ya no ejercía ningún cargo de gobierno. Entonces se estableció en su palacio de Cuernavaca y se dedicó a la explotación y mejora de su hacienda y a financiar expediciones exploradoras.
La gran actividad exploradora y pobladora se continuó realizando por iniciativa privada con la hueste como forma de organización. Las expediciones por tierra recorrieron desde Nueva Galicia (actuales estados mexicanos de Jalisco y Michoacán) hasta Sinaloa; las que se efectuaron por mar fueron dando a conocer las costas del Mar del Sur u Océano Pacífico. Inició estas expediciones exploradoras, en 1529, la de Nuño de Guzmán, que llegó hasta la costa de Sonora. Cristóbal de Oñate, nombrado gobernador de Nueva Galicia, fundó Guadalaxara (Guadalajara), su capital; puso en explotación las minas de plata de Zacatecas y llevó a cabo expediciones de exploración con las que llegó a cruzar la Sierra Madre Occidental. Ginés Vázquez de Mercado recorrió Sinaloa, donde fundó San Miguel de Culiacán y varios pueblos y reales de minas (campamentos mineros), y llegó hasta Sonora. Culiacán se convirtió en centro de nuevas exploraciones y, durante muchos años, fue la ciudad más avanzada en la costa del Pacífico.
Después se fueron organizando, sucesivamente, nuevas expediciones exploradoras y colonizadoras durante todo el siglo. Se fueron fundando ciudades, villas, pueblos, misiones, haciendas ganaderas o ranchos y reales de minas. Los colonizadores españoles en esta amplísima zona fueron sobre todo misioneros, campesinos y mineros, impulsados por los alicientes de los indios por convertir, las tierras por explotar y las minas por descubrir y excavar, como ha escrito el profesor Hernández Sánchez-Barba. Su avance era muy lento pero no se detenía. No había más medios de transporte que el caballo, la mula y el carro, con los que se avanzaba a través de una tierra sin caminos; ni siquiera límites, cruzando enormes extensiones desiertas o apenas recorridas por tribus indias nómadas. Esta difícil, y por tanto más meritoria, expansión, fue añadiendo nuevas tierras al reino de Nueva España, en el que el territorio que había ocupado el Imperio azteca se iba quedando cada vez más pequeño ante las grandes extensiones añadidas.
La más prodigiosa aventura de todas las exploraciones fue sin duda la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que había salido de San Agustín de la Florida en 1528 y, después de haber recorrido gran parte de la cuenca del Mississippí hasta las Rocosas y descendido después hacia el sur, apareció cerca de Culiacán, con tres acompañantes, en 1536, cargado de información y experiencia sobre los territorios que había recorrido y las tribus que los habitaban. Por cierto, que no terminó ahí su actividad exploradora y descubridora, pues unos años después, siendo gobernador del Paraguay, descubrió las cataratas del Iguazú, como recuerda un grueso monolito al borde de uno de los senderos que, en la orilla argentina, dan frente a las famosas cataratas, cerca del "Hotel Internacional".
En 1539, fray Marcos de Niza fue de Nueva Galicia a Culiacán, desde donde dirigió una expedición que recorrió Sinaloa, Sonora, Arizona y Nuevo Méjico. Al final de su recorrido, los expedicionarios vieron unas altas masas rocosas, que parecían coronadas por sendas ciudades que brillaban al sol, y creyeron que habían encontrado las Siete Ciudades de Cíbola, uno de los mitos más populares por aquellos años. En realidad, eran los poblados de los indios zuñis, llamados también indios pueblos, por ser los únicos que habitaban en viviendas reunidas, las cuales eran casas colgantes con varios pisos, sobre cerros rocosos muy elevados, en los que era fácil la defensa.
Al regreso de fray Marcos de Niza, su relato produjo general impresión, avivándose la ya existente creencia en los mitos que circulaban. En este ambiente se organizó la expedición de Vázquez de Coronado, enviado a explorar por el virrey don Antonio de Mendoza, el primer virrey que tuvo el reino de Nueva España (decimos reino y no virreinato porque la primera es la expresión que hemos encontrado siempre en escritos de la época, mientras que la segunda sólo la hemos visto en escritos más recientes, además de ser más imprecisa, por corresponder más a la función y dignidad de virrey que al territorio). Vázquez de Coronado, sucesor de Cristóbal de Oñate en el gobierno de Nueva Galicia, fue nombrado capitán general de una expedición exploradora de trescientos jinetes, ochenta soldados veteranos de infantería y ochocientos indios auxiliares tlaxcaltecas, con mil caballos, piaras de cerdos y rebaños de carneros. Salió de Culiacán en 1540 y con fray Marcos de Niza como guía, recorriendo su misma ruta. Desde allí, envió tres expediciones a explorar, hacia el oeste, el norte y el este. La que fue hacia el oeste, al mando del capitán García López de Cárdenas, descubrió el Gran Cañón del Colorado. En aquella zona de Tíguez, donde había establecido su base, Vázquez de Coronado hizo soltar caballos, que fueron el origen de las grandes manadas en estado salvaje que se fueron formando en las praderas norteamericanas. Poco antes de regre-sar, tuvo conocimiento de los rumores que corrían entre los indios de la zona sobre la supuesta existencia de otra ciudad de fábula, Quivira, que los indígenas señalaban hacia el noreste, en dirección a la actual Kansas, pero el relato no le hizo cambiar sus planes. Al iniciar la marcha de regreso, dos misioneros se quedaron a evangelizar y fueron salvajemente sacrificados por indios de aquella zona. Vázquez de Coronado regresó muy quebrantado físicamente, hasta el punto de no poder volver a participar en más expediciones, pero la suya había valido por muchas, pues había traído a Nueva Galicia una completa información sobre la realidad de las tierras que había recorrido y sus condiciones, de incalculable valor para las siguientes exploraciones y para el poblamiento sistemático posterior. Actualmente, se le recuerda mucho en los estados del suroeste de Estados Unidos.
Simultáneamente a la expedición de Vázquez de Coronado por tierra, Hernando de Alarcón llevó a cabo otra expedición paralela por mar, con la que recorrió el golfo de California, hasta la desembocadura del río Colorado, y aportó una completa información sobre aquellas costas.
Al iniciarse la segunda mitad del siglo había desaparecido la anterior creencia en los mitos, a lo cual había contribuido notablemente la expedición de Vázquez de Coronado. Las expediciones se organizaron ya con más información y experiencia y, por tanto, con criterios más realistas. La más importante de dichas expediciones fue la del capitán don Francisco de Ibarra, un noble vasco muy apreciado por su valor, prudencia y honradez, y poseedor de una gran fortuna. Ibarra fue designado por el virrey don Luis de Velasco para la conquista de la Nueva Vizcaya, para lo cual organizó la expedición que, muy bien preparada y adecuadamente provista de todos los medios necesarios, salió de Zacatecas, ciudad muy rica por su minería y que se había convertido en centro irradiador de expediciones. Su primera fundación fue Fresnillo, en el valle de San Martín, donde existían ricos yacimientos de plata, que fueron la base de un rápido crecimiento y prosperidad. En Fresnillo se le unieron los primeros misioneros que envió el virrey para evangelizar la nueva provincia, cuatro franciscanos a cuyo frente iba fray Juan de Herrera. La noticia atrajo a numerosos colonizadores, que en su mayoría eran vizcaínos, paisanos por tanto del capitán Ibarra, cuyo prestigio también debió influir. Así pudo enviar a su teniente a fundar, en el valle de Guadiana, la villa de Durango, nombre de su villa natal, la cual se convirtió rápidamente en capital de Nueva Vizcaya. Estas acciones de exploración, conquista e inicio de la colonización de Nueva Vizcaya tuvieron lugar esencialmente entre 1563 y 1566. Después Ibarra conti-nuó explorando y poblando, siguiendo el río Conchos hasta más al norte de Chihuahua. Posteriormente, con la decisiva guía y ayuda de la cacica cristiana Doña Luisa, que había servido de intérprete a Vázquez de Coronado, llegó a su territorio en Sinaloa, donde fundó la villas de San Juan y San Sebastián. Parece ser que esta actividad de Ibarra y su buen proceder influyeron decisivamente para que Sinaloa, hasta entonces perteneciente a Nueva Galicia, fuera agregada a Nueva Vizcaya por resolución real.
Sigue--- http://www.ejercito.mde.es/ihycm/revista/91/rodriguez.html