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View Full Version : NUNCA POR MI CULPA, POR MI GRANDÍSIMA CULPA...



Atila
13-11-05, 09:03 PM
Fernando Villegas
Fecha edición: 13-11-2005

Con nutrida asistencia de público se celebró en Buenos Aires y Mar del Plata, en funciones sucesivas, el reestreno de esa conocida co-producción de los 60 que entonces fue montada a base de un guión antifascista de origen soviético y una puesta en escena inspirada en la película "Viva Zapata", las viejas marchas sindicales y los sittings por la paz del modelo liberal-norteamericano.

En esta reedición -corte de autor- se agregó el condimento que ofrecen las actuales protestas universitarias premunidas de la debida cuota de vandalismo a mansalva posteriormente descrito como "obra de los infiltrados". Otra innovación fue el elenco protagónico, esta vez más modesto. Cuarenta años no han pasado en vano. Los revolucionarios de los años 60, tan serios y heroicos en su calidad de seres lunares reflejando el glamour de los barbudos cubanos, ya desaparecieron del escenario. Algunos están en los cementerios, otros en los ministerios. Los reemplazaron personajes más pintorescos y aun más incoherentes, tipos como Chávez, Maradona o Hirsch. El coro fue el de siempre, la "intelectualidad" de izquierda de turno.

Aún así, pese a dicha renovación del personal, el asunto tuvo un tufo indesmentible a exhumación de cadáveres. Como en esa película de Polansky, La Fiesta de los Vampiros, salieron de sus tumbas los conocidos y ajados espectros del populismo a repetir su antigua queja contra los gringos, a enarbolar puños en alto, a gritar "al carajo".

Propósitos engañosos

Porque fue un reestreno. La apariencia de actualidad de su propósito expreso, a saber, el repudiar el Alca y a Bush, fue engañoso. Los propósitos expresos son, en Latinoamérica, ordinariamente engañosos. Cuando se protesta por la universidad para todos, en verdad se protesta por más crédito para unos pocos; cuando se reclama con elevadas razones éticas por los "injustos despidos masivos en democracia", en realidad se vocifera en salud para evitarse la posibilidad de que uno esté en la próxima poda de pitutos parasitarios; cuando se marcha por mejorar la distribución del ingreso, lo que se está exigiendo es que nos mejoren el sueldo.

Bush y la guerra de Irak era y es un pretexto como lo era Johnson y la guerra de Vietnam; también lo es la globalización como lo era el "imperialismo yanqui". Tras y bajo eso hay y siempre ha habido cosa muy distinta que veremos a continuación.

Cultura rasca

Digámoslo de una vez sin miedo a los energúmenos del progresismo y el credo latinoamericanista. Lo que está tras y bajo esa marcha y de todo lo demás es nuestra cultura, la cultura latina con minúscula, lo latino en su versión latinoamericana. Hablamos de un enredoso complejo de motivos, valores, ideas y tropismos que resulta difícil evaluar de otro modo que como rasquería antropológica, sociológica y política sin remedio. Es la cuna de la cual emergen eventos tan cantinflescos como esas manifestaciones.

Dicha cultura latina, tan idolizada por infinitos ilusos, no tiene nada que ver con la gran cultura francesa o italiana, esto es, con la auténtica Cultura Latina. De latino-europea propiamente tal la nuestra sólo tiene las hebras fundacionales que le infiltró España a nuestro ADN societario, las hebras o virus del reino más atrasado, cavernario y risible de Europa, ya en esa fecha.

Era la España de los autos de fe, de la inquisición, la persecución de los judíos, la expulsión o sometimiento salvaje de los musulmanes -por entonces infinitamente más refinados que los Mío Cid-, de la censura de libros, la España del horror al trabajo y el culto señorial al ocio, la España donde había más frailes y monjas que artesanos, técnicos o ingenieros.

Muchos rasgos de nuestra idiosincrasia derivan porfiadamente de esas remotas y venenosas semillas. ¿Es necesario listarlas? He aquí sólo algunas: machismo, pereza, desprolijidad, abuso de las mujeres, deshonestidad para con los demás y para con el Estado, cero sentido del bien común, amor por la vanagloria y la pompa, por los apellidos y supuestos títulos de nobleza o ahora profesionales, religiosidad extrema e hipócrita y como pináculo de todo una inclinación enfermiza por la charlatanería.

No por nada hemos destacado casi exclusivamente en el campo de la literatura. Tampoco es casual que esta sea, salvo excepciones, una repleta de excesos barrocos, exageraciones y truculencias. Hasta el realismo mágico es ya formulario. Imposible escribir por estos lados sin muertos que caminen, mujeres que vuelen, espectros que escriban sus memorias, coroneles, generales fusilados, mujeres histéricas, maracos perdidos y santerías varias.

Esta condición fantasiosa, hablante y nada operante, aparece también en las esferas de la política. En Latinoamérica no sólo Fidel, típico producto del continente en todos los sentidos y por lo mismo tan amado, sino hasta el más piojento político puede subirse a un cajón y dictar cátedra 6 horas seguidas. Y por cierto, por sobre todas las cosas, es la cultura de echarle la culpa al empedrado.

El empedrado

Porque en el imaginario sensorial y verbal de Latinoamérica -léanse los discursos, léanse las tesis, las doctrinas políticas, los ensayos, la entera bibliografía sociológica- la culpa de nuestros males es exclusiva o principalmente obra de otros. El latinoamericano nunca ha podido afrontar el hecho de su propia incapacidad para hacer uso de las chances históricas, de las oportunidades por pequeñas que sean -y a menudo han sido inmensas- para crecer personal y colectivamente. Ha fracasado, dice, por culpa de terceros. Por culpa de los ingleses imperialistas que nos robaron el salitre, el guano, las vacas, los pastos. Por culpa de los yanquis que nos robaron el cobre o el petróleo. Por culpa del imperialismo. Por culpa del capitalismo. Por culpa del feudalismo. Por culpa de la globalización. Por culpa de Bush. Por culpa de la dependencia. Por culpa de los monopolios internacionales. Por culpa del deterioro de los términos de intercambio. Nunca por mi culpa, por mi grandísima culpa.

En cierto sentido podríamos hacer un símil entre Latinoamérica y el autoproclamado "roto quemado" que todos conocemos, ese al que siempre le va mal en sus negocios, el eterno echado de todas las pegas, el que le debe a cada santo una vela, el arruinado que arrastra a otros a sus infortunios, el pobre y triste huevón de tomo y lomo. ¿No dice que todo en su vida ha sido producto de las envidias, de las intrigas, de la mala voluntad que le han tenido?

Chávez, Hirsch o Maradona, el que sea, no hacen otra cosa que vocear lo mismo en representación de millones de esos huevones de tomo y lomo. Ahí están enarbolando un puño y gritando "¡al carajo!". Ahí está Latinoamérica, como siempre, haciendo el ridículo. Los vampiros de la legua en su función de trasnoche.

http://www.latercera.com/medio/articulo/0,0,3255_5714_170817216,00.html

Ahuizotl
14-11-05, 04:37 PM
No se quién es Fernando Villegas pero sin duda no será bienvenido en los círculos de "intelectuales", "periodistas", "universitarios", "defensores del pueblo" y demás basura encumbrada.

Excelente.