Le Rouge
05-04-05, 11:59 PM
Silencio de una noche
Por Dedos Sangrantes
La niña trataba de gritar despavorida pidiendo auxilio por la oscura y estrecha calle pero el miedo le tenía ahogada la voz. Se podía escuchar solo el chapoteo de su apresurado paso por los charcos entre los truenos y el sonido de las impasibles gotas cayendo por millones “a justos e injustos”. Los enormes, antigüos y descuidados edificios que estaban situado en la calle no mostraban signos de vida alguna en su interior. Había alguna que otra ventana abierta y dos otres luces encendidas, pero nadie asomaba siquiera la cabeza.
Corrió y cuando ya no pudo mas, se escondió atrás de un depósito de basura. Inmediatamente sintió por sus tobillos toda una gama de insectos desagradables en los que destacaban las horrorosas e incomprendidas cucarachas. La niña cerró los ojos y trató de apaciguar su sonora respiración. Durante unos segundos fantaseó con que apareciera algún fornido policía o que algún bienhechor apareciera de la nada a protegerla, luego, esperaba que los hombres que la perseguían se hubieran dado por vencidos o algo los hubiera hecho desistir de la persecusión, pero entonces escuchó violentos pasos acercarse por donde ella mas temía.
Deseó no haberse escapado y se odiaba por no estar en estos momentos acostada en su cama con la protección de sus papás. Odiaba estar mojada entre basura y cucarachas escondida de esos malvados e impredecibles hombres con el corazón latiendo como si quisiera salírsele del pecho, con las manos temblorosas y las lágrimas recorriendo sus mejillas.
Los hombres se acercaron a toda prisa...
- No puede estar muy lejos, ustedes sigan corriendo, yo buscaré aquí...- susurró el mas grande y los dos hombres siguieron el camino pasando justo frente a la niña que se orinó sin darse cuenta. Los pasos de los hombres se perdieron en el silencio, donde siniestramente solo predominaba el sonido que causaba el hombre que permaneció, buscando entre casas de cartón, en el interior o bajo automóbiles y obviamente, en los depósitos de basura.
La lloraba tapándose la boca con las dos manos y se decía: “Dios es bueno con los niños, Él me cuidará. Él no dejará que me hagan nada. Padre Nuestro que estas...”- el hombre se hartó de buscar en vano y le pareció escuchar un sonido a lo lejos. Decidió marcharse a donde estaban sus secuaces y estaba apunto de hacerlo cuando percibió un cierto ambar en el charco donde tenia puesto el pie. El ambar salía de un oscuro rincón junto al depósito de basura. Supo lo que era.
La niña hasta entonces se dio cuenta también de que era y de donde había salido. Cerró los ojos y se apretó contra el depósito acurrucándose y esperando que cualquier cosa detuviera al hombre. “Papi, ven por favor” suplicaba incesantemente tratando de lograr un milagro telepático, pero su padre dormía tranquilo y despreocupadamente en el calor del hogar.
El hombre se detuvo justo frente a ese oscuro bulto que estaba oculto al lado del depósito de basura. Se hincó y entonces vislumbró el rostro aterrado de la niña que todavía empezó a suplicar casi inaudiblemente: “Señor, no me haga nada por favor, déjeme en paz”. El hombre sonrió diabólicamente.
FIN
Por Dedos Sangrantes
La niña trataba de gritar despavorida pidiendo auxilio por la oscura y estrecha calle pero el miedo le tenía ahogada la voz. Se podía escuchar solo el chapoteo de su apresurado paso por los charcos entre los truenos y el sonido de las impasibles gotas cayendo por millones “a justos e injustos”. Los enormes, antigüos y descuidados edificios que estaban situado en la calle no mostraban signos de vida alguna en su interior. Había alguna que otra ventana abierta y dos otres luces encendidas, pero nadie asomaba siquiera la cabeza.
Corrió y cuando ya no pudo mas, se escondió atrás de un depósito de basura. Inmediatamente sintió por sus tobillos toda una gama de insectos desagradables en los que destacaban las horrorosas e incomprendidas cucarachas. La niña cerró los ojos y trató de apaciguar su sonora respiración. Durante unos segundos fantaseó con que apareciera algún fornido policía o que algún bienhechor apareciera de la nada a protegerla, luego, esperaba que los hombres que la perseguían se hubieran dado por vencidos o algo los hubiera hecho desistir de la persecusión, pero entonces escuchó violentos pasos acercarse por donde ella mas temía.
Deseó no haberse escapado y se odiaba por no estar en estos momentos acostada en su cama con la protección de sus papás. Odiaba estar mojada entre basura y cucarachas escondida de esos malvados e impredecibles hombres con el corazón latiendo como si quisiera salírsele del pecho, con las manos temblorosas y las lágrimas recorriendo sus mejillas.
Los hombres se acercaron a toda prisa...
- No puede estar muy lejos, ustedes sigan corriendo, yo buscaré aquí...- susurró el mas grande y los dos hombres siguieron el camino pasando justo frente a la niña que se orinó sin darse cuenta. Los pasos de los hombres se perdieron en el silencio, donde siniestramente solo predominaba el sonido que causaba el hombre que permaneció, buscando entre casas de cartón, en el interior o bajo automóbiles y obviamente, en los depósitos de basura.
La lloraba tapándose la boca con las dos manos y se decía: “Dios es bueno con los niños, Él me cuidará. Él no dejará que me hagan nada. Padre Nuestro que estas...”- el hombre se hartó de buscar en vano y le pareció escuchar un sonido a lo lejos. Decidió marcharse a donde estaban sus secuaces y estaba apunto de hacerlo cuando percibió un cierto ambar en el charco donde tenia puesto el pie. El ambar salía de un oscuro rincón junto al depósito de basura. Supo lo que era.
La niña hasta entonces se dio cuenta también de que era y de donde había salido. Cerró los ojos y se apretó contra el depósito acurrucándose y esperando que cualquier cosa detuviera al hombre. “Papi, ven por favor” suplicaba incesantemente tratando de lograr un milagro telepático, pero su padre dormía tranquilo y despreocupadamente en el calor del hogar.
El hombre se detuvo justo frente a ese oscuro bulto que estaba oculto al lado del depósito de basura. Se hincó y entonces vislumbró el rostro aterrado de la niña que todavía empezó a suplicar casi inaudiblemente: “Señor, no me haga nada por favor, déjeme en paz”. El hombre sonrió diabólicamente.
FIN