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View Full Version : Que Vicente Fox se arrodille y me pida perdón:" El Ani-MaLitO



Rafael Norma
16-04-05, 09:16 AM
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1.-La sentencia: que todos le pidan perdón.-


Por José Carreño Carlón

Dos jueces lo acusaron de desacato, un jurado resolvió remover su inmunidad para que responda por sus actos, hay otras presuntas trasgresiones, pero ”el tribunal de la opinión pública” dicta sentencia y el acusado exige: que todos le pidan perdón.

Y, de acuerdo al ceñido seguimiento que le han dado al tema The Washington Post y Financial Times, al menos dos de los poderes sistemáticamente desafiados por Amlo: el Ejecutivo, que tramitó el “desafuero” a través de la PGR, y el Judicial, que “dio vista” al Ministerio Público —y así dio lugar a que éste solicitara el Jurado de Procedencia a la Cámara de Diputados—, aparecen dubitativos y por momentos inclinados a suscribir esa —más que sentencia absolutoria— imploración de perdón al —hasta hace una semana— acusado, “desaforado” y a punto de ser sometido a proceso.

“En México, señales combinadas sobre el futuro político del alcalde”, titulaba ayer [el Post la nota de Kevin Sullivan y Mary Jordan. “La confusión se ensancha sobre el desafuero de López Obrador”, replicaba la “cabeza” del FT a la información de John Authers.
Sullivan y Jordan atribuyeron a “analistas políticos” la versión de que los nuevos giros en el drama político en curso fueron probablemente clásicos globos-sonda, recursos políticos para medir reacciones, probar o señalar el camino a seguir, después de que [Ñi]“muchos” [/i]les dijeron que Fox había sido sorprendido por la crítica de los medios, nacionales e internacionales, a ”las acciones de su gobierno” contra el deslenguado (“outspoken”) López Obrador.

Ante aquella crítica, continúan los corresponsales del Post, sus inopinados “analistas” les dijeron que “Fox podría estar reconsiderando”. Y “algunos” de ellos les señalaron que las pistas o insinuaciones (“hints”) sobre “un perdón” mostraban que el Presidente estaba buscando una salida políticamente aceptable para la controversia. Y fue en este contexto en que ubicaron los comentarios de que Fox estaba considerando un “escenario” de “perdón”, expresados por Agustín Gutiérrez Canet, hasta este mes encargado de atender a los corresponsales extranjeros en la Presidencia de la República. El Post, como la mayor parte de los medios nacionales e internacionales, mantuvo vigente este escenario del perdón, a pesar de que Gutiérrez Canet fue desautorizado más tarde, como vocero presidencial para la prensa internacional, por el propio Presidente y su vocero oficial, Rubén Aguilar.

Lo mejor vino después, cuando los mismos corresponsales del Post, igual que Chris Kraul, de Los Angeles Times, registraron enseguida que López Obrador no acepta ser perdonado. Para él, lo procedente es “una corrección” de la conducta de Fox, empezando por la admisión de “su error”. Por su confesión: que Fox le dé una explicación en un encuentro (“debate”) público, dijo también ayer, “para que le aclare por qué no quiere que participe en la elección de 2006”.

Y de una vez, ¿por qué no?, que el Presidente le pida perdón.
Authers, en el Financial Times, agregó al “ensanchamiento” de la confusión sobre si López Obrador se dispone ir a prisión o a Los Pinos, la entrada que le dio la Corte a la controversia planteada por la Asamblea Local [i]—controlada por Amlo— contra la resolución del “desafuero” aprobada por la Cámara federal de Diputados.

Pero, más relevante para este análisis, Authers agregó también la cita de Gutiérrez Canet aparecida el jueves en el Post, en la que sugiere que el escenario del perdón a López Obrador es el resultado de la aceptación de Fox de la sentencia del [i]“tribunal de la opinión pública”, antes que de las resoluciones de los simples, prescindibles jurados y tribunales de derecho:

“La intención del presidente Fox de mantener el estado de Derecho no ha convencido a la opinión pública de aquí y del exterior. Este es el hecho y así lo aceptamos”.

La nueva pregunta es si para allá va también el anuncio de anoche de la PGR, en el sentido de que no consignará al acusado hasta que la Corte decida la controversia.

2.- No me ayudes, compadre.- Un lector norteamericano hace una lectura norteamericana del editorial comentado ayer aquí, de Harold Meyerson, del staff de The Washington Post, reprochándole a Bush su no intervención en favor de Amlo, en contraste con el intervencionismo norteamericano en los países ex soviéticos. Y nos hace ver que, para los códigos de la política de Washington, Meyerson está, más bien, acusando a la Casa Blanca de estar comprometida en una estrategia contra López Obrador, igual que contra Hugo Chávez de Venezuela.

De esta manera, los excesos en el manejo de medios internacionales para la causa de Amlo estarían llevándolo al peor de los mundos: su alineamiento explícito como enemigo de Bush, en los códigos norteamericanos, lo cual terminaría por enajenarle todo posible apoyo de las clases medias y medias altas mexicanas que nada rechazarían más que una confrontación con Estados Unidos, por un lado, y por otro, su posicionamiento —para los códigos mexicanos— como una pieza más del intervencionismo norteamericano que busca el apoyo a Amlo en los mismos términos que lo hace en los territorios de la ex Unión Soviética.
La cosecha internacional de repercusiones del caso Amlo siguió copiosa, con las mismas dudas sobre la pertinencia del “desafuero” y la consignación del autoproclamado candidato presidencial. Pero resultó cada vez más crítica de su trayectoria política y de su desempeño como gobernante.

Mary Anastasia O’Grady, de The Wall Street Journal, hace un listado interminable de sus trasgresiones a las leyes, antes de acusarlo de hacer frecuentemente lo mismo que le reprocha ahora al gobierno federal: utilizar el gobierno y el aparato local de justicia al servicio de sus fines políticos. Pero O’Grady arriba finalmente al dilema más extendido: “Lo que preocupa a gran número de mexicanos y sus vecinos del norte no es la persecución de Amlo, quien por todas las apariencias merece ser llamado a cuentas por desobedecer la ley. El problema es que si esta disputa no se resuelve, el victorioso en 2006, quienquiera que sea, podría ver empañado su periodo con desafíos a su legitimidad”.

S. Lynne Walter, de la agencia Copley News Service, a su vez, atribuye a un funcionario del gobierno de Fox que pidió no se le identificara, la especie que en The Washington Post aparece atribuida a “analistas políticos”: la de que la insinuación del perdón de Fox a López Obrador “está siendo vista como un globo-sonda para probar la reacción de López Obrador”, entre otras audiencias.

López Obrador ya reaccionó: no quiere perdón, sino que le pidan perdón.

Pero Walter recoge varias citas del analista Luis Rubio, en las que si bien advirtió, como lo ha venido haciendo, los riesgos de proceder contra López Obrador, ya que muchos en México lo consideran un capricho, señala también que, a estas alturas, echar abajo los cargos en su contra lleva sus propios riesgos: “su popularidad podría ser lanzada a los cielos, porque podría haber probado que él estuvo siempre en lo justo”.
Y quizás ante esos riesgos se anticipa ya la sentencia del caso y la disposición de acatarla sin rezongar: pedirle perdón.

3.- También Hitler y Chávez pasaron de la cárcel al poder.- Sin el menor ánimo de desacato de esa sentencia, quien sea que termine por imponernos la aceptación de los hechos consignados por el tribunal de la opinión pública, merecen ponderarse los excesos de la “resistencia civil” de la clase política de Amlo, que el jueves interrumpió la sesión de la Cámara de Diputados con un desfile de pancartas que lo equiparaban con los héroes nacionales que pasaron por la cárcel antes de llegar al poder y/o al bronce
.
Primero, porque el casi sentenciado con la imploración de perdón, no pisará la cárcel. Primero lo harán —si les va bien— los que fallaron en su intento de hacerlo rendir cuentas. Segundo, porque la cárcel no siempre supone virtud política o pureza de intenciones y comportamientos.

Del desigual libro de los años sesenta, De la cárcel al poder, de Emyl Lengyel, saltan lo mismo líderes decorosos del Tercer Mundo que gobernantes siniestros del estalinismo y el postestalinismo.

Hugo Chávez también pasó de la cárcel al poder.

Y Javier Cercas, en su columna “Palos de Ciego” de El País Semanal del domingo pasado, habla de “Las manos de Hitler”, elogiadas por Martin Heidegger, pero que el escritor español encuentra “incalculablemente furiosas, incalculablemente resentidas”, en Landsberg, “cuando purgaba en la cárcel su intento de golpe de Estado”.

Inclemente, el juicio que recoge Cercas, sobre los intelectuales deslumbrados por líderes políticos sobresalientes, del libro Pensadores Temerarios de Mark Lilla, a propósito del encantamiento con Hitler por parte de Heidegger y su “inteligencia imbatible”: “[b]En todo intelectual se agazapa un tiranuelo feroz, sediento de gloria y animado por un ímpetu letal, que sólo puede ser combatido a base de aburridas virtudes como la responsabilidad y el sentido común…”.

jose.carreno@uia.mx

Pues yo más bien estoy por que AMLO SI SE ´ÍNQUE, PERO A SU MADRE :D ;) :p