Pedro Navajas
01-09-09, 09:25 AM
Japón: cambio o desencanto
La aplastante derrota del Partido Liberal Democrático (PLD) en las elecciones realizadas ayer en Japón y la no menos contundente victoria del Partido Demócrata de Japón (PDJ, centro izquierda) marca un punto de inflexión en la vida política de esa nación asiática, dominada durante más de medio siglo por los demócrata-liberales.
Más allá de los aires de renovación en una clase gobernante burocratizada, corrompida e insensible ante los nuevos problemas de la población e incapaz de ofrecerle respuestas convincentes ante los efectos de la crisis mundial, es claro que el triunfo del PDJ y de su dirigente, Yukio Hatoyama, inducirá cambios de rumbo en el manejo económico y social y en la política exterior de Tokio.
En el primer rubro, los triunfadores de los comicios de ayer proponen un manejo económico que aliente la recuperación por medio de una reactivación del mercado interno, valga decir, mediante medidas que reviertan en alguna medida la pérdida del poder adquisitivo de los japoneses a raíz de la recesión mundial y de tendencias locales de estancamiento: congelación de los impuestos al consumo, reducción de los precios de los combustibles y ayudas oficiales a las pequeñas empresas.
La eficacia política de estas propuestas reside, en buena medida, en que los demócratas plantean financiar estas medidas, al menos parcialmente, con una reducción a los altísimos gastos de las dependencias gubernamentales y con planes de austeridad y transparencia, virtudes que han brillado por su ausencia en las sucesivas administraciones encabezadas por el PLD.
En el frente externo, Hatoyama es partidario de acotar el tradicional sometimiento del gobierno japonés a Estados Unidos, promover las alianzas con los vecinos asiáticos –particularmente, con India, China y Vietnam– y eliminar, o cuando menos reducir, la presencia masiva de tropas de Washington en el archipiélago japonés, herencia humillante y claramente obsoleta de la derrota de Tokio en la Segunda Guerra Mundial.
En lo general, es claro que la principal potencia económica y tecnológica de Oriente se dirige a un cambio de ruta que habrá de traducirse, cuando menos, en una atenuación de los lineamientos neoliberales, en lo económico, y en el ensanchamiento de la soberanía nacional.
Tal perspectiva ha sido vista por analistas internacionales como una suerte de repetición del fenómeno Obama. Este paralelismo podría ser parcialmente cierto, salvo por el hecho de que las diferencias entre el PLD y el PDJ son mucho menos pronunciadas que las que distinguieron a la plataforma demócrata de la republicana en la contienda presidencial del año pasado en Estados Unidos.
Con esa consideración en mente, aunada a la indudable resistencia que las grandes corporaciones japonesas y la propia clase política de Tokio opondrán a cualquier tentativa de renovación –resistencias similares han mellado el filo de las principales iniciativas de Obama en sus primeros meses de gobierno–, es obligado preguntar si el cambio de gobernantes en Japón podrá traducirse en un viraje real en el manejo de los asuntos públicos –el abandono definitivo del modelo neoliberal, por ejemplo– o si quedará reducido a una alternancia cosmética que, a la larga, ahondaría el desencanto con que los ciudadanos japoneses observan a sus dirigentes políticos.
¿Se repetira el fenómeno Obama con todo y la decepción?...
Es muy probable, pues como dice la nota, los poderes fácticos son cabrones...
Pero Japón no es USA... a pesar de la increible penetración cultural... Por ahí es donde la batalla se puede perder o ganar: el aspecto cultural... el japones medio tiene demasiada metida en la cabeza la adoración a los gringos (mucha gente tiene cuadros de MacArthur en sus casas) como para aceptar así nomas un cambio cultural...
Hatoyama y la refundación de Japón
Daños colaterales
Irene Selser
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2009-09-01•Fronteras
Considerados como un parteaguas en la historia del Japón moderno, el triunfo del centro-izquierda en los comicios legislativos del domingo marca a la vez según expertos asiáticos y europeos “el fin de la postguerra” en ese país, la segunda economía del planeta (con China pisándole los talones). El voto masivo a favor de la oposición termina con 54 años de poder casi ininterrumpido del derechista Partido Liberal Demócrata (PLD) del saliente primer ministro Taro Aso, que sólo logró 119 de las 480 bancas de la Cámara de Diputados. En cambio, el joven Partido Demócrata de Japón (PDJ), de Yukio Hatoyama controlará, según cifras oficiales, 308 asientos. Es la primera vez desde 1955 que triunfa la alternancia en el archipiélago y el jefe de la oposición conquista el puesto de primer ministro.
Así, el próximo gobierno de Hatoyama, heredero de una reputada dinastía política y empresarial, gobernará con mayoría sólida, aunque se enfrenta a un reto muy difícil: sanear la economía que intenta salir de la recesión y revertir un desempleo sin precedentes, cumpliendo la promesa electoral de impulsar un cambio social “radical”, con reformas que mitiguen las disparidades y la precariedad en que el PLD sumió a millones de japoneses, según las críticas del PDJ y también el sentir del voto castigo expresado en las urnas.
Hatoyama va a reforzar los subsidios sociales, familiares y de jubilación, mismos que serán financiados con una “cacería al despilfarro” en el gasto público (una idea calificada de “irresponsable” por el PLD.
Otros dos frentes: la deuda pública (igual al 170% del PIB), y el envejecimiento de la población, con una juventud que se niega a procrear ante la falta de oportunidades.
Con sólo 11 años de existencia, el PLD ofrece a la vez una política menos dependiente de su aliado Estados Unidos (que mantiene 50 mil soldados en su territorio), y abrirse a un bloque regional al estilo de la Unión Europea.
Para los economistas nipones, la verdadera cuestión es saber si el PDJ podrá cumplir sus ofertas. Como afirma Noriko Hama, de la Doshisha Business School de Kioto “esta victoria es un acontecimiento histórico, pero no es más que el inicio”.
Sea lo que sea... sea cómo sea... estoy convencido que este es el principio del renacer Japones... que al igual que el ascenso coreno primero, y luego el ascenso chino, nos va dejar a los emxicanos bien pendejos con la boca abierta... y disfrutando nuestro modelo económico tan exitoso... para algunos... muy pocos...
La aplastante derrota del Partido Liberal Democrático (PLD) en las elecciones realizadas ayer en Japón y la no menos contundente victoria del Partido Demócrata de Japón (PDJ, centro izquierda) marca un punto de inflexión en la vida política de esa nación asiática, dominada durante más de medio siglo por los demócrata-liberales.
Más allá de los aires de renovación en una clase gobernante burocratizada, corrompida e insensible ante los nuevos problemas de la población e incapaz de ofrecerle respuestas convincentes ante los efectos de la crisis mundial, es claro que el triunfo del PDJ y de su dirigente, Yukio Hatoyama, inducirá cambios de rumbo en el manejo económico y social y en la política exterior de Tokio.
En el primer rubro, los triunfadores de los comicios de ayer proponen un manejo económico que aliente la recuperación por medio de una reactivación del mercado interno, valga decir, mediante medidas que reviertan en alguna medida la pérdida del poder adquisitivo de los japoneses a raíz de la recesión mundial y de tendencias locales de estancamiento: congelación de los impuestos al consumo, reducción de los precios de los combustibles y ayudas oficiales a las pequeñas empresas.
La eficacia política de estas propuestas reside, en buena medida, en que los demócratas plantean financiar estas medidas, al menos parcialmente, con una reducción a los altísimos gastos de las dependencias gubernamentales y con planes de austeridad y transparencia, virtudes que han brillado por su ausencia en las sucesivas administraciones encabezadas por el PLD.
En el frente externo, Hatoyama es partidario de acotar el tradicional sometimiento del gobierno japonés a Estados Unidos, promover las alianzas con los vecinos asiáticos –particularmente, con India, China y Vietnam– y eliminar, o cuando menos reducir, la presencia masiva de tropas de Washington en el archipiélago japonés, herencia humillante y claramente obsoleta de la derrota de Tokio en la Segunda Guerra Mundial.
En lo general, es claro que la principal potencia económica y tecnológica de Oriente se dirige a un cambio de ruta que habrá de traducirse, cuando menos, en una atenuación de los lineamientos neoliberales, en lo económico, y en el ensanchamiento de la soberanía nacional.
Tal perspectiva ha sido vista por analistas internacionales como una suerte de repetición del fenómeno Obama. Este paralelismo podría ser parcialmente cierto, salvo por el hecho de que las diferencias entre el PLD y el PDJ son mucho menos pronunciadas que las que distinguieron a la plataforma demócrata de la republicana en la contienda presidencial del año pasado en Estados Unidos.
Con esa consideración en mente, aunada a la indudable resistencia que las grandes corporaciones japonesas y la propia clase política de Tokio opondrán a cualquier tentativa de renovación –resistencias similares han mellado el filo de las principales iniciativas de Obama en sus primeros meses de gobierno–, es obligado preguntar si el cambio de gobernantes en Japón podrá traducirse en un viraje real en el manejo de los asuntos públicos –el abandono definitivo del modelo neoliberal, por ejemplo– o si quedará reducido a una alternancia cosmética que, a la larga, ahondaría el desencanto con que los ciudadanos japoneses observan a sus dirigentes políticos.
¿Se repetira el fenómeno Obama con todo y la decepción?...
Es muy probable, pues como dice la nota, los poderes fácticos son cabrones...
Pero Japón no es USA... a pesar de la increible penetración cultural... Por ahí es donde la batalla se puede perder o ganar: el aspecto cultural... el japones medio tiene demasiada metida en la cabeza la adoración a los gringos (mucha gente tiene cuadros de MacArthur en sus casas) como para aceptar así nomas un cambio cultural...
Hatoyama y la refundación de Japón
Daños colaterales
Irene Selser
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2009-09-01•Fronteras
Considerados como un parteaguas en la historia del Japón moderno, el triunfo del centro-izquierda en los comicios legislativos del domingo marca a la vez según expertos asiáticos y europeos “el fin de la postguerra” en ese país, la segunda economía del planeta (con China pisándole los talones). El voto masivo a favor de la oposición termina con 54 años de poder casi ininterrumpido del derechista Partido Liberal Demócrata (PLD) del saliente primer ministro Taro Aso, que sólo logró 119 de las 480 bancas de la Cámara de Diputados. En cambio, el joven Partido Demócrata de Japón (PDJ), de Yukio Hatoyama controlará, según cifras oficiales, 308 asientos. Es la primera vez desde 1955 que triunfa la alternancia en el archipiélago y el jefe de la oposición conquista el puesto de primer ministro.
Así, el próximo gobierno de Hatoyama, heredero de una reputada dinastía política y empresarial, gobernará con mayoría sólida, aunque se enfrenta a un reto muy difícil: sanear la economía que intenta salir de la recesión y revertir un desempleo sin precedentes, cumpliendo la promesa electoral de impulsar un cambio social “radical”, con reformas que mitiguen las disparidades y la precariedad en que el PLD sumió a millones de japoneses, según las críticas del PDJ y también el sentir del voto castigo expresado en las urnas.
Hatoyama va a reforzar los subsidios sociales, familiares y de jubilación, mismos que serán financiados con una “cacería al despilfarro” en el gasto público (una idea calificada de “irresponsable” por el PLD.
Otros dos frentes: la deuda pública (igual al 170% del PIB), y el envejecimiento de la población, con una juventud que se niega a procrear ante la falta de oportunidades.
Con sólo 11 años de existencia, el PLD ofrece a la vez una política menos dependiente de su aliado Estados Unidos (que mantiene 50 mil soldados en su territorio), y abrirse a un bloque regional al estilo de la Unión Europea.
Para los economistas nipones, la verdadera cuestión es saber si el PDJ podrá cumplir sus ofertas. Como afirma Noriko Hama, de la Doshisha Business School de Kioto “esta victoria es un acontecimiento histórico, pero no es más que el inicio”.
Sea lo que sea... sea cómo sea... estoy convencido que este es el principio del renacer Japones... que al igual que el ascenso coreno primero, y luego el ascenso chino, nos va dejar a los emxicanos bien pendejos con la boca abierta... y disfrutando nuestro modelo económico tan exitoso... para algunos... muy pocos...