Tapirapi ¿0.0?
30-09-05, 08:14 PM
El diputado DeLay pierde la "oportunidad" de su vida
Gabriel Moyssen
Viernes, 30 de septiembre de 2005
* Se mantiene como "asesor poderoso"; Enron también le entregó recursos.
Tuvieron que pasar cuatro años de capitalismo mafioso en la Unión Americana para que la justicia alcanzara a Tom DeLay, maestro del lavado de fondos electorales que se derrumba en un momento por demás inoportuno para la Casa Blanca, con una agenda doméstica estancada y la votación intermedia de 2006 en ciernes.
El Martillo, que ejercía con firmeza la coordinación de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes desde 1994, tejió una amplia red de corrupción que incluyó fondos corporativos y personales del quebrado gigante energético Enron, en el plan para impulsar a los candidatos oficialistas que en 2002 lograron ganar el Congreso texano por primera vez en 130 años, facilitando, simultáneamente, la redemarcación de la entidad y la hegemonía del "Gran Viejo Partido" (GOP) en el Capitolio de Washington.
Evasor consumado de la regulación de campañas, que en vano se trató de fortalecer en 2004 con la ley McCain-Feingold para controlar el dinero suave que fluye desde las cenas privadas de 500 mil dólares el cubierto con el presidente George W. Bush y otros jerarcas hasta el bolsillo de políticos locales, a DeLay le faltó burlar la averiguación del fiscal Ronnie Earle, que por más de dos años rastreó violaciones a por lo menos tres artículos de la legislación de Texas, que ya en el siglo XIX prohibió el financiamiento empresarial de aspirantes.
El hombre de Laredo lo sabía -precisamos aquí la ciudad donde nació en 1947, que el miércoles ubicamos en El Paso- y por eso promovió sin éxito una iniciativa para sostenerse en el puesto como whip aun bajo cargos formales de Earle, llegando al colmo de establecer un fondo de donativos para pagar las sanciones administrativas que se le impongan, así como los honorarios de sus abogados.
Condena
De ser hallado culpable, podría recibir una sentencia de seis a dos años de cárcel y multa superior a 10 mil dólares, aunque el verdadero impacto será resentido, adelantan Los Angeles Times y The Washington Post, en el proyecto del "conservadurismo compasivo" de aquí a 2008, que contempla reformas en el Seguro Social, impuestos, gasto público, inmigración y derecho al aborto; por algo, luego de la victoria del GOP en 2004, enfatizó que los siguientes dos años constituían "la oportunidad que hemos esperado toda nuestra vida".
Ello, cuando encuestas señalan que solo 37 por ciento de los estadounidenses aprueba el trabajo del Capitolio y Bill Frist, líder de la mayoría republicana en el Senado, también es indagado, por vender acciones de su negocio médico poco antes de que su precio se desplomara.
Por supuesto, tampoco puede omitirse, en medio del pantano irakí, el desastre de Katrina, el alza de la gasolina y una popularidad de Bush que apenas rebasa 40 por ciento, la investigación sobre el cabildero Jack Abramoff, muy cercano a DeLay y que estafó a cinco tribus indígenas para las que trabajaba en la apertura de casinos, así como a Karl Rove, rasputín del Ejecutivo que exhibió en la prensa la identidad de Valerie Plame, agente secreta de la CIA.
Con DeLay, sea encontrado culpable o no en un proceso que se extendería de 18 meses a tres años, puede irse un estilo de hacer política en Estados Unidos por el que su gobierno jamás debería acusar a otros de corrupción y falta de transparencia, así el GOP haya decidido, hasta ahora, cerrar filas y advertir, mediante el titular de la Cámara de Representantes, Dennis Hastert, que el acusado se mantendrá como un "asesor muy poderoso".
"Tom DeLay era como Josip Broz Tito en Yugoslavia", resumió el especialista universitario James A. Thurber. "Gobernó con el miedo y también con dinero para recompensar a los fieles. Sin él, el Congreso se balcanizará".
Gabriel Moyssen
Viernes, 30 de septiembre de 2005
* Se mantiene como "asesor poderoso"; Enron también le entregó recursos.
Tuvieron que pasar cuatro años de capitalismo mafioso en la Unión Americana para que la justicia alcanzara a Tom DeLay, maestro del lavado de fondos electorales que se derrumba en un momento por demás inoportuno para la Casa Blanca, con una agenda doméstica estancada y la votación intermedia de 2006 en ciernes.
El Martillo, que ejercía con firmeza la coordinación de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes desde 1994, tejió una amplia red de corrupción que incluyó fondos corporativos y personales del quebrado gigante energético Enron, en el plan para impulsar a los candidatos oficialistas que en 2002 lograron ganar el Congreso texano por primera vez en 130 años, facilitando, simultáneamente, la redemarcación de la entidad y la hegemonía del "Gran Viejo Partido" (GOP) en el Capitolio de Washington.
Evasor consumado de la regulación de campañas, que en vano se trató de fortalecer en 2004 con la ley McCain-Feingold para controlar el dinero suave que fluye desde las cenas privadas de 500 mil dólares el cubierto con el presidente George W. Bush y otros jerarcas hasta el bolsillo de políticos locales, a DeLay le faltó burlar la averiguación del fiscal Ronnie Earle, que por más de dos años rastreó violaciones a por lo menos tres artículos de la legislación de Texas, que ya en el siglo XIX prohibió el financiamiento empresarial de aspirantes.
El hombre de Laredo lo sabía -precisamos aquí la ciudad donde nació en 1947, que el miércoles ubicamos en El Paso- y por eso promovió sin éxito una iniciativa para sostenerse en el puesto como whip aun bajo cargos formales de Earle, llegando al colmo de establecer un fondo de donativos para pagar las sanciones administrativas que se le impongan, así como los honorarios de sus abogados.
Condena
De ser hallado culpable, podría recibir una sentencia de seis a dos años de cárcel y multa superior a 10 mil dólares, aunque el verdadero impacto será resentido, adelantan Los Angeles Times y The Washington Post, en el proyecto del "conservadurismo compasivo" de aquí a 2008, que contempla reformas en el Seguro Social, impuestos, gasto público, inmigración y derecho al aborto; por algo, luego de la victoria del GOP en 2004, enfatizó que los siguientes dos años constituían "la oportunidad que hemos esperado toda nuestra vida".
Ello, cuando encuestas señalan que solo 37 por ciento de los estadounidenses aprueba el trabajo del Capitolio y Bill Frist, líder de la mayoría republicana en el Senado, también es indagado, por vender acciones de su negocio médico poco antes de que su precio se desplomara.
Por supuesto, tampoco puede omitirse, en medio del pantano irakí, el desastre de Katrina, el alza de la gasolina y una popularidad de Bush que apenas rebasa 40 por ciento, la investigación sobre el cabildero Jack Abramoff, muy cercano a DeLay y que estafó a cinco tribus indígenas para las que trabajaba en la apertura de casinos, así como a Karl Rove, rasputín del Ejecutivo que exhibió en la prensa la identidad de Valerie Plame, agente secreta de la CIA.
Con DeLay, sea encontrado culpable o no en un proceso que se extendería de 18 meses a tres años, puede irse un estilo de hacer política en Estados Unidos por el que su gobierno jamás debería acusar a otros de corrupción y falta de transparencia, así el GOP haya decidido, hasta ahora, cerrar filas y advertir, mediante el titular de la Cámara de Representantes, Dennis Hastert, que el acusado se mantendrá como un "asesor muy poderoso".
"Tom DeLay era como Josip Broz Tito en Yugoslavia", resumió el especialista universitario James A. Thurber. "Gobernó con el miedo y también con dinero para recompensar a los fieles. Sin él, el Congreso se balcanizará".