Herbert
10-09-05, 10:58 PM
EL CONTRABANDO
Desde que se introdujo en México el TLC con Canadá y USA, han aparecido en el mercado mexicano una infinidad de artículos y productos de manufactura norteamericana y canadiense que antes no había. Nosotros como pueblo consumidor estamos de pláceme por eso, y tampoco nos damos cuenta, si en la misma forma aparecen productos mexicanos en los mercados de los países vecinos.
Era de suponerse, que ya no habían la barreras aduanales en nuestra frontera norte, y que la falta de los ingresos al erario mexicano por derechos aduanales, que ya no existirían, eran compensados con un mayor consumo de productos extranjeros a través de un mayor incremento del IVA.
Pero igualmente se esperaba la desaparición del contrabando y un golpe de muerte para la corrupción en las aduanas. Sin embargo la situación no es tan simplista como la planteo aquí.
Hay hasta la fecha una situación, la cual ni el TLC ha podido cambiar y es la siguiente:
Resulta que por lo menos en la industria automotriz hay en México mucho capital norteamericano invertido con lo cual se ensamblan y hasta se fabrican los vehículos aquí, para tener un acceso más cómodo al mercado local. Pero el gobierno mexicano, siempre hambriento, no se conforma con el cobro de los impuestos normales de estas empresas, sino que además grava con un impuesto exorbitante a cada vehículo que sale al mercado nacional. Con eso los precios se disparan mucho, en comparación de lo que cuesta un vehículo semejante en el país vecino, y es lógico que eso incrementaría el deseo de compra un auto en USA y traerlo a México.
Es allí, donde el gobierno mexicano, pone una barrera aduanal de nuevo, con el pretexto de proteger a la industria automotriz en México, y por supuesto que con la venia de los fabricantes norteamericanos en México.
La consecuencia es, de que de nuevo se produce una situación de contrabando, pero con una modalidad diferente.
Es inevitable, que la población fronteriza compre sus vehículos del “otro lado” por el constante tránsito entre fronteras, y por lo tanto circulan autos extranjeros en México, con un permiso especial, que tiene su vencimiento.
Ese permiso especial estipula que una vez vencido, o el vehículo debe regresar a su lugar de origen definitivamente, o se pagan los derechos al gobierno mexicano, lo que equivale a volver a pagar el precio que originalmente se pagó al adquirirlo en USA. En otras palabras, se paga dos veces el precio del objeto.
Pero eso también sucede en el mercado de los vehículos de medio uso, los cuales en USA son inmensamente más baratos que en México, debido a los altos estándares de vida de allá y la constante rotación de vehículos que “son del año” y que por lo tanto nutren al mercado de autos virtualmente “semi nuevos” a precios irrisorios. Es allí donde se origina la mayor demanda del contrabando de autos, que entran legalmente a México, también con un permiso especial, con un vencimiento teórico, que nadie
tiene en cuenta. Una vez vencido ese permiso, obviamente el vehículo se convierte en ilegal y que es comúnmente llamado ”de chocolate” Pero como en USA los vehículos “semi nuevos” del año anterior tienen un precio tan barato, la diferencia de cómo cotizan en México esos vehículos es tremendo, lo que hace mucho más redituable un contrabando disimulado
como lo constituye el de conservar los autos “ilegales” durante un largo tiempo.
Naturalmente que esos vehículos ya no solo circulan en el área fronteriza sino en toda la república, y bajo la condición de “ilegales” con el tiempo la condición jurídica ya no es de una falta administrativa, sino que como intento de contrabando cae bajo la ley penal. Estrictamente hablando, ya no bastaría con pagar los derechos de regularización, sino también una pena por el contrabando.
Sin embargo nuestro gobierno, que constantemente necesita dinero para su gigantesca nómina y los insaciables bolsillos de sus servidores públicos, de pronto se muestra generoso, y ofrece la legalización “ad libitum”, olvidándose de la penalización del contrabando. Es éste otro caso más de impunidad que se propicia desde las más altas esferas. Pero es bien sabido, que las autoridades no tienen la posibilidad de localizar por el inmenso territorio mexicano a todos los vehículos irregulares, los cuales en parte hasta se esconden en la agricultura y rancherías, siendo inclusive tractores y otra clase de vehículos de acarreo. Hasta circulan con placas de circulación mexicanas falsas y sobrepuestas, eliminando la placa norteamericana.
Aunque el TLC contempla la introducción legal de esta clase de vehículos para 2009, de pronto y muy recientemente el presidente abre las fronteras para la introducción de autos usados modelos 2000 en adelante, con lo cual no solo desequilibran el mercado nacional de autos usados, sino que convierten a México materialmente en el “traspatio de USA”. Mientras otras naciones tratan de modernizarse, en México nos “chatarrisamos” con vehículos usados. Es esta medida ciertamente una presión adicional para legalizar los vehículos chocolate, porque dentro de poco el mercado se inundará de autos usados “made in USA” con el correspondiente daño para la industria automotriz mexicana, que ya presentó sus objeciones.
Desde que se introdujo en México el TLC con Canadá y USA, han aparecido en el mercado mexicano una infinidad de artículos y productos de manufactura norteamericana y canadiense que antes no había. Nosotros como pueblo consumidor estamos de pláceme por eso, y tampoco nos damos cuenta, si en la misma forma aparecen productos mexicanos en los mercados de los países vecinos.
Era de suponerse, que ya no habían la barreras aduanales en nuestra frontera norte, y que la falta de los ingresos al erario mexicano por derechos aduanales, que ya no existirían, eran compensados con un mayor consumo de productos extranjeros a través de un mayor incremento del IVA.
Pero igualmente se esperaba la desaparición del contrabando y un golpe de muerte para la corrupción en las aduanas. Sin embargo la situación no es tan simplista como la planteo aquí.
Hay hasta la fecha una situación, la cual ni el TLC ha podido cambiar y es la siguiente:
Resulta que por lo menos en la industria automotriz hay en México mucho capital norteamericano invertido con lo cual se ensamblan y hasta se fabrican los vehículos aquí, para tener un acceso más cómodo al mercado local. Pero el gobierno mexicano, siempre hambriento, no se conforma con el cobro de los impuestos normales de estas empresas, sino que además grava con un impuesto exorbitante a cada vehículo que sale al mercado nacional. Con eso los precios se disparan mucho, en comparación de lo que cuesta un vehículo semejante en el país vecino, y es lógico que eso incrementaría el deseo de compra un auto en USA y traerlo a México.
Es allí, donde el gobierno mexicano, pone una barrera aduanal de nuevo, con el pretexto de proteger a la industria automotriz en México, y por supuesto que con la venia de los fabricantes norteamericanos en México.
La consecuencia es, de que de nuevo se produce una situación de contrabando, pero con una modalidad diferente.
Es inevitable, que la población fronteriza compre sus vehículos del “otro lado” por el constante tránsito entre fronteras, y por lo tanto circulan autos extranjeros en México, con un permiso especial, que tiene su vencimiento.
Ese permiso especial estipula que una vez vencido, o el vehículo debe regresar a su lugar de origen definitivamente, o se pagan los derechos al gobierno mexicano, lo que equivale a volver a pagar el precio que originalmente se pagó al adquirirlo en USA. En otras palabras, se paga dos veces el precio del objeto.
Pero eso también sucede en el mercado de los vehículos de medio uso, los cuales en USA son inmensamente más baratos que en México, debido a los altos estándares de vida de allá y la constante rotación de vehículos que “son del año” y que por lo tanto nutren al mercado de autos virtualmente “semi nuevos” a precios irrisorios. Es allí donde se origina la mayor demanda del contrabando de autos, que entran legalmente a México, también con un permiso especial, con un vencimiento teórico, que nadie
tiene en cuenta. Una vez vencido ese permiso, obviamente el vehículo se convierte en ilegal y que es comúnmente llamado ”de chocolate” Pero como en USA los vehículos “semi nuevos” del año anterior tienen un precio tan barato, la diferencia de cómo cotizan en México esos vehículos es tremendo, lo que hace mucho más redituable un contrabando disimulado
como lo constituye el de conservar los autos “ilegales” durante un largo tiempo.
Naturalmente que esos vehículos ya no solo circulan en el área fronteriza sino en toda la república, y bajo la condición de “ilegales” con el tiempo la condición jurídica ya no es de una falta administrativa, sino que como intento de contrabando cae bajo la ley penal. Estrictamente hablando, ya no bastaría con pagar los derechos de regularización, sino también una pena por el contrabando.
Sin embargo nuestro gobierno, que constantemente necesita dinero para su gigantesca nómina y los insaciables bolsillos de sus servidores públicos, de pronto se muestra generoso, y ofrece la legalización “ad libitum”, olvidándose de la penalización del contrabando. Es éste otro caso más de impunidad que se propicia desde las más altas esferas. Pero es bien sabido, que las autoridades no tienen la posibilidad de localizar por el inmenso territorio mexicano a todos los vehículos irregulares, los cuales en parte hasta se esconden en la agricultura y rancherías, siendo inclusive tractores y otra clase de vehículos de acarreo. Hasta circulan con placas de circulación mexicanas falsas y sobrepuestas, eliminando la placa norteamericana.
Aunque el TLC contempla la introducción legal de esta clase de vehículos para 2009, de pronto y muy recientemente el presidente abre las fronteras para la introducción de autos usados modelos 2000 en adelante, con lo cual no solo desequilibran el mercado nacional de autos usados, sino que convierten a México materialmente en el “traspatio de USA”. Mientras otras naciones tratan de modernizarse, en México nos “chatarrisamos” con vehículos usados. Es esta medida ciertamente una presión adicional para legalizar los vehículos chocolate, porque dentro de poco el mercado se inundará de autos usados “made in USA” con el correspondiente daño para la industria automotriz mexicana, que ya presentó sus objeciones.