Tiefer Verstand
08-09-05, 01:18 PM
Sionistas y fundamentalistas cristianos
“Ya sabéis que tuve un problema con el alcohol. En estos momentos debería estar en un bar de Texas en vez de encontrarme en el despacho oval. Sólo hay una razón por la que estoy aquí y no en un bar: he hallado la fe. He encontrado a Dios. Estoy aquí a causa del poder de la oración”.
La extrema derecha israelí y los radicales cristianos estadounidenses hace años que unieron sus fuerzas para luchar por unos mismos objetivos. Lo pavoroso del asunto es que dicha unión se basa en irracionales creencias apocalípticas, las cuales profesan los actuales miembros de la administración Bush.
De hecho, el 94% de los norteamericanos se consideran creyentes y, de estos, el 87% se define como cristianos. La mitad de ellos se califican “renacidos”, quienes, al igual que el propio presidente, creen que el Apocalipsis está a punto de producirse.
George Bush ansiaba ser como su padre, un exitoso hombre de negocios y político, pero en realidad hasta la fecha todo le había salido mal. No había tenido suerte en los negocios y toda empresa que había estado a su cargo acababa quebrando, y Bush Jr. al final siempre era salvado in extremis por su padre o sus influyentes amigos.
Por otro lado, su carrera política la veía muy lejana y su matrimonio no funcionaba. Sin perspectivas profesionales claras y sin ganas de seguir luchando en la vida, Bush se dio a la bebida. Sin embargo, lo que más odiaba no era su fracaso profesional, sino las inevitables comparaciones con su padre.
A pesar de las recomendaciones de su familia, y principalmente de su esposa, Bush seguía su camino hacía la autodestrucción con borracheras que en ocasiones llegaban a durar días.
A la edad de 39 años y sumido en una profunda crisis, Bush escuchó un día a su buen amigo Bob Evans, actualmente su secretario de Comercio y que en esa época también atravesaba por graves dificultades personales. Evans se había unido a un grupo de estudio de la Biblia.
En principio, el futuro presidente de los Estados Unidos no le prestó demasiada atención, pero ante la insistencia de Evans decidió acompañarlo a una de sus reuniones. A las pocas semanas, Bush ya era uno más de los apasionados estudiosos de la Biblia que componían este grupo de fundamentalistas cristianos.
Un plan divino en la Casa Blanca
Unos meses después de su elección presidencial, Bush afirmaría: “La fe me sostuvo en momentos de éxito y decepción. Sin ella, sería una persona distinta. Sin ella, sin duda, hoy no estaría aquí”.
Su radicalismo cristiano y también el exasperante simplismo que lo caracteriza y por el que tanto es criticado se trasluce en otra de sus frases: “Sólo los que creen en Jesús irán al cielo”. Y es que Bush, con el paso del tiempo, comenzó a considerarse un instrumento de Dios para llevar sus fines a la Tierra.
Poco después de su primera victoria electoral para ser gobernador del estado de Texas, aseguró, ante el estupor de los que estaban presentes, que “no me habría convertido en gobernador si no creyera en un plan divino que sustituye todos los planes humanos”.
En 1987, Bush se unió al equipo de la campaña presidencial de su padre. Bush recibió el encargo de ser el canal de comunicación entre la candidatura de su padre y los movimientos y organizaciones de la derecha religiosa del país.
Principalmente, Bush se relacionó con Coalición Cristiana, organización creada por Pat Robertson, un conocido telepredicador cuya fortuna personal ronda los 150 millones de dólares. Durante todo el proceso electoral, George Bush intentó insertar el máximo de citas bíblicas en los discursos de su progenitor, pero los asesores de campaña evitaron que el hijo del candidato lograse sus objetivos.
Cuando en 1993 decidió presentarse al cargo de gobernador de Texas, Bush estudió concienzudamente con sus consejeros las razones por las que su padre había perdido las elecciones presidenciales de 1992 contra Bill Clinton. La conclusión fue que, en la campaña, Bush padre no había tenido en cuenta la enorme masa de votantes que representaban la derecha religiosa.
Durante sus años como gobernador de Texas, el futuro presidente patrocinó a los principales telepredicadores y organizaciones cristianas fundamentalistas del estado. No era raro ver a Bush en los shows televisivos de importantes telepredicadores.
Cuando fue reelegido gobernador por segunda vez, invitó al telepredicador James Robinson a tomar la palabra durante un “almuerzo de plegaria”, quien comenzó a hablar sin rubor de una conversación que había mantenido con Dios mientras circulaba por la autopista entre Arlington y Dallas.
Bush basa sus discursos en tres aspectos con el fin de ganarse la confianza de la derecha religiosa: muestra de manera explícita su fervor religioso; insiste machaconamente en el poder de la oración y, por último, utiliza cotidianamente un lenguaje imbuido de frases e imaginería bíblica.
Telepredicadores en la política
Tras los atentados del 11-S, las declaraciones de George Bush se tornaron más bíblicas si cabe.
Tres días después del derrumbe de las Torres Gemelas, Bush prometió en un discurso “una cruzada contra una nueva forma de mal”, y en el mensaje a la nación el 7 de octubre de 2001, anunciando el ataque a Afganistán, tuvo préstamos de Isaías, Job, Mateo, Jeremías y el libro del Apocalipsis.
Para algunos estudiosos, como el profesor de historia de la Universidad de Wisconsin Paul S. Boyer, “el presidente utilizaba el recuerdo del 11 de septiembre, con un vocabulario apocalíptico antiguo y poderosamente evocador que, para millones de creyentes en las profecías cristianas, contenía un mensaje específico e impresionante que anunciaba un final que se acercaba, no sólo el de Saddam Hussein, sino también el de la historia humana tal como la conocemos hasta hoy”.
Por otro lado, los telepredicadores y líderes de la extrema derecha religiosa han encontrado un poderoso aliado a quien pedirle dinero cuando las cosas se ponen feas.
Ese extraño aliado de los fundamentalistas cristianos es el reverendo Moon, autonombrado “Emperador del Universo”, líder mundial de una secta de origen coreano y visceralmente anti-izquierdista.
Moon, quien controla el periódico The Washington Times, medio de comunicación clave para que Reagan ganara las elecciones, también apoyó a Bush padre y luego al actual presidente. Por si fuera poco, el gurú dona enormes sumas de dinero al Partido Republicano y a las organizaciones cristianas extremistas.
Uno de los mayores beneficiarios de las ayudas del peculiar reverendo es el Consejo de Política Nacional, creado en 1981 por el ultrarreligioso escritor Tim Lahaye. A mediados de los años noventa, el telepredicador Jerry Falwell pasaba por graves aprietos económicos.
Tras una larga entrevista con los administradores de la Iglesia de la Unificación del reverendo Moon, recibió 2,5 millones de dólares por alquilar su Liberty University de Virginia. Falwell, desde ese momento, se convirtió en uno de los grandes aliados del “Emperador del Universo”, a quien llegó a calificar de “héroe desconocido de la causa de la libertad”.
También se beneficiaron de las donaciones de Moon el evangelista y autor de best-sellers Tim Lahaye, quien recibió un millón de dólares en mano de Bo Hi Park, mano derecha de Moon y antiguo alto cargo del servicio de espionaje surcoreano; de Ralph Reed, uno de los responsables de Heritage; y del telepredicador Robert Schuller, entre otros.
Uno de los personajes más cercanos al presidente y que también milita en la más rancia tradición cristiana estadounidense es el fiscal general John Ashcroft, un filofascista que utilizó los ataques terroristas del 11-S para poner en práctica uno de sus anhelados proyectos: recortar las libertades de los ciudadanos y ampliar todo tipo de controles sobre la población.
Ashcroft pertenece desde siempre al movimiento de las Asambleas de Dios, el más importante movimiento pentecostal del mundo, que cuenta con más de dos millones de seguidores en Estados Unidos y unos treinta en todo el planeta. Su padre era ministro de culto y responsable del área de educación de las Asambleas de Dios en la ciudad de Springfield.
Ashcroft es conocido también por utilizar pasajes bíblicos en sus discursos, en los que suele reescribir la historia de Estados Unidos siempre desde un punto de vista religioso.
En 1999, durante una conferencia que dictaba en la Universidad de Carolina del Sur, afirmó que los colonos sublevados contra Inglaterra lo habían hecho por motivos religiosos: “Los recaudadores de impuestos llegaban y reclamaban lo que pertenecía al rey, y los colonos respondían con frecuencia: ‘No tenemos más rey que Jesús”.
Gobernador y luego senador por Misuri, Ashcroft lanzó su candidatura a la presidencia por el Partido Republicano, pero no ganó tantos apoyos dentro de la derecha cristiana como George Bush. El líder de la Coalición Cristiana, Pat Robertson, sólo le hizo entrega de 10.000 dólares para su campaña, una cantidad irrisoria teniendo en cuenta sus donaciones a George Bush.
El reverendo Moon, por otro lado, también decidió apoyar la candidatura de Bush, por lo que el hijo del pastor pentecostal no pudo seguir adelante. Después de que Bush llegase a la Casa Blanca, la derecha cristiana presionó al presidente para que, en pago al apoyo prestado en perjuicio de Ashcroft, nombrase a éste, como así sucedió, fiscal general.
Unidos por el Apocalipsis
Buena parte de los movimientos fundamentalistas cristianos de Estados Unidos siguen las prédicas de John Darby, un pastor protestante del siglo XIX que consideraba que antes del fin del mundo se debían producir una serie de signos, como la aparición de un nuevo orden político y económico mundial, el inicio de cruentas guerras, y el regreso del pueblo judío a Tierra Santa.
Como escribe el periodista Eric Laurent, autor de El mundo secreto de Bush, “según las profecías de Darby, Dios se apartó de Israel, que rechazaba al Mesías, para crear, construir y, milagrosamente, evacuar a la Iglesia antes de la gran tribulación.
Varias fases precederán al fin del mundo. Durante el rapto, los verdaderos creyentes se reunirán con Cristo en los aires. La tribulación marcará la llegada del anticristo, que tomará el poder en todo el mundo; un episodio marcado por la batalla del Apocalipsis, antes del segundo regreso de Cristo y el establecimiento del reino de Dios.
Este final depende de la conversión de los judíos. Y todo ello sólo podrá suceder si los judíos están en posesión de todas las tierras que Dios les diera… La alianza entre la Administración Bush y el actual gobierno israelí no puede ocultar la faceta inquietante de las tesis de Darby que estos cristianos extremistas han adoptado: al final del Apocalipsis, esta batalla final entre el bien y el mal, muchos judíos se convertirán al cristianismo y los no creyentes, entre ellos los judíos y los musulmanes, serán condenados y perecerán.
El Mesías conducirá luego a los justos al paraíso”. Michael Geerson, el hombre que escribe los discursos de George Bush y cuyo despacho en la Casa Blanca es el más cercano al presidente, sigue esta doctrina.
Lo anterior explica por qué razón los fundamentalistas cristianos estadounidenses apoyan a Israel, y más concretamente a la extrema derecha religiosa de la nación judía, actualmente en el poder tras las elecciones ganadas por el ex militar Ariel Sharon y su partido del Likud.
El escritor judío Gershom Gorenberg explica claramente la cuestión: “El verdadero pueblo judío no les gusta… Les gustamos como personajes en su historia, en su juego, y no es eso lo que somos.
Si escuchan ustedes el drama que describen, es, en términos generales, una obra de cinco actos en la que los judíos desaparecen en el cuarto”. En otras palabras, que los judíos posean las tierras que Dios les prometió es, para estos grupos ultracristianos, un elemento indispensable para que tenga lugar el Apocalipsis, regrese el Mesías y todos los judíos se postren ante el rey de los cristianos.
Desde este punto de vista podemos interpretar convenientemente las palabras de George Bush ante algunos líderes del sionismo mundial: “Los mejores amigos con los que Israel pueda contar son los que creen que la Biblia no contiene la palabra de Dios, sino que la Biblia es la palabra de Dios”.
También el famoso telepredicador Jerry Falwell ha declarado: “El pueblo judío, en Israel y por todo el mundo, no tiene un amigo más fiel que Jerry Falwell”. En 1985, durante un banquete celebrado en Jerusalén en honor de Moshé Arens, ministro israelí de Defensa perteneciente al Likud, un testigo escuchó como Jerry Falwell le decía al ministro: “Quiero darle las gracias de nuevo por el avión que me ha regalado”.
La alianza entre los cristianos radicales y la extrema derecha israelí del Likud tiene lugar cuando este partido político gana sus primeras elecciones en Israel en el año 1977.
El entonces presidente Menájem Beguin se acercó a los cristianos fundamentalistas, ya entonces con un enorme peso en las decisiones del gobierno, para evitar que el presidente estadounidense Jimmy Carter pusiese en práctica su plan de paz, cuya finalidad era el reconocimiento del derecho de los palestinos a una patria.
Una prueba irrefutable de la alianza entre la derecha fundamentalista estadounidense y el partido de extrema derecha israelí del Likud es que las organizaciones ultracristianas financian abundantemente mediante fundaciones libres de impuestos. One Jerusalem o New Jerusalem, fundada por Douglas Feith, son algunas de estas organizaciones estadounidenses que financian al partido del actual primer ministro israelí Ariel Sharon.
El plan secreto del poder en la sombra
Richard Perle y Douglas Feith, ambos altos mandatarios del Pentágono, fueron dos de los tres autores de un informe altamente secreto titulado Clean Break.
Redactado en 1996 y entregado al entonces primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu, el escrito se centraba en dos puntos principales, pensados en interés de Israel: Desmembrar Irak y neutralizar a Siria.
El documento incluso recomienda al primer ministro israelí que utilice un lenguaje adaptado a la mentalidad del pueblo estadounidense cada vez que quiera formular sus objetivos políticos ante el gran público.
Curiosamente, Perle, Feith y otros “halcones” del Pentágono, todos ellos miembros de la extrema derecha y simpatizantes del partido del Likud, redactaron en el año 2000 un informe bajo la égida del Proyect for New America Century –PNAC–, una fundación situada dentro del más rancio ultraconservadurismo.
Este informe es, ni más ni menos, que el mismo entregado años antes a Netanyahu, pero adaptado a la mentalidad y circunstancias de los Estados Unidos del momento, siempre, claro está, bajo la visión del ala derechista del Partido Republicano.
Los redactores del informe del PNAC ocupan hoy en día puestos claves dentro de la administración Bush, principalmente en el Pentágono, por lo que no es difícil hallar una vinculación entre la actual política exterior de Estados Unidos y los planes expuestos en el susodicho informe, en el cual encontramos los proyectos de estos “halcones” para hacerse con el control absoluto de Oriente Medio mediante una guerra contra Irak.
Para ello pretendían acusar a Hussein de mantener vínculos con Osama Bin Laden, algo que utilizó posteriormente la administración Bush para justificar la guerra contra Irak.
La pregunta que nos hacemos muchos es si la loca política exterior estadounidense que dirigen los “halcones” se lleva a cabo en interés de los Estados Unidos o de Israel.
¿Acaso estos hombres no están poniendo en práctica la política en Oriente Medio que defiende Ariel Sharon y su partido del Likud? ¿Las creencias religiosas de los “halcones” y su consiguiente apoyo a los intereses de la extrema derecha israelí son las que moldean su visión de la situación de Oriente Medio?
Después de los datos aportados en este capítulo parece claro que la respuesta a estas preguntas es un claro sí.
En otras palabras, las cre encias religiosas del grupo de personas que hoy en día tiene en sus manos el destino de la nación más poderosa del mundo nos pueden llevar a una situación insostenible en Oriente Medio, lo que podría generar un conflicto entre “bloques” de terribles consecuencias.
Fuente: Enigmas
Autor: Miguel Pedrero
“Ya sabéis que tuve un problema con el alcohol. En estos momentos debería estar en un bar de Texas en vez de encontrarme en el despacho oval. Sólo hay una razón por la que estoy aquí y no en un bar: he hallado la fe. He encontrado a Dios. Estoy aquí a causa del poder de la oración”.
La extrema derecha israelí y los radicales cristianos estadounidenses hace años que unieron sus fuerzas para luchar por unos mismos objetivos. Lo pavoroso del asunto es que dicha unión se basa en irracionales creencias apocalípticas, las cuales profesan los actuales miembros de la administración Bush.
De hecho, el 94% de los norteamericanos se consideran creyentes y, de estos, el 87% se define como cristianos. La mitad de ellos se califican “renacidos”, quienes, al igual que el propio presidente, creen que el Apocalipsis está a punto de producirse.
George Bush ansiaba ser como su padre, un exitoso hombre de negocios y político, pero en realidad hasta la fecha todo le había salido mal. No había tenido suerte en los negocios y toda empresa que había estado a su cargo acababa quebrando, y Bush Jr. al final siempre era salvado in extremis por su padre o sus influyentes amigos.
Por otro lado, su carrera política la veía muy lejana y su matrimonio no funcionaba. Sin perspectivas profesionales claras y sin ganas de seguir luchando en la vida, Bush se dio a la bebida. Sin embargo, lo que más odiaba no era su fracaso profesional, sino las inevitables comparaciones con su padre.
A pesar de las recomendaciones de su familia, y principalmente de su esposa, Bush seguía su camino hacía la autodestrucción con borracheras que en ocasiones llegaban a durar días.
A la edad de 39 años y sumido en una profunda crisis, Bush escuchó un día a su buen amigo Bob Evans, actualmente su secretario de Comercio y que en esa época también atravesaba por graves dificultades personales. Evans se había unido a un grupo de estudio de la Biblia.
En principio, el futuro presidente de los Estados Unidos no le prestó demasiada atención, pero ante la insistencia de Evans decidió acompañarlo a una de sus reuniones. A las pocas semanas, Bush ya era uno más de los apasionados estudiosos de la Biblia que componían este grupo de fundamentalistas cristianos.
Un plan divino en la Casa Blanca
Unos meses después de su elección presidencial, Bush afirmaría: “La fe me sostuvo en momentos de éxito y decepción. Sin ella, sería una persona distinta. Sin ella, sin duda, hoy no estaría aquí”.
Su radicalismo cristiano y también el exasperante simplismo que lo caracteriza y por el que tanto es criticado se trasluce en otra de sus frases: “Sólo los que creen en Jesús irán al cielo”. Y es que Bush, con el paso del tiempo, comenzó a considerarse un instrumento de Dios para llevar sus fines a la Tierra.
Poco después de su primera victoria electoral para ser gobernador del estado de Texas, aseguró, ante el estupor de los que estaban presentes, que “no me habría convertido en gobernador si no creyera en un plan divino que sustituye todos los planes humanos”.
En 1987, Bush se unió al equipo de la campaña presidencial de su padre. Bush recibió el encargo de ser el canal de comunicación entre la candidatura de su padre y los movimientos y organizaciones de la derecha religiosa del país.
Principalmente, Bush se relacionó con Coalición Cristiana, organización creada por Pat Robertson, un conocido telepredicador cuya fortuna personal ronda los 150 millones de dólares. Durante todo el proceso electoral, George Bush intentó insertar el máximo de citas bíblicas en los discursos de su progenitor, pero los asesores de campaña evitaron que el hijo del candidato lograse sus objetivos.
Cuando en 1993 decidió presentarse al cargo de gobernador de Texas, Bush estudió concienzudamente con sus consejeros las razones por las que su padre había perdido las elecciones presidenciales de 1992 contra Bill Clinton. La conclusión fue que, en la campaña, Bush padre no había tenido en cuenta la enorme masa de votantes que representaban la derecha religiosa.
Durante sus años como gobernador de Texas, el futuro presidente patrocinó a los principales telepredicadores y organizaciones cristianas fundamentalistas del estado. No era raro ver a Bush en los shows televisivos de importantes telepredicadores.
Cuando fue reelegido gobernador por segunda vez, invitó al telepredicador James Robinson a tomar la palabra durante un “almuerzo de plegaria”, quien comenzó a hablar sin rubor de una conversación que había mantenido con Dios mientras circulaba por la autopista entre Arlington y Dallas.
Bush basa sus discursos en tres aspectos con el fin de ganarse la confianza de la derecha religiosa: muestra de manera explícita su fervor religioso; insiste machaconamente en el poder de la oración y, por último, utiliza cotidianamente un lenguaje imbuido de frases e imaginería bíblica.
Telepredicadores en la política
Tras los atentados del 11-S, las declaraciones de George Bush se tornaron más bíblicas si cabe.
Tres días después del derrumbe de las Torres Gemelas, Bush prometió en un discurso “una cruzada contra una nueva forma de mal”, y en el mensaje a la nación el 7 de octubre de 2001, anunciando el ataque a Afganistán, tuvo préstamos de Isaías, Job, Mateo, Jeremías y el libro del Apocalipsis.
Para algunos estudiosos, como el profesor de historia de la Universidad de Wisconsin Paul S. Boyer, “el presidente utilizaba el recuerdo del 11 de septiembre, con un vocabulario apocalíptico antiguo y poderosamente evocador que, para millones de creyentes en las profecías cristianas, contenía un mensaje específico e impresionante que anunciaba un final que se acercaba, no sólo el de Saddam Hussein, sino también el de la historia humana tal como la conocemos hasta hoy”.
Por otro lado, los telepredicadores y líderes de la extrema derecha religiosa han encontrado un poderoso aliado a quien pedirle dinero cuando las cosas se ponen feas.
Ese extraño aliado de los fundamentalistas cristianos es el reverendo Moon, autonombrado “Emperador del Universo”, líder mundial de una secta de origen coreano y visceralmente anti-izquierdista.
Moon, quien controla el periódico The Washington Times, medio de comunicación clave para que Reagan ganara las elecciones, también apoyó a Bush padre y luego al actual presidente. Por si fuera poco, el gurú dona enormes sumas de dinero al Partido Republicano y a las organizaciones cristianas extremistas.
Uno de los mayores beneficiarios de las ayudas del peculiar reverendo es el Consejo de Política Nacional, creado en 1981 por el ultrarreligioso escritor Tim Lahaye. A mediados de los años noventa, el telepredicador Jerry Falwell pasaba por graves aprietos económicos.
Tras una larga entrevista con los administradores de la Iglesia de la Unificación del reverendo Moon, recibió 2,5 millones de dólares por alquilar su Liberty University de Virginia. Falwell, desde ese momento, se convirtió en uno de los grandes aliados del “Emperador del Universo”, a quien llegó a calificar de “héroe desconocido de la causa de la libertad”.
También se beneficiaron de las donaciones de Moon el evangelista y autor de best-sellers Tim Lahaye, quien recibió un millón de dólares en mano de Bo Hi Park, mano derecha de Moon y antiguo alto cargo del servicio de espionaje surcoreano; de Ralph Reed, uno de los responsables de Heritage; y del telepredicador Robert Schuller, entre otros.
Uno de los personajes más cercanos al presidente y que también milita en la más rancia tradición cristiana estadounidense es el fiscal general John Ashcroft, un filofascista que utilizó los ataques terroristas del 11-S para poner en práctica uno de sus anhelados proyectos: recortar las libertades de los ciudadanos y ampliar todo tipo de controles sobre la población.
Ashcroft pertenece desde siempre al movimiento de las Asambleas de Dios, el más importante movimiento pentecostal del mundo, que cuenta con más de dos millones de seguidores en Estados Unidos y unos treinta en todo el planeta. Su padre era ministro de culto y responsable del área de educación de las Asambleas de Dios en la ciudad de Springfield.
Ashcroft es conocido también por utilizar pasajes bíblicos en sus discursos, en los que suele reescribir la historia de Estados Unidos siempre desde un punto de vista religioso.
En 1999, durante una conferencia que dictaba en la Universidad de Carolina del Sur, afirmó que los colonos sublevados contra Inglaterra lo habían hecho por motivos religiosos: “Los recaudadores de impuestos llegaban y reclamaban lo que pertenecía al rey, y los colonos respondían con frecuencia: ‘No tenemos más rey que Jesús”.
Gobernador y luego senador por Misuri, Ashcroft lanzó su candidatura a la presidencia por el Partido Republicano, pero no ganó tantos apoyos dentro de la derecha cristiana como George Bush. El líder de la Coalición Cristiana, Pat Robertson, sólo le hizo entrega de 10.000 dólares para su campaña, una cantidad irrisoria teniendo en cuenta sus donaciones a George Bush.
El reverendo Moon, por otro lado, también decidió apoyar la candidatura de Bush, por lo que el hijo del pastor pentecostal no pudo seguir adelante. Después de que Bush llegase a la Casa Blanca, la derecha cristiana presionó al presidente para que, en pago al apoyo prestado en perjuicio de Ashcroft, nombrase a éste, como así sucedió, fiscal general.
Unidos por el Apocalipsis
Buena parte de los movimientos fundamentalistas cristianos de Estados Unidos siguen las prédicas de John Darby, un pastor protestante del siglo XIX que consideraba que antes del fin del mundo se debían producir una serie de signos, como la aparición de un nuevo orden político y económico mundial, el inicio de cruentas guerras, y el regreso del pueblo judío a Tierra Santa.
Como escribe el periodista Eric Laurent, autor de El mundo secreto de Bush, “según las profecías de Darby, Dios se apartó de Israel, que rechazaba al Mesías, para crear, construir y, milagrosamente, evacuar a la Iglesia antes de la gran tribulación.
Varias fases precederán al fin del mundo. Durante el rapto, los verdaderos creyentes se reunirán con Cristo en los aires. La tribulación marcará la llegada del anticristo, que tomará el poder en todo el mundo; un episodio marcado por la batalla del Apocalipsis, antes del segundo regreso de Cristo y el establecimiento del reino de Dios.
Este final depende de la conversión de los judíos. Y todo ello sólo podrá suceder si los judíos están en posesión de todas las tierras que Dios les diera… La alianza entre la Administración Bush y el actual gobierno israelí no puede ocultar la faceta inquietante de las tesis de Darby que estos cristianos extremistas han adoptado: al final del Apocalipsis, esta batalla final entre el bien y el mal, muchos judíos se convertirán al cristianismo y los no creyentes, entre ellos los judíos y los musulmanes, serán condenados y perecerán.
El Mesías conducirá luego a los justos al paraíso”. Michael Geerson, el hombre que escribe los discursos de George Bush y cuyo despacho en la Casa Blanca es el más cercano al presidente, sigue esta doctrina.
Lo anterior explica por qué razón los fundamentalistas cristianos estadounidenses apoyan a Israel, y más concretamente a la extrema derecha religiosa de la nación judía, actualmente en el poder tras las elecciones ganadas por el ex militar Ariel Sharon y su partido del Likud.
El escritor judío Gershom Gorenberg explica claramente la cuestión: “El verdadero pueblo judío no les gusta… Les gustamos como personajes en su historia, en su juego, y no es eso lo que somos.
Si escuchan ustedes el drama que describen, es, en términos generales, una obra de cinco actos en la que los judíos desaparecen en el cuarto”. En otras palabras, que los judíos posean las tierras que Dios les prometió es, para estos grupos ultracristianos, un elemento indispensable para que tenga lugar el Apocalipsis, regrese el Mesías y todos los judíos se postren ante el rey de los cristianos.
Desde este punto de vista podemos interpretar convenientemente las palabras de George Bush ante algunos líderes del sionismo mundial: “Los mejores amigos con los que Israel pueda contar son los que creen que la Biblia no contiene la palabra de Dios, sino que la Biblia es la palabra de Dios”.
También el famoso telepredicador Jerry Falwell ha declarado: “El pueblo judío, en Israel y por todo el mundo, no tiene un amigo más fiel que Jerry Falwell”. En 1985, durante un banquete celebrado en Jerusalén en honor de Moshé Arens, ministro israelí de Defensa perteneciente al Likud, un testigo escuchó como Jerry Falwell le decía al ministro: “Quiero darle las gracias de nuevo por el avión que me ha regalado”.
La alianza entre los cristianos radicales y la extrema derecha israelí del Likud tiene lugar cuando este partido político gana sus primeras elecciones en Israel en el año 1977.
El entonces presidente Menájem Beguin se acercó a los cristianos fundamentalistas, ya entonces con un enorme peso en las decisiones del gobierno, para evitar que el presidente estadounidense Jimmy Carter pusiese en práctica su plan de paz, cuya finalidad era el reconocimiento del derecho de los palestinos a una patria.
Una prueba irrefutable de la alianza entre la derecha fundamentalista estadounidense y el partido de extrema derecha israelí del Likud es que las organizaciones ultracristianas financian abundantemente mediante fundaciones libres de impuestos. One Jerusalem o New Jerusalem, fundada por Douglas Feith, son algunas de estas organizaciones estadounidenses que financian al partido del actual primer ministro israelí Ariel Sharon.
El plan secreto del poder en la sombra
Richard Perle y Douglas Feith, ambos altos mandatarios del Pentágono, fueron dos de los tres autores de un informe altamente secreto titulado Clean Break.
Redactado en 1996 y entregado al entonces primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu, el escrito se centraba en dos puntos principales, pensados en interés de Israel: Desmembrar Irak y neutralizar a Siria.
El documento incluso recomienda al primer ministro israelí que utilice un lenguaje adaptado a la mentalidad del pueblo estadounidense cada vez que quiera formular sus objetivos políticos ante el gran público.
Curiosamente, Perle, Feith y otros “halcones” del Pentágono, todos ellos miembros de la extrema derecha y simpatizantes del partido del Likud, redactaron en el año 2000 un informe bajo la égida del Proyect for New America Century –PNAC–, una fundación situada dentro del más rancio ultraconservadurismo.
Este informe es, ni más ni menos, que el mismo entregado años antes a Netanyahu, pero adaptado a la mentalidad y circunstancias de los Estados Unidos del momento, siempre, claro está, bajo la visión del ala derechista del Partido Republicano.
Los redactores del informe del PNAC ocupan hoy en día puestos claves dentro de la administración Bush, principalmente en el Pentágono, por lo que no es difícil hallar una vinculación entre la actual política exterior de Estados Unidos y los planes expuestos en el susodicho informe, en el cual encontramos los proyectos de estos “halcones” para hacerse con el control absoluto de Oriente Medio mediante una guerra contra Irak.
Para ello pretendían acusar a Hussein de mantener vínculos con Osama Bin Laden, algo que utilizó posteriormente la administración Bush para justificar la guerra contra Irak.
La pregunta que nos hacemos muchos es si la loca política exterior estadounidense que dirigen los “halcones” se lleva a cabo en interés de los Estados Unidos o de Israel.
¿Acaso estos hombres no están poniendo en práctica la política en Oriente Medio que defiende Ariel Sharon y su partido del Likud? ¿Las creencias religiosas de los “halcones” y su consiguiente apoyo a los intereses de la extrema derecha israelí son las que moldean su visión de la situación de Oriente Medio?
Después de los datos aportados en este capítulo parece claro que la respuesta a estas preguntas es un claro sí.
En otras palabras, las cre encias religiosas del grupo de personas que hoy en día tiene en sus manos el destino de la nación más poderosa del mundo nos pueden llevar a una situación insostenible en Oriente Medio, lo que podría generar un conflicto entre “bloques” de terribles consecuencias.
Fuente: Enigmas
Autor: Miguel Pedrero