Bisonte
02-09-05, 12:10 AM
Telenovelas históricas, al servicio del Estado
Las telenovelas mexicanas cumplen 45 años de vida oficial, 45 años de sentimientos encontrados, de las mismas historias, de los mismos finales, de los mismos formatos, de lo mismo, lo mismo y lo mismo.
Las telenovelas mexicanas son como el país. Siempre estamos esperando que cambien, que triunfen, que cumplan sus promesas y sólo unas cuantas veces, medio de vez en cuando, nos llenan.
Hay mucho qué escribir de las telenovelas que se han producido en México desde Senda prohibida (1958), pero dentro de lo mucho que se tiene que escribir, urge hacer varios análisis de las telenovelas históricas.
¿Por qué? Porque a pesar de que es un subgénero en vías de extinción, todavía despierta los más peligrosos suspiros.
Seguramente usted ha escuchado en radio o televisión, o ha leído en las revistas del corazón, disfrazadas de espectáculos, sobre lo hermosas que son las telenovelas históricas, sobre lo maravillosa que es su producción y la manera tan profunda como difunden nuestra historia patria.
Los elogios van desde la calidad de los actores hasta la música pasando por las recreaciones de la época, la iluminación y un supuesto éxito en cuanto a «rating».
Historias horribles, manipuladas por el gobierno
¡Puras mentiras! Las telenovelas históricas son horribles, no le llegan ni a los talones a la más pobre de las producciones de época de la BBC de Londres o del Canal +, y en lugar de difundir, confunden a la gente en lo referente a nuestra historia.
Son telenovelas pagadas por el gobierno, ordenadas por el gobierno con fines propagandísticos.
¿A usted no se le hace demasiada casualidad que El carruaje (1972), la telenovela histórica sobre la vida de Benito Juárez, se haya grabado y transmitido justo en el momento que más le convenía a Luis Echeverría lvarez?
¿No se acuerda usted que todo lo referente a Lázaro Cárdenas fue mutilado de Senda de gloria (1987), durante la primera campaña de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República en su primera retransmisión?
¿Qué me dice usted de que la vida del dictador Porfirio Díaz (El vuelo de águila, 1994) haya engalanado el surgimiento del zapatismo y los magnicidios del sexenio de Carlos Salinas de Gortari?
Es famosa a nivel internacional la anécdota de que Televisa mutiló todo lo referente a Emiliano Zapata de los capítulos originales de El vuelo de águila para impedir la propagación de los ideales del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
¿A usted no se le hace sintomático que nomás salió el PRI de la Presidencia de la República, México haya dejado de producir telenovelas históricas?
Vicente Fox será lo que usted quiera, guste y mande, pero no se mete con las telenovelas, no se hace homenajes, no censura y no impone ni siquiera a sus estrellas favoritas. Será porque a diferencia de otros presidentes, no las tiene.
¿Usted confiaría en una telenovela histórica pagada por el Instituto Mexicano del Seguro Social? Las ha habido. ¿Usted creería en una de éstas producciones supervisada por el gobierno? Todas han pasado por la Secretaría de Gobernación. Todas.
Y lo más injusto es que el listado de telenovelas históricas oficial sólo incluye las telenovelas que a Televisa le conviene.
En éste país se han hecho reconstrucciones como las de México 1900 (1964) y La tierra (1974), y nunca nadie las toma en cuenta como a La constitución (1970) que es una porquería cuya única gracia es que contó con la exageradísima actuación de María Félix. Una telenovela histórica no hace bueno a ningún actor. Salvo honrosas excepciones, se trata de trabajos muy poco preparados, de actores de segunda puestos a interpretar grandes papeles sólo porque se parecen a algún héroe que estaba en los libretos.
¿Y qué me dice de los textos y los tratamientos? Llenos de frases célebres y aberraciones, como cuando a Angélica María, así como ésta, la violan en La antorcha encendida (1996) porque los hombres la consideraban poco menos que un símbolo sexual.
En las telenovelas históricas, son pocas las caracterizaciones que no causan hilaridad o que no parecen sacadas de alguna pastorela de rancho.
Se habla mucho de calidad y profesionalismo nada más porque se trabajan elementos de época, pero eso no significa que estén bien trabajados
.
En el México insurgente, por ejemplo, no había electricidad, pero todo aparecía iluminado como por las luces de un estadio de fútbol. ¿Así era?
Pocas cosas pueden ser más delicadas que trasladar la historia de un país a un género como el de la telenovela. La razón es muy simple, las telenovelas son melodramas seriados y una de las reglas más básicas de los melodramas es el maniqueísmo, la lucha de buenos y malos.
¿Quién es bueno y quién es malo en la historia de un país? ¿Miguel Hidalgo, Agustín de Iturbide, Maximiliano, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero o José Vasconcelos? ¿Quién? ¿Y quién lo decide?
Las telenovelas mexicanas cumplen 45 años de vida oficial, 45 años de sentimientos encontrados, de las mismas historias, de los mismos finales, de los mismos formatos, de lo mismo, lo mismo y lo mismo.
Las telenovelas mexicanas son como el país. Siempre estamos esperando que cambien, que triunfen, que cumplan sus promesas y sólo unas cuantas veces, medio de vez en cuando, nos llenan.
Hay mucho qué escribir de las telenovelas que se han producido en México desde Senda prohibida (1958), pero dentro de lo mucho que se tiene que escribir, urge hacer varios análisis de las telenovelas históricas.
¿Por qué? Porque a pesar de que es un subgénero en vías de extinción, todavía despierta los más peligrosos suspiros.
Seguramente usted ha escuchado en radio o televisión, o ha leído en las revistas del corazón, disfrazadas de espectáculos, sobre lo hermosas que son las telenovelas históricas, sobre lo maravillosa que es su producción y la manera tan profunda como difunden nuestra historia patria.
Los elogios van desde la calidad de los actores hasta la música pasando por las recreaciones de la época, la iluminación y un supuesto éxito en cuanto a «rating».
Historias horribles, manipuladas por el gobierno
¡Puras mentiras! Las telenovelas históricas son horribles, no le llegan ni a los talones a la más pobre de las producciones de época de la BBC de Londres o del Canal +, y en lugar de difundir, confunden a la gente en lo referente a nuestra historia.
Son telenovelas pagadas por el gobierno, ordenadas por el gobierno con fines propagandísticos.
¿A usted no se le hace demasiada casualidad que El carruaje (1972), la telenovela histórica sobre la vida de Benito Juárez, se haya grabado y transmitido justo en el momento que más le convenía a Luis Echeverría lvarez?
¿No se acuerda usted que todo lo referente a Lázaro Cárdenas fue mutilado de Senda de gloria (1987), durante la primera campaña de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República en su primera retransmisión?
¿Qué me dice usted de que la vida del dictador Porfirio Díaz (El vuelo de águila, 1994) haya engalanado el surgimiento del zapatismo y los magnicidios del sexenio de Carlos Salinas de Gortari?
Es famosa a nivel internacional la anécdota de que Televisa mutiló todo lo referente a Emiliano Zapata de los capítulos originales de El vuelo de águila para impedir la propagación de los ideales del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
¿A usted no se le hace sintomático que nomás salió el PRI de la Presidencia de la República, México haya dejado de producir telenovelas históricas?
Vicente Fox será lo que usted quiera, guste y mande, pero no se mete con las telenovelas, no se hace homenajes, no censura y no impone ni siquiera a sus estrellas favoritas. Será porque a diferencia de otros presidentes, no las tiene.
¿Usted confiaría en una telenovela histórica pagada por el Instituto Mexicano del Seguro Social? Las ha habido. ¿Usted creería en una de éstas producciones supervisada por el gobierno? Todas han pasado por la Secretaría de Gobernación. Todas.
Y lo más injusto es que el listado de telenovelas históricas oficial sólo incluye las telenovelas que a Televisa le conviene.
En éste país se han hecho reconstrucciones como las de México 1900 (1964) y La tierra (1974), y nunca nadie las toma en cuenta como a La constitución (1970) que es una porquería cuya única gracia es que contó con la exageradísima actuación de María Félix. Una telenovela histórica no hace bueno a ningún actor. Salvo honrosas excepciones, se trata de trabajos muy poco preparados, de actores de segunda puestos a interpretar grandes papeles sólo porque se parecen a algún héroe que estaba en los libretos.
¿Y qué me dice de los textos y los tratamientos? Llenos de frases célebres y aberraciones, como cuando a Angélica María, así como ésta, la violan en La antorcha encendida (1996) porque los hombres la consideraban poco menos que un símbolo sexual.
En las telenovelas históricas, son pocas las caracterizaciones que no causan hilaridad o que no parecen sacadas de alguna pastorela de rancho.
Se habla mucho de calidad y profesionalismo nada más porque se trabajan elementos de época, pero eso no significa que estén bien trabajados
.
En el México insurgente, por ejemplo, no había electricidad, pero todo aparecía iluminado como por las luces de un estadio de fútbol. ¿Así era?
Pocas cosas pueden ser más delicadas que trasladar la historia de un país a un género como el de la telenovela. La razón es muy simple, las telenovelas son melodramas seriados y una de las reglas más básicas de los melodramas es el maniqueísmo, la lucha de buenos y malos.
¿Quién es bueno y quién es malo en la historia de un país? ¿Miguel Hidalgo, Agustín de Iturbide, Maximiliano, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero o José Vasconcelos? ¿Quién? ¿Y quién lo decide?