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View Full Version : SABRA Y SHATILA



Atila
24-08-05, 12:58 AM
BEIRUT

Durante un tiempo que para muchos pareció eterno y que retrocedía hasta un pasado reciente, Beirut había sido uno de lugares mas preferidos de este planeta: un extremadamente confortable lugar donde vivir y morir de viejo o enfermo. Si eras rico y corrupto o pobre y honesto, allí encontrabas lo mejor que una ciudad podía ofrecer: un clima calido en el verano e invierno, mar azul y colinas verdeantes, trabajo, comida, una liviandad que ponía a la venta cualquier clase de placer, y sobre todo una gran tolerancia porque, a pesar de la babel de razas, lenguas y religiones, sus habitantes vivían juntos en armonía. Los musulmanes Shiitas o Sunnitas cohabitaban amigablemente con los Maronitas o Cristianos Ortodoxos Griegos o Católicos, estos y los otros hacían lo mismo con los Drusos y los Judíos. Las letanías de los muecines se mezclaban libremente con el sonido de las campanas de la iglesia, los creyentes de las mezquitas no eran maldecidos en las iglesias, los creyentes de las iglesias no eran maldecidos en las mezquitas, Ni los primeros ni los segundos eran despreciados en las sinagogas, y los ritos de los 19 credos permitidos en la Constitución eran celebrados sin dificultades. Un régimen más o menos democrático existía, las libertades civiles eran respetadas, incluso demasiados pequeños pecados eran permitidos, así como cometidos, y la gente se mataba una a otra en venganza o por envidia o por codicia, pero no por órdenes del odio o el fanatismo o exigencia militar. La guerra no existía. Las masacres en las cuales las dos principales tribus, los Cristianos y los Musulmanes, se habían matado unos a otros por años, eran un vago recuerdo. Los asaltos llevados a cabo durante siglos por los Griegos, los Romanos, los Cruzados, luego Saladito, nuevamente los Cruzados, luego los Turcos, luego los Occidentales, siempre atraídos por la posición geográfica y las ventajas económicas de la ciudad, una historia olvidada. En 1946, el mandato Francés había finalizado y junto con la independencia había quedado un sentimiento de bienestar que amalgamo a los varios grupos. Los incorporo a través de la fe en el único dios que los seres humanos adoraban sin límite y sin reservas: el Dios Dinero.

Fue llamada la Suiza del Medio Oriente, en aquella época, y era un lugar tan hospitalario que daba la bienvenida a quien solicitara refugio o triunfo: aventureros, políticos perseguidos, estafadores, espías, malhechores, corruptos en busca del Paraíso Terrenal. Por miles desembarcaron cada día desde botes, naves, aviones. Para quedarse y, a menudo, hacerse ricos. También era una hermosa ciudad, a pesar que no ofrecía monumentos sublimes, y su belleza no yacía enteramente en el encantador paisaje. Villas esplendidas surgían en las colinas aun embellecidas por los cedros del Líbano, y los jardines inmaculados y verandas pavimentadas por esplendidos mosaicos Alejandrinos. Residencias espectaculares y casas art-deco exquisitas bordeaban el parque llamado el Bosque de Pinos, tan fértil que su olor de resina se diseminaba por millas. En el borde de el, un magnifico hipódromo rodeado de establos que albergaban a los mas preciados purasangres del mundo. Próximo al hipódromo, un museo en el cual podías admirar el sarcófago antropomorfo de los antiguos ancestros, los Fenicios, y los restos arqueológicos desenterrados en Biblos. Hoteles lujosos alineados a lo largo de la soleada costa, junto a clubes nocturnos exclusivos, y restaurantes famosos por sus vinos y chefs. Entre ellos el mítico Saint George. La pobreza no estaba ausente, por supuesto: la riqueza se alimentaba de la pobreza de otros. Pero el hambre no existía, y en cada rincón encontrabas alguna evidencia de prosperidad. En la Zona Occidental había una grandiosa Cite Sportive que contenía un estadio para 50.000 personas, dos piscinas olímpicas (una para nadar y otra para bucear), dos canchas de tenis, dos canchas de básquetbol, vestidores para los atletas, cafeterías, solariums. Sobre la famosa calle llamada Galerie Semaan, los negocios inundados de productos atraían clientes de todas las partes del mundo, y los bancos pagaban increíbles intereses: cualquiera que quisiera duplicar rápidamente su dinero solo tenia que depositarlo en Beirut. También existían buenas escuelas para combatir el analfabetismo, y buenos talleres en los cuales aprender una carrera, y una ilustre universidad Americana, una no menos celebre universidad Católica que produjo profesores tan distinguidos en doctrinas científicas como humanistas. Los hospitales funcionaban eficientemente. Los teatros, salones de conciertos y cines abundaban. El tráfico fluía rápidamente a lo largo de anchas avenidas de doble pista, sólidos paso sobre nivel, elegantes rotondas: las plazas circulares construidas por los Franceses basados en las Parisienses. Fluía incluso mejor a lo largo de la extraordinaria Corniche que corría desde el este hacia el norte, acariciada por la costa norte, alcanzaba el promontorio noroccidental, luego descendía hacia el sur a través del bello litoral besado por el viento. La construcción florecía. El plano urbano de la ciudad era comparable a aquellos de las modernas capitales Europeas. Una excelente carretera llevaba a Damasco, un eficiente tren a Aleppo. El puerto, entre uno de los mejor equipados del Mediterráneo, dispensaba ganancias fabulosas. El aeropuerto, donde cientos de vuelos hacia y desde Asia aterrizaban a diario, contribuía en igual medida a llenar los bolsillos de la ciudad. Y nunca importo si todas estas cosas finas eran ensuciadas por un puño de mafiosos multimillonarios que controlaban la economía. Nunca importo si los mas conspicuos entre estos era un tal Pierre Gemayel, padre de Bashir y Amin, y un tal Kamal Jumblatt, padre de Salid. Nunca importo si el primero era un admirador de Mussolini y fundador de un cuerpo paramilitar conocido como la Falange. El ultimo, un pionero en el trafico del hashish y el poderoso patriarca de los Drusos, con los pantalones bombachos ajustados a la rodilla para defecar al Mesías (de acuerdo a sus misterios teológicos, seria traído o mas bien defecado por un hombre). No importaba. Ningún paraíso terrenal es perfecto, la paz vale el uso de algunos trucos sucios, y a pesar de todo esto Beirut consiguió ser un lugar casi feliz - el “casi” indica la precaución de observar cuando se usa el equivoco adjetivo “feliz”.

LLEGAN LOS PALESTINOS

Pero un feo día los Palestinos llegaron. Con su rabia, su dolor, su dinero. Una enorme cantidad de dinero. Y gracias a ese dinero, dado el hecho que en Beirut podías comprar cualquier cosa excepto la inmortalidad, compraron el permiso para establecerse en tres zonas de la periferia Musulmana: Sabra y Shatila, dos zonas cercanas a la Cite Sportive y Bourji el Barajni. Una zona a mitad de camino de la Rue de L’Aerodrome. Aquí, usando la misma lógica de los Israelíes que había robado su patria, se instalaron en lugar de los Shiitas que siempre habían vivido en Sabra y Shatila y Bourji el Barajni. Los expulsaron de sus casas, tomaron sus jardines, destruyeron sus calles para construir nuevos edificios. Entonces, no satisfechos con tal matonaje, se diseminaron más allá de aquel territorio para colonizar algunas vecindades Cristianas también. Sordos al descontento que su invasión provoco, establecieron un estado dentro de otro estado: una nación con sus propias leyes, con sus propios bancos, sus propias escuelas, sus propias clínicas, su propio ejército. Un ejército genuino, con uniformes, barracas, tanques y artillería. Una maquinaria militar que carecía de armada y aviación, pero recibía desde el extranjero todo tipo de equipo, incluyendo el necesario para excavar y construir otra ciudad. Porque, poco a poco, bajo el suelo de la ciudad tomada, excavaron otra ciudad: invisible e inalcanzable. Un laberinto de catacumbas albergando toneladas de armas y munición, pasajes que albergaban combatientes y centros de comunicación, y entradas secretas y túneles bien ventilados que a menudo se extendían por millas y llevaban a las playas del litoral besado por el viento. En poco tiempo, una inmensa fortaleza subterránea. Una pieza maestra de la ingeniería. Al mismo tiempo, reforzaron sus campos en el sur del Líbano y, sin importarles las feroces represalias con que los Israelíes castigaban al país culpable de tolerar a su enemigo, habían intensificado sus ataques contra los kibbutzim. Entonces Beirut se rebelo. O, para ser preciso, los grupos que podían darse tal lujo como los Cristianos y los falangistas de Papa Gemayel. Choques, al comienzo, escaramuzas locales. Pero los choques pronto degeneraron en batallas. Las batallas, en masacres como la masacre de Damour: la ciudad Cristiana Maronita donde los Palestinos, en venganza, masacraron a docenas de ancianos, mujeres y niños. Las masacres en una verdadera guerra civil. Y la Suiza del Medio Oriente se transformo en un lúgubre escenario donde los hogares saqueados, las mansiones destruidas, los muros perforados de millones de balas, montañas de cuerpo infectando el aire que alguna vez olio a resina. Al final, gracias a un armisticio firmado por resignación y cansancio, se había transformado en una Berlín dividida. Al Este, la Zona Cristiana o Beirut Este. Al Oeste, la Zona Musulmana o Beirut Oeste. En el medio, una frontera denominada Línea Verde. Un muro inmaterial que dividía el área habitada de norte a sur y le daba el puerto a los Cristianos, el aeropuerto a los Musulmanes, pero esencialmente favorecía a este ultimo. Beirut Oeste efectivamente obtuvo la mayor porción del área, la mayoría de la costa, el entero Bosque de Pinos, la Vieja Ciudad con sus prósperos barrios, los caminos que llevaban al sur del Líbano. Esto, haciendo a los Palestinos los absolutos dueños, fortaleció su agresividad y arrogancia. También solidifico su control sobre la frontera Israelí y sus ataques sobre los kibbutzim. Entonces, un feo día, llegaron los Israelíes.

LLEGAN LOS ISRAELIES

Llegaron con un ejército flanqueado por la armada y la fuerza aérea, bien conocido por la dureza con la que solían confrontar al enemigo, y dentro de unos pocos días habían alcanzado la Zona Este. Aquí, sin embargo, fueron bloqueados por los Palestinos. Su avance se transformo en un asedio, y por más de dos meses Beirut Oeste fue crucificado por una orgía de fuego aéreo, terrestre y naval. Día tras día, noche tras noche, semana tras semana, mientras la destrucción se extendía por Beirut Este debido a que los sitiados respondían disparando desde la Cite Sportive, en su estadio habían colocado tanques Sherman y M48 modificados, con cañones de 105 mm; sobre sus canchas de tenis y básquetbol habían colocado los morteros y los BM21 para lanzar Katyushas; sobre los solariums, las baterías antiaéreas de 12.7 mm: las mismas que habían puesto en los techos de hospitales marcados con el símbolo de la cruz roja. No se hicieron problemas con los escrúpulos. Gracias a la ciudad subterránea, en cuyas entrañas se ocultaba suficientes armas y municiones como para resistir un año, no se rindieron. Al final, sin embargo, tuvieron que hacerlo. Cortados de agua y comida, cansados de vivir en pasajes y túneles, doblemente odiados por los Shiitas, quienes morían como moscas, solicitaron a los Occidentales que condujeran las negociaciones con Jerusalén. Y Jerusalén respondió con una decisión irrevocable; o evacuaban Beirut o se resignaban a un baño de sangre. Escogieron evacuar. Bajo el paraguas de una Fuerza Multinacional, tras minar los pasajes de la ciudad subterránea y cerrar sus principales entradas, casi 10.000 habían emigrado para diseminarse por Siria o Túnez, Libia o Yemen del sur. Solo los viejos, los mutilados, los niños y las mujeres, y aquellos que se definían a si mismos como no-combatientes, permanecieron: otras 10.000 personas ahora bien contenidas dentro de las fronteras de Sabra, Shatila y Bourji el Barajni. Luego, la Fuerza Multinacional también dejo Beirut. Los Israelíes se instalaron como conquistadores, con su consentimiento el hijo menor de Papa Gemayel se había transformado en presidente, y una especie de paz había caído sobre el infierno. Pero la bella ciudad que había sido uno de los más agradables lugares de este planeta, un extremadamente confortable lugar para vivir y morir de viejo o enfermo, ya no existía más.

Ahora ruinas, las esplendidas villas sobre las colinas donde los cedros del Líbano nunca más volverían a crecer y el verde moriría empujado por el gris de las piedras. Polvo de mármol, los soberbios mosaicos Alejandrinos que pavimentaban las verandas. Demolidas o saqueadas, las residencias espectaculares y las exquisitas casas art-deco. Reducidos a troncos ennegrecidos o tocones fantasmales, los árboles del Bosque de Pinos. Y el magnifico hipódromo demolido. Los establos, derribados. Los preciosos purasangres, tiroteados. El museo con los restos arqueológicos de Biblos y el sarcófago antropomorfo de los antiguos ancestros Fenicios, devastado. Los suntuosos hoteles de lujo, los clubes nocturnos exclusivos, los restaurantes famosos por sus vinos y chefs, irrecuperables. La grandiosa Cite Sportive, literalmente en ruinas. Los ricos negocios de la Galerie Semaan, convertida en polvo. Las iglesias, mezquitas, sinagogas, los bancos que pagaban intereses espectaculares, reducidos a ruinas. Las amplias avenidas de dos pistas, los sólidos pasos sobre nivel, las elegantes rotondas, impracticables debido a los agujeros que las bombas habían abierto. El puerto, casi inutilizado. El aeropuerto, fuera de servicio. Y por todos lados, escombros, escombros, escombros. Cadáveres, cadáveres, cadáveres. Bourji el Barajni, la vecindad peor golpeada, parecía un desierto de piedras. Incluso los trazados de las calles o callejones habían desaparecido, y afortunados aquellos que encontraban en aquel desierto unos pocos ladrillos para construir una choza. Sabra y Shatila, donde muchos habían sobrevivido en refugios clandestinos cavados bajo las casas, fue menos destruida. Pero dos semanas mas tarde sus habitantes lamentarían amargamente no haber muerto durante el asedio. Porque dos semanas mas tarde, el joven presidente e hijo de Papa Gemayel seria asesinado con 60 de sus seguidores por una carga de TNT, y los Falangistas desatarían toda su rabia sobre los Palestinos, ahora a la merced de cualquiera que quisiera castigarlos por su pasada arrogancia y su responsabilidad en traer la guerra a Beirut. Una masacre que horrorizaría incluso a aquellos que no entienden porque los frescos de la Capilla Sixtina, el escribir Hamlet, el componer Nabucco, el transplantar corazones y el descender en la Luna no nos hace mejores que los animales.

SABRA Y SHATILA

Recordando la masacre que habían sufrido en Damour, los Falangistas de Papa Gemayel se reunieron a las nueve en punto, durante el atardecer de un miércoles. Una tibia tarde de miércoles de inicios de septiembre. Y con la complicidad de los Israelíes, siempre felices de satisfacer su incansable sed de venganza, habían rodeado ambas zonas, bloqueando cada ruta de escape. Una maniobra tan rápida y perfecta, que pocos encontraron tiempo para esconderse o intentar huir. Entonces, inflamados con su fe en Jesucristo, San Maron y la Virgen, protegidos por los hijos de Abraham quienes iluminaron las calles con bengalas, asaltaron las casas para comenzar el trabajo de asesinar a aquellos que estaban cenando, viendo TV o durmiendo. Continuaron durante toda la noche. Y todo el día siguiente. Y la siguiente noche. Hasta la mañana del viernes. 36 horas exactas. Sin parar. Sin que nadie dijera nada. Nadie. Ni los Israelíes, por supuesto, ni los Shiitas que vivían en los edificios vecinos y desde cuyas ventanas pudieron ver todo. Los hombres masacrados instantáneamente con fuego automático y los ancianos destrozados en sus camas fueron afortunados. Antes de ser tiroteadas o apuñaladas, las mujeres habían sido violadas. Sodomizadas. Sus cuerpos, monigotes para decenas o veintenas de violadores al mismo tiempo. Sus recién nacidos, blancos para tiros de practica con arma blanca o arma de fuego: un deporte eterno en el cual los hombres, que se denominan a si mismos superiores a los animales, siempre han descollado y el cual por siglos ha sido denominado la Masacre de Herodes. Un niño herido consiguió huir a través de las rutas bloqueadas y buscar refugio en un pequeño hospital que tres doctores Suecos administraban en frente de Shatila. Pero los soldados de Herodes lo alcanzaron y lo encontraron en la mesa de operaciones. Un golpe al cirujano extrayendo la bala, una bala en el corazón a la enfermera Palestina que trato de detenerlos, uno en el temporal del niño y salieron. En la mañana del viernes, cansados de cazar y asesinar, minaron las casas donde los sobrevivientes se escondían. Al menos la mitad de ellos en Shatila. Luego se fueron cantando desafiantes, canciones de guerra, y dejaron atrás una carnicería digna de una película de horror. Niños de dos o tres años de edad colgaban de las vigas de piezas demolidas como gallinas colgando de ganchos de carnicería. Recién nacidos aplastados o cortados en dos, madres derribadas en el inútil gesto de protegerles. Cuerpos semidesnudos de mujeres con sus muñecas atadas y sus nalgas manchadas de esperma y mierda. Cerros de hombres cocidos de balazos, con ratas devorándolos. Familias enteras asesinadas sobre la mesa del comedor. Y un hedor insoportable. El hedor de la descomposición acelerada por el calor de septiembre. 500 había sido la cifra inicial. Pero los 500 luego se transformaron en 600. Los 600 en 700. Los 700 en 800, 900, 1.000. Se necesitaron dos bulldozers para cavar una fosa común, casi un día para arrojar a todos allí. Y en un espasmo de pánico el gobierno había vuelto a llamar a la Fuerza Internacional “Por favor, tráigannos algo de paz, por favor”.

INSHALLAH de Oriana Fallaci
Traduccion de Dago Ezkerra (bon ami) (http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=158459&temaid=1546970)

Le Rouge
24-08-05, 07:43 PM
¡Que horrendo relato! Que bueno que no tenemos cerca a ningún país musulman...

Spiderman
24-08-05, 09:13 PM
...ni a Israel... :8wer6:

Mazdak
24-08-05, 10:14 PM
...ni cristianos, como esos falangistas...


...que se ve que aprendieron muy bien lo de "poner la otra mejilla" ...

Mazdak
24-08-05, 10:18 PM
`SI VIS PACEM, PARA BELLUM`


...sólo los suizos han logrado estar entre naciones belicosas, y salir sin daños...

...aunque sospecho la verdadera razón...

Lagos
25-08-05, 07:23 PM
`SI VIS PACEM, PARA BELLUM`


...sólo los suizos han logrado estar entre naciones belicosas, y salir sin daños...

...aunque sospecho la verdadera razón...

Pues..dinos tus sospechas.
a ver si coincidimos.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~>
Es una verdadera lástima, que sucedan hechos tan lamentables y llenos de tanto odio...sin razón válida.( a lo menos para mi)

Mazdak
26-08-05, 12:04 AM
...que tanto nazis, judíos y aliados tenían ahí guardaditos sus ahorritos...

Lagos
26-08-05, 11:54 PM
école cuá...