Tannat
10-08-05, 02:56 AM
La teóloga que inspiró “El código Da Vinci” confiesa que le pide a María Magdalena que la guíe
Cuando Dan Brown era un joven estudiante y no había pensado siquiera en lo que luego se convirtió en El código Da Vinci, una teóloga estadounidense, Margaret Starbird, horrorizaba, hace veinte años al mundo con su polémica teoría. La académica aún hoy busca reivindicar la imagen de María Magdalena y sostiene que fue mucho más que una simple prostituta. “Soy una cristiana apasionada y no quiero ser vista como una hereje”, afirma Starbird quien explica que los evangelios cristianos llamaban a María Magdalena "la novia".
El diario chileno La Tercera entrevistó a la teóloga estadounidense, Margaret Starbird, la mayor especialista sobre María Magdalena, actualmente tan en boga con el bestseller de “El código Da Vinci”. La novela de Dan Brown que será llevada al cine de la mano del director Ron Howard y que será protagonizada por Tom Hanks no sólo narra la relación entre Jesús y la prostituta, sino que además considera la posibilidad de que María Magalena hubiese estado embarazada de Jesús.
A continuación se reproduce una nota publicada en el diario chileno que ofrece una visión mucho menos polémica:
"No quiero ser una hereje", afirma la teóloga norteamericana Margaret Starbird. "Una hereje enseña lo que la Iglesia no. Un profeta predica lo que la Iglesia no predica aún. Yo muestro lo que la Iglesia pregonó al comienzo y olvidó luego…la Sagrada Unión en el íntimo corazón de la historia cristiana".
Convencida de esta misión, Starbird recorre el mundo hablando sobre una extraordinaria mujer del Nuevo Testamento. La misma que osó tocar los pies del Salvador con un precioso ungüento de nardos que llevaba en un pomo de alabastro. La misma que lo acompañó y presenció su crucifixión. Y que fue la primera en enterarse de que el Mesías había resucitado.
Y sí. La Sagrada Unión a la que alude Starbird es la que habla de un estrecho vínculo entre Jesús y Magdalena, a quienes llama novios, en una versión incendiaria de las escrituras, cuyas consecuencias recién comienzan a vislumbrarse en una incipiente feligresía del tercer milenio.
Graduada de la Universidad de Maryland y de la Christian Albrechts Universitat de Kiel (Alemania), y en la Vanderbilt Divinity School de Nashville (EE.UU.), Starbird debe gran parte de su popularidad reciente a Dan Brown, el autor del thriller religioso "El código Da Vinci", texto que arrasó con las listas de best sellers y que gatilló un masivo interés mundial por la enigmática figura de Magdalena y el supuesto linaje de Cristo.
Brown la señaló como una de sus fuentes inspiradoras. Y la fama le llegó a Margaret, de rebote.
Pero esta mujer (casada, cinco hijos) que vive cerca de Seattle, en el estado de Washington, ya era conocida en los círculos académicos por su singular postura. Criada en un hogar cristiano, durante sus estudios universitarios cursó filosofía medieval, historia europea, sagradas escrituras y literatura clásica. Convertida en joven madre, continuó con estudios bíblicos, mientras daba clases de catecismo a niños y adolescentes de su parroquia y seguía asistiendo a su grupo femenino de oración.
Profundamente católica, casi colapsa la primera vez que escuchó sobre esta supuesta "pareja" de Jesús. Hoy, entre innumerables giras por Estados Unidos y Europa donde dicta conferencias "honrando a la novia perdida de la historia cristiana", Margaret Starbird respondió esta entrevista a Mujer.
–¿Quién es María Magdalena?
–Magdalena tiene muchos rostros. Como persona humana e histórica, ella es la Amada del Rabino Jesús que caminó por Judea en el siglo primero, sanando a los enfermos y reconfortando a los doloridos, proclamando la Buena Nueva del reino de Dios. Es un arquetipo, que representa la "conciencia femenina" o la "Sabiduría/Sofía" en el exilio, hoy restaurada al Logos/Novio, el Cristo. Esta unión nos permite imaginar a Dios, el eterno, la inefable energía creadora del cosmos, como compañeros amados, una imagen inclusiva de compasión mutua, tan largamente negada en nuestra imagen de "padre" Dios sentado solo en la gloria.
–¿Es ella una nueva diosa?
–Una "diosa" es un intento de concebir la divinidad con un rostro femenino en vez de uno masculino. Una imagen femenina es necesaria para balancear la masculina prevaleciente de Dios, que hemos entronizado en nuestra psique individual y colectiva. Lo novedoso es que estamos abriéndonos a la idea de que los autores de los evangelios cristianos llamaban a María Magdalena como "la novia". En los ritos litúrgicos (de cultos antiguos) cuando se sacrificaba al novio/rey, es la novia quien unge a éste, y es ella quien se reúne con él en un jardín tras su muerte y resurrección. Ritos litúrgicos similares celebraban la renovación de la fuerza de la vida y son omnipresentes en el antiguo Oriente Próximo.
–Personalmente, ¿usted reza a Magdalena?
–Ocasionalmente le pido ayuda o guía, pero usualmente dirijo mis plegarias al Señor y su bendita madre. Pero los católicos han orado a los santos durante milenios, así es que las oraciones a María Magdalena no son nuevas. Ella siempre ha sido entendida como alguien que tuvo un especial rol como la más devota de Jesús, entre todos sus seguidores. Todos los evangelios la identifican como la única discípula que estuvo en la cruz y en la tumba. ¿Dónde estaban los apóstoles hombres?
–El Código Da Vinci y literatura similar publicada después han sido criticados por su frivolidad y énfasis comercial. ¿Cómo definiría su propio trabajo?
–Mi trabajo es una simbiosis de mi vida de oración, apoyada por mi comunidad de oración católica romana, y mi intensa investigación en las raíces de la cristiandad. Esto no es ficción. Está profundamente enraizada en las escrituras y en la fe. Yo no le digo a la gente en qué creer. Les digo que he empezado a creer como resultado de mi propio camino de fe. Y lo ofrezco como un regalo que podría sanar la enorme herida de la Iglesia.
-Sus libros versan sobre una versión nueva de los evangelios, ¿no es eso una herejía?
-Todo mi trabajo está basado en los evangelios canónicos, las epístolas del Nuevo Testamento, el Libro de la Revelación y los profetas hebreos. Mis diferencias con el magisterio en Roma son más un asunto de interpretación de los textos. Pero la actual evidencia de las escrituras sobre la "unión sagrada" de Jesús y María Magdalena es innegable. Mi trabajo se basa en dos pilares: primero, en los paralelos que existen entre la pasión narrada en los evangelios y las antiguas liturgias del rey sacrificado y su novia; y segundo, en la gematria del título de María Magdalena que proclama su asociación con el ‘sagrado femenino’ o la ‘gran diosa’ del período grecorromano. (Gematria es el antiguo código de equivalencia numérica para letras, palabras o frases utilizado en hebreo y griego para establecer significados simbólicos).
–La idea de una relación íntima entre Jesús y Magdalena es una leyenda muy antigua. ¿Cómo se enteró de esto y qué le ocurrió a continuación?
–La primera vez que supe sobre esta idea del matrimonio entre ambos fue en la contratapa del libro ‘Santa sangre, santo grial’, en 1983. En ese entonces yo cantaba en el coro, enseñaba catecismo y era miembro de una comunidad de oración carismática católica romana que incluía a dos sacerdotes y cinco laicos. No quise leer el libro. Sabía que la sola idea era una blasfemia y, por casi dos años, ni siquiera mencioné este libro en mi grupo de oración "Emmanuel". Sólo intenté olvidarlo. Pero dos años después leí el libro ‘En el nombre de Dios’, de David Yallop, sobre el presunto asesinato del Papa Juan Pablo I y el escándalo del banco Vaticano. En ese momento lo comenté con los integrantes de mi comunidad. Volvimos a los pasajes de la Biblia, que antes había estudiado y que hablaban sobre el asesinato de un alto sacerdote y el saqueo del Templo. Comprendimos que hablaba sobre la ruptura de la Iglesia y que señalaba una falla desde la cuna de la cristiandad. Así es que comenzamos a estudiar el Nuevo Testamento tan seria y profundamente como podíamos.
–¿Cuál es la importancia de María Magdalena para la Iglesia del Tercer Milenio?
–María Magdalena representa el arquetipo de la ‘novia’, la iluminada y amada comunidad. Ella proporciona el modelo del alma y la comunidad entera, la ‘ekklesia’ de los cristianos, en la eterna búsqueda de la unión con la divinidad. Sabemos que los primeros cristianos honraban a María Magdalena como la preeminente entre las mujeres seguidoras de Jesús, y su título, ‘la Magdalena’ proclama su rol como la ‘novia en el exilio’. En esos tiempos, las mujeres tenían igual estatus ministerial con sus esposos y hermanos. Pero trágicamente, las cristiandad fue privada de su modelo de compañerismo igualitario bajo la influencia de los padres ‘ortodoxos’ que marginaron las comunidades gnósticas. Gradualmente, María Magdalena fue excluida de la historia y su voz fue silenciada. La obediencia a los sacerdotes se transformó en la más alta virtud, y la ‘sofía o sabiduría’ fue nuevamente exiliada.
–¿Cuáles son los principales problemas de la Iglesia, y cómo Magdalena podría resolverlos?
–Creo que ‘el eslabón perdido’ en la cristiandad y la iglesia es la negación sistemática y la devaluación de lo ‘femenino’: los bienes profundos del misticismo, la conexión con el cuerpo y sus emociones, el abrazo amoroso de la Tierra como ser viviente, y la relación compasiva con los otros, el ‘parentesco’ de toda la creación.
Creo que Jesús vino a consagrar la carne mediante una participación activa, como parte de su doctrina de su completa ‘humanidad’. Pero en la práctica, los cristianos aprenden a negar su carne, lo que les lleva a distorsiones y desequilibrios en su psique. Hemos arraigado modelos, atributos y preferencias masculinas que niegan las femeninas.
–¿Cómo se explica el interés masivo en María Magdalena?
–Carl Jung dice en su "Respuesta a Job" que la imagen de Jesús abrazando a la Iglesia es incongruente. Jesús sólo puede abrazar a una mujer. Cuando las personas encontraron la idea de que María Magdalena era la ‘amada’ de Jesús, les resonaba a un nivel muy profundo con la ‘sociedad’ de la ‘pareja de Cristo’, una imagen de plenitud y bendición que nos permite percibir la unión sagrada de carne y divinidad, espíritu y materia, masculino y femenino, oscuridad y luz.
–Si Magdalena fue la primera en recibir la Buena Nueva de que Jesús había resucitado, entonces ella fue la primera apóstol. ¿Qué se podría decir en torno a las mujeres sacerdotes?
–Las primeras epístolas canónicas del Nuevo Testamento citan a varias mujeres y su activo rol en el ministerio. No hay dudas entre los expertos que las mujeres jugaron un importante rol sacerdotal en la iglesia primitiva: enseñando, profetizando, presidiendo las cenas eucarísticas. Estos roles luego fueron negados, probablemente como resultado de la inclusión de la primera epístola de Timoteo: ‘No permito a las mujeres enseñar o tener autoridad sobre los hombres’, una sentencia antiética a la práctica de los primeros creyentes. Tales declaraciones son el reflejo de la misoginia del entorno grecorromano.
–Hay coincidencia entre los teólogos en que Magdalena fue una figura central en la historia de Jesús, pero no existe evidencia bíblica de que se casara con él.
–En el siglo primero, los hebreos no tenían una palabra para ‘soltero’ y era deber del padre judío encontrar una novia apropiada para su hijo antes de que éste cumpliera 20 años. Asumimos que Jesús envió a sus discípulos ‘de dos en dos’ y que se trataba de pares de hombres, pero incluso Pablo sugiere que los enviados viajaban con sus esposas como parejas misioneras… y el modelo para esto fue Jesús. Creo que él ‘redimió’ y ‘abrazó’ lo femenino/sabiduría en todos los niveles, y que María Magdalena fue la encarnación de este principio, porque fue su verdadera consorte y compañera en esta empresa.
–Al comienzo de su interés por Magdalena usted se autodefinió como una "hija ortodoxa de la Iglesia". ¿Cómo se define hoy?
–Soy una cristiana apasionada, quizás ‘post romana’ en el sentido de que me he dado cuenta de que algunas de las ‘verdades’ que memoricé cuando niña fueron interpretaciones humanas y no la infalible ‘palabra de Dios’. Mi sacerdote católico romano leyó mi trabajo y su primer comentario fue: ‘Esto podría sanar a la Iglesia’. Eso sólo puede ser cierto si la Iglesia está dispuesta a aceptar el hecho de que necesita sanidad y reconciliación.
Cuando Dan Brown era un joven estudiante y no había pensado siquiera en lo que luego se convirtió en El código Da Vinci, una teóloga estadounidense, Margaret Starbird, horrorizaba, hace veinte años al mundo con su polémica teoría. La académica aún hoy busca reivindicar la imagen de María Magdalena y sostiene que fue mucho más que una simple prostituta. “Soy una cristiana apasionada y no quiero ser vista como una hereje”, afirma Starbird quien explica que los evangelios cristianos llamaban a María Magdalena "la novia".
El diario chileno La Tercera entrevistó a la teóloga estadounidense, Margaret Starbird, la mayor especialista sobre María Magdalena, actualmente tan en boga con el bestseller de “El código Da Vinci”. La novela de Dan Brown que será llevada al cine de la mano del director Ron Howard y que será protagonizada por Tom Hanks no sólo narra la relación entre Jesús y la prostituta, sino que además considera la posibilidad de que María Magalena hubiese estado embarazada de Jesús.
A continuación se reproduce una nota publicada en el diario chileno que ofrece una visión mucho menos polémica:
"No quiero ser una hereje", afirma la teóloga norteamericana Margaret Starbird. "Una hereje enseña lo que la Iglesia no. Un profeta predica lo que la Iglesia no predica aún. Yo muestro lo que la Iglesia pregonó al comienzo y olvidó luego…la Sagrada Unión en el íntimo corazón de la historia cristiana".
Convencida de esta misión, Starbird recorre el mundo hablando sobre una extraordinaria mujer del Nuevo Testamento. La misma que osó tocar los pies del Salvador con un precioso ungüento de nardos que llevaba en un pomo de alabastro. La misma que lo acompañó y presenció su crucifixión. Y que fue la primera en enterarse de que el Mesías había resucitado.
Y sí. La Sagrada Unión a la que alude Starbird es la que habla de un estrecho vínculo entre Jesús y Magdalena, a quienes llama novios, en una versión incendiaria de las escrituras, cuyas consecuencias recién comienzan a vislumbrarse en una incipiente feligresía del tercer milenio.
Graduada de la Universidad de Maryland y de la Christian Albrechts Universitat de Kiel (Alemania), y en la Vanderbilt Divinity School de Nashville (EE.UU.), Starbird debe gran parte de su popularidad reciente a Dan Brown, el autor del thriller religioso "El código Da Vinci", texto que arrasó con las listas de best sellers y que gatilló un masivo interés mundial por la enigmática figura de Magdalena y el supuesto linaje de Cristo.
Brown la señaló como una de sus fuentes inspiradoras. Y la fama le llegó a Margaret, de rebote.
Pero esta mujer (casada, cinco hijos) que vive cerca de Seattle, en el estado de Washington, ya era conocida en los círculos académicos por su singular postura. Criada en un hogar cristiano, durante sus estudios universitarios cursó filosofía medieval, historia europea, sagradas escrituras y literatura clásica. Convertida en joven madre, continuó con estudios bíblicos, mientras daba clases de catecismo a niños y adolescentes de su parroquia y seguía asistiendo a su grupo femenino de oración.
Profundamente católica, casi colapsa la primera vez que escuchó sobre esta supuesta "pareja" de Jesús. Hoy, entre innumerables giras por Estados Unidos y Europa donde dicta conferencias "honrando a la novia perdida de la historia cristiana", Margaret Starbird respondió esta entrevista a Mujer.
–¿Quién es María Magdalena?
–Magdalena tiene muchos rostros. Como persona humana e histórica, ella es la Amada del Rabino Jesús que caminó por Judea en el siglo primero, sanando a los enfermos y reconfortando a los doloridos, proclamando la Buena Nueva del reino de Dios. Es un arquetipo, que representa la "conciencia femenina" o la "Sabiduría/Sofía" en el exilio, hoy restaurada al Logos/Novio, el Cristo. Esta unión nos permite imaginar a Dios, el eterno, la inefable energía creadora del cosmos, como compañeros amados, una imagen inclusiva de compasión mutua, tan largamente negada en nuestra imagen de "padre" Dios sentado solo en la gloria.
–¿Es ella una nueva diosa?
–Una "diosa" es un intento de concebir la divinidad con un rostro femenino en vez de uno masculino. Una imagen femenina es necesaria para balancear la masculina prevaleciente de Dios, que hemos entronizado en nuestra psique individual y colectiva. Lo novedoso es que estamos abriéndonos a la idea de que los autores de los evangelios cristianos llamaban a María Magdalena como "la novia". En los ritos litúrgicos (de cultos antiguos) cuando se sacrificaba al novio/rey, es la novia quien unge a éste, y es ella quien se reúne con él en un jardín tras su muerte y resurrección. Ritos litúrgicos similares celebraban la renovación de la fuerza de la vida y son omnipresentes en el antiguo Oriente Próximo.
–Personalmente, ¿usted reza a Magdalena?
–Ocasionalmente le pido ayuda o guía, pero usualmente dirijo mis plegarias al Señor y su bendita madre. Pero los católicos han orado a los santos durante milenios, así es que las oraciones a María Magdalena no son nuevas. Ella siempre ha sido entendida como alguien que tuvo un especial rol como la más devota de Jesús, entre todos sus seguidores. Todos los evangelios la identifican como la única discípula que estuvo en la cruz y en la tumba. ¿Dónde estaban los apóstoles hombres?
–El Código Da Vinci y literatura similar publicada después han sido criticados por su frivolidad y énfasis comercial. ¿Cómo definiría su propio trabajo?
–Mi trabajo es una simbiosis de mi vida de oración, apoyada por mi comunidad de oración católica romana, y mi intensa investigación en las raíces de la cristiandad. Esto no es ficción. Está profundamente enraizada en las escrituras y en la fe. Yo no le digo a la gente en qué creer. Les digo que he empezado a creer como resultado de mi propio camino de fe. Y lo ofrezco como un regalo que podría sanar la enorme herida de la Iglesia.
-Sus libros versan sobre una versión nueva de los evangelios, ¿no es eso una herejía?
-Todo mi trabajo está basado en los evangelios canónicos, las epístolas del Nuevo Testamento, el Libro de la Revelación y los profetas hebreos. Mis diferencias con el magisterio en Roma son más un asunto de interpretación de los textos. Pero la actual evidencia de las escrituras sobre la "unión sagrada" de Jesús y María Magdalena es innegable. Mi trabajo se basa en dos pilares: primero, en los paralelos que existen entre la pasión narrada en los evangelios y las antiguas liturgias del rey sacrificado y su novia; y segundo, en la gematria del título de María Magdalena que proclama su asociación con el ‘sagrado femenino’ o la ‘gran diosa’ del período grecorromano. (Gematria es el antiguo código de equivalencia numérica para letras, palabras o frases utilizado en hebreo y griego para establecer significados simbólicos).
–La idea de una relación íntima entre Jesús y Magdalena es una leyenda muy antigua. ¿Cómo se enteró de esto y qué le ocurrió a continuación?
–La primera vez que supe sobre esta idea del matrimonio entre ambos fue en la contratapa del libro ‘Santa sangre, santo grial’, en 1983. En ese entonces yo cantaba en el coro, enseñaba catecismo y era miembro de una comunidad de oración carismática católica romana que incluía a dos sacerdotes y cinco laicos. No quise leer el libro. Sabía que la sola idea era una blasfemia y, por casi dos años, ni siquiera mencioné este libro en mi grupo de oración "Emmanuel". Sólo intenté olvidarlo. Pero dos años después leí el libro ‘En el nombre de Dios’, de David Yallop, sobre el presunto asesinato del Papa Juan Pablo I y el escándalo del banco Vaticano. En ese momento lo comenté con los integrantes de mi comunidad. Volvimos a los pasajes de la Biblia, que antes había estudiado y que hablaban sobre el asesinato de un alto sacerdote y el saqueo del Templo. Comprendimos que hablaba sobre la ruptura de la Iglesia y que señalaba una falla desde la cuna de la cristiandad. Así es que comenzamos a estudiar el Nuevo Testamento tan seria y profundamente como podíamos.
–¿Cuál es la importancia de María Magdalena para la Iglesia del Tercer Milenio?
–María Magdalena representa el arquetipo de la ‘novia’, la iluminada y amada comunidad. Ella proporciona el modelo del alma y la comunidad entera, la ‘ekklesia’ de los cristianos, en la eterna búsqueda de la unión con la divinidad. Sabemos que los primeros cristianos honraban a María Magdalena como la preeminente entre las mujeres seguidoras de Jesús, y su título, ‘la Magdalena’ proclama su rol como la ‘novia en el exilio’. En esos tiempos, las mujeres tenían igual estatus ministerial con sus esposos y hermanos. Pero trágicamente, las cristiandad fue privada de su modelo de compañerismo igualitario bajo la influencia de los padres ‘ortodoxos’ que marginaron las comunidades gnósticas. Gradualmente, María Magdalena fue excluida de la historia y su voz fue silenciada. La obediencia a los sacerdotes se transformó en la más alta virtud, y la ‘sofía o sabiduría’ fue nuevamente exiliada.
–¿Cuáles son los principales problemas de la Iglesia, y cómo Magdalena podría resolverlos?
–Creo que ‘el eslabón perdido’ en la cristiandad y la iglesia es la negación sistemática y la devaluación de lo ‘femenino’: los bienes profundos del misticismo, la conexión con el cuerpo y sus emociones, el abrazo amoroso de la Tierra como ser viviente, y la relación compasiva con los otros, el ‘parentesco’ de toda la creación.
Creo que Jesús vino a consagrar la carne mediante una participación activa, como parte de su doctrina de su completa ‘humanidad’. Pero en la práctica, los cristianos aprenden a negar su carne, lo que les lleva a distorsiones y desequilibrios en su psique. Hemos arraigado modelos, atributos y preferencias masculinas que niegan las femeninas.
–¿Cómo se explica el interés masivo en María Magdalena?
–Carl Jung dice en su "Respuesta a Job" que la imagen de Jesús abrazando a la Iglesia es incongruente. Jesús sólo puede abrazar a una mujer. Cuando las personas encontraron la idea de que María Magdalena era la ‘amada’ de Jesús, les resonaba a un nivel muy profundo con la ‘sociedad’ de la ‘pareja de Cristo’, una imagen de plenitud y bendición que nos permite percibir la unión sagrada de carne y divinidad, espíritu y materia, masculino y femenino, oscuridad y luz.
–Si Magdalena fue la primera en recibir la Buena Nueva de que Jesús había resucitado, entonces ella fue la primera apóstol. ¿Qué se podría decir en torno a las mujeres sacerdotes?
–Las primeras epístolas canónicas del Nuevo Testamento citan a varias mujeres y su activo rol en el ministerio. No hay dudas entre los expertos que las mujeres jugaron un importante rol sacerdotal en la iglesia primitiva: enseñando, profetizando, presidiendo las cenas eucarísticas. Estos roles luego fueron negados, probablemente como resultado de la inclusión de la primera epístola de Timoteo: ‘No permito a las mujeres enseñar o tener autoridad sobre los hombres’, una sentencia antiética a la práctica de los primeros creyentes. Tales declaraciones son el reflejo de la misoginia del entorno grecorromano.
–Hay coincidencia entre los teólogos en que Magdalena fue una figura central en la historia de Jesús, pero no existe evidencia bíblica de que se casara con él.
–En el siglo primero, los hebreos no tenían una palabra para ‘soltero’ y era deber del padre judío encontrar una novia apropiada para su hijo antes de que éste cumpliera 20 años. Asumimos que Jesús envió a sus discípulos ‘de dos en dos’ y que se trataba de pares de hombres, pero incluso Pablo sugiere que los enviados viajaban con sus esposas como parejas misioneras… y el modelo para esto fue Jesús. Creo que él ‘redimió’ y ‘abrazó’ lo femenino/sabiduría en todos los niveles, y que María Magdalena fue la encarnación de este principio, porque fue su verdadera consorte y compañera en esta empresa.
–Al comienzo de su interés por Magdalena usted se autodefinió como una "hija ortodoxa de la Iglesia". ¿Cómo se define hoy?
–Soy una cristiana apasionada, quizás ‘post romana’ en el sentido de que me he dado cuenta de que algunas de las ‘verdades’ que memoricé cuando niña fueron interpretaciones humanas y no la infalible ‘palabra de Dios’. Mi sacerdote católico romano leyó mi trabajo y su primer comentario fue: ‘Esto podría sanar a la Iglesia’. Eso sólo puede ser cierto si la Iglesia está dispuesta a aceptar el hecho de que necesita sanidad y reconciliación.