Herbert
04-03-08, 01:48 PM
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COMO YO VENCÍ EL VICIO DEL CIGARRO</center>
Hasta ahora encuentro algo de tiempo para explicar como lo hice yo para dejar de fumar. A mi se me había ocurrido, aunque luego me informaron que igual lo hacen los "AA" aunque ellos NUNCA se curan del alcoholismo y yo SI me curé del tabaquismo.
Yo comencé a fumar a los 14 años en un internado, lejos de la guía de mis padres y en aquel entonces fumaba yo como 5 cigarros a la semana, y me creía "muy hombrecito" al beber una cerveza y fumar dos o tres cigarros los domingos que teníamos día franco.
Seguí fumando en forma creciente durante toda mi vida hasta alcanzar la edad de 75 años cuando me encendía yo casi 4 cajetillas diarias, o sea entre 65 y 75 cigarros. Esos son casi 5 cigarros por hora en 16 horas diarias. Matemáticamente cada 12 o 14 minutos en promedio me encendía un cigarro. Casi fumaba yo "en cadena".
Antes que nada, guardé en absoluto secreto, que tenía yo SERIAMENTE la intención de dejar el cigarro, y por lo tanto empecé por disfrazar mi propósito. ....eso con el objeto de evitar preguntas tontas y a lo mejor burlas en el caso de que yo fallara.
En segundo lugar me analicé cuidadosamente, y me di cuenta, que muchas veces yo me encendía un cigarro con un movimiento automático, casi subconsciente, de que mi mano izquierda sacaba un cigarro de la cajetilla abierta en la bolsa izquierda de mi camisa y colocar un cigarro entre mis labios, simultáneamente moviéndose mi mano derecha al bolsillo derecho de mi pantalón para sacar el encendedor y prender el cigarro.
En tercer lugar me daba yo cuenta, que ese movimiento automático era un hábito nada más, ya que en realidad con mucha frecuencia ya tenía yo encendido otro cigarro hace unos minutos y que estaba humeando en un cenicero. Con eso me encontraba yo ante el dilema, de cuál de los dos cigarros iba yo a seguir fumando.
Eso me llevó a la conclusión, de que no era tanto la nicotina que requería mi cuerpo, y que se considera VICIO, sino que había en mi una gran dosis de HÁBITO totalmente automatizado.
Tenía yo por lo tanto DOS problemas que atacar, y me decidí por comenzar a vencer mi HÁBITO y dejar para después la tarea de vencer el VICIO.
El siguiente razonamiento mío era,, de que si una meta se te hace difícil de alcanzar, hay que subdividirla en pequeñas sub- metas más fáciles de lograr....como quien tiene que dar 10 pasos, y tiene que subdividir la distancia en UN paso tras otros y repetirlo diez veces.
Así comencé, y cuando sentí el impulso de encenderme un cigarro, me propuse posponerlo para CINCO MINUTOS más. Queda entendido, que SIEMPRE traía yo mi concebida cajetilla de cigarros en la bolsa izquierda de mi camisa y que todos podían ver. Pero en el fondo, era para mi un tranquilizante, pues siempre existía la posibilidad de recaer y calmar mis ansias, al encenderme otro cigarro más.
Partí de la base, que si me encontraría yo en una isla desierta donde no habría nada que fumar, podría yo de dejar de fumar por las circunstancias, pero no se me quitaba el vicio ni el hábito y que tan pronto que saldría yo de ese entorno, inmediatamente seguiría yo fumando como siempre. Mi razonamiento era el RETO A MI MISMO, de suprimir esa manía en forma definitiva...o sea que de verdad "curarme"
Bueno, seguiré explicando:
Al pasar los primeros 5 minutos, nuevamente quise fumar, y hasta saqué el cigarro, pero decididamente lo regresé a la cajetilla en la bolsa de mi camisa mi me dije "otros 5 minutos"... y eso lo hice 4 veces más y la quinta vez ....me distraje en otra cosa y ya habían pasado QUINCE MINUTOS, cuando me dije: "¡¡Ya no aguanto, ahora si me enciendo un cigarro!!"
Pero cuando ya lo tenía en la boca....me dije de nuevo..."¡No lo voy a encender!" y me di cuenta que mi ansia se calmaba y al rato regresé ese cigarro a su lugar. Había yo hecho los mismos movimientos de fumar y hasta inhalando y exhalando...aire puro...y no humo.
Luego se produjo en mi un fenómeno muy conocido, y que se llama “feedback” o sea retroalimentación, pues me había dado cuenta que había logrado la “hazaña” de no fumar un solo cigarro durante algo más de media hora, y comenzó en mi a funcionar la consideración que tánto sacrificio hecho hasta ahorita no podría ser en balde, y que si había yo logrado la primera media hora sin fumar, bien podría yo aguantarme las ganas otros QUINCE MINUTOS.... y así seguí avanzando.
Pero yo no podía permanecer encerrado en mi casa, de modo que salí a mis ocupaciones diarias y me distraje, y los siguientes 15 minutos se volvieron 20 minutos. Pero muchas veces estaba yo con mis amigos, me veían sin fumar y me ofrecían un cigarro, y les dije que no gracias, pues acababa yo de tirar me cigarro que justamente había yo fumado, o sea mentí. Hasta les decía yo, tocando por afuera la bolsa de mi camisa con la cajetilla, que yo traía mis propios cigarros y que no tenía porque fumar los de otros. Esos desplantes me servían psicológicamente a mi para reforzar mi ánimo.
El caso es que logre mi primer día sin fumar un solo cigarro....pero yo estaba muy lejos de estar “curado”. La noche la pasé bien, porque desde siempre tenía yo el principio, que después de lavarme la boca y limpiarme los dientes en la noche, yo nunca fumaba un solo cigarro en la recámara.
Mi problema surgió al siguiente día, pues mis deseos de fumar volvieron, y la lucha comenzó de nuevo, pero esta vez de media hora en media hora y mi fuerza de resistir crecía, por los logros del día anterior, pero mi cuerpo comenzó a protestar. Comencé a sentirme mal con mareos y temblores de mis manos. Me acosté y me dormí. Pero cuando desperté estaba casi decidido a encender un cigarro y darle una sola “fumadita”.....y a última hora
mejor decidí...prepararme un par de huevos revueltos a la mexicana y comérmelos con unas tortillas con mucho apetito, junto con un jugo de naranja (porque la “Coca” me choca).
Desde entonces mi apetito creció a través de varios días de lucha y mejoró mi capacidad de saborear y también el olfato, lo cual me dio más fuerza para seguir luchando contra mi hábito y mi vicio, y hasta ocasionó que me empezaba a disgustar el olor a tabaco o humo frío, del que se había impregnado mi auto y mis habitaciones y parte de mi ropa. Sin embargo por lo menos 4 veces al día volvía el ansia de fumar....y yo siempre con mis cigarros al alcance de la mano: la cajetilla en la bolsa izquierda de mi camisa, una cajetilla en mi buró, una cajetilla en un cajón de mi escritorio, otra en la guantera de mi auto..en todos los lugares estratégicos seguían mis cigarros y en mi departamento ceniceros por todos lados.....pero todo sin usarse. Y yo luchando día tras día...pero con menos esfuerzo cada vez, hasta que llegué a cumplir el PRIMER MES sin fumar.
Esa meta me llenó de orgullo interno y mi retroalimentación funcionaba a la maravilla, pero el maldito vicio o hábito siempre me volvía a atacar. Fue entonces cuando me di cuenta que el tabaquismo es una verdadera maldición, pues no te quiere soltar, por más que hagas....y que si te descuidas solo un momento, te vuelve a agarrar. Hay demasiada gente que ha dejado de fumar por algún tiempo más o menos largo y siguen fumando igual o más que antes. Yo recordé que en mi juventud (entre 18 y 22 años) muchas veces durante el entrenamiento del remo olímpico que me encantaba, dejaba de fumar por un mes por órdenes estrictas de nuestro entrenador , ya que competía yo en “talla de cuatro”, en “doble scull”, y en “talla de dos” y siempre había compañeros en la misma situación que yo.
Todos pasábamos por el mismo “suplicio” y nadie podía fallar. Pero una vez pasada la competencia, todos volvíamos a fumar como antes.
También recordaba yo que con tal de fumar menos, cambié el cigarro por la pipa, lo cual tenía el efecto que la gente no protestaba, sino que al contrario les agradaba el olor del tabaco fumado en pipa. Pero la dificultad de maniobrar y de las molestias de limpiar la mugre y de traer siempre las herramientas y una bolsita de tabaco fresco, y de volver a encender “mil” veces la misma pipa me hicieron abandonar la pipa, máxime que ya le daba yo “el golpe” (inhalar el humo) a la pipa también. Preferí volver al cigarro.
En el fondo...en realidad nunca he querido seriamente dejar de fumar, era más bien para complacer a otras personas.
Pero esta vez era al revés. YO ME QUERÍA COMPLACER A MI y lo oculté a otras personas....y por fin...después de larguísimos 6 meses , decidí abandonar mi mentira. Pregoné ante todo el mundo que había dejado de fumar, y retiré todas las cajetillas de cigarros que había yo conservado en sus lugares estratégicos y hasta la del bolsillo de mi camisa, y guardé el encendedor en mi casa para encender el piloto de la estufa o el calentador.
Debo admitir, que para mi desgracia, he aumentado mucho de peso, porque ahora como con mucho mas gusto y todo me sabe mejor. Curiosamente no me molesta que otros fumen cerca de mi. Ha habido casos en que estoy en un ambiente acogedor en una grata compañía con música y algún café o hasta algunas copas, y que se me antoja un cigarro, cuando mi compañera se lo enciende, y hasta me agrada. En varias ocasiones le he dado “una chupadita” ...y me di cuenta que me desagrada profundamente...
Ahora si que estoy curado del vicio, aunque el hábito a veces me reta, pero ya no hay peligro alguno. Ahora solo siento algo como compasión por los que aún fuman.
Si desde un principio yo me hubiera propuesto “DEJAR DE FUMAR DEFINITIVAMENTE” estoy seguro, que ante tan “monstruosa” meta yo hubiera fallado. Pero me impuse el truco o engaño, de lograr metas pequeñas, siempre al amparo de un recurso de poder fallar. Lo comparé como el alambrista que se protege con una red en caso de una caída. Esa red “salvavidas” solo la quita cuando esta seguro de no fallar y poder cruzar el alambre sin el riesgo de caerse.
Espero que alguien le sirva este relato, y debe quedar claro que hay mucho de psicológico en esto y una firme VOLUNTAD de lograr el éxito a través de la perseverancia.
COMO YO VENCÍ EL VICIO DEL CIGARRO</center>
Hasta ahora encuentro algo de tiempo para explicar como lo hice yo para dejar de fumar. A mi se me había ocurrido, aunque luego me informaron que igual lo hacen los "AA" aunque ellos NUNCA se curan del alcoholismo y yo SI me curé del tabaquismo.
Yo comencé a fumar a los 14 años en un internado, lejos de la guía de mis padres y en aquel entonces fumaba yo como 5 cigarros a la semana, y me creía "muy hombrecito" al beber una cerveza y fumar dos o tres cigarros los domingos que teníamos día franco.
Seguí fumando en forma creciente durante toda mi vida hasta alcanzar la edad de 75 años cuando me encendía yo casi 4 cajetillas diarias, o sea entre 65 y 75 cigarros. Esos son casi 5 cigarros por hora en 16 horas diarias. Matemáticamente cada 12 o 14 minutos en promedio me encendía un cigarro. Casi fumaba yo "en cadena".
Antes que nada, guardé en absoluto secreto, que tenía yo SERIAMENTE la intención de dejar el cigarro, y por lo tanto empecé por disfrazar mi propósito. ....eso con el objeto de evitar preguntas tontas y a lo mejor burlas en el caso de que yo fallara.
En segundo lugar me analicé cuidadosamente, y me di cuenta, que muchas veces yo me encendía un cigarro con un movimiento automático, casi subconsciente, de que mi mano izquierda sacaba un cigarro de la cajetilla abierta en la bolsa izquierda de mi camisa y colocar un cigarro entre mis labios, simultáneamente moviéndose mi mano derecha al bolsillo derecho de mi pantalón para sacar el encendedor y prender el cigarro.
En tercer lugar me daba yo cuenta, que ese movimiento automático era un hábito nada más, ya que en realidad con mucha frecuencia ya tenía yo encendido otro cigarro hace unos minutos y que estaba humeando en un cenicero. Con eso me encontraba yo ante el dilema, de cuál de los dos cigarros iba yo a seguir fumando.
Eso me llevó a la conclusión, de que no era tanto la nicotina que requería mi cuerpo, y que se considera VICIO, sino que había en mi una gran dosis de HÁBITO totalmente automatizado.
Tenía yo por lo tanto DOS problemas que atacar, y me decidí por comenzar a vencer mi HÁBITO y dejar para después la tarea de vencer el VICIO.
El siguiente razonamiento mío era,, de que si una meta se te hace difícil de alcanzar, hay que subdividirla en pequeñas sub- metas más fáciles de lograr....como quien tiene que dar 10 pasos, y tiene que subdividir la distancia en UN paso tras otros y repetirlo diez veces.
Así comencé, y cuando sentí el impulso de encenderme un cigarro, me propuse posponerlo para CINCO MINUTOS más. Queda entendido, que SIEMPRE traía yo mi concebida cajetilla de cigarros en la bolsa izquierda de mi camisa y que todos podían ver. Pero en el fondo, era para mi un tranquilizante, pues siempre existía la posibilidad de recaer y calmar mis ansias, al encenderme otro cigarro más.
Partí de la base, que si me encontraría yo en una isla desierta donde no habría nada que fumar, podría yo de dejar de fumar por las circunstancias, pero no se me quitaba el vicio ni el hábito y que tan pronto que saldría yo de ese entorno, inmediatamente seguiría yo fumando como siempre. Mi razonamiento era el RETO A MI MISMO, de suprimir esa manía en forma definitiva...o sea que de verdad "curarme"
Bueno, seguiré explicando:
Al pasar los primeros 5 minutos, nuevamente quise fumar, y hasta saqué el cigarro, pero decididamente lo regresé a la cajetilla en la bolsa de mi camisa mi me dije "otros 5 minutos"... y eso lo hice 4 veces más y la quinta vez ....me distraje en otra cosa y ya habían pasado QUINCE MINUTOS, cuando me dije: "¡¡Ya no aguanto, ahora si me enciendo un cigarro!!"
Pero cuando ya lo tenía en la boca....me dije de nuevo..."¡No lo voy a encender!" y me di cuenta que mi ansia se calmaba y al rato regresé ese cigarro a su lugar. Había yo hecho los mismos movimientos de fumar y hasta inhalando y exhalando...aire puro...y no humo.
Luego se produjo en mi un fenómeno muy conocido, y que se llama “feedback” o sea retroalimentación, pues me había dado cuenta que había logrado la “hazaña” de no fumar un solo cigarro durante algo más de media hora, y comenzó en mi a funcionar la consideración que tánto sacrificio hecho hasta ahorita no podría ser en balde, y que si había yo logrado la primera media hora sin fumar, bien podría yo aguantarme las ganas otros QUINCE MINUTOS.... y así seguí avanzando.
Pero yo no podía permanecer encerrado en mi casa, de modo que salí a mis ocupaciones diarias y me distraje, y los siguientes 15 minutos se volvieron 20 minutos. Pero muchas veces estaba yo con mis amigos, me veían sin fumar y me ofrecían un cigarro, y les dije que no gracias, pues acababa yo de tirar me cigarro que justamente había yo fumado, o sea mentí. Hasta les decía yo, tocando por afuera la bolsa de mi camisa con la cajetilla, que yo traía mis propios cigarros y que no tenía porque fumar los de otros. Esos desplantes me servían psicológicamente a mi para reforzar mi ánimo.
El caso es que logre mi primer día sin fumar un solo cigarro....pero yo estaba muy lejos de estar “curado”. La noche la pasé bien, porque desde siempre tenía yo el principio, que después de lavarme la boca y limpiarme los dientes en la noche, yo nunca fumaba un solo cigarro en la recámara.
Mi problema surgió al siguiente día, pues mis deseos de fumar volvieron, y la lucha comenzó de nuevo, pero esta vez de media hora en media hora y mi fuerza de resistir crecía, por los logros del día anterior, pero mi cuerpo comenzó a protestar. Comencé a sentirme mal con mareos y temblores de mis manos. Me acosté y me dormí. Pero cuando desperté estaba casi decidido a encender un cigarro y darle una sola “fumadita”.....y a última hora
mejor decidí...prepararme un par de huevos revueltos a la mexicana y comérmelos con unas tortillas con mucho apetito, junto con un jugo de naranja (porque la “Coca” me choca).
Desde entonces mi apetito creció a través de varios días de lucha y mejoró mi capacidad de saborear y también el olfato, lo cual me dio más fuerza para seguir luchando contra mi hábito y mi vicio, y hasta ocasionó que me empezaba a disgustar el olor a tabaco o humo frío, del que se había impregnado mi auto y mis habitaciones y parte de mi ropa. Sin embargo por lo menos 4 veces al día volvía el ansia de fumar....y yo siempre con mis cigarros al alcance de la mano: la cajetilla en la bolsa izquierda de mi camisa, una cajetilla en mi buró, una cajetilla en un cajón de mi escritorio, otra en la guantera de mi auto..en todos los lugares estratégicos seguían mis cigarros y en mi departamento ceniceros por todos lados.....pero todo sin usarse. Y yo luchando día tras día...pero con menos esfuerzo cada vez, hasta que llegué a cumplir el PRIMER MES sin fumar.
Esa meta me llenó de orgullo interno y mi retroalimentación funcionaba a la maravilla, pero el maldito vicio o hábito siempre me volvía a atacar. Fue entonces cuando me di cuenta que el tabaquismo es una verdadera maldición, pues no te quiere soltar, por más que hagas....y que si te descuidas solo un momento, te vuelve a agarrar. Hay demasiada gente que ha dejado de fumar por algún tiempo más o menos largo y siguen fumando igual o más que antes. Yo recordé que en mi juventud (entre 18 y 22 años) muchas veces durante el entrenamiento del remo olímpico que me encantaba, dejaba de fumar por un mes por órdenes estrictas de nuestro entrenador , ya que competía yo en “talla de cuatro”, en “doble scull”, y en “talla de dos” y siempre había compañeros en la misma situación que yo.
Todos pasábamos por el mismo “suplicio” y nadie podía fallar. Pero una vez pasada la competencia, todos volvíamos a fumar como antes.
También recordaba yo que con tal de fumar menos, cambié el cigarro por la pipa, lo cual tenía el efecto que la gente no protestaba, sino que al contrario les agradaba el olor del tabaco fumado en pipa. Pero la dificultad de maniobrar y de las molestias de limpiar la mugre y de traer siempre las herramientas y una bolsita de tabaco fresco, y de volver a encender “mil” veces la misma pipa me hicieron abandonar la pipa, máxime que ya le daba yo “el golpe” (inhalar el humo) a la pipa también. Preferí volver al cigarro.
En el fondo...en realidad nunca he querido seriamente dejar de fumar, era más bien para complacer a otras personas.
Pero esta vez era al revés. YO ME QUERÍA COMPLACER A MI y lo oculté a otras personas....y por fin...después de larguísimos 6 meses , decidí abandonar mi mentira. Pregoné ante todo el mundo que había dejado de fumar, y retiré todas las cajetillas de cigarros que había yo conservado en sus lugares estratégicos y hasta la del bolsillo de mi camisa, y guardé el encendedor en mi casa para encender el piloto de la estufa o el calentador.
Debo admitir, que para mi desgracia, he aumentado mucho de peso, porque ahora como con mucho mas gusto y todo me sabe mejor. Curiosamente no me molesta que otros fumen cerca de mi. Ha habido casos en que estoy en un ambiente acogedor en una grata compañía con música y algún café o hasta algunas copas, y que se me antoja un cigarro, cuando mi compañera se lo enciende, y hasta me agrada. En varias ocasiones le he dado “una chupadita” ...y me di cuenta que me desagrada profundamente...
Ahora si que estoy curado del vicio, aunque el hábito a veces me reta, pero ya no hay peligro alguno. Ahora solo siento algo como compasión por los que aún fuman.
Si desde un principio yo me hubiera propuesto “DEJAR DE FUMAR DEFINITIVAMENTE” estoy seguro, que ante tan “monstruosa” meta yo hubiera fallado. Pero me impuse el truco o engaño, de lograr metas pequeñas, siempre al amparo de un recurso de poder fallar. Lo comparé como el alambrista que se protege con una red en caso de una caída. Esa red “salvavidas” solo la quita cuando esta seguro de no fallar y poder cruzar el alambre sin el riesgo de caerse.
Espero que alguien le sirva este relato, y debe quedar claro que hay mucho de psicológico en esto y una firme VOLUNTAD de lograr el éxito a través de la perseverancia.