Pedro Navajas
11-01-08, 03:01 PM
La droga y la violencia
Carlos Tello Díaz
Liga (http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.php?id=584368)
Los medios recibieron escandalizados la noticia del incremento del consumo de drogas en Francia, luego de un informe publicado hace poco por el Observatorio Francés de las Drogas y las Toxicomanías. El estudio centra su atención en la mariguana —le cannabis, como la llaman los franceses desde que en 1753 la clasificó con ese nombre el botánico sueco Carolas Lineo. Francia es el consumidor de mariguana más importante de Europa, junto con Inglaterra y España, apenas atrás de la República Checa. Más de medio millón de franceses la fuman todos los días y un millón y medio la consume regularmente, es decir por lo menos diez veces al mes. La historia de la cocaína es similar, sobre todo desde que bajó su precio hace diez años: un cuarto de millón de franceses la consumen de manera regular.
Pero lo que me interesa destacar aquí es otra cosa: el aumento de las drogas no ha significado un incremento de la violencia en Francia. La circulación y el consumo de mariguana, cocaína y heroína es aquí, tal vez, un problema de salud pública, pero no de seguridad nacional, como en México. Jamás aparecen cuerpos degollados en las playas de Saint-Tropez ni fotos de cabezas cercenadas en las planas de Le Figaro.
¿Por qué? ¿Qué explica la relativa ausencia de violencia en un mercado de droga tan importante como Francia, o España, Inglaterra y Estados Unidos? La respuesta más usual a esta pregunta —hecha con frecuencia, por enigmática— es que la venta en estos países está por lo general atomizada, no centralizada ni monopolizada por los carteles de la droga, como sucede en México. La violencia de la droga la explica, según esta tesis, más que el consumo, la existencia de organizaciones criminales, aunque el incremento de la violencia generada por el tráfico de drogas en nuestro país también es imputable, sin duda, a la disputa por un mercado interno cada vez más importante.
En Italia sucedió una historia similar. El consumo de drogas que caracterizó la década de los sesenta y los setenta no generó violencia, pues su venta estaba atomizada. La Cosa Nostra de Sicilia dedicaba su tiempo al contrabando, al juego, a la extorsión y a la manipulación del voto, no al comercio en grande con la droga, que estaba prohibido por los mafiosos de Estados Unidos, quienes lo castigaban con la muerte (es la historia que cuentan películas como El Padrino de Coppola y Buenos muchachos de Scorsese). La mafia de Italia, sin embargo, no quiso resistir la tentación de lucrar con un mercado que prometía ganancias tan espectaculares. Así, allá también, la violencia de la década de los ochenta y los noventa, en la que murieron militares del rango de Della Chiesa y jueces con la fama de Falcone, no fue tanto resultado del aumento del consumo de la droga —que sin duda ocurrió— como de la existencia de una organización poderosa y disciplinada, dispuesta a monopolizar su comercio en Europa, la Cosa Nostra, hoy en parte sustituida por la Camorra de Nápoles y la Ndrangueta de Calabria, según documenta el joven periodista Roberto Saviano en su libro Gomorra. Sabemos desde hace tiempo que México padece este tipo de organizaciones, aunque subestimábamos tal vez su capacidad de fuego. Ya no. En apenas un año, 2007, fueron incautadas alrededor de quince mil armas a los carteles de la droga, según informó ayer el presidente Calderón.
Carlos Tello Díaz
Liga (http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.php?id=584368)
Los medios recibieron escandalizados la noticia del incremento del consumo de drogas en Francia, luego de un informe publicado hace poco por el Observatorio Francés de las Drogas y las Toxicomanías. El estudio centra su atención en la mariguana —le cannabis, como la llaman los franceses desde que en 1753 la clasificó con ese nombre el botánico sueco Carolas Lineo. Francia es el consumidor de mariguana más importante de Europa, junto con Inglaterra y España, apenas atrás de la República Checa. Más de medio millón de franceses la fuman todos los días y un millón y medio la consume regularmente, es decir por lo menos diez veces al mes. La historia de la cocaína es similar, sobre todo desde que bajó su precio hace diez años: un cuarto de millón de franceses la consumen de manera regular.
Pero lo que me interesa destacar aquí es otra cosa: el aumento de las drogas no ha significado un incremento de la violencia en Francia. La circulación y el consumo de mariguana, cocaína y heroína es aquí, tal vez, un problema de salud pública, pero no de seguridad nacional, como en México. Jamás aparecen cuerpos degollados en las playas de Saint-Tropez ni fotos de cabezas cercenadas en las planas de Le Figaro.
¿Por qué? ¿Qué explica la relativa ausencia de violencia en un mercado de droga tan importante como Francia, o España, Inglaterra y Estados Unidos? La respuesta más usual a esta pregunta —hecha con frecuencia, por enigmática— es que la venta en estos países está por lo general atomizada, no centralizada ni monopolizada por los carteles de la droga, como sucede en México. La violencia de la droga la explica, según esta tesis, más que el consumo, la existencia de organizaciones criminales, aunque el incremento de la violencia generada por el tráfico de drogas en nuestro país también es imputable, sin duda, a la disputa por un mercado interno cada vez más importante.
En Italia sucedió una historia similar. El consumo de drogas que caracterizó la década de los sesenta y los setenta no generó violencia, pues su venta estaba atomizada. La Cosa Nostra de Sicilia dedicaba su tiempo al contrabando, al juego, a la extorsión y a la manipulación del voto, no al comercio en grande con la droga, que estaba prohibido por los mafiosos de Estados Unidos, quienes lo castigaban con la muerte (es la historia que cuentan películas como El Padrino de Coppola y Buenos muchachos de Scorsese). La mafia de Italia, sin embargo, no quiso resistir la tentación de lucrar con un mercado que prometía ganancias tan espectaculares. Así, allá también, la violencia de la década de los ochenta y los noventa, en la que murieron militares del rango de Della Chiesa y jueces con la fama de Falcone, no fue tanto resultado del aumento del consumo de la droga —que sin duda ocurrió— como de la existencia de una organización poderosa y disciplinada, dispuesta a monopolizar su comercio en Europa, la Cosa Nostra, hoy en parte sustituida por la Camorra de Nápoles y la Ndrangueta de Calabria, según documenta el joven periodista Roberto Saviano en su libro Gomorra. Sabemos desde hace tiempo que México padece este tipo de organizaciones, aunque subestimábamos tal vez su capacidad de fuego. Ya no. En apenas un año, 2007, fueron incautadas alrededor de quince mil armas a los carteles de la droga, según informó ayer el presidente Calderón.