Rafael Norma
16-07-05, 05:16 AM
El escalofriante reto de los jihadíes creciditos en casita
Traducido por Rafael Norma Méndez
Publicado el 14 de Julio de 2005 a las 03:00 |
Así que ya ahora lo sabemos. Los que provocaron el bombazo en el transporte público de Londres del jueves pasado fueron atacantes suicidas de Leeds. De estos jovencitos, de origen Paquistaní, aparentemente no tenían idea las autoridades y no eran una excepción dentro de sus comunidades. Que ellos no deben ser subestimados por la sociedad.
A nombre del asesinato masivo ellos fueron capaces de ofrendar sus propias vidas.. Para las víctimas de este atroz asalto y para aquellos que dejan atrás de la tragedia, es mucho de lo mismo, pero ahora que los suicidas fueron crecidos en casa, hace esto, en términos de políticas y de respuesta de la sociedad, un reto todavía más escalofriante que si ellos hubieran venido del extranjero.
Hay toda probabilidad de que hubo ayuda del exterior de un jihadi entrenado, quizás para suministrar los explosivos y la experiencia, y para activar y dirigir esta célula indetectable. Pero los procedimientos para tratar con aquello son conocidos e intentados, aún cuando no siempre tengan éxito. Encontrar las formas de tratar con este grado de ira y enajenación, dentro de nuestra sociedad, aun cuando esté limitada a una pequeña minoría extremista, es mucho más complejo. No solo debemos ser implacables en contra de este culto a la muerte y con aquellos que la incitan; requerimos encontrar los resortes de todo este odio.
Los bombarderos suicidas no son un fácil fenómeno de penetrar. En cada baño de sangre, ellos tienden a provocar cascadas de adjetivos psico filosóficos, clichés irrelevantes acerca de considerar una religión de la paz, al Islam, y el escozor despreciativo en el reportaje acerca de las mujeres hermosas del paraíso que presuntamente esperan a los asesinos. En nuestro contexto Británico y Europeo, la cuestión más importante es identificar quién es susceptible al canto de las sirenas de todos los jihads y porqué.
Hay un fenómeno observable en Francia y Alemania, Holanda y España, así como en el Reino Unido, de la segunda y frecuentemente tercera generación de inmigrantes Musulmanes quienes se quedan incomunicados de su país, lenguaje y cultura de origen antes de que allí se integren.. son vulnerables a cualquiera que les ofrezca una identidad y eso es algo que si saben hacer los jihadies.
Común a todo el Islam está una preocupación doctrinal para construir una sociedad justa y preservar la unidad de toda la comunidad mundial de creyentes. Ya eso es una combinación política poderosa y atrayente aun antes de que se añada la chispa de la fe. Añada a todo esto la familiar lista eterna de agravios Musulmanes vigentes, la sensación de una religión bajo asalto con un sentimiento de gloria perdida, y lo que comienza a surgir es una teología de la liberación. En su forma más extremista, esto se combina con un virulento “nacionalismo” Islamista, con una guerra de civilizaciones para recuperar todo el territorio Musulmán, y limpiarlo de cualquier tinte de infieles y sus marionetas apóstatas.
Encontramos esta visión enajenante. Pero tenemos que comprender como puede seducir a un don nadie de un callejón trasero de Dewsbury para que crea que él mismo es un mártir vengador del Islamismo.
También es importante darse cuenta que el jihadismo internacional franquiciado por Osama bin Laden es casi por completo un fenómeno Musulmán Sunnita, con su alejada región en la endurecida orden Sunnita de los países Árabes y del sur y del Centro de Asia. Permanece una herida autoinflingida en el corazón del Islam, que los establecimientos Sunnitas para todos los propósitos prácticos en el siglo XII, cerró la especulación filosófica y teológica, creyendo que sería divisible así como opuesto a su monopolio de poder. Este asfixiante debate e indagatoria, de curiosidad e innovación, es lo debería estar en el corazón del debate sobre el Islam y la modernidad
En nuestro debate inmediato, requiere de una profundo auto examen dentro de la comunidad Musulmana en el Reino Unido y a través de Europa, en conjunto con un re examen de políticas de integración.
Los líderes Musulmanes, religiosos, políticos y cívicos necesitan hablar claro inequívocamente para deslegitimizar y anatematizar a la intolerancia. El laicismo de este país es un escudo que garantiza la libertad de credo para todos al paralelo con una obligación de tolerancia hacía aquellos de todas las creencias y para aquellos que no tienen ninguna. Es nuestra obligación, el protegerla. Aquellos que confunden la religión con el totalitarismo, como los imams Wahhabi financiados tradicionalmente por Arabia Saudita, no tienen lugar dentro de nuestra sociedad.
Nada de eso limita el derecho de cualquiera para hablar claro en contra de cualquier injusticia, desde Chechenia hasta Palestina o desde Kashmir hasta Irak. Pero justificar atrocidades contra civiles y no combatientes, independientemente del cuartel, no pueden ser parte de este discurso.
Ningún país Europeo ha obtenido correctamente el derecho de integración de sus minorías Musulmanas. El método de dejar hacer de la Gran Bretaña parece operar en Londres, cuya escala y cosmopolitarismo es totalmente absorbente, pero no lo es en los viejos pueblos textiles del norte y del noroeste, testigos de la formación de guetos, de disturbios y competencia de suma igual a cero entre comunidades por las escasas viviendas y empleos. Leeds se ve capturado entre ambos modelos, con solo su centro regenerante replicando en Londres.
Pero mientras todo esto debe ser re examinado, las privaciones económicas no son la raíz del fenómeno. Esta es una batalla entre la libertad y una forma de totalitarismo que fácilmente durará una generación. Defendiendo nuestras libertades es la única forma en que podemos derrotarlo.
Traducido por Rafael Norma Méndez
Publicado el 14 de Julio de 2005 a las 03:00 |
Así que ya ahora lo sabemos. Los que provocaron el bombazo en el transporte público de Londres del jueves pasado fueron atacantes suicidas de Leeds. De estos jovencitos, de origen Paquistaní, aparentemente no tenían idea las autoridades y no eran una excepción dentro de sus comunidades. Que ellos no deben ser subestimados por la sociedad.
A nombre del asesinato masivo ellos fueron capaces de ofrendar sus propias vidas.. Para las víctimas de este atroz asalto y para aquellos que dejan atrás de la tragedia, es mucho de lo mismo, pero ahora que los suicidas fueron crecidos en casa, hace esto, en términos de políticas y de respuesta de la sociedad, un reto todavía más escalofriante que si ellos hubieran venido del extranjero.
Hay toda probabilidad de que hubo ayuda del exterior de un jihadi entrenado, quizás para suministrar los explosivos y la experiencia, y para activar y dirigir esta célula indetectable. Pero los procedimientos para tratar con aquello son conocidos e intentados, aún cuando no siempre tengan éxito. Encontrar las formas de tratar con este grado de ira y enajenación, dentro de nuestra sociedad, aun cuando esté limitada a una pequeña minoría extremista, es mucho más complejo. No solo debemos ser implacables en contra de este culto a la muerte y con aquellos que la incitan; requerimos encontrar los resortes de todo este odio.
Los bombarderos suicidas no son un fácil fenómeno de penetrar. En cada baño de sangre, ellos tienden a provocar cascadas de adjetivos psico filosóficos, clichés irrelevantes acerca de considerar una religión de la paz, al Islam, y el escozor despreciativo en el reportaje acerca de las mujeres hermosas del paraíso que presuntamente esperan a los asesinos. En nuestro contexto Británico y Europeo, la cuestión más importante es identificar quién es susceptible al canto de las sirenas de todos los jihads y porqué.
Hay un fenómeno observable en Francia y Alemania, Holanda y España, así como en el Reino Unido, de la segunda y frecuentemente tercera generación de inmigrantes Musulmanes quienes se quedan incomunicados de su país, lenguaje y cultura de origen antes de que allí se integren.. son vulnerables a cualquiera que les ofrezca una identidad y eso es algo que si saben hacer los jihadies.
Común a todo el Islam está una preocupación doctrinal para construir una sociedad justa y preservar la unidad de toda la comunidad mundial de creyentes. Ya eso es una combinación política poderosa y atrayente aun antes de que se añada la chispa de la fe. Añada a todo esto la familiar lista eterna de agravios Musulmanes vigentes, la sensación de una religión bajo asalto con un sentimiento de gloria perdida, y lo que comienza a surgir es una teología de la liberación. En su forma más extremista, esto se combina con un virulento “nacionalismo” Islamista, con una guerra de civilizaciones para recuperar todo el territorio Musulmán, y limpiarlo de cualquier tinte de infieles y sus marionetas apóstatas.
Encontramos esta visión enajenante. Pero tenemos que comprender como puede seducir a un don nadie de un callejón trasero de Dewsbury para que crea que él mismo es un mártir vengador del Islamismo.
También es importante darse cuenta que el jihadismo internacional franquiciado por Osama bin Laden es casi por completo un fenómeno Musulmán Sunnita, con su alejada región en la endurecida orden Sunnita de los países Árabes y del sur y del Centro de Asia. Permanece una herida autoinflingida en el corazón del Islam, que los establecimientos Sunnitas para todos los propósitos prácticos en el siglo XII, cerró la especulación filosófica y teológica, creyendo que sería divisible así como opuesto a su monopolio de poder. Este asfixiante debate e indagatoria, de curiosidad e innovación, es lo debería estar en el corazón del debate sobre el Islam y la modernidad
En nuestro debate inmediato, requiere de una profundo auto examen dentro de la comunidad Musulmana en el Reino Unido y a través de Europa, en conjunto con un re examen de políticas de integración.
Los líderes Musulmanes, religiosos, políticos y cívicos necesitan hablar claro inequívocamente para deslegitimizar y anatematizar a la intolerancia. El laicismo de este país es un escudo que garantiza la libertad de credo para todos al paralelo con una obligación de tolerancia hacía aquellos de todas las creencias y para aquellos que no tienen ninguna. Es nuestra obligación, el protegerla. Aquellos que confunden la religión con el totalitarismo, como los imams Wahhabi financiados tradicionalmente por Arabia Saudita, no tienen lugar dentro de nuestra sociedad.
Nada de eso limita el derecho de cualquiera para hablar claro en contra de cualquier injusticia, desde Chechenia hasta Palestina o desde Kashmir hasta Irak. Pero justificar atrocidades contra civiles y no combatientes, independientemente del cuartel, no pueden ser parte de este discurso.
Ningún país Europeo ha obtenido correctamente el derecho de integración de sus minorías Musulmanas. El método de dejar hacer de la Gran Bretaña parece operar en Londres, cuya escala y cosmopolitarismo es totalmente absorbente, pero no lo es en los viejos pueblos textiles del norte y del noroeste, testigos de la formación de guetos, de disturbios y competencia de suma igual a cero entre comunidades por las escasas viviendas y empleos. Leeds se ve capturado entre ambos modelos, con solo su centro regenerante replicando en Londres.
Pero mientras todo esto debe ser re examinado, las privaciones económicas no son la raíz del fenómeno. Esta es una batalla entre la libertad y una forma de totalitarismo que fácilmente durará una generación. Defendiendo nuestras libertades es la única forma en que podemos derrotarlo.