Quetzal
05-04-05, 01:55 PM
Cuesta caro civismo holandés
En Holanda es impensable pasear al perro sin correa, sacar la basura el día que no corresponde o pintar la fachada de la casa del color que le venga
Por Inder Bugarin/corresponsal
Grupo Reforma
Bruselas, Bélgica (13 febrero 2005).- Cuando un mexicano visita Holanda se lleva de recuerdo no sólo las memorias de los pintorescos molinos de viento y los extravagantes coffeeshops, también la buena impresión del civismo de la sociedad naranja.
El país de la rectitud, es el resultado de una combinación que promete ser la ideal: una cultura de comportamiento cívico que ha pasado por generaciones y que tiene su origen en las mismas aulas de la primaria, de la mano de la imposición de severas multas a los infractores de las normas sociales y un efectivo sistema de aplicación y cobro.
"Aquí te hacen respetar la ley por donde más te duele, el bolsillo", afirmó Iván Verleije, de 31 años y con dos hijos.
En la provincial Holanda, es impensable pasear al perro sin correa, sacar la basura al pie de la banqueta el día que no corresponde, pintar la fachada de la casa del color que le venga a uno en gana o espiar al vecino por muy discreto que se intente.
Tan sólo el 1 de enero, recuerda Iván, fue multado con 150 euros (unos 2 mil 250 pesos mexicanos) por quemar cuetes. No es que estén prohibidos los juegos pirotécnicos, pero la regla al respecto es puntual: "Será penada la quema fuera del periodo autorizado de las 22:00 horas del 31 de diciembre a las 02:00 del 1 de enero".
En los Países Bajos hay normas inquebrantables que cuestan una fortuna al infractor, y forman parte estratégica para mantener el cumplimiento de la ley, afirmó Leendert de Lange, experto del Ministerio Fiscal, responsable de redactar la base de las infracciones.
"Queremos un tipo de comportamiento específico y en los últimos años hemos venido reforzando el sistema de multa para que la gente viva bajo la ley", agregó.
De acuerdo con el Ministerio Fiscal, las violaciones más comunes son las de tránsito. En el 2003, los agentes de policía emitieron un total de 10 millones 600 mil infracciones viales, el 70 por ciento por exceso de velocidad, 10 por ciento por no pagar estacionamiento y 3.5 por ciento por no respetar el semáforo en rojo.
Pero el peso de la ley está en el monto y en el amplio abanico de las multas. Por exceso de velocidad el castigo va de 30 euros por manejar hasta un máximo de 10 kilómetros por arriba de lo permitido, hasta 465 euros y la retirada automática de la licencia al superar el límite en 61 kilómetros.
Por invadir el paso peatonal la infracción es de 160 euros; manejar con teléfono en mano, 140 euros; usar una sirena en el vehículo y obstruir la visibilidad del mismo, 125 y 95 euros respectivamente; no dar el paso a un invidente, 125 euros; y manejar en sentido contrario, 285 euros.
Al margen de las normas viales, hay infracciones diseñadas para proteger el medio ambiente, por ejemplo, quien sea atrapado en infraganti haciendo una fogata es penado con 50 euros.
También la justicia castiga al sujeto que acampa y pesca en lugares prohibidos, 95 y 55 euros; obra en vía pública, 50 euros, o no levanta el excremento de su perro cuando va por la calle, 30 euros.
A este amplio listado se añaden otras: por hacer ruido o violar la tranquilidad de la noche, 75 euros; desplegar en paredes publicidad no autorizada o pintar un graffiti, 60 euros; "matar el tiempo" afuera de la casa de un tercero, 45 euros; y asistir a partidos de futbol sin identificación, 80 euros.
"Pero el peso de las multas no serviría de nada sin un efectivo sistema de cobro y medidas disuasivas para obligar el pago", aseguró Lange.
La piedra angular del esquema para hacer valer las normas cívicas es la Agencia Central de Cobro Judicial (CJIB), un exitoso aparato de ejecución de multas creado en 1990.
Haciendo uso de lo último en tecnologías y con un personal de unos 600 elementos, concentra todas las infracciones emitidas en el país por la Policía y se encarga de hacerlas llegar vía correo postal al infractor, así como evitar la evasión del pago.
"Es una cuestión de eficiencia y dedicación del personal, y obviamente una bendición de la informática y la tecnología de comunicaciones", explicó André Regtop, director de la agencia.
La CJIB advierte que nadie se escapa del pago de una infracción. Primero llegan al domicilio recordatorios aumentando la cifra y de mantenerse la falta se abre un proceso penal que lleva el caso ante los juzgados.
Por ejemplo, para quienes excedieron el límite de velocidad en más de 30 kilómetros, su negligencia podría llevarlos hasta la prisión, en tanto que una persona que levantó de noche al vecindario haciendo rezumbar las bocinas de su auto, terminaría pagando la pena con horas de trabajo social.
"Pero la mayoría cubre su falta y evita llegar a este extremo", reconoció Lange.
Igualmente es una realidad que las infracciones son un importante instrumento de recaudación para las arcas del Ministerio de Finanzas, pues cada año tan sólo las infracciones de tránsito se traducen en unos 370 millones de euros.
En Holanda es impensable pasear al perro sin correa, sacar la basura el día que no corresponde o pintar la fachada de la casa del color que le venga
Por Inder Bugarin/corresponsal
Grupo Reforma
Bruselas, Bélgica (13 febrero 2005).- Cuando un mexicano visita Holanda se lleva de recuerdo no sólo las memorias de los pintorescos molinos de viento y los extravagantes coffeeshops, también la buena impresión del civismo de la sociedad naranja.
El país de la rectitud, es el resultado de una combinación que promete ser la ideal: una cultura de comportamiento cívico que ha pasado por generaciones y que tiene su origen en las mismas aulas de la primaria, de la mano de la imposición de severas multas a los infractores de las normas sociales y un efectivo sistema de aplicación y cobro.
"Aquí te hacen respetar la ley por donde más te duele, el bolsillo", afirmó Iván Verleije, de 31 años y con dos hijos.
En la provincial Holanda, es impensable pasear al perro sin correa, sacar la basura al pie de la banqueta el día que no corresponde, pintar la fachada de la casa del color que le venga a uno en gana o espiar al vecino por muy discreto que se intente.
Tan sólo el 1 de enero, recuerda Iván, fue multado con 150 euros (unos 2 mil 250 pesos mexicanos) por quemar cuetes. No es que estén prohibidos los juegos pirotécnicos, pero la regla al respecto es puntual: "Será penada la quema fuera del periodo autorizado de las 22:00 horas del 31 de diciembre a las 02:00 del 1 de enero".
En los Países Bajos hay normas inquebrantables que cuestan una fortuna al infractor, y forman parte estratégica para mantener el cumplimiento de la ley, afirmó Leendert de Lange, experto del Ministerio Fiscal, responsable de redactar la base de las infracciones.
"Queremos un tipo de comportamiento específico y en los últimos años hemos venido reforzando el sistema de multa para que la gente viva bajo la ley", agregó.
De acuerdo con el Ministerio Fiscal, las violaciones más comunes son las de tránsito. En el 2003, los agentes de policía emitieron un total de 10 millones 600 mil infracciones viales, el 70 por ciento por exceso de velocidad, 10 por ciento por no pagar estacionamiento y 3.5 por ciento por no respetar el semáforo en rojo.
Pero el peso de la ley está en el monto y en el amplio abanico de las multas. Por exceso de velocidad el castigo va de 30 euros por manejar hasta un máximo de 10 kilómetros por arriba de lo permitido, hasta 465 euros y la retirada automática de la licencia al superar el límite en 61 kilómetros.
Por invadir el paso peatonal la infracción es de 160 euros; manejar con teléfono en mano, 140 euros; usar una sirena en el vehículo y obstruir la visibilidad del mismo, 125 y 95 euros respectivamente; no dar el paso a un invidente, 125 euros; y manejar en sentido contrario, 285 euros.
Al margen de las normas viales, hay infracciones diseñadas para proteger el medio ambiente, por ejemplo, quien sea atrapado en infraganti haciendo una fogata es penado con 50 euros.
También la justicia castiga al sujeto que acampa y pesca en lugares prohibidos, 95 y 55 euros; obra en vía pública, 50 euros, o no levanta el excremento de su perro cuando va por la calle, 30 euros.
A este amplio listado se añaden otras: por hacer ruido o violar la tranquilidad de la noche, 75 euros; desplegar en paredes publicidad no autorizada o pintar un graffiti, 60 euros; "matar el tiempo" afuera de la casa de un tercero, 45 euros; y asistir a partidos de futbol sin identificación, 80 euros.
"Pero el peso de las multas no serviría de nada sin un efectivo sistema de cobro y medidas disuasivas para obligar el pago", aseguró Lange.
La piedra angular del esquema para hacer valer las normas cívicas es la Agencia Central de Cobro Judicial (CJIB), un exitoso aparato de ejecución de multas creado en 1990.
Haciendo uso de lo último en tecnologías y con un personal de unos 600 elementos, concentra todas las infracciones emitidas en el país por la Policía y se encarga de hacerlas llegar vía correo postal al infractor, así como evitar la evasión del pago.
"Es una cuestión de eficiencia y dedicación del personal, y obviamente una bendición de la informática y la tecnología de comunicaciones", explicó André Regtop, director de la agencia.
La CJIB advierte que nadie se escapa del pago de una infracción. Primero llegan al domicilio recordatorios aumentando la cifra y de mantenerse la falta se abre un proceso penal que lleva el caso ante los juzgados.
Por ejemplo, para quienes excedieron el límite de velocidad en más de 30 kilómetros, su negligencia podría llevarlos hasta la prisión, en tanto que una persona que levantó de noche al vecindario haciendo rezumbar las bocinas de su auto, terminaría pagando la pena con horas de trabajo social.
"Pero la mayoría cubre su falta y evita llegar a este extremo", reconoció Lange.
Igualmente es una realidad que las infracciones son un importante instrumento de recaudación para las arcas del Ministerio de Finanzas, pues cada año tan sólo las infracciones de tránsito se traducen en unos 370 millones de euros.