cayo_cio
23-04-07, 10:43 AM
Todavía no he visto 300, la película de Zack Zinder sobre la batalla de las Termópilas. Pero he seguido con atención la polémica sobre la corrección o incorrección social del asunto, los pareceres encontrados sobre el supuesto retrato artero y malévolo de los orientales persas, y los tópicos sobre el honor y la gallardía de los occidentales espartanos. Ha sido interesante asistir a ese contraste de opiniones entre los partidarios de una visión tradicional del acontecimiento, la prohelénica y heroica, frente a la de quienes se expresan desde un enfoque más orientalista o menos eurocéntrico y lamentan que Jerjes y su gente todavía figuren en la Historia como los malos del episodio.
En el debate no han faltado, naturalmente, las alusiones a la crisis entre los valores de la democracia occidental y los que otras culturas sostienen, las alusiones al islam, etcétera. En el que podríamos llamar sector crítico frente a la versión transmitida por las fuentes clásicas, hay opiniones muy respetables, versiones de historiadores que, con el peso de su autoridad y con más o menos eficacia según el talento de cada cual, revisan tópicos, iluminan rincones oscuros, deshacen o cuestionan interpretaciones tradicionales; pero junto a ese análisis serio, académico, se ha dado también, como era de esperar en los tiempos que corren, una intensa agitación del gallinero mediático, empeñado en aplicar al año 480 antes de Cristo los habituales clichés de lo social o políticamente correcto. De manera que junto a ciertos finos analistas, intelectuales de pasta flora, eruditos cutres, tertulianos charlatanes y políticos analfabetos, sólo ha faltado alguien que denuncie a Leónidas y sus trescientos hoplitas ante el tribunal internacional de La Haya por militaristas y xenófobos. Que casi. De modo que van a permitirme, también, opinar al respecto. Eso sí: con un criterio contaminado por el hecho poco objetivo de haber leído en su momento –cada cual tiene sus taras– a Herodoto, a Diodoro de Sicilia y a Jenofonte. A lo mejor ése es mi problema. No hay nada mejor, lo admito, para la objetividad, la equidistancia y la corrección política que no haber leído nunca un puto libro.
A ver si lo resumo bien: eran los nuestros, imbéciles. Aunque siempre sea mentira lo de buenos y malos, lo de peones blancos y negros sobre el tablero de la Historia, lo que está claro, películas y paralelismos modernos aparte, es el color de los trescientos lacedemonios y los setecientos tespieos que libraron el último combate contra los doscientos mil persas que los envolvieron y aniquilaron en el paso de las Termópilas. Pese a su militarismo, a las crueles costumbres de su patria, a que los enemigos no eran afeminados o malvados, sino sólo gentes de otras tierras y otros puntos de vista, los soldados profesionales que peinaron con calma sus largos cabellos antes de colocarse encima treinta y cinco kilos de bronce y cerrar filas dispuestos a cenar en el Hades –Leónidas sólo llevó a los que tenían en Esparta hijos que conservaran la estirpe–, riñeron aquel día como fieras, hasta el último hombre, conscientes de que su hazaña era un canto a la libertad: la demostración suprema de lo que el ser humano, seguro de lo que defiende, puede y debe hacer antes que someterse.
Y claro que eran héroes. Da igual que los historiadores magnificaran su hazaña, o que los enemigos fuesen de una u otra manera. Lo que esos espartanos rudos y valientes defendieron bajo la nube de flechas persas –como bromeó uno de ellos, eso permitía pelear a la sombra–, no era el diálogo de civilizaciones, ni el buen rollito ni el pasteleo para salvar el pellejo poniendo el culo gratis. Enaltecidos por los clásicos o desmitificados por los investigadores modernos, lo indiscutible es que, con su sacrificio, salvaron una idea de la sociedad y del mundo opuesta a cualquier poder ajeno a la solidaridad y la razón. Al morir de pie, espada en mano, hicieron posible que, aun después de incendiada Atenas, en Salamina, Platea y Micala sobrevivieran Grecia, sus instituciones, sus filósofos, sus ideas y la palabra democracia. Con el tiempo, Leónidas y los suyos hicieron posible Europa, la Enciclopedia, la Revolución Francesa, los parlamentos occidentales, que mi hija salga a la calle sin velo y sin que le amputen el clítoris, que yo pueda escribir sin que me encarcelen o quemen, que ningún rey, sátrapa, tirano, imán, dictador, obispo o papa decida –al menos en teoría, que ya es algo– qué debo hacer con mi pensamiento y con mi vida. Por eso opino que, en ese aspecto, aquellos trescientos hombres nos hicieron libres. Eran los nuestros.
Arturo Perez Reverte
El Semanal 29 de abril de 2007
cayo_cio
24-04-07, 10:08 AM
Por lo que se cuenta, los arios son más modernos que los vascos en el tiempo; por lo que ¿quién es entonces más puro?
Me importa un pito, pero ya que estamos hablemos de razas, y hablemos de la nuestra, la raza iberica, la raza mas europea de todas, donde no formando ni mucho menos un conjunto homogeneo racial, es la raza del perfecto europeo y perfecto blanco,
Si buscais un pais que mejor refleje el sentir de europa ese es españa, si buscais el crisol donde se modela el europeo ese es españa, y por que ? os preguntareis, por que españa se a ido purificando racialmente desde sus inicios como nacion, ya que europeos han sido sus invasores,
desde sus inicios , entraron los celtas, los cartagineses,los romanos, los visigodos, y durante la reconquista, entraron , borgoñones
, alemanes, italianos,ingleses,franceses,flamencos
etc...hay muchos toponimicos que asi lo recuerdan, luego durante las guerras de religion que asolaron europa durante los siglos XVI-XVII, volverian a entrar en españa
holandeses, franceses y alemanes, catolicos,
y asi una vez mas vuelve a purificarse.
En cuanto a la supuesta mezcolanza con el elemento semita, entiendase arabe y hebreo,
unicamente dejaran un poso cultural y religioso, nunca demografico, la españa musulmana, tan popular hoy en dia, era europea, con otros atuendos y otra religion y lengua, pero europeos racialmente, como lo eran los cristianos del norte, MENENDEZ PIDAL
nos cuenta , que el el siglo XIV, de los doscientos mil habitantes de granada apenas quinientos podrian ser arabes de raza, incluso se duda de que lo fueran al cien por cien, tambien nos dice que los califas de cordoba eran conocidos por su porte español o cristiano, aparte de que muchos de ellos tenian los ojos verdes o azules,y asi toda la poblacion musulmana,
En cuanto a la supuesta mezcla con la raza semita, esta nunca existio, ya que por motivos religiosos de los judios , estos no realizaron una confraternizacion sanguinea con el pueblo español y encima luego fueron expulsados,y tal vez algunos de ellos se diluyeron en la raza española desde su conversion al catolicismo, no siendo representativa dicha union en conformar de la raza.
Ahora bien, ¿ que nos une a los blancos hispanoamericanos? aparte, claro esta , de la lengua y la religion, elementos integradores importantisimos,
Pues nos une todo, ya que un blanco chileno,
un blanco uruguayo, un blanco argentino, un blanco mexicano, cualquier blanco hispanoamericano, se integraria en la sociedad española, sin ningun tipo de fisuras
ya que forman parte de nuestra concepcion vital de la historia, para el, hablar de reconquista, hablar de romanos , hablar de cartagineses, de las cruzadas, del imperio , de la historia en definitiva, no representa
ningun complejo, pero para un negro dominicano, para un indio quechua, para un indigena, son elementos con los que no se pueden identificar, son momentos historicos
que pertenecen a otra raza, es el sentir y el vivir de una cultura que en la cual no pueden reconocerse, como tampoco se podian reconocer sus antepasados, como tampoco se podran reconocer sus descendientes, ¿he puesto vascos en algun sitio?.
cayo_cio
24-04-07, 10:12 AM
Por lo que se cuenta, los arios son más modernos que los vascos en el tiempo; por lo que ¿quién es entonces más puro?
Articulo proveniente de Antropología y Biodiversidad. Actas del XII Congreso de la Sociedad Española de Antropología Biológica (M.P Aluja, A. Malgosa, R.M. Nogués Eds). Edicions Bellaterra. Pags 61-66. 2003
Historia genética de las poblaciones del norte de África y de la Península Ibérica
Calafell F., E. Bosch, S. Plaza, A. Pérez-Lezaun, D. Comas, E. Mateu, R. Martínez-Arias, J. Clarimon, J. Bertranpetit
Unitat de Biologia Evolutiva, Facultat de Ciències de la Salut i de la Vida, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona
Genetics Department, Leicester University, UK
Göttingen Genomics Laboratory, Universidad de Göttingen, Alemania
PALABRAS CLAVE: Península Ibérica, Norte de África, cromosoma Y, DHPLC.
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Resumen Se han analizado 44 polimorfismos bialélicos del cromosoma Y (suficientes para situar cada cromosoma en una rama terminal de en un árbol filogenético obtenido con más de 150 polimorfismos) en siete muestras poblacionales del NO de África y la Península Ibérica. Los resultados muestran una gran homogeneidad dentro de cada una de ambas regiones, pero una gran disparidad entre ellas. El análisis filogeográfico permite reconocer varias contribuciones en los linajes patrilineales. Así, hemos reconocido un sustrato preneolítico específico del norte de África, con ulteriores aportaciones medioorientales, subsaharianas y europeas, mientras que en la Península se observa un sustrato paleolítico europeo, y contribuciones neolíticas y norteafricanas.
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Introducción
La Península Ibérica y la región norteafricana adyacente se hallan en estrecha proximidad geográfica, pero están unidas también por una historia que ha visto intercambios de población a través del estrecho de Gibraltar. En el norte de África, la cultura Íberomarusiana ocupa la mayor parte del Paleolítico Superior (22.000-9.000 BP; Newman, 1995); a pesar del prefijo «íbero-», se acepta en la actualidad que dicha cultura se originó en el valle del Nilo. La cultura Íberomarusiana es sucedida por el Capsiano (10.000-4.700 BP), dentro del cual se inicia la economía neolítica norteafricana, lo cual hace suponer que la agricultura y la ganadería se propagaron principalmente en el Magreb a través de difusión cultural, sin un recambio poblacional notable. En contraste, la prehistoria ibérica está inmersa en el ámbito europeo occidental (o, en general, normediterráneo). El noroeste de África entra en la historia con los fenicios, que fundan Cartago en el 814 A.C y establecen relaciones comerciales con los nativos, presumiblemente los antepasados de los actuales bereberes. Los geográfos romanos documentaron los reinos locales de los Mauri, Numidae, Gaetali y Libii, que fueron conquistados o infeudados por los romanos, que ocuparon una franja de unos 100 Km de ancho a lo largo del litoral. La historia antigua ibérica es claramente paralela a la norteafricana, con las expediciones y asentamientos comerciales fenicios y griegos, y la ulterior conquista romana.
A lo largo del siglo VII, los árabes invaden el norte de África (que a partir de ese momento se denomina al-Maghreb, la isla de occidente) y la expansión musulmana continúa en el siglo siguiente, cuando tropas bereberes bajo liderazgo árabe invaden la Península. Aunque el cambio social, político y económico de estas migraciones fue notable, no se conoce con precisión su aportación demográfica: en el caso de la invasión de la Península, puede haberse tratado de decenas de miles de individuos sobre una población local de varios millones (McEvedy y Jones, 1978).
Ulteriores movimimentos poblacionales que cruzaron el estrecho fueron las oleadas bereberes almorávide y almohade (siglos XI y XII); la expulsión de los judíos peninsulares en 1492, muchos de los cuales se establecieron en el Magreb; y la expulsión de los moriscos en el siglo XVII.
Varios estudios previos han tratado las relaciones genéticas entre ambas regiones. Arnáiz-Villena et al. (1995, 1997), en base a la presencia de algunos haplotipos compartidos para la región HLA, propusieron un origen común para ibéricos (vascos incluídos) y magrebíes. Bosch et al. (1997) recopilaron frecuencias de marcadores genéticos clásicos en la cuenca mediterránea, y hallaron una fuerte diferenciación en el NO de África, que atribuyeron a la persistencia de un sustrato preneolítico. Con parecidos medios, Simoni et al. (1999) detectaron que la barrera genética más intensa de todo el Mediterráneo se da a través del estrecho de Gibraltar, y Kandil et al. (1999) describieron un gradiente de frecuencias alélicas norte-sur en el Mediterráneo Occidental. A partir de secuencias de DNA mitocondrial, Rando et al. (1998) caracterizaron los aportes genéticos europeos, mediorientales y subsaharianos en el Magreb. Bosch et al. (2000a) analizaron una veintena de microsatélites, y además de confirmar las conclusiones anteriores, resaltaron que la arabización del Magreb no conllevó un aporte genético sustancial. Análisis preliminares de marcadores bialélicos en el cromosoma Y (Bosch et al., 1999; Rosser et al., 2000) mostraron una diferenciación muy abrupta entre las poblaciones magrebíes y las europeas, incluídas las ibéricas.
El cromosoma Y comprende en sus dos extremos dos regiones pseudoautosómicas que recombinan en meiosis con regiones homólogas del cromosoma Y. Entre ambas se extienden 30 Mb de eucromatina que constituyen la región no recombinante del cromosoma Y (NRY), y que se transmiten en bloque, de generación en generación, exclusivamente por línea paterna. Recientemente, Underhill et al. (2000, 2001) han desarrollado de un conjunto de 205 polimorfismos bialélicos en el cromosoma Y, que constituyen 131 haplotipos que forman 10 grupos. Dada la ausencia de recombinación, la basa taja de mutación y la disponibilidad de tipajes en primates no humanos, la filogenia de dichos haplotipos es perfectamente conocida, en términos de forma y cronología de la genealogía génica. Además, el elevado grado de compartimentación geográfica de la variación genética del cromosoma Y implica que muchos de los haplotipos (y grupos enteros) sean específicos de grandes grupos continentales o de poblaciones. Así, el estudio filogeográfico del cromosoma Y de una población permite reconocer el origen espacial y temporal de los linajes que la integran.
Hemos analizado un conjunto de 44 marcadores bialélicos y ocho microsatélites del cromosoma Y en cuatro poblaciones magrebíes y tres poblaciones peninsulares con el objetivo de determinar los linajes que las componen y la cuantía de los flujos génicos entre sí y de poblaciones exteriores.
Material y Métodos
Se analizaron varias muestras poblacionales del NO de África y de la Península Ibérica: 29 saharauis, 40 bereberes del sur de Marruecos (valle de Souss), 63 bereberes del norte y centro de Marruecos (principalmente del Atlas y el Rif), 44 árabes marroquíes, 37 andaluces, 16 catalanes y 44 vascos. Todos los individuos eran autóctonos de esas regiones, y se tuvo en cuenta el origen del abuelo paterno.
Se tipificaron mediante cromatografía líquida desnaturalizante de alto rendimiento (DHPLC, Underhill et al., 2000) 44 polimorfismos bialélicos del cromosoma Y que permitieron determinar el haplotipo del individuo entre la filogenia de más de 130 haplotipos descritos por Underhill et al. (2000). Se usó una estrategia top-down en el tipaje: se analizaron primero los polimorfismos que definen las ramas más profundas del árbol, y según los alelos hallados, se procedía a tipar los polimorfismos que determinan las siguiente bifurcaciones, hasta que se llegaba a una rama terminal.
Además, para la mayor parte de cromosomas, se tiparon los microsatélites DYS19, DYS388, DYS389I, DYS389II, DYS390, DYS391, DYS392 y DYS393 (Bosch et al., 2000b).
Resultados
Se tiparon un total de 273 individuos, que presentaron un total de 15 haplotipos distintos (Bosch et al., 2001). Un 63,6 % de los cromosomas Y magrebíes eran portadores del haplotipo 36 (H36), que registró una frecuencia del 3,1 % en la Península. Recíprocamente, los cromosomas ibéricos portaban mayoritariamente los haplotipos H104 (55,7 %), H103 (11,4 %) y H102 (8,2 %), que conjuntamente alcanzaron una frecuencia de 2,8 % en magrebíes. Según AMOVA, el porcentaje de la variancia genética explicada por la diferencia entre las poblaciones magrebíes fue del 0,8 % (p=0,169), y entre las tres poblaciones ibéricas, fue del 2 % (p=0,08). En cambio, las diferencias entre magrebíes e ibéricos explicaban el 35,2 % de la variabilidad genética total (p=0,032). Por lo tanto, no existen diferencias genéticas significativas entre las poblaciones magrebíes analizadas o entre las poblaciones ibéricas, pero las diferencias entre magrebíes e ibéricos son extremadamente acusadas.
Discusión
La aproximación filogeográfica al estudio de la diversidad genética permite descomponer las distintas capas que conforman la historia de una población, como estratos en un yacimiento arqueológico. Así, los haplotipos H35, H36 y H38 se hallan en frecuencias más elevadas en magrebíes que en cualquier otra población, especialmente en el caso de H38. Se han descrito también (Underhill et al., 2000) en africanos subsaharianos, medioorentales y europeos mediterráneos, pero siempre a frecuencias relativamente bajas. Mediante un modelo basado en coalescencia (Griffiths y Tavaré, 1994), hemos datado H38 en 32.000 ± 11.000 años. Con esta datación y la abismal diferencia en frecuencia (que remite a fenómenos estocásticos de deriva genética compatibles con muy bajas densidades de población), consideramos que estos tres haplotipos se expandieron en el NO de África con anterioridad al Neolítico, y que representan el sustrato paleolítico remanente en las poblaciones norteafricanas. La presencia de los mismos haplotipos a baja frecuencia en la Península, sin embargo, señala un fenómeno distinto. Dado que dichos haplotipos casi no se encuentran en el resto de Europa, y que los cromosomas H38 en la Península son portadores de haplotipos de microsatélites muy frecuente en los cromosomas H38 magrebíes, los cromosomas H38 pudieron ser introducidos por flujo génico en la Península Ibérica desde el norte de África. Además, la diferenciación de los haplotipos de microsatélites nos indica una fecha de 700 ± 600 años para los cromosomas H38, lo que apunta hacia las invasiones musulmanas de la Península. Considerando que H38 no es el único haplotipo del cromosoma Y en el NO de África, se puede estimar la contribución norteafricana a los linajes Y peninsulares mediante el cociente entre las frecuencias de H35, H36 y H38 en la Península y en el Magreb. El resultado es que un 7% de los cromosomas Y de la Península puede ser de origen norteafricano, con un máximo del 14% en Andalucía.
La situación recíproca se da en los cromosomas del grupo IX: H101, H102, H103, H104. Según Underhill et al. (2000), en un estudio con un número limitado de muestras europeas, los tres primeros son específicos de la Península Ibérica (H103 se ha estudiado más intensamente y parece estar confinado al norte de la Península y a la vertiente norte de los Pirineos; Hurles et al., 1999) y H104 presenta una distribución eurasiática, con máximos cercanos a la fijación en el NO de Europa (Underhill et al., 2000; Rosser et al., 2000; Semino et al., 2000). Este grupo de cromosomas puede representar el sustrato paleolítico europeo, y su presencia en el Norte de África podría ser la traza del flujo génico norte-sur en el estrecho de Gibraltar, con una contribución del 5 %.
El grupo VI de haplotipos (H50, H52, y, especialmente, H58 y H71) se encuentra a elevadas frecuencias en Oriente Medio, y se podría haber difundido hacia el oeste con la oleada de expansión del Neolítico (Semino et al., 2000: Rosser et al., 2000). Se encuentran a frecuencias totales similares a ambos lados del Estrecho, aunque con frecuencias distintas del polimorfismo 12f2, cuyo alelo 12f2*8Kb apareció en cromosomas H71 antes de M172, la mutación que define H58. Considerando además la diferenciación existente en los haplotipos de microsatélites para estos cromosomas, se puede afirmar que la oleada de expansión del neolítico alcanzó independiente la Península Ibérica y el Magreb, viajando a lo largo de las riberas septentrional y meridional del Mediterráneo.
Finalmente, hemos encontrado H22 y H28 sólo en el NO de África y a baja frecuencia. Ambos haplotipos se hallan a mayores frecuencias en el África subsahariana, y su presencia en el Magreb puede responder al flujo génico transsahariano. En resumen, el análisis filogeográfico nos ha permitido vislumbrar algunas de las hebras trenzadas en la historia de los linajes paternos de los que se componen las poblaciones peninsulares y magrebíes.
Agradecimientos
Agradecemos a todos los donantes su desinteresada colaboración en el presente estudio, así como a las personas que nos ayudaron a ponernos en contacto con ellos: Elisabeth Pintado (Sevilla), Josep Lluís Fernández-Roure y Alba Bosch (Mataró. Esta investigación fue posible gracias a la estancia de Elena Bosch en el laboratorio de Luigi-Luca Cavalli-Sforza, en la Stanford University, y a la financiación de los proyectos PB98-1064 (DGICYT), 1998SGR00009 y 2000SGR00093 (DGR).
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