Rafael Norma
19-06-05, 11:34 AM
Encontré en el periódico Reforma este artículo que no tiene desperdicio:
<h1><h18>Claudia Ruiz Arriola
El pierde - pierde</h1></h18>
En el mundo de los negocios existe una política no escrita de buscar el beneficio de todas las partes involucradas en una negociación, porque sólo cuando todos quedan satisfechos se repiten las transacciones, creando una empresa duradera (y no sólo un negocio de saliva va, saliva viene). A esta estrategia se le llama gana-gana, porque todos sacan provecho: el vendedor gana un cliente, el cliente gana un proveedor de confianza y el mercado gana con la relación estable entre proveedor y cliente.
Sin embargo, fuera del mundo de los negocios, los gana-gana son raros. La vida se nos presenta con conflictos que sólo ofrecen alternativas malas. Uno de estos conflictos es: ¿a cuál irle en un Atlas-América? (Obviamente, la única respuesta satisfactoria es: que empaten a cero y se fracturen todos.) Otro dilema es, entre el cardenal y el gobernador, ¿a quién le damos el título de carisma y simpatía? Y una más de estas aporías es ¿de qué es preferible morir, de cáncer, de sida o de párkinson? En estos casos, elijamos lo que elijamos, la mala calidad de las opciones produce, a fortiori, resultados indeseados. Estamos ante un pierde-pierde, como el que en breve enfrentaremos los mexicanos.
Y es que, si bien es cierto que faltan 13 meses para la elección presidencial, se ha puesto de moda adelantar vísperas. Digo, antes uno se iba a la fiesta o a tomar la copa; ora hay que ir a la pre-party y a la pre-copa para llegar entonados. Lo mismo ocurre en el futbol. Mientras que lo lógico es calificar a los mejores equipos a un certamen, entre nos se estila jugar la pre-pre-pre-Libertadores. Igual nos está pasando con la política: donde antes teníamos pase directo a ese denigrante espectáculo que son las campañas, ahora nuestro sistema ha creado las pre-pre-pre-campañas y el repechaje para designar candidatos.
Por eso, pese a lo desagradable del asunto, no podemos desentendernos de este reality show que son las pre-pre-pre-campañas: de ellas depende el resultado final. El problema es que, de entrada, las opciones son tan malas como elegir entre enfermedades progresivas, incurables y mortales. Veamos: por quién votaría sin saber de candidatos, ¿por el Partido de la Ineptitud Nacional (PIN antes PAN), por el Partido de la Corrupción Institucionalizada (PCI antes PRI) o por el Partido de la Rampante Demagogia (PRD por sus siglas en ruso)? ¿Ni idea?
No se alarme. Nuestro sistema ya previó esa duda y por la módica cantidad de unos 700 millones de pesos (300 del PAN, 340 del PRI y 60 del PRD) nos va a despejar quién abandera la competencia. Y si no hay vencedor de la interna, vamos al repechaje, reclasificación o segunda ronda, para lo cual hay que desembolsar unos 100 milloncejos adicionales.
Ya con [i]800 millones derrochados en comerciales, tortas ahogadas, banderitas y cachuchas tendremos oportunidad de constatar que por el PAN quedó -en segunda vuelta y de panzazo- Santiago el Parkinson's Creel (le tiembla la mano). Por el PRI cargó con todo Roberto el Cáncer Madrazo (seguro nos carcome la médula). Y por el PRD no hubo quién detuviera el avance de Andrés Manuel el VIH López-O (es pandémico y no lo detiene ni la ley). Ora sí, entremos a la catafixia de Chabelo: ¿A cuál escoge?
¿Sigue sin saber? No se preocupe, así estamos la mayoría de los mexicanos, listos para decidir con un volado o un "piedra, papel, tijeras" en las urnas. Y entonces -miles de millones de pesos más pobres- tendremos un Presidente que no contará con el apoyo de la mayoría de sus gobernados. De ahí que ya algunas voces previsoras sugieran que -en el muy probable caso de que el ganador no tenga el 50 por ciento más uno de los votos- lo más democrático sería hacer un repechaje con dos de los tres candidatos que, de entrada, no nos convencieron.
Sin duda el método no es malo. Pero mientras las cantidades de dinero que se gastan corran por cuenta del IFE, y la calidad de los políticos sea responsabilidad exclusiva de los partidos, no habrá mejora real de nuestro sistema electoral. Y por eso, cada paso añadido a nuestra pre-pre-pre-democracia, sólo conseguirá alargar y encarecer un pierde-pierde, que ya de por sí ha sido largo y onerosísimo para el país. :eek: :mad: :rolleyes: :cool: :lloron: :S: :cansado:
<h1><h18>Claudia Ruiz Arriola
El pierde - pierde</h1></h18>
En el mundo de los negocios existe una política no escrita de buscar el beneficio de todas las partes involucradas en una negociación, porque sólo cuando todos quedan satisfechos se repiten las transacciones, creando una empresa duradera (y no sólo un negocio de saliva va, saliva viene). A esta estrategia se le llama gana-gana, porque todos sacan provecho: el vendedor gana un cliente, el cliente gana un proveedor de confianza y el mercado gana con la relación estable entre proveedor y cliente.
Sin embargo, fuera del mundo de los negocios, los gana-gana son raros. La vida se nos presenta con conflictos que sólo ofrecen alternativas malas. Uno de estos conflictos es: ¿a cuál irle en un Atlas-América? (Obviamente, la única respuesta satisfactoria es: que empaten a cero y se fracturen todos.) Otro dilema es, entre el cardenal y el gobernador, ¿a quién le damos el título de carisma y simpatía? Y una más de estas aporías es ¿de qué es preferible morir, de cáncer, de sida o de párkinson? En estos casos, elijamos lo que elijamos, la mala calidad de las opciones produce, a fortiori, resultados indeseados. Estamos ante un pierde-pierde, como el que en breve enfrentaremos los mexicanos.
Y es que, si bien es cierto que faltan 13 meses para la elección presidencial, se ha puesto de moda adelantar vísperas. Digo, antes uno se iba a la fiesta o a tomar la copa; ora hay que ir a la pre-party y a la pre-copa para llegar entonados. Lo mismo ocurre en el futbol. Mientras que lo lógico es calificar a los mejores equipos a un certamen, entre nos se estila jugar la pre-pre-pre-Libertadores. Igual nos está pasando con la política: donde antes teníamos pase directo a ese denigrante espectáculo que son las campañas, ahora nuestro sistema ha creado las pre-pre-pre-campañas y el repechaje para designar candidatos.
Por eso, pese a lo desagradable del asunto, no podemos desentendernos de este reality show que son las pre-pre-pre-campañas: de ellas depende el resultado final. El problema es que, de entrada, las opciones son tan malas como elegir entre enfermedades progresivas, incurables y mortales. Veamos: por quién votaría sin saber de candidatos, ¿por el Partido de la Ineptitud Nacional (PIN antes PAN), por el Partido de la Corrupción Institucionalizada (PCI antes PRI) o por el Partido de la Rampante Demagogia (PRD por sus siglas en ruso)? ¿Ni idea?
No se alarme. Nuestro sistema ya previó esa duda y por la módica cantidad de unos 700 millones de pesos (300 del PAN, 340 del PRI y 60 del PRD) nos va a despejar quién abandera la competencia. Y si no hay vencedor de la interna, vamos al repechaje, reclasificación o segunda ronda, para lo cual hay que desembolsar unos 100 milloncejos adicionales.
Ya con [i]800 millones derrochados en comerciales, tortas ahogadas, banderitas y cachuchas tendremos oportunidad de constatar que por el PAN quedó -en segunda vuelta y de panzazo- Santiago el Parkinson's Creel (le tiembla la mano). Por el PRI cargó con todo Roberto el Cáncer Madrazo (seguro nos carcome la médula). Y por el PRD no hubo quién detuviera el avance de Andrés Manuel el VIH López-O (es pandémico y no lo detiene ni la ley). Ora sí, entremos a la catafixia de Chabelo: ¿A cuál escoge?
¿Sigue sin saber? No se preocupe, así estamos la mayoría de los mexicanos, listos para decidir con un volado o un "piedra, papel, tijeras" en las urnas. Y entonces -miles de millones de pesos más pobres- tendremos un Presidente que no contará con el apoyo de la mayoría de sus gobernados. De ahí que ya algunas voces previsoras sugieran que -en el muy probable caso de que el ganador no tenga el 50 por ciento más uno de los votos- lo más democrático sería hacer un repechaje con dos de los tres candidatos que, de entrada, no nos convencieron.
Sin duda el método no es malo. Pero mientras las cantidades de dinero que se gastan corran por cuenta del IFE, y la calidad de los políticos sea responsabilidad exclusiva de los partidos, no habrá mejora real de nuestro sistema electoral. Y por eso, cada paso añadido a nuestra pre-pre-pre-democracia, sólo conseguirá alargar y encarecer un pierde-pierde, que ya de por sí ha sido largo y onerosísimo para el país. :eek: :mad: :rolleyes: :cool: :lloron: :S: :cansado: