Quetzal
08-04-05, 08:01 AM
Despeñadero
Andrés Manuel López Obrador está cayendo ya por un despeñadero. Su desesperación es evidente, como se mostró en su discurso de ayer ante la Cámara de Diputados. La perorata que leyó fue un confuso ensarte de chismografías, ataques personales y politiquerías chabacanas, alegato hueco y arenga sin sustancia. Aspira a mártir López Obrador, pero no tiene ni la madera ni la causa. Muchos observadores piensan que se halla en el principio de su fin. Desde luego esto de la política es cosa de muchas veleidades y mudanzas: lo que hoy es, mañana no será, y lo que ahora parece aniquilado puede posteriormente renacer. Pero sucede que López Obrador incurrió a últimas fechas en desatinos graves, como ése de mostrar enojo por el hecho de que los medios de comunicación apartaron la atención de su persona para fijarla en la agonía del Papa y su fallecimiento, o como la supina necedad de anunciar que será su propio abogado para defenderse en los tribunales. He ahí una nueva muestra de su egotismo, de su desorbitado empeño por ser él, y sólo él, protagonista y centro de las cosas. Se ha comparado a sí mismo con Madero y Martin Luther King, y sus paniaguados han dicho que el caso de AMLO es parecido al de Mahatma Gandhi. Tales analogías son aberrantes, y no hacen sino poner de manifiesto el grado de necedad a que han llegado el jefe de Gobierno y sus interesados seguidores. Aquellas grandes figuras de la historia luchaban por un ideal. López Obrador sólo busca el poder y no vacila en utilizar cualquier recurso para conseguirlo. A Madero lo movía el ideal de la democracia; a Martin Luther King y Gandhi el de la justicia. A AMLO lo mueve la ambición personal disfrazada de afanes reivindicadores. Se ha dicho hasta la saciedad que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. ¿Merecerá México, pregunto, tener como gobernante a un hombre que ha mostrado tan grande proclividad a la violencia, tan absoluto desprecio por la ley y tan desorbitada idea de sí mismo?...
Andrés Manuel López Obrador está cayendo ya por un despeñadero. Su desesperación es evidente, como se mostró en su discurso de ayer ante la Cámara de Diputados. La perorata que leyó fue un confuso ensarte de chismografías, ataques personales y politiquerías chabacanas, alegato hueco y arenga sin sustancia. Aspira a mártir López Obrador, pero no tiene ni la madera ni la causa. Muchos observadores piensan que se halla en el principio de su fin. Desde luego esto de la política es cosa de muchas veleidades y mudanzas: lo que hoy es, mañana no será, y lo que ahora parece aniquilado puede posteriormente renacer. Pero sucede que López Obrador incurrió a últimas fechas en desatinos graves, como ése de mostrar enojo por el hecho de que los medios de comunicación apartaron la atención de su persona para fijarla en la agonía del Papa y su fallecimiento, o como la supina necedad de anunciar que será su propio abogado para defenderse en los tribunales. He ahí una nueva muestra de su egotismo, de su desorbitado empeño por ser él, y sólo él, protagonista y centro de las cosas. Se ha comparado a sí mismo con Madero y Martin Luther King, y sus paniaguados han dicho que el caso de AMLO es parecido al de Mahatma Gandhi. Tales analogías son aberrantes, y no hacen sino poner de manifiesto el grado de necedad a que han llegado el jefe de Gobierno y sus interesados seguidores. Aquellas grandes figuras de la historia luchaban por un ideal. López Obrador sólo busca el poder y no vacila en utilizar cualquier recurso para conseguirlo. A Madero lo movía el ideal de la democracia; a Martin Luther King y Gandhi el de la justicia. A AMLO lo mueve la ambición personal disfrazada de afanes reivindicadores. Se ha dicho hasta la saciedad que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. ¿Merecerá México, pregunto, tener como gobernante a un hombre que ha mostrado tan grande proclividad a la violencia, tan absoluto desprecio por la ley y tan desorbitada idea de sí mismo?...