Spiderman
06-06-05, 09:43 PM
Ahora... ¿Qué con Paredes?
Por Rodolfo Rivera Pacheco
El Yunque lo expulsa del PAN y sus líderes declaran cínicamente que nunca estuvieron de acuerdo con él (pero bien que le pidieron lana para las campañas, según ha aceptado públicamente y en carta Eduardo Rivera).
El Congreso del Estado lo multa con más de 500 millones de pesos y le presentará demanda penal ya para encarcelarlo o ya para que se tenga que ir de Puebla, dado que el monto de la multa —y el esforzarse por presentar un supuesto daño patrimonial— tiene por fin que la fianza que en su caso le señale un juez dependiente del Poder Judicial del Estado sea tan alta, que por lo mismo sea impagable y así se le deje ante la alternativa de irse de Puebla o de ir a prisión.
Esto no puede entenderse sino como una acción coordinada —no dijimos pactada- entre los dos actores políticos más importantes en el estado, el Yunque y el propio Gobierno del Estado, que han visto que sus acciones logran una interesante sinergia para eliminar a "l'enfant terrible" de la política poblana.
Ver para creer: Yunque y PRI juntos en la coyuntura.
El Yunque necesitaba eliminarlo de la competencia por la candidatura panista a la Gubernatura, porque de ganarla tomaría el liderazgo en el partido, y desde su punto de vista, de ganar la elección, los desplazaría de manera definitiva del control del PAN. Lograría no sólo la presidencia del blanquiazul para alguno de sus seguidores, sino también de la mayoría de los Comités Municipales y sin duda sería él y no el Yunque, quien indujera las designaciones de Delegados Federales.
Por eso se le negó el registro para contender por la candidatura de su partido en los pasados comicios. Melquíades Morales, Mario Marín y el priísmo en general, sabían que si el candidato era Paredes, tendrían a un duro rival con capacidad para derrotarlos, de ahí que desde el principio de la administración paredista, también enfocaron todas sus baterías sobre de él. Es así que todas sus acciones fueron ampliamente cuestionadas tanto desde el PAN como desde el PRI sin dejar de considerar a otros actores subordinados a estos, como lo son el PRD y el sector privado.
Mientras la ciudadanía observaba lo que hacía Paredes, no comprendía a cabalidad lo que se decía de él. Las opiniones no sólo se dividieron, sino que se polarizaron duramente. Es innegable que las obras de Paredes no le gustaron a mucha gente, pero a otras más sí, aún a sus detractores, pero siempre encontraron un motivo para la descalificación: es cara, es ilegal, necesita permiso del Congreso, se va a caer la Catedral, etc. etc. Y nadie, ya sea por temor al Gobernador o por temor al Yunque, se atrevió a iniciar un movimiento de apoyo a aquello que le agradaba y veía bien. Los supuestos líderes sociales agacharon las orejas ante sus jefes, pero no así los enemigos de Paredes, quienes golpeándolo con saña, pretendieron restarle puntos y toda posibilidad de ganar unas elecciones.
Es absolutamente claro que nunca nadie en la historia política de Puebla había sido tan cuestionado y vilipendiado como Paredes. También es incuestionable que lo que logró realizar en tres años es suficientemente notable, como también está fuera de todo pronóstico que después de la mega-campaña realizada en su contra por más de tres años, tenga la simpatía del 35% de las personas encuestadas. Lo anterior supone que, si se presentara como candidato a cualquier puesto de elección popular, ganando en campaña pocos puntos más (y según Pablito Rodríguez, Luis es un mago de la persuasión) estaría más que cerca de ser el ganador. Esto lo saben sus adversarios, de ahí su afán por eliminarlo. Es un peligro latente para todos los actores políticos tradicionales.
Sin embargo, aquellos que se consideran capaces de ocupar los más altos puestos de sus respectivas organizaciones, incluido desde luego el gobierno, están pendientes para ver que es capaz de hacer Paredes, porque una victoria de éste sobre el stablishment, y éste se encuentra en todos lados, les abriría a todos esos amplios cauces de desarrollo que hoy les niegan sus jefes.
Esto le da a Paredes una base de simpatizantes, ocultos sí, pero simpatizantes al fin y al cabo, en el interior mismo de las estructuras que dan soporte y capacidad de operación a sus adversarios.
Por eso, mis queridos cuatro lectores, no descarten que Paredes salga adelante y demuestre en las instancias federales que se le acusa por causas políticas y no por infringir la ley y que con esto provoque en Puebla un verdadero cataclismo capaz de derribar a más de dos anquilosadas estructuras.
Lo puede lograr desde la cárcel o desde el exilio. En unos meses sabremos que pasó.
Por Rodolfo Rivera Pacheco
El Yunque lo expulsa del PAN y sus líderes declaran cínicamente que nunca estuvieron de acuerdo con él (pero bien que le pidieron lana para las campañas, según ha aceptado públicamente y en carta Eduardo Rivera).
El Congreso del Estado lo multa con más de 500 millones de pesos y le presentará demanda penal ya para encarcelarlo o ya para que se tenga que ir de Puebla, dado que el monto de la multa —y el esforzarse por presentar un supuesto daño patrimonial— tiene por fin que la fianza que en su caso le señale un juez dependiente del Poder Judicial del Estado sea tan alta, que por lo mismo sea impagable y así se le deje ante la alternativa de irse de Puebla o de ir a prisión.
Esto no puede entenderse sino como una acción coordinada —no dijimos pactada- entre los dos actores políticos más importantes en el estado, el Yunque y el propio Gobierno del Estado, que han visto que sus acciones logran una interesante sinergia para eliminar a "l'enfant terrible" de la política poblana.
Ver para creer: Yunque y PRI juntos en la coyuntura.
El Yunque necesitaba eliminarlo de la competencia por la candidatura panista a la Gubernatura, porque de ganarla tomaría el liderazgo en el partido, y desde su punto de vista, de ganar la elección, los desplazaría de manera definitiva del control del PAN. Lograría no sólo la presidencia del blanquiazul para alguno de sus seguidores, sino también de la mayoría de los Comités Municipales y sin duda sería él y no el Yunque, quien indujera las designaciones de Delegados Federales.
Por eso se le negó el registro para contender por la candidatura de su partido en los pasados comicios. Melquíades Morales, Mario Marín y el priísmo en general, sabían que si el candidato era Paredes, tendrían a un duro rival con capacidad para derrotarlos, de ahí que desde el principio de la administración paredista, también enfocaron todas sus baterías sobre de él. Es así que todas sus acciones fueron ampliamente cuestionadas tanto desde el PAN como desde el PRI sin dejar de considerar a otros actores subordinados a estos, como lo son el PRD y el sector privado.
Mientras la ciudadanía observaba lo que hacía Paredes, no comprendía a cabalidad lo que se decía de él. Las opiniones no sólo se dividieron, sino que se polarizaron duramente. Es innegable que las obras de Paredes no le gustaron a mucha gente, pero a otras más sí, aún a sus detractores, pero siempre encontraron un motivo para la descalificación: es cara, es ilegal, necesita permiso del Congreso, se va a caer la Catedral, etc. etc. Y nadie, ya sea por temor al Gobernador o por temor al Yunque, se atrevió a iniciar un movimiento de apoyo a aquello que le agradaba y veía bien. Los supuestos líderes sociales agacharon las orejas ante sus jefes, pero no así los enemigos de Paredes, quienes golpeándolo con saña, pretendieron restarle puntos y toda posibilidad de ganar unas elecciones.
Es absolutamente claro que nunca nadie en la historia política de Puebla había sido tan cuestionado y vilipendiado como Paredes. También es incuestionable que lo que logró realizar en tres años es suficientemente notable, como también está fuera de todo pronóstico que después de la mega-campaña realizada en su contra por más de tres años, tenga la simpatía del 35% de las personas encuestadas. Lo anterior supone que, si se presentara como candidato a cualquier puesto de elección popular, ganando en campaña pocos puntos más (y según Pablito Rodríguez, Luis es un mago de la persuasión) estaría más que cerca de ser el ganador. Esto lo saben sus adversarios, de ahí su afán por eliminarlo. Es un peligro latente para todos los actores políticos tradicionales.
Sin embargo, aquellos que se consideran capaces de ocupar los más altos puestos de sus respectivas organizaciones, incluido desde luego el gobierno, están pendientes para ver que es capaz de hacer Paredes, porque una victoria de éste sobre el stablishment, y éste se encuentra en todos lados, les abriría a todos esos amplios cauces de desarrollo que hoy les niegan sus jefes.
Esto le da a Paredes una base de simpatizantes, ocultos sí, pero simpatizantes al fin y al cabo, en el interior mismo de las estructuras que dan soporte y capacidad de operación a sus adversarios.
Por eso, mis queridos cuatro lectores, no descarten que Paredes salga adelante y demuestre en las instancias federales que se le acusa por causas políticas y no por infringir la ley y que con esto provoque en Puebla un verdadero cataclismo capaz de derribar a más de dos anquilosadas estructuras.
Lo puede lograr desde la cárcel o desde el exilio. En unos meses sabremos que pasó.