Mazdak
03-12-06, 07:40 PM
El senador estadunidense Joseph Biden declaró, el pasado lunes, que una de las causas que explica la migración mexicana hacia Estados Unidos es el “sistema corrupto” que impera en México y que implica una concentración vergonzosa de la riqueza en unos cuantos mientras el resto, en condiciones de pobreza extrema, se ve obligado a abandonar el país.
Seguramente habrá quien piense que la declaración no debería de ser tomada muy en serio, que se deriva quizá de algún militante del grupo antimexicano minuteman o que fue pronunciada por algún ignorante que no tiene influencia alguna. El problema es que viene de quien será el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadunidense, que cubre, entre otros temas, la relación con México, que probablemente sea el candidato a la presidencia del país vecino y que, para sorpresa de algunos, se trata de un distinguido integrante del Partido Demócrata. Sólo por esas razones, su declaración tiene que ser tomada muy en serio y analizada cuidadosamente.
Cuando en Estados Unidos los demócratas ganaron las elecciones legislativas a principios de noviembre, en México nos apresuramos a concluir que era una excelente noticia para nosotros. Tradicionalmente hemos tenido una especie de reacción automática y maniquea que con-
vierte a los demócratas en amigos de México y a los republicanos en enemigos. Las expresiones del senador Biden, demuestran que esa conclusión es equivocada y que los amigos y los enemigos, se pueden encontrar en ambos partidos. Que los demócratas nos convienen más que los republicanos es una especie de cuento que nos gusta escuchar, pero por desgracia, no es cierto.
Lo dicho por Biden nos envía adicionalmente varios mensajes: la relación con el Congreso de Estados Unidos no será nada fácil y tiene pocos espacios de negociación. Resulta, por lo menos, complicado sentarse de igual a igual con alguien que nos llama corruptos. La recién nombrada canciller mexicana y el responsable de la relación con Estados Unidos deberán luchar contra este tipo de expresiones y evitar que se generalicen en un Congreso que cada vez puede creer menos en México.
El simplismo de Biden no es ingenuo y hasta podríamos decir que es parcialmente cierto. La concentración de la riqueza en México es un tema que no puede seguir como hasta ahora. Esa es precisamente la trampa. Nuestros vecinos han recurrido a este juego de medias verdades que culpa y condena a México de los problemas que ellos provocan. Por supuesto, ellos saben que la mano de obra mexicana que va a Estados Unidos es atraída por los empleos que les ofrecen, pero esa parte no se dice. Como si no supieran que se trata de un mercado laboral que conecta la oferta de mano de obra mexicana con la demanda que de ella existe en Estados Unidos. El punto que me parece central es que los términos usados por Biden demandan de México una mayor responsabilidad en el proceso. Nos culpan no porque ignoren la responsabilidad estadunidense, sino porque perciben que hacemos muy poco por temas como el de la migración y lo menos que podemos decir es que, en parte, tienen razón.
Así las cosas, si realmente queremos que discursos como el del senador Biden no tengan ningún efecto en la opinión pública estadunidense y en las relaciones entre los dos países, el camino debe ser el de demostrarle a los demócratas que vamos a hacer mucho más por la migración de lo que hasta hoy hemos hecho. No seamos ingenuos, Biden y los demócratas, como en su momento lo hicieron los republicanos, están dispuestos a jugar rudo en el tema migratorio y las tradicionales protestas mexicanas están lejos de representar una reacción digna de un país soberano. Ese es el reto al que se enfrentará la administración de Calderón: pasar a la acción en temas en los que durante décadas se escogió como opción la omisión, las cuentas alegres o el discurso sin contenido, hueco, sin sustento en acción alguna.
http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.asp?id=460813
http://biden.senate.gov
Seguramente habrá quien piense que la declaración no debería de ser tomada muy en serio, que se deriva quizá de algún militante del grupo antimexicano minuteman o que fue pronunciada por algún ignorante que no tiene influencia alguna. El problema es que viene de quien será el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadunidense, que cubre, entre otros temas, la relación con México, que probablemente sea el candidato a la presidencia del país vecino y que, para sorpresa de algunos, se trata de un distinguido integrante del Partido Demócrata. Sólo por esas razones, su declaración tiene que ser tomada muy en serio y analizada cuidadosamente.
Cuando en Estados Unidos los demócratas ganaron las elecciones legislativas a principios de noviembre, en México nos apresuramos a concluir que era una excelente noticia para nosotros. Tradicionalmente hemos tenido una especie de reacción automática y maniquea que con-
vierte a los demócratas en amigos de México y a los republicanos en enemigos. Las expresiones del senador Biden, demuestran que esa conclusión es equivocada y que los amigos y los enemigos, se pueden encontrar en ambos partidos. Que los demócratas nos convienen más que los republicanos es una especie de cuento que nos gusta escuchar, pero por desgracia, no es cierto.
Lo dicho por Biden nos envía adicionalmente varios mensajes: la relación con el Congreso de Estados Unidos no será nada fácil y tiene pocos espacios de negociación. Resulta, por lo menos, complicado sentarse de igual a igual con alguien que nos llama corruptos. La recién nombrada canciller mexicana y el responsable de la relación con Estados Unidos deberán luchar contra este tipo de expresiones y evitar que se generalicen en un Congreso que cada vez puede creer menos en México.
El simplismo de Biden no es ingenuo y hasta podríamos decir que es parcialmente cierto. La concentración de la riqueza en México es un tema que no puede seguir como hasta ahora. Esa es precisamente la trampa. Nuestros vecinos han recurrido a este juego de medias verdades que culpa y condena a México de los problemas que ellos provocan. Por supuesto, ellos saben que la mano de obra mexicana que va a Estados Unidos es atraída por los empleos que les ofrecen, pero esa parte no se dice. Como si no supieran que se trata de un mercado laboral que conecta la oferta de mano de obra mexicana con la demanda que de ella existe en Estados Unidos. El punto que me parece central es que los términos usados por Biden demandan de México una mayor responsabilidad en el proceso. Nos culpan no porque ignoren la responsabilidad estadunidense, sino porque perciben que hacemos muy poco por temas como el de la migración y lo menos que podemos decir es que, en parte, tienen razón.
Así las cosas, si realmente queremos que discursos como el del senador Biden no tengan ningún efecto en la opinión pública estadunidense y en las relaciones entre los dos países, el camino debe ser el de demostrarle a los demócratas que vamos a hacer mucho más por la migración de lo que hasta hoy hemos hecho. No seamos ingenuos, Biden y los demócratas, como en su momento lo hicieron los republicanos, están dispuestos a jugar rudo en el tema migratorio y las tradicionales protestas mexicanas están lejos de representar una reacción digna de un país soberano. Ese es el reto al que se enfrentará la administración de Calderón: pasar a la acción en temas en los que durante décadas se escogió como opción la omisión, las cuentas alegres o el discurso sin contenido, hueco, sin sustento en acción alguna.
http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.asp?id=460813
http://biden.senate.gov